Ojos grises (Neville) (14/20)

Clasificación R

Parejas Neville/Blaise

Disclaimer Los personajes de esta historia son propiedad de J.K. Rowling y la Warner Bros. Esto es puro entretenimiento y no me reporta beneficio económico alguno.

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Capítulo XIV. ¡Es un vividor!

La limousine de Lucius se estacionó frente al hospital y el rubio sólo sonrió cuando Harry salió corriendo del auto y se perdió dentro del edificio. Algo similar hizo Severus cuando Draco corrió tras el moreno. Si había algo que les gustaba a los dos de sus parejas eran la lealtad que mostraban hacia sus amigos. Les había costado mucho trabajo hacerlos salir esa mañana del hospital para que descansaran unas horas tras haber permanecido toda la noche acompañando a Cedric. Obviamente nunca pudieron convencer al muchacho para que fuera a su casa a dormir y Oliver insistió en permanecer a su lado. Él estaba más cansado que ninguno porque acababa de llegar de jugar cuando Sirius recibió la llamada de Cedric. Ya estaba en la cama cuando su pareja le informó de la situación y corrió al hospital para apoyar a su amigo que estaba inconsolable. Al poco rato llegaron las otras parejas. A todos se les partía el corazón ver lo mal que estaba Cedric al pensar que su amado podría morir, pero lo único que podían hacer era repetirle una y otra vez que eso no sucedería. James Potter había ido a dejar a su esposa al hospital y se quejó amargamente que no pudiera quedarse ya que tenía que salir del país. Harry había querido informarles a sus otros amigos el estado de salud de Víktor, pero Lucius lo convenció de que no lo hiciera argumentando que todos se cansarían sin sentido y que tal vez necesitarían hacer guardias para acompañar a Cedric como había sucedido con Neville. El moreno no pudo refutar su argumento y sólo esperó que no le reclamaran después el que no les llamara.

Draco alcanzó a Harry antes de que entrara a la sala de espera y corrieron juntos hasta Cedric que los recibió con los brazos abiertos.

-¿Cómo sigue Víktor? –preguntó Harry con ansiedad.

-Hace rato salió Sirius y dijo que estaba estable –le contestó Cedric con voz temblorosa, pero ya sin llorar–. Van a aplicarle un medicamento que espera le ayude a recuperarse.

-¡Me alegra saberlo! –dijo Draco con entusiasmo y le plantó un sonoro beso en la mejilla a su amigo–. Ahora dime… ¿ya comiste algo?

-No ha querido probar bocado –intervino Oliver que tenía a una sonriente Lisa en sus brazos.

-No creo que Víktor le agrade verte desmejorado por su culpa –dijo Hermione acercándose a Cedric–. Ven. Te acompaño a que comas algo –lo tomó de la mano.

-No tengo hambre –se soltó de su mano–. Además, no quiero irme de aquí. ¿Qué tal si Sirius sale para decir algo importante?

-No vamos a ir al otro de la ciudad –le dijo ella riendo, pero él se sentó nuevamente en el sillón y se cruzó de brazos.

-No voy a moverme de aquí hasta que Víktor esté listo para regresar a casa –dijo con terquedad y todos supieron que estaba hablando en serio.

-De acuerdo, pero entonces vas a comerte lo que te traiga¿de acuerdo? –lo miró como sólo ella sabía hacerlo y Cedric no tuvo más remedio que decir que sí–. ¿Me acompañas, Cho?

-¡Claro! –aceptó ella de inmediato y las dos chicas salieron rumbo a la cafetería.

Harry miró a su alrededor para ver quiénes se encontraban ahí y sonrió ampliamente al descubrir a Neville. Le extendió los brazos y su amigo casi corrió hacia ellos.

A Blaise se le vino el mundo encima cuando Harry y Draco entraron en la sala de espera y se hundió en el sillón esperando pasar desapercibido. Había pensado que nunca volvería verlos y ahora, encontrarlos cara a cara, lo tenía devastado. Su cara hirvió de vergüenza al recordar su último encuentro con Draco, pero cuando definitivamente deseó que la tierra se abriera y se lo tragara, fue cuando Lucius y Severus llegaron. Tembló sin control ante su presencia y buscó desesperadamente la salida, pero no podía alcanzarla sin pasar frente a ellos. Se mordió el labio para no romper en llanto cuando vio la forma en que Neville abrazaba a Harry. No necesitaba ser adivino para saber que eran grandes amigos y el corazón se le rompió en dos cuando supo que hasta ahí había llegado su hermoso sueño de amor. Aún cuando le había confesado a Neville todas las cosas equivocadas que hizo en el pasado, estaba seguro de que jamás le perdonaría que se las hubiera hecho a alguien tan importante para él. Sabiendo que ya nada tenía que hacer ahí se levantó para marcharse, pero por más que lo intentó no pudo dar ni un solo paso y lo peor de todo fue que su movimiento fue captado por Lucius que volteó a verlo. No pudo sostenerle la mirada y volvió a sentarse cuando lo escuchó maldecir en voz baja. ¡Lo había reconocido! Volvió a hundirse en el sillón esperando que en cualquier momento el rubio lo tomara del saco y lo sacara de ahí a empellones.

-¡Ven, Harry¡Quiero conozcas a alguien muy especial para mí! –escuchó decir a Neville con infantil alegría y esperó con el alma en un hilo la reacción del moreno–. Él es mi novio –no opuso ninguna resistencia cuando Neville lo hizo levantarse del sillón–. Te presento a Blaise Zabini –dijo con tanto orgullo que lo hizo sentirse peor que una cucaracha.

-¿¡¡¡Blaise Zabini!!!? –gritó Harry estupefacto y todos voltearon a verlos.

Blaise levantó la cabeza y miró el rostro de Harry el suficiente tiempo para ver pasar por él la incredulidad y luego el desprecio.

-¿¡Esta porquería es tu novio!? –dijo el moreno con innegable repugnancia–. ¿¡Te has vuelto loco, Neville!?

-Cuida tus palabras, Harry –dijo Neville extremadamente serio y se puso frente a Blaise que ya temblaba sin control nuevamente.

-¡No puedo creer que estés con ese trepador! –señaló hacia donde Blaise estaba escondido–. Tal vez no lo sepas¡pero ese tipejo es una sabandija! –trató de llegar al muchacho, pero Neville no se lo permitió al sujetarlo de los hombros con firmeza–. ¿¡De qué artimañas te valiste para hacer caer a Neville en tus garras, Zabini¡De las más sucias me supongo, pero te aseguro que no voy a permitir que le hagas daño! –ya gritaba sin control–. ¡No voy a permitir que lo desangres como trataste de hacerlo con Lucius y con Draco¿¡Oíste, imbécil!?

-Te lo vuelvo a repetir –la seriedad en Neville se extremó–. No quiero que vuelvas a insultar a mi pareja.

-¿¡Acaso ya te lavó el cerebro!? –no podía creer que su amigo defendiera a ese muchacho–. ¡No! Más bien ya te enredó con una magistral demostración de falsa elegancia e intachables modales –tomó aire para tranquilizarse–. Escúchame, por favor. No importa lo que ese cretino te haya dicho… todo es mentira. Yo puedo decirte lo que Blaise Zabini realmente es.

-¿Y qué es, según tú? –preguntó con la mirada más fría que nadie le hubiera visto jamás.

-¡¡¡Es un asqueroso vividor!!! –volvió a explotar–. ¡No tiene escrúpulos en conseguir dinero sucio para vivir con comodidad!

-La gente cambia, Harry –refutó con asombrosa serenidad.

-¡Oh, por todos cielos¿¡En serio crees que alguien tan podrido como él puede cambiar!?

-Sí, lo creo –le sostuvo la mirada.

-Pues estás equivocado –le puso un dedo en el pecho–. Gente tan frívola y vacía como él es incapaz de cambiar y tampoco puede sentir amor por nadie.

-Entonces me supongo que Draco es un hipócrita y ha estado engañando a Severus todo este tiempo al decirle que lo ama¿verdad? –esas palabras lograron desconcertar al moreno.

-¿Por qué mencionas a mi hermano? –preguntó Harry ceñudo–. Él no tiene nada que ver en este asunto.

-Te equivocas –Neville miró al rubio que se sonrojó levemente–. Él mismo ha admitido que antes de conocerte era un ser frívolo y vacío. Ha dicho miles de veces que era incapaz de amar y que utilizaba vilmente a las personas antes de cambiar. Tú, yo y todos los demás creímos en ese cambio. ¿Entonces por qué él sí pudo cambiar y mi novio no¿Cuál es la diferencia entre Draco y Blaise¿El que haya nacido entre sábanas de seda y Blaise no?

-¡Simplemente no puedes comparar a Draco con ese tipo! –dio un paso hacia atrás más que molesto por su comentario.

-Si Draco no te satisface, tomemos otro ejemplo –los ojos de Neville se posaron sobre Lucius que levantó la barbilla instintivamente–. Si tu razonamiento es correcto, entonces me supongo que tu adorado Lucius sigue viéndote como un juguete sexual como al principio de su relación…

-¡No te atrevas a decir una palabra más sobre Lucius! –los ojos verdes brillaron peligrosamente.

-No has de poder dormir por preguntarte cuándo volverá a saltarte encima para terminar con tu vida como quiso hacerlo hace años.

-¡¡¡Cállate!!! –la descomunal bofetada que le propinó Harry a Neville hizo estremecer a todos menos al que la recibió–. ¡¡¡Lucius me ama como yo a él y es incapaz de volver a lastimarme!!!

-Lo sé –aceptó Neville con serenidad–. Y precisamente por eso creo en el cambio de Blaise y también en su amor. Adiós, Harry –tomó a Blaise de la cintura y prácticamente lo arrastró a la salida pues el muchacho no podía caminar–. Estaré al pendiente de la salud de Víktor, Cedric –le dijo a su amigo antes de marcharse.

Un silencio sepulcral cayó en la sala de espera tras la salida de Neville y Blaise. Fue hasta después de largos segundos que Harry corrió a los brazos de Lucius y se deshizo en llanto.

-¡Lo golpeé, Lucius¿¡Cómo pude hacerlo!? –preguntaba el moreno entre sollozos–. ¡Perdí a mi amigo!

-No, mi amor –el rubio lo sostuvo entre sus brazos sintiendo un poco de enojo hacia Neville por hacerlo llorar, pero no podía dejar de admitir que le había hablado con la verdad a su pareja–. No lo has hecho. Ya verás que cuando los dos se tranquilicen, las cosas volverán a ser como antes.

Cuando Hermione y Cho volvieron de la cafetería se asustaron al ver a Harry llorando tan desconsoladamente e inmediatamente se imaginaron que algo malo le había pasado a Víktor, pero los otros las tranquilizaron al contarles lo que había pasado entre el moreno y Neville. Hermione frunció el ceño cuando Ron le contó lo que había dicho Neville sobre Lucius, pero luego se dijo que eso había quedado en el pasado. Sabía que el rubio sería incapaz de volver a levantarle la mano a su hermano.

-¿Te fijaste en lo delgado que estaba Zabini? –le preguntó Draco a su pareja cuando ya el ambiente se había relajado.

-Sí –contestó con un gesto de desagrado pues tampoco le había agradado verlo de nuevo–. Me pregunto que le habrá pasado.

-¿No tendrá anorexia? –Severus rió de buena gana con su pregunta–. ¿De qué te ríes? –le dio un codazo en el estómago–. Es la enfermedad de moda y tal vez quiere seguirla.

-¡Ay, amor! –le dio un beso en la nariz–. ¡Tienes cada idea!

Las únicas personas que no estaban platicando sobre lo que había pasado entre Harry y Neville, eran Cho y Parvati.

-Justin ya se tardó –comentó Parvati mirando su reloj con impaciencia–. ¡Voy a patearlo si no llega en 5 minutos!

-Cálmate, chica –le dijo Cho riendo–. ¡Parece que no vives en Londres! Le hablaste hace 15 minutos y el tráfico a esta hora es insoportable. Además, no creo que vaya a ser tan fácil que esa muchacha lo dejé entrar a su casa.

-Tienes razón –respiró profundamente para tranquilizarse–. Pero de todas maneras, ya se tardó –volvió a ver su reloj.

-¡Estás loca! –su risa se incrementó.

Sirius regresó con ellos en ese momento y Cedric corrió hacia él en cuanto lo vio.

-¿¡Cómo sigue Víktor!? –lo tomó con fuerza de la bata blanca–. ¿¡Ya le pusieron la medicina¿¡Funcionó!?

-Sé fuerte, Cedric –Sirius abrazó al muchacho que lo miró con ojos desorbitados–. Víktor… –tomó aire profundamente haciendo que a todos se les fuera el color del rostro–. … ¡Víktor quiere verte! –le dijo con una enorme sonrisa.

-¡Aaahhh¡Voy a matarte, Sirius Black! –gruesas lágrimas salieron de sus ojos–. ¡Me pusiste un susto de muerte!

-Lo siento mucho –le dio un pequeño beso en la mejilla–. Víktor reaccionó favorablemente a la medicina –la seriedad volvió a su rostro–. No tiene buen aspecto, pero no vayas a preocuparte. La deshidratación que sufrió fue muy severa, pero pronto se recuperará.

-Gracias, Sirius… gracias –se deshizo en llanto en los brazos del médico–. Gracias por salvarle la vida.

-Debemos agradecerle al novio de Neville su atinada recomendación –miró a su alrededor buscando a Blaise–. ¿Y dónde está por cierto?

-Él y Neville tuvieron que marcharse –le informó Oliver–. Hubo un pequeño problema que luego te explicaré –hizo una discreta seña hacia Harry que todavía lloraba.

-¡Vaya! –exclamó Sirius preguntándose qué problema provocaría que su ahijado estuviera llorando tan desconsoladamente–. Ven, Cedric –tomó de la mano al chico–. Víktor te está esperando… no ha dejado de preguntar cómo estás.

No bien Cedric y Sirius habían desaparecido por la puerta que llevaba a terapia intensiva cuando del lado contrario apareció un jadeante Justin. Parvati dio un grito de gusto al verlo llegar y corrió a su encuentro. Justin localizó con la mirada a Cho y se alejó un paso de su jefa para no volver a provocar sus celos.

-¿Tuviste muchos problemas para entrar a la casa de Jason? –le preguntó Parvati al tiempo que le arrebataba de las manos una enorme bolsa de plástico para luego comenzar a hurgar en ella.

-La viuda no estaba así que tuve que entrar por la puerta trasera –sacó un pañuelo y se secó el sudor de la frente–. ¡Ah, por cierto! Me debes un pantalón –se dio la vuelta y le mostró el trasero.

-¿¡Qué te pasó!? –preguntó riendo al ver que el pantalón estaba tan desgarrado que se mostraba la totalidad de su nalga derecha.

-¡Había un perro de este tamaño! –puso la mano exageradamente arriba de su cintura–. Me persiguió por toda la casa, pero logré encerrarlo en el baño.

-¡Eres mi héroe! –exclamó jubilosa cuando encontró varios frascos oscuros con etiqueta dorada.

Cho se acercó a ellos y se disculpó con Justin con la mirada. El muchacho le sonrió con confianza al ver que ya no era blanco de su furia.

-¡Vaya! Es la misma medicina –exclamó Cho al ver los frascos que su novia tenía en la mano.

-¡Lo encontramos, Justin¡Estoy segura de que lo encontramos! –Parvati se abalanzó sobre su asistente y lo besó con entusiasmo en la mejilla antes de volverse hacia su novia para plantarle un sonoro beso en los labios.

-¿Qué fue lo que encontraron? –preguntó Cho riendo por la efusividad de su pareja.

-Te explico –los hizo alejarse del grupo–. Hace unos meses murió un atleta japonés. Era maratonista y cuando le hicieron la autopsia encontraron una cantidad ¡impresionante! de anabólicos en su sangre. Aquí lo interesante no es que se drogara, sino que su cuerpo hubiera soportado tantos anabólicos porque según los médicos debió estarlos consumiéndolo sin parar durante una semana entera. Sus compañeros defendieron el honor de su compañero a capa y espada. Su entrenador afirmó una y otra vez que el muchacho no consumía absolutamente nada prohibido, pero nadie le creyó pues los resultados decían lo contrario. Tiempo después murió una chica francesa. Ella era gimnasta y cuando le hicieron la autopsia también encontraron anabólicos, pero en menor cantidad. Se suscitó el mismo escándalo que con el japonés. Todo el mundo afirmaba que Josephine no se drogaba y fue en ese momento en que me interesé en el asunto. Takamoto era un excelente atleta, pero no Josephine. Comprendería que los japoneses estuvieran dispuestos a pasar por alto el hecho de que Takamoto se dopara, pero no en el caso de la chica. Vimos sus videos y era bastante mediocre –Justin asintió con la cabeza, pero no dijo nada–. Entonces me hice una pregunta¿Y si estuvieran diciendo la verdad¿Y si era cierto que no tomaban nada prohibido?

-Te contestaría que estás loca –le dijo Cho riendo–. Es más que obvio que lo estaban haciendo.

-¡Exacto! –dijo Parvati con los ojos brillantes–. Los estaban consumiendo, pero ellos no sabían que lo hacían.

-¿¡En serio!? –la miró con los ojos muy abiertos.

-Comencé a investigar la forma en que esos anabólicos habían llegado a sus manos, pero había tantos factores en común en los dos casos que me encontré en mundo de información que no me llevaba a ninguna parte. Pasé a investigar a la gente involucrada y como me encontré en la misma situación, no tuve otra opción que esperar a que otra muerte se suscitara.

-¡Que macabro se oye eso! –Cho se estremeció.

-Un poco –aceptó sonriente–. Pero para mi mala suerte nadie más murió –sus ojos volvieron a brillar–. Lo que sí pasó es que repentinamente cuatro deportistas españoles subieron su nivel drásticamente. Las comisiones de honor y disciplina se pusieron a trabajar y lograron descubrir su dopaje, pero era mínimo. Mi universo de información disminuyó dramáticamente y entonces me percaté de la presencia constante de dos personas. Uno es un hombre que se dice ser experto en medicina deportiva, pero que desapareció antes de que se les practicaran los exámenes antidoping a los deportistas y el otro es más bien un fantasma –su pareja enarcó las cejas con escepticismo–. No estoy hablando en sentido literal, por supuesto –aclaró al ver su expresión–. Las personas que lo conocieron lo describen como un muchacho rubio de ojos azules que se paseaba por las instalaciones y observaba los entrenamientos, pero estuvo en todos y cada uno de los casos. ¿Lo ves¡Ellos eran los que les proporcionaban los anabólicos a los deportistas!

-¿Y sabes qué es lo peor de todo? –intervino Justin muy serio.

-¿Qué? –Cho lo miró.

-Que creemos que los utilizaron como conejillos de indias.

-¡No puede ser cierto! –volvió a estremecerse.

-Ahora estoy segura de que eso pasó –dijo Parvati con total seriedad–. Y su último experimento fue Sombra Negra.

-¿Y por qué piensas eso? –la miró con curiosidad.

-Sombra Negra era un caballo pura sangre bastante notable, pero súbitamente comenzó a volar en las pistas de carreras en lugar de correr y arrasó en todas las carreras en que participó –le informó Justin–. Los dueños de los otros caballos insistieron que estaba dopado, pero nunca pudieron comprobárselo y siguió ganando carreras hasta que murió. La autopsia reveló que sufrió una embolia debido a que tenía la presión muy alta.

-Me las ingenié para conseguir una muestra de su sangre y se la llevé al señor Flamel para que la analizara, pero lo único anormal que encontró fue su conteo hormonal –los ojos de Parvati volvieron a brillar–. Ayer murió Jason Green y su sangre tenía la misma anomalía que la del caballo, lo cual nos lleva a concluir que ambos murieron por la misma razón –agitó los frascos oscuros–. Murieron porque consumieron esta porquería.

-¿¡Pero cómo un anabólico tan peligroso pudo haber pasado las pruebas de sanidad y estar en el mercado!? –preguntó Justin sumamente enojado.

-El señor Flamel dijo que estaba muy bien maquillado –dijo Cho sintiéndose tan molesta como el muchacho.

-Pues habrán podido ocultarlo, pero sigue siendo mortal –su expresión era sombría.

-Hay que comenzar una investigación sobre los laboratorios que está produciendo esta cochinada –dijo Parvati poniéndose al hombro la bolsa–. Tengo que irme, cariño. Dile a Cedric que me alegra saber que Víktor ya está fuera de peligro –y le dio un beso tan largo a su pareja que Justin tuvo que mirar hacia otro lado.

-Ten cuidado, por favor –le dijo Cho cuando el beso terminó–. No quiero que algo malo te pase.

-Lo haré –le guiñó un ojo antes de salir con Justin de la sala de espera.

Cho se unió al matrimonio Weasley que jugaba con la pequeña Lisa sin percatarse que Oliver no había perdido detalle de la conversación. Se había dado cuenta de su extraño comportamiento y se acercó a ellos sin que se dieran cuenta.

'Si lo que dicen es cierto¡entonces casi todos mis compañeros enfermarán de gravedad en poco tiempo!' –Oliver se estremeció–. '¡Necesito decírselo a alguien!' –miró a su alrededor con frenesí antes de acercarse a Lucius con decisión–. ¿Podría robarte un minuto, Lucius?

-Por supuesto –le contestó él al ver su preocupada mirada–. ¡Draco! –llamó a su hijo que se acercó de inmediato–. ¿Podrías hacerte cargo de Harry? –le entregó a su llorosa pareja.

-¡Claro! Acompáñame, Harry… vamos por un té –y se lo llevó a la cafetería.

-¿Qué ocurre, Oliver? –vio como el muchacho se retorcía las manos con nerviosismo.

-Acabo de escuchar una conversación por demás inquietante –le dijo en voz baja.

-¿Qué escuchaste?

-Pues verás… –y le contó la conversación entre Cho, Parvati y Justin.

-¡Pero eso es muy grave! –los ojos grises se detuvieron sobre el frasco con etiqueta dorada que aún se encontraba junto a los otros complementos alimenticios de Víktor.

-Bastante, pues afirman que eso es veneno puro –él también miró el frasco–. ¿Pero sabes qué es lo que más me llama la atención?

-¿Qué cosa? –Lucius volteó a verlo.

-Que el novio de Neville dijo que lo había tomado hacía cuatro meses, pero ese medicamento salió a la venta al público apenas el mes pasado.

-Seguramente estaba mintiendo –hizo un gesto de desagrado–. A ese muchacho le gusta llamar la atención.

-¡No! Dijo la verdad –rebatió con firmeza y el rubio levantó una elegante ceja–. Te explico lo que pasó antes de que ustedes llegaran –y le hizo el relato de forma rápida–. Sirius dijo que el medicamento que le inyectaron a Blaise era un anti 'quién sabe qué' y que consultaría con Lily si se lo aplicaban a Víktor y ya viste que hace rato dijo que había funcionado.

-Es muy extraño. Déjame pensar, por favor –fue a sentarse a un sillón y Oliver lo dejó solo.

La mente del rubio empezó a organizar todo lo que había escuchado. En primer lugar sabía que Parvati y Justin estaban entrando en terrenos peligrosos. No se necesitaba meditar demasiado para darse cuenta que una poderosa y bien organizada mafia se escondía tras la fabricación y distribución de una sustancia tan peligrosa. Frunció el ceño al tratar de imaginar el verdadero trasfondo de esa situación. Sabía que en cualquier farmacia podían comprarse anabólicos sin ningún problema. ¿Entonces porque disfrazar uno? No encontró la respuesta y pasó a otro punto. Parvati y Justin ya habían encontrado al distribuidor de ese veneno y ahora él debía encontrar la forma de sacarlo del mercado lo más pronto posible. Tomó su teléfono y marcó el número de Albus Dumbledore. Maldijo en voz baja cuando su asistente le informó que el hombre se encontraba fuera del país, pero no pidió que le comunicaran con otra persona del gabinete de seguridad pues sabía que no darían mucho crédito a lo descubierto por una periodista. Cerró los ojos y siguió pensando. ¿Por qué Zabini dijo que había tomado esa sustancia hacía tanto tiempo cuando era obvio que no había podido hacerlo? Abrió los ojos de golpe cuando idea se le vino a la mente.

'¿¡Será posible que esté mezclado con esa mafia!? –se preguntó atónito, pero luego desechó la idea–. 'No, no lo creo. Zabini es un vividor, pero no es tan idiota como para enredarse en ese tipo de negocios. ¿Pero entonces como tuvo acceso al medicamento?'

De nuevo tomó el teléfono y habló con el jefe de su guardia.

-Necesito que me digas cuáles fueron los últimos movimientos de Blaise Zabini y los quiero para ayer –colgó y siguió pensando.

Al cabo de 5 minutos su teléfono sonó y lo tomó con prisas.

-¿Y bien? –le preguntó al hombre.

-La última vez que lo vieron estaba trabajando en una tienda de víveres en Irlanda, señor.

-¿Irlanda? –levantó las cejas con incredulidad–. ¿Y hace cuanto fue eso¿Una semana¿Dos? –calculó que ese tiempo fue el que tardó en conquistar a Neville.

-Alrededor de siete meses, señor.

-¿¡Siete meses!? –gritó y los demás voltearon a verlo con curiosidad–. ¿¡Y puedes decirme por qué diablos lo dejaron tanto tiempo sin vigilancia!?

-Los agentes encargados me dijeron que se les desapareció.

-¿¡Pero qué estupidez es ésa!? –se levantó del sillón echando lumbre por los ojos–. ¿¡Y por qué demonios no me informaron!?

-Se le informó al señor Severus Snape –le explicó el hombre con prisas y los ojos grises se posaron sobre la pareja de su hijo que sólo levantó las cejas al ver su furiosa mirada–. Durante el primer año que Blaise Zabini estuvo en Irlanda se le vigiló día y noche, pero luego el señor Snape ordenó que sólo se le supervisara una vez al mes y así se hizo puntualmente hasta que desapareció. Los agentes encargados me dijeron que su desaparición fue extraña porque dejó todas sus cosas personales en la casa donde vivía y lo buscaron por todas partes, pero nunca lograron encontrarlo.

-¡¡¡Severus!!! –el rubio gritó el nombre al tiempo que cortaba la llamada–. ¡Acompáñame afuera!

Severus se sintió molesto por su forma de hablarle, pero siguió a su amigo fuera de la sala de espera con la mirada de los otros clavada en su espalda.

-¿¡Por qué no me informaste que Blaise Zabini había desaparecido!? –le reclamó Lucius airadamente una vez que estuvieron solos.

-¿No lo hice? –preguntó Severus perplejo provocando más enojo en el rubio–. Perdóname, Lucius… pensé que sí lo había hecho.

-¿¡Y por qué diablos le quitaste la vigilancia diaria!?

-Porque pensé que ya no era necesaria –una mirada gris lo fulminó–. ¡Lo digo en serio! Los reportes sobre su conducta eran muy tranquilizantes. Zabini estaba trabajando muy a gusto en una tienda de víveres. Vivía en una casa de huéspedes en donde no ocasionaba ningún problema. Cuando me dijeron que desapareció hice que revisaran Londres de arriba abajo, pero nunca lo encontraron. Me mantuve vigilante por si trataba de contactar a Draco, pero nunca lo hizo.

-Fue una estupidez quitarle la vigilancia, Severus… y también te lo digo en serio –respiró profundamente para tranquilizarse–. Ahora tenemos el problema de no saber que hizo durante los siete meses que estuvo desaparecido.

-¿Y tiene alguna importancia? –levantó las cejas con sorna.

-Creo que sí –su amigo se sorprendió al ver su extrema seriedad–. Sospecho que está mezclado con la mafia.

-¡No me hagas reír, Lucius! –soltó una sonora carcajada–. ¡Ese imbécil no tiene los suficientes pantalones para hacer eso!

-Pues lo está –afirmó cada vez más convencido–. Tuvo acceso a un medicamento muy peligroso.

-¿De qué estás hablando? –preguntó confundido y Lucius le explicó lo que estaba sucediendo–. ¡Diablos¿Y en serio crees que Zabini trabaja para ellos?

-Me cuesta trabajo creerlo, pero… –se detuvo abruptamente–. ¿¡Y si lo utilizaron como conejillo de indias como a los otros atletas!?

-Eso está muy llevado por los pelos¿no crees? –lo miró con escepticismo.

-El aspecto de Zabini es patético¿no te diste cuenta¿Cuánto crees que esté pesando en este momento¿50 kilos¿Qué fue lo que le sucedió para que adelgazara tanto?

-Draco dice que sufre de anorexia.

-¡Está loco! –desechó esa solución en un segundo–. No, Severus. Ese muchacho tiene el aspecto de alguien que acaba de salir de un campo de concentración.

-Pues me parece que tú estás más loco que tu hijo –volvió a reír de buena gana.

-Debemos tener una larga plática con Blaise Zabini –decidió en ese momento–. Disculpémonos con Harry y Draco y vayamos a buscarlo.

-Pues creo que perderemos el tiempo miserablemente, pero vamos.

Encontraron a sus parejas en la cafetería y se despidieron de ellos sin decirles lo que iban a hacer.

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Ufffff... la parte del enfrentamiento entre Harry y Neville me salió muy cortita : ( pero espero que les haya gustado ; ) ... nos vemos!!!!!!!!!