Ojos grises (Neville) (5/18)
Clasificación R
Parejas Neville/Blaise
Disclaimer Los personajes de esta historia son propiedad de J.K. Rowling y la Warner Bros. Esto es puro entretenimiento y no me reporta beneficio económico alguno.
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Capítulo V. Aún te amo
El bar estaba semivacío y eso le facilitó a Cho seguir llorando sin consuelo mientras tomaba copa tras copa sin parar. El barman la veía cada vez más preocupado. La conocía porque ella y Parvati eran clientes asiduas y decidió que si llegaba a darse el caso de que se pusiera demasiado mal, llamaría un taxi para que la llevara a su casa.
-Sírveme otra –ordenó Cho con voz pastosa.
-Creo que ya ha tomado demasiado, señorita Chang –le dijo el hombre dudando.
-¡¡¡Sírveme otra!!! –ordenó enfadada y él la obedeció a regañadientes.
Cho se tomó la mitad de la bebida de un solo trago y recargó la cabeza sobre la barra. Ya sentía que todo giraba a su alrededor sin control alguno, pero sabía que aún le faltaba mucho para conseguir el consuelo de la inconciencia. Esa inconciencia que pedía a gritos porque no quería pensar… no quería sentir… sólo olvidar el engaño de su pareja. Lo único que quería era escapar del horrible infierno en el que se había hundido, pero su mente no cesaba de rememorar la imagen de Parvati y ese muchacho besándose. Gimió de dolor al saber que la había perdido para siempre y quiso morirse en ese instante.
-¿¡Por qué Parvati¿¡Por qué!? –gimió en voz alta–. ¡Te amo, maldita sea! –azotó el puño contra la barra–. ¿¡Por qué dejaste de amarte¿¡Qué diablos fue lo que hice mal¿¡Qué!?
Levantó la cabeza y vio que el barman se alejaba dejando olvidada la botella de whisky sobre la barra. Estiró una temblorosa mano para tomarla y se la llevó a los labios para beber su contenido con desesperación. Parte del líquido se deslizó por su cuello, pero logró tomar casi media botella antes de que el hombre se diera cuenta de lo que estaba haciendo y corriera para detenerla.
-¿¡Está loca, señorita Chang!? –le dijo asustado al tiempo que le arrebataba la botella–. ¡Le va a dar una congestión alcohólica!
-¿Y qué más da? –le contestó Cho riendo, pero seguía llorando–. Si me muero, Parvati podrá irse con toda tranquilidad con ese desgraciado –tomó la copa que aún tenía enfrente y trató de beberla, pero el barman también se la quitó–. ¡Vamos, hombre! Déjame beber en paz.
-No va a tomar más –le dijo con firmeza.
-¿Te preocupa que no te pague? –tomó su bolso y sacó su cartera para luego depositar varios billetes sobre la barra–. Ya está –dijo con sorna–. Ahora dame la botella –se estiró para tomarla, pero el hombre la escondió tras su espalda.
-No le serviré ni un solo trago más.
-¡Maldita sea! –gritó enojada–. ¡Ya te pagué¿¡Qué más quieres!?
-Que deje de beber. Ya está completamente ebria.
-¡Por supuesto que no lo estoy! –golpeó la barra con fuerza–. ¡Por qué si lo estuviera no me importaría su engaño¡Podría reírme de mi estupidez de creer que seguía amándome¡Sigo viendo a esos dos besándose! Sigo… sigo sintiendo que me estoy quemando en este infierno de desdicha –acabó diciendo ahogada en llanto.
-Venga. Voy a acompañarla para que tome un taxi que la lleve a su casa –el barman rodeó la barra para ponerse a su lado.
-¡Me engañó¡Me engañó con ese desgraciado! –gritaba sin cesar mientras el hombre trataba de hacerla caminar hacia la salida–. ¡Parvati¿¡Por qué me hiciste esto!?
Fue un verdadero triunfo hacer que saliera del bar y aún más que subiera al taxi, pero una vez dentro Cho dio una dirección con voz firme.
-Pero ese hombre me dijo que la llevara a… –intentó discutir el chofer, pero fue interrumpido bruscamente por la chica.
-¡Yo voy a pagarle así que va a llevarme a donde le diga! –ordenó enojada.
-De acuerdo –el chofer se encogió de hombros y arrancó.
Cho aún lloraba a raudales cuando se apeó del taxi y se quedó un instante mirando el alto edificio. Realmente no sabía porque había pedido ser llevada ahí, pero ya no teniendo otro remedio se acercó al intercomunicador y apretó un botón.
-¿Quién es? –contestó una voz masculina tras un minuto de espera.
-Cho, Severus –le dijo deprisa–. ¿Puedo subir?
-¡Cho! –el asombro del hombre era evidente–. ¿Qué haces aquí?
-Yo… yo… ¿puedo subir? –las lágrimas apenas la dejaban hablar.
-¡Claro! –e hizo sonar el timbre para que pudiera entrar.
Las puertas del elevador se abrieron y Severus abrió los ojos asombrado al ver el penoso aspecto de la chica. Cho estaba toda despeinada y tenía el maquillaje totalmente estropeado debido a las lágrimas derramadas.
-¡Santo cielo, niña! –se apresuró a abrazarla porque la chica tropezó en cuanto salió del elevador–. ¿¡Qué te pasó!?
-¡Ay, Severus¡Me quiero morir! –se aferró a su camisa.
-¿¡Pero por qué¿¡Qué sucedió!? –le llevó hasta el sillón y arrugó la nariz al percibir el fuerte aroma a alcohol que emanaba de ella–. ¿¡Estuviste tomando!?
-P-Parvati… P-Parvati… –dijo entrecortadamente.
-¿¡Le pasó algo¿¡Está herida!? –se desesperó cuando no recibió una pronto respuesta–. ¡Ya dime que sucedió, Cho¡Me estás asustando!
-P-Parvati… ya no… me ama –y lloró con más fuerza.
-¿Estás loca? –suspiró de alivio… había pensando que algo grave le había sucedido a la otra chica–. Parvati te adora, Cho –la tomó de la barbilla y la obligó a mirarla a los ojos–. ¿Acaso no esperó por ti mucho tiempo?
-Sí, pero ya dejó de quererme –dijo hipeando.
-Cuéntame todo desde el principio –la acomodó en el sillón y quedó frente a ella.
Con voz entrecortada, Cho le contó de las llegadas tarde de su pareja, de su distanciamiento y también de cómo la había visto besándose con Justin esa mañana.
-Cho… lo que voy a decirte tal vez sea duro para ti y seguramente no es lo que estás esperando escuchar, pero voy a decírtelo de todas maneras –los llorosos ojos rasgados se clavaron en él–. La convivencia diaria es muy difícil a pesar de que ames a la persona con la que vives y es necesario que pongas de tu parte para que la relación con Parvati funcione –ella lo miró confusa–. Creo que te has estado comportando irracionalmente con tu pareja y si ella buscó a alguien más, cosa que no creo… –se apresuró a aclarar cuando Cho comenzó a llorar de nuevo–. …. es totalmente culpa tuya.
-¿¡Mía!? –preguntó enojada al tiempo que se levantaba del sillón–. ¡Yo hago todo lo posible para que se sienta a gusto en mi compañía¡Me arreglo y me visto sólo para ella! Me desvivo por atenderla y ¿¡qué fue lo que gané por entregarme incondicionalmente¡Que me fuera infiel¡Llega tarde a casa porque se anda revolcando con ese estúpido¡No, Severus¡No puedes decirme que yo soy la única culpable de esta situación!
-De acuerdo –Severus también se levantó del sillón–. No eres la única culpable, pero sí la principal –Cho le mandó una mirada envenenada–. ¡Por todos los cielos! Ya deja de comportarte como una niña malcriada y conviértete de una vez por todas en una verdadera mujer. Sabes perfectamente que Parvati tiene un trabajo muy exigente y debes comprender que ya no puede dedicarte el mismo tiempo que antes. Ella es una mujer independiente y muy tenaz, pero puedo asegurarte que todos sus logros están encaminados exclusivamente a brindarte un bienestar –esas palabras lograron dejar a Cho con la boca abierta–. Y no te me quedes viendo de esa manera porque sabes perfectamente que es cierto. Parvati te viste, te calza y te da de comer y ¿por qué¡Porque no trabajas¡No haces nada de provecho más que estar en tu casa esperando a que ella llegue y te diga lo hermosa que te ves¡Y todavía te ofendes porque llega tarde después de partirse el alma en el trabajo!
-¡¡¡No llega de trabajar!!! –le gritó enojadísima–. ¡¡¡Viene de estar con ese desgraciado de Justin!!!
-Hasta donde sé Justin es su asistente¿no? –Severus decidió no molestarse por la gritería de la chica–. Entonces es lógico que se pase todo el día con él.
-¿Qué parte de los VÍ BESÁNDOSE no entendiste? –pensó que realmente había sido un error ir a ver a Severus… él nunca la había entendido ni la entendería jamás.
-Creo en lo que viste, pero no siempre las cosas son lo que parecen –se armó de paciencia–. Te recomiendo que en primer lugar te tranquilices, en segundo que ya no tomes y en tercera que hables claramente con Parvati y le preguntes cuál es su verdadera relación con ese joven.
-Ella no me habla desde hace más de una semana –se dejó caer en el sillón totalmente abatida y escondió la cara entre las manos.
-Pues si no platican, su relación no va a llegar a ninguna parte –se arrodilló frente a ella–. Estoy completamente seguro de que ella aún te ama, Cho –la tomó de la barbilla para que lo mirara–. Y creo que aún a pesar de haberla visto besándose con ese muchacho, tú no quieres perderla¿verdad? –Cho negó con la cabeza–. ¡Entonces lucha por ella! Pero hazlo de frente y con las cartas sobre la mesa de una vez por todas. Háblale de tus inseguridades y convéncela de que te hable con la verdad. ¿Lo harás?
-Sí, Severus –aceptó después de un largo silencio–. Ya debo irme –se levantó del sillón–. Gracias por escucharme y decirme todas esas cosas –le mandó una trémula sonrisa–. Estabas en lo cierto… no me gustó en lo absoluto todo lo que me dijiste, pero no puedo negar que tienes razón –suspiró profundamente–. Me he comportado muy egoístamente con Parvati y la he dejado cargar con todas las responsabilidades, pero ya no será así –sacó un pañuelo de su cartera y se limpió la cara–. Gracias de nuevo –le dio un beso en la mejilla.
-¿No quieres que te lleve a tu casa? –miró preocupado como todavía se tambaleaba un poco cuando caminó hacia el elevador.
-No, estoy bien –negó con una sonrisa–. Sabes que necesitaría una cava completa para poder emborracharme en serio.
-Vete con cuidado entonces –Severus suspiró profundamente cuando se quedó nuevamente solo–. '¿Por qué el amor es tan complicado?' –se preguntó antes de ir al despacho y seguir escribiendo hasta que fuera hora de ir al aeropuerto por Draco.
Cho llegó a su casa y se dejó caer en un sillón totalmente desalentada. No podía alejar de su mente todas las cosas que le había dicho Severus y tuvo que reconocer que todas eran verdaderas. Desde que se fue a vivir con Parvati dejó de lado su trabajo y se dedicó a tratar de hacerle placentera la vida a su pareja, pero ahora veía que eso no iba a traerle ningún bien. Estar encerrada horas enteras sólo esperando su llegada la había hecho imaginar cosas que no existían y agredir a Parvati sin ninguna justificación. Dos lágrimas ardientes resbalaron por sus mejillas al darse cuenta que había sido ella la que la había empujado a los brazos de Justin. Se volvió demasiado posesiva y exigente y era lógico que acabara aburriéndola. Miró a su alrededor donde todavía estaban tiradas todas las cosas que había roto en su arrebato de furia y se levantó para buscar una escoba y recoger los trozos de cerámica. Después de que la sala estuvo nuevamente en orden, volvió a sentarse mientras se preguntaba desesperadamente que era lo que debía hacer para recuperar al amor de su vida. Quería aferrarse a la esperanza de que Parvati aún la quisiera aunque fuera un poco y tal vez a partir de ese pequeño cariño volver a reconquistarla. Se fue a su recámara para ducharse y al salir verificó que aún faltaba mucho tiempo para que Parvati arribara. Sin demasiadas ganas se metió a la cocina, pero ya en ella decidió hacerle su comida preferida. También arregló la mesa con mucho esmero para que cuando su pareja llegara encontrara un ambiente romántico y así tal vez lograría que volviera a dirigirle la palabra. Se metió a su recámara y escogió con mucho cuidado su atuendo. Se miró al espejo durante mucho tiempo con ojo crítico y decidió que no se veía tan mal. Las altas zapatillas hacían lucir sus largas piernas torneadas y aunque la minifalda estaba algo fuera de lugar, no quiso quitársela. También escogió una blusa especialmente vaporosa y transparente cuyo escote bajaba demasiado, pero se dijo que era la adecuada si quería que su pareja volviera a verla con deseo. Una vez que estuvo contenta con su aspecto, bajó nuevamente a la sala y se sentó a esperar a que Parvati llegara.
Draco miraba a Severus con la boca abierta mientras escuchaba lo que había sucedido en su ausencia. Los dos ya habían arribado del aeropuerto y tomaban una copa en la sala de su casa.
-Pobrecita Cho –opinó el rubio cuando su pareja terminó su relato.
-Está sufriendo mucho –aceptó Severus–. Pero es que esa niña ha estado abusando de la paciencia de Parvati por mucho tiempo.
-Y supongo que se lo dijiste con todas esas palabras¿verdad? –preguntó divertido.
-¡Por supuesto! –levantó una ceja con altanería–. Los amigos no sirven sólo para consolarnos sino también para hacernos ver nuestros errores. La lastimé cuando le dije que seguía siendo una niña mimada sin oficio ni beneficio, pero estoy seguro de que eso le servirá para que se dé cuenta de lo mal que está actuando.
-Eso espero porque a pesar de todo, ellas se quieren mucho.
-Eso también se lo dije –se levantó del sillón donde estaba sentado–. Cuando Cho se fue traté de hablar con Parvati para decirle el estado en que se encontraba su pareja, pero jamás pude localizarla.
-Pues creo que para esta hora ya debe estar en su casa –consultó su reloj… ya pasaban de las 11 de la noche–. Espero que las cosas se arreglen entre ellas.
-Yo también.
Severus lo hizo levantarse del sillón y después de dejar las copas sobre la mesa de centro, le pasó un brazo por la cintura al rubio para acercarlo a su cuerpo.
-Y cambiando de tema. ¿Cómo te fue con Cedric en Grecia, cielo?
-Bastante bien –le contestó Draco pasándole los brazos por el cuello–. Sabes lo mucho que detesto estos viajes relámpago, pero valió la pena esta vez. ¿¡Me creerías si te dijera que Víktor le consiguió una genuina arma del año 2,000 A.C.!? –dijo emocionadísimo–. ¡Ay¡Es una verdadera preciosidad!
-No sabes lo mucho que me apasionan las armas antiguas –dijo burlonamente–. ¿Qué te parece si me la describes mientras hacemos el amor?
-Con todo gusto –dio un pequeño salto para acomodarse entre los fuertes brazos de su amante que de inmediato tomó rumbo hacia la recámara–. Sabes que me encanta hablar mientras te amo.
-¿¡En serio!? –se paró un momento estupefacto.
-Me parece que ya es mi turno de… –rió divertido cuando Severus corrió como poseído hasta su recámara–. Veo que en verdad me extrañaste –le dijo con sensualidad cuando su amante lo dejó en piso.
-Y no sabes hasta qué grado, mi Dragón –dejó que el rubio lo empujara sobre la cama–. Esas horas me parecieron meses.
-Entonces debo recompensarte –se dejó caer sobre su amante que gimió al sentir como su cuello comenzaba a ser devorado.
-Te amo, Dragón –le dijo con la voz velada de deseo.
-Y yo a ti, Severus –le contestó mientras lo desvestía con desesperante lentitud.
Realmente no fue sino hasta después de muchas horas que Draco pudo describir la nueva adquisición del museo de Cedric aunque Severus no lo escuchó… lo único que le interesaba era oír el latido acompasado del corazón de su amante y pronto se durmió.
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Lamento mucho que en este capítulo tampoco haya nada sobre Neville y Blaise, pero ya en el próximo volveré con ellos... nos vemos pronto !!!!!!!!!!!!!!!
