Ojos grises (Neville) (18/20)
Clasificación R
Parejas Neville/Blaise
Disclaimer Los personajes de esta historia son propiedad de J.K. Rowling y la Warner Bros. Esto es puro entretenimiento y no me reporta beneficio económico alguno.
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Capítulo XVIII. ¿Cielo o infierno?
Todo era blanco y no podía ver ni el comienzo ni el fin de ese lugar. Miró hacia arriba y hacia abajo, pero todo era del mismo color. Sabía que estaba muerto, pero eso no le incomodaba en lo absoluto. Todo el sufrimiento había quedado atrás, pero lo que realmente lo hizo sonreír fue saber que Neville seguía con vida y lo que le ocurriera de ahora en adelante carecía de importancia. Se tocó el pecho buscando la herida que había provocado su muerte, pero luego se dijo que era tonto hacer eso. Él de hecho ya no tenía cuerpo y ahora era simplemente esencia. Volvió a mirar a su alrededor y se preguntó qué lugar sería ése. Suspiró profundamente al imaginar que sería el purgatorio. No sabía cuánto tiempo debía pasar ahí antes de ser llamado para ser juzgado por todo lo malo que había hecho durante su vida. Comenzó a caminar sólo porque no tenía nada mejor que hacer, pero pronto resultó ser muy monótono pues parecía que no se movía del mismo lugar. Se dejó caer y abrazó sus rodillas. Volvió a suspirar, pero ahora con añoranza al recordar los dulces besos de Neville. El muchacho sería lo único que extrañaría de la vida. El sentirlo cerca de él… escuchar su pausada respiración mientras dormía a su lado… la extrema calidez de su fuerte cuerpo… sus tiernas miradas. Pequeñas lágrimas rodaron por sus ojos que luego se perdieron en ese blanco interminable. Le pareció que ya llevaba mucho tiempo ahí sentado cuando escuchó que alguien lo llamaba. Levantó la cabeza tratando de identificar de donde provenía el sonido, pero éste parecía venir de todas direcciones. Se incorporó y miró a su alrededor.
'Tal vez ya llegó la hora de mi juicio' –pensó sin sentir ninguna emoción en especial y empezó a caminar sin dirección.
Una difusa figura apareció frente a él y trató de distinguirla, pero no le era posible. Titubeó sólo un segundo antes de seguir adelante. Conforme la figura se acercaba, una horrible sensación nació en su estómago. Le era terriblemente conocida, pero no lograba ubicarla. Se detuvo y miró a su alrededor buscando algún lugar donde esconderse pues de pronto sintió como el miedo empezaba a ser presa de él.
-Blaise –lo llamó una voz que hizo que la piel se le erizara de terror–. Ven… acércate.
-¡¡¡Noooo!!! –gritó con todas sus fuerzas antes de echar a correr en sentido contrario–. ¡No¡No¡No¡No! –siguió gritando.
¿¡Tan horribles habían sido sus pecados¿¡Tan equivocado había vivido¡No¡No creía merecer semejante castigo¡No podría soportar esa tortura por toda la eternidad! Se decía desesperado mientras corría y corría sin parar. Miró sobre su hombro y vio que la figura se acercaba inexorablemente a él. Se dejó caer derrotado sabiendo que jamás podría escapar y que Dean tendría más poder que nunca para hacerlo sufrir en ese lugar, que ahora sabía era el infierno, que cuando estaban con vida. Se encogió sobre sí mismo cuando lo escuchó llegar a su lado y se mordió los labios con fuerza mientras lloraba desconsoladamente.
-No, Blaise… ya no llores más –le suplicó Dean y se arrodilló junto a él–. Cada lágrima que derramas hace más grande mi desdicha –lo tomó entre sus brazos y lo acunó con inmensa ternura–. Lo último que quiero es hacerte llorar nuevamente, vida mía.
Blaise miró al hombre con ojos desorbitados. ¿¡Había oído bien¿¡Dean le había dicho 'vida mía'!?
-Sí, cariño… oíste bien –le sonrió con tanto amor que dejó a Blaise boquiabierto–. Te amo, Blaise… siempre te he amado.
-Dios… ¿qué es esto? –se preguntó sin saber qué era lo que estaba pasando.
¿Cómo era posible que el hombre que lo había torturado sin misericordia le dijera que lo amaba¿Qué pavoroso juego era ése?
-Esta es mi única oportunidad de decirte lo mucho que te amo y lograr tu perdón, mi amor –los ojos de Dean se llenaron de lágrimas ante el estupor de Blaise–. Se me concedió la enorme gracia de venir a verte para implorarte… para rogarte que me perdones por lo mucho que te hice sufrir –hundió la cara en el cuello del chico–. Estoy condenado por toda la eternidad a las tinieblas, pero te aseguro que mi mayor sufrimiento fue haber lastimado a la única persona que amé –volvió a mirarlo a los ojos–. Sí, Blaise… te juro que te amo. Te tomé a la fuerza y te obligué a permanecer a mi lado porque desde el mismo instante en que te toqué, supe que ya no podría vivir sin ti. Yo mismo viví un infierno porque jamás logré que me miraras con amor. Ni siquiera te imaginas cuanto ansiaba ver en tus hermosos ojos aunque fuera un poco de cariño. Te juro que quería acercarme a ti con delicadeza… con ternura, pero al ver en tus ojos temor, odio, sumisión, pero menos amor hacía que me volviera loco de celos y de frustración. Me preguntaba sin cesar quién sería el dueño de tu esquivo corazón y no sabes la infinidad de veces que estuve a punto de abrirte el pecho para ver quién habitaba en él. Noches enteras me dediqué sólo a contemplarte… a amarte sólo con la mirada. Quería tocarte como te lo merecías… con la más absoluta y ciega veneración, pero jamás pude controlarme y por eso… por eso… te maltrataba sin cesar. Descargaba en tu frágil cuerpo mi impotencia por no ser capaz de despertar en ti la llama del amor.
-Dean… yo… –trató de hablar, pero fue silenciado por la aparición de un inesperado e intenso llanto por parte de su antiguo amante.
-Déjame terminar, por favor –le pidió entre lágrimas–. No me queda mucho tiempo y tengo que decirte esto. La tarde en que te dejé encerrado en el despacho, supe que moriría y quise decirte lo mucho que te amaba, pero no pude hacerlo –le acarició las mejillas como lo había hecho ese día–. Mi corazón gritaba de dolor porque sabía que jamás podría volver a tocarte, porque jamás volvería a ver tus hermosos despertares y… que me iría con tu odio como mi peor condena. Rogué tu perdón con ese último beso, pero no me fue concedido. Dime que me perdonas, Blaise… perdóname, por favor.
Blaise tenía un nudo en la garganta. No podía creer que esto estaba realmente sucediendo, pero no podía permanecer imperturbable ante esa sincera súplica por lo que extendió una mano y secó las lágrimas que el hombre derramaba.
-Te perdono, Dean –le dijo con una sonrisa–. De todo corazón.
-Gracias, mi amor –suspiró profundamente y para asombro de Blaise, comenzó a desvanecerse muy lentamente–. No sabes cuánto ansío besarte, cariño –pasó un dedo por sus labios–. Pero no lo haré porque sé que tus besos ahora pertenecen a otro hombre… un hombre bueno que te ama tanto como yo.
-Sí –sonrió ante sólo la mención del amor de su vida–. Le pertenezco a Neville.
-Sé feliz con él, Blaise –le dio un beso en la frente–. Muy feliz.
-Eso ya no es posible –suspiró lleno de pesar–. Porque… –se cortó bruscamente porque un dolor muy fuerte atravesó su pecho.
-Vuelve a él –dijo Dean antes de desvanecerse por completo.
-¡¡¡Blaise!!! –la voz de Neville lo llamaba de algún lado–. ¡Lucha, por favor¡No me dejes! –trató de incorporarse, pero el dolor en su pecho no se lo permitía–. ¡Abre los ojos, Blaise¡Mírame, por todos los cielos¡¡¡Mírame!!!
Esa última palabra fue gritada con tal desesperación que lo obligó a levantarse. El dolor era insoportable, pero no le importó. Neville lo estaba llamando y él quería verlo de nuevo.
-Ya voy, mi amor… ya voy –musitaba mientras trataba de caminar, pero las piernas se le habían convertido en plomo–. Espérame… no te vayas –escuchó como la voz de Neville se hacía cada vez más débil y se aterró–. ¡No dejes de hablarme¡No sé por dónde ir! –miró a su alrededor, pero el blanco interminable seguía ahí–. ¡Neville¡No me abandones¡Háblame¡¡¡Háblame!!! –gritó desesperado al ya no escuchar la voz de su pareja y también porque sintió como el dolor de su pecho comenzaba a desaparecer–. ¡No¡No! –gritó aterrado–. ¡No quiero quedarme aquí¡Déjenme volver a él¡Por favor, por favor, por favor! –suplicó lastimeramente.
El dolor cesó por completo y cayó de rodillas llorando desconsoladamente al saber que había perdido la oportunidad de volver a ver a Neville.
-¡Ayúdame, Dean! –suplicó sin saber por qué lo había hecho–. ¡¡¡Ayúdame!!!
Abrió los ojos sorprendido cuando sintió que alguien lo abrazaba por la espalda y una gran alegría lo envolvió al ver que Dean había escuchado su súplica.
-Intercambio el perdón que se me concedió por la vida de mi amado Blaise –murmuró Dean y puso una mano sobre el pecho del muchacho.
Blaise gritó cuando el dolor volvió con tal fuerza que lo obligó a encogerse sobre sí mismo. El blanco repentinamente se convirtió en un caleidoscopio de colores que empezó a girar a su alrededor vertiginosamente. Sintió que se ahogaba y aspiró con fuerza para llenar de aire sus pulmones.
-¡Lo tenemos¡Lo tenemos! –escuchó decir a una voz de mujer–. ¡Ponle el respirador!
Blaise sintió que le colocaban algo sobre el rostro y siguió aspirando con rapidez.
-¡Mírame, Blaise¡Mírame! –escuchó que decía la voz quebrada de Neville y abrió los ojos–. ¡No vuelvas a cerrarlos, por favor! –le pidió su novio con desesperación–. Resiste… ya vamos a llegar al hospital.
Blaise quería hablar, pero no le era posible. Tenía la garganta cerrada por la emoción de volver a ver a su amado. Una lágrima brotó y Neville se la borró con tanta ternura que provocó que muchas más salieran.
-No vuelvas a dejarme, mi amor –le pidió Neville llorando tanto como él–. No quiero volver a perderte ¡No quiero! –le besó una mano que ya estaba canalizada a un suero.
La ambulancia arribó a un hospital donde ya un médico y varias enfermeras lo estaban esperando. Neville corrió detrás de ellos por los pasillos, pero no le fue permitido entrar a los quirófanos y se quedó fuera rogando porque la operación que iban a practicarle a Blaise le permitiera seguir viviendo.
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La policía declaró que ya no había ningún peligro cuando sacaron de la casa a Artemius Crounch esposado. A pesar de que todos sus cómplices ya habían perecido, el hombre se negó a rendirse y se atrincheró en una de las habitaciones de la planta alta, pero no tuvo más remedio que entregarse cuando se le agotaron las balas. Agachó la cabeza cuando Justin le tomó una fotografía en el momento en que era metido dentro de una patrulla y luego se tiró en el asiento. Lucius se acercó a un agente y después de un pequeño intercambio de palabras, le hizo una seña a Parvati. La chica no necesitó más que eso para entrar corriendo a la casa junto con Justin que comenzó a sacar fotografías a diestra y siniestra. Recorrieron la casa en su totalidad fotografiando los cuerpos inertes de los cómplices de Crounch. Cuando llegaron al sótano se quedaron literalmente petrificados al ver el cadáver de Tonks.
-¡No puedo creerlo! –dijo Justin atónito cuando la reconoció–. ¿¡En verdad es Tonks!?
-¡Estaba en la mafia! –Parvati estaba tan impactada como su asistente–. ¡Jamás me lo habría imaginado! Era tan dulce y tierna.
-Mira… la Reina Sapo –sacó tres fotos de Dolores Umbridge–. ¿Y éste quién será? –se acercó a otro cuerpo e hizo un gesto de desagrado–. Este se mató solo¿ya te fijaste?
Colin yacía en el suelo y era totalmente evidente que se había suicidado. En su boca entreabierta se alcanzaba a ver que el paladar lo tenía destrozado y una enorme mancha de sangre que tenía sobre su cabello rubio evidenciaba la salida del proyectil.
-Pobre diablo –dijo Justin al tiempo que le sacaba una fotografía.
-¿Qué estarían haciendo aquí? –Parvati caminó hacia la mesa donde habían estado trabajando Colin y Nicholas.
-Tal vez más de ese asqueroso anabólico –opinó el muchacho.
-No vayan a tocar nada –ordenó Lucius sobresaltándolos–. El agente encargado me dijo que el hombre al que arrestaron se llama Artemius Crounch –Justin sacó su libreta y comenzó a escribir con rapidez–. Es un pez muy gordo de la mafia y era buscado por toda la policía del país –los ojos grises miraron a las dos mujeres muertas–. Y también afirma que ella es la Reina Sapo –señaló con la cabeza a Dolores–. Su organización era la más poderosa y peligrosa de todas –los miró con extrema severidad–. Fue una verdadera estupidez involucrarse con ellos, muchachos. Pudieron haberlos asesinado.
-¡Sólo estábamos haciendo nuestro trabajo, señor! –se defendió Justin enfadado.
Parvati solamente levantó la barbilla con desafío y le sostuvo la mirada a Lucius. El rubio sonrió veladamente al ver su gesto.
-Técnicamente, la policía de la región es la responsable directa de la captura de ese criminal y de la inevitable desaparición de esta oscura organización y no duden que recibirán el reconocimiento público por su excelente labor –los dos chicos gimieron con congoja–. Y, aunque no lo crean, es mejor que las cosas sean así –volvió a ponerse serio–. Hicimos un trato de cooperación y pienso cumplir mi parte. Para mí, y estoy seguro de que Albus Dumbledore estará de acuerdo conmigo, ustedes fueron los que hicieron posible que todo esto sucediera. Sin embargo, les pido que se limiten a dar la noticia de lo sucedido aquí y de lo peligroso que es el medicamento que estos chacales fabricaron, pero sin mencionar su participación –los reclamos no se hicieron esperar, pero los hizo callar sin miramientos–. También deberán dejar fuera de esto los nombres de Blaise y de Neville. Lo que les ofrezco a cambio de su silencio es… –hizo una pausa melodramática–. … el premio especial y secreto que otorga el gobierno a todos aquellos que hacen actos heroicos a favor de la patria y que, créanlo o no, muy pocos reciben.
Lucius apenas pudo contener la sonrisa que pugnó brotar en sus labios al ver la expresión perpleja en los rostros de Parvati y de Justin. Los dos estaban tan alelados que fue hasta después de unos minutos que lograron reaccionar.
-¿E-está hablando en s-serio, señor Malfoy? –preguntó Parvati tartamudeante.
-Totalmente en serio –le contestó él–. Entonces… ¿sigue en pie nuestro trato?
-¡¡¡Sí!!! –dijeron los dos al mismo tiempo y se abrazaron llenos de gusto.
-¡Perfecto! –esta vez sí se permitió sonreír–. Ahora salgamos de aquí –los tres abandonaron el sótano–. No quiero apresurarlos, pero ya deben irse para que puedan dar la noticia lo más pronto posible. Yo voy a ir al hospital para ver como sigue Zabini.
-Dígale a Neville que lamento mucho lo que le sucedió a su novio –dijo Parvati con pesar–. Vendré a verlo tan pronto como salga del aire.
-Se lo diré –la empujó hacia la salida–. Váyanse ya.
Parvati y Justin salieron corriendo y en cuestión de segundos ya estaban en la carretera rumbo a Londres.
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Severus y Nicholas encontraron a Neville en una sala de espera del hospital y se acercaron a él, pero no le hablaron. El alto muchacho estaba mortalmente pálido y seguía llorando sin parar. Blaise ya llevaba dos horas en el quirófano y aún nadie había salido para avisarle como estaba. Un médico había insistido en atenderle la herida de su pierna y ahora la tenía vendada, pero a él no le importaba absolutamente nada más que el estado de salud de su pareja. Nicholas se sentó junto a su joven amigo y le pasó un brazo por los hombros para brindarle fortaleza. Neville ya no quería llorar, pero le era imposible no hacerlo. Había sido horrible ver a Blaise muerto entre sus brazos y aún tenía esa horrible sensación de pérdida clavada en el estómago. Suspiró con desconsuelo al recordar lo que había pasado después de que le pidiera a Colin que lo matara.
Flash Back
El rubio levantó el arma y le apuntó a la cabeza, pero fue incapaz de disparar.
-No puedo, Neville… no puedo –le dijo cayendo de rodillas.
-¡No me hagas esto, Colin! –Neville se arrastró hasta él y le arrebató la pistola–. Si no me matas tú, yo lo haré –trató de apuntarse con el arma, pero Nicholas se la arrebató sin miramientos.
-¡Te has vuelto loco, muchacho idiota! –lo miró aterrorizado–. ¡No puedo creer que seas tan cobarde!
-¡¡¡Pues sí lo soy!!! –lo rebatió gritando–. ¡Quiero estar con Blaise! –se abrazó a sí mismo mientras lloraba a raudales–. ¡Quiero volver a verlo!
-Pues suicidándote no lo harás –se arrodilló a su lado–. Los suicidas no van al cielo y… ¡no! –negó con firmeza cuando Neville lo miró suplicante–. ¡No pienso matarte! –aventó el arma lejos de ellos–. Así que busquemos otra solución.
Se escucharon pasos presurosos bajando por las escaleras y Nicholas reaccionó con rapidez. Obligó a Neville a levantarse del piso y prácticamente lo aventó dentro del pasadizo. Luego arrastró a Blaise hasta la pared y miró a Colin con puñales en los ojos.
-Te juro que si nos delatas, te mataré con mis propias manos –le dijo antes de cerrar la puerta para ocultarlos.
Neville tomó el cuerpo de Blaise y lo abrazó con fuerza mientras lloraba sobre su pecho herido. Nicholas se apresuró a taparle la boca al escuchar que la puerta del sótano se abría estrepitosamente. Hubo gritos, maldiciones y el sonido de cosas rompiéndose al otro lado de la puerta, pero lo que hizo que los dos se sobresaltaran fue un disparo. El anciano esperaba escuchar más, pero no fue así… sólo hubo uno.
-¡¡¡Maldita sea!!! –escucharon que gritaba un hombre con furia–. ¿¡Por qué permitieron que Colin se matara¡Ya no nos dijo lo que pasó aquí ni donde está el anciano!
Neville abrió mucho los ojos y un ahogado gemido se quedó en su garganta, pero muchas más lágrimas brotaron de sus ojos. No podía creer que Colin se hubiera quitado la vida. Nicholas le hizo una seña de que guardara silencio al escuchar lejanas detonaciones. Al parecer los hombres también las escucharon pues salieron corriendo del sótano. Al cabo de unos segundos, el anciano se atrevió a abrir la puerta sólo para comprobar que los hombres habían abandonado a sus compañeros muertos. Salió y corrió hasta la puerta para asegurarla y así evitar que alguien volviera a entrar. Miró con pena el cadáver de Colin antes de volver con Neville. Dudó en quedarse ahí o tratar de recorrer el pasadizo hacia la planta alta, pero supo que no podría hacer eso pues su amigo estaba herido y no querría dejar atrás el cuerpo de Blaise. Regresó con él y entre los dos pusieron a Blaise en el piso. Neville lloró aún más al ver a Colin muerto y Nicholas lo dejó ir con él para que le cerrara los ojos. Se acercó a Blaise y miró con más atención la herida de su pecho. Se arrodilló junto a él y le abrió la camisa. Se dio cuenta que la puñalada no le había atravesado el corazón como había pensando en un principio aunque la herida era bastante profunda y había hecho un serio daño. Se dijo que no perdía nada tratando de resucitarlo y comenzó a aplicarle un RCP. Si lo pensaba con calma, en realidad no habían pasado más que dos o tres minutos desde que recibió la puñalada. Neville se asombró al ver lo que estaba haciendo el hombre, pero la esperanza de que pudiera salvar a su amado lo hizo correr a su lado. Tomó la mano de Blaise y comenzó a hablarle.
-¡Blaise¡Lucha, por favor¡No me dejes!
Su esperanza creció cuando vio que el delgado cuerpo se estremeció un breve segundo.
-¡Abre los ojos, Blaise¡Mírame, por todos los cielos¡¡¡Mírame!!! –gritó desesperado cuando ya no hubo más movimiento.
-Necesitamos ayuda médica –dijo Nicholas sin dejar de aplicarle la técnica de resurrección.
Neville sacó su teléfono con manos temblorosas y remarcó el número de Parvati. La chica le contestó de inmediato y le dijo donde estaba y lo que necesitaba con urgencia.
-Te juro por mi vida que los paramédicos van a estar con ustedes de inmediato, Neville –le dijo la chica con firmeza–. Así tenga que servirles de escudo humano.
Había dicho eso porque el tiroteo aún seguía aunque ya no era tan constante. La imponente personalidad de Lucius y de Severus fue fundamental para que la policía permitiera el acceso a los paramédicos que habían llegado al lugar escasamente un minuto antes y fue sólo cuestión de otro minuto para que Blaise fuera subido a una ambulancia y llevado al hospital más cercano.
Fin del Flash Back
Lucius y el médico a cargo de la operación de Blaise entraron al mismo tiempo a la sala de espera y los tres hombres que estaban ahí se levantaron con rapidez de donde estaban sentados.
-¿¡Cómo está Blaise!? –le preguntó Neville al médico con el corazón en la garganta.
-Resistió la operación y ya sus signos vitales son estables –le dijo el hombre con una sonrisa muy amplia–. Su amigo vivirá –le puso una mano sobre el hombro.
A Neville se le doblaron las rodillas y sólo fue gracias a que Severus anticipó su reacción que pudo sostenerlo para que no fuera a dar al piso.
-¡Gracias¡Gracias, Dios mío! –dijo Neville llorando a raudales.
-Ven, siéntate –lo llevó al sillón más cercano–. Me alegra saber que Zabini está fuera de peligro –le dijo con sinceridad.
-Blaise está muy arrepentido de lo que les hizo, Lucius –miró suplicante al rubio que ya estaba a su lado–. ¡Créeme, por favor!
-Te creo, Neville –Lucius le sonrió–. Y Harry también lo hará. Lamenta mucho haberte golpeado y está destrozado porque piensa que perdió tu amistad.
-Eso nunca pasara –dijo todavía llorando, pero ahora era de pura felicidad–. Está loco si piensa que podrá librarse de mí tan fácilmente.
-Sólo dale un poco de tiempo para que se tranquilicé –le secó las lágrimas con ternura–. Sabes que su corazón no es capaz de guardar ningún tipo de rencor.
-Lo sé… es un ángel –suspiró profundamente… ya la opresión que tenía en el pecho había desaparecido–. ¿Cuándo creen que me permitirán ver a Blaise? –miró hacia donde Nicholas aún hablaba con el médico.
-Voy a averiguar –Severus se acercó hasta los hombres y volvió con una enorme sonrisa–. Dice que en un par de horas podrás verlo.
-¿Tanto tiempo? –sus hombros cayeron con desconsuelo.
-En realidad no es mucho –Lucius lo despeinó con cariño–. Piensa que ahora podrás pasar con él el resto de tu vida.
-Tienes razón –le sonrió y se levantó para enseguida abrazar a los dos hombres con fuerza–. No tengo palabras para agradecerles todo su apoyo –más lágrimas resbalaron por sus ojos–. Estuvieron a mi lado con lo de mi abuela y hoy también están conmigo.
-Eso es lo que hacen los amigos –le dijo Severus riendo.
-Muchas gracias –y se aventó a los brazos de Nicholas cuando terminó de hablar con el médico.
-¡Vas a ahogarme, muchacho! –le dijo el anciano riendo, pero le devolvió el abrazo de la misma forma–. ¿Ya viste que no es bueno tomar decisiones precipitadas? –lo regañó con cariño.
-Lamento mucho haberme puesto tan histérico, pero en verdad no quería seguir viviendo –Lucius y Severus intercambiaron una mirada llena de alarma ante sus palabras–. Pero le juro que no volverá a suceder.
-Eso espero¿eh? –Nicholas lo miró con dureza–. Yo luchando por vivir un poco más y tú queriendo salir de esta vida de la forma más equivocada.
-Lo lamento –le sonrió con timidez.
-Pero ya no hablemos de eso –le dio un beso en la mejilla–. ¡Ahora volvamos a sonreír! –se separó de Neville y miró con avidez a los hombres–. ¿Ya se saben el chiste de cuando James Bond se encontró con un pollito en un avión?
Neville no pudo menos que soltar una sonora carcajada. La cara de estupor de Severus y de Lucius ante el repentino cambio de humor de Nicholas era digna de una fotografía.
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Hasta pronto!!!!!!!!!!
