Ojos grises (Neville) (7/20)

Clasificación R

Parejas Neville/Blaise

Disclaimer Los personajes de esta historia son propiedad de J.K. Rowling y la Warner Bros. Esto es puro entretenimiento y no me reporta beneficio económico alguno.

Advertencia: Sexo explícito (cortito y bastante insulso, pero espero me disculpen, jejeje)

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Capítulo VII. Reconciliación

Colin miró a su alrededor sintiéndose terriblemente aburrido, pero en su rostro no se manifestó su incomodidad, muy al contrario, le sonrió con cortesía a una mujer madura que lo había acaparado desde que puso un pie en la recepción. Le prestó atención sólo unos instantes antes de volver a mirar a todas las personas que estaban reunidas en el lugar. Localizó a su jefe, Nicholas Flamel, y sonrió para sus adentros al verlo comportarse tan absurdamente como lo hacía desde que lo conoció una semana atrás. El anciano hombre pensaba que era un genio y por eso se comportaba con extravagancia provocando un sinfín de risas y burlas disimuladas entre los invitados, pero no las tomaba en cuenta y seguía circulando entre todas las personas que sólo lo toleraban unos minutos antes de abandonarlo para ir en busca de una compañía menos escandalosa. La mujer volvió a llamar su atención y Colin tuvo que soportar su aburrida charla de nuevo. Cuando ya estaba a punto de emprender una graciosa huída, Nicholas llegó a su rescate.

-¡Mi querida Arabella! –el anciano tomó la mano de la mujer y se la llevó a los labios–. Hmmm… veo que no ha atendido a mi sugerencia –dijo frunciendo la nariz–. Sigue oliendo a gato –la mujer lo miró bastante enfadada al tiempo que rescataba su mano–. Si no quiere deshacerse de esos animales al menos debería usar la esencia que le recomendé la última vez que nos vimos para evitar que se le impregne ese horrible aroma.

-Primero muerta antes que abandonar a mis gatitos –declaró ella con los dientes apretados.

-Pues si no se cuida muy pronto asistiremos a su funeral. El pelo y el excremento de esos animales son muy dañinos y más cuando no se tiene una adecuada ventilación en casa –luego señaló el cuello de la mujer sin ninguna discreción–. ¿Ya se fijó que tiene una erupción bastante repugnante en la garganta? Es un signo inequívoco de que ya se hizo alérgica a los gatos.

-Con permiso –se disculpó la mujer con rapidez y se alejó de ellos claramente enfadada.

-Arabella está completamente loca –declaró Nicholas en voz alta sin ninguna discreción–. Desde que la conozco siempre ha estado rodeada de gatos. ¡No me extrañaría que ésa sea la razón de que siga soltera¡Huele espantoso! –rió a carcajada limpia–. Y bien¿cómo te las estás pasando, Colin? –le preguntó al muchacho cuando terminó de reír.

-Bastante bien –le contestó él sonriendo–. Le agradezco que me haya invitado. Sus antiguos compañeros son gente muy interesante.

-¡Bah! –Nicholas hizo un gesto de desagrado–. En realidad ya todos mis amigos están bien muertos desde hace años. Estos que ves aquí son los nuevos egresados de la universidad, pero me gusta venir a estas reuniones de ex alumnos porque me entero de muchas cosas interesantes.

-¿Chismes de… pareja? –cuestionó dudando.

-¿¡A quién diablos le interesa saber quién se divorció o quién se casó!? –preguntó riendo escandalosamente–. No, muchacho. A lo que me refiero es a algo mucho más importante –miró con avidez a su alrededor.

-¿Cómo qué? –preguntó confundido, pero no obtuvo respuesta pues en ese momento Nicholas lanzó un grito de gozo.

-¡Neville! –el anciano dio varios brincos para llamar la atención del recién llegado–. ¡Hey¡Longbottom¡Por acá!

Colin vio como un muchacho bastante alto se acercaba a ellos y lo recorrió de arriba abajo en un parpadeo. A sus expertos ojos no pasó desapercibido que el traje que llevaba era de diseñador y que proclamaba a gritos que su poseedor era muy rico además de tener un excelente gusto para vestir. Le gustó mucho la forma en que llevaba peinado el corto cabello y que dejaba ver una amplia frente que denotaba inteligencia. Los ojos castaños brillaron con verdadero gusto cuando abrazó al anciano y al instante supo que ese muchacho estimaba sinceramente a Nicholas.

-Llegas tarde, Longbottom –le reclamó Nicholas al tiempo que le daba un pequeño golpe en el estómago.

-Pero no demasiado –le contestó él riendo y a Colin le gustó mucho el tono cálido con el que habló.

-En realidad pensé que no tendrías ánimos para venir –a Colin le llamó la atención que su jefe se pusiera serio tan repentinamente… era muy raro verlo así.

-Y no lo tenía, pero me urge ver a un amigo.

-Sabes que lamento mucho la muerte de tu abuela –lo abrazó de nuevo y Neville no lo despreció.

-Lo sé –cerró los ojos para evitar llorar… aún le era muy difícil controlar las lágrimas cuando recibía tan sinceras condolencias.

-Pero no te preocupes –Nicholas se separó de él y le sonrió–. Cuando muera y vaya al cielo, le diré a tu abuela que sigues pensando en ella.

-¿En serio cree que irá al cielo? –lo bromeó para no romper a llorar.

-¿¡Acaso lo dudas!? –fingió enfado–. Durante toda mi vida me he comportado como un angelito –dijo serio, pero luego soltó una gran carcajada–. Bueno, menos esa vez que hice que todos se desmayaran en el laboratorio para poder verles las piernas a las chicas de mi clase.

-¿¡Usted hizo eso!? –preguntó Colin asombrado.

-¡Eso y más! –afirmó Neville riendo–. En otra ocasión le puso no sé qué cosa a un tipo en su café y el pobre tuvo el cabello azul por meses enteros.

-¿¡Y cómo sabes eso!? –preguntó Nicholas asombrado.

-Mi abuela me lo contó –le guiñó un ojo con picardía y a Colin ese gesto le pareció encantador.

-Pues que chismosa –dijo enfurruñado, pero luego volvió a reír–. Pero tengo un buen justificante. ¡Ese idiota era un pedante!

-Además de que era su rival de amores¿no? –preguntó Colin e hizo que su jefe lo mirara asombrado.

-¿¡Y tú cómo sabes eso!? –preguntó por segunda ocasión Nicholas.

-Porque no es necesario ser adivino para darse cuenta que se estaba muriendo de celos para hacer semejante cosa –el que le contestó fue Neville riendo.

-¡Exacto! –confirmó Colin y rió con el recién llegado con naturalidad.

-¡Esta juventud¡Ya no tiene ningún respeto hacia los ancianos como yo! –y se alejó como minutos antes lo había hecho Arabella Figgs… completamente enfadado.

-¿Se habrá molestado de verdad? –preguntó Colin fingiendo preocupación para iniciar conversación con Neville.

Él era la persona más interesante que había visto en esa aburrida reunión y si estaba obligado a permanecer en ella, al menos quería hacerlo con la mejor compañía posible. No podía negar que Neville había llamado poderosamente su atención y quería comprobar si realmente era tan encantador como parecía o si se convertiría en una pesadilla al cabo de unos cuantos minutos como Arabella.

-¡Claro que no! –negó Neville riendo mientras veía como Nicholas se incorporaba a la plática de un grupo de hombres que no lo recibieron con mucho gusto que digamos–. Le encanta fingir que se molesta para que luego le ruegue que me perdone.

-¿Tienes mucho tiempo de conocerlo? –ya quería que volteara a verlo.

-Desde que era un niño –aceptó suspirando–. Mis abuelos fueron amigos de él y su esposa por mucho tiempo, pero tuvieron un problema y no volvieron a hablarse, pero Nicholas siguió mandándome regalos en Navidad. A mi abuela no le hacía mucha gracia eso, pero me permitía quedármelos.

-¿Y… y hace mucho murió tu abuela? –preguntó tentativamente... no quería ser indiscreto e incomodar al muchacho.

-Dos semanas –volteó a verlo y a Colin no le sorprendió ver que sus ojos estaban brillantes de lágrimas.

-Lo lamento –le dijo mientras se pateaba mentalmente… definitivamente fue una pésima idea mencionar a la mujer.

-No te preocupes –se obligó a sonreír–. Ya no duele tanto.

-Soy Colin Creevey –se presentó jurando que no volvería tocar ese tema.

-Neville Longbottom –y se estrecharon la mano con firmeza–. ¿Y de qué carrera egresaste, Colin?

-Soy químico, pero no egresé de esta universidad –Neville levantó una ceja con asombro–. Estoy trabajando con el señor Flamel y él muy amablemente me invitó a acompañarlo.

-¡Vaya¡Eso sí es una sorpresa! –su asombro era genuino.

-¿Qué cosa? –preguntó curioso–. ¿El que me invitara a la reunión?

-No, el hecho de que haya aceptado que trabajaras con él –sus palabras hicieron que Colin frunciera el ceño–. Desde hace años trabaja solo. ¿Cómo lo lograste?

-No hice nada –se encogió de hombros fingiendo indiferencia–. Simplemente llené una solicitud en el laboratorio y al cabo de unos días me hablaron y me dijeron que estaba contratado. Eso fue todo.

-Pues aún así me parece muy raro –insistió Neville y Colin supo que era el momento de volver a cambiar de tema.

-¿Y tú a qué te dedicas?

-Soy economista –levantó una mano para saludar a un antiguo compañero–. ¿Me disculpas un segundo? Necesito hablar con Michael.

-Por supuesto –le contestó con una sonrisa, pero ésta desapareció de su rostro en cuanto Neville se alejó–. 'Es perspicaz y muy allegado a Flamel. Esto no lo tenía contemplado' –pensó preocupado–. 'Deberé estar alerta con él y la mejor manera de mantenerlo vigilado es estando a su lado'

Se encaminó con decisión hacia Neville y se las ingenió para permanecer a su lado hasta que éste se marchó de la reunión dos horas más tarde.

Parvati se estiró en cuanto bajó del auto y se masajeó su adolorido cuello. Había tenido que manejar en carretera y eso la estresaba demasiado, pero como Justin no sabía conducir debió hacerlo muy a su pesar. Se hizo de su bolso y de una carpeta rebosante de hojas sueltas y caminó hasta la puerta de su casa. Se entretuvo sólo un momento en encontrar las llaves y abrió la puerta sin mucho ánimo. No necesitaba ver su reloj de pulsera para saber que pasaba de medianoche y que seguramente encontraría a Cho al borde de un ataque de histeria. Suspiró interiormente al saber que tendría que soportar una nueva escena de celos y se preguntó si sería capaz de mantenerse calmada pues su pareja tenía el don de sacarla de quicio a los pocos segundos de discusión. En el pequeño recibidor dejó su abrigo y su bolso antes de caminar casi de puntitas hacia las escaleras. La luz prendida en la sala le indicaba que Cho aún estaba despierta y se sentía demasiado agotada para discutir. Cuando ya estaba a punto de empezar a subir, un par de brazos se enredaron en su cintura logrando sobresaltarla.

-¿No quieres cenar algo antes de acostarte, mi amor? –le preguntó Cho con dulzura.

-¿Cenar? –preguntó Parvati después de que se repuso del asombro de que su pareja no la hubiera recibido a gritos.

-Hice tu platillo predilecto –le dijo ronroneante al oído.

-E-está b-bien –contestó tartamudeante pues el aliento de la chica siempre lograba que se le erizara la piel.

-Ven –la tomó de la mano y se encaminaron hacia el comedor.

Parvati resbaló la vista por el cuerpo de su pareja y el corazón se le aceleró al máximo. A Cho le sentaban de maravilla las minifaldas porque dejaban lucir por completo sus largas y bien torneadas piernas. Se perdió en la contemplación del cómo el redondo trasero se contoneaba de un lado a otro y apenas se contuvo para no acariciarlo. Cuando llegaron al comedor se quedó con la boca abierta al ver el ambiente romántico que había preparado su pareja y se derritió por completo al comprender que le estaba pidiendo perdón. Volteó a ver su amante y le sonrió feliz. Cho no esperó ni un segundo más y se le fue encima a Parvati para devorar su boca con ansiedad.

-¡Mi amor! –dijo Parvati entre suspiros cuando Cho la dejó respirar–. ¡Te he extrañado tanto!

-Y yo a ti –le contestó Cho con los ojos húmedos–. Ya no quiero que estemos enojadas. Tu indiferencia me está matando.

-Yo tampoco quiero estar más tiempo separada de ti, cariño –declaró con pasión antes de tomar de la cintura a su amante y empujarla hacia la pared más próxima.

Una vez ahí dejó que sus manos recorrieran ese cuerpo del que había estado alejada durante tanto tiempo. Quería deleitarse con las exquisitas y suaves curvas de Cho. Hizo que su pareja levantara los brazos para dejar totalmente desprotegido sus generosos senos y logró que gimiera de placer cuando capturó un pezón a través de la delgada tela de la blusa y lo succionó hasta que éste se irguió orgulloso. Con los dientes hizo a un lado la tela para poder contemplar su obra antes de hacer lo mismo con el otro pezón que ya exigía atención. Cho se retorció de placer cuando sus dos senos quedaron expuestos a la avariciosa mirada de su pareja que volvió a hundirse en ellos para devorarlos con ansiedad. Parvati metió una mano bajo la minifalda y sonrió al sentir que la pequeña tanga ya estaba húmeda. Le encantaba el cómo Cho se excitaba en un segundo ante su toque. Con extrema calma bajó la prenda interior hasta la mitad de los muslos de Cho que se estremeció cuando unos gentiles dedos estimularon con maestría ese punto que la llevaba directo al paraíso.

-Me fascinas –dijo Parvati besando con posesividad a Cho que se estremecía cada vez con mayor fuerza.

Parvati se arrodilló frente a ella y se deshizo de un tirón de la tanga para poder acomodar una pierna sobre su hombro y tener un completo acceso a la parte más íntima de su pareja. Pasó la lengua por esa área que enloquecía a Cho y la escuchó gemir más fuerte. Se entretuvo sólo unos momentos jugando con esa sensible área antes de tomar una posesión real de ella. Vio con satisfacción como la chica llevaba las manos a sus senos para acariciárselos mientras ella seguía con su labor de succionar, lamer y besar sin cesar. El final para Cho se acercaba y lo sabía pues innumerable veces había disfrutado de la forma en que su estómago se contraía antes del orgasmo. Metió tres dedos en su interior y succionó con más fuerza al sentir unas pequeñas contracciones. Sabía que esa acción siempre lograba que Cho se sintiera por completo satisfecha y fue hasta que su pareja llegó a la cima del placer gritando su nombre, que dejó de succionar. Se levantó del piso y abrazó a su amante que se desmadejó en sus brazos mientras respiraba entrecortadamente.

-¿Estuvo bien, cariño? –preguntó Parvati juguetonamente mientras hacía a un lado un pequeño mechón humedecido.

-Estupendo… como siempre –le contestó Cho suspirando profundamente–. Y no sabes las ganas que tengo de hacerte lo mismo –la miró con fuego en los ojos haciendo que a Parvati se le olvidara que estaba muy cansada.

-Me temo que la cena va a convertirse en desayuno porque no puedo esperar –la tomó de la mano y la hizo caminar muy deprisa hacia las escaleras.

Cho sólo rió con verdadera felicidad antes de dejarse conducir dócilmente hasta su habitación.

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Creo que es de los capítulos que más pequeños me han salido... sorry : ( ... nos vemos pronto !!!!!!!!!!!