Ojos grises (Neville) (3/20)

Parejas Neville/Blaise

Disclaimer Los personajes de esta historia son propiedad de J.K. Rowling y la Warner Bros. Esto es puro entretenimiento y no me reporta beneficio económico alguno.

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Capítulo III. El comienzo de un sueño

La maravillosa sensación de estar envuelto en algodones era tan hermosa que no quería moverse para no perderla. Sabía que estaba soñando y por eso mismo se negaba a darse la vuelta. Sentía como su mano derecha hormigueaba exigiendo que le permitiera moverse, pero en verdad no quería hacerlo. Hasta su nariz llegaba el embriagante aroma de limpieza mezclado con una loción que hacía mucho tiempo no olía, pero que le encantaba. Ya no soportando más el dolor de su mano, tuvo que moverse y esperó captar el ya cotidiano olor de la mugre y la basura a su alrededor. Parecía increíble que se hubiera acostumbrado a ella en tan poco tiempo, pero así era. No le importaba que el amanecer lo encontrara encogido en el piso, hambriento y temblando de frío pues prefería mil veces eso a estar en aquella terrible habitación donde había estado encerrado por lo que le pareció una centuria. Desde hacía mucho había perdido la noción del tiempo y no sabía en que día vivía… de lo único que estaba conciente era de la inmensa desventura en la que estaba hundido. Se había llamado mil veces cobarde por no tener el valor suficiente para matarse, pero la tonta esperanza de que todo cambiara era la que lo había mantenido en esa vida ya sin sentido para él.

Se giró sobre sí mismo sin muchas ganas y contrariamente a lo que había anticipado, el aroma a limpieza perduró en el ambiente y se dijo que ese sueño era realmente hermoso. Se estiró por completo para relajar sus músculos, pero se tensó al instante esperando sentir un punzante dolor, pero este no apareció. Bajó una mano para tocarse esa herida que lo había molestado desde hacía días y se sorprendió al darse cuenta que su pierna izquierda estaba cubierta con una venda. Abrió los ojos de golpe, pero tuvo que volver a cerrarlos porque una intensa luz blanca se los lastimó.

'¿¡Dónde estoy!?' –se preguntó asustado y se atrevió una vez más a abrir los ojos, pero ahora lo hizo lentamente.

La luz había desaparecido y todo estaba sumido en una profunda oscuridad. El sonido de un trueno resonó en sus oídos con mucha fuerza e instintivamente se escondió bajo las sábanas. Le parecía increíblemente estúpido que a pesar de estar tanto tiempo bajo la lluvia, aún le temiera a los relámpagos. Retiró de su cabeza las sábanas y sus ojos poco a poco se acostumbraron a la oscuridad. Distinguió un enorme televisor justo enfrente de él y una ventana que aunque estaba cubierta con cortinas dejaban entrever que en el exterior seguía lloviendo con fuerza. Volvió a preguntarse dónde estaba, pero su mente se congeló al sentir que a su lado alguien se movía y horrendos recuerdos le aceleraron el corazón de tal forma que pensó que iba a salírsele del pecho.

'¡¡¡No¡¡¡No de nuevo!!!' –pensó aterrado, pero no se movió.

Sabía perfectamente lo que le sucedería si se atrevía a hablar o a tratar de escapar y esperó a que su captor le hiciera el mismo daño de siempre. Gruesas lágrimas brotaron de sus ojos y se mordió el labio inferior con fuerza cuando sintió que una mano se deslizaba por su mejilla hacia su cuello.

-¿Estás despierto, chico? –escuchó que una dulce voz le preguntaba.

Esa voz no era la que esperaba, pero ni aún así se atrevió a hacer nada. Aún cuando 'él' no lo compartía a veces invitaba a alguien para que los viera cuando estaban juntos y les permitía que lo tocaran y por eso no le extrañó que el hombre deslizara la mano hasta su pecho. Esperaba que esa mano hiciera un recorrido completo de su cuerpo y así sucedió. Después de permanecer un momento sobre su estómago la sintió correr por su cadera hacia sus piernas y se mordió aún más fuerte el labio para evitar que un sollozo escapara de su garganta. A 'él' le encantaba hacerlo gritar de dolor, pero prefería que lo hiciera cuando ya estaba dentro de su cuerpo. Se sintió temblar sin control cuando el hombre se movió aún más cerca de él y supo que no podría volver a soportar el cruel martirio al que se había visto sometido durante tanto tiempo. Sacó fuerzas de la nada y aventó al hombre lejos de sí esperando poder alcanzar la puerta y poder escapar de ahí. ¡No¡Ya no quería volver a pasar por lo mismo otra vez! Se levantó deprisa y sin tomar en cuenta el tremendo dolor que sintió en su pierna izquierda al sostener su peso, corrió hacia donde sabía estaba la puerta pero sus manos se estrellaron contra una sólida pared. Gritó aterrado cuando el hombre lo alcanzó, pero no luchó cuando fue abrazado por la espalda. Un lastimero sollozo escapó de su garganta al saber que ahora sería castigado despiadadamente por su intento de huída y que de nada serviría tratar de defenderse. Se dejó conducir dócilmente hacia la cama y volvió a estremecerse cuando fue cargado para ser depositado sobre de ella. Apretó los puños con fuerza esperando sentir el primer de muchos despiadados golpes pero éstos no llegaron, al contrario, el hombre se sentó en la cama y lo abrazó con delicadeza.

-Tranquilo, chico –lo escuchó murmurar cerca de su oído con una ternura increíble–. No voy a hacerte daño. Tranquilo.

No supo bien que fue lo que hizo que se aferrara a esos brazos que lo ceñían. Tal vez fue la ternura en su voz o tal vez simplemente el hecho de que aún no lo golpeara. No lo sabía con exactitud, pero se acurrucó contra un amplio pecho y se deshizo en llanto. Había pensado que las lágrimas se le habían agotado, pero volver a sentir el terror correr por sus venas lo hicieron derrumbarse por completo y lloró con desconsuelo.

-Sácame de aquí –le suplicó en voz baja cuando el llanto bajó en intensidad–. Haré lo que quieras, pero aléjame de él. Por favor… por favor… por favor.

-Él no está aquí, no te preocupes –le dijo la voz.

-¡Pero volverá pronto! –dijo aterrado y se alejó de esos brazos–. ¡No vayas a decirle que traté de escapar¡Me matará si se entera!

-Chico… tranquilízate –trató de volver a abrazarlo, pero fue rechazado–. Estás en mi casa y nadie va a lastimarte.

-¿Él… él… sabe donde estoy?

-Nadie sabe que estás aquí –ahora sí pudo volver a abrazarlo–. Estás a salvo.

-¿En serio?

-En serio. Voy a prender la luz¿de acuerdo? –y estiró una mano para alcanzar una lámpara que estaba a un lado de la cama.

La luz llenó la habitación y Blaise abrió mucho los ojos al reconocer al muchacho que lo había invitado a cenar.

-Hola –le dijo Neville con una sonrisa, pero estaba impactado por su reacción.

Jamás había visto a alguien tan aterrorizado y se preguntó qué era lo que le había sucedido para ponerlo en ese estado de pánico. Sabía que no era nadie para interrogarlo, pero una gran curiosidad se despertó en él. El patético estado físico del joven había llenado de ternura su corazón y la sensación de protegerlo surgió de nueva cuenta, pero con mayor fuerza. Hasta donde podía comprender 'alguien' había abusado despiadadamente de él y se juró que no dejaría que ese hombre, fuese quién fuese, volviera a ponerle una mano encima.

-No tienes nada que temer –Neville enmarcó el pálido rostro con las dos manos–. No dejaré que 'él' te haga daño de nuevo –otra vez la ternura lo envolvió al ver como esos apagados ojos negros se llenaban de lágrimas.

-Gracias, pero no es necesario –le agradeció Blaise con voz temblorosa–. Disculpe la forma en que reaccioné hace un momento, pero… –se interrumpió bruscamente… en realidad no quería hablar sobre lo que le había pasado–. ¿Dónde estoy?

-En mi casa –borró con el pulgar una pequeña lágrima que logró escapar–. Te encontré tirado en la calle y te traje aquí para que descansaras.

-¡Oh! –exclamó con el rostro totalmente rojo.

Ahora recordaba que después de que salió del café un implacable sueño lo envolvió y por más que luchó contra él no pudo seguir caminando y se recargó contra una pared pensando descansar sólo un momento, pero ese pesado letargo lo hizo cerrar los ojos. Sabía que ese pesado sueño se debía al hecho de sentir el estómago lleno tras dos días de no haber probado alimento y si a eso se le añadía el tremendo dolor de su pierna, no le extrañaba no haber podido mantenerse despierto.

-¿Cómo te sientes? –Blaise se sobresaltó cuando Neville puso una mano en su pierna izquierda–. ¿Te sigue doliendo mucho la herida? La limpié lo mejor que pude y me parece que ya está sanando, pero aún así tendré que seguir aplicándote antibiótico para que puedas recuperarte del todo.

-N-no… ya n-no –tartamudeó sintiéndose un idiota.

¿Cómo se le había ocurrido pensar que ese amable muchacho quería tocarlo con oscuras intenciones? No necesitaba un espejo para saber que era un esqueleto ambulante y con esa apariencia lo menos que despertaba era deseo o lujuria. Además, estaba todo sucio y… Abrió mucho los ojos al darse cuenta que su piel estaba limpia y levantó los brazos para verificar que no se había vuelto loco.

-¡E-estoy l-limpio! –exclamó Blaise impactado.

-Tenía que asearte para poder atender correctamente tu herida –le dijo Neville sonriendo–. Espero que no vayas a golpearme por mi atrevimiento.

-¡Por supuesto que no! –ya estaba otra vez rojo–. Pero no debió hacerlo. Al fin de cuentas volveré a ensuciarme.

-En verdad no puedo imaginarme porque estás vagabundeando –se acomodó mejor en la cama–. Por la forma en que hablas sé que no creciste en las calles –Blaise lo miró con los ojos muy abiertos–. No quiero presionarte para que me digas tus razones de vivir como lo haces, pero estoy seguro de que podrías encontrar un empleo que te permita…

-Ya es muy tarde para eso –agachó la cabeza y Neville supo que estaba conteniendo las lágrimas.

-Nunca es tarde para…

-Le agradezco mucho que me ayudara, pero ya es hora de que me marche –Blaise lo interrumpió–. ¿Podría darme mi ropa, por favor? –pidió al tiempo que se quitaba la camisa del pijama.

-No puedo dejarte ir, chico –le dijo con firmeza–. ¿Podrías mirar a tu alrededor un minuto? Afuera el cielo sigue cayéndose en pedazos y si sales podrías enfermar de gravedad.

-Quiero irme ya –se levantó apresuradamente de la cama, pero el dolor de su pierna lo acometió con fuerza y lo hizo trastabillar.

Si antes no lo había tomado en cuenta fue porque estaba aterrorizado al pensar que había vuelto a caer en las garras de 'él', pero ahora no contaba con la adrenalina para ayudarlo a caminar.

-¡Ten cuidado! –Neville llegó a su lado en un segundo y lo tomó entre sus brazos–. Discúlpame, pero no vas a ir a ningún lado. No puedo dejarte marchar cuando aún no estás en condiciones de caminar.

-¡Déjeme ir! –se revolvió inútilmente entre los fuertes brazos que lo sujetaban.

-Voy a darte dos opciones –apretó el abrazo y Blaise se estremeció al sentir las grandes y suaves manos en su espalda desnuda… ¡eran tan diferentes a las otras!–. O te quedas conmigo hasta que te recuperes o te llevo al refugio que antes sugerí. Tú decides –le sostuvo la mirada esperando su respuesta.

Blaise se perdió en las profundidades castañas que tenía enfrente y se le fue la respiración. Volvió a estremecerse cuando estuvo conciente de la tibieza del cuerpo que lo sostenía y de las suaves manos que aún descansaban en su espalda. Le parecía increíble que el solo hecho de estar junto a ese alto muchacho le brindara tanta seguridad. Sabía que no le duraría, pero… ¿por qué no aprovecharla? Hasta ese momento había sobrevivido gracias a las oportunidades que se le habían presentado y por mucho, ésta era la mejor de todas.

-¿No teme que… que… le robe o que le haga… algo… peor? –preguntó Blaise para no parecer demasiado obvio en su deseo de quedarse en esa casa… junto a él.

-¿Y tú no temes que pueda hacerte tanto daño como el hombre que te lastimó? –preguntó Neville a su vez.

-¡No! –se apresuró a decir–. Usted es muy diferente a él.

-Entonces no se hable más del asunto –hizo que Blaise soltara un pequeño grito cuando lo cargó para llevarlo de nuevo a la cama–. Puedes quedarte aquí todo el tiempo que quieras.

-Gracias –se atrevió a sonreírle cuando fue depositado en el suave colchón–. Y le prometo que encontraré la forma de pagarle todo lo que está haciendo por mí.

-No es necesario. Lo estoy haciendo con mucho gusto –lo ayudó a ponerse nuevamente la camisa del pijama–. ¿Cuál es tu nombre? No puedo seguir llamándote chico.

-Blaise… sólo Blaise –dijo sin querer revelar su apellido.

-Mucho gusto, Blaise –sonrió divertido por su actitud–. Yo soy Neville Longbottom y me encantaría que me hablaras de tú.

-De acuerdo… Neville –le dijo cohibido.

-¿Te parecería bien si volviéramos a dormir? Aún faltan muchas horas para que amanezca y estoy cansado –declaró bostezando y se metió en la cama con tal confianza que provocó un pequeño sobresalto en el joven–. No me tengas miedo, Blaise –lo tomó de la barbilla y lo hizo mirarlo a los ojos–. Jamás me atrevería a tocarte sin tu permiso y mucho menos trataría de abusar de ti.

-Lo sé, pero es que… –trató de desviar el rostro, pero no le fue permitido.

-Me imagino que sufriste mucho al lado de ese hombre, pero te juro que no permitiré que vuelva a tocarte –declaró con mucha seriedad–. Me crees¿verdad?

-Te creo –sin siquiera pensarlo se acercó a Neville y se enredó en su cuerpo.

-Gracias –depositó un casto beso en la pálida frente–. Ahora vamos a dormir.

Neville no hizo el menor intento para apartar a Blaise, muy al contrario, le pasó un brazo alrededor de los hombros y lo acercó aún más a su cuerpo. Cerró los ojos mientras rogaba que el joven se quedara a su lado mucho tiempo. Había probado la maravillosa sensación de tener a alguien cerca durante tres noches y sabía que cuando partiera iba a sentirse aún más sólo que antes, pero no quería pensar en eso ahora. Lo único que deseaba en ese momento era disfrutar al máximo el glorioso sonido de la respiración de otro ser humano en la misma habitación.

Colin Creevey tenía la vista fija en la ventana, pero realmente no veía la lluvia caer, es más, ni siquiera parpadeaba cuando el cielo se iluminaba con los potentes relámpagos. Toda su actitud era de extrema tranquilidad, pero era sólo apariencia pues por dentro estaba temblando. Tamborileó los dedos sobre su cuarta copa de champagne mientras se preguntaba porque su jefa tardaba tanto en atenderlo. Había llegado hacía tres horas y llevado a esa habitación con la promesa de que pronto sería recibido, pero no había sido así. Tomó un largo trago de su bebida mientras trataba por todos los medios de conservar la calma… nadie debía darse cuenta de su creciente nerviosismo. Por más que pensaba no encontraba nada que su jefa pudiera reclamarle, pero aún así sabía que debía andarse con cuidado si no quería caer en desgracia. Ella no daba segundas oportunidades y le constaba que ya muchos habían pagado con su vida el haberle fallado. La incertidumbre de no saber por qué había sido llamado con tanta urgencia lo tenía totalmente preocupado. Unos pasos lejanos le indicaron que alguien se acercaba y se dio la vuelta para encontrarse con Artemius Crounch que era el segundo al mando.

-Sígueme –le dijo escuetamente Crounch a Colin y los dos salieron de la habitación.

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Hasta pronto !!!!!!!!!!!!