Ojos grises (Neville) (20/20)

Clasificación R

Parejas Neville/Blaise

Disclaimer Los personajes de esta historia son propiedad de J.K. Rowling y la Warner Bros. Esto es puro entretenimiento y no me reporta beneficio económico alguno.

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Capítulo XX. Epílogo

Los pasos resonaban lúgubremente por el ancho pasillo y eso hizo que los tres muchachos que caminaban por él miraran en todas direcciones con nerviosismo. El silencio que los rodeaba los hacía sentirse que estaban totalmente fuera de lugar. El guardia que los dejó entrar no hizo el menor intento de acompañarlos y sólo les explicó donde los aguardaban. Cho tomó con más fuerza la mano de Parvati que se quejó audiblemente cuando el anillo de su pareja se le clavó en la piel.

-¡Ay! Ten cuidado –la regañó sin dejar de caminar.

-Lo siento –se disculpó Cho en un murmullo–. ¿Están seguros de que hoy era la cita? –miraba con temor las puertas cerradas.

-Rectifique la fecha y la hora como cuarenta veces –le contestó Justin también en voz baja–. Era hoy a las 9 de la noche.

-¿Por qué murmuran? –preguntó Parvati molesta–. Aquí no hay nadie a quién pueda molestar nuestra conversación.

Ninguno de los dos le contestó pues en ese momento una alta figura apareció frente a ellos y se detuvieron indecisos. Parvati fue la primera en reaccionar y siguió caminando hacia donde Lucius Malfoy los esperaba. Si el hombre era impresionante en todo lugar, verlo ahí, rodeado de tan imponente decoración, lo hacía lucir aún más majestuoso. Cho era la más impresionable de los tres y bajó la cabeza con timidez cuando el rubio la miró con fijeza.

-Se suponía que era un secreto, Parvati –dijo Lucius sin levantar demasiado la voz, pero a los muchachos les pareció que les había gritado.

-No puedo ocultarle a mi pareja este tipo de cosas, señor Malfoy –le contestó Parvati con seguridad aún cuando tembló cuando una elegante ceja se movió de su lugar.

-Está bien, pero debo advertirte una cosa Cho –la chica levantó la mirada con rapidez–. No puedes hablar con nadie sobre esto¿me entendiste?

-Parvati ya me explicó eso, señor –le contestó ella con voz temblorosa.

-Síganme entonces –se dio media vuelta y los precedió por el largo pasillo.

Siguieron caminando por ese pasillo hasta llegar a otro igual de largo e impresionante, pero no lo recorrieron por completo. El rubio se detuvo frente a una enorme puerta de madera labrada que logró sacar un chiflido de admiración a Justin.

-¡Pero qué preciosidad! –exclamó embelesado–. ¿Son zafiros y diamantes de verdad? –preguntó atónito al ver que el pomo de la puerta tenía algunas piedras que brillaban una enormidad y extendió la mano para tocarlo.

-10 perfectas piezas hechas por el más afamado joyero del Siglo XV. Esta pieza está valuada en 20 millones de libras –le informó Lucius y vio con extrema diversión como el joven escondía rápidamente la mano detrás de su espalda–. Si no quieres quedarte endeudado por el resto de tu vida, te recomiendo que no toques nada –le dijo apenas conteniendo la risa.

-No tocaré –dijo Justin que había perdido el color de sólo pensar que lo acusaran de estropear alguna pieza histórica.

Lucius abrió la puerta que no hizo ningún sonido cuando se deslizó y los invitó a entrar. En cuanto pusieron un pie dentro del recinto, los tres muchachos se quedaron prácticamente con la boca abierta. Era una habitación bastante más pequeña de lo que esperaban, pero era lo suficientemente suntuosa como para ponerlos aún más nerviosos. Cho se ruborizó intensamente al ver como sus piernas desnudas se reflejaban a la perfección sobre el pulido piso de mármol y se maldijo interiormente por no haberle hecho caso a Parvati. Su pareja le dijo que debía ponerse algo más conservador para asistir al Parlamento, pero ella insistió en vestirse como siempre lo hacía y ahora se sentía corriente y vulgar con su minifalda, sus altos tacones y su blusa semitransparente. Lucius le hizo una seña con la mano para que dejara solos a Parvati y a Justin y ella lo obedeció. El rubio le indicó que se sentara en una silla que estaba a un lado de un pequeño pasillo que conducía hacia un estrado y ella agradeció tener la oportunidad de ocultar sus piernas con su pequeño bolso. Al cabo de unos cuantos segundos de espera, Albus Dumbledore apareció de detrás del estrado y les indicó a Parvati y a Justin que se acercaran a él. Fue obedecido y los dos muchachos se quedaron parados a un metro de distancia del mueble que habría enloquecido a Draco y a Cedric por igual debido a que no ocultaba que era muy antiguo y valioso.

-Parvati Patil –Albus dijo el nombre y la chica inclinó la cabeza en señal de acepción–. Justin Finch-Fletchley –el chico imitó a su jefa–. El gobierno inglés tiene conocimiento de la excelente labor que desarrollaron para poder desenmascarar y desintegrar a una peligrosa organización que puso en grave riesgo a la sociedad en general –hizo una pequeña pausa–. Yo, Albus Dumbledore, el Primer Magistrado de Justicia y con la expresa autorización del Primer Ministro de Inglaterra, tengo el honor de investirlos con el máximo reconocimiento que la patria le otorga a sus hijos. La Medalla del Honor –tomó una caja y la abrió.

De ella sacó dos medallas de oro que colgaban de unos gruesos listones púrpuras. El anciano bajó del estrado y se colocó frente a Parvati que agachó la cabeza para que Albus pudiera ponerle la medalla.

-Que tu valor no decaiga y nunca permitas que dejemos estar orgullosos de ti.

Pronunció el mismo discurso con Justin que no pudo contener lágrimas de emoción. Albus todavía pronunció algunas palabras más sobre su valentía y lo importante que era mantener una actitud recta antes de retirarles la medalla. A Lucius se le enterneció el corazón al ver como Parvati luchaba a brazo partido por no romper en llanto como lo hacía Justin sin ningún recato y se dijo una vez más que esa chica era una torre de fortaleza.

-La ceremonia terminó, jóvenes –Albus volvió al estrado y guardó las medallas–. Ahora deberé pedirles a la señorita Chang y al señor Finch-Fletchley que salgan un minuto, por favor.

-¡Claro! –aceptaron los dos al mismo tiempo.

Cho salió casi corriendo de la habitación porque tenía que limpiar su nariz lo más pronto posible. Había comenzado a llorar desde el principio, pero no se atrevió a hacer ningún ruido para no echar a perder el momento de gloria de Parvati. Su corazón se hinchó de orgullo cuando el hombre le puso al cuello la medalla. Una vez que la puerta se cerró tras los dos muchachos, Albus tomó un pequeño libro empastado en piel de la mesa. Esa acción provocó que Lucius lanzara una exclamación de genuino asombro. Parvati se preguntó el por qué de la sorpresa del rubio, pero mantuvo la vista al frente. El anciano abrió el libro que se veía muy usado y algo maltratado en las orillas.

-Parvati Patil… tu nombre ahora acompañará a la de otros 76 valientes que no se amedrentaron ante nadie y que lucharon, algunos hasta la muerte, para que su nación se mantuviera fuera de peligro y en pie –tomó una elegante pluma de cisne que descansaba sobre un tintero de oro puro y apuntó el nombre de la chica con elegantes trazos–. Lady Parvati Patil es el título con el que te honra Inglaterra –le sonrió brevemente a la chica antes de cerrar el libro con gran ceremonia–. Desde este momento eres una auténtica dama y gozarás de los beneficios que tu país otorga a aquellos que le han servido bien con la única condición de que no hablarás con nadie… absolutamente con nadie… –recalcó las palabras–. … sobre este título –la miró con severidad–. ¿Está claro?

-Por supuesto que sí, señor –replicó Parvati de inmediato–. Pero no comprendo el por qué debo ocultar esto.

-El título que se te acaba de otorgar es muy diferente a la que otros han recibido de forma pública –su expresión era extremadamente seria–. Eres, a partir de este momento, un héroe nacional y no podemos correr el riesgo de que quieran lastimarte por este hecho. Inglaterra tiene muchos enemigos y siempre están a la caza de nuestros puntos débiles. No podemos darnos el lujo de perderte bajo ningún concepto –lo dijo de tal forma que logró que el rostro Parvati se coloreara intensamente–. Sé que estás bastante sorprendido por lo que acabo de hacer, amigo mío –le dijo sonriendo al rubio que lucía perplejo.

-Pues la verdad sí –admitió Lucius todavía sin poder creer lo que había visto.

Le había prometido a Parvati y a Justin el reconocimiento del gobierno por su trabajo periodístico, pero que además le hubieran otorgado a la chica el glorioso honor de ser un héroe nacional… ¡era para dejar atónito a cualquiera!

-Eso es porque ninguno de los dos saben lo que se planeaba detrás de la distribución del 'dorado' –Albus se bajó del estrado y se puso al lado de Lucius y Parvati.

-'¿Dorado?' –preguntó Parvati atónita–. ¿Así llamaron esos desalmado a su veneno?

-Efectivamente –aceptó el anciano–. Artemius Crounch confesó que Dolores Umbridge, alias la 'Reina Sapo', era el cerebro que se escondía detrás de su fabricación. En las intensas investigaciones que hemos realizado, constatamos que los laboratorios que lo distribuyeron a las farmacias eran totalmente ajenos a esta situación. Crounch nos dijo que Colin Creevey, un joven que tenía muchísimo talento y que muy bien hubiera podido ganar el Premio Nobel con su investigación, fue el que logró sintetizar esta sustancia, pero lo más grave no es eso –repentinamente sus ojos brillaron de enfado–. Ese muchacho también fabricó una droga muy adictiva, pero que tenía un gran problema… sólo funcionaba bajo circunstancias muy poco comunes y fue por eso fue que distribuyeron el anabólico. Esa sustancia era lo bastante poderosa como para modificar el sistema hormonal y así crear un ambiente propicio en el cuerpo humano para que esta droga pudiera ser absorbida en su totalidad. En todas y cada una de las pastillas que confiscamos estaba integrada una pequeñísima porción de esta droga y su labor fundamental era comenzar la dependencia.

-¡Sabía que debía haber otra razón para poner al alcance de la mano un medicamento tan peligroso! –exclamó Lucius bastante satisfecho consigo mismo.

-Siempre estás en lo correcto, amigo –Albus lo miró con franca admiración–. Pues bien… esta la razón por la que fuiste nombrada Lady –miró a Parvati–. La droga estaba a punto de ser puesta en circulación y lo peor de todo es que el mercado de consumo era ¡enorme! –movió la cabeza con pesar–. Es realmente escalofriante lo rápido que esos chacales introdujeron ese veneno. Si no hubiera sido por tu intervención, casi toda Inglaterra habría quedado atrapada en esa horrible droga en un parpadeo.

-¡Pero entonces no merezco esto! –replicó Parvati con rapidez–. ¡No tenía la menor idea de que existía otra droga aún más peligrosa que ese anabólico!

-Eso no importa –le sonrió para tranquilizarla–. Lo que aquí en realidad cuenta fue que evitaste que esos chacales lograran sus propósitos. Fue el Primer Ministro el que opinó que como fuiste tú la que inició la investigación, merecías que se te reconociera tu excelente labor con un título aristocrático y por eso dejamos fuera de esto a Justin, pero eso no quiere decir que no apreciamos su valiosa cooperación. Los dos fueron lo suficientemente suspicaces, inteligentes, metódicos y valientes como para descubrir que algo muy malo se estaba tramando.

-Me siento algo mal por esto –dijo la chica con sinceridad.

-No tienes por qué, Parvati –Lucius le puso una mano sobre el hombro–. Te lo mereces. Evitaste una catástrofe nacional de salud.

-Si en verdad eso es lo que piensan, entonces lo único que puedo hacer es agradecerles el gran honor que me han dado y prometo que jamás defraudaré a mi país.

-Sé que no lo harás –dijo Albus sonriéndole–. Le pedí a sus amigos que nos dejara solos porque no podían enterarse del título que acabas de recibir y también porque debo presentarte a otro héroe nacional cuya identidad sólo tú conocerás –volvió a mirarla con severidad–. Quiero dejar muy claro que es muy importante que guardes silencio sobre todo lo que ha pasado aquí.

-¡Le prometo que no le diré una palabra a nadie! –declaró la chica con fervor.

-Muy bien –el anciano volvió a sonreír–. Esta persona te dirá como deberás comportarse cuando comiences a recibir los beneficios económicos que te has ganado. Habrá algunas cosas que se te pedirán hacer en el futuro, pero no te preocupes –la tranquilizó al ver su alarma–. No se trata de enfrentar a peligrosos criminales cuerpo a cuerpo o alguna otra barbaridad por el estilo –la chica suspiró de alivio–. Serán básicamente sobre comportamiento¿está bien?

-Está bien –Parvati miró a su alrededor con curiosidad–. ¿Lo conoceré en este momento?

-Estoy a tus órdenes, Lady Parvati –dijo Lucius sonriendo ampliamente–. Yo soy Sir Lucius –y sólo debido a sus excelentes reflejos pudo tomar a la chica en sus brazos… ¡se había desmayado!

-Ya se había tardado en hacer eso¿no crees? –preguntó Albus riendo.

-Es que esta chica es un monumento a los nervios de acero –le contestó el rubio también riendo–. Sólo espero que se recupere pronto pues no creo que a Cho le guste ver a su novia así.

Pasaron algunos minutos antes de Parvati recobrara el conocimiento y cuando lo hizo aún seguía sin creerse que se le hubiera dado tan alto honor. Sabía a la perfección que Lucius era una persona muy valiosa para el país y no le extrañaba en lo absoluto que lo hubieran investido caballero, pero que le dijeran que era igualmente importante que él… ¡era inverosímil!

-¿Ya te sientes mejor, niña? –preguntó Lucius con aire paternal y ella asintió con la cabeza pues aún no tenía voz–. Me alegra porque hasta acá se escucha como Cho recorre con impaciencia todo el pasillo. Como te dijo Albus, siempre podrás recurrir a mí para que te oriente sobre tu comportamiento y mi primer consejo es que le digas a tu pareja que te entretuvimos para decirte sobre los avances de la investigación.

-Eso haré –Parvati poco a poco recuperaba el color en el rostro.

-Y el segundo es que vayamos a cenar –le sonrió con naturalidad–. Harry nos está esperando afuera para acompañarnos.

-¿Y Harry no sabe que usted tiene un título aristocrático? –se aventuró a preguntar.

-No –aceptó el rubio con tristeza–. Es el único secreto que le guardo a mi amado esposo.

-¿Y podría decirme que fue lo que hizo para lo invistieran caballero? –preguntó con curiosidad, pero luego bajo la vista cuando una elegante ceja se elevó–. Discúlpeme. Fue una impertinencia preguntar eso.

-Yo te lo diré –dijo Albus riendo–. Durante mucho tiempo Lucius ha dirigido la economía del país con gran éxito y debido a eso somos un país estable y notablemente rico, pero un día… nos abandonó –miró al rubio que se apresuró a defenderse.

-Sabes perfectamente que no fue porque quisiera hacerlo –replicó Lucius enfadado.

-Lo sé, lo sé –aceptó sonriéndole conciliatoriamente antes de volver a mirar a Parvati–. Todo el mundo le saltó al cuello cuando dio a conocer que vivía con un hombre y le exigieron que renunciara a Harry, pero Lucius se negó en redondo a hacerlo.

-¡Estaban locos si creían que lo abandonaría! –los ojos grises brillaron de ira.

-Tuve que suplicarle de rodillas que recapacitara sobre su renuncia como consejero y para fortuna de todos, aceptó –siguió explicando Albus–. Se fue de vacaciones con Harry al continente y durante su ausencia el país se hundió en la peor depresión económica de su historia. Lo buscamos con desesperación una semana entera, pero nadie pudo encontrarlo. Cuando por fin volvió a Londres, todo el Parlamento le rogó que regresara y sólo fue cuestión de días para que pusiera todo bajo control –su expresión se puso extremadamente seria–. Puedo asegurarte que Inglaterra se habría declarado en bancarrota si Lucius se hubiera negado a regresar con nosotros.

-¡No puedo creerlo! –exclamó Parvati atónita.

-Este hombre es un verdadero pilar para todos nosotros, niña –dijo con tanta sinceridad que logró que Lucius se le formara un nudo en la garganta–. El gobierno no dudó ni un segundo en nombrarlo caballero de primer orden, igual que a ti, porque nos salvó de una catástrofe económica de la cual nos habría sido casi imposible recuperarnos.

-¡Guau! –la chica miró al rubio con innegable admiración.

-Vas a lograr que me ponga rojo si sigues mirándome así, Parvati –la bromeó Lucius, pero se sentía realmente halagado por su embelesada expresión–. Mejor vayamos a cenar –miró a su amigo–. ¿Gustas acompañarnos, Albus?

-¿Por qué no? –dijo el anciano después de un pequeño titubeo–. Me hace falta salir de vez en cuando de este lugar –fue hacia el estrado y tomó el libro junto con la caja de las medallas–. Pasemos por mi oficina para guardar esto antes de irnos.

-Por supuesto –dijo Lucius y los tres salieron de la habitación.

Cho se aventó a los brazos de Parvati en cuanto la vio y le devoró el rostro a besos sin importarle la presencia de los hombres.

-¡Eres una heroína, mi amor! –le dijo entre besos–. ¡Te adoro!

-Y yo te amo con toda mi alma, cariño –Parvati cambió esos besos rápidos y cortos por uno largo y apasionado.

-No tarden en alcanzarnos, chicas –les dijo Justin divertido al tiempo que seguía a los dos hombres mayores por el pasillo.

Ni Parvati ni Cho le hicieron ningún caso y siguieron besándose larga y profundamente. Cuando se separaron ya las dos estaban jadeantes y con la mirada llena de deseo.

-¿Tú crees que nos detendrían si me haces el amor aquí? –preguntó Cho con picardía mientras guiaba las manos de su amante hacia sus senos.

-Por supuesto que sí –le contestó al tiempo que pellizcaba con fuerza los erectos pezones–. Así que tendrás que aguardar a que lleguemos a casa.

-De acuerdo –hizo que una mano se deslizara bajo su minifalda para que sintiera su humedad–. Sólo tócame un poco más.

-¡No me hagas esto, Cho! –exclamó Parvati con voz entrecortada mientras hacía a un lado la pequeña tanta para poder llegar a la húmeda entrada de su cuerpo–. Vas a hacer que me arrepienta de… –se interrumpió con brusquedad pues su amante lanzó un delicioso gemido de placer cuando metió un dedo en su cuerpo.

Parvati miró en ambas direcciones sólo para comprobar que estaban solas antes de hacer caminar a su pareja hacia atrás y atraparla contra la pared. Se le erizó todo el cuerpo al escuchar sus apagados jadeos y ya sin poder contenerse más, se agachó e hizo que la chica le pasara una pierna sobre el hombro para enseguida prenderse de su vulva. Cho se mordió los labios para no gritar de placer cuando sintió como su parte más íntima era hábilmente succionada. Siempre se maravillaría por la forma en que su amante la llevaba a la cima del placer en tan poco tiempo y llegó al orgasmo diciendo el nombre de su pareja en voz baja aún cuando quería gritarlo con fuerza.

-Espero que nadie se entere de esta pequeña travesura, mi amor –Parvati sacó un pañuelo de su pantalón y secó con extrema delicadeza el líquido que salía en grandes cantidades del satisfecho cuerpo de Cho.

-Ya verás que no –le lanzó una temblorosa sonrisa–. Revisé el pasillo de arriba abajo mientras estabas adentro y no encontré ni una sola cámara de seguridad.

-¿¡Eso hiciste!? –preguntó asombrada, pero luego lanzó una pequeña carcajada–. ¿Entonces lo tenías planeado desde un principio, pequeña seductora? –se incorporó para besarla.

-Por supuesto que sí. No tengo ningún regalo preparado para darte –se ruborizó profundamente–. Así que decidí ofrecerte mi cuerpo para que sepas que estoy profundamente orgullosa de ti –la miró con verdadera adoración.

-Acabas de darme el mejor regalo de todos, mi amor –volvió a besarla con pasión antes de tomarla de la mano y hacerla correr por el pasillo–. Debemos apresurarnos. Lucius nos invitó a cenar para celebrar y ya los hemos hecho esperar demasiado.

Las dos llegaron jadeantes hasta donde los hombres las esperaban y agradecieron que esa pequeña carrera justificara el intenso rubor que teñían sus mejillas así como el intenso brillo de sus ojos.

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Neville recorrió con la mirada el cuerpo desnudo de Blaise y suspiró lleno de amor. Sabía que su esposo se vería fantástico cuando recuperara peso y no se sentía defraudado. A su parecer las pequeñas y erguidas nalgas junto con su suave piel blanca, eran lo más suculento que tenía. Sin embargo, sus largas piernas no se quedaban atrás así como tampoco su bello rostro. Recordó que un día lo comparó con Harry y en esa ocasión se dijo que el joven jamás podría competir en belleza con su amigo, pero ahora sabía que se había equivocado por completo. Era cierto que Harry parecía ser el resultado de un sueño, pero la dulzura en las facciones de Blaise lo hacía lucir tan guapo como el muchacho de ojos verdes. Blaise le sonrió a través del espejo y sus ojos oscuros también lo hicieron. Estos ya no lucían hundidos en sus cuencas y brillaban con gran intensidad. Sus mejillas estaban perennemente teñidas de un encantador rubor que le provocaba un sinfín de suspiros. Ya habían pasado dos meses desde que casi lo había perdido y aunque la recuperación fue muy lenta, ahora todo estaba en orden. Al muchacho le había quedado una enorme cicatriz en el pecho que al principio le causaba mucha vergüenza, pero ya no. Ahora ya podía dejar que su pareja la delineara con la lengua cada vez que se amaban y se emocionaba hasta las lágrimas cada vez que Neville le decía que esa marca aumentaba su perfección.

-Te lo advierto por última vez, cariño –dijo Neville al tiempo que se acercaba a su esposo y lo tomaba en sus brazos–. O te vistes rápido o vas provocar que te meta en esa cama y no dejaré que salgas de ella hasta mañana.

-Una oferta por demás tentadora, mi amor –Blaise le sonrió con coquetería–. Pero me temo que tengo que declinarla –se deshizo de sus brazos–. No quiero ser el culpable de que tu amigo Harry te grite hasta el cansancio que eres un desconsiderado por dejarlo plantado.

-¿Estás seguro de que quieres ir a esa cena? –le preguntó dudoso al tiempo que lo ayudaba a vestirse.

-Sabes que no –le contestó con sinceridad–. Sé que sólo a las chicas, a Cedric y a Víktor les agrado, pero no puedo seguir escondiéndome de los demás –los ojos negros se llenaron de lágrimas–. Te has alejado de ellos por mi culpa y no quiero que sigas haciéndolo. Muy pronto nos iremos a vivir a Alemania y sé que quieres pasar más tiempo en su compañía.

-Pero vas a sentirte incómodo –secó con ternura una pequeña lágrima que logró escapar.

-No, no lo haré –se obligó a sonreír–. Sabes que soy feliz siempre y cuando te tenga a mi lado.

-Está bien –dijo Neville sin estar del todo convencido.

Era cierto todo lo que su amante le había dicho. A pesar de que Harry le había pedido disculpas por lo que había pasado entre ellos, el recelo todavía brillaba en sus ojos verdes y la actitud de Draco era idéntica a la del moreno. Intuía que el rubio ya no estaba molesto con su pareja, pero se comportaba de esa manera para apoyar a Harry y por eso lo disculpaba pues él haría lo mismo si estuviera en su lugar. El par de ocasiones en que se encontraron casualmente con ellos se comportaron con compostura con Blaise, pero definitivamente no lo trataban con naturalidad. Sus amigos los habían invitado en varias ocasiones para que se les unieran en sus continuas salidas, pero siempre había declinado para no incomodar a su amado esposo. Esta noche no pudo hacerlo pues todos les hablaron por teléfono para decirles que no faltaran. El último en llamarlos fue Cedric y les dijo que conocía a un excelente brujo que les dejaría caer una terrible maldición si se atrevían a faltar. Eso los hizo reír mucho y fue lo que los decidió a presentarse a la cena que le habían organizado a Parvati para celebrar el premio que recibió de la prensa. Al cabo de media hora terminaron de arreglarse y salieron de la casa. Se asombraron mucho al ver que la elegante limousine de Víktor lo esperaba.

-¡Pero qué bonito es! –dijo Blaise visiblemente emocionado cuando se acomodaron en el amplio asiento–. ¡Mira¡Hasta tiene televisión!

-Sí, es muy bonito –le contestó Neville divertido… le parecía encantador su infantil entusiasmo.

-¿Crees que podamos salir? –señaló el techo del auto.

-Yo creo que sí –tocó el cristal que daba hacia el chofer y le pidió que abriera el techo.

Blaise pasó todo el viaje con medio cuerpo fuera del automóvil y Neville lo acompañó. Se asombraron mucho cuando la limousine atravesó las rejas de la Mansión Potter.

-Creí que íbamos a cenar en un restaurante –dijo Blaise con un nudo en la garganta al ver la impresionante casa.

-Yo también pensaba eso –le contestó Neville confundido–. Oliver me dijo que iban a estar en el restaurante italiano. No me explico porque cambiaron de opinión.

Cuando salieron del auto a Neville le bastó un simple vistazo a su alrededor para darse cuenta que había más invitados de lo que imaginaba. Identificó el elegante auto de Sirius, la camioneta de Hermione, la limousine de Lucius y el deportivo de Draco, pero había otros que le eran desconocidos por completo. Blaise se sintió intimidado en cuanto puso un pie dentro de la casa de los papás de Harry y apenas se aguantó las ganas de dar media vuelta y salir corriendo. Si era difícil enfrentarse a los amigos de su pareja en un lugar neutral, estar en su territorio le sería casi imposible. Neville sintió su miedo y le pasó un brazo por la cintura para brindarle fortaleza y lo guió hasta la sala. Recorrió el lugar con la mirada y le sonrió a Harry que platicaba con Severus al otro lado de la habitación, pero enseguida le dio la espalda a su amigo al ver que intentaba acercárseles y así le dio a entender que no era necesario que fuera a recibirlos. La brillante mirada esmeralda se apagó al ver la actitud de Neville y a Severus no le pasó desapercibida su tristeza.

-Veo que ya llegó Neville con Blaise –dijo el hombre observando como la pareja recién llegada se acercaba a Parvati que los recibió con los brazos abiertos–. ¿Por qué no vas a saludar a tu amigo, Harry?

-No quiere que me le acerqué y no lo culpo –dijo el moreno con tristeza–. Las ocasiones en que nos hemos encontrado, no he tratado bien a su novio.

-¿Sigues temiendo que le haga daño? –lo miró con afecto.

-Estoy seguro de que lo hará tarde o temprano –aceptó mientras veía como Cho los saludaba con entusiasmo.

-Pues estás equivocado –esa afirmación hizo que Harry lo mirara con asombro–. Sé que te parece extraño que yo te diga esto después de lo que ese muchacho le hizo a Draco, pero realmente no creo que Blaise sea capaz de lastimar a Neville concientemente pues lo ama con toda su alma… tanto que ofrendó su vida por él.

-Lo sé, pero aún así…

-¿Por qué no te pones en su lugar un momento? –lo interrumpió–. Imagínate que alguien amenaza la vida de Lucius –el moreno dio un respingo–. ¿Te quedarías sin hacer nada y dejarías que te lo arrebataran?

-¡Por supuesto que no! –rebatió indignado–. ¡Daría mi vida por él!

-Pues eso fue exactamente lo que hizo Blaise Zabini por Neville –sus ojos negros derivaron hacia Nicholas Flamel que tenía acaparada a Lily y la hacía reír con ganas–. Ese hombre me explicó todo lo que pasó en su casa de campo. Simplemente no puedo creer que después de morir por su pareja sea tan vil como para hacerle daño. Tu amigo le suplicó a Lucius que creyera en el arrepentimiento de Blaise y él lo hizo. ¿Por qué entonces tú te niegas a aceptarlo? –volteó a verlo y los ojos verdes no pudieron sostenerle la mirada.

Severus abrió los ojos sorprendido cuando una idea le vino a la mente, pero luego sonrió y tomó al moreno en sus brazos.

-¡Oh, Harry¡Estás celoso! –tomó la barbilla del chico y lo hizo mirarlo a los ojos–. Temes perder a Neville¿no es cierto?

-Sí –aceptó totalmente rojo–. Sé que lo que voy a decirte suena estúpido además de infantil, pero… pero… estaba tan acostumbrado a que Neville fuera sólo mío que… que…

-Sí… fue tuyo, pero ya no más. No seas egoísta, Harry –lo regañó con dulzura–. No puedo creer que no estés contento porque Neville por fin encontró a alguien con quién pasar el resto de su vida.

-Estoy feliz por él, pero…

-Entonces déjalo libre y no lo presiones para que decida entre tú y Blaise porque perderías sin lugar a dudas –lo abrazó con fuerza–. No podías tenerlo rendido a tus pies por toda la eternidad.

-Fue muy perverso de mi parte pensar eso ¿verdad? –un sollozo escapó de su garganta–. Jamás podría corresponder a su amor porque Lucius es mi dueño, pero me gustaba que me quisiera. ¡Oh, cielos¡Soy tan engreído que me doy asco! –escondió el rostro en el amplio pecho de Severus.

-No, no lo eres –acarició el enredado cabello negro–. Además, Neville siempre te querrá… todo el mundo te quiere –le levantó el rostro y le sonrió–. Hasta yo te quiero.

-Gracias por obligarme a enfrentar la realidad, Severus –lanzó un profundo suspiro y volvió a esconder el rostro en su pecho hasta que se tranquilizó.

Una vez que Harry se sintió libre de su tonto egoísmo y de sus celos infundados, se encaminó hacia Neville y lo abrazó por la espalda con total confianza. Esa acción hizo que Neville y Blaise se sobresaltaran al mismo tiempo.

-¿Por qué llegaron tan tarde? –le reclamó Harry en tono de broma a su amigo.

-Lo que pasa es que… –Neville se interrumpió pues el moreno dio un paso hacia su pareja y depositó un gran beso en su mejilla.

-Bienvenido a la casa de mis padres, Blaise –dijo Harry con tal sinceridad que logró que el muchacho se quedara boquiabierto–. ¡Ven! Voy a presentártelos –lo tomó de la mano y prácticamente lo arrastró a través de la habitación porque Blaise todavía estaba paralizado de la impresión.

Neville estaba igualmente perplejo por la actitud de Harry y fue hasta después de varios segundos que pudo reaccionar y fue tras ellos, pero no pudo alcanzarlos porque fue interceptado por Víktor y Cedric que no lo dejaron ir tras su pareja. Fue hasta después de un largo rato que Blaise pudo volver al lado de Neville y todavía traía grabado en el rostro su gran confusión pues Draco se les unió en su recorrido por el amplio salón. Si no era suficiente que los dos muchachos lo trataran con increíble camaradería para que pensara que estaba alucinando, si lo era la forma en que lo presentaban con los invitados que no lo conocían. Lo hacían con tanto orgullo que su rostro estuvo rojo hasta más no poder todo el tiempo.

-¿Qué está pasando aquí, Neville? –le preguntó asustado Blaise a su pareja.

-No lo sé, pero estoy muy contento porque parece que al fin mis amigos te aceptaron –le contestó sintiendo que se le quitaba un gran peso de encima.

-¿No estarán jugando conmigo? –lo miró con angustia–. ¿No se estarán portando amables conmigo para luego… lastimarme?

-Ellos no son así, cariño –lo contradijo de inmediato–. Ni Draco, ni Harry, ni ningún otro es tan hipócrita ni tan bajo como para hacer eso.

-¿Entonces por qué cambiaron tan repentinamente? –miró de reojo a los dos amigos que ahora platicaban con Oliver y Sirius–. Les caía muy mal.

-Después se los preguntaré para que estés más tranquilo¿de acuerdo? –Blaise asintió con fervor–. Mira… ya nos están llamando para cenar.

Se encaminaron hacia la puerta y pasaron al comedor junto con los demás. Lily los acomodó en la enorme mesa y la cena transcurrió muy agradablemente. Blaise se dedicó a mirarlos a todos con extrema curiosidad. Se sorprendió un poco al ver que Petunia Dursley no se parecía en nada a su hermana. Sonrió al ver que Justin estaba más que interesado en Padma Patil que coqueteaba con él sin ningún pudor. No pudo menos que estar de acuerdo con la decisión de la anfitriona de acomodar a Hagrid en una de las cabeceras de la mesa pues el hombre era tan fornido que habría incomodado a las personas que se hubieran sentado a su lado. Bajó la cabeza de inmediato cuando su mirada tropezó accidentalmente con la de Albus Dumbledore que estaba sentado junto a Lucius. Durante el poco tiempo que trabajó en el Parlamento nunca tuvo oportunidad de hablar con él, pero el anciano tenía una personalidad tan imponente como la del hombre rubio. Luego centró su atención en los matrimonios y se sintió realmente afortunado al comprobar que Neville lo amaba tan intensamente como los demás a sus parejas. Suspiró profundamente al ver la forma tan tierna que tenían de comportarse Severus, Lucius, Sirius, Víktor, Ron, James, Vernon y Parvati con sus consortes.

-Aquí se respira amor¿verdad, cariño? –le murmuró Blaise a Neville y éste depositó un pequeño beso en sus labios.

-Sí, pero el que yo te tengo es el más grande de todos –le contestó él suspirando profundamente.

-¡Estás pero bien mal del cerebro, Neville! –replicó Oliver fingiendo enfado… había alcanzado a escuchar su contestación–. Yo amo más a Sirius que tú a Blaise.

-¿¡Cómo te atreves a decir eso!? –exclamó Draco enojado–. ¡Mi amor por Severus es mil veces mayor que el que puedas tenerle a ese dios de ojos azules!

-¡Draco¡No sigas con ese tonto juego, por todos los cielos! –replicó Sirius sonrojándose–. ¡Eres peor que las plagas de Egipto! –se cubrió la cara cuando el rubio le mandó un coqueto beso al aire.

-¡Los tres están muy equivocados! –intervino Harry mirándolos con el ceño fruncido–. Es obvio que el que más ama a su pareja soy yo –volteó a ver a Lucius que se derritió bajo su amorosa mirada verde en un segundo–. ¿Verdad, cariño?

-Jajaja… ¡que buen chiste, cuñado! –se burló Ron–. A tu hermana le consta que mi amor es el más fuerte de todos.

Todos esperaban más intervenciones, pero para su sorpresa no las hubo y rieron a pierna suelta al ver que Cedric y Víktor ni se habían enterado de lo que estaba pasando pues estaban perdidos en su mutua contemplación y lo mismo pasaba con Parvati y Cho.

-¿Qué les parece si lo dejamos en un empate? –sugirió James al tiempo que tomaba la mano de Lily para luego besársela–. Todos amamos a nuestras parejas muy profundamente.

-Estoy de acuerdo con eso –dijo Vernon levantando su copa–. Brindo por el amor.

-¡Salud! –dijeron los demás levantando sus copas.

-¿Salud por qué? –preguntó Cedric apenas regresando a la tierra.

-Por el amor y también por Parvati Patil, Justin Finch-Fletchley y Rubeus Hagrid –intervino Albus y miró a los tres que se sonrojaron de inmediato–. Brindo por su excelente labor periodística y también para que su futuro esté plagado de muchos triunfos como el que acaban de obtener –levantó su copa–. Estamos muy orgullosos de ustedes.

-Gracias, señor Dumbledore –le contestaron los tres al mismo tiempo y todos apuraron sus copas.

Al poco tiempo volvieron a la sala y la cena se convirtió en una verdadera fiesta. Draco se apresuró a poner su canción favorita en el reproductor de Cd's y Sirius corrió a esconderse tras Oliver cuando el rubio hizo el intento de sacarlo a bailar. Severus rió ante la expresión de terror de su amigo y tomó de la mano a su pareja.

-Deja de atormentar al pobre de Sirius, cariño –le dijo Severus al oído–. Además, me muero de ganas de bailar contigo.

Draco no se hizo del rogar y sin ninguna inhibición se colocó frente a Severus y comenzaron a bailar como el rubio acostumbraba. Lucius levantó una ceja al verlo moverse de manera tan sugestiva y sólo fue debido a que Albus le pidió que lo acompañara a la salida fue que no se acercó a su hijo para regañarlo. Todos los demás le aplaudieron con entusiasmo a la pareja, pero muy pronto otros los acompañaron en el centro de la sala para bailar. Esa fue la primera de muchas melodías que bailaron y fue cerca de las tres de la mañana que Lucius dio por terminada la reunión ante el descontento de los jóvenes. Ya Hagrid, Justin, Padma, Vernon, Petunia, Ron, Hermione, James y Lily se habían retirado desde hacía mucho tiempo. Fue con grandes esfuerzos que el rubio logró sacar a su hijo de la casa y Parvati y Cho no le costaron menos trabajo. Las dos estaban algo pasadas de copas y tuvo que mandarlas a su casa en su limousine. Harry le insistió a Neville que se quedara a dormir y su amigo aceptó después de consultarlo con Blaise. Sirius también decidió quedarse y subió las escaleras junto a un Oliver que reía sin parar porque estaba tan borracho como las chicas, pero eso no parecía molestarle a su pareja pues sabía que esa noche sería inolvidable sin lugar a dudas. Víktor y Cedric fueron los últimos en marcharse y su andar inseguro era una prueba innegable que también habían disfrutado en exceso de la cava de James Potter.

-¡Por fin se fueron! –exclamó Lucius derrumbándose en el sofá–. Creí que jamás se irían.

-Eso era porque nos estábamos divirtiendo mucho –Harry se arrodilló frente a él y comenzó a acariciarle las piernas–. ¿Pasaremos aquí la noche? –preguntó meloso.

-Sería lo más prudente –Lucius echó la cabeza hacia atrás y disimuló un bostezo–. A menos que quieras esperar a que mi chofer vuelva de casa de Cho y Parvati.

-No, prefiero quedarme –las manos seguía acariciando las fuertes piernas–. ¿Estás cansado? –fue media pregunta, media afirmación.

-Sólo un poco –lo miró sonriente–. ¿Por qué lo preguntas?

-Por nada –se encogió de hombros fingiendo indiferencia–. Sólo pensaba que si no estabas muy cansado, tal vez podrías jugar un juego conmigo.

-Hmmm… suena interesante –los ojos grises brillaron al instante–. ¿Y de que juego se trata?

-De que yo te amo y tú te dejas amar –con gran habilidad desabrochó el pantalón de su amante y hurgó con urgencia en su interior.

-¿¡Estás loco, Harry!? –lo tomó de las manos y miró hacia la puerta con temor–. Qué tal si alguien entra y nos encuentra haciendo… ¡eso!

-Lo solucionó en un instante –dijo el moreno con los ojos brillantes y se levantó de un salto.

Harry corrió hasta la puerta para cerrarla con llave y apagó todas las luces de la habitación. La única luz que quedó fue una que entraba por el ventanal y que iluminaba parte del jardín.

-¿Ya te sientes más cómodo, cariño? –Harry volvió a colocarse frente a Lucius.

-No sé, mi amor –lo miró con culpabilidad–. Estamos en casa de tus padres y…

-No van a enterarse –terminó de abrir el pantalón y se abalanzó sobre el miembro erguido de Lucius en cuanto lo tuvo a la vista–. Además, siempre he querido hacer el amor aquí. Es uno de los pocos lugares que nos falta –le dedicó una pequeña sonrisa pícara antes de seguir con su labor de enloquecer a su pareja.

Los jadeos, gemidos y movimientos frenéticos de cadera no tardaron en aparecer.

-¡Oh, Harry¡No te detengas! –dijo el rubio con la voz plagada de deseo mientras capturaba los negros cabellos para marcarle el ritmo.

-No pienso hacerlo –le afirmó el moreno antes de seguir disfrutando al máximo el poder devorar tan exquisita parte del cuerpo de su amante.

Lucius no necesitó más que un par de minutos para explotar dentro de la experta boca de Harry. El rubio entonces sorprendió a su pareja cuando lo hizo subirse al sofá y le bajó los pantalones en un parpadeo.

-¡No, Lucius! –protestó débilmente cuando su miembro fue completamente engullido por el rubio–. ¡No¡No! –siguió diciendo, pero el movimiento desenfrenado de sus caderas desmentía su negativa.

Lucius gruñó de enojo cuando Harry se alejó de él, pero se tranquilizó al ver lo que su amante quería. Dejó descansar al moreno sólo unos instantes antes de volver al ataque y le permitió retrasar el orgasmo sólo un par de ocasiones más antes de obligarlo a venirse dentro de su boca.

-¿Fue tan bueno como querías? –preguntó Lucius cuando ya tenía entre sus brazos a un tembloroso, pero satisfecho Harry.

-Mucho mejor –el moreno le sonrió con inmenso amor–. Pero todavía quedan muchas horas antes de que nos vayamos y también muchos lugares de la casa que podremos recorrer juntos.

-Eres un lujurioso¿lo sabías? –le dio un beso cargado de pasión.

-Lo sé –le devolvió el beso con la misma intensidad antes de descansar sobre su pecho y mirar a su alrededor.

Recordó a todas las personas con las que había convivido esa noche y se sintió realmente afortunado de tenerlos a su lado. Todos habían sufrido de alguna u otra manera, pero ya todo estaba en orden y podían ser tan felices como él lo era. Un gran suspiro escapó de su pecho. Se había criado en un orfanato junto a Hermione, pero la vida le dio la oportunidad de encontrar a sus padres y formar una verdadera familia. Después conoció el paraíso en los brazos de Lucius y también la más grande y maravillosa felicidad que habría imaginado. Junto con Lucius llegó Draco. ¡Ah! El hermoso y sensual Draco. Un chico al que llegó a amar como a un hermano. Era cierto, un día lo lastimó, pero eso estaba olvidado y enterrado desde hacía mucho tiempo. La vida también perdonó al rubio y le permitió conocer a Severus… el hombre que lo era todo para él. Un nuevo suspiro. Hermione también había encontrado la felicidad al lado de Ron y juntos criaban a Lisa, una hermosa niña que era fruto de su gran amor. La pareja había tenido que sortear muchas dificultades debido a la aplastante personalidad de la chica, pero afortunadamente lograron mantenerse juntos igual que Cedric y Víktor pues el búlgaro también aprendió a controlar su abrumadora posesividad y ahora era inmensamente dichoso junto a un hombre que lo idolatraba. Oliver y Sirius tuvieron un trágico comienzo en su historia de amor, pero al final triunfaron sobre las intrigas de un ser despreciable y lograron vencer el temor del qué dirán. Otro gran suspiro.

-¿Debería sentirme honrado por haber provocado tantos suspiros? –preguntó Lucius juguetón arrancando a Harry de sus recuerdos.

-Estaba pensando en todo lo que ha pasado desde que nos conocemos –volvió a suspirar.

-Sí… han pasado muchas cosas –aceptó también suspirando–. Y por cierto… me di cuenta que ya perdonaste a Neville.

-¿De qué hablas? –lo miró confundido–. ¿Por qué habría de perdonarlo?

-Por haberte dejado de adorar –sus palabras provocaron un gran sonrojo en el moreno.

-¡Oh, cielos! –escondió la cara en el amplio pecho del rubio–. No lo digas de esa forma. Haces que me sienta… repugnante.

-Perdóname, cariño –se apresuró a disculparse cuando vio que una pequeña lágrima escapaba de esos hermosos ojos verdes–. No quería hacerte sentir mal –le dio un pequeño beso–. Desde el primer instante me di cuenta del por qué no querías que Blaise estuviera al lado de Neville, pero quería que te dieras cuenta por ti mismo.

-Fui un egoísta, Lucius y me siento fatal por eso, pero no volverá a suceder –lo miró con culpabilidad–. Sabes que te adoro, pero…

-No digas más… yo te entiendo –lo miró con intensidad–. Te amo, Harry Potter –declaró el rubio tras un corto silencio–. Te amo con toda mi alma.

-Y yo a ti Ojos Grises –dijo el moreno antes de que sus labios volvieran a encontrarse una vez más, pero no por última vez.

Muchas cosas habían pasado desde que Harry Potter conoció a Lucius Malfoy en la universidad. Unas buenas… otras malas, pero lo importante es que el amor triunfó sobre todos los obstáculos que la vida les puso a ellos y a todas las personas que los rodeaban. Lo importante es que seguían juntos y así sería por toda la eternidad.

FIN

PD. Se preguntarán que pasó con los demás parejas¿verdad? No lo sé con exactitud, pero lo que sí puedo asegurarles es que correrán a patadas a todos aquellos que se atrevan a tocar a su puerta en por lo menos las siguientes 24 horas.

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Les agradezco que se haya tomado la molestia de leer esta historia : )

No es para amargarles la vida, pero los amenazo con volver con otra parte de esta serie de Ojos Grises que me encanta (¿a poco se nota?) … jejeje… no sé cuando la pondré, pero no creo tardar demasiado y para adelantarles algo, se tratará de la historia de Cedric y de Víktor desde que se conocieron… tal vez la idea no es muy atrayente, pero aún así espero que puedan leerla… hasta luego!!!!!!!!!!!