Ojos grises (Neville) (15/20)

Clasificación R

Parejas Neville/Blaise

Disclaimer Los personajes de esta historia son propiedad de J.K. Rowling y la Warner Bros. Esto es puro entretenimiento y no me reporta beneficio económico alguno.

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Capítulo XV. Tonks

El débil intento que hizo Blaise para apartarse de Neville cuando salieron de la sala de espera provocó que su pareja apretara el abrazo alrededor de su cintura. Al alto muchacho se le estaba partiendo el corazón al escuchar su lastimero llanto, pero no se detuvo a consolarlo y salió del hospital todavía arrastrándolo. Le hizo la parada a un taxi y una vez dentro dio la dirección de su casa. Blaise hizo un último intento de alejarse, pero Neville le rodeó los hombros y besó con extrema ternura los temblorosos labios. Cuando ya casi iban a llegar a la casa, Neville cambió de opinión y le dio una nueva dirección al chofer. El taxi enfiló hacia el sur de Londres y pronto llegaron a una estación de autobuses. Blaise aún temblaba entre sus brazos, pero ya su andar era más seguro. Neville compró dos pasajes y aguardaron sólo unos minutos antes de que les permitieran abordar el autobús. Una vez ahí, Neville se dedicó a besar y a besar a Blaise hasta que el chico le correspondió con pasión. Lindas palabras de amor y muchos 'te amo' brotaron de sus bocas hasta que llegaron a su destino una hora más tarde. Ya Blaise había abandonado el horrible infierno en el que se hundió al imaginarse que Neville lo alejaría de su lado y otra vez estaba flotando en su hermoso sueño de amor… un sueño del que no quería despertar jamás. Bajaron en una pequeña estación y consiguieron un rústico transporte que los llevó a lo alto de una colina donde se erguía una enorme, pero vieja casa. Neville recorrió el pequeño sendero que separaba la verja de la puerta principal con total confianza y Blaise se quedó boquiabierto al ver el interior de la casa. La decoración era totalmente campirana, pero no por eso menos bella.

-¿Esta casa también es tuya? –preguntó Blaise maravillado.

-No, es de un amigo –su pareja se petrificó al instante–. No, mi amor. No es de Harry ni de Draco ni de Lucius –lo tranquilizó con una sonrisa antes de hacerlo caminar hacia las escaleras–. Su nombre es Nicholas Flamel y me permite venir aquí cuando quiero. La casa la cuida un matrimonio. Voy a instalarte antes de ir a avisarles que estamos aquí.

Dejó a Blaise cómodamente recostado en una de las recámaras de invitados antes de salir de la casa y dirigirse al establo donde sabía que encontraría a John, pero antes de llegar ahí su celular sonó. Frunció el ceño al ver que se trataba de Harry y sopesó el contestarle o no. Su amigo estaba muy enfadado y posiblemente quería seguir gritándole que Blaise no era una buena persona. Lo apagó sin contestarle al decirse que no tenía ánimos para escucharlo. No estaba enojado con Harry por el golpe que le propinó porque se lo había ganado a pulso. Él más que nadie sabía lo mucho que el chico de ojos verdes idolatraba a Lucius Malfoy y atreverse a decir algo malo de su pareja era ganarse una paliza gratis. Siguió su camino sonriente al decirse que realmente era muy afortunado al tener un amigo tan sincero como Harry. Comprendía a la perfección su enojo y su preocupación porque si bien era cierto que a él no le importaba en lo absoluto las tonterías que Blaise había hecho en el pasado, a Harry y a los Malfoy les costaría mucho trabajo creer en su arrepentimiento. Entró al establo y se sorprendió al encontrarlo vacío, pero no se preocupó en lo absoluto.

-Seguro fue a comprar algo al pueblo –se dijo y regresó al lado de Blaise que lo recibió con los brazos abiertos.

Estuvieron retozando en la cama hasta que el hambre los obligó a levantarse muy cerca del atardecer.

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Nigel abrió la puerta del departamento con mucho cuidado. Revisó que todas sus trampas estuvieran en su lugar y suspiró de alivio al ver que no faltaba ni una de ellas. Entró y aseguró la puerta antes de aventarse a un sillón para descansar. Tuvo que ir al banco para transferir su cuantiosa cuenta bancaria a Suiza y eso le había llevado más tiempo del previsto. Miró por la ventana y decidió que esperaría a que la noche cayera para irse de la ciudad. Tomó la pistola que llevaba a la cintura y revisó que estuviera cargada y lista para disparar. Aún cuando estaba seguro de que jamás lo localizarían en ese lugar, se sentía más seguro teniendo el arma cerca. Se levantó al cabo de unos minutos de descanso y decidió tomar un baño. Se desvistió con calma y se metió a la ducha. Llevaba apenas un minuto ahí cuando se dio cuenta que el agua comenzó a salir llena de tierra. Se apartó de inmediato de la regadera mientras se preguntaba qué era lo que pasaba.

-Seguro se rompió una tubería –dijo en voz alta y estiró la mano para cerrar la llave, pero algo muy frío en su espalda lo hizo quedarse quieto.

-No, querido… es un baño muy especial para ti –escuchó que le decía la melodiosa voz de Tonks–. Métete al agua.

Nigel se quedó congelado al escuchar la voz de la chica, pero reaccionó violentamente después de un segundo. Se viró con la velocidad del rayo y se le fue encima, pero tal parecía que Tonks esperaba el ataque porque aunque lo dejó llegar a ella, no le permitió derribarla. Forcejearon por el arma y Nigel alcanzó a darle un rodillazo en el estómago a la chica que aguantó el golpe y se lo devolvió, pero en sus partes nobles. Nigel luchó contra el dolor, pero sucumbió cuando recibió un tremendo pisotón en su pie desnudo. Se quedó temblando en el piso rogando porque esa loca le proporcionara una muerte rápida, pero sabía que eso no iba a suceder. La miró con odio y ella le guiñó un ojo con picardía.

-Comencemos de nuevo, querido. Métete al agua y no hagas más estupideces –la orden fue acompañada con una fuerte patada a las costillas.

Nigel sintió que algo muy filoso se le enterraba en la carne y alcanzó a ver que una navaja sobresalía de las botas de Tonks. Se incorporó con mucho esfuerzo del suelo e intentó atacarla de nuevo, pero fue inútil pues ella fue más rápida y le dio otra poderosa patada en una pierna. Volvió a caer al suelo, pero ahora tenía una herida muy impresionante pues ella había deslizado el arma por su carne y logró hacerle un corte muy largo y profundo.

-Si quieres seguir llenándote de hoyos, te complaceré Nigel –y logró herirlo profundamente en otras tres partes de su cuerpo.

A Nigel los cortes le ardían endemoniadamente y supo que la chica le había puesto una sustancia corrosiva al cuchillo para hacer más dolorosas las heridas.

-Te aconsejo que me mates ahora que puedes, Tonks –dijo Nigel apenas soportando el dolor–. Porque te juro que si te pongo las manos encima, te despedazaré.

-Me encantaría poder complacerte, pero tengo órdenes precisas –lo hizo entrar a la ducha con lujo de violencia y lo puso bajo el agua sucia–. Pero no te preocupes, morirás –casi lo ahoga cuando lo obligó a recibir el agua en el rostro–. Y te haré gritar como nunca lo has hecho… créeme.

Nigel tembló de miedo pues sabía que iba a cumplir su amenaza y rogó con desesperación por una salvación que nunca llegó.

A Tonks no le fue difícil colocar el maltratado e inerte cuerpo de Nigel en un callejón pues lo único que tuvo que hacer fue tirarlo por una ventana y mentalmente le dio las gracias por haber facilitado su misión. Sabía que el muchacho correría a esconderse a ese lugar que pensaba no era conocido, pero Dolores sabía de su existencia desde que lo adquirió. Tonks no era una persona muy brillante, pero la paciencia era una de sus virtudes. Se mantuvo oculta sabiendo que Nigel debía salir en algún momento de su escondrijo y su espera fue recompensada. Se coló en el departamento sin tocar las trampas que había colocado el muchacho y se fue directo al baño para llenar el depósito del agua con lodo. Dolores ordenó que su muerte debía ser idéntica a la de los vagabundos y por eso tenía que darle un aspecto sucio y maloliente. Disfrutó de su crimen como siempre lo hacía y tuvo el cuerpo listo en poco tiempo. Miró por la ventana y arrugó el ceño al ver la forma en que Nigel había quedado sobre el pavimento. Estaba todo desmadejado y se notaba a leguas que había caído. Sabía que la policía no pasaría por alto ese detalle y supo que tenía que bajar a acomodarlo. Salió del departamento y revisó que no hubiera nadie en la calle antes de adentrarse en el callejón. Se agachó y acomodó el cuerpo lo mejor que pudo. Ya estaba a punto de levantarse cuando vio que una enorme sombra se cernía sobre ella. Instintivamente se llevó la mano a la cintura para tomar el enorme cuchillo que llevaba oculto bajo su suéter.

-¡Tonks¿Qué haces aquí? –reconoció la voz de Hagrid y se levantó sopesando la idea de matarlo o no.

-Pasaba por aquí y un hombre salió corriendo del callejón –le explicó todavía sin decidirse a terminar con su vida–. Entré y me encontré con esto –se hizo a un lado para que el gigantesco hombre viera a Nigel.

-¡Otro vagabundo asesinado! –se arrodilló frente al cadáver dejando al descubierto su amplia nuca–. ¡Diablos! Ya con este son seis los muertos.

-Pobre hombre¿verdad? –la chica sacó lentamente el cuchillo de entre sus ropas.

-¿Segura que estabas aquí por casualidad? –se levantó del piso y ahora la chica tenía como blanco su enorme espalda.

-Bueno… Parvati me dijo que no sería mala idea que tratara de encontrar al asesino de los vagabundos –mintió… ya levantaba el cuchillo para dar el fatal golpe.

-¿¡Quééé´!? –Hagrid se dio la vuelta con tanta brusquedad que uno de sus brazos dio contra el cuerpo de Tonks y la hizo dar varios pasos hacia atrás.

Sabiendo que había perdido la oportunidad de matarlo sin que hubiera escándalo, Tonks se guardó el arma discretamente.

-A ella también le interesa está noticia¿no lo sabías? –siguió mintiendo.

-¡No puedo creerlo! –dijo atónito, pero pronto enfureció–. ¡Pero esa chica va a escucharme! –y salió a grandes zancadas del callejón.

Tonks lo siguió y pensó en llevarlo a un lugar donde pudiera matarlo sin ningún problema, pero cambio de opinión cuando se dio cuenta que Hagrid no sospechaba de ella. Había desviado su atención hacia Parvati y ahora su mente estaba centrada en la supuesta traición de la muchacha. Lo vio llamar a un policía de crucero y se fue antes de que la gente se comenzara a juntar. Sabía que Hagrid se atribuiría el descubrimiento del cuerpo y eso la beneficiaba. Volvió a su cuartel general justo a tiempo para acompañar a Dolores a una visita social… según dijo ella.

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Parvati y Justin llegaron a la televisora y ambos se derrumbaron en la oficina de la chica. Habían tratado de entrevistar a algún alto ejecutivo de los laboratorios que distribuían el medicamento de etiqueta dorada, pero nadie quiso recibirlos. Dieron vueltas por el edificio para ver si podían ver algo sospechoso, pero fueron obligados a alejarse. Después de eso recorrieron muchas farmacias y el ánimo se les fue al suelo al ver que el medicamento estaba en todas partes y a un precio por demás accesible. Lograron que un jovencito no lo comprara al convencerlo de que estaba caduco, pero obviamente no podían detener su distribución de esa manera.

-Deberías dar la noticia esta misma noche, Parvati –dijo Justin mientras se estiraba en la silla–. No podemos permitir que esa cochinada se siga vendiendo.

-No puedo hacer eso –la chica negó con tristeza–. No tengo la suficiente evidencia para demostrar que estoy diciendo la verdad. Mi credibilidad caería a cero y les daría la oportunidad a esos chacales de buscar una salida. No. Primero debemos buscar más pruebas.

-¡Pero alguien más puede morir! –la miró desesperado–. ¡Tu amigo Víktor pudo haberlo hecho hoy!

-Sí, pero afortunadamente el novio de Neville le dijo a Sirius... –calló repentinamente –. ¡Pero qué estúpida soy! –se golpeó la frente con la mano abierta–. ¿¡Cómo no me di cuenta antes!?

-¿De qué hablas? –la miró confundido.

-¡Blaise tuvo acceso al medicamento en el tiempo en que todavía estaban haciendo las pruebas!

-¿Quién es Blaise? –preguntó con curiosidad al tiempo que la puerta de la oficina se abría abruptamente.

-Yo puedo decirte quién es Blaise, Justin –dijo Hagrid molesto y fulminó con la mirada a Parvati–. ¿¡No me dijiste que sólo estabas en ese callejón por pura casualidad, Patil!? –avanzó amenazadoramente hacia la chica que sólo atinó a quedársele viendo con los ojos muy abiertos–. ¿¡Acaso yo me meto en tu campo, chica¿¡No, verdad¿¡Entonces explícame por qué quieres robarme mi noticia!?

-¡Cálmate, Hagrid! –le dijo cuando encontró la voz–. ¡No sé de qué hablas!

-¡No te hagas la inocente! –dio un tremendo puñetazo en el escritorio que logró hacer temblar hasta el piso–. ¡Me pasé horas recorriendo los refugios buscando pistas sobre ese asesino en serie y tú mandas a Tonks a que haga lo mismo!

-¡Nunca hice tal cosa! –lo miró como si se hubiera vuelto loco–. ¿¡Quién diablos te dijo eso!?

-¡La misma Tonks! –volvió a golpear la mesa–. ¡Tuvo que confesármelo cuando la encontré junto al cadáver de otro vagabundo!

-¿¡¡¡Quééé!? –gritaron al mismo tiempo Parvati y Justin.

-¡Maldita sea! –un tercer golpe logró quebrar una esquina del escritorio–. ¡Si al menos hubiera sido yo el que encontrara a ese pobre infeliz! –se quejó amargamente–. ¡Pero no¡Tuvo que ser tu sabueso quién lo hiciera! –volvió a verla con fiereza.

-Hagrid… –Parvati se puso frente al furioso hombre temerariamente–. … te juro por lo más sagrado que tengo que no mandé a Tonks a interferir en tu trabajo.

-Y yo estoy de testigo –intervino Justin–. Parvati da todas sus órdenes a través de mí y jamás le dijo a Tonks que se pusiera a recorrer la ciudad en busca de asesinos. Ella debió hacerlo por su cuenta.

-¿No me están mintiendo? –los enormes ojos de Hagrid estaban llenos de lágrimas.

-Te lo juro por mi vida –le dijo Parvati con extrema seriedad–. Nunca me atrevería a hacerte algo tan bajo.

-¿Entonces por qué Tonks me mintió? –se limpió una lágrima que alcanzó a escapar.

-Tal vez porque ya no quiere estar en las noticias deportivas y quiere impresionar a tu jefe con su propia investigación sobre la muerte de los vagabundos –sugirió Justin.

-¡Pues que sucia! –ahora su enojo estaba dirigido hacia la chica de cabellos violeta.

-¿Podrías explicarme que quisiste decir con eso de que sabes quién es Blaise? –preguntó Parvati esperando que el hombre no se negara a compartir información.

-Esto quedará entre nosotros¿verdad? –Hagrid los miró con desconfianza.

-Mi boca está sellada –Justin levantó la mano derecha.

-La mía también –Parvati imitó a su asistente.

-¡Descubrí algo fantástico! –dijo muy animado y se sentó sobre el maltrecho escritorio–. No es sólo un hombre el que ha estado asesinando a los vagabundos¡si no dos!

-¡No puedo creerlo! –exclamó Justin emocionado–. ¿¡Y cómo sabes eso!?

-Todos los vagabundos están muy asustados por las muertes y ya nadie quiere estar en la calle y por eso tuve a mucha gente para interrogar –comenzó a explicar Hagrid con los ojos brillantes–. En el primer refugio que visité no encontré nada interesante, pero en el segundo fue cuando me enteré de esto. Un vagabundo me dijo que una noche, hace como dos semanas aproximadamente, llegó un muchacho muy delgado y demacrado y se acostó en una cama cercana a la suya. Según él, el muchacho se movía demasiado y no lo dejaba dormir así que se levantó y fue a acostarse a una esquina del cuarto. Cuando ya casi se quedaba dormido escuchó que la puerta se abría con violencia y vio entrar a un hombre de muy talante que se fue directamente contra el recién llegado. Lo hizo caer al suelo y le gritó que esa cama era suya. Como no quería meterse en problemas se cubrió completamente para pasar desapercibido, pero volvió a mirar cuando el hombre le gritó al muchacho que iba a morir. Dice que sacó un enorme cuchillo y que trató de clavárselo en el pecho, pero falló y que cuando estaba a punto de volver a atacarlo, otro hombre entró a la habitación. El muchacho aprovechó la interrupción y pudo empujar al asesino para luego escapar por la ventana del cuarto, pero no antes de recibir un navajazo en la pierna. La huída del chico provocó una enconada discusión entre los dos hombres antes de que salieran tras el fugitivo. ¿¡No les parece, increíble!?

-¿Y en qué momento aparece Blaise? –preguntó Parvati bastante impresionada por lo que había podido averiguar su amigo.

-¡El fugitivo es Blaise! –exclamó Hagrid como si fuera lo más obvio del mundo–. El vagabundo afirma que los asesinos dijeron ese nombre varias veces mientras discutían.

-¿Y por qué ese hombre no ha acudido a la policía? –preguntó Justin.

-Primero porque parece que las peleas por las camas es algo muy común en los refugios y no le dio importancia aún cuando trataron de hacerle daño a ese chico y segundo porque no quiere convertirse en el blanco de los asesinos. Me lo dijo a mí porque le afirmé que no soy de la policía.

Hagrid y Justin siguieron discutiendo sin percatarse que la chica se había quedado callada.

'¿Muy delgado y demacrado?' –se preguntó Parvati pensativa–. 'Blaise no es un nombre muy común y el novio de Neville también está muy delgado¿pero será posible que sea el mismo muchacho que trataron de asesinar en el refugio?' –cerró los ojos tratando de recordarlo por completo.

Revivió la discusión entre Harry y Neville pues fue cuando más observó a Blaise. Era tan inverosímil ver una pelea entre esos dos grandes amigos que se quedó mirando a su causante. El chico temblaba y temblaba sin parar a espaldas de Neville… levantó una mano y se mordió los nudillos cuando Harry gritó que era un vividor… luego la puso en su pecho cuando Neville mencionó a Draco… se la llevó a su pierna izquierda y ya no la movió de ahí. Su corazón se aceleró al recordar que se la masajeaba sin parar y su rictus de dolor cuando Neville lo obligó a caminar hacia la salida.

Tenía herida la pierna¡Es el mismo Blaise!' –abrió los ojos de golpe–. '¡Y la mafia lo quiere muerto!' –se hizo del teléfono y marcó el número celular de Neville–. '¡Contesta, por todos los cielos¡Contesta!' –rogó sin parar, pero fue mandada al buzón de voz–. '¡Maldita sea!' –colgó con rudeza el aparato y eso provocó que Hagrid volteara a verla.

-¿Qué pasa? –le preguntó él con recelo–. ¿Con quién ibas a hablar?

-Con mi amigo Neville –le contestó mientras se mordía una uña–. Mi amigo Víktor está muy grave y le hablaba para saber cómo seguía –caminó a la puerta–. Mejor voy a ir a verlo al hospital. ¿Me acompañas, Justin?

-Por supuesto –se apresuró a seguirla sin comprender por qué mentía.

-¡Su boca está sellada¡No lo olviden! –les gritó Hagrid antes de que salieran casi corriendo de la oficina.

Fue hasta que ya corrían por las calles en el auto de Parvati que Justin pudo interrogarla.

-¿Qué pasa, Parvati? Sabes que tu amigo Víktor está bien.

-¡Blaise está en peligro de muerte¡Hay que encontrarlo antes de que lo hagan esos hombres!

-¿¡De qué diablos estás hablando!? –se puso el cinturón de seguridad cuando su jefa se pasó un alto sin ninguna precaución–. ¿Conoces a Blaise?

-Sí –le entregó su teléfono para insistiera en el número celular de su amigo–. Busca el número de Neville y márcale. Necesitamos verlos con urgencia.

Justin todavía no comprendía del todo lo que estaba pasando, pero pensó que si Parvati tenía razón entonces Blaise era un gran testigo y con su testimonio podrían desenmascarar a la organización que fabricaba el veneno.

-Me manda al buzón de voz –dijo Justin enojado y le devolvió el teléfono–. ¿Por qué mejor no vamos a su casa?

-Ya estamos ahí –Parvati había manejado directamente a la casa de Neville.

Bajaron corriendo del auto y la chica apretó el timbre furiosamente. Le pareció eterno el tiempo en que escuchó pasos, pero para su desgracia no fue el alto muchacho el que abrió la puerta, sino una mujer madura.

-¿Pero qué les pasa? –preguntó la mujer molesta–. ¿Acaso creen que estoy atrás de la puerta?

-Discúlpennos –dijo Parvati automáticamente–. ¿Está Neville? –trató de entrar, pero no le fue permitido.

-No, no está –le contestó de mala manera.

-¿Y Blaise?

-Tampoco –los miró con sospecha–. ¿Quiénes son ustedes?

-Somos amigos de ellos –dijo Justin ofreciéndole la mejor de sus sonrisas.

-Salieron desde en la mañana y no han regresado –esa sonrisa fue mágica pues a la mujer el enfado se le esfumó como por encanto–. Pero pueden pasar a esperarlos –les abrió la puerta de par en par.

-No, gracias –dijo el muchacho cuando Parvati negó con la cabeza–. ¿Sabe si alguien más ha venido a buscarlos?

-¡Oh, claro! –los dos se pusieron alertas de inmediato–. Vinieron dos hombres muy guapos –Justin sonrió para sus adentros cuando la mujer puso cara de ensoñación–. Altos y con mucha personalidad… uno era muy rubio y el otro vestía completamente de negro –los describió embelesada.

'Seguramente eran Lucius y Severus' –pensó Parvati–. Gracias, señora. No la molestamos más.

-Hasta luego –la mujer miró a Justin y le guiñó un ojo–. Regresen cuando quieran.

-¡Pero qué mujer más coqueta! –dijo Justin riendo cuando regresaban al auto–. ¡Necesitaba un pañuelo con urgencia!

-Y nosotros necesitamos encontrar a Neville y a Blaise a cualquier costo –cerró los ojos–. ¿A dónde habrán ido?

-¿Por qué no los buscamos en los lugares que tu amigo frecuenta?

-No tenemos otro remedio –se subieron al auto–. Espero que los encontremos rápido.

-Yo también.

Parvati arrancó el auto y empezaron a hacer un recorrido por todo Londres.

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Hasta luego !!!!!!!!!