Ojos grises (Neville) (6/20)

Clasificación R

Parejas Neville/Blaise

Disclaimer Los personajes de esta historia son propiedad de J.K. Rowling y la Warner Bros. Esto es puro entretenimiento y no me reporta beneficio económico alguno.

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Capítulo VI. Recuerdos dolorosos

Blaise se estiró una vez más en la cama y tomó el control remoto con expresión aburrida. El día se le había hecho eterno y no veía la hora en que Neville volviera a casa. Una sensación muy dulce subió por su pecho al pensar en esa palabra… hacía años que un lugar no lo hacía sentirse como en su hogar. Pasó los canales buscando algo interesante, pero al no encontrarlo apagó la televisión y clavó la mirada en el alto techo. Se sorprendió así mismo al recordar cosas ya olvidadas. No sabía porque repentinamente a su mente llegó la imagen de sus padres ya fallecidos. Esos padres que lo amaron incondicionalmente, pero que abandonó sin ningún miramiento cuando a la edad de 16 años se consiguió a su primer amante. Fue una mujer madura que lo trató muy bien y él se mantuvo a su lado hasta que terminó su carrera comercial, pero finalmente la abandonó porque cuando consiguió su primer trabajo fue rápidamente cortejado por un alto ejecutivo de la empresa. A partir de ese momento se dedicó a vivir a expensas de su cuerpo y fue lo suficientemente astuto como para obtener trabajos que le permitieran conseguir amantes acaudalados. Le gustaba vestir bien y sus gustos caros lo llevaron a ser demasiado ambicioso. En aquel entonces creía que era irresistible y cegado por su vanidad fue que se atrevió a poner los ojos sobre alguien tan importante e influyente como Lucius Malfoy. Gimió con dolor al recordar la forma en que Harry Potter lo había puesto en su lugar cuando lo sorprendió tratando de seducir a su pareja. Sabía que apenas se había librado de una paliza porque los celos que brillaban en esos increíbles ojos verdes eran genuinos y que el joven no dejaría que nadie le arrebatara a Lucius. Escondió la cara entre las manos aún más avergonzado al rememorar el día en que trató de extorsionar a Draco con la información que le había proporcionado Remus McGregor. En su momento le pareció una forma fácil y rápida de conseguir dinero pero cuando fue descubierto por Lucius, se supo perdido. El rubio se encargó de que no pudiera conseguir un empleo bien remunerado y él, todavía ofuscado por su vana frivolidad, se negó a tratar de conseguir un trabajo más humilde. Siguió viviendo como acostumbraba, pero muy pronto agotó sus ahorros y fue a ver a sus antiguos amantes esperando que lo ayudaran, pero todos le azotaron la puerta en las narices. La única que le brindó ayuda fue esa primera mujer con la que vivió y el poco dinero que le facilitó le permitió salir de Londres e irse a una ciudad lejana. Llegó ahí con la esperanza de que las influencias de Lucius no lo alcanzaran, pero pronto se dio cuenta que jamás podría escapar. Todas las puertas estaban cerradas para él así que no tuvo más remedio que aceptar el único empleo en el que no le pidieron referencias y trabajó durante dos años en una tienda de víveres. Fue difícil acostumbrarse a esa nueva forma de vida, pero al final lo hizo y hasta podría decir que era feliz, pero repentinamente todo cambió.

Se hundió entre las suaves sábanas y sollozó sin control cuando sus recuerdos volvieron a la terrible noche en que comenzó su pesadilla.

Era más de medianoche y estaba sentado en el parque central pues no tenía sueño y había salido a dar un paseo sin importarle el intenso frío. Ya estaba a punto de volver a su casa cuando se dio cuenta que dos hombres se acercaban hacia donde él estaba. Instintivamente se levantó de la banca y se escondió detrás de un árbol. Los hombres se detuvieron cerca de donde él estaba y se atrevió a atisbar. Vio que eran más o menos de su misma edad y que vestían con extrema elegancia, pero ni aún así salió de su refugio porque cuando alcanzó a distinguir sus rostros se dio cuenta que eran maleantes. Los dos tenían las facciones recias, pero sus duros ojos fueron los que le hicieron pensar eso pues brillaban de pura maldad. Sopesó la posibilidad de alejarse, pero sabiendo que no podría hacerlo sin delatar su presencia, se quedó donde estaba. Al cabo de unos minutos otros dos hombres se reunieron con los primeros que llegaron y comenzaron a discutir enconadamente. Los escuchaba con toda claridad y se estremeció al comprender que todos eran miembros de la mafia. La discusión pronto estuvo fuera de control y los hombres se liaron a golpes, pero lo que provocó que saliera corriendo de su escondite fue cuando se escucharon varias detonaciones y rogó porque no lo vieran, pero para su mala suerte uno de ellos sí lo hizo. La sangre se le heló en las venas al escuchar como dos balas pasaron zumbando cerca de su cabeza y corrió aún más rápido, pero no llegó muy lejos. Sintió como era derribado y su cabeza fue a dar contra un árbol dejándolo inconciente. Nunca supo cuando tiempo estuvo fuera de este mundo, pero cuando abrió los ojos lo primero que vio fue un puño de acero que se estrelló contra su rostro. Después de ese primer golpe vinieron muchísimos más y cuando pensaba que ya no podría resistir más, dejaron de golpearlo. A través de sus párpados semicerrados reconoció a uno de los hombres del parque y que a final de cuentas resultó ser el jefe de una banda bien organizada de la mafia. Fue torturado sin piedad hasta que confesó todo lo que había escuchado. Sabía que había firmado su sentencia de muerte al decírselos, pero ya para esas alturas estaba rogando porque todo terminara. Sintió como un cuchillo era puesto sobre su garganta y cerró los ojos esperando sentir como se hundía en su carne, pero eso no sucedió. Lo que más tarde pasó en esa misma habitación, lo hizo desear con toda el alma que lo hubieran matado. El jefe de la banda lo violó brutalmente frente a sus cómplices y por mucho tiempo en sus oídos siguieron resonando las risas burlonas de los otros hombres. Cuando por fin se sació de él, fue llevado a rastras hasta una habitación que se convirtió en su prisión por interminables meses. Al principio trató de defenderse del constante abuso de Dean, pero al final desistió porque ya no le quedaban fuerzas para luchar. Además del terror que le tenía por las despiadadas golpizas que le propinaba, se sentía sumamente débil porque le daba muy poco de comer. Vio como su cuerpo adelgazaba a una velocidad espeluznante y se le ocurrió una idea para escapar del infierno en el que se encontraba… dejó de comer por completo. Recibía la comida, pero luego se deshacía de ella en el inodoro. Se mantuvo así por espacio de dos semanas y cuando una mañana fue incapaz de levantarse, se sintió inmensamente feliz porque supo que sólo era cuestión de horas para morir, pero no contó con que Dean alcanzó a darse cuenta de lo que pretendía. Esa fue la única ocasión en que no fue golpeado por tratar de escapar. Un médico lo atendió de inmediato y al cabo de dos días, el galeno declaró que estaba fuera de peligro. Lloró por semanas enteras su desgracia y ya no tuvo ninguna otra oportunidad de evadir a su captor pues fue celosamente vigilado. En cuanto estuvo relativamente recuperado, Dean volvió a abusar de él aún con más saña que antes.

Un largo y profundo suspiro escapó de su pecho al decirse que esa pesadilla había terminado porque Dean estaba muerto… muerto junto con aquellos que eran sus cómplices.

El sonido de la puerta de la calle cerrándose logró sacarlo de sus lúgubres pensamientos y se sentó en la cama mientras se secaba el rostro con prisas. No quería que Neville se diera cuenta que había estado llorando. El muchacho se había portado estupendamente bien con él y lo menos que quería era preocuparlo por cosas que ya ni siquiera valía la pena recordar. Puso una sonrisa en el rostro cuando Neville entró en la habitación y levantó el rostro para que recibir un tierno beso en la mejilla. Ese saludo se había hecho cotidiano entre ellos porque en la semana que llevaban viviendo juntos, Neville lo besaba de esa forma cuando despertaba, cuando se marchaba y cuando llegaba a casa, pero no por eso era menos anhelado por su parte. Le encantaba sentir esos labios cálidos y carnosos sobre su piel porque le transmitían algo que nadie jamás le había dado…. cariño y respeto.

-¿Cómo te sientes? –preguntó Neville sentándose en la cama frente a Blaise.

-Aburrido, pero bien –le contestó todavía sonriendo.

-¿Y por qué no ves la tele? –tomó el control remoto y encendió el televisor.

-Estuve viéndolo todo el día, pero ya me aburrió –se hizo del control y volvió a apagar el aparato–. ¿Y a ti cómo te fue?

-Bastante bien –le contestó mientras se levantaba de la cama y se deshacía del saco y la corbata–. El director me dijo que el siguiente semestre me aumentará las horas frente a clase.

-¿Y eso es… bueno? –alcanzó a preguntar Blaise antes de perderse en la contemplación del amplio pecho de su anfitrión.

Aún cuando Neville no era fuerte en exceso tenía huesos grandes que lo hacían lucir extremadamente sensual a los ojos de Blaise. Al joven le encantaba su angosta cintura que hacía que su redondo trasero luciera más que apetitoso. Blaise tragó saliva cuando Neville se desprendió de sus pantalones sin ninguna inhibición y eso le dio la oportunidad de resbalar la mirada sobre sus fuertes piernas. Lamentó el hecho de que el muchacho decidiera conservar los bóxer porque le fascina la forma en que sus muslos se desprendían de su cadera y su sola vista hacía que la temperatura se le subiera en un segundo.

-Mucho –le contestó Neville totalmente ajeno al minucioso examen que hacía Blaise de su cuerpo semidesnudo–. Me gusta mucho la investigación, pero necesito tener más experiencia en dar clases si quiero enseñar en la Sorbona.

-¿Te quieres ir a París? –preguntó en un hilo de voz.

-Sí –le contestó con indiferencia y a Blaise se le hizo un hueco en el estómago–. Pero me temo que eso no sucederá en por lo menos 5 años –a Blaise el alma le volvió al cuerpo–. Son muy exigentes con la preparación de sus maestros y aunque yo tengo un doctorado y dos especializaciones, aún no soy lo suficientemente bueno para ellos.

-¡Pues yo creo que eres muy inteligente! –afirmó con pasión.

-Gracias por decir eso –le agradeció con una sonrisa–. ¿La señora Brown te dio de comer? –preguntó cambiando de tema.

Neville decidió contratar a la mujer para que Blaise no tuviera ninguna necesidad de moverse de la cama.

-Tres veces al día –le contestó riendo–. Tal y como lo ordenaste –y se sonrojó levemente cuando fue observado largos instantes.

-Ya tienes mejor aspecto –declaró con ternura.

-Y tengo que agradecértelo sólo a ti –lo miró con tal adoración que hizo que a Neville se le acelerara el corazón.

Nadie jamás lo había visto como lo hacía ese muchacho y eso lo tenía flotando en una nube de ensoñación. Se dio bruscamente la vuelta al recordar que Blaise se marcharía de su casa en cuanto estuviera completamente recuperado y que no valía la pena que albergara la esperanza de que se quedara con él para siempre y lo salvara de la terrible soledad a la que estaba encadenado sin remedio. En verdad le encantaba la presencia del joven en su vida, pero si era sincero consigo mismo debía admitir que lo más le gustaba era que estuviera en su cama. Aún cuando no habían mantenido relaciones íntimas, cosa que últimamente deseaba con todas sus fuerzas, el simple hecho de poder dormir abrazando un cálido cuerpo que se amoldaba al suyo a la perfección, le parecía una verdadera bendición. Las dos últimas noches se le había hecho muy difícil no besar esa jugosa boca que siempre le sonreía y acariciar toda la extensión de ese cuerpo que poseía la piel más suave que jamás había tocado, pero recordar el abuso que el chico había sufrido lo hacía contenerse. Blaise todavía no le contaba nada de lo que había vivido con ese hombre al que tanto temía, pero por ningún motivo quería que llegara a compararlo con él y estaba dispuesto a esperar lo que fuera necesario. Lo único que pedía era que no se marchara antes de que pudiera amarlo como tanto deseaba. Desde el momento en que se dio cuenta de la gran atracción que sentía por Blaise, se preguntó qué fue lo que le atrajo de él porque desde que conoció a Harry en la universidad, su ideal de hombre se convirtió en una copia exacta de su amigo. Miró a Blaise a través del espejo del tocador y admitió que jamás podría competir con el moreno en cuestión de belleza, pero había algo en su frágil apariencia que hacía que su corazón latiera desbocado. Compasión… ternura… cariño… ésas fueron las primeras emociones que Blaise despertó en su interior, pero ahora había otras muchas más que no quería dejar florecer para evitar sufrir más de lo necesario cuando lo viera partir. La única que no quiso enterrar en el fondo de su alma fue el deseo… un deseo que ya le era muy difícil ocultar.

-¿P-pasa a-algo m-malo? –preguntó Blaise inseguro al sentirse observado.

-Nada –le contestó Neville con rapidez–. ¿Te apetecería tomar tu baño ahora?

-¿¡Tan temprano!? –miró el reloj que estaba sobre el televisor.

-Es que tengo que volver a salir y no sé a qué hora volveré –lo miró apenado.

-Entiendo.

Blaise agachó la cabeza para que Neville no se diera cuenta que se mordía el labio inferior con fuerza para evitar preguntarle adónde iba y con quién. Sabía que no tenía ningún derecho a cuestionarlo, pero sentía unos celos terribles al pensar que saldría a divertirse con alguna chica. El miedo de que lo arrojara a la calle se había evaporado días atrás pues lo había convencido de que era bienvenido en su casa, pero en su lugar aparecieron los celos. Celos que no tenía ningún derecho de sentir, lo sabía, pero no podía evitarlos. Neville se había ganado su sincero amor en esos días de convivencia y era un verdadero martirio verlo partir todas las mañanas sin saber exactamente en qué ocupaba su tiempo. Le había dicho que era economista y que trabajaba en la universidad como investigador, pero nada más. Salía temprano todas las mañanas y no volvía a verlo sino hasta bien entrada la tarde. Era espantoso no poder interrogarlo sobre como pasaba el día.

-No te pongas triste, Blaise –Neville se apresuró a abrazar al muchacho que de inmediato se colgó de su cuello–. Me encantaría quedarme aquí contigo, pero este es un compromiso que tengo programado desde hace tiempo. Me comprendes¿verdad? –lo tomó de la barbilla para que lo viera a los ojos.

-Claro que te comprendo –se obligó a sonreír–. Es sólo que…

-Sé muy bien cómo te sientes –lo interrumpió con delicadeza–. Estás muy solo en esta enorme casa, pero te prometo que en cuanto mejores te llevaré a pasear para que cambies de ambiente.

-¿¡En serio!? –sus ojos se llenaron de alegría, pero no por la promesa del paseo sino por la perspectiva de pasar más tiempo con él.

-Por supuesto –y le dio un pequeño beso en la mejilla–. ¿Entonces qué¿Quieres bañarte ahora?

-¿Podría… podría… esperar a que… regresaras? –preguntó con timidez.

-Pero tal vez llegue muy tarde –lo miró dudoso.

-¡No importa! –se apresuró a asegurar.

-De acuerdo –aceptó riendo y volvió a besarlo–. En cuanto vuelva te ayudaré en tu baño, pero prométeme una cosa.

-¿Cuál?

-Que si sientes sueño, te dormirás y no te obligarás a esperarme despierto.

-Te lo prometo –dijo con firmeza sabiendo que no habría poder humano que lo hiciera dormir hasta que Neville regresara… por nada del mundo se perdería la maravillosa sensación de ser bañado con tanto cariño y delicadeza.

Neville salió de la casa media hora más tarde diciendo que haría todo lo posible por regresar temprano y Blaise volvió a recostarse sobre la cama mientras contaba los minutos que faltaban para el retorno del muchacho a casa.

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Capítulo más que corto, pero espero que me perdonen : ( ... y lo bueno es que ya volvimos con Blaise y a Neville : )