Ojos grises (Neville) (16/20)
Clasificación R
Parejas Neville/Blaise
Disclaimer Los personajes de esta historia son propiedad de J.K. Rowling y la Warner Bros. Esto es puro entretenimiento y no me reporta beneficio económico alguno.
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Capítulo XVI. El secuestro
El reloj marcaba cerca de las cinco de la tarde cuando Colin llegó a la casa de Neville. Sabía que no tenía un buen pretexto para estar ahí, pero ya no soportaba estar más tiempo alejado de él. Tocó el timbre y a los pocos segundos escuchó pasos que se acercaban. Se pasó una mano por su cabello rubio para arreglárselo y puso una sonrisa en su rostro cuando abrieron la puerta.
-Buenos tardes, señora –saludó con educación a la mujer al tiempo que la reconocía como miembro del servicio doméstico–. Busco a Neville. ¿Podría decirle que Colin Creevey quiere verlo?
-No se encuentra, joven –informó la mujer sonriente y el ánimo se le fue por los suelos–. Salió desde en la mañana.
-¿Y no sabe a qué hora volverá?
-Lo siento, pero no. Los señores no me dijeron nada.
-¿L-los s-señores? –preguntó impactado.
-Sí. Ahora también salió el señor Blaise. Me pareció que iban a una especie de club porque ambos iban vestidos con ropa deportiva. Algo que me parece muy mala idea porque el señor Blaise aún tiene muy mal aspecto.
-¿Y… y tienen mucho tiempo de vivir juntos? –le preguntó mortalmente pálido.
-Pues la verdad no lo sé –le dijo la parlanchina mujer–. A mí contrataron la semana pasada, pero me imagino que sí –hizo un gesto de complicidad–. El señor Neville trata con mucho cariño al señor Blaise porque estuvo muy enfermo. ¡El pobre está muy delgado! De hecho, hoy es la primera vez que sale desde que yo llegué.
-¿Entonces son pareja? –apenas pudo formular la pregunta porque tenía cerrada la garganta.
-Pues sí –suspiró con pesadez–. A mí todavía no acaban de agradarme ese tipo de relaciones, pero los dos son muy amables conmigo y la paga es buena. Mientras no los vea haciéndose cariños, me doy por bien servida.
-Entonces no está segura de que sean novios –tuvo un pequeño respiro, pero duró poco.
-¡Oh, no¡Sí estoy segura! Cada vez que el señor Neville se va a trabajar me dice que cuide a su tesoro y el señor Blaise se la pasa todo el día suspirando sobre el retrato del joven.
-Le agradezco que me haya atendido –dijo Colin no soportando escuchar más–. No es necesario que le diga a Neville que vine a buscarlo.
-Estoy a sus órdenes, joven –le dijo la mujer y cerró la puerta.
Colin se quedó parado frente a la casa de Neville sin saber qué hacer. Estaba asombrado por el dolor tan fuerte que sentía dentro del pecho y por las abundantes lágrimas que comenzaron a correr por sus mejillas. Era cierto que Neville había llamado poderosamente su atención, pero jamás creyó posible que llegara a enamorarse de él en tan poco tiempo. Tuvo que morderse los labios para acallar el grito de dolor que subió por su garganta al comprender que ya no tenía ninguna oportunidad de conquistarlo.
'Ahora sé por qué deseaba volver a su casa con tanta ansiedad' –le lanzó a la lúgubre casa una mirada llena de tristeza–. 'Quería retornar a los brazos de su pareja' –lanzó una pequeña carcajada llena de desdicha–. '¡Y yo que pensaba que quería buscar a su amigo Harry¡Pero qué tonto eres, Colin¿Cómo es posible que te enamoraras de él? Neville es un hombre decente y honesto mientras que tú te estás revolcando en el fango'
Y como para confirmar que estaba metido hasta el cuello en negocios sucios, su teléfono sonó en ese momento. Se tomó un par de segundos antes de contestar pues no quería que Crounch se diera cuenta que estaba llorando.
-¿Qué pasa? –le contestó sin saludarlo.
-No me interesa saber por qué no estás con Flamel, pero la jefa te quiere ahí en menos de 10 minutos¿me entendiste? –y colgó sin esperar contestación.
Con la mayor desgana del mundo se subió a su automóvil y condujo deprisa hasta su trabajo. Le bastó una simple hojeada a la calle para saber que a Dolores Umbridge se le había agotado la paciencia y quería tener en su poder la investigación de Nicholas Flamel sobre el elixir de la vida lo más pronto posible pues distinguió a Crounch dentro de un auto que estaba aparcado frente a la entrada de los laboratorios. No le sorprendió ver que uno de los tantos gorilas de la mujer fuera el que le abriera la puerta del estacionamiento. No quiso detenerse a mirar, pero le pareció que había un hombre bañado en sangre dentro de la caseta de vigilancia. Frunció el ceño preocupado. ¿Qué había sucedido para que su jefa actuara con tanto apresuramiento? No lo sabía, pero el color huyó de su rostro cuando llegó al laboratorio donde había trabajado la última semana. Se quedó petrificado al ver que la misma Dolores estaba parada junto a Nicholas que la miraba con marcada burla. Con ella estaba Tonks y otros dos hombres. El anciano ya tenía sobre su rostro la marca de los puños de Tonks. La chica lo miraba con avidez sólo esperando una señal de su jefa para seguir infligiéndole dolor. Dolores le dirigió una breve mirada a Colin antes de indicarle a la joven que podía seguir golpeando a Nicholas. El rubio miró hacia otro lado cuando escuchó el primer golpe. Después de ése siguieron muchos más, pero el anciano los resistió con sorprendente entereza.
-No tienes que soportar esto, Nicholas –Dolores le hizo una seña a Tonks para que se detuviera–. Dame lo que vine a buscar y te dejaré en paz.
-Ya te lo dije, Dolores –le contestó el anciano ya sangrando abundantemente de la nariz–. Puedes molerme a golpes, pero no te daré nada.
-¡Eres un necio! –lo miró con furia–. ¡Siempre lo has sido!
-Y tú siempre has estado loca –recibió un fuerte golpe en el estómago por su atrevimiento.
-¡Colin! –Dolores se giró bruscamente hacia el rubio–. Dame la investigación de este imbécil.
Nicholas abrió desmesuradamente los ojos cuando el rubio caminó hacia donde estaba su bóveda secreta. Había pensado que nadie la conocía y maldijo interiormente al chico. Una fugaz sonrisa se dibujó en sus labios al ver los problemas que tenía para abrirla, pero el alma se le fue por los suelos al ver que los otros hombres iban preparados para lo que fuera. En cuestión de minutos la puerta cedió ante sus embates y Dolores tuvo entre sus manos la investigación sobre el elixir de la vida.
-Mátalo –ordenó Dolores a Tonks con una sonrisa torcida.
A la chica no tuvieron que decírselo dos veces. Sus ojos se llenaron de malsana satisfacción mientras sacaba un enorme cuchillo. Nicholas tomó aire y esperó el falta golpe con la barbilla en alto.
-Creo que eso sería mala idea, señora –dijo Colin repentinamente.
-¿Por qué lo dices? –Dolores lo miró ceñuda–. Me consta que la investigación está completa –se acercó amenazadoramente a él–. Información que por cierto no me diste tú.
-Porque sería incapaz de engañarla –le costó mucho trabajo sostenerle la mirada–. No sé quién le habrá dicho eso, pero está equivocado. Al señor Flamel todavía le falta mucho para terminarla.
-No te creo –lo miró dudosa.
-No niego que mi colega está sumamente satisfecho porque ha avanzado mucho en su investigación, pero eso no quiere decir que esté finalizada.
-¿Entonces para qué te tengo a ti, querido? –le pasó la mano por la mejilla–. Eres un excelente químico y no creo que no puedas terminarla por él.
-Puedo hacerlo –le dijo con total confianza–. Pero si ese hombre está a horas de obtener el elixir ¿por qué esperar días por él?
-Ni en cien vidas podrías lograrlo, miserable traidor –dijo Nicholas y miró con odio al rubio–. Además, pierdes tu tiempo… no cooperaré.
-Lo hará o de lo contrario… –Colin se acercó al anciano y le murmuró algo al oído.
Dolores vio con enorme satisfacción como el color huía del rostro de Nicholas y comenzaba a temblar incontrolablemente.
-N-no t-te a-atreverías –tartamudeó el anciano.
-Yo no, pero ella sí –señaló a Tonks que jugueteaba con el enorme cuchillo.
-Está bien… ustedes ganan –aceptó Nicholas casi llorando.
-No podemos seguir aquí –dijo Colin mirando el desastre en que se había convertido el laboratorio–. Debemos llevarlo a otra parte.
-¿Y adónde sugieres que lo llevemos? –dijo Dolores ceñuda pues lo que más le desagradaba eran las largas esperas–. Nuestro laboratorio está a dos días de aquí.
-El viejo me comentó que tiene montado un laboratorio muy completo en su casa de campo –dijo Colin y se ganó otra mirada cargada de odio por parte del anciano–. Si no mal recuerdo está a una hora de viaje.
-Sé a cual te refieres –Dolores sonrió horriblemente–. Partiremos de inmediato hacia allá.
Los dos hombres trataron a Nicholas con suma rudeza cuando lo obligaron a caminar hacia la salida. Tonks siguió a Dolores y a Colin con expresión tranquila porque sabía que tarde o temprano asesinaría al anciano.
-¿Cómo convenciste a ese viejo necio a cooperar, Colin? –preguntó Dolores curiosa cuando ya estaban dentro de un automóvil.
Tonks viajaba con ellos mientras que Nicholas fue subido a otro auto con los rudos hombres como guardianes.
-Le dije que su virilidad saldría volando por la ventana si no le daba lo que quería –una sonrisa muy burlona se dibujó en sus labios–. Una de las cosas que más ansía ese pobre infeliz es volver a estar con una mujer.
-¡Pero qué imbécil! –exclamó Dolores satisfecha con la respuesta.
Colin apenas pudo sofocar un suspiro de alivio al ver que su jefa se había creído su mentira. La amenaza que le murmuró al oído al anciano fue muy diferente, pero la mujer no debía enterarse de ella bajo ninguna circunstancia pues de lo contrario Neville estaría en grave peligro. Sabía que no debía haber involucrado a la persona que amaba en ese asunto, pero sólo así había podido ganar tiempo y buscar la manera de salvar a Nicholas Flamel de una muerte segura.
'Una misión imposible de realizar, pero al menos lo intentaré' –se dijo mientras miraba por la ventana como abandonaban la ciudad.
El saber que no era digno de Neville lo hizo arrepentirse de todas las cosas equivocadas que había estado haciendo. Cerró los ojos con fuerza al recordar la enorme satisfacción que sintió cuando descubrió la forma de ocultar un mortal anabólico para poder comercializarlo. El estómago se le revolvió y sofocó un sollozo al saber que era el responsable directo de que muchas personas muy pronto estuvieran esclavizadas a una droga tan adictiva que jamás podrían escapar de ella. Esa droga también estaba magistralmente oculta en el 'dorado' y su existencia era de lo que más se enorgullecía hasta hacía menos de media hora.
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Parvati supo de inmediato que algo andaba mal pues las puertas del estacionamiento de los laboratorios donde trabajaba Nicholas Flamel estaban abiertas de par en par. Dejó su auto a la mitad para bloquear la salida y le dijo a Justin que bajara. Caminaron hacia la caseta de vigilancia con sigilo y apenas ahogaron un grito al ver que los dos guardias de seguridad estaban muertos.
-¡Dios¿¡Pero qué diablos pasó aquí!? –dijo Justin tomándose la garganta instintivamente al ver que los dos hombres muertos tenían un enorme tajo en el cuello–. ¡Hay que avisar a la policía!
-Hazlo, pero dame un par de minutos para entrar y salir –un feo presentimiento hizo que su estómago se encogiera.
-Corre pues –dijo Justin con reloj en mano.
Parvati se metió al edificio y corrió muy aprisa por los pasillos. Mentalmente agradeció el hecho de usar zapatos de piso en lugar de molestas zapatillas. En pocos segundos llegó al laboratorio de Nicholas Flamel y confirmó sus sospechas. Una simple hojeada al lugar le hizo saber que el hombre había sido secuestrado junto con su investigación sobre el elixir de la vida… la vista de una caja fuerte violada era la clara evidencia del robo. Habían ido a verlo porque recordó que Neville era amigo del anciano y esperaba que le diera alguna información sobre su paradero. De hecho fue gracias a una recomendación personal del muchacho que Nicholas accedió a ayudarla con el examen de sangre del caballo muerto. Regresó al lado de Justin en menos del tiempo señalado y se quedaron en el lugar esperando la llegada de la policía.
-Nicholas no está –le dijo Parvati al chico cuando colgó el teléfono–. Y estoy segura de que la mafia lo secuestró.
-¿Habrá sido por qué descubrió el anabólico escondido?
-Por eso o porque andan tras su investigación del elixir de la vida –le contó sobre la caja fuerte–. Ahora me urge más que nunca encontrar a Blaise.
La policía llegó y los separaron para interrogarlos. El agente que le tocó a Parvati insistía en que debía acompañarlos a la comisaría para ampliar su declaración, pero ella se negaba. Sabía que si iba con ellos, no la dejarían salir en por lo menos 12 horas. El agente ya estaba a punto de subirla a una patrulla cuando alguien lo detuvo.
-Déjela marchar –le ordenó un hombre con gafas oscuras.
-¿Y quién es usted? –el oficial lo miró retadoramente.
El hombre le enseñó una credencial que provocó un cambio radical en el agente.
-¡Claro¡Por supuesto! –liberó el brazo de Parvati que se preguntó quién sería el recién llegado.
-También al otro muchacho –señaló a otra patrulla donde ya se encontraba Justin.
-Enseguida –el oficial corrió a liberar a Justin que se reunió con la chica.
-Síganme –les dijo el hombre de las gafas a los jóvenes y ellos lo siguieron preguntándose qué pasaba ahí.
Grande fue su sorpresa cuando fueron conducidos a una elegante limousine que se encontraba estacionada no lejos de ahí. Parvati subió sabiendo exactamente a quién encontraría dentro. Dos pares de ojos los miraron con desaprobación y ella se preguntó molesta como era posible que esas simples miradas la hicieran sentirse como si acabara de hacer una travesura.
-No voy a perder el tiempo en pláticas inútiles, niña –comenzó a decir Lucius con extrema seriedad–. Como acabas de comprobar, te estás metiendo con gente muy peligrosa y por lo tanto te recomiendo que te abstengas de seguir interviniendo en este asunto.
-No voy a hacerlo, señor Malfoy –le contestó Parvati cuando se repuso de la impresión de ver al hombre como a su padre–. He estado tras esta noticia por mucho tiempo y no voy a dejarle el crédito a nadie más.
-¿Aún cuando eso te cueste la vida, Parvati? –preguntó Severus tan serio como el rubio.
-Así es, señor Snape –afirmó con determinación.
-No cambiarás de opinión¿verdad? –Lucius entrecerró sus ojos grises.
-No –levantó la barbilla con obstinación, pero enseguida los miró con recelo–. ¿Pueden explicarme qué hacen aquí?
-Nuestra presencia demuestra que debes ser más discreta en el futuro –un leve rubor cubrió las mejillas de Parvati–. Oliver escuchó su conversación y luego me la contó –los dos jóvenes cruzaron una acongojada mirada–. Y sólo porque sé que es totalmente inútil tratar de convencerte para que te olvides del asunto, cooperaré contigo para detener a esa mafia lo más pronto posible.
-¿Entonces sabe que es una mafia?
-Por supuesto que sí –el rubio dejó salir una pequeña sonrisa torcida–. No se necesita ser un genio para saber que a ese medicamento se le ha invertido mucho tiempo y dinero.
-Está bien –Parvati dejó caer los hombros con desaliento–. Cooperaré con usted, pero prométame que me permitirá dar la noticia en exclusiva.
-Es un trato –le dijo con seriedad–. Ahora explíquenme que estaban haciendo aquí –los ojos grises derivaron hacia donde los paramédicos ya sacaban los cuerpos inertes de los guardias del laboratorio.
-Vine a buscar a un amigo de Neville para preguntarle por él –Parvati también miró por la ventana–. Blaise está en grave peligro.
-¿Y por qué dices eso? –preguntó Severus que aún sentía como se le encogía el estómago a la sola mención del chico.
-Porque ya intentaron asesinarlo –los dos hombres se le quedaron viendo con asombro y ella les contó lo que le había dicho Hagrid–. Durante las últimas 2 semanas han muerto varios vagabundos y ahora estoy segura de que fueron hombres de esa mafia los que los liquidaron –sus ojos brillaron–. ¡Están buscando a Blaise con desesperación!
-Tu razonamiento suena bastante lógico –dijo Lucius tocándose la barbilla–. ¿Y cómo crees que Zabini tuvo acceso al medicamento? Yo me inclino a pensar que también fue utilizado como conejillo de indias.
-Algo en lo que no estoy de acuerdo –intervino Severus.
-Yo tampoco lo creo –dijo Parvati pensativa–. Nos dijo que era alérgico a esa cochinada y no creo que hubiera soportado una segunda dosis. No… la obtuvo de otra manera –cerró los ojos–. Mencionó que la había tomado hacía como cuatro meses. ¿Dónde estaba Blaise en ese tiempo?
-Nadie lo sabe –Lucius miró con enojo a Severus que se hizo el desentendido–. La última vez que lo vieron fue en Irlanda hace siete meses.
-¿Lo tenían vigilado? –preguntó Justin sorprendido interviniendo en la plática por primera vez.
-Sí –el que le contestó fue Severus–. Y ni te atrevas a preguntar la razón –Justin cerró la boca con firmeza.
-Irlanda –musitó Parvati sin abrir los ojos–. Sé que algo importante sucedió ahí hace no mucho –apretó aún más los párpados–. Ayúdame a recordar, Justin.
-No tuvo lugar ninguna competencia de buen nivel, no hubo carreras de caballos ni… –comenzó a decir el chico hasta que fue interrumpido por el rubio.
-Hubo una matanza entre mafias hace como un mes –dijo Lucius y todos voltearon a verlo con asombro–. ¿Por qué me ven de esa manera? –rió divertido–. Albus me dijo que mataron a Dean Thomas, uno de los capos más peligrosos del norte de Irlanda. Para el gabinete de seguridad fue una suerte que esto pasara pues tal parece que ese hombre iba a meterse en grande con el tráfico ilegal de drogas.
-¿Se trataría de este anabólico? –preguntó Justin con ansiedad.
-No tengo idea –se encogió de hombros–. Según Albus, Thomas se dedicaba exclusivamente al tráfico de armas y aunque lo tenían bien identificado jamás pudieron demostrarle nada. El gobierno irlandés logró colocar a un soplón dentro de su organización y éste estuvo en ella una semana entera antes de que se produjera el ataque. Desafortunadamente ese hombre murió el día en que se enfrentaron las dos pandillas y nunca se supo exactamente quién se atrevió a matar a Thomas aunque se corre el rumor que fue la Reina Sapo.
-¿¡Quién!? –preguntaron los tres con cara de estupor.
-¡Esa misma expresión hice yo cuando Albus me lo dijo! –Lucius soltó una gran carcajada–. Se supone que es una mujer muy fea y peligrosa. No conocen su identidad, pero tal parece que controla todo el bajo mundo.
-¡Guau! –exclamó Justin–. Pues una mujer así no pasaría desapercibida¿no creen? El gobierno debería detener e investigar a todas las feas del país.
-No seas tonto, niño –dijo Severus molesto–. No puedes detener a una mujer por el simple hecho de ser fea.
-No… me supongo que no –se ruborizó por el regaño.
-Pues por lo que se ha dicho aquí, me parece que esa mujer es la responsable de todo –opinó Parvati–. Desde la muerte de ese tal Thomas hasta el ataque de esta tarde a Nicholas Flamel.
-¿Nicholas Flamel? –Severus arrugó el ceño–. ¿El químico?
-¿Lo conoces? –preguntó Lucius interesado.
-No personalmente, pero leí un libro que trataba sobre él. Según el autor ese hombre trata de descubrir la fuente de la vida eterna.
-No es así… trata de encontrar el elixir de la vida –lo corrigió Parvati antes de explicarles todo lo que había hablado con el anciano.
-Definitivamente fue capturado por la misma organización –opinó Lucius cuando la chica terminó–. Flamel descubrió el anabólico y por eso lo secuestraron.
-¿Y de qué manera entra Blaise en todo ese asunto? –preguntó Justin cuando un pequeño silencio cayó.
-Lo único que se me ocurre es que el novio de Neville estuvo relacionado de alguna forma con Thomas mientras estuvo en Irlanda –dijo Parvati y los otros la miraron con asombro–. Sé que suena descabellado, pero no encuentro otra explicación para que lo quieran muerto.
-Puede que tengas razón –dijo Lucius.
Parvati iba a decir algo más cuando su teléfono sonó. Lanzó un grito de gozo al ver de quién se trataba.
-¡Neville¡Gracias al cielo que das muestras de vida¿¡Dónde estás!? –soltó las preguntas sin respirar–. ¿¡Qué!? –se puso muy pálida–. ¡Dame la dirección! –sacó su cuadernito de notas y escribió apresuradamente–. ¡Escóndete y no dejes que los vean! Me comunico con la policía de inmediato. ¡Y oculta a Blaise lo mejor que puedas! –colgó y miró a Lucius–. Era Neville. Dijo que está en la casa de campo de Nicholas Flamel y que lo vio llegar con varios hombres y dos mujeres. Parece que lo están tratando con suma rudeza –Justin apretó los labios enojado–. No pudo comunicarse con la policía del lugar y me habló para que yo lo hiciera.
-Dame esa dirección –Lucius se hizo del papel y salió de la limousine.
El rubio regresó al cabo de un par de minutos.
-Listo. Ya se han despachado varios unidades para allá –miró a Parvati y a Justin con dureza–. Y ustedes van a quedarse aquí conmigo.
-Ni lo sueñe, señor Malfoy –Parvati estuvo fuera del auto en un parpadeo y su asistente la imitó–. Yo voy a ir a ayudar a Neville y a Blaise –y echaron a correr hacia el auto de la chica.
-¡Parvati¡Justin¡Regresen aquí de inmediato! –les gritó Severus, pero fue olímpicamente ignorado–. ¿Y ahora qué hacemos? –miró a Lucius.
-No tenemos más remedio que ir con ellos –dijo el rubio suspirando–. Harry jamás me perdonaría si abandono a su amigo en un momento como éste.
Lucius le ordenó a su chofer que no perdiera de vista el auto de Parvati que muy pronto salió de la ciudad.
-¿No te parece que esto se parece mucho a lo que sucedió con Oliver? –preguntó Severus torciendo la boca.
-Sí, con la diferencia de que ahora nosotros somos los locos que vamos tras un peligroso criminal –Lucius imitó su gesto–. Sólo hazme un favor –le dedicó una pequeña sonrisa–. Mantente fuera del alcance de las balas. No soportaría ver a mi hijo sufrir por ti.
-Te prometo que lo intentaré –no pudo evitar reír.
No les tomó demasiado tiempo llegar a la casa de campo de Nicholas Flamel. En cuanto pusieron un pie fuera del auto se dieron cuenta que el rescate se había complicado y sólo les restó rogar que Neville saliera ileso del intenso tiroteo que se escuchaba dentro de la casa.
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Hasta luego!!!!!!!!!
