Ojos grises (Neville) (12/20)
Clasificación R
Parejas Neville/Blaise
Disclaimer Los personajes de esta historia son propiedad de J.K. Rowling y la Warner Bros. Esto es puro entretenimiento y no me reporta beneficio económico alguno.
Advertencia: Sexo explícito (no tanto como hubiera querido, pero aún así espero que lo disfruten)
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Capítulo XII. Confesiones
Neville se bajó del auto de Colin y entró a su casa. Suspiró audiblemente al decirse que fue una suerte que salvara a su nuevo amigo de una situación embarazosa. Cerró los ojos al recordar que casi se habían besado en la boca. Colin insistió en llevarlo a su casa tras haber salido de la ruidosa discoteca mucho más tarde de lo que hubiera querido. Desde la llamada de Blaise trató muchas veces de marcharse porque deseaba volver a tenerlo entre sus brazos, pero el rubio se lo había impedido. El trayecto estuvo lleno de risas y Colin logró arrebatarle la promesa de que volverían a repetir la salida. Neville recordó haber extendido la mano para despedirse, pero el joven no la tomó. En su lugar lo sujetó de los hombros y se acercó a él con lentitud. Vio como sus labios se acercaban peligrosamente a los suyos y pensó que era un error. Era obvio que el rubio quería besarlo en la mejilla pero como estaba algo pasado de copas, igual que él, equivocó el camino. Así que tomando la iniciativa cerró el pequeño espacio que había entre sus rostros y lo besó en la mejilla para luego bajarse del auto con rapidez.
'Lo bueno es que no pasó nada' –pensó Neville otra vez suspirando–. '¡Ojalá y encuentre a Blaise todavía despierto!' –pensó emocionado y desechó a Colin de sus pensamientos.
Hizo el acostumbrado recorrido de la casa con prisas porque ya quería volver a ver al chico con el que vivía. Entró a la habitación con cuidado y sus esperanzas se vinieron abajo cuando la encontró sumida en la oscuridad, lo cual no era de extrañar pues el reloj marcaba cerca de la una de la mañana. La poca luz que entraba por la ventana le permitió ver a Blaise en la cama. Se aproximó y admiró sus finas facciones largo rato. Su virilidad despertó de inmediato al contemplar sus labios entreabiertos y la forma en que su suave piel brillaba. ¡Un momento¿Piel brillante? Se dio media vuelta y entró al baño. Frunció el ceño al darse cuenta que Blaise había tomado el baño sin su ayuda. Volvió a la habitación y encendió una pequeña lámpara para no molestarlo. Con muchísimo cuidado retiró las sábanas que cubrían el delgado cuerpo y apretó los labios cuando vio que el chico no había vuelto a cubrir con gasas la herida de su pierna. Regresó las sábanas a su lugar, pero antes de que pudiera alejarse una mano lo tomó de la muñeca.
-Me tenías preocupado –dijo Blaise en un murmullo.
Había alcanzado a escuchar los pasos de Neville subiendo las escaleras y apenas le dio tiempo de salir del baño y acostarse. Fingió que dormía esperando ser despertado con un beso, pero eso nunca sucedió. El largo rato en que fue solamente observado le dio la oportunidad de olfatear el aire y volvió a hundirse en la desdicha. Neville no solamente estaba totalmente impregnado de esa empalagosa loción sino también de un fuerte olor a alcohol. Cuando sintió que las sábanas eran retiradas el corazón se le subió a la garganta y esperó sentir esas grandes manos acariciándolo, pero volvió a desilusionarse. Sin embargo, no podía dejarlo ir. Se tragó el dolor que lo estaba destrozando y se forzó a sonreír.
-Discúlpame –Neville se agachó y lo besó en la comisura de la boca–. No pude llegar antes.
Blaise cerró los ojos cuando fue envuelto por ese odiado aroma.
-Lo importante es que llegaste con bien –se obligó a decir.
-¿Por qué tomaste tu baño? –lo regañó Neville con dulzura–. Podrías haberte lastimado.
-Ya estoy mucho mejor, no te preocupes –le acarició la mejilla–. ¿Por qué no te metes a bañar? –no soportaría por más tiempo esa asquerosa loción–. Te ayudará a dormir.
-¡Es una excelente idea! –se desprendió de su ropa en un parpadeo y entró al baño tarareando una canción.
Blaise metió la cabeza debajo de la almohada para no escucharlo. Era insoportable verlo tan contento por haber estado en compañía de otro. Neville demoró sólo unos minutos en la ducha y salió todavía cantando. Se apresuró a secarse para meterse lo más rápido posible en la cama. Se sentía más que feliz porque Blaise estaba despierto y, con algo de suerte, le haría el amor. El tamaño de su miembro había crecido considerablemente en esos pocos minutos y ya no veía la hora de volver a besar y acariciar esa piel de seda. Se metió entre las sábanas y se acercó donde Blaise estaba acostado muy quieto. Tentativamente puso la mano sobre la cadera del chico y, como no fue rechazado, comenzó a hacer un lento recorrido hacia sus piernas. Sonrió para sus adentros al sentir el estremecimiento de Blaise y entonces se atrevió a jalarlo hacia él. Lo puso contra su pecho y lo hizo sentir su tremenda excitación. El jadeo que salió de los labios de Blaise hizo que la piel se le erizara y bajó la cabeza para besar el palpitante cuello blanco. Se entretuvo mucho tiempo ahí mientras que sus manos estaban ocupadas en acariciar la parte más sensible de su amante. Blaise se arqueó cuando sintió que su glande era estimulado con maestría y le ofreció sus labios a Neville. Se unieron en un sensual y húmedo beso mientras que sus cuerpos buscaban la forma de sentirse más cerca. Los jadeos y gemidos de Blaise eran droga para Neville que envolvió totalmente el miembro del chico para seguir sintiendo el frenético movimiento de sus caderas.
-D-detente, mi amor… d-detente –pidió Blaise entrecortadamente–. N-no quiero terminar así… ¡Ahhh! … te lo suplico… ¡¡¡Ahhh!!!
La súplica llegó tarde pues explotó sin remedio en la mano de su nuevo amante y volvió a desmadejarse sobre la cama, pero esta vez Neville no lo acunó entre sus brazos. Lo ayudó a ponerse boca arriba y disfrutó un largo momento la agitada respiración sobre su oído. Lo hizo levantar los brazos sobre su cabeza y comenzó un lento recorrido de esa piel de seda. Lamió y besó la totalidad del cuello antes de deslizarse hasta el jadeante pecho donde se entretuvo succionando los sensibles pezones. Los pequeños gemidos que salían de la boca de Blaise ante su contacto lo hacían estremecer y desearlo con más intensidad a cada momento que pasaba. Sus labios se deslizaron hasta la cadera, besaron tiernamente la virilidad ya satisfecha y llegaron hasta aquella parte oculta que tanto deseaba invadir. Levantó con cuidado las piernas de su amante y su lengua comenzó a buscar el camino a la gloria. Blaise deseaba complacerlo, pero estaba sin fuerzas y rogó porque Neville no se desilusionara por su falta de cooperación. Se estremeció sin remedio cuando sintió que su entrada era acariciada por una gentil lengua y haciendo un gran esfuerzo, levantó las caderas ofreciendo un mejor acceso. Neville no despreció la invitación y hundió por completo el rostro entre las nalgas. Estaba disfrutando enormemente la preparación de esa parte que pronto lo conduciría a una total posesión de su amante. Humedeció la entrada lo suficiente para permitir que dos de sus dedos se deslizaran en el interior del chico con facilidad. Blaise se asombró a si mismo cuando pudo apretar las nalgas y comprimió con fuerza los audaces dedos. Neville ya no quiso esperar más tras sentir ese movimiento y acomodó su erecta virilidad en el punto exacto para la penetración, pero antes de hacerlo miró con intensidad a su amante.
-¿Puedo tomarte, Blaise? –preguntó Neville temblando de deseo.
-Sí, mi amor –le contestó él sintiendo como ya el fuego corría de nuevo por su entrañas.
Neville se hundió muy lentamente en el cuerpo de Blaise que lloró de felicidad al sentir la invasión. Había soñado muchas veces que hacía el amor con él, pero nada lo preparó para sentirse transportado al mismísimo cielo. Había tenido muchos amantes durante su vida, pero ni uno solo lo había poseído como lo estaba haciendo Neville. Si no fuera suficiente la delicadeza con que lo penetraba para hacer ese momento inolvidable, su tierna mirada sí lo era. Ni un solo instante esos amables ojos castaños se apartaron de los suyos y lo hicieron sentirse tan amado y respetado que al momento comprendió que Neville no estaba teniendo sólo sexo con él… ¡realmente le estaba haciendo el amor! Este conocimiento hizo que las lágrimas fluyeran sin control pues nadie jamás lo había mirado de esa forma.
-¿Por qué lloras, cariño? –Neville se inclinó y bebió las lágrimas una a una–. ¿Te estoy haciendo daño?
-No, mi amor –un suspiro pleno de dicha escapó de su pecho–. Lloro de felicidad.
-¿Puedo seguir entonces? –había detenido la posesión.
-Por supuesto –aceptó y hasta se atrevió a empujarse para completar la penetración.
El ritmo lento y pausado con que Neville amaba a Blaise no estaba acorde con el descomunal deseo que hervía en sus entrañas, pero sentir ese cuerpo tan delicado y frágil debajo de él le hacía imposible imprimir más ímpetu a la posesión. Tuvo que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para mantener esa suave cadencia y sobre todo cuando Blaise jadeó con sensualidad al sentir que su próstata era gentilmente estimulada. La forma en que el joven se retorció en sus brazos cuando volvió a tocar esa área, lo hizo sudar sangre… ¡que deliciosa manera tenía de quejarse! Buscó sus labios para hacerlo callar… ¡no podría mantenerse sereno si seguía escuchando esa música celestial! Pero pronto comprobó que a pesar de que su amante le devolvía todos y cada uno de sus ardientes besos, éstos no lograron impedir que los ahogados gemidos de placer resonaran por toda la habitación haciéndolo llegar al límite.
-Blaise… Blaise –Neville dijo el nombre en medio de suspiros entrecortados–. ¿Me permites amarte con fuerza? Por favor… por favor… por favor –le suplicó entre besos–. Ya no aguanto más.
-Soy tuyo, Neville –le contestó el chico con el corazón en la mano–. Puedes hacer conmigo lo que quieras… ¡Ahhh! –gritó de inmenso placer cuando sintió el primer poderoso embate en su interior–. Así, mi amor… así –y olvidándose de que estaba cansado, se acopló al desenfrenado ritmo de su amante–. ¡Oh, Neville¡Te amo, te amo, te amo! –gritó cuando sintió que su interior recibía la semilla del muchacho.
-Yo también te amo, Blaise –le confesó negándose a seguir ocultando ese profundo sentimiento en el fondo de su alma–. Y no quiero que te vayas de mi lado nunca… nunca… nunca –le decía entre besos desesperados.
-No me iré… te lo juro –le prometió correspondiendo sus besos con la misma intensidad.
¿Cómo era posible que hubiera sido bendecido al encontrar a un muchacho tan dulce y bueno que lo amaba sinceramente? Se preguntaba Blaise mientras se acomodaba contra el fuerte pecho para recuperar el aliento. Tenía ganas de ponerse de rodillas y dar gracias al cielo por haberle dado la dicha de ser el poseedor de un amor limpio y puro como el que le brindaba Neville porque no dudaba que lo que había dicho era verdadero. El muchacho era un caballero en toda la extensión de la palabra y era incapaz de mentir pues su alma estaba exenta de cualquier tipo de malicia, a diferencia de él que había errado el camino desde muy joven. Ya había recibido su merecido castigo a través de Dean, lo sabía, pero aún así tenía que confesarle todas las cosas equivocadas que había hecho a lo largo de su vida y sólo rogaba porque Neville lo comprendiera y lo perdonara. Simplemente no podía ocultarle su pasado si quería tener un futuro con él.
-¿Cariño? –Blaise llamó la atención de Neville–. Necesitamos hablar.
-¿Quieres hacerlo ahora? –a él no le pasó desapercibido su tono serio y se retiró de su cuerpo con cuidado para luego recostarse a su lado.
-Sí. Hay muchas cosas que debo decirte –bajó la mirada visiblemente avergonzado–. Es sobre… sobre… –le costaba mucho trabajo comenzar su terrible confesión.
-¿Sobre el hombre que te lastimó? –preguntó tentativamente cuando el silencio se prolongó demasiado.
-No –sonrió con tristeza–. En realidad quiero hablarte de mi pasado. Dean forma parte de él, pero no es una parte importante.
-¿Así se llama ese desgraciado? –los ojos castaños se llenaron de rencor.
-Se llamaba –lo corrigió al tiempo que le acariciaba la mejilla para agradecerle que se preocupara por él–. Antes que nada quiero decirte que estoy más que arrepentido de todo lo que hice, pero si después de escucharme quieres que me marche… lo haré –sus ojos se llenaron de lágrimas–. También quiero que me creas cuando te digo que eres lo mejor que ha llegado a mi vida, Neville. Nunca imaginé que algún día encontraría a alguien tan maravilloso como tú y sé que no merezco tu amor, pero nunca dudes que yo también te amo con toda mi alma.
-Escúchame, Blaise –le tomó el rostro con las dos manos–. No soy un niño y comprendo a la perfección que tienes un pasado pues todos los tenemos. Así como tú, yo también he tomado decisiones equivocadas en algún momento de mi vida.
-¿Alguna vez te has prostituido, Neville? –le preguntó a quemarropa–. ¿Has chantajeado sin tocarte el corazón¿Has abandonado a las personas que te aman y cerrado los oídos a sus súplicas¿Has vivido pensando que eres la persona más importante del universo y que todos los demás deberían dar gracias al cielo por el simple hecho de compartir tu mismo aire? –Neville se quedó con la boca abierta–. Sé que no lo has hecho, mi amor –ya las lágrimas corrían sin control alguno por sus mejillas–. Pero yo sí –lanzó un largo suspiro lleno de desdicha–. Mi nombre completo es Blaise Zabini y un día, cuando tenía 16 años, me miré al espejo y me pareció que era el chico más guapo del mundo entero –rió con sarcasmo–. En verdad todavía me asombro de lo imbécil que era –dijo antes de continuar su confesión–. Mis ropas eran de muy baja calidad porque mi familia era muy pobre y decidí dejar de serlo a cualquier costo. Fue para complacer a mi vanidad que acepté convertirme en el amante de la dueña de una tienda de muebles. Esa mujer ya me había dicho muchas veces que estaba interesada en mí, pero hasta que me imaginé lo bien que me vería con ropa nueva fue que decidí irme de casa y abandoné a mis padres sin siquiera mirar atrás –escondió el rostro en el fuerte pecho–. Ellos murieron un año después de eso y nunca se me ocurrió volver a verlos –el llanto le impidió seguir hablando.
-Tranquilo, cielo –Neville lo acunó entre sus brazos hasta que se calmó.
-Después de esa mujer vinieron muchos amantes más –siguió su confesión con voz trémula–. Los desangraba lo más que podía y después lo abandonaba sin miramientos cuando aparecía alguien mejor. Como hasta ese momento nadie se me había negado, mi vanidad me hizo sentirme todopoderoso. Fue entonces que me atreví a posar los ojos sobre un hombre muy rico y poderoso. Tontamente creí que caería rendido a mis pies, pero no lo hizo porque estaba verdaderamente enamorado de su pareja, pero aún así me aferré a conseguirlo y lo único que gané fue que me pusieran en mi lugar y que por primera vez me miraran como lo que era… un asqueroso vividor –se estremeció al recordar el profundo desprecio que brilló en los ojos verdes de Harry–. Si hubiera tenido un ápice de autoestima habría cambiado, pero no lo hice. A la semana siguiente me corrieron del trabajo y, como estaba tan acostumbrado a conseguir dinero de mis amantes, olvidé que tenía que esforzarme y no fui capaz de conservar un solo empleo porque soy un completo inútil. Entonces… un día… ¡Santo Dios¡Pero qué estúpido fui!
-¿Qué sucedió?
Neville apenas podía creer que Blaise hubiera hecho todas las cosas que decía, pero hasta el momento ninguna de ellas lo hacía desear que se marchara de su vida.
-Conocí a un tipo que estaba más podrido que yo –Blaise suspiró profundamente–. Me contó muchas cosas secretas sobre el hombre que había tratado de conquistar y me convenció que era una oportunidad única de obtener dinero fácil. Me instó a que acudiera a la prensa para vender la noticia, pero no lo hice porque pensé que obtendría más dinero con uno de los involucrados y entonces… traté de chantajear a su hijo –aceptó muerto de vergüenza.
-¡Oh, cariño¿Cómo se te ocurrió hacer eso? –lo miró con pena.
-Fue una verdadera idiotez, lo sé. Fui descubierto por él y me dejó ir sin informarle a la policía mi intento de extorsión, pero su venganza fue que no pudiera conseguir empleo en Londres –otro gran suspiro escapó de su pecho–. Me estaba muriendo de hambre al cabo de dos semanas porque mis ahorros se agotaron, pero todavía no estaba dispuesto 'rebajarme' a hacer trabajos manuales para sobrevivir. Me fui a Irlanda a buscar trabajo, pero no pude conseguirlo porque hasta ahí llegaban sus influencias.
-¿Tan poderoso es? –preguntó Neville con incredulidad.
-Como no tienes idea –lo miró angustiado–. No me hagas decir su nombre. Me entiendes¿verdad? No quisiera volver a ofenderlo.
-Te comprendo –lo besó tiernamente en los labios–. ¿Y sabes una cosa? Hasta el momento no has dicho nada que me haga desearte fuera de mi vida.
-¿¡En serio!? –lo miró con incredulidad.
-En serio. Eras muy joven y muchos a esa edad equivocan el camino. Además, es lógico que siendo tan guapo quisieras explotar tu belleza.
-¿En verdad te parezco guapo? –sus ojos se iluminaron.
-Muchísimo –se apoderó de sus labios y bebió de ellos mucho tiempo antes de separarse a regañadientes–. ¿Qué hiciste en Irlanda?
-Trabajé en una tienda durante dos años y sin la menor intención de regresar a Londres porque estaba muy a gusto viviendo ahí hasta que una noche… una noche… –su voz se quebró sin remedio.
-Conociste a Dean –dijo con los dientes apretados.
-Sí –y entre sollozos le contó todo lo que había sufrido en manos de ese desquiciado.
Neville sintió crecer el rencor hacia Dean con cada palabra que pronunciaba Blaise. Lloró con él todas las humillaciones y maltratos que tuvo que soportar.
-¡Ese desgraciado no puede quedarse sin castigo! –dijo muy enfadado cuando ya no pudo soportar oír más sobre los abusos a los que se vio sometido.
-No te enojes, cariño –le dio un beso para tranquilizarlo–. Dean está muerto.
-¡Qué bueno! –dio un suspiro lleno de alivio–. ¿Qué fue lo que le sucedió?
-Fue algo realmente inesperado –clavó la mirada en el techo mientras recordaba ese día.
'Dean ya tenía algunas semanas dejándome salir a la terraza para que tomara el sol. Por supuesto siempre estaba acompañado por dos de sus gorilas que no me quitaban la vista de encima por si decidía arrojarme al vacío. Ya llevaba alrededor de una hora ahí cuando Dean llegó acompañado de otro hombre. Me levanté de la silla de inmediato y entré al cuarto porque sabía que le molestaba que él me viera. Desde una ocasión en que estuvo con nosotros en una de sus asquerosas sesiones grupales, Nigel le suplicaba sin parar que me dejara estar con él, pero nunca accedió y fue una de las pocas que le agradecí a ese bastardo. Si acaso era posible, ese tipo tenía más cara de loco que Dean. Al poco tiempo de estar platicando, las voces subieron de tono y me atreví a atisbar por la ventana. Dean tenía sujeto a Nigel de la camisa y le gritaba que no estaba dispuesto a seguir compartiendo sus ganancias. A una señal suya, sus cómplices comenzaron a golpearlo y no pararon hasta que lo dejaron sin sentido. Se lo llevaron arrastrando y yo regresé a la cama. Dean entró a la habitación y me hizo una seña con la cabeza. Como sabía lo que significaba, me desnudé y esperé temblando a que comenzara a quitarse la ropa. Sabía que esa ocasión iba a ser especialmente dolorosa porque estaba sumamente enfadado, pero antes de que pudiera quitarse la camisa su hombre de más confianza entró y le dijo algo al oído. Dean maldijo en voz alta y me ordenó que me vistiera. Lo hice lo más rápido que pude y me llevó casi corriendo a un amplio despacho. La única habitación que conocía era la recámara donde me tenía encerrado y no me había dado cuenta que la casa era enorme. Para mi sorpresa, Dean me abrazó y me besó como nunca lo había hecho. Lo hizo con mucha delicadeza y se entretuvo un buen rato sólo acariciando mis mejillas. Luego me llevó hasta una esquina del despacho y accionó un resorte que abrió una pequeñísima puerta que estaba perfectamente oculta por la parte baja de un mueble. Me ordenó deslizarme bajo el mueble y meterme en ese estrecho agujero. Antes de cerrar la puerta me advirtió que no hiciera ningún ruido… que después volvería por mí. Me asusté muchísimo cuando la oscuridad me envolvió, pero el miedo que le tenía a Dean era más grande así que me mordí los labios para evitar gritar y me quedé ahí tirado. No sabía por qué me había llevado ahí, pero cuando comencé a oír disparos supe la razón. Dean no se detenía a discutir sus negocios en mi presencia y por ello sabía que controlaba el tráfico ilegal de armas en el norte de Irlanda. Desde hacía días lo había notado tenso y supongo que era porque tenía problemas con una banda rival. Me sorprendí que esas personas se atrevieran a atacarlo en su propia casa porque su armamento era de alto poder. Gritos, maldiciones y disparos se escucharon por mucho tiempo. Temblé sin control cuando voces desconocidas entraron al despacho y comenzaron a revisarlo. Rogué con toda mi alma para que no me encontraran y suspiré de alivio cuando se marcharon, pero ni aún así me atreví a moverme. No sé realmente cuando tiempo duró el ataque, pero a mí me pareció una eternidad. Esperaba que Dean fuera a sacarme en cualquier momento y me puse alerta cuando volvieron a escucharse voces en el despacho y me sorprendí al oír la voz de una mujer'
-¿Y por qué? –lo interrumpió Neville–. ¿No había mujeres en ese lugar?
-No que yo supiera –le contestó antes de seguir con su relato.
'Esa mujer preguntó si Dean estaba muerto y casi se me escapa un grito de asombro cuando un hombre le contestó que sí.
-Muy bien –la escuché decir con satisfacción–. Ahora el muy idiota sabe que conmigo no se juega –escuché como recorría todo el despacho y volví a temblar cuando se acercó donde estaba escondido–. ¿Todos los de la casa están muertos?
-Absolutamente todos –le confirmó el mismo hombre–. También encontramos a Nigel. Estaba muy golpeado y ya lo están atendiendo.
-Quiero que procedas como siempre –sus pasos se alejaron hacia la puerta del despacho–. Deshazte de los cuerpos y has correr el rumor de lo que le pasó a Dean… creo que necesitan un recordatorio para que no olviden quién es la que manda aquí.
-Enseguida, señora –le dijo el hombre y las voces se perdieron en la distancia.
Yo estaba en estado de shock. No podía creer que por fin me había librado de las garras de Dean. Me quedé escuchando los ruidos que hacían esos desconocidos al recorrer la casa y fue hasta después de mucho tiempo que el silencio cayó. Fue hasta ese momento que caí en la cuenta que estaba encerrado en ese agujero y sin la menor posibilidad de que me rescataran. Comencé a palpar el lugar buscando algún resorte que abriera la puerta y lloré con desconsuelo cuando no pude encontrarlo. Aún cuando deseaba la muerte para poder escapar del infierno en el que me hundió Dean, no quería morir de esa manera. El sueño me venció y cuando me desperté vi que una débil luz se filtraba por la puerta del escondite. Suspiré de alivio al ver que se había abierto sola y me moví con cuidado para no volver a cerrarla'
-¿Y cómo se abrió? –preguntó Neville con curiosidad.
-No tengo la menor idea, pero me supongo que estaba programada.
-Puede que tengas razón –aceptó después de meditarlo un segundo–. ¿Y luego que hiciste?
'Salí arrastrándome y vi que estaba por amanecer. Salí del despacho con sigilo mientras trataba de escuchar algún ruido, pero el silencio era sepulcral. Me perdí en el camino de vuelta a la recámara y me apresuré a tomar algunas prendas abrigadoras porque el frío era bastante intenso en esa región. Cuando ya estaba a punto de salir me di cuenta que no tenía dinero y regresé al despacho con la esperanza de encontrar efectivo, pero sólo pude encontrar algunas libras que no me servían para volver a Londres. Entonces tomé algunas cosas del escritorio para poder venderlas y salí de la casa. No me atreví a seguir el sendero y me interné en el bosque tratando de alejarme de ese horrible lugar lo más pronto posible. Caminé un día entero hasta que encontré un pequeño pueblo en el que pude comprar algo de comida. No fue fácil vender las cosas que había tomado, pero pude conseguir el suficiente dinero para trasladarme a una ciudad más grande donde tomé un autobús de segunda clase hacia acá. Llegué aquí, pero como no tenía ningún lugar en el cual vivir tuve que dormir en la calle. Al día siguiente fui a varios lugares a buscar trabajo, pero me echaron sin miramientos porque ya tenía aspecto de vagabundo. Dean nunca consintió que me cortara el cabello y si a eso se le sumaba que mi ropa estaba sucia y estropeada por la caminata por el bosque, no era de extrañar que todos me miraran con desconfianza. Volví a dormir en la calle y tuve que cambiar mis ropas con otros vagabundos para poder comer un mendrugo de pan. Deambulé días enteros preguntándome con desesperación que haría para sobrevivir. Una noche acerté a pasar frente a un refugio y di gracias al cielo cuando me aceptaron. Me asignaron una cama y dormí profundamente hasta que un desquiciado me atacó'
-¿Es por eso que tienes herida la pierna? –Neville deslizó su mano por la enorme cicatriz.
-Sí –Blaise también se la tocó–. El muy cretino me tiró de la cama y me gritó que ése era su lugar. Como yo no quería tener problemas, me levanté del suelo y traté de salir, pero me lo impidió. Me gritó que iba a matarme y sacó un enorme puñal de entre sus ropas. Fue por puro instinto que me quité justo a tiempo para evitar que me lo encajara en el pecho. Lo vi preparar un segundo ataque, pero antes de que pudiera hacerlo la puerta se abrió y eso lo distrajo. Aproveché esa pequeña distracción para aventarlo a un lado, pero alcanzó a herirme en la pierna antes de que pudiera escapar por la ventana. Lo escuché correr tras de mí, pero logré perderlo en las calles.
-¿O sea que te siguió? –preguntó Neville perplejo.
-Te digo que estaba loco –asintió con la cabeza–. Por eso no quise que me llevaras a un refugio. No quiero volver a encontrármelo.
-¿Hace cuánto llegaste a Londres, Blaise?
-Ni idea –lo miró avergonzado–. Sé que han pasado muchos días, pero desde que Dean me capturó perdí la habilidad de medir el tiempo.
-¿Entonces tampoco sabes cuánto tiempo llevas a mi lado? –le preguntó con picardía.
-¡Eso sí! –exclamó con entusiasmo antes de verlo con verdadera adoración–. Llevo durmiendo entre tus brazos el tiempo justo para saber que eres el dueño de mi corazón, de mi cuerpo y de mi alma.
-¡Oh, cielo! –lo besó con pasión–. ¡Qué cosa más hermosa acabas de decir!
-Es sólo la verdad –sofocó un bostezo.
El ejercicio nocturno más la felicidad que sentía porque Neville aún lo amaba a pesar de que le había confesado su oscuro pasado, le había brindado un delicioso cansancio.
-Ya tienes sueño –Neville lo miró con extrema ternura.
-Un poquito –Blaise se acurrucó contra su pecho.
-Descansa –le recomendó besando sus labios una vez más–. Y no olvides que prometiste quedarte a mi lado para siempre.
-Para siempre, mi amor –le contestó antes de quedarse dormido con una enorme sonrisa de felicidad plasmada en el rostro.
Sin embargo Neville no durmió. No había querido mencionárselo a Blaise para no asustarlo, pero estaba preocupado. Había estado mezclado con gente muy peligrosa y no creía que el ataque que sufrió en el refugio fuera obra de la causalidad. Se estremeció al pensar que podrían asesinarlo y apretó aún más fuerte el abrazo en torno al cuerpo cálido de su amante.
'¡No! Nadie va a arrebatarte de mi lado, Blaise… ¡jamás!' –se prometió a sí mismo–. 'Me moriría si algo llegara a pasarte'
Y el amanecer lo sorprendió todavía despierto.
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Después de una larga ausencia aparecieron de nuevo los protagonistas de la historia, jejejeje... espero que les haya gustado el capítulo.
