Ojos grises (Neville) (4/20)
Parejas Neville/Blaise
Disclaimer Los personajes de esta historia son propiedad de J.K. Rowling y la Warner Bros. Esto es puro entretenimiento y no me reporta beneficio económico alguno.
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Capítulo IV. Una semana después…
El sonido de pasos moviéndose con rapidez por toda la planta baja le puso los nervios de punta y ya no pudiendo resistir más, se bajó de la cama y abrió la puerta antes de gritar a todo pulmón.
-¡¡¡Maldita sea, Parvati¿¡En serio no vas a decir nada!? –no recibió ninguna contestación y bajó apresuradamente las escaleras todavía en ropa de cama–. ¿¡Cuándo diablos pretendes volver a dirigirme la palabra!? –tomó con rudeza el brazo de la chica cuando ésta pasó a su lado.
-Cuando estés lo suficientemente calmada para escucharme, Cho –le contestó Parvati sin mirarla y se zafó de un tirón del agarre–. Hasta la noche –y salió de la casa dando un portazo.
-¡Aaahhh! –gritó Cho desesperada y aventó un pesado jarrón contra el piso.
El jarrón muy pronto fue acompañado por otras piezas artesanales que abundaban en la sala, pero Cho sabía que nada de lo que hiciera podría arrancarle del corazón esa daga de celos ciegos que se le había clavado. Lo único que necesitaba era que su pareja le dijera que seguía amándola… que ese muchacho no significaba nada para ella, pero no lo había hecho. Al contrario, parecía que disfrutaba teniéndolo cerca todo el día y llegaba tarde a casa con una enorme sonrisa de felicidad en el rostro y con una actitud tan a la defensiva que no le permitía acercársele para arreglar las cosas. Las constantes llamadas telefónicas entre ellas habían cesado por completo así como también los 'Te amo' que le eran tan necesarios para vivir. Había pasado ya una semana desde que Parvati se mudó a otra habitación y le dejó de hablar.
'¡Ya no puedo continuar así!' –se dijo Cho toda despeinada y sudorosa–. '¡Ese desgraciado me la está robando y no es justo¡No es justo!' –se jaló los largos cabellos castaños con fuerza–. ¡¡¡Te amo, Parvati!!! –gritó desgarrándose la garganta.
Se dejó caer sobre un sillón y lloró desconsoladamente por mucho tiempo antes de decidir ir al trabajo de su amante. El joven con el que pasaba tanto tiempo acababa de entrar a trabajar como su asistente y estaba dispuesta a sacarle los ojos sin con eso evitaba que le robara al amor de su vida. Se arregló con esmero y una hora después ya estaba rumbo a la televisora donde trabajaba su pareja con los celos haciendo que sus ojos rasgados brillaran peligrosamente. No tuvo ningún problema para que la dejaran pasar y acaparó todas las miradas masculinas en cuanto puso un pie en el lugar. Sabía que tenía un cuerpo espectacular y se ejercitaba a diario porque sabía que a Parvati le fascinaban sus firmes curvas. Los altos tacones y las minifaldas también las usaba a favor de ella, pero cuando un espejo le devolvió su imagen se dijo que había sido un error haberse vestido de esa manera. Esas ropas no le permitían moverse con facilidad y ella realmente quería írsele encima a ese joven en cuanto lo tuviera al alcance de las manos. Suspirando de irritación se dijo que ya nada podía hacer y siguió su camino en busca de Parvati. Tuvo que recorrer dos foros antes de poder encontrarla. La vista se le tiñó de rojo al verla recargada contra una pared con su asistente frente a ella y con los rostros muy juntos. Los celos la acometieron con fuerza y cuando ya estaba a punto de ir a separarlos, el muchacho tomó a Parvati de la cintura para acercarla a su cuerpo antes de besarla apasionadamente. Esa acción la dejó totalmente congelada y sin saber cómo reaccionar. Una cosa era sospechar que su pareja mantenía una relación con ese muchacho y otra muy diferente constatarlo personalmente. Se dio media vuelta y salió corriendo del foro. En su loca carrera chocó contra varias personas antes de alcanzar la salida y una vez fuera se derrumbó por completo. Todos los que se encontraban ahí se le quedaron viendo con curiosidad cuando se recargó contra una pared y se deshizo en lágrimas.
-¿Está lastimada, señorita? –un hombre se acercó a ella presuroso–. ¿Quiere que llame a un médico?
Cho negó con la cabeza mientras trataba de dejar de llorar, pero no podía. Su mundo se había terminado… su Parvati… el amor de su vida… se había enamorado de otra persona.
La sonora bofetada que le cruzó el rostro a Justin no borró su sonrisa de satisfacción así como tampoco evitó que siguiera saboreándose el beso.
-¡Vamos, Parvati¿Por qué te comportas así¿No te gustó que te besara frente de todos? –trató de acercarse nuevamente a la chica, pero fue rechazado con violencia–. Si es así podemos buscar un lugar donde podamos estar solos –le dijo en tono seductor.
-¡Estás muy equivocado, idiota! –Parvati estaba temblando de furia–. ¡No tengo la menor intención de dejar que me toques y créeme cuando te digo que si vuelves a besarme será lo último que harás en este lugar!
-Pero… pero… –se mostró confundido–. ¡Sé que te gustó! Desde que entré a trabajar aquí, no te has querido separar de mi lado y te has portado tan amable y divertida conmigo que pensé que…
-¿¡Pero qué diablos tienes en la cabeza, Justin¿¡Aserrín¡Trabajamos juntos¿¡Con quién demonios quieres que esté todo el tiempo!? –se alejó de él para no volver a golpearlo… su cara de confusión sólo la hacía enojar más–. Para tu información ya tengo pareja y estoy locamente enamorada de ella¿de acuerdo?
-¿¡De ella!? –exclamó asombrado.
-¡Sí¡De ella! –le gritó exasperada–. Aquí todo el mundo sabe que vivo con una mujer. Te recomiendo que la próxima vez que quieras conquistar a alguien te informes sobre su vida antes de hacer el ridículo –caminó hacia donde algunos técnicos los miraban con extrema diversión–. Y te sugiero que conserves tu distancia si no quieres tener graves problemas conmigo. Volvamos al trabajo.
Justin se puso rojo al ver que todos se estaban riendo de él y bajó la cabeza avergonzado.
'¡Pero qué metida de pata hice!' –se dijo acongojado antes de seguir a Parvati fuera del foro–. 'En media hora ya todos sabrán el papelón que acabo de hacer y van a burlarse de mí sin parar. ¡Pero en verdad no puedo creer que tenga tan mala suerte! Primero aquella mujer que estaba casada, luego otra que resultó que no era mujer y ahora me sale ésta que le gustan otras mujeres ¿¡Qué acaso en el mundo no existe una para mí!?' –se preguntó desesperado.
A Parvati se le fue enojo tras una hora de estar trabajando con Justin. Realmente no podía echarle toda la culpa por ese beso. Si analizaba las cosas con calma debía admitir que había contribuido a que pensara que estaba interesado en él. Le había caído muy bien desde que lo conoció y el hecho de que se entendieran tan bien el trabajo, lo hizo tratarlo con más familiaridad de lo conveniente, pero nunca se imaginó que no supiera que vivía con una mujer pues todo el mundo conocía su condición homosexual y aunque a algunos de sus compañeros les desagradaba la idea de que anduviera con Cho no iba a abandonarla sólo para complacerlos. Desde que la conoció en la universidad perdió la razón por ella y aunque fue una ardua labor hacer que le correspondiera, al final lo consiguió. Cuando se graduaron se las ingenió para trabajar cerca de su hogar y así seguir viéndola, pero cuando los señores Chang se enteraron de su relación le inventaron un delito y la obligaron a dejar el país. Se le partió el corazón cuando tuvo que decirle adiós, pero siempre guardó la esperanza de que la chica no olvidara su amor y lloró de felicidad cuando apareció en la puerta de su casa. La amó por días enteros y sinceramente pensó que ya no existirían problemas entre ellas, pero no contaba con que su pareja se volviera tan celosa y que recientemente le reclamara tan airadamente sus llegadas tarde a casa. Había tratado de convencerla de que su trabajo así se lo exigía, pero siempre chocaba contra un muro de terquedad que la estaba volviendo loca. Cho cerraba los oídos ante sus explicaciones y fue en un arrebato de desesperación que se mudó a otra habitación y le retiró la palabra. Todas las noches tenía que sujetarse a la cama para no correr hasta donde escuchaba llorar a su pareja y amarla como tanto anhelaba, pero sabía que era imperioso que se mantuviera firme. Cho debía comprender que su actitud sólo las estaba conduciendo a un infierno del que no podrían escapar si seguía comportándose de esa manera. Ella simplemente no podía seguir viviendo así y mucho menos cuando era acusada injustamente de serle infiel.
'¡Ay, Cho¡Cómo si eso fuera posible!' –suspiró profundamente captando la atención de Justin–. '¿Por qué me haces esto¿Acaso no te he demostrado miles de veces que te amo con toda mi alma?'
-Eh… Parvati –la llamó el chico titubeante–. ¿Sigues enojada conmigo?
-No, Justin –le dedicó una triste sonrisa–. Estaba pensando en mi pareja.
-¡Ah! Ya veo –su rostro se puso escarlata–. ¿Y… y… cómo se llama?
-Cho Chang –le informó suspirando aún más profundamente.
-En verdad lamento mucho lo que pasó hace rato –se disculpó apresuradamente pues no quería tenerla en su contra.
Parvati Patil era una mujer muy inteligente y capaz que había ascendido en el escalafón de la empresa a pasos agigantados y que a dos años de haber entrado a trabajar ahí como una periodista más, se convirtió en la coordinadora general de las noticias deportivas y alguien con quién debía estar en buenos términos para poder conservar su trabajo intacto.
-No hay problema siempre y cuando no trates de volver a besarme –lo miró directamente a los ojos.
-Te prometo que no volverá a pasar –levantó su mano derecha.
-Te creo –un tercer suspiro escapó de su pecho antes de abrir una carpeta muy gruesa que estaba sobre su escritorio–. Vamos a seguir trabajando.
En ese momento un discreto toque en su puerta se escuchó y un hombre entró sin esperar invitación. Era tan alto y corpulento que la oficina pareció encogerse en un segundo.
-Buenos días, Hagrid –Parvati le dio la bienvenida con una sonrisa–. ¿Cómo te ha ido?
-De la fregada, Patil –declaró el hombre malhumorado e hizo crujir la madera del escritorio cuando se sentó sobre él–. La nota roja se esta yendo a la basura.
-¿Y eso? –preguntó curiosa.
-No hay absolutamente nada sobre lo que pueda escribir –dijo irritado–. ¿Sabes cuál es el material que tengo para el noticiero de la tarde?
-No tengo la menor idea –trató de disimular la risa.
Ese enorme hombre era un alma de Dios y por eso se le hacía increíble que se hubiera dedicado a describir las desgracias que le ocurrían a los demás.
-Una mujer que fue golpeada por su esposo porque no le tenía listo el desayuno, un par de vagabundos muertos en una riña por un pedazo de carne y el perro de un millonario que fue despanzurrado por un coche cuando era paseado por el mayordomo –hizo el conteo con sus enormes y gordos dedos–. ¿¡Qué demonios quieres que haga con eso!? –acabó diciendo desesperado.
-Pues has venido al lugar equivocado para buscar información, Hagrid –dijo Parvati riendo–. Aquí sólo encontrarás noticias de hombres musculosos que tratan de obtener más dinero a pesar de ser una manada de inútiles.
-¡No seas mala, Patil! –la miró suplicante–. Dame algo de información. Sé que andas tras algo muy sucio desde hace tiempo –le guiñó un ojo con complicidad.
-Jajaja –la chica rió de buena gana–. ¿Y quién te dijo eso¡Ay, Hagrid! Te han vuelto a tomar el pelo –se recargó por completo en el respaldo de la silla–. ¿Te fijaste a la oficina a la que entraste¡Dice Coordinación Deportiva¿Cómo quieres sacar nota roja de este lugar? –el hombre la miró con expresión derrotada–. En verdad lo siento, pero en esta ocasión no puedo ayudarte.
-Gracias de todas maneras –se levantó del escritorio que volvió a crujir–. Voy a darme una vuelta por las otras coordinaciones para ver si encuentro algo interesante.
-Suerte –le dijo Parvati todavía sonriendo, pero su sonrisa cayó inmediatamente después de que la puerta se cerró tras Hagrid y asesinó con la mirada a su asistente que se encogió en su silla–. ¿¡¡¡Qué diablos fue eso, Justin!!!?
-¡No tengo la menor idea! –se defendió de inmediato–. ¡Yo no he abierto la boca para nada!
-Pues más te vale que así sea –lo señaló con el dedo–. Llevo trabajando en esto mucho tiempo y no pienso perderlo por nada del mundo¿me entendiste?
-Te juro que no le he dicho nada a nadie –siguió defendiéndose.
-Entonces tendremos que ser más discretos –decidió después de un pequeño silencio–. ¿Ya confirmaste la cita de las 11?
-Aún no –se levantó y salió corriendo de la oficina.
'¿Qué sabes en realidad, Hagrid?' –se preguntó preocupada y se quedó pensativa hasta que fue hora de marcharse a realizar una entrevista en el club de golf.
Los dos hombres que tenían acorralado al pordiosero blandieron amenazadoramente sus largos y afilados cuchillos frente al aterrorizado hombre que sólo atinaba a temblar sin control. Estaban en un solitario callejón y aunque ya había mucha gente en la calle, los grandes contenedores de basura los ocultaban de la vista de los transeúntes.
-Te lo preguntaré por última vez, infeliz –dijo uno de ellos con un brillo asesino en los ojos–. Dime donde se está escondiendo ese muchacho.
-¡No lo sé! –contestó el pordiosero con lágrimas en los ojos–. Ya les dije que la última vez que lo ví fue en el refugio del centro y eso fue hace días –se encogió sobre sí mismo cuando un puño se estrelló en su estómago sacándole el aire–. ¡L-les e-estoy d-diciendo l-la v-verdad! –dijo apenas respirando.
-¿Crees que nos está mintiendo, Nigel? –le preguntó el hombre a su compinche.
-No lo creo –Nigel hizo un gesto de desesperación antes de clavar el enorme puñal en el pecho del pordiosero que se desplomó sin vida a sus pies.
-No debiste matarlo –opinó su compañero mirándolo de mala manera–. Ya con este son cinco vagabundos que te cargas y si no nos andamos con cuidado la policía se dará cuenta que no se están matado entre ellos.
-¡Me importa un comino lo que esos cerdos piensen! –pateó enojado el inerte cuerpo del pordiosero–. ¡Ya estoy harto de esta persecución¡No puedo creer que nadie lo haya visto!
-El único culpable eres tú –lo señaló con el dedo–. Sam pudo haberlo matado sin ningún problema¡pero no! Tuviste que interrumpirlo y eso lo aprovechó ese imbécil para huir con sólo una herida en la pierna.
-¡Está bien¡Está bien¡Lo acepto! –gritó enojado–. Tuve la culpa, pero te juro que cuando le ponga las manos encima, lo haré sufrir tanto que pensara que lo que vivió con Dean fue un descanso veraniego –dijo riendo con maldad.
-Estás loco de remate –lo miró con extremo desagrado.
-Dices eso porque nunca estuviste en las sesiones privadas que organizaba ese desquiciado de Dean –se lamió los labios con lujuria–. Lo hubieras oído gemir. Era sencillamente… delicioso. Lo único malo es que ese desgraciado jamás me dejó poseerlo y no quiero quedarme con las ganas.
-En cuanto lo encontremos vas a matarlo de inmediato¿me entendiste?
-¿Y qué tal si no quiero? –lo enfrentó sin miedo.
-Pues entonces la jefa se enteraría de que tú fuiste el culpable de que se escapara y no creo que eso le haga mucha gracia¿no crees? –lo amenazó burlonamente.
-N-no te a-atreverías –el color huyó de su rostro en un segundo.
-Pruébame –caminó con decisión hacia la entrada del callejón–. Y estoy hablando en serio, Nigel –lo amenazó por última vez antes de salir a la avenida.
Nigel todavía se quedó parado un momento frente al cadáver del pordiosero antes de decidirse en seguir a su compañero. En verdad estaba temblando ante la posibilidad de que se descubriera que había sido su culpa que Blaise todavía estuviera con vida. Sabía que las órdenes de la jefa debían cumplirse al pie de la letra si no quería enfrentarse a terribles consecuencias y supo que debía renunciar a su gran deseo de poseer al chico que había sido el prisionero y juguete sexual de un capo de la mafia por casi seis meses.
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Hasta la próxima semana!!!!!!!!!!!!
