ESPECIAL: BAJO UNA NOCHE DE TORMENTA

Bueno aquí un especial de los típicos en mi fic. Muchos se preguntaba como era posible que Hinata pudiera quedarse embarazada si apenas habían estado juntos, así que lo dejaré aquí puesto. El fic contendrá algún contenido erótico por lo que quien lo lea lo hace bajo su propia responsabilidad. Bueno espero que les guste a mis seguidores más comunes y no tan comunes.

Hinata no había podido dormir en toda la noche. La noticia de que estaba embarazada de Naruto la había dejado muy sorprendida. Tampoco había probado bocado alguno para la cena y no creía que fuera a comer en el desayuno. Acababa de amanecer y suponía que Amelia ya estaría en la cocina, Shiro seguiría durmiendo.

Hinata bajo al rato a la cocina y como supuso, allí estaba Amelia preparando el desayuno. María estaba tomando su biberón en su sillita y Hinata dibujo una sonrisa en su rostro al verla.

- ¡Ah! Hola Hinata – dijo Amelia cuando vio que Hinata estaba en la cocina.

- Buenos días Amelia-sensei.

- El desayuno estará preparado en seguida. Si esperas un minuto…

- No… gracias pero no tengo hambre…

Amelia calló un momento antes de decir nada.

- Hinata tienes que comer algo, si no lo haces caerás enferma.

- Es que de momento no tengo hambre – y dicho esto, Hinata se marchó de allí.

Shiro bajaba las escaleras medio dormido y vio como Hinata salía de la cocina, pero ella no se percato de su presencia. Shiro entró en la cocina y allí estaba Amelia poniendo la mesa.

- ¿Ha pasado algo que deba saber cariño? – Preguntó Shiro apoyado en el marco de la puerta.

Amelia no dijo nada y miro a Shiro a los ojos, y al poco contestó.

- Sigue sin querer comer algo. Quizás debamos hablar seriamente con ella.

Shiro se removió un poco el pelo y miro por el pasillo en la dirección que se había ido Hinata.

- No pensé tener que tratar estas cosas tan pronto. ¿No sería mejor que hablaras tú con ella? Quizás debas hablar tú con ella Amelia.

- A ti te tiene más cariño y lo sabes Shiro. Nunca te ha ocultado nada.

- Bueno ya lo sé… pero… - Shiro apartó un momento la vista y dejo de mirar a Amelia directamente.

Amelia rió por sus adentros. Le hacía gracia ver a Shiro así.

- ¿Te da vergüenza desempeñar el rol de padre?

Shiro no contestó y se sonrojo un poco lo que hizo que Amelia riera por lo bajo.

Shiro y Amelia desayunaron y Shiro fue con el desayuno para Hinata cargado en una bandeja. Encontró a Hinata sentada en el balcón, en una de las sillas, de su habitación. Shiro dejó la bandeja en la mesa del balcón y se sentó en una de las sillas.

- Amelia me ha dicho que no has querido desayunar nada Hinata.

Hinata no dijo nada. Se produjo un momento de silencio que solo era roto por el movimiento que levantaba los largos cabellos de Hinata. Shiro miró a Hinata y le pareció que tenía una mirada triste. Al final, Hinata respondió.

- Shiro-sensei… ¿está mal lo que he hecho?

- ¿Si está mal el que? – Preguntó Shiro extrañado.

- Llevo dentro de mí a un niño que es fruto del amor de Naruto y yo… pero no sé… no me siento bien de llevarlo en mí… me siento culpable de poder tenerlo tan joven… de que no sepa ser una buena madre… de tantas cosas… - Hinata finalmente calló y escondió su rostro.

Shiro se levantó de su asiento y colocó la silla tras la de Hinata, luego la rodeó con sus brazos, Hinata se quedó quieta sin hacer nada.

- Escúchame Hinata, lo hecho, hecho está. Si hiciste algo con Naruto y vas a tener a tu hijo no te sientas culpable de tenerlo.

- Pero no creo merecerlo…

- Si Naruto y tú lo hicisteis… ¿no crees que eso significa que Naruto te considera como la mujer de su vida?

Ante esto Hinata reacciono y se giro para ver la cara de Shiro que le dibujaba una sonrisa.

- No te tienes que sentir culpable de nada. Ahora solo tienes que preocuparte de estar bien para que cuando Naruto vuelva darle una gran sorpresa.

- ¡Si! – Dijo con alegría Hinata.

Shiro dejó sola a Hinata para que estuviera tranquila. Ella prometió que se comería el desayuno así que Shiro decidió marcharse.

Hinata comenzó a comer poco a poco mientras miraba al cielo y recordó aquella vez en que Naruto y ella unieron sus cuerpos en uno solo.

Haría dos meses de aquello, como mucho tres. Naruto y Hinata habían sido enviados a un país vecino para cumplir una misión. La misión consistía en detener un movimiento rebelde contra la corona de aquel país y fue muy sencillo y, además, era una de las pocas misiones en las que a Hinata habían enviado junto a Naruto.

- ¡Ay! ¡Qué fácil ha sido esta misión! ¡Cómo me gustaría que la vieja Tsunade me mandara misiones más difíciles! – Se quejó Naruto y Hinata rió.

- Pero nos han recompensado bien por terminar pronto la misión – dijo Hinata mientras apoyaba su cabeza en el hombro de Naruto.

- Supongo que tienes razón.

Konoha aún estaba a un par de días de donde ellos se encontraban, así que Hinata aún podía disfrutar un poco más de su tiempo a solas con Naruto. Era ya de noche e iban a buscar algún pueblo por el camino para poder pasar la noche pero si no encontraban ninguno tendrían que dormir al raso. De pronto se puso a llover y Naruto y Hinata comenzaron a correr en busca de refugio.

El camino por el que estaban era un prado, por lo que no podían encontrar ningún árbol bajo el que refugiarse ni nada por el estilo. Para su suerte, al rato encontraron una cabaña. Naruto encendió un fuego y ambos se quitaron la ropa empapada que llevaban y la dejaron tendida junto al fuego. Naruto y Hinata estaban sentados cerca del fuego, pero sentados de espaldas el uno al otro. Habían tenido que colgar toda su ropa y aunque a Naruto le daba igual que Hinata lo viera pero ella tenía mucha vergüenza de que el la viera.

Hinata se tapaba sus pechos y con las piernas encongadas intentaba cubrirse lo máximo posible. Le daba muchísima vergüenza aquella situación. La lluvia le había mojado hasta la ropa interior y esta aún tardaría en secarse. Hacía frío y Hinata estaba comenzando a helarse. El fuego que había encendido Naruto no calentaba lo suficiente como para que su cuerpo se calentará.

- Hinata, ¿y si nos vamos ya a dormir? – Dijo Naruto de pronto.

- S… si… tienes razón…

- Vete tú primera….

A Hinata le dio un pequeño vuelco el corazón y miro a Naruto de reojo. Le puso muy feliz lo que Naruto había dicho. El respetaba su intimidad y eso la alegro. Hinata se levanto, aún tapándose con sus manos las partes que Naruto pudiera mirar y se dirigió a su mochila.

- ¡Oh, no! – Gritó Hinata cuando metió la mano en su mochila.

Naruto no se giró para mirarla, pero si le preocupo lo que Hinata dijo.

- ¿Qué ocurre Hinata?

- Mi saco… está totalmente mojado…

Hinata regresó a donde Naruto y se volvió a sentar en la misma posición. Dejo su saco tendido con la esperanza de que pronto se secará, pero sabía que eso no iba a ser posible. Naruto había ido a comprobar su saco y estaba totalmente seco. El había tenido más suerte.

Se produjo un pequeño silencio. A Hinata no le gustaba que hubiera esos silencios cuando el y ella. Pronto Naruto lo rompió diciendo algo que Hinata sabía que Naruto podría decir pero que no esperaba que fuera capaz de decir.

- ¿Qué te parece si… dormimos juntos Hinata? – Preguntó Naruto.

- ¿Eh?

- Estoy seguro de que los dos cabremos en mi saco y además si lo dejamos abierto y nos tapamos con una manta estaremos mejor.

- ¿E… estás seguro Naruto-kun? – Preguntó Hinata con timidez.

- Sí…

Naruto fue el primero que se fue a dormir, extendió el saco y se cubrió con una manta. Hinata se tumbó poco después de espaldas a el. Hinata intentó dormir pero no podía. No sabía porque pero no podía. Su espalda estaba en contacto con la de Naruto y eso a ella le gustaba mucho. Se estaba bastante caliente debajo de esa manta como para que Hinata encontrara una tranquilidad extrema y algo que ella llevaba mucho tiempo deseando, estar a solas junto con Naruto.

Hinata miró de reojo a Naruto que estaba tumbado de costado. Ella se giró y rodeo con sus brazos el cuerpo de Naruto y sus pechos entraron en contacto con su espalda.

- ¿H… Hinata? – Dijo Naruto sorprendido.

- No digas nada por favor…

Naruto hizo lo que le dijo Hinata y no dijo nada.

- Me gusta estar así… contigo…

Se produjo un gran silencio y ninguno de los dos dijo nada. Para Hinata, cada segundo que pasaba eran minutos y los minutos eran horas. A Hinata le avergonzaba mucho esa situación, pero también le encantaba. Naruto era en aquel momento solo suyo y podía pasar todo el tiempo del mundo con el, cosa que últimamente le había sido del todo imposible.

Hinata no sabía que horas podían ser, quizás las tres o las cuatro de la mañana, pero aún seguía lloviendo. Su cuerpo comenzaba a enfriarse y empezaba a temblar un poco. El fuego se estaba extinguiendo, por lo cual eso no ayudaba mucho.

- Hinata, ¿estas dormida? – Dijo Naruto de pronto.

- No…

- ¿Te pasa algo? Estás temblando.

- Es… por el frío… pero no te preocupes… estoy bien…

Naruto se dio la vuelta y rodeo a Hinata con sus brazos, estrechando su cuerpo con el de ella. Hinata se puso roja por un tomate porque Naruto podría ver su cuerpo, pero no fue como ella pensó, pues Naruto tenía los ojos cerrados y solo acariciaba su espalda con ternura, algo que agradó mucho a Hinata.

- ¿Así está mejor? – Preguntó Naruto

- Si…

Hubo otro rato de silencio y Hinata no podía ser tan feliz, era tan feliz que sin darse cuenta comenzó a llorar y Naruto lo noto.

- ¿Hinata? ¿Qué te pasa? ¿Estas llorando? ¿He hecho algo malo?

- No… para nada… es solo que estoy muy feliz… - dijo Hinata entre sollozos.

- Hinata… - pensó Naruto.

- Hacía mucho que no podíamos estar juntos… y tenía ganas de poder estar así contigo…

Naruto no dijo nada.

- Naruto-kun… quiero que tomes mi cuerpo… - dijo Hinata con tono de vergüenza.

- ¿¡Eeeeeeeh!? – Fue todo lo que pudo decir Naruto.

- No quiero que otra persona… que no seas tú me posea… por favor Naruto-kun…

Naruto se levantó hasta sentarse y miro a Hinata que cubría sus pechos con las manos e intentaba mirar a otro lado con las mejillas sonrojadas.

- ¿Estás segura Hinata?

- Si…. – Dijo Hinata con vergüenza.

Naruto besó a Hinata y luego comenzó a darle besos por todo su cuerpo. Hinata apartó tímidamente el brazo que tapaba sus pechos y sus partes íntimas y Naruto solo sonrió.

- Quizás… son muy pequeños para tu gusto… - dijo Hinata con vergüenza y Naruto solo rió por lo bajo.

- No digas eso Hinata-chan… a mi me gustas totalmente como eres… no me interesa si tienes los pechos grandes o pequeños…

Hinata miro a Naruto con felicidad y su mirada cambio a una mirada de ternura.

- Naruto-kun…

Naruto comenzó a jugar con los pechos de Hinata con sus manos. Los pechos de Hinata los podía rodear totalmente con sus manos sin ninguna dificultad y, mientras, con su boca le daba besos a Hinata por el cuello. Hinata comenzó a emitir leves gemidos que hicieron feliz a Naruto, pues supo entonces que a ella le estaba gustando.

Naruto empezó a recorrer el cuerpo de Hinata con su lengua y cuando pasó por su barriga, comenzó a hacer círculos alrededor del ombligo de Hinata. Esto hizo que Hinata sintiera cosquillas y se riera un poco. Naruto continúo jugando con los pechos de Hinata con sus manos y después paso a jugar con ellos con su boca

Los gemidos de Hinata eran cada vez más agudos y de pronto Naruto paró. Las miradas de Hinata y Naruto se cruzaron fijamente.

- Naruto-kun… por favor… hazlo despacio…

- Claro, no te preocupes – le dijo Naruto con una sonrisa.

Hinata sintió en ese momento como algo iba entrando poco a poco en su interior. Ella noto en cierto momento un cierto dolor que pronto desapareció y fue cambiando por un inmenso placer. Hinata solo pensó que lo que ella sentía no era otra cosa que el amor que Naruto sentía por ella.

Fueron minutos que para Hinata fueron horas. Sentir a Naruto tan adentro de ella era algo que Hinata jamás podía haber soñado. Al poco rato, Hinata sintió arder su interior y todo acabo entre un fuerte gemido suyo, rodeando a Naruto totalmente con sus brazos.

Hinata regresó a la realidad en ese momento. Cuando se percató ya se había terminado toda la comida que había en la bandeja. Hinata pensó en el recuerdo que acaba de tener y se sonrojo un poco. Colocó sus manos en su barriga y cerró los ojos.

- Este bebé… es el fruto de amor entre Naruto y yo…

Pasó el día y Hinata no bajo al primer piso hasta la tarde. Shiro no estaba y Amelia estaba con Maria jugando en el salón.

- ¿Dónde está Shiro-sensei? – Preguntó Hinata sorprendida de que Shiro no le hubiese dicho que salía.

- Ha salido un momento a hacer unos recados. ¿Quieres jugar un poco con María y conmigo?

- Claro – dijo con una sonrisa Hinata y se sentó al lado de María.

Shiro se encontraba en el despacho de Tsunade. También estaba todo el consejo de la familia Hyuga y Hiashi en persona.

- Bueno… creo que ha llegado la hora de solucionar este problema – dijo Tsunade cruzando los brazos y echándose sobre el respaldo de su silla.

- No hay nada que solucionar Tsunade – dijo Shiro - . Hinata huyó de la casa de los Hyuga y ahora está viviendo conmigo. Solo estoy cumpliendo con mi deber como su protector.

- Eso no es verdad Shiro – intervino uno de los ancianos del consejo de los Hyuga -. Hinata no quiere someterse al borrado de memoria y tú estas impidiéndonos seguir con nuestras leyes.

- ¿Leyes? ¿De qué leyes me estás hablando? Lo único que queréis hacer es privar de su felicidad a una niña.

- Ella sabía muy bien lo que iba a ocurrir tarde o temprano.

- ¿Y qué pasa con el bebé que tiene en su interior, eh?

- Haremos que aborte. Cuando le borremos la memoria no recordará nada, haremos que aborte antes de borrársela y todo habrá acabado.

- ¿Qué has dicho?

- Tener en nuestra familia a un líder que no sea un Hyuga sería un insulto y Hinata no ha hecho más que causar problemas a la familia. Su hermana es mucho mejor que ella al igual que Neji y eso que Neji es de la rama baja del clan.

Shiro apretaba su puño con fuerza conteniendo la rabia.

- Si pudiéramos evitarlo, Hinata no sería la heredera del clan sino su hermana o incluso Neji que está mucho más preparo que ella. Esa niña no nos ha hecho más que traer problemas y ahora encima está embarazada de ese maldito niño zorr…

Shiro no pudo contenerse más y golpeo un puñetazo en la cara al consejero del clan que se golpeo contra la pared. Le había roto la nariz con el puñetazo y esta no paraba de sangrar. Los otros miembros del consejo se acercaron a el para ayudarle a levantarse. Hiashi estuvo quieto en todo momento.

- Vaya… ¿así reacciono otro monstruo como ese maldito niño zorro? Tú eres igual que el, un monstruo. Cuando te marchaste de la aldea fue lo mejor que podías a ver hecho.

Shiro lo cogió por el cuello del kimono que aquel consejero llevaba y lo alzó en el aire y se preparó para asestarle otro golpe.

- Venga pégame otra vez. De todas formas no puedes actuar de otra manera – dijo el consejero sonriendo.

Shiro se lo pensó un momento y luego lo bajo al suelo al consejero.

- Bien, así me gusta – dijo el consejero arreglándose el cuello pero para su sorpresa, Shiro le golpeo una fuerte patada en la cara que lo volvió a lanzar contra la pared.

Tsunade contemplo la escena y solo sonrió sin que los demás lo notasen. El consejero había quedado inconsciente.

- Así nos dejara hablar tranquilos – dijo Shiro.

El consejo de los Hyuga expresó su opinión a Tsunade. Shiro se sorprendió al ver que ellos eran mucho más coherentes que el consejero al que acaba de derribar. Obviamente se notaba que ese era el pesado del grupo.

- Debes entenderlo Tsunade-sama. Hinata será la heredera del clan, no podemos dejar…

- Aunque vaya a serlo no tenéis derecho a lo que queréis hacer – intervino Shiro.

Durante un rato todo fueron críticas de un lado a otro y finalmente intervino Tsunade.

- Comprendo como os sentís el consejo del clan pero no podemos hacer nada al respecto.

- ¿Cómo que no? – Preguntó sorprendido el consejero del clan que parecía ser el líder del grupo.

- Hinata fue dejada bajo la protección de Shiro por órdenes del tercero y el cuarto y esa es una orden que yo no puedo eliminar. Además, la única con capacidad para borrar la memoria y realizar un aborto en esta aldea soy yo y quiero que sepáis que no lo haría.

- ¿Pero por qué?

- Shiro tiene razón en una cosa. Hinata esta muy bien con Naruto y aunque Naruto no sea un Hyuga, puede ser un buen cabeza de familia.

El grupo del clan Hyuga calló y Hiashi solo atendía con atención. Reconocía que Tsunade tenía razón. La voz del consejero que había sido golpeado por Shiro rompió el silencio.

- Eso no puede permitirse – dijo poniéndose en pie - . Desde su creación, el clan Hyuga ha tenido unas normas que se han respetado desde la antigüedad y ahora no vamos a cambiarlas porque esa cría quiera a ese chico zorro.

Shiro se harto de oírlo y fue a golpear otra vez a ese tipo, pero se encontró con la sorpresa de que fue Hiashi quien lo golpeó. El consejero se levantó como pudo totalmente sorprendido.

- ¿P… pero que haces Hiashi?

- Aunque seas uno de los altos cargos del clan Hyuga, te recuerdo que estas hablando de mi hija. Así que ten un poco más de respeto.

- ¿No me dirás que tú estas de acuerdo con lo que dicen Tsunade y ese crió, verdad?

- No he dicho que lo este, pero, si hablas mal de mi hija créeme que te lo haré pagar.

El consejero calló y se puso en pie.

- Bueno… - dijo Tsunade – No parece que esto vaya a tener solución, de todas formas, quiero que sepáis que Konoha está en alerta máxima. No quiero perder a gente importante de los dos bandos, ¿está claro?

Todos asintieron y el consejo del clan fue el primero en abandonar la sala junto con Hiashi. Shiro se quedó hablando un momento con Tsunade para acordar las citas para controlar la evolución del embarazo de Hinata y se fue. Cuando llegaba a la puerta de la salida del edificio del Hokage, el consejero charlatán estaba apoyado en la pared. Shiro se detuvo frente a el sin girarse a mirarlo.

- Quiero que sepas niñato que el clan Hyuga no consentirá está situación y que tarde o temprano acabarás cayendo – dijo el consejero y después rió.

Shiro se giró y se avanzó un paso hasta ponerse frente a él. El consejero del clan Hyuga se asustó un poco pero no apartó la mirada de el.

- ¿Q… qué pasa contigo eh?

Shiro golpeo un puñetazo muy cerca de la cara del consejero que cerro los ojos por instinto y por miedo. Shiro se inclinó un poco y acerco su boca a su oreja.

- Quiero que sepas… que si te acercas a menos de diez kilómetros de Hinata, te mataré.

Shiro se marchó tras decirle esto y el consejero se quedó parado y temblando apoyado en la pared. De pronto hubo un pequeño terremoto y se apartó por puro instinto y toda la pared a su espalda cayó derrumbada en miles de trozos. El consejero de los Hyuga cayó al suelo de espaldas totalmente aterrado ante tal muestra de fuerza.

Cuando Shiro regresó a casa, vio a Amelia y Hinata jugando con Maria, pero se quedó mirando sobre todo a Hinata.

- Ah – dijo Hinata cuando vio a Shiro apoyado en la puerta - . ¡Bienvenido Shiro-sensei! – Dijo Hinata con una sonrisa dibujada en su rostro.

Shiro le devolvió la sonrisa y apretó su puño con fuerza.

- Si lo prometo… hasta que regresé Naruto protegeré a Hinata… aunque tenga que morir en el intentó – pensó para si mismo Shiro y luego miro a Amelia y Maria - . Y también os protegeré a vosotras, mi familia.

Bueno aquí acaba el capi especial, espero que os haya gustado y no dejéis ni os cortéis a la hora de dejar vuestra auténtica opinión, ¿ok?