Ojos grises (Neville) (13/20)

Clasificación R

Parejas Neville/Blaise

Disclaimer Los personajes de esta historia son propiedad de J.K. Rowling y la Warner Bros. Esto es puro entretenimiento y no me reporta beneficio económico alguno.

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Capítulo XIII. En el hospital

Colin azotó con fuerza la puerta de su departamento antes de dejarse caer sobre un mullido sofá mientras murmuraba maldiciones. Estaba bastante enfadado porque a pesar de que había pasado muchas horas al lado de Neville, no pudo darle ni siquiera un beso. Al salir del restaurante italiano lo arrastró a un centro comercial bajo el pretexto de que tenía que comprar víveres y se entretuvieron ahí toda la tarde. Después, argumentando que debía pagar su deuda, se lo llevó a cenar y después a una discoteca gay. La había descubierto en su tercera noche en Londres y le fascinó pues ahí se reunían muchachos muy atractivos y bastante complacientes que lo habían ayudado a quitarse de encima el aburrimiento de estar trabajando para Nicholas. La música era por demás sugerente, pero por más que rogó no pudo hacer que Neville bailara más que dos melodías con él. Cambió de estrategia y entonces lo instó a tomar más de lo debido al tiempo que se le ofrecía descaradamente, pero nada funcionaba y llegó a pensar que en lugar de sangre, Neville tenía hielo en las venas. En un acto desesperado se levantó de la mesa para bailarle sensualmente, pero grande fue su desilusión cuando fue observado con fría indiferencia. Cuando volvió al lado de Neville sólo recibió una pequeña sonrisa de felicitación y un 'bailas bien' que lo molestó muchísimo.

-¡Bien¡Maldita sea¡Ni siquiera dijo MUY BIEN! –explotó Colin furioso y pateó con fuerza la mesa de centro.

Lo que él no sabía es que Neville ya conocía esa discoteca y que había disfrutado una enormidad el bailar con el indiscutible amo del lugar. Si Colin hubiera visto a Draco en acción, comprendería la total falta de entusiasmo de su acompañante pues la noche en que Neville bailó con el despampanante rubio tuvo una enorme erección que lo obligó a correr al baño para descargar su notoria excitación. A partir de ese día le pareció que todos los demás eran increíblemente torpes, a excepción de Harry por supuesto.

-¡Y luego se me escabulló antes de que pudiera besarlo! –Colin volvió a patear la mesa que voló por aires.

Cerró los ojos y contó mentalmente hasta 20 mientras trataba de tranquilizarse. El deseo que sentía por Neville se había incrementado terriblemente en esas horas de convivencia y comenzó a pensar en la forma de volver a verlo lo más pronto posible. A su pesar sonrió al recordar que al menos no le había permitido a Harry arrebatárselo. Neville insistió todo el tiempo en que debía volver a su casa porque tenía cosas urgentes que hacer, pero de inmediato supo que mentía. Cuando mencionaba su casa, los ojos se le iluminaban como cuando hablaba del moreno y sospechó que se moría de ganas de ir a buscarlo, pero fue lo suficientemente astuto como para mantenerlo a su lado y hacerle imposible ir a su encuentro. Sin embargo no pudo evitar que saliera al vestíbulo a hablar por teléfono y a duras penas se aguantó las ganas de preguntarle con quién había hablado, pero en realidad no tenía necesidad de hacerlo. Hirvió en celos cuando notó que el brillo en sus ojos se había incrementado tras esa llamada, pero se tranquilizó al decirse que era totalmente suyo en ese momento.

El sonido del teléfono logró sobresaltarlo y se levantó con prisas pensando que tal vez era Neville invitándolo a pasar la noche en su casa.

-¿Diga? –contestó con expectación.

-¿Alguna noticia? –preguntó la ruda voz de un hombre.

-Ninguna –contestó totalmente desilusionado.

-Tienes sólo una semana más –su tono era claramente de amenaza–. La jefa se está impacientando.

-Pero es que Flamel tiene todos sus documentos bajo llave y…

No des excusas estúpidas, Creevey! –lo cortó el hombre con brusquedad–. ¡No me interesa si los tiene guardados en una caja de máxima de seguridad del Banco Internacional¡La jefa quiere tenerlos en sus manos a finales de la semana que entra y punto!

-No te pongas en ese plan, Crounch –le contestó molesto–. Además, la investigación está inconclusa.

-¿¡Quééé¡Eso es imposible¡Nos informaron que Flamel ya la había terminado!

-Pues les mintieron –se masajeó las sienes… no le gustaba tratar con ese hombre–. El anciano se está dando de topes contra la pared porque está totalmente atascado –hubo un largo silencio tras sus palabras.

-Espero que no sea una excusa para quedarte en ese lugar.

-¡Oh, por todos los cielos¿¡Acaso crees que estoy dando saltos de alegría al trabajar al lado de ese idiota!? –le gritó–. ¡El muy imbécil se cree el Einstein de la química y es insoportable¡Te aseguro que soy el primero en desear poder largarme de ese asqueroso laboratorio!

-¿Y tú no puedes terminar la investigación? –preguntó tentativamente–. Al fin y al cabo siempre andas presumiendo de que eres el mejor en ese campo.

-¡Por supuesto que sí! –declaró con petulancia–. De hecho se lo propuse a la jefa, pero fue muy específica en sus órdenes. Quiere la investigación de puño y letra de Flamel.

-De acuerdo –accedió Crounch sin muchas ganas–. Tendremos que esperar a que el anciano la termine.

-Gracias por tu comprensión –le dijo con franco sarcasmo–. Me mantendré en contacto –azotó el teléfono con fuerza–. ¡Idiota! –dijo antes de levantarse e irse a su habitación a tratar de dormir un poco.

La mujer que estaba detrás del escritorio era bastante desagradable y no sólo porque parecía un enorme sapo sino también porque en su duro rostro no había rastro de humanidad. Sus delgados labios estaban apretados con tanta fuerza que formaban una sola línea y las gruesas aletas de su nariz se movían con rapidez demostrando su creciente enfado.

-Quisiera que me explicaras por qué me has estado fallando tanto, Nigel –le decía en ese momento Dolores Umbridge al joven que apenas podía ocultar el temblor de su cuerpo.

-Lo siento, señora… pero es que me ha sido imposible encontrar a Blaise –le contestó él mirando de reojo a las dos personas que estaban con ellos.

Si era malo que Artemius Crounch estuviera con ellos en esa inesperada reunión, ver a la asesina personal de la mujer era casi una sentencia de muerte. Nymphadora Tonks era una hermosa mujer que tenía el largo cabello teñido de un color violeta muy intenso y poseía un aura de ingenuidad totalmente falsa porque carecía de alma. Nigel la vio acariciar el cinto que llevaba a la cintura y que sostenía un largo y afilado puñal. Por todos era sabido que esa chica era la crueldad en persona y ya no pudo seguir ocultando el temblor de su cuerpo.

-Tus errores vienen desde mucho atrás, Nigel –dijo Dolores con voz cortante–. Primero le diste 'dorado' a Dean sin mi autorización y prácticamente fuiste el culpable de que tuviera que eliminar a mi mejor vendedor del norte. Luego le mentiste a Crounch sobre el número de personas que vivían con Dean… –su voz se hacía más y más aguda con cada palabra que pronunciaba.

-¡Le juro que le dije la verdad! –exclamó el muchacho con rapidez–. ¡No sé qué fue lo que pasó! Dean tenía a 15 personas de confianza viviendo con él y otras 10 para el servicio de la casa. Eran 27 en total contándolo a él y a Blaise.

-Y 27 hombres murieron, pero entre ellos no estaba su puta –se levantó del escritorio y lo rodeó para quedar frente a Nigel que apenas pudo sostenerle la mirada–. Admito que eso no fue culpa tuya y ya el responsable ha sido castigado, pero si eres culpable de que Blaise siga con vida –estiró una mano y lo sujetó con fuerza del cabello–. ¡Ha pasado casi un mes desde que descubrimos que ese imbécil sigue respirando, así que dime una sola razón para que no te mate en este mismo instante! –sus ojos saltaron aún más de sus cuencas.

-Soy… soy el único que lo conoce –contestó casi llorando.

-Estás en lo correcto –Dolores lo soltó–. Y te juro que esa la única razón por la que no dejo que Tonks haga comida de perro contigo –volvió a su lugar detrás del escritorio–. No quiero que vuelvas a matar a más vagabundos¿me entendiste? –Nigel asintió con fervor–. No quiero a la policía corriendo tras de ti cuando las cosas están saliendo tan bien con el 'dorado' Espera afuera.

Los tres vieron como el muchacho salía casi corriendo del despacho y un largo silencio cayó entre ellos hasta que Dolores lo interrumpió.

-¿Qué tan necesario es eliminar a ese tal Blaise, Barty? –le preguntó pensativa.

-Sólo para no dejar cabos sueltos, señora –le dijo el hombre después de un corto silencio–. Dean era un profesional y no creo que fuera tan descuidado como para hablar frente a su prisionero sobre sus negocios. Además, como bien dijo, ya pasó un mes y ese muchacho ha tenido el tiempo suficiente para acudir a la policía si así lo hubiera querido. En otras palabras… no tiene ni la más remota idea de a qué se dedicaba Dean.

-Entonces creo que podemos dejar pendiente su cacería –decidió Dolores tras meditar las palabras del hombre–. Nigel ha abusado de mi paciencia por mucho tiempo y ya no lo soporto –volteó a mirar a Tonks–. Quiero que su muerte se parezca a la de los vagabundos.

-Lo será, señora –le contestó ella con una sonrisa angelical.

A ninguno de los tres les extrañó escuchar como una puerta se azotaba con fuerza.

En cuanto Nigel salió del despacho pegó la oreja en la puerta para oír la conversación. No le parecía creíble que su jefa lo hubiera dejado marchar con tanta facilidad. Por menos de lo que había hecho, muchos habían muerto. Salió corriendo en cuanto escuchó sus órdenes diciéndose que no se dejaría matar tan fácilmente.

Esa loca no me pondrá un dedo encima!' –pensaba frenéticamente mientras corría como poseso hasta su auto.

Prendió el motor con prisas y arrancó rechinando llantas. Miró por el espejo retrovisor por si era seguido y lanzó un corto suspiro al ver la calle desierta.

'Recogeré unas cosas y saldré del país de inmediato' –pensaba mientras se apresuraba a ir a su escondite donde pensaba estaría seguro pues nadie sabía de su existencia–. 'Dean me dio el suficiente dinero como para comprarme un rostro nuevo y después seré libre por completo'

Abandonó el auto en una calle y echó a correr por las calles seguro de que podría despistar a Tonks.

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Blaise se quejó deliciosamente al sentir como su entrepierna era delicadamente succionada y sin estar todavía plenamente despierto, levantó la cadera para incrementar esa increíble sensación. Se mojó los labios cuando sintió una nueva succión, pero tan poderosa que logró que su virilidad despertara de inmediato. Bajó las manos y capturó los cabellos castaños de Neville para indicarle el ritmo, pero él no le hizo ningún caso y prosiguió con su propia cadencia. Puso las manos bajo las nalgas de Blaise y lo hizo levantar aún más la cadera mientras que devoraba con verdadera gula el palpitante miembro. Su amante no necesito más que un minuto de caricias para explotar en su boca en medio de sensuales gemidos.

-¡Oh, cariño¡Qué maravillosa forma de despertarme! –dijo Blaise jadeante.

-Pensé que te gustaría.

Neville lo besó con pasión todavía llevando en su boca el sabor salado de su semilla, pero a Blaise no le importó y no lo dejó apartarse en mucho tiempo.

-Hoy no tengo que ir a la universidad. ¿Te gustaría salir a pasear? –le preguntó Neville cuando Blaise le permitió respirar.

-¿¡En serio!? –lo miró boquiabierto.

-Sólo si me demuestras que tu pierna está lo suficientemente sana como para caminar –le guiñó un ojo con picardía.

Blaise se levantó de la cama con prisas y se paseó enfrente de Neville.

-¡Me siento perfectamente bien! –afirmó aún cuando sintió una leve molestia.

-De acuerdo –también se levantó de la cama y lo tomó de la mano–. Entonces vamos a darnos un baño para ir a desayunar.

No salieron del baño en mucho tiempo pues Blaise se encargó de que Neville lo amara bajo el agua caliente. Al salir se enfrentaron al problema de encontrar ropa adecuada al delgado muchacho, pero al final los dos se vistieron con ropa deportiva. Neville insistió en sujetar el largo cabello de Blaise para luego ocultarlo bajo la gorra de la sudadera. Alegó que afuera hacía frío, pero su verdadera intención era que su rostro se mantuviera oculto y completó su labor al colocarle unas atractivas gafas para el sol. Tenía todas las intenciones de comprarle ropa y también llevarlo a cortar el cabello y tal vez teñírselo. Quería cambiar su apariencia para que fuera más difícil reconocerlo si alguien andaba tras de él. Bajaron las escaleras con Blaise comportándose como un niño ante la perspectiva de salir a pasear. Una vez fuera de la casa no les fue difícil conseguir un taxi que los llevó directamente al restaurante italiano al que había invitado a Colin. Esta vez Neville revisó el lugar esperando encontrar a alguno de sus amigos pues ese lugar era uno de sus preferidos y suspiró de congoja al no encontrar a nadie.

-¿Te quedaste de ver con alguien? –preguntó Blaise con nerviosismo al verlo mirar a su alrededor.

-No, cariño –lo tomó de la barbilla y lo besó en los labios sin importarle que ya el jefe de camareros estuviera frente a ellos–. Sólo quería ver si alguno de mis amigos estaba aquí.

-¿Te avergonzaría que me conocieran? –le preguntó en un hilo de voz.

-¡Al contrario, mi amor! –rió de buena gana–. Me encantaría que conocieran al chico con el que pienso pasar el resto de mi vida –y volvió a besarlo, pero más profundamente.

-Nos están esperando –dijo Blaise totalmente rojo al darse cuenta que eran el blanco de todas las miradas.

-Buenos días, Piero –saludó Neville al hombre que había aguardado a su lado respetuosamente.

-Es un placer volver a verlo, signore –le dijo con amabilidad antes de llevarlos a una mesa que estaba cerca de unos hermosos vitrales.

El desayuno transcurrió placenteramente y al salir, Neville llevó a Blaise a una enorme boutique donde le escogió ropa a su medida. Su pareja le rogó muchas veces que no gastara tanto dinero, pero no le hizo el menor caso y le compró muchas prendas. Neville insistió que se dejara puesto un traje de estilo informal y ordenó que el resto de la ropa se la enviaran a su casa. Al salir se fueron directamente a una estética donde le hicieron un cambio total de apariencia a Blaise. El delgado muchacho se quedó mudo cuando se vio al espejo. Tenía tanto tiempo llevando el cabello largo que había olvidado que el corte inglés le iba muy bien. Sus angulosas facciones se veían suavizadas por los toques de luces que habían puesto sobre su cabello negro.

-¿Te gusta como veo? –preguntó Blaise a su pareja cuando por fin estuvo listo frente a él.

-Te ves increíblemente guapo –le dijo Neville suspirando.

Nunca habría imaginado que su amante se viera aún más atractivo. Se le hizo agua la boca al imaginar cómo se vería su cuerpo cuando recuperara peso. Lo recorrió apreciativamente desde el corto cabello hasta los lustrosos zapatos y se felicitó al comprobar que no era posible que alguien lo reconociera como el vagabundo de hacía días. Cuando ya estaba a punto de tomarlo entre sus brazos para comérselo a besos, su celular sonó.

-¡Hola, Oliver! –contestó Neville alegremente–. ¿Cómo estás? –Blaise se acercó a su pareja cuando vio que su expresión se tornaba preocupada–. ¿Pues qué le pasó¿Entonces es grave¡Diablos¡Voy enseguida para allá! Adiós –y colgó.

-¿Sucede algo malo? –preguntó cuando ya salían de la estética apresuradamente.

-Uno de mis amigos enfermó de gravedad –le hizo la parada a un taxi–. Está en el hospital.

-¿Qué le pasó? –ya el taxi tomaba rumo al hospital donde trabajaban Sirius y Lily.

-Oliver no lo sabe con exactitud, pero parece que sufrió una seria intoxicación.

Blaise ya no preguntó más para no molestarlo. Como se encontraban cerca del hospital, llegaron en menos de 10 minutos. Neville prácticamente se bajó corriendo del taxi y su pareja tuvo que esforzarse muchísimo para seguirlo mientras recorrían los pasillos hacia el área de cuidados intensivos. En cuanto llegaron a la pequeña sala de espera, Neville se acercó adonde estaba sentado Cedric con la mirada perdida. Blaise vio que el muchacho estaba mortalmente pálido y era evidente que estaba al borde un colapso.

-¿Cedric? –lo llamó Neville con delicadeza–. ¿Qué sucedió?

-¡Neville! –Cedric se le colgó del cuello de inmediato–. Víktor está muy mal –se deshizo en llanto–. No quieren decírmelo, pero estoy seguro de que está a punto de morir.

-¡No puede ser cierto! –miró con los ojos muy abiertos a Oliver que se había acercado a ellos silenciosamente.

-Está muy grave –confirmó Oliver con voz ronca–. Y lo peor de todo es que ni Sirius ni Lily saben qué es lo que le hizo daño.

-¡Oh, Cedric¡Cuánto lo siento! –Neville apretó el abrazo al muchacho que seguía llorando sin consuelo.

-¡No quiero que se muera, Neville¡No quiero! –apretó los puños y golpeó con fuerza la espalda de su amigo que no se quejó–. ¡Es muy joven para morir¡No es justo¡No es justo!

-Tranquilízate, Cedric –Oliver acarició la enmarañada cabellera castaña–. Víktor no va a morir. Sirius y Lily van a hacer hasta lo imposible para que se recupere.

Blaise tenía un nudo en la garganta, pero se mantuvo al margen de la situación y se sentó en un sillón alejado de ellos para no molestar y también porque su pierna comenzaba a dolerle. Observó a los dos muchachos con más detenimiento y levantó las cejas asombrado cuando reconoció a Oliver. Jamás imaginó que el único futbolista que le gustaba fuera amigo de Neville. No era un fanático, pero cada vez que jugaba el Manchester United prendía la televisión exclusivamente para verlo a él. Sonrió al recordar su infantil emoción cuando dio a conocer su condición homosexual. Ya llevaban ahí aproximadamente media hora cuando llegaron dos hermosas chicas tan preocupadas como su novio. Ellas también se acercaron a Cedric y le brindaron su apoyo. A los pocos minutos Sirius entró a la sala de espera y Blaise hizo un recorrido completo de su persona. Le pareció que era un hombre sumamente atractivo y le agradaron muchísimo sus brillantes ojos azules.

-Víktor ya está estable, Cedric –lo escuchó decir con voz profunda, pero claramente tensa–. Ahora lo que necesito es que te tranquilices para que me digas cuál de estos medicamentos es el más reciente –puso sobre una pequeña mesa de centro varios frascos.

Cedric se limpió las lágrimas con manos temblorosas y trató de enfocar la mirada sobre los frascos que le mostraba Sirius.

-No lo sé con exactitud –dijo después de verlos un largo momento, pero luego señaló dos–. Seguro éste y éste empezó a tomarlos desde el principio porque lo acompañé a comprarlos, pero el resto ni los había visto.

-¿De dónde los sacó Sirius? –le preguntó Cho a Oliver.

-Cedric los mandó traer de su casa para que los analizaran –le contestó él antes de dar un paso adelante y tomar un frasco–. Yo le di éste a Víktor hace dos días.

-¿Seguro, cielo? –preguntó Sirius frunciendo el ceño y a Blaise realmente no le sorprendió enterarse que ese guapo hombre era la pareja de Oliver Wood.

-Segurísimo –confirmó al ver más de cerca la etiqueta.

-¿Y qué hacías tú con él? –Sirius se lo pidió y miró con atención la fórmula.

-Me lo obsequió Stan pero como no pensaba tomarlo, se lo di a Víktor.

-¿Y para qué se supone que sirve? –preguntó Parvati.

-Según Stan es un fortificante muscular –se encogió de hombros.

Sirius miraba el frasco de tal manera que Blaise lo tuvo totalmente a la vista y se sobresaltó al ver su brillante etiqueta dorada sobre el fondo negro.

'¿¡Será posible!?' –se preguntó perplejo y realmente sin proponérselo se acercó a Sirius–. ¿Podría permitírmelo un segundo, por favor? –le preguntó al médico.

Sirius volteó a verlo sorprendido, pero al no reconocerlo escondió el frasco en el bolsillo de su bata.

-¿Quién eres tú? –preguntó Sirius con desconfianza.

-¡Oh, lo siento! –Neville se acercó a su pareja y lo tomó de la cintura–. Les presento a Blaise… es mi novio.

-¿¡Tu novio!? –exclamaron todos con perplejidad… incluso hasta Cedric.

'Colin va a llevarse una desagradable sorpresa cuando se entere que le ganaron a Neville' –pensó Oliver mientras miraba a Blaise con ojo crítico.

A su parecer el rubio era más atractivo que el novio de Neville, pero tal vez sólo se debiera al hecho de que el chico estaba demasiado delgado porque sus finas facciones eran muy atrayentes, además, la expresión de sus ojos le agradaba más que la del otro muchacho.

-Así es –confirmó Neville con una sonrisa e hizo las presentaciones deprisa.

-¿Y para qué quieres ver el medicamento? –le preguntó Sirius a Blaise sacando el frasco.

-Es que me pareció conocido y si es el que yo tomé, a mí también me hizo mucho daño.

-¿Hace cuánto lo tomaste? –Sirius le entregó el frasco.

-Creo que hace como cuatro meses –dijo con ambigüedad mientras abría el frasco y sacaba una pastilla–. '¡Sí es!' –el estómago se le revolvió.

-¡Pero no es posible! –exclamó Oliver.

-¿Por qué no? –le preguntó Cho.

-Porque según Stan salió al mercado hace como un mes. Parece que se está haciendo muy popular entre los deportistas.

Parvati se movió hacia Blaise y le quitó el frasco de la mano.

-Pues es el mismo –dijo Blaise con convicción–. Lo tomé y a la hora comencé a sentirme mal. Estuve vomitando durante mucho tiempo, pero aún cuando ya no tenía nada que devolver, seguía haciéndolo sin parar.

-¡Igual que Víktor! –Cedric se levantó de un salto–. ¿¡Y cómo te curaste!? –le preguntó con ansiedad.

-El médico me puso una inyección, pero no recuerdo exactamente qué era –de pronto se arrepintió de haber intervenido… el brillo frenético en los ojos del muchacho lograron ponerlo nervioso.

-¡Haz un esfuerzo, por favor! –Cedric lo tomó del saco y lo zarandeó sin miramientos–. ¡Mi novio está a punto de morir¡Lleva 24 horas enfermo!

-¡Lo haré¡Sólo permíteme un minuto! –le contestó Blaise temblando visiblemente… aún le afectaba mucho que lo trataran con rudeza.

-Dale tiempo para pensar, Cedric –Neville hizo que soltara a su novio para luego llevarlo a una apartada esquina–. Tranquilo, Blaise… tranquilo –lo abrazó para mitigar su miedo–. No va a pasar nada si no recuerdas qué fue lo que te dio ese médico.

-Es que sí sé –dijo con voz quebrada–. Sólo que estoy nervioso.

-Respira profundo y relájate… nadie va a hacerte daño –le enmarcó el rostro con las dos manos–. Así, muy bien –dijo cuando el chico dejó de temblar–. Ahora cierra los ojos y cuéntame que pasó.

-Nigel le llevó a Dean muchos frascos de esos –comenzó a decirle en voz baja–. Según supe eran para estimular la masculinidad y Dean se emocionó tanto que comenzó a tomarlos –un sollozo escapó de su garganta–. Se ponía como loco después de tomarlos y me poseía sin parar una y otra vez –una lágrima solitaria escapó de los ojos cerrados–. Como no podía mantenerle el ritmo, me obligó a tomar una pastilla. Me sentí muy extraño, pero pude soportarlo durante una hora sin cansarme. Dean terminó y me dejó solo. A los pocos minutos comencé a sentirme mal y corrí al baño. Estuve ahí toda la tarde hasta que Dean regresó y me golpeó porque pensó que me había provocado el vómito. Pasó mucho tiempo antes de que se diera cuenta que la pastilla me había hecho un daño real y llamó al médico. Me revisó y dijo que era alérgico a esa porquería. Me hizo un lavado de estómago y me inyectó… me inyectó… –apretó los ojos tratando de recordar–. … una cosa que empezaba con la palabra finas –suspiró derrotado y abrió los ojos–. No sé el nombre completo.

-Con eso basta, cariño –Neville lo besó en los labios con ternura aún cuando sentía una ira muy intensa al enterarse de esta nueva atrocidad que había tenido que soportar.

Lo hizo sentarse en un sillón antes de ir con los demás que no les habían quitado la vista de encima.

-Blaise dice que le hicieron un lavado de estómago y que le inyectaron algo que comienza con la palabra finas –le dijo a Sirius.

-¿¡Finasterida!? –exclamó el médico asombrado.

-Tal vez. No lo sabe con exactitud –se encogió de hombros.

-¿¡Y qué es eso, Sirius!? –preguntó Cedric con avidez.

-Un antiandrogénico –informó y todos se le quedaron viendo con cara de interrogación, menos Parvati que levantó una ceja con asombro–. Después les explicaré de qué se trata –les dijo con una sonrisa y caminó hacia la puerta–. Voy a consultar con Lily la aplicación de ese medicamento.

-¿Crees que esto sea el causante de que Víktor tenga el conteo hormonal tan alto, Sirius? –preguntó Parvati moviendo el frasco.

-¿¡Y tú cómo demonios sabes que Víktor tiene el conteo hormonal alto!? –preguntó Sirius sorprendido.

-¡Entonces lo tiene! –exclamó en tono triunfal–. ¿Quieres explicarme esto? –sacó de su pantalón la hoja que le había dado Nicholas–. ¿Se parece a los de Víktor?

-Sólo por ese conteo –opinó Sirius después de revisar los datos de Jason Green–. Víktor tiene disparados los otros valores.

-¿Y crees que tener las hormonas hasta el cielo puede provocar la muerte? –preguntó con expectación, pero se arrepintió de haberlo hecho cuando Cedric comenzó a llorar de nuevo.

-¡No! –le contestó Sirius con firmeza–. Pero si tienes más dudas, pregúntale a Ron –señaló al pelirrojo que llegaba en ese momento con Hermione y su hija Lisa–. Yo tengo que ir con Lily –y desapareció por la puerta.

Parvati les dio el tiempo necesario a los Weasley de saludar a Cedric antes de acaparar a Ron y preguntarle sobre los datos de Jason.

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Ya se descubrió la identidad de la misteriosa 'Jefa'... espero que no quieran golpearme... jajaja... hasta pronto !!!!!!