6º CAPÍTULO: COMIENZA LA BATALLA. FANTASMA DEL PASADO
Habían pasado ya varios meses desde la marcha de Naruto. Hinata se encontraba sentada en la terraza de la casa de Shiro. Había engordado bastante y aumentado su peso, pero el niño había ido evolucionando bien lo que la hacía feliz. Además, Naruto había escrito diciendo que pronto volvería a Konoha, lo que aumentaba su felicidad. Hinata tenía a Maria sujeta en sus brazos. La pequeña estaba dormida. A lo largo de los meses la niña había crecido y Hinata aprendió mucho de Amelia de cómo ser una buena madre. Estaba deseosa por darle la noticia a Naruto cuando llegará.
Edificio principal del Hokage, sala especial:
Todos los ninjas superiores de la aldea se encontraban reunidos en la habitación. Tsunade estaba sentada en su mesa con la cabeza apoyada en sus manos.
- Bien chicos… tengo una mala noticia – dijo Tsunade - . El enemigo ya viene hacía Konoha, como mucho están a un día de aquí.
Todos se quedaron sorprendidos.
- ¿Cómo es que nos enteramos tan tarde Tsunade-sama? – Preguntó un ninja que acaba de subir al grado de ninja superior - . ¿Qué ha ocurrido con todos los espías de la frontera?
- Todos están muertos – dijo Tsunade sin pestañear respondiendo a la pregunta del chico.
- ¿Han matado a todos? – Murmuraban algunos.
- No puede ser… esto es el fin – murmuraron otros.
- Lo principal es poner a salvo a los inocentes de la aldea. Después, los ninjas la defenderemos – Tsunade habló con un tono duro y muy frío pero se notaba su preocupación.
- ¿Pero como? No podemos hacer frente a un enemigo que son casi diez veces más que nosotros.
- ¡Eso es verdad!
Tsunade dio un fuerte golpe en la mesa para que todos callaran. Se hizo el silencio.
- El plan para defender la aldea ya está en marcha. Ahora Shikamaru os explicará en que consiste.
Shikamaru caminó hasta colocarse al lado de la mesa de Tsunade y luego se giró para mirar a sus compañeros. Una gran pantalla bajo desde el techo y en ella apareció un mapa de la villa.
- Qué problemático – se quejo Shikamaru pero empezó a explicar-. Durante todo este tiempo he examinado la villa de arriba abajo y he encontrado los tres puntos por donde nos atacarán nuestros enemigos. El primero está en la puerta principal por la que vendrán un grupo muy numeroso de ninjas. El segundo está en la zona oeste de la villa y el tercero en la zona este. Son zonas muy de muy fácil acceso.
- ¿Entonces que pretendes que hagamos? – Preguntó un ninja de la primera fila.
- Varios grupos de ninjas defenderán estos tres puntos y retendrán al enemigo todo lo posible. Obviamente pasaron varios grupos hacía la aldea pero tendremos grupos esperando para realizar emboscadas y ataques por sorpresa.
Hubo un gran revuelo. Unos criticaban la idea, otros decían que era mejor rendirse y otros que era mucho mejor hacer lo que Shikamaru decía. Al final Shiro avanzó se su posición hasta colocarse a unos pasos de la mesa de Tsunade.
- ¿Qué ocurre Shiro?
Al oír a Tsunade todos se quedaron fijos en Shiro.
- Se me ha ocurrido una idea mejor para defender la villa.
- ¿De verdad? ¿Y cuál es? – Preguntó Tsunade interesada.
- Todos sabemos que en Konoha tenemos ninjas que pueden valer por más de veinte hombres. Por eso veo algo innecesario poner un batallón en esos tres puntos.
- ¿Qué recomiendas entonces?
- Que solo haya un ninja por cada uno de esos lugares.
En ese momento se comenzaron a decir palabras como "está loco, no es posible que diga eso" y otras cosas.
- Sabemos que ese grupo tan numeroso está dirigido por ninjas muy fuertes. Si colocáramos unos batallones en la entrada se perderían vidas innecesariamente.
- ¿Entonces que recomiendas? – Preguntó Shikamaru.
- Tres ninjas vigilaran esos tres puntos y retendrán a los grupos enemigos hasta que sus líderes aparezcan. Todos los ninjas de la aldea se dividirán en tres grupos y serán quienes tiendan las emboscadas y acaben con los ninjas que entren…
- Se te ha olvidado una cosa – le interrumpió Shikamaru - . Si hacemos eso, los ninjas de los puntos tendrán que concentrarse en los líderes y en la villa no somos tantos como para detener un ataque tan poderoso. Dejaríamos a los inocentes indefensos.
- No. Los dos únicos caminos que llevan hasta el edificio del hokage estarán defendidos.
- ¿Ah si? ¿Y por quienes? – Preguntó Shikamaru con mucha desgana.
- Nosotros dos.
La voz se oyó como un eco en toda la sala. De pronto, como si atravesaran las paredes, aparecieron dos figuras. Uno vestía un traje de los ninjas antiguos totalmente de color azul y tenía la cara cubierta por una máscara el otro llevaba el uniforme de los ninjas superiores de konoha y sus ojos estaban vendados.
- ¿Esos son…? – Dijeron algunos ninjas mirando a los dos nuevos asistentes a la reunión. Eran ninjas de konoha sin duda pues llevaban el protector en la frente.
- Cuanto tiempo sin veros Hanzo y Eriku – dijo Tsunade mirando a los dos nuevos invitados.
- Es un honor volver a verla Tsunade-sama. Los años no pasan para ti, ¿verdad? – Dijo Hanzo con una voz ronca.
- Déjate de halagos. Estamos ante algo serio Hanzo.
- Perdóneme Tsunade-sama.
Hanzo y Eriku se colocaron al lado de Shiro. Nadie dijo nada hasta que uno de los ninjas avanzó de forma brusca.
- ¡Espere Tsunade-sama! ¿No iremos a dejar la vida de nuestras familias a estos dos individuos verdad?
- ¿Y por qué no? – Preguntó Tsunade.
- Estos tipos fueron desterrados de Konoha por el tercero por sus métodos. ¡No podemos dejar a nuestras familias en sus manos!
Hanzo y Eriku no dijeron nada.
- Estos dos ninjas son los mejores a la hora de preparar trampas. Dejar a los inocentes en sus manos es lo mejor que podemos hacer – dijo Shiro.
- Estoy de acuerdo – afirmó Tsunade.
- Pero…
- No hay peros que valgan. El plan de Shiro es arriesgado pero con ambos planes salimos perdiendo. Shikamaru, ¿tú que dices?
- Acepto el plan de Shiro.
- De acuerdo. Entonces dad la voz de alarma. Todos los inocentes se refugiaran en el escondite bajo el edificio del Hokage. ¿Alguna pregunta?
Nadie dijo nada.
- ¡Bien! ¡En marcha!
Amelia estaba preparando la comida. Ni se percató de que Hinata entraba en la cocina. Solo la vio cuando se giró.
- Voy a darle su comida a Maria.
- Ah bien. Gracias Hinata – dijo Amelia con una sonrisa.
Hinata sentó a Maria en su silla y le comenzó a dar su comida cucharada a cucharada. Hinata había aprendido realmente bien como poder cuidar de María y eso aligeraba en muchos momentos las tareas de Amelia.
Ambas estaban tan tranquilas cuando empezaron a oír ruidos en la aldea. Amelia y Hinata se miraron y no tuvieron que decir nada para saber que ocurría algo. Shiro llegó en ese momento a casa. Amelia salió corriendo a recibirlo.
- Shiro, ¿qué pas…? – Pero Amelia no pudo terminar de preguntar, Shiro la interrumpió.
- Coge en seguida las cosas de Maria y las tuyas. Te vas al refugio.
- ¿Pero qué pasa? – Preguntó Amelia preocupada.
- Van atacar Konoha. Los enemigos están a tan solo un día de aquí, puede que menos.
- ¿En serio?
- Vete a preparar las cosas.
- Está bien…
Amelia subió corriendo a la habitación para coger lo indispensable. Cuando Shiro fue a la cocina vio a Hinata, que lo miraba fijamente y con ojos de preocupación.
- Hinata vete a coger tus cosas. Vamos a la casa de los Hyuga.
- ¿Eh? ¿Por qué? – Preguntó Hinata sorprendida por la noticia.
- Allí estarás más segura. Además le prometí a tú padre que si estallaba la guerra te llevaría allí.
- Pero yo no quiero. Yo quiero ir con Amelia-sensei… - Hinata agachó la cabeza apenada.
Shiro se arrodilló frente a ella y le puso ambas manos en los hombros.
- Escúchame Hinata. Sé como te sientes, pero ahora mismo es lo mejor. En casa de los Hyuga estarás segura.
- Pero… ¿y usted Shiro-sensei? – Hinata levanto la cara y miro a Shiro fijamente con cara de tristeza sabiendo la respuesta.
- Yo tengo que ir a la batalla, pero cuando acabe con mi misión iré en seguida a casa de los Hyuga para ver como está todo.
- ¿Me lo promete?
- Claro – le dijo Shiro con una sonrisa - . Venga prepara tus cosas que nos vamos en seguida.
- Si.
Shiro acompañó primero a Hinata a la casa principal de los Hyuga. La recibieron muy bien y con los brazos abiertos. Shiro no intercambio ninguna palabra con nadie de allí, solo se despidió de Hinata y se marchó todo lo de prisa que pudo para poder ir a la entrada del refugio antes de que entrara Amelia. No la tuvo que buscar mucho, le estaba esperando.
- Siento la tardanza.
Se hizo un pequeño silencio entre los dos. Un silencio que resultó ser insoportable para ambos.
- Entonces… tú no vienes, ¿verdad?
- No, necesitan toda la ayuda posible y no puedo quedarme quieto en una situación así.
- Lo sé. Tú eres así – dijo Amelia con una sonrisa triste dibujada en su rostro - . Cuídate, ¿vale?
- Claro. Te prometo que volveré – Shiro sonrió y luego beso a su esposa en los labios. Luego le dio un beso a su hija en la frente y se despidió de ellas mientras las veía entrar en el edificio, camino al refugio.
El día pareció pasar más rápido de los que todos esperaban y por fin los grupos enemigos aparecieron.
Una gran cantidad de ninja llegó a la puerta principal. No se veía ni una sola alma. Los primeros ninjas del grupo se encontraban a unos pocos pasos de entrar a la villa. Todos comprobaron el terreno antes de entrar.
- Parece que no hay nadie – dijo uno.
- Y tampoco parece que haya trampas.
- Da igual entremos. Cuanto antes terminemos con esto mejor.
- ¡Si! – Gritaron la gran horda de ninjas al unísono.
Todos los ninjas corrieron hacía la puerta para entrar en Konoha pero de pronto hubo una fuerte explosión que provino del suelo. Cuando el humo se disipó, los ninjas pudieron ver los cuerpos calcinados de decenas de sus compañeros.
- ¿¡Pero qué ha pasado!?
El grupo de ninjas oyeron unos aplausos que provenían de lo alto de la estructura de la puerta principal de la villa. Cuando levantaron la vista vieron a un hombre sentado en el borde de la estructura de la puerta, que tenía el protector de Konoha atado en su brazo derecho.
- Desde luego jamás imagine que caeríais en una trampa tan tonta – dijo Shiro dejando de aplaudir.
- ¿Quién eres tú? – Preguntó uno del gran grupo ninja.
- Me llamo Shiro Yagami y soy quien os va a impedir la entrada.
- ¿Te crees de verdad que tú solo vas a poder con todos nosotros?
- Tú no estas en tus cabales.
- Entonces… - Shiro se puso en pie - . ¿Qué tal si lo comprobamos? – Preguntó con un tono desafiante y a la vez de burla.
Varios ninjas del grupo enemigo lanzaron shurikens y kunais contra Shiro. Shiro dio un salto y se situó por encima de sus enemigos y comenzó a formar sellos. Luego apunto con su brazo derecho al grupo enemigo que tenía debajo y comenzó a cargar su chackra en el.
- ¡Honou no ya!
Shiro disparó una gran flecha de fuego que al clavarse en el suelo explotó en una gran llamarada que calcinó a todo aquel que estuviera próximo. Mientras caía, Shiro continuó disparando flechas de fuego quemando a gran cantidad de sus enemigos. Al final aterrizó frente a la puerta de Konoha.
- ¡Maldito seas!
- ¡Te vas a enterar!
Varias decenas de ninjas se lanzaron contra Shiro a la vez. Este solo se dedico a formar sellos con sus manos y cuando realizo el último, una bola de fuego apareció en su mano derecha. Las decenas de ninjas que se habían lanzado contra Shiro se detuvieron.
- ¿Q… qué es eso?
- ¡T… tiene una bola de fuego entre sus manos!
- ¿Q… que va ha hacer?
- Vais a ser testigos de mi nueva técnica, así que sentíos orgullosos.
Shiro apretó el puño de su brazo derecho y la bola de fuego quedo tragada por su mano derecha que comenzó a emitir un brillo rojizo.
- ¡Honou no Ryu sei ken! (Puño meteorito de fuego)
Del puño de Shiro comenzaron a salir pequeñas pero potentes bolas de fuego. La velocidad del golpe y el gran número de bolas de fuego hacía creer que realmente se tratara de una lluvia de meteoros.
Todos los ninjas que se habían lanzado contra Shiro recibieron el golpe directamente, sin posibilidad de poder escapar allí. En pocos segundos, los ninjas que se encontraban en la retaguardia se encontraron ante los cuerpos calcinados de decenas de sus compañeros.
- ¡No es posible!
- ¡Ha acabado con más de 30 ninjas en pocos segundos!
- ¡Es un monstruo!
Todos los ninjas enemigos miraban asustados a Shiro. A pesar de que le superaban en número en una gran cantidad no estaban seguros de poder pasar tan fácilmente y menos tras ver las técnicas que conocían. Shiro solo sonreía.
- Ya os lo dije, si os creías que ibas a acabar con Konoha tan fácilmente estabais muy equivocados. La situación de vuestros compañeros no debe ser mucho mejor.
- ¿Qué quieres decir con eso?
Zona oeste de la villa
Se produjo un fuerte temblor que hizo estremecerse a toda la villa. Varias decenas de ninjas enemigos se encontraban ya muertos en el suelo.
- ¡E… ese tipo es una bestia!
- ¡Es imposible golpearle y ni siquiera podemos seguir sus movimientos!
Gai se puso en pie y miro al frente, a todos los enemigos que aún le quedaban por derrotar.
- ¡Bien! ¡Vamos venid hacía aquí que os voy a enseñar el poder de la juventud! – Gritó Gai.
Los ninjas retrocedieron pero Gai se lanzó corriendo contra ellos. Tres ninjas se lanzaron contra él. Gai dio un gran saltó y después cayó en picado contra esos tres. Antes de llegar al suelo, Gai realizó una patada circular y golpeó a los tres ninjas a la vez, quienes chocaron fuertemente contra la muralla oeste de la villa de Konoha.
- ¡El poder de la juventud es el máximo tesoro! ¡Yo Maito Gai os lo enseñaré! – Gritó Gai mientras hacía su pose de tipo Guay.
Zona este de la villa
Los ninjas enemigos se encontraban siendo atacados por varios perros ninja que su único rival había invocado minutos antes nada más aparecer ellos. Además estaban sorprendidos por el tremendo ataque que su único enemigo estaba lanzando contra ellos. Su mano dejaba percibir una gran cantidad de chackra que parecía una concentración de pequeñas descargas eléctricas y que además emitía un ruido muy fuerte cuando el individuo se movía.
- ¡Chidori!
El ninja de Konoha volvió a la carga llevándose a varios por delante suya en pocos minutos. Era muy rápido y ese ataque muy poderoso. No podían hacer contra cosa que retroceder.
Kakashi miraba a los ninjas enemigos mientras mantenía el chidori activo. Gracias a sus perros ninjas la tarea de pelear contra tantos era más leve pero aún así había demasiados enemigos. Aún no había activado el Sharingan, esperaba poder guardarlo para más tarde.
- Bueno… continuemos – dijo Kakashi y se preparó para volver a la carga.
Entrada principal de la villa
El gran grupo de ninjas no sabía que hacer. Podían atacar a Shiro y quizás sacrificándose algunos podrían acabar con el, pero ninguno estaba dispuesto a mover un pie. Shiro permanecía cruzado de brazos y los miraba con atención.
- Sois patéticos. Tantos problemas para acabar con un solo ninja.
La voz provenía de entre el gran grupo de ninjas. Shiro miró con atención como los ninjas se apartaban abriendo un camino y por ese camino comenzó a avanzar a alguien que no tardó en reconocer. El individuo tardó pocos segundos en colocarse por delante de los ninjas enemigos.
- Cuanto tiempo sin vernos Shiro – dijo el individuo con una sonrisa. La parte derecha de su cara estaba vendada y por debajo de sus ropas parecía que también tenía gran parte del cuerpo vendado.
- Veo que es cierto eso de que "la mala hierba nunca muere". ¿Verdad Kurogane?
- Tan bromista como siempre – Kurogane rió.
Shiro y Kurogane intercambiaron miradas por unos pocos segundos. Los ninjas que estaban detrás de Kurogane notaron una gran presión sobre ellos y ese silencio entre los dos ninjas se hacía insoportable.
- No pareces muy sorprendido de verme – dijo Kurogane sonriendo.
- Cuando se investigaron las ruinas para recuperar los fragmentos de la espada no se encontró tu cuerpo así que para nada me sorprende verte vivo.
- Ya veo…
- De todas formas es algo de lo que me alegró porque así podré hacer lo que no hice en las ruinas.
- ¿Eso piensas Shiro? ¿Vas a matarme? ¿Crees que podrás?
- Te lo demostraré ahora mismo
Shiro lanzó un Kunai al corazón de Kurogane. Kurogane no intentó esquivarlo y el kunai se clavó en su corazón. Todos los ninjas a espaldas de Kurogane quedaron sorprendidos ante la actuación de su líder. Kurogane sonrió.
- Tal y como pensaba – murmuró Shiro mirando seriamente a su hermano.
- Así que te has dado cuenta, ¿verdad Shiro? Es tal y como piensas – Kurogane se quitó el Kunai que se había clavado en su pecho - . Dentro de mí hay un fragmento de la espada, lo que me da la capacidad de regenerarme al instante.
- Por eso es por lo que estas vivo a pesar de que Naruto te golpeó con todas sus fuerzas.
- Así es – Kurogane sonrió - . Así que acabar conmigo te será imposible Shiro.
- ¿Quieres apostar? – Preguntó Shiro de forma sarcástica.
- Bueno… ya que quieres jugar Shiro te concederé tu deseo. ¡Vosotros!
- ¿Si señor? – Contestaron los ninjas a espaldas de Kurogane.
- Entrad en la villa y traernos la cabeza del Hokage. ¡Vamos!
- ¡A la orden!
Todos los ninjas a las órdenes de Kurogane comenzaron a correr hacía la villa. Shiro no hizo nada para impedírselo. Se quedo totalmente quieto mientras pasaban. Habían entrado más de dos o tres centenares de enemigos pero otros se habían quedado fuera. Shiro hizo caso omiso de ello.
- No entiendo porque no los has detenido Shiro, ahora acabarán con Konoha muy fácilmente.
- Eso ya lo veremos – Shiro sonrió
El gran grupo ninja corría a toda velocidad por las calles y tejados de la villa en dirección al edifico del Hokage. Todo iba bien y en pocos minutos alcanzarían el edificio del hokage. De pronto de la nada surgieron un montón de kunais y shurikens, que acabaron con varios ninjas del grupo, y delante de ellos apareció un gran ejército de perros.
- ¿¡Pero que es esto!?
De la nada aparecieron un gran grupo de ninjas por toda la zona.
- ¿De verdad creíais que llegaríais atravesaríais tan fácilmente la villa? – Dijo Tsunade desde el tejado de un edificio.
El grupo enemigo miraba a Tsunade que estaba acompañada por un gran numero de ninjas entre los que se encontraban Kiba, Shikamaru y Chouji.
- Esa es el quinto.
- Nos ahorrara el trabajo de ir a buscarla.
- De acuerdo, que un grupo se quede aquí y otro continúe para capturar a los inocentes. ¡Vamos!
- ¡Si!
Un grupo de ninjas continuó su camino hacía el edificio del Hokage y otro se lanzó contra los que les habían tendido la emboscada. Tsunade saltó desde donde se encontraban y pegando un simple puñetazo en el suelo lo quebró haciendo que el grupo que se iba a dirigir hacía el edificio del hokage se detuvieran.
- No os será tan fácil pasar de aquí. ¡Adelante!
- ¡Si!
Todos los ninjas de Konoha se lanzaron contra los invasores y comenzó una fuerte batalla.
Shiro y Kurogane se miraban fijamente el uno al otro. Kurogane sonreía mientras miraba a su hermano pequeño.
- Así que de verdad te crees que podrás derrotarme…. Eres más tonto de lo que me imaginaba hermanito.
- ¿Tú crees?
- Sobreviví al poder del Tiamant y también al poder del Kyubi. ¿Crees de verdad que tú podrás derrotarme?
Kurogane comenzó a reír pero su risa paró cuando Shiro adelanto un brazo y levanto un dedo.
- ¿Qué quieres decir con eso? – Preguntó Kurogane extrañado.
- Un golpe.
- ¿Un golpe?
- Voy a acabar contigo de un golpe.
Kurogane comenzó a reír a carcajadas.
- ¡Debes estar bromeando! ¡Te voy a demostrar que el que acabará contigo de un golpe será yo!
Kurogane se lanzó contra Shiro a gran velocidad. Sacó un Kunai y aumentó su velocidad.
- ¡Te lo clavaré en el corazón Shiro! ¡Prepárate a morir!
Shiro no se movió mientras su hermano se acercaba hacía él. Al final Kurogane se colocó lo suficientemente cerca y lanzó su ataque. Shiro se movió en ese momento. Ambos ninjas se quedaron parados sin moverse durante unos segundos. Los ninjas veían perplejos a los dos ninjas que se mantenían parados.
Gotas de sangre caían al suelo entre los dos hermanos. Kurogane sonrió al oír ese sonido.
- He ganado Shir…
Pero no pudo terminar la frase, pronto se percató de que la sangre que caía al suelo era la suya propia. Shiro lo había atravesado. Su puño atravesaba el pecho de Kurogane. Cuando Kurogane miró a ver que había pasado, vio como el brazo que sujetaba su Kunai había sido detenido por el otro brazo de Shiro.
- N… no puede ser…
Shiro sacó el brazo del cuerpo de su hermano. Su mano y su brazo estaban totalmente rojos, cubiertos por la sangre de Kurogane. Shiro abrió el puño y todos vieron que algo pequeño brillaba en la mano de Shiro.
- ¡N… no puede ser… eso es…! – Kurogane no podía hablar, la herida era muy dolorosa y había golpeado muy cerca de su corazón.
- El trozo de la espada que estaba en tu interior, ahora ya no podrás curarte Kurogane – dijo Shiro.
- M… maldito… ¡Te voy a matar!
- Tú ya no puedes hacerme nada Kurogane. Mírate, apenas te puedes mantener en pie. Dentro de pocos segundos morirás.
- ¡Si he de morir te llevaré conmigo!
Kurogane se lanzó corriendo contra su hermano para intentar golpearle con el Kunai. Shiro corrió hacía su hermano a gran velocidad. Se colocó frente a Kurogane en pocos segundos y se agachó para impulsar hacía arriba la fuerte patada que elevó a Kurogane a gran altura. Shiro se impulsó con un árbol y dio un gran saltó elevándose a gran velocidad hacía Kurogane.
Cuando Shiro estuvo a la altura de Kurogane, dio una voltereta en el aire y le golpeo un fuerte talonazo en el estómago que lanzó a Kurogane contra el suelo a gran velocidad. Kurogane se encontraban enterrado entre los escombros del suelo que lo cubrían. Cuando Kurogane abrió los ojos miró hacía arriba para ver a su hermano que para su sorpresa estaba girando a gran velocidad sobre si mismo y comenzaba a caer a gran velocidad hacía el.
- ¡Maldición! ¡No… no!
Kurogane hacía lo posible para moverse pero no pudo. Su cuerpo no le respondió. Había llegado su hora.
Cuando Shiro llegó cerca del suelo, dejo de girar y dirigió una fuerte patada contra el cuello de su hermano que estaba en el suelo.
- ¡Ryu Rendan!
Kurogane escupió una gran cantidad de sangre por su boca y su cuerpo se hundió más en el suelo. Cuando la nube de polvo y tierra se disipó, los ninjas pudieron ver a Shiro ponerse en pie.
- ¡H… ha acabado con Kurogane-sama!
- ¡No puede ser! ¡Es un monstruo!
Shiro dirigió su mirada hacía el gran número de ninjas que se encontraban aún en el lugar. Realmente eran muy numerosos aún pero estos no se atrevían a acercarse a el.
- ¡Será mejor que nos vayamos de aquí!
Los ninjas comenzaron a correr pero de pronto de la nada aparecieron extrañas criaturas que les impidieron el paso. Como por acto de magia, aparecieron varios ninjas que en sus protectores tenían dibujados la imagen de una estrella.
- ¿¡Quién sois vosotros!?
- Somos los ninjas de una aldea aliada a Konoha. Los ninjas de la estrella. No vamos a dejar que entréis a Konoha y tampoco os dejaremos huir.
- ¿¡Pero que os creéis que decís!? ¡Acabemos con ellos!
Los ninjas de la estrella dieron un gran salto por encima del gran grupo de ninjas enemigos y se colocaron frente a Shiro. Comenzaron a formar criaturas con su chackra y a repeler los ataques enemigos.
Uno de los ninjas de la estrella se acerco hasta Shiro.
- Veo que Naruto al final consiguió la ayuda.
- Naruto-san vino a nuestra aldea a pedirnos ayuda y como estamos en deuda con el nuestro señor no se pudo negar. Nosotros defenderemos está puerta.
- Os lo agradezco. No dejéis que nadie entre en la villa.
- Entendido señor.
Shiro se marchó de allí a toda velocidad metiéndose por el bosque que rodeaba a la villa. Comenzó a moverse hacía casa de los Hyuga.
En el interior de Konoha la batalla favorecía a los de la aldea, pero eran una gran cantidad de enemigos y nada hacía pensar que fuera nada fácil derrotarlos. Gracias a la gran fuerza física de Kurogane, los perros ninjas del clan de Kiba y el gran poderío del clan de Chouji, la tarea de detener al enemigo no era tan complicada.
- No me lo puedo creer…
Shiro miraba pasmado lo que había sido toda la gran casa de los Hyuga. Las paredes estaban en su mayoría en ruinas y había cuerpos de Hyugas y ninjas enemigos por todas partes. Shiro se dirigió todo lo de prisa que pudo hacía la casa principal con la esperanza de que alguien de allí estuviera aún vivo y le dijera que demonios había pasado allí, pero toda la casa principal estaba en ruinas. Salió al patio principal y miro a los alrededores pero no vio a nadie, de pronto noto una presencia.
Hanabi contemplaba al ninja recién llegado, pensó que se trataría de algún enemigo que había venido a ver si quedaba alguien con vida. Estaba escondida tras uno de los árboles, tan silenciosa como pudiera ser. Tenía un kunai en sus manos que apretaba con todas sus fuerzas, si era prudente podría deshacerse de el sin más problemas. Estaba de espaldas a ella así que un ataque rápido acabaría con él. Hanabi se preparó y se lanzó a toda prisa con el ninja
A Shiro le faltó muy poco para recibir el golpe de forma directa. Pudo esquivarlo por poco y tuvo el tiempo escaso para poder agarrar a su atacante antes de que se largara para esconderse de nuevo. En seguida la reconoció.
- ¿Hanabi? – Preguntó Shiro extrañado viendo a la niña que intentaba soltarse y que ni siquiera lo había mirado.
- Esa voz… ¿Shiro-sensei?
Hanabi levantó la vista y pudo ver la cara de Shiro mirándola fijamente. Su rostro de tristeza y odio cambió a uno de felicidad.
- Oye, ¿qué es eso de atacarme por la espalda?
- Lo… lo siento Shiro-sensei, pero es que pensé que eras uno de ellos que habían venido a ver si quedaba algún superviviente.
- ¿Qué ha pasado?
Hanabi calló un momento y agachó la mirada, pero no tardó en comenzar a hablar.
- Ha sido horrible… de pronto un gran grupo de ninjas nos han atacado… pensábamos que podríamos con ellos pero su líder era muy fuerte y ha capturado a papa y a Hinata.
- ¿Qué han capturado a Hinata y a Hiashi?
- Sí… Rikimaru y otros han ido en su busca… yo estaba en la otra punta de la casa principal con mis guardianes… todos han caído… o se han ido para buscar a papa y a Hinata.
Shiro se quedó pensativo un momento. Con ese factor no habían contado para nada a la hora de preparar a la defensa. Mucha gente deseaba apoderarse de los ojos especiales que tenía la aldea de Konoha y sin duda el Byakugan es el más fácil de transferir a otra persona pero nadie hubiera pensado que esa fuera una de sus intenciones.
- ¿Sabes en que dirección se fueron?
- Creo que hacía el noroeste…
- Está bien… mira tu ve a la villa. En la entrada principal hay un grupo de ninjas que en su protector tienen dibujada una estrella diles que vas de mi parte y que te acompañen hasta el refugio. ¿Conoces el camino secreto?
- Sí
- Vale pues vete, yo iré tras la pista de tu padre y los demás.
- De acuerdo.
Shiro miró como Hanabi se marchaba de allí camino a la aldea y miro a su alrededor. Se culpaba de no haber podido contar con ese punto y si había lo suficientemente fuerte como para derrotar al clan Hyuga temía el pensar como de poderoso podría ser el líder de todo aquel grupo. Shiro no se lo pensó más y se puso en marcha en dirección que le había indicado Hanabi.
Desde uno de los tejados de una de las casas del clan Hyuga, un individuo cubierto por una capa observaba a Shiro desde la distancia. Su rostro dibujo una gran sonrisa al verlo correr.
- Eres más predecible de lo que pensaba Shiro-kun.
La extraña figura desapareció del lugar como si nunca hubiera estado allí y la casa de los Hyuga se convirtió en un lugar totalmente silencioso.
