Ojos grises (Neville) (8/20)
Clasificación R
Parejas Neville/Blaise
Disclaimer Los personajes de esta historia son propiedad de J.K. Rowling y la Warner Bros. Esto es puro entretenimiento y no me reporta beneficio económico alguno.
Advertencia: Un pequeño momento de intimidad (ojalá y les guste)
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Capítulo VIII. Enojo
Blaise miraba el reloj con insistencia, pero ni aún así lograba que el tiempo transcurriera más rápido. Se estaba consumiendo en celos ante el pensamiento de que Neville estuviera en compañía de una bella mujer y por más que trataba, su mente no dejaba de evocar imágenes en las que el muchacho acercaba su rostro al de su acompañante y le murmuraba al oído que se veía hermosa y muy deseable. Y el hecho de que tampoco pudiera despegar la vista de su reflejo en el espejo del tocador, no lo ayudaba en nada porque le mostraba la cruda realidad… que él en cambio no tenía ningún encanto. Su rostro ya no tenía el atractivo de antaño porque estaba tan delgado que los pómulos resaltaban grotescamente mientras que sus ojos negros se veían demasiado hundidos en las cuencas. Jaló las sábanas hasta su barbilla para evitar mirar su delgado cuerpo. Era cierto que en esa semana había ganado un poco de peso, pero no lo suficiente como para llenar de carne ni su pecho ni sus piernas. Miró de nueva cuenta el reloj y se sobresaltó al ver que era cerca de medianoche. Sopesó la idea de hablarle a Neville para preguntarle si todavía tardaría en regresar, pero cuando por fin se atrevió a tomar el teléfono escuchó como la puerta de la calle se abría.
'¡Ya regresó!' –pensó feliz y todos sus tristes pensamientos se esfumaron al instante.
El único que quedó en su mente fue el que pronto volvería a estar entre sus brazos hasta el amanecer. Agudizó el oído y lo escuchó moverse por toda la planta baja. El muchacho tenía una rutina bien establecida antes de meterse en la cama y la realizaba a diario sin falta. Primero revisaría que todas las ventanas estuvieran bien aseguradas, luego checaría que la calefacción estuviera a una buena temperatura, se tomaría con prisas un chocolate caliente y por último apagaría todas las luces. Esa pequeña rutina le llevaba sólo unos minutos y Blaise suspiró de pura felicidad cuando lo vio entrar a la habitación. Sin proponérselo realmente hizo un recorrido completo del aspecto de Neville buscando alguna señal que le indicara como había pasado esas horas. Comenzó por el cabello y decidió que se veía tan bien peinado como cuando se marchó lo cual indicaba que ninguna audaz mano se había atrevido a acariciarlo. La camisa no lucía ninguna arruga evidenciando que no se había desprendido de ella. Sus labios no lucían hinchados y el brillo de sus ojos era bastante normal. Cuando Neville se acercó para besarlo en la mejilla hizo una última comprobación. Lo tomó del saco y lo mantuvo cerca el tiempo suficiente para buscar un perfume extraño en su cuerpo y se tensó involuntariamente al encontrarlo. El hecho de que ese aroma fuera el de un hombre en lugar del de una mujer, no le brindó ningún consuelo. Conocía todas las fragancias masculinas e inmediatamente hizo un retrato mental del tipo de hombre que se atrevía a usar ésa en particular. En primer lugar tenía un pésimo gusto pues era tan dulce que resultaba asfixiante. Segundo, le gustaba llamar la atención sobremanera y en tercero… debía ser extremadamente guapo. Sólo alguien que tenía un bello rostro se daría el lujo de ponerse una fragancia que alejaría a todos de su lado en un segundo.
-No creí encontrarte todavía despierto –comentó Neville regresándolo a la realidad.
-No tengo sueño –le contestó tratando de no dejar de sonreír–. ¿Y a ti cómo te fue?
-Bien –fue la escueta respuesta que recibió–. ¿Todavía tienes ganas de tomar tu baño?
-¡Claro! –afirmó con rapidez y esperó pacientemente a que Neville hiciera todos los preparativos necesarios.
Le sabía mal no ayudarlo, pero él seguía insistiendo que su pierna aún no estaba lo suficientemente fuerte como para soportar su peso y no lo dejaba levantarse de la cama sin ayuda. Por supuesto había tenido que desobedecerlo porque le avergonzaba pedirle ayuda a la señora Brown para ir al baño.
-Listo –declaró Neville y se deshizo de su saco y de su corbata antes de tomar en sus brazos a Blaise.
-Ya deja que camine–le pidió totalmente rojo–. Me siento mucho mejor de mi pierna.
-En un par de días –era la contestación que siempre le daba–. No es sensato que intentes caminar antes de tiempo pues tu herida podría abrirse –lo sentó en el banco y le quitó la ropa con delicadeza–. El agua está a la misma temperatura, pero me dices si no te gusta.
-¡Ay, Neville¿En verdad crees que voy a ponerme exigente? –le preguntó riendo–. Tú ni siquiera deberías estar haciendo esto por mí.
-Lo hago porque quiero –y le dio otro beso en la mejilla que logró ponerlo a temblar–. Ya tienes frío –dijo malentendiendo el temblor del delgado cuerpo.
Depositó a Blaise en el agua caliente y éste cerró los ojos disfrutando una enormidad el baño. Todas las noches gozaba la maravillosa sensación de ser tratado con delicadeza y siempre imaginaba que el muchacho lo acariciaba con amor en lugar de estarlo enjabonando. El tiempo que tardaba Neville en asearlo se le hacía un suspiro y siempre se quedaba con ganas de más, pero luego se consolaba al saber que en poco tiempo se encontraría entre sus brazos. Al cabo de unos minutos ya Blaise se encontraba limpio y calientito dentro de la cama esperando a que Neville terminara de lavarse los dientes y se pusiera su pijama. Una vez que la luz estuvo apagada y ambos estrechamente abrazados, fue cuando Blaise se atrevió a preguntar sobre su salida nocturna.
-¿Neville? –dijo inseguro mientras rogaba no estar cometiendo una estupidez.
-Dime –le respondió al mismo tiempo que lo abrazaba con más fuerza.
-¿Q-quisieras… quisieras contarme a… adónde… f-fuiste? –él también se apretó más al cálido cuerpo que tenía a su lado.
-Fui a una reunión de ex alumnos de la universidad –le contestó en tono aburrido y Blaise apenas pudo contener un suspiro de alivio–. De buena gana no habría ido, pero tenía que ver a un amigo que vive fuera del país. Él nunca se pierde ni una sola de estas reuniones.
-¿Y para qué? –un peso se le quitó de encima al saber que su empalagoso amigo vivía en el extranjero.
-Necesito que me facilite una documentación que me urge –sofocó un bostezo–. Quedó de mandármela por mensajería lo más pronto posible.
-Entonces me alegro que lo hayas visto –dijo feliz y sin pensarlo depositó un pequeño beso en el amplio pecho–. ¿Y cómo estuvo la reunión?
-Pensé que iba a estar aburrida, pero conocí a un muchacho muy simpático con el que estuve la mayor parte del tiempo –explicó con rapidez para evitar que Blaise se diera cuenta del cómo su corazón se había acelerado por el beso recibido.
-¿Ah, sí? –nuevamente los celos hicieron acto de presencia–. ¿Y quién es él?
-Se llama Colin Creevey y es químico –Blaise apretó los labios al advertir que Neville sonreía ante el recuerdo del joven–. Está trabajando con un antiguo amigo de mi familia.
-¿Es… joven y… guapo? –no pudo evitar preguntar.
-Hmmm… no me había puesto a pensarlo, pero sí… lo es –lanzó un corto suspiro que logró que la sangre hirviera en las venas de Blaise–. Rubio de ojos azules y piel muy blanca. Me supongo que es atractivo para la mayoría de… –se interrumpió cuando su acompañante se separó de su lado bruscamente y se recorrió hasta el otro lado de la cama–. ¿Qué pasa? –le preguntó preocupado–. ¿Dije algo que te molestó?
-No –le contestó con los dientes apretados.
-¿Entonces qué es lo que sucede? –también se movió y trató de abrazarlo, pero fue rechazado sin miramientos–. ¿Qué ocurre, Blaise¿Por qué no quieres que te abrace?
-Por nada. Sólo quiero dormir –y le dio la espalda.
-Blaise…
-Buenas noches –le dijo en tono cortante.
-Que descanses –le contestó desconcertado.
Neville miró largamente la espalda de Blaise mientras se preguntaba frenéticamente qué había hecho para molestarlo tanto. Aún cuando él afirmaba que no estaba enfadado, su rápida respiración lo delataba. Estiró una mano y acarició con delicadeza el todavía húmedo cabello y el corazón se le hundió cuando el chico se cubrió por completo con las sábanas para evitar su contacto. Sabiendo que esa noche no disfrutaría del calor de su cuerpo, se alejó para no volver a tocarlo. Hasta ese momento Blaise jamás lo había rechazado, pero no pensaba imponérsele aunque le doliera muchísimo estar alejado de él. A la media hora de estar dando vueltas en la cama sin poder conciliar el sueño y viendo que Blaise no hacía el menor intento de acercársele, se levantó. No tenía caso seguir acostado sabiendo que no iba a poder pegar un ojo en toda la noche. Se envolvió en una bata y salió del cuarto.
Blaise se descubrió la cabeza cuando lo escuchó salir y dejó escapar un lastimero sollozo. Desde el mismo instante en que Neville se alejó de él, comenzó a llorar. Estaba conciente de que se había comportado como un idiota al enojarse tanto, pero nunca encontró el valor para pedirle perdón.
'¡Idiota¡Imbécil¡Mil veces estúpido!' –se dijo mientras seguía llorando sin parar–. '¿¡Quién diablos te crees para comportarte de esa manera!? Neville tiene todo el derecho del mundo de salir con quién quiera y adonde la plazca. ¿Acaso quieres que te corra de su casa?'
Esa y muchas cosas más se preguntaba desesperadamente mientras rogaba que Neville no tardara en regresar, pero eso no sucedió hasta una hora más tarde. El corazón se le aceleró en cuanto el muchacho entró en la habitación, pero por más que quiso ninguna palabra brotó de su cerrada garganta. Lo vio entrar al baño y salir en poco tiempo. Decidió esperar a que se acostara para acercársele y pedirle perdón, pero Neville se sentó frente a la computadora y la encendió. Al instante supo que el muchacho no tenía la menor intención de regresar a la cama y eso lo deprimió aún más. Cuando ya el reloj marcaba cerca de las cinco de la mañana, Neville apagó el aparato y Blaise esperó ansioso que se acostara, pero en lugar de eso, volvió a entrar al baño. En esta ocasión se tardó más porque tomó una larga ducha. Al salir, Neville encendió la pequeña lámpara que estaba del lado de su cama y Blaise se sobresaltó al ver que comenzaba a escoger ropa… parecía que tenía todas las intenciones de abandonar la casa de inmediato y eso lo hizo incorporarse de un salto en la cama.
-¿Ya te vas a ir? –preguntó en un hilo de voz.
-Pensé que estabas dormido –Neville había saltado al escuchar su voz–. Disculpa si te desperté –se subió a la cama y acercó su rostro al de Blaise con timidez–. Buenos días –y le dio el acostumbrado beso en la mejilla.
-¿Por qué te vas tan temprano? –le pasó los brazos por el cuello–. Ni siquiera ha salido el sol.
-Es que… yo… –no sabía que pretexto utilizar, pero definitivamente no podía decirle que se marchaba porque ya no soportaba estar lejos de él.
-Ven. Acuéstate y duerme un poco –lo hizo recostarse a su lado después de despojarlo de la pequeña toalla que llevaba a la cintura.
Neville se dejó cobijar y apretó con fuerza a Blaise cuando éste se enredó en su cuerpo.
-¿Por qué te enojaste conmigo? –preguntó Neville con voz quebrada–. Si fue porque te dejé tanto tiempo solo, lo lamento –lo miró directamente a los ojos–. En verdad necesitaba ver a Michael por esos documentos.
-No te disculpes –puso una mano en la fría mejilla–. Yo soy el que debe pedirte perdón. No sé por qué me enojé, pero te juro que no volverá a pasar –y se estremeció sin remedio cuando un tierno beso se depositó en la palma de su mano.
-Estoy frío¿verdad? –preguntó al volver a malentender el estremecimiento del joven.
-Un poco, pero enseguida te hago entrar en calor –y sin siquiera pensar en lo que estaba haciendo, se sentó sobre el estómago de Neville que sólo atinó a abrir desmesuradamente los ojos–. Me imagino que te sientes muy cansado –comenzó masajear el amplio pecho con firmeza–. Obviamente no soy un experto, pero haré mi mejor esfuerzo –corrió las manos hacia los hombros–. Sólo relájate –le recomendó.
Neville cerró los ojos para disfrutar al máximo de ese maravilloso toque. La inmensa tristeza que sintió durante toda la noche se esfumó al sentir como esas delgadas, pero suaves manos hacia un recorrido completo de su pecho y un pequeño suspiro pleno de felicidad escapó de su garganta. Blaise también cerró los ojos y se imaginó que habían comenzado un ritual de amor.
-Blaise… ¿puedo tocarte? –preguntó Neville ansioso.
-Por favor –le contestó él como en trance.
Las manos de Neville enseguida se deslizaron bajo la camisa del pijama y comenzaron a acariciar la espalda de Blaise en toda su extensión. Los dos suspiraron al mismo tiempo. Uno porque la piel en esa zona era de terciopelo puro y el otro porque esas manos no sólo no lo lastimaban sino porque lo estaban haciendo sentir deseable.
-Tu piel es… es increíblemente suave –dijo Neville al tiempo que se aventuraba a abrir la camisa del pijama.
Un segundo después la camisa quedó olvidada sobre la cama y las manos de Neville ahora se deslizaban por el jadeante pecho. El recuerdo de otro hombre haciendo el mismo recorrido quiso infiltrarse en ese sublime momento, pero Blaise no se lo permitió. No quería pensar ni en Dean ni en ninguna otra persona… quería disfrutar lo más que pudiera de las tiernas caricias que le prodigaban esas grandes manos. No opuso ninguna resistencia cuando fue empujado hacia atrás y se recostó en la cama rindiéndose por completo al dominio del otro muchacho. A Neville en verdad le parecía increíble la suavidad de esa blanca piel y supo que jamás se cansaría de acariciarla y besarla. Sin proponérselo realmente, mordió el hombro del chico que, al sentir el filo de los dientes, se revolvió entre sus brazos asustado.
-¡Perdóname, por favor! –se disculpó Neville con rapidez–. No quería morderte, pero es que tu piel es tan suave que… –se tendió completamente sobre Blaise que se desesperaba por quitárselo de encima–. Te juro que no volveré a hacerlo¡pero cálmate, por favor¡Cálmate, Blaise! –le pidió casi llorando.
Blaise se quedó quieto y respiró profundamente varias veces para aplacar el furioso palpitar de su corazón. Una vez que la calma regresó a él, se dijo mil veces idiota por haber reaccionado de esa estúpida manera y más aún porque se encontraba en compañía del muchacho más tierno del mundo, pero su oculto temor de ser nuevamente maltratado salió a flote en cuanto sintió la mordida.
-No volveré a hacerlo… te lo juro –siguió diciendo Neville con voz quebrada–. Perdóname –rogó una vez más antes de salir corriendo de la habitación.
'¡¡¡ERES UN VERDADERO IMBECIL!!!' –se dijo Blaise con furia y se levantó de la cama con rapidez.
Salió del cuarto y alcanzó a distinguir cómo Neville bajaba las escaleras a toda velocidad. Lo siguió sin meditarlo y un leve dolor se le clavó en la pierna herida cuando bajó el primer escalón, pero no lo tomó en cuenta. Lo único que quería era alcanzar a su amado y pedirle perdón por su estúpida reacción.
-¡¡Neville!! –le gritó desesperado–. ¡¡Regresa, por favor¡¡Neville!!
Siguió llamándolo a gritos y las lágrimas inundaron sus ojos cuando el dolor en su pierna se incrementó, pero aún así siguió bajando lo más rápido que podía. Cuando ya casi iba a llegar a la planta baja, Neville regresó corriendo a su lado.
-¿¡Pero por qué bajaste!? –lo regañó Neville asustado y lo tomó entre sus brazos–. ¡Vas a volver a lastimarte!
-¡Perdóname¡Perdóname, por favor! –Blaise escondió el rostro en su cuello y comenzó a llorar desconsoladamente.
-No tengo nada que perdonarte –le dio un cálido beso en la mejilla–. Muy al contrario. Soy yo el que te suplica perdón. No debí morderte y…
Blaise lo hizo callar al capturar sus labios. Simplemente no soportaba que siguiera pidiéndole perdón por algo en donde el único culpable era él. Neville se sorprendió al sentir esos delgados labios sobre los suyos, pero por supuesto no los despreció. Se hundió profundamente en esa fresca boca logrando que Blaise gimiera de gozo. Se besaron una eternidad antes de regresar a la habitación. Una vez ahí Neville depositó el frágil cuerpo sobre la cama y se quedó parado esperando una abierta invitación para acompañarlo.
-Ven –le dijo Blaise extendiéndole los brazos.
Neville se acomodó a su lado con lentitud y se quedaron sólo mirándose a los ojos un largo momento.
-No quería lastimarte, Blaise –acarició el delgado rostro con delicadeza.
-Lo sé y lamento haberme puesto histérico –se puso rojo de vergüenza–. Pero te aseguro que no volverá a pasar –se acercó más a él–. ¿Podríamos… continuar… donde… lo… dejamos? –preguntó inseguro.
-Me encantaría, pero…
-¿Pero qué? –preguntó sintiéndose muy desdichado–. ¿Ya… no me…deseas?
-No, no es eso –le aseguró esbozando una triste sonrisa–. Te deseo muchísimo, pero creo que aún no estás listo para esto.
-¡Lo estoy! –afirmó con rapidez.
-¿Estás seguro? –lo miró dudoso.
-Completamente –y para confirmar sus palabras, se prendió de sus labios.
Neville aún dudó unos segundos antes de corresponderle, pero una vez que comenzó a devolver beso por beso, todo volvió a ser como antes de que lo asustara. Ya si ningún temor acarició toda la extensión de ese sensible cuerpo, pero siempre con delicadeza y extrema suavidad. Le parecía increíble la forma en que Blaise reaccionaba ante sus caricias. Parecía haberse convertido en un fino instrumento que vibraba y se estremecía sin control cuando acertaba a tocar un punto demasiado vulnerable.
-¿Así está bien? –preguntó Neville cuando acarició atrevidamente la espalda baja de Blaise.
-Hmmm… sí… muy bien –le contestó él entre las brumas del placer.
Miró a su próximo amante con los párpados entrecerrados logrando que a Neville se le acelerara el corazón al máximo. Esa velada mirada llena de deseo le dio renovada confianza para continuar con sus audaces caricias. Deslizó la mano hacia el frente del cuerpo de Blaise que gimió deliciosamente cuando su miembro fue envuelto por ésta. Neville enloqueció ante ese sonido y se deslizó con rapidez hasta la erguida entrepierna y Blaise volvió a gemir cuando una ardiente boca lo tomó por completo.
-Me detendré cuando lo desees¿de acuerdo? –dijo Neville sin dejar de recorrer toda la extensión del palpitante músculo.
-No lo hagas ahora –musitó Blaise y enredó las manos en el oscuro cabello para evitar que se separara de él.
Los gemidos y jadeos aumentaron de intensidad lo mismo que la forma que tenía Neville de devorarlo. Blaise arqueó la espalda cuando sintió que explotaba dentro de una boca que no lo abandonó en ningún momento y que hizo que su orgasmo fuera el más placentero del que tuviera memoria.
-¿No te lastimé, cariño? –preguntó Neville cuando se acomodó al lado de un todavía jadeante y tembloroso Blaise.
-E-en ningún m-momento –le respondió al tiempo que trataba de controlar su agitada respiración–. D-dame un m-minuto para r-recuperarme y…
-No te preocupes –capturó esos jadeantes labios–. Te esperaré el tiempo que sea necesario.
-Gracias –le dijo con sinceridad antes de acurrucarse en el amplio pecho.
Blaise dudó en sugerir ese descanso, pero ese pequeño acto de amor había drenado todas sus fuerzas. Cerró los ojos y sintió como el sueño comenzaba a envolverlo. Luchó con denuedo por alejarlo, pero éste se negó a marcharse y se apoderó por completo de él cuando Neville lo cubrió con su calidez. Esa fantástica sensación de sentirse amado fue en lo último en que pudo pensar antes de quedarse profundamente dormido. Neville miró al chico dormir hasta que el amanecer llegó y se entristeció muchísimo al darse cuenta de lo destruido que estaba su cuerpo. Ese encuentro había durado apenas unos minutos y era alarmante que lo hubiera dejado completamente exhausto. Se levantó de la cama y miró con extrema añoranza al durmiente. Su deseo se había quedado insatisfecho y sabía que su excitado miembro le daría muchos problemas todo el día. Se metió de nuevo al baño para ver si una ducha fría le ayudaba a relajarse y para cuando salió de la casa rumbo a la universidad, ya lucía casi normal. Le dejó una nota de despedida a Blaise que no la leyó sino hasta pasado el medio día, pero que hizo que el chico esperara su retorno con ansiedad pues en ella le prometía, un poco veladamente, que continuarían amándose esa noche.
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Un poquito más largo que los anteriores capítulos... por fin !!!!!!! ... hasta pronto : )
