3º CAPITULO: LOS ASESINOS DEL CLAN HYUGA

Amelia estaba en la cocina cortando las verduras para el desayuno. Hinata no se despertaría al menos hasta que ella fuera a llamarla y Maria estaba tomándose su biberón tranquilamente en su silla.

Shiro no había regresado en la noche y eso la preocupo bastante. Podría haberle pasado algo pero lo conocía bastante bien para saber que no caería tan fácilmente si lo pillaban o quizás simplemente se había quedado dormido por algún sitio. De pronto oyó abrirse la puerta de la entrada y fue rápidamente allí.

- Shiro, ¿por qué has…?

Pero Amelia no pudo terminar de preguntarle nada. Shiro cayó al suelo enseguida. Amelia cogió la bolsa que Shiro llevaba y lo ayudo a llegar a una de las sillas de la cocina. Pudo sentir con solo tocarlo que su cantidad de chackra era mínima.

- ¿Qué es lo que te ha pasado? – Preguntó Amelia mirándolo preocupada.

Shiro tardó un poco en contestar, pero finalmente lo hizo.

- Tuve unas "palabras" con Hiashi. El me golpeo en la mayoría de mis puntos de chackra, por lo que mis reservas eran mínimas y no podía moverme bien.

- Entonces será mejor que descanses.

- No te preocupes. De todas formas, ¿hiciste lo que te pedí?

- Si, envíe un mensaje a Shizune y me contestó en seguida. Después del desayuno iré con Hinata al hospital.

- Deberías decir que iremos al hospital.

- Pero tú estas hecho polvo y tus reservas de chackra son escasas Shiro – dijo Amelia con voz despreocupada.

Desde su silla, Maria pedía que le prestaran atención y cuando Shiro se percató se giro para verla y sonrió. Se levanto y la tomó brazos y luego se volvió a sentar. Puso a la pequeña niña sentada en una de sus rodillas y luego comenzó a moverla para imitar el movimiento de un caballo, algo que a la niña le encantaba que hiciera su padre.

- No te preocupes, estaré bien – dijo Shiro con una sonrisa dibujada en su rostro.

Amelia lo miro muy fijamente. Quería creerle pero no podía. Sabía que Hiashi le habría hecho más daño del que el quería reconocer.

Hinata bajó pocos minutos después y no oyó nada de la conversación.

- Buenos días… – saludo vagamente Hinata restregándose un dedo en un ojo. Claramente aún tenía algo de sueño.

Había dormido con un camisón que le había dejado Amelia y caminaba sobre la superficie de manera con los pies desnudos, obviamente las sandalias se las había dejado en la habitación sin darse cuenta. Shiro sonrió mientras la miraba y Hinata solo lo miro. Y, entonces de pronto, cuando espabiló y se acordó de la situación se avergonzó por su comportamiento. Su cara se enrojeció levemente y comenzó ha hacer reverencias.

- ¡L… lo siento! ¡Comportarme así… yo…!

Shiro y Amelia rieron al unísono, Hinata realmente se sentía avergonzada.

- No pasa nada Hinata – le dijo Shiro - . Siéntete como en tu casa.

- Pero… yo…

- Tú no te preocupes, ¿vale? – Le sugirió Shiro y le guiño un ojo.

El grupo desayuno y durante ese rato solo hicieron algún comentario que otro. Cuando Hinata se levanto, y fue a recoger su plato, se percató de la bolsa que había al lado de la silla de Shiro.

- Shiro-sensei, ¿qué es esa bolsa?

Shiro se había olvidado por completo. La cogió y la puso encima de la mesa y se la acercó a Hinata con un pequeño empujón.

- Es algo de ropa para ti. Anoche fui a tu casa y me lleve algo para ti – contó Shiro sin mencionar otras cosas.

- ¿De verdad?

- Si, de momento te bastará con esto supongo. Si necesitas más ya iremos a buscarlo en otra ocasión.

- Gracias Shiro-sensei – agradeció Hinata haciendo una reverencia y Shiro solo le sonrió.

Hinata copio la bolsa y se preparaba para subir a su cuarto a dejar las cosas pero el comentario de Shiro la hizo detenerse.

- Por cierto Hinata, hay que ver que ropa más "bonita" ocultas, ¿eh? – comentó Shiro con tono burlón.

Hinata tardó un poco en captar el significado de lo que había dicho pero cuando lo capto se giró rápidamente totalmente roja y avergonzada. Sabía que no debía ya que Shiro habría tenido que coger su ropa de todas formas y se daría cuenta quisiera o no. Hinata solo se marchó de la cocina sin decir nada, totalmente roja.

- Hay que ver que malo eres Shiro – comentó Amelia mientras tomaba a Maria en brazos.

- Solo era una broma.

Hinata guardó la ropa que Shiro le había traído. Le avergonzaba de verdad que Shiro hubiera visto que a ella le gustaba mucho usar una ropa interior con estampado de frutas o de animales como gatos o perros. Se volvió a poner roja y noto como su cuerpo se iba calentando más y más por momentos. Se preguntó si tendría fiebre. El sonido de unos golpes en la puerta la hizo volver a la normalidad.

- ¿¡S… sí!?

- Hinata, vamos a ir al hospital para que te revisen por lo de anoche, prepárate que nos vamos en seguida. – Dijo la voz de Amelia.

Eso Hinata no se lo esperaba. Ya se había olvidado de lo que ocurrió la noche anterior así que no le había prestado mucha atención y además ya se encontraba bien.

- Estoy bien, no hace falta que os molestéis.

- Es solo por precaución

- Está bien…

Hinata se vistió rápidamente y bajo a al piso de abajo donde le esperaban Shiro y Amelia. Amelia cargaba en brazos con Maria. El grupo se dirigió al hospital donde ya estaba esperando Shizune con Tsunade a su lado.

- Llegáis tarde – protestó Tsunade cruzando los brazos.

- ¿Ya estás enfada de buena mañana vieja? – Preguntó Shiro mirándola.

Tsunade solo giró la cara para mirar a otro lado haciendo a la vez un sonido de rabia. Shizune solo suspiró.

- Es que ha vuelto a perder una apuesta.

Todos entendieron en ese momento y Tsunade solo maldecía a Shizune entre pensamientos.

El grupo siguió a Tsunade y Shizune hasta una habitación. Shizune y Tsunade entraron primero, seguidas por Amelia y Hinata y por último Shiro, quien cerró la puerta tras de si. A los pocos segundos la puerta se abrió bruscamente y Shiro salió volando hacía el pasillo y se estrelló contra la pared.

- ¡Tú te quedas fuera! – Grito Tsunade que cerro la puerta tras de sí.

Cuando las cuatro chicas, bueno en verdad cinco contando a Maria, se quedaron solas ya hubo más confianza. Tsunade se sentó en una silla, al lado de una cama.

- Bueno Hinata, quítate la ropa y túmbate aquí para que te examine.

Hinata se lo pensó un poco. No sabía que necesidad había de que se quitara la ropa allí para unas simples pruebas. Pero si Tsunade se lo pedía por algo sería, además solo había mujeres, si hubiera estado Shiro le hubiera dado mucha vergüenza, a pesar de que el ya la había visto varias veces antes. Se quito la ropa y cuando se preparaba para quitarse la ropa interior la voz de Tsunade la detuvo.

- La ropa interior no hace falta Hinata, túmbate.

Hinata hizo un gesto afirmativo con la cabeza y se tumbo en la cama. Tsunade comenzó a inspeccionarla.

Shiro se levanto del suelo todo dolorido. El golpe que Tsunade le había dado había sido fuerte de verdad.

- Maldita vieja… - protestó - . Si quería que no estuviera dentro haberme pedido que saliera.

Shiro se acariciaba la mejilla donde Tsunade le había pegado el puñetazo. El ya se imaginaba que el no podría estar allí dentro y la verdad le daba igual. Se puso de pie como pudo y se preparaba para sentarse en el banco que había frente a la puerta donde estaba Hinata con los demás pero cuando lo iba ha hacer noto una presencia. Miro hacía la derecho y allí los vio.

Sin duda eran dos Hyuga. Pelo largo y liso y sobre todo los ojos de color blanco. Ambos se acercaron unos pasos y luego se detuvieron. Todo a la vez.

- ¿A qué habéis venido Hyugas? – Preguntó Shiro mirándolos fijamente y guardando ambas manos en los bolsillos de los pantalones.

- Venimos a por la señorita Hinata, Shiro Yagami – dijo uno de ellos.

- En cuanto termine sus asuntos aquí nos la llevaremos – dijo el otro.

- ¿Y qué pasará si yo me niego? – Preguntó Shiro vacilante y notó como uno de ellos, el de la derecha, se empezaba a cabrear y se hubiera lanzado a por el sino llega a ser porque su compañero lo detuvo.

- Aquí no es un buen lugar para pelear. Así que vayamos fuera – aconsejó el Hyuga que parecía ser el más calmado de los dos y el líder del grupo.

- Me parece bien – comentó Shiro y los tres se marcharon de allí rápidamente y en menos de dos minutos se encontraban en lo que parecía algo así como un pequeño campo despejado pero con árboles a su alrededor, muy cerca del hospital.

La mirada de los dos guerreros Hyuga se quedó fija en Shiro que los miraba de la misma manera.

- Aquí no nos molestará nadie – dijo Shiro.

El Hyuga más nervioso tenía ganas de machacar a Shiro. No le parecía más que un chulo pero su compañero le detenía.

- Antes déjame presentarnos. Yo soy Aoshi y este es Kiaki – dijo Aoshi, el Hyuga más relajado de los dos.

Shiro ni se inmuto pero si le sorprendió oír sus nombres.

- He oído hablar de vosotros. Sois del grupo de asesinos del clan Hyuga y de los mejores.

- Me halaga que conozcas nuestros nombres Shiro-kun, pero si es cierto que has oído hablar de nosotros sabrás que ahora mismo no estás en condiciones de poder hacernos frente, ¿verdad? – comentó Aoshi.

- ¿Y eso por qué?

- Está noche has estado luchando hasta el amanecer con el maestro Hiashi y tus reservas de chackra son casi nulas. Haces esfuerzos por mantenerte en pie pero te cuesta aunque intentes aparentar que no. Si te enfrentas a nosotros no puedo garantizar tu seguridad.

Shiro no dijo nada. No pensó que el combate que había tenido con Hiashi se difundiría tan rápido aunque la verdad no le extraño.

- Agradezco mucho que te preocupes por mi seguridad pero si has oído hablar de mí sabrás que no soy alguien a quien se le pueda intimidar.

- Si lo sé.

- De todas formas, es cierto lo que dices, mi nivel de chackra es bajo ahora pero creo que con utilizar el Taijutsu podré haceros frente.

- ¿De verdad vas a pelear? – Preguntó Aoshi sin cambiar la expresión impasible de su rostro.

- Habéis venido a llevaros a Hinata y eso es algo que no voy a dejar que hagáis. Así que… - Shiro sacó las manos de sus bolsillos y se puso en posición de combate - . Si os la queréis llevar primero tendréis que derrotarme.

Aoshi no dijo nada pero Kiaki no podía aguantarlo más.

- ¡Voy a machacarte maldito engreído! – Gritó Kiaki mientras se lanzaba contra Shiro.

Mientras Kiaki se acercaba, Shiro se encontraba luchando en su interior por una importante decisión. Tenía claro que en su estado no podría hacer frente a esos dos guerreros al no poder usar su ninjutsu ni su genjutsu y no podía malgastar el poco chackra que le quedaba así que tendría que jugárselo todo al cuerpo a cuerpo, cosa que con un Hyuga es muy poco recomendable.

- ¡Onigan!

Los ojos de Shiro cambiaron de color y de forma. Kiaki se paro delante de Shiro e intento golpearlo con la palma de su mano, pero Shiro esquivaba los golpes con gran facilidad. Kiaki se cansó pronto de ver como Shiro esquivaba sus golpes y comenzó a realizar movimientos salteados realizando golpes con la palma de su mano y patadas. Cuando Kiaki estaba a punto de alcanzar a Shiro, este siempre lograba usar sus manos para desviar su golpe o su brazo para parar sus patadas.

Aoshi observaba cruzado de brazos el combate. No le sorprendió que Shiro pudiera esquivar con tanta facilidad los golpes de Kiaki. Su onigan eran de los mejores de su clan y gracias a el podía esquivar y parar golpes que podían resultar mortales para él. Realmente se estaba excitando y tenía ganas de entrar en acción. Hacía tiempo que no se encontraba con un rival de ese calibre.

Mientras esquivaba y paraba los golpes, Shiro percibió un hueco y, con toda la fuerza que pudo darle a su puño, golpeó a Kiaki en la zona izquierda del pecho. Kiaki salio disparado pero logro detenerse gracias a que uso sus piernas como frenos, dejando la tierra levantada a su paso.

Kiaki miró sorprendido y furioso a Shiro, pero el ya no estaba allí.

- ¡Byakugan!

Kiaki activó su Byakugan pero antes de que empezará a rastrear la zona para buscar a Shiro, este apareció delante suya y le propinó una fuerte patada giratorio que lo lanzó bosque adentro. Está vez no pudo detenerse.

Aoshi separó sus brazos sonriendo. Realmente Shiro sería un rival de su talla y ya era hora de que entrará en acción. Shiro se giró para mirarlo con una mirada que Aoshi reconoció como un desafió.

- Ahora vienes tú – dijo Shiro con un tono de provocación pero Aoshi no se inmuto, el no era como Kiaki.

- No te equivoques Shiro-kun, yo no soy para nada como Kiaki – dijo Aoshi mientras se colocaba en posición - . Vas a ver la diferencia que hay entre el y yo. ¡Byakugan!

- Estoy deseando verla – comentó Shiro sonriendo y colocándose en posición de combate, listo para recibir los ataques de Aoshi.

Tsunade quitó su mano del estómago de Hinata, Ya había comprobado todo lo que tenía que comprobar.

- Ya está Hinata, puedes vestirte.

- De acuerdo.

Hinata se levantó y se dirigió hacía la silla donde había dejado su ropa. Amelia se acercó a Tsunade y la miró a los ojos.

- Tsunade-sama…

- Sí, es como tú habías dicho.

Hinata se estaba poniendo los pantalones cuando oyó esas últimas palabras y los dejo caer al suelo, y estos cayeron deslizándose por sus piernas, y se giró para mirar a las tres chicas ninja.

- ¿Qué ha querido decir con eso Tsunade-sama?

- Pues que tú Hinata estas…

Shiro chocó a toda velocidad contra el tronco de un árbol. Cuando Shiro cayó al suelo, el árbol se partió y cayó. Shiro se levantó con dificultad apoyándose en lo que quedaba de tronco.

- Maldición… estoy demasiado cansado como para seguirlo con el onigan… - pensó para si mismo pero no tuvo tiempo de reaccionar.

Aoshi apareció en menos de un segundo delante de Shiro y le propinó un nuevo golpe.

- ¡Jüken!

Aoshi golpeo a Shiro en el pecho y este salió disparado a gran velocidad bosque adentro. Todos los árboles con los que chocaban caían al suelo partidos o destrozados y al poco Shiro aterrizó bruscamente contra el suelo, dejando un fuerte rastro de su paso. Se puso en pie como pudo aunque le costó bastante.

- Maldita sea… - protestó Shiro en su mente.

A Shiro le costaba respirar y aunque, por suerte, el golpe de Aoshi no había alcanzado ninguno de sus órganos vitales solo por suerte sino ya estaría claramente muerto. Cuando alzó la vista pudo ver a Aoshi que se encontraba a muy pocos pasos de el.

- Shiro-kun, ríndete y no te mataré.

Shiro sonrió al oír esas palabras.

- ¿Te crees de verdad que me das miedo Aoshi? Prefiero morir a humillarme ante alguien pidiéndole clemencia.

- Tú lo has querido.

Aoshi se desplazó muy rápidamente y se coloco en menos de un segundo delante de Shiro y comenzó a golpearlo a toda velocidad con la palma de su mano.

- ¡Jüken!

Los golpes de Aoshi golpeaban a Shiro en todas las partes de su cuerpo. Aoshi no tuvo ninguna compasión con sus golpes y finalmente le golpeo con un último en el estómago y Shiro cayó al suelo de rodillas. Aoshi se apartó de un salto hacía atrás.

- ¿Te rendirás Shiro-kun? No quiero matar a alguien como tú.

- Lo siento mucho… pero no me voy a rendir para nada.

Aoshi calló por un momento y lo miro fijamente. Conocía bien las historias sobre Shiro, alguien que jamás pediría clemencia en un combate y que prefería perder la vida a rendirse. Era un auténtico guerrero y Aoshi siempre lo había admirado.

- Dime, ¿por qué estas luchando contra nosotros? ¿Por qué luchas contra el clan Hyuga?

- Es el clan Hyuga quien me ha puesto como su enemigo – dijo Shiro mirándolo desde el suelo, de rodillas y poniendo una de sus manos sobre la zona donde Hiashi había golpeado en último lugar mientras que su otra mano la usaba para limpiar la sangre que caía de su labio. – Yo solo cumplo con mi misión de proteger a Hinata.

- Hinata-sama debe acatar las normas del clan Hyuga. Ella lo sabía y…

- ¡Nadie tiene derecho a decirle a Hinata con quien puede o no puede estar en su futuro!

Aoshi cayó y miro a Shiro sorprendido.

- Dime Aoshi… ¿por qué no podéis dejar a Hinata que sea feliz con quien ella quiera? ¿De verdad es tan importante que su marido sea un Hyuga? Yo no lo creo, lo único que ocurre es que el consejo del clan Hyuga no quiere aceptar a Naruto como su sucesor.

- Eso a mi no me incumbe saberlo. Yo solo cumplo con las órdenes que el consejo me de.

- Es decir… que no eres más que un perrito faldero.

- Mis órdenes eran llevar a Hinata-sama de vuelta a la casa de los Hyuga y ya me avisaron que tú te interpondrías. Así que también me pidieron que te eliminase.

- Y…. ¿a qué estas esperando?

- Eres un gran guerrero y Konoha necesita de hombres como tú. No me gustaría tener que matarte.

- Pues lo siento por ti… pero si quieres llevarte a Hinata tendrás que matarme, porque sino créeme que te perseguiré y te detendré aunque me rompas todos los huesos – dijo Shiro con una sonrisa.

Aoshi cayó y se produjo un silencio que solo era roto por el viento.

- Entonces no me dejas otra opción – dijo Aoshi suspirando y se preparó para atacar pero de la nada apareció Kiaki delante suya.

- ¡Espera Aoshi! ¡De este tipo quiero ocuparme yo!

Kiaki apretó con fuerza sus puños antes de comenzar a caminar hacía Shiro. Pensaba que Aoshi lo detendría pero no hizo nada.

- ¿No te importa verdad?

- Haz lo que quieras, pero no tardes mucho – Aoshi dio la espalda a Shiro y Kiaki tras decir esto y comenzó a caminar en dirección al hospital.

Kiaki se acerco sonriendo hacía Shiro apretando sus puños, lo que hacía crujir sus huesos.

- Te voy a eliminar de un solo golpe maldito. Te voy a partir la cabeza con mi Jüken.

Shiro no dijo nada. Tenía la cabeza agachada y no podía ver su rostro.

- Maldito seas…. ¡Muere!

Desde donde estaba, Aoshi sintió el temblor en la tierra. Eso significa que Kiaki había golpeado fuertemente la cabeza de Shiro hasta aplastarla contra el suelo. Le encantaba hacer esas cosas. Era una lástima haber tenido que matar a alguien como él.

- Hasta nunca valiente – pensó Aoshi mientras seguía caminado pero de pronto algo pasó a toda velocidad por su lado y se estrelló no muy lejos de allí.

Aoshi corrió sorprendido al lugar y cuando llegó vio un fuerte rastro de tierra levantada. Cuando lo siguió con la mirada. Vio el cuerpo de Kiaki en el suelo. Se acercó hacía el corriendo y se arrodilló junto a el.

- ¡Kiaki! ¡Kiaki responde!

Kiaki no respondía. Su cara estaba totalmente llena de sangre al igual que todo su cuerpo. Presentaba señales de haber recibido más de un centenar de golpes y cuando vio su brazo derecho, Aoshi quedó totalmente sorprendido. Kiaki ejecutaba a sus víctimas siempre con su brazo derecho pero al examinarlo con su byakugan se asustó. Su brazo estaba totalmente destrozado, todos sus huesos estaban rotos. Se preguntó quien podría haberlo hecho y entonces cuando giró la vista para mirar en la dirección por la que había venido volando su compañero vio a Shiro de pie, con los brazos cruzados y con una sonrisa dibujada en su rostro.

Aoshi quedó totalmente sorprendido. El cuerpo de Shiro estaba totalmente cargado de chackra de nuevo y las heridas que le había propinado antes habían desaparecido por completo.

- ¿Pero cómo…? – Intentó preguntar Aoshi pero no pudo, estaba demasiado sorprendido.

- Si has oído algo de mí, deberías saber que me recupero y regenero con mucha rapidez. No he recuperado aún todo mi chackra pero creo que será suficiente.

- Tú… ¿tú le has hecho esto a Kiaki?

- Quería aplastarme la cabeza así que no tuve otra opción que defenderme – dijo Shiro sonriendo.

Shiro recordó en su memoria el momento.

- ¡Prepárate a morir maldita rata! – Gritó Kiaki mientras bajaba su mano a gran velocidad contra la cabeza de Shiro que se encontraba arrodillado y con la cabeza agachada.

Hubo un gran estruendo y Kiaki sonrió para si mismo, lo había eliminado. Pero entonces notó como su brazo derecho se partía por dentro en millones de pedazos. Se alejó apoyando su mano izquierda sobre su brazo roto y miro hacía Shiro. Shiro tenía el puño levantado, por lo que supuso que había parado su mano con un puñetazo, pero era imposible que lo hubiese detenido en ese estado y menos aun que le hubiera roto todo el brazo. Cuando lo examino con el byakugan lo entendió. Su chackra estaba volviendo a moverse libremente por su cuerpo.

- Bueno… - dijo Shiro poniéndose en pie y sacudiéndose el polvo de la ropa - ¿A quién ibas a matar? – Preguntó Shiro en tono burlón mirando a Kiaki.

Kiaki no lo resistió y se lanzó contra Shiro cargado de furia.

- ¡Te mataré!

Shiro activo el onigan y cuando Kiaki estuvo cerca de él, comenzó a golpearle a una gran velocidad en todo su cuerpo y luego le golpeó un fuerte puñetazo a Kiaki en su estómago y este salió volando en dirección por donde se había ido Aoshi.

Shiro termino de recordar y solo sonrió.

- Bueno Aoshi, contigo tengo una cuenta pendiente. Así que si no te importa.

Aoshi se levantó sonriendo y miro a Shiro. Su byakugan le dio a entender que ahora Shiro había recuperado al menos la mitad de su fuerza por lo que quizás aún no fuera lo suficiente fuerte para que le tuviera que temer.

- Te dije una vez ya que yo no soy como Kiaki. No creo que me puedas tumbar tan fácilmente.

- Veámoslo.

Aoshi se lanzó contra Shiro para golpearlo con su ráfaga de Jüken pero para sorpresa de Aoshi, Shiro pudo pararlos todos sin mucha dificultad y golpearle una fuerte patada en el costado derecho. Aoshi se alejó de un salto y lo miro fijamente, pero ya no estaba allí.

- ¿A dónde estás mirando?

La voz de Shiro vino de su espalda, Aoshi se alejó de allí. ¿Cuándo se había movido? No le había quitado el ojo de encima y sin embargo se había movido sin que él lo percibiera.

- Aoshi, no quiero tumbar a alguien como tú. Ríndete.

- ¿Qué no quieres tumbar a nadie como yo? – Preguntó Aoshi extrañado por esas palabras.

- Tú compañero ya me tenia harto así que a él me daba igual darle una paliza. Pero tú eres un hombre contra el que no tengo nada, ríndete y márchate.

Aoshi cayó por unos momentos, pero luego hablo al final.

- Lo siento mucho… pero yo soy un hombre que cumple todos sus encargos aunque tenga que perder su vida en el intentó. No pienso rendirme Shiro-kun.

Shiro sonrió y recordó la situación tan parecida que había habido segundos antes.

- Sabes que ahora mismo soy más fuerte que tú, no vas a poder ganarme.

- No lo sabré si no lo intento.

Aoshi atacó a Shiro pero este esquivaba sus golpes con mucha facilidad y con una gran velocidad propinaba golpes a Aoshi. Finalmente, Shiro dio una voltereta hacía atrás y golpeo su pie a Aoshi que se elevó en el aire. Cuando Shiro volvió a estar de pie, dio un pequeño saltó, giro sobre si mismo y golpeo una fuerte patada a Aoshi en el costado izquierda, lanzándolo contra un árbol que se partió a causa del choque.

Aoshi se puso en pie a pesar de que le dolía mucho el cuerpo. Sabía que tendría alguna costilla rota pero tenía que cumplir su misión y debía acabar con Shiro para ello.

Aoshi se preparó para atacar a Shiro. Esta vez parecía que sus golpes no le eran tan fáciles de esquivar. Pudo golpearlo una o dos veces como mucho pero pudo alcanzarlo y esto hizo que Shiro retrocediera. Ambos se miraron un momento y Aoshi se lanzó de nuevo contra Shiro.

Shiro sujetó las dos manos de Aoshi. Dio un pequeño salto y apoyó sus pies en el pecho de Aoshi. Con toda su fuerza, Shiro se hecho para tras e hizo que Aoshi diera una pequeña vuelta y cuando había hecho un giro casi de 360º, Shiro lo impulsó con sus pies y Aoshi se estampó contra el suelo. Shiro soltó sus manos y se alejó.

Aoshi se levantó al poco. Respirando con dificultad pero aún con ganas de seguir peleando. Shiro sabía que no sería fácil tumbarlo. Aoshi lo miraba desafiante y aunque se notaba que sentía un fuerte dolor no estaba dispuesto a rendirse. Shiro comenzó a realizar sellos y concentró su chackra en su puño.

- ¡Honou no ryu ken!

El golpe alcanzó el estómago de Aoshi y lo lanzó por los aires. Shiro dio un salto y cuando lo alcanzó, realizo un giro de 360º y le pegó un fuerte talonazo a Aoshi que hizo que cayera a toda velocidad contra el suelo. Pero Shiro llegó antes, y antes de que Aoshi chocará contra el suelo, Shiro golpeó con un puñetazo a Aoshi en el estómago y este escupió sangre por la boca, sangre que cayó en la cara de Shiro.

Aoshi cayó al suelo y se apretaba el estómago con fuerza. A pesar de que le dolía todo el cuerpo y sabía que tenía varios huesos rotos, se puso en pie y miro a Shiro a los ojos.

- ¿No piensas abandonar? – Preguntó Shiro

- Sabes que no… - dijo Aoshi quitándose la sangre que le salía del labio.

Shiro suspiró y lo miro con una mirada más de admiración que con una mirada de pena que Aoshi esperaba ver.

- Ha sido un placer poder haberme enfrentado a ti – dijo Shiro.

Aoshi no dijo nada. Su rostro era imperceptible pues tenía la cabeza agachada.

Shiro desapareció de la vista de Aoshi y apareció bajo de el inclinado y le propinó una fuerte patada que lo lanzó volando por los aires, a una considerable altura. Shiro saltó y lo siguió. Cuando lo alcanzó lo agarró del pie y lo lanzo contra el suelo. El choque de Aoshi contra el suelo hizo retumbar la tierra del lugar y se levantó una gran humareda.

Aoshi pudo abrir los ojos con dificultad. La sangre se le colaba en los ojos y todo lo veía de color rojo. También tosió sangre. Cuando se disipó la nube de polvo y miro al cielo, vio que Shiro estaba dando vueltas sobre si mismo en el aire y que comenzaba a bajar poco a poco.

- Has dicho… que ha sido un placer enfrentarte a mí… pero para nada ha sido una pelea igualada…. Realmente tú has sido superior a mí en todos los aspectos, no he podido hacer nada contra ti – pensó Aoshi y sonrió - . Ha sido un honor Shiro-kun.

Cuando Shiro llegó a la altura de Aoshi, dejó de girar y le propinó una fuerte patada que hizo que se hundiera más en la tierra y retumbara todo el lugar.

- ¡Ryu rendan!

Hinata estaba sorprendida por lo que acaba de oír.

- Embarazada….

- Si Hinata, estás embarazada – dijo Tsunade.

Hinata solo apoyaba sus manos en su barriga. El único que podría ser el padre de aquella criatura era Naruto y eso significaba que pronto tendría un motivo para no poder separarse de el. En su barriga llevaba el fruto de su amor con Naruto. Aunque le avergonzaba pensar en ello la verdad.

- ¿De cuanto está? – Preguntó Amelia.

- Cálculo que de unos dos meses. Dentro de poco comenzará a ganar peso y será mejor que deje de hacer misiones como ninja mientras este en ese estado – dijo Tsunade.

Amelia y Tsunade cambiaron unas palabras más, pero Hinata no las escucho. Estaba demasiado sorprendida para hacer caso de otra cosa. Hinata y Amelia salieron de la habitación no sin antes hacer una reverencia para dar las gracias a Tsunade y Shizune. Cuando salieron, Shiro estaba allí de pie esperándolas.

- Ya era hora, tardonas – protestó Shiro.

- Lo siento cariño.

Hinata no supo porque, pero se acercó a Shiro y lo abrazó y apoyó su cabeza en el pecho de Shiro.

- Ey Hinata, ¿qué te pasa? – Preguntó Shiro pero la niña no respondió.

Shiro miró a Amelia que solo afirmó con la cabeza y Shiro entendió. Acarició la cabeza de Hinata con suavidad y ternura. En esos momentos Hinata necesitaba tener a alguien cerca que la ayudara a llevar lo que había pasado. Estaba embarazada y necesitaba todo el apoyo del mundo, sobre todo el apoyo de un padre y Shiro entendió que Hinata confiaba en que el y Amelia desempeñaran ese papel en esos momentos.

El grupo de marchó de allí y Hinata no se separó de Shiro. Fue callada todo el tiempo.

En medio del bosque, los cuerpos de Kiaki y Aoshi eran recogidos por la unidad médica de los Hyuga. Un Hyuga de aspecto joven que no tendrían más de los 28 años miraba como se llevaban los cuerpos de dos de los mejores guerreros del clan. No estaban muertos, pero tardarían mucho en recuperarse.

- Eres único Shiro… - pensó el chico mirando el escenario de lo que había sido el campo de batalla y supo que Shiro no se había empleado para nada a fondo.