9º CAPÍTULO: APARECE AKIRA EL NINJA DE ACERO. ¿SHIRO ES DERROTADO?
Shiro miraba atentamente a los ninjas que tenia frente a el. El más peligroso realmente parecía el más gordo pero no podía predecirlo con seguridad.
- Bueno, ¿me entregáis a Hinata o tendré que mataros? – Preguntó Shiro con tono de burla.
- ¿De verdad te piensas que podrás con nosotros tú solo? Estas loco chaval – dijo Rizuma mostrando ira en sus palabras.
- ¿Eso significa que no me entregaréis a Hinata?
- ¡Significa que te vamos a quitar la vida desgraciado!
Rizuma corrió hacía Shiro y cuando estuvo a unos pasos salto por encima de él y lo agarró por detrás sujetándolo fuertemente.
- ¡Vosotros dos acabad con él ahora! – Ordeno Rizuma a los ninjas que estaban tras su líder.
- ¡Sí señor!
El ninja que sujetaba a Hinata la dejó apoyada en un árbol y sacó un kunai imitando a su compañero. Los dos ninjas se lanzaron corriendo contra Shiro y en pocos segundos, ambos le clavaron el kunai en pleno corazón.
- ¡Shiro! – Gritó Rikimaru al ver a Shiro atravesado por los dos kunais.
Se produjo un breve silencio y por el labio de Shiro comenzó a salir un pequeño rió de sangre.
- Bueno… para hablar tanto vales muy poco – dijo Rizuma riendo - . Ya estas muerto.
Shiro sonrió ante la sorpresa del líder del grupo ninja.
- Sí pensabais que me ibais a eliminar tan fácilmente es que sois más tontos de lo que yo pensaba.
- ¡Apartaos de él! – Ordenó el ninja gordo pero no tuvieron tiempo.
El cuerpo de Shiro estalló en una gran llamarada que calcinó en un momento a los tres ninjas que hace un momento rodeaban su cuerpo.
- ¿Faiya Bushin no jutsu? – Se preguntó el ninja gordo para si mismo mientras miraba como los tres cuerpos calcinados de sus subordinados caían al suelo muertos.
Hiashi sonrió al ver el espectáculo. Sabía que Shiro no se dejaría coger tan fácilmente pero tampoco se imaginó que podría acabar con los tres de esa manera.
- Ahora que lo pienso… ¿dónde se ha metido ese maldito? – Pensó el grandullón y comenzó a buscar por todos lados y siguiendo las miradas del grupo de los Hyuga pudo detectar a Shiro en el lugar donde se encontraba Hinata.
Shiro estaba arrodillado frente al cuerpo de Hinata. Acariciaba su mejilla como intentado despertarla.
- Ey… Hinata… Hinata…
Hinata reaccionó a la llamada de Shiro y abrió los ojos poco a poco. Al final pudo ver con claridad el rostro de Shiro.
- ¿Shiro… sensei?
- Si, estoy aquí.
- Has venido…
- Te dije que me pasaría a ver como estabas cuando acabase en mi puesto, ¿no?
- ¿Y… Naruto-kun?
- Pues… no lo sé… pero ya veras como llegará muy pronto ya sabes que ese tipejo tiene un pésimo sentido de la orientación – bromeó Shiro sonriendo para alegrar un poco a Hinata.
- Si es verdad… - Hinata sonrió un poco.
Hinata se encontraba exhausta. No podía apenas mantenerse despierta.
- Shiro-sensei… tengo sueño…
- Pues duerme un poco. Cuando despiertes Naruto ya estará aquí a tú lado.
- Si…
Hinata cayó dormida. Shiro la tomó en sus brazos con cuidado para no despertarla y camino al lugar donde se encontraban Hiashi y los demás. Pasó por el lado del grandullón que tampoco hizo intento alguno de detenerlo. Al final Shiro llegó junto a Hiashi y dejó a Hinata apoyada en un árbol.
- ¿E… está bien Shiro? – Preguntó Hiashi preocupado mirando a su hija.
- Sí no te preocupes. Solamente está exhausta. En un rato despertará.
- Menos mal…
- Bueno… ahora vamos a terminar lo empezado.
Shiro se puso y se giró para mirar de frente al grandullón. Ambos ninjas cruzaron su mirada fijamente.
- Espera Shiro, ¿no irás a pelear tu solo verdad? – Preguntó Rikimaru.
- Por supuesto que sí.
- No seas loco, ese no es como el resto de los ninjas. Ni todo el clan Hyuga hemos podido detenerle. Deja al menos que te ayudemos.
- Lo siento pero no.
- ¿Qué? ¿Por qué?
- Estáis en un estado en el que no podéis siquiera teneros en pie a no ser que descanséis un poco. Además, alguien debe cuidar de Hinata y Hiashi, así que os lo dejo a vosotros.
- Pero…
- No te preocupes. No me llevará mucho tiempo.
Shiro comenzó a avanzar alejándose del grupo de los Hyuga ante la mirada de estos que lo miraban con incertidumbre.
El grandullón se cruzó de brazos mientras veía como Shiro avanzaba hacía el tranquilamente.
- Pobre loco… si supieras lo que te espera no te darías esos aires – dijo el grandullón sonriendo.
- ¿Estas insinuando que tendría que estar preocupado?
- Ningún hombre que se haya enfrentado a Kongol ha salido bien parado niñato.
- Kongol… así que ese es tú nombre.
- Así es. Mi nombre es Kongol Yukimura del clan de los gigantes.
- Creo haber oído hablar de ese clan. Tenéis fama de tener una fuerza y fortaleza física fuera de lo común.
- Así es. Y no creas que alguien tan esmirriado como tú podrá hacer nada contra mí.
- ¿De verdad piensas eso?
- ¿Vas a probarme lo contrario?
- Ahora mismo – dijo Shiro con una sonrisa y le lanzó una pequeña ráfaga de tres shurikens que rebotaron en la barriga de Kongol.
- Pierdes el tiempo.
- Vaya… menuda sorpresa…
- Deberías saber que nada puede clavarse en mi cuerpo ni nada puede golpearme. Soy un armazón físico invencible.
Shiro lo miró de reojo un momento examinándolo y luego sonrió.
- ¿Puedo saber porqué sonríes? – Preguntó Kongol extrañado.
- Te crees alguien superior por ese cuerpo tan especial que tienes pero… yo seré quien te demuestre que estas muy equivocado.
- ¿De verdad? ¿Y cómo lo harás?
- Con esto – Shiro levantó su puño derecho y lo apretó con fuerza.
- ¿Insinúas que con ese puño me derrotarás? Tienes agallas de decir algo así.
- ¿Por qué no hacemos la prueba?
- Muy bien. Te dejaré golpearme para demostrarte tú error. No te preocupes no me defenderé. Vamos acércate.
- Muy bien.
Shiro comenzó a caminar hacía Kongol. En su rostro se veía una sonrisa de seguridad, una sonrisa que preocupó a Rikimaru y a los otros.
- Shiro no sabe que ese tipo jugará con él… está demasiado confiado… - dijo Rikimaru.
- Ni siquiera nosotros hemos podido hacerle nada… nuestros golpes no hacía más que rebotar en él – dijo Aoshi apretando el puño con fuerza.
- Si el no puede hacer nada contra ese tipo estamos perdidos – comento Kiaki mirando fijamente a los dos ninjas.
Shiro por fin se colocó frente a Kongol. Realmente había una gran diferencia de altura entre ambos ninjas pero eso no intimidó a Shiro.
- Bueno… cuando quieras pequeñazo – dijo Kongol sonriendo.
- Será un placer.
Shiro se puso en posición y pegó un puñetazo con todas sus fuerzas en el estómago de Kongol donde su puño se hundió. Se oyó un fuerte sonido cuando el puño de Shiro impactó en el estómago de Kongol.
El grupo del clan Hyuga miraba a los dos ninjas. Los segundos parecían minutos y los minutos horas, finalmente Kongol retrocedió poniendo ambas manos sobre su estómago y escupiendo gran cantidad de saliva.
- ¿¡Le ha hecho daño!? – Preguntó Aoshi sorprendido.
- ¿¡Pero cómo lo ha conseguido!? – Rikimaru se sobresaltó mientras de su boca escapaban estas palabras.
Kongol miraba sorprendido a Shiro. Solamente la gente de su clan le había logrado hacer daño. Jamás pensó que alguien como Shiro lograría hacerlo de esa manera.
- Tú… ¿cómo lo has hecho? ¿Cómo un esmirriado ninja como tú ha podido hacerme daño?
- Es muy simple…tu cuerpo está cubierto por una grasa especial que hace que todos los golpes reboten. El Jüken del clan Hyuga se basa en golpear los puntos de chackra y los órganos vitales del cuerpo, pero tu grasa protege todos esos puntos y hace rebotar sus golpes. Pero mis golpes se basan en el taijutsu. Tu cuerpo no puede hacer nada ante mis golpes.
- No creas que me has derrotado solo por eso criajo…
- Ya lo creo que si. Tu defensa está diezmada y tu fuerza física no es nada. Admítelo has perdido.
- ¡Cállate!
Kongol intentó aplastar a Shiro con un puñetazo pero Shiro lo paró con ambas manos.
- ¿¡Cómo!?
- Ya te lo he dicho… ahora que tu defensa está rota, solo tengo que usar mi chackra para aumentar mi propia fortaleza y fuerza y hacerla superior a la tuya. ¡Este combate se termino!
Shiro dio un saltó hacía atrás y comenzó a formar sellos con sus manos. En pocos segundos su chackra se concentraba en su puño derecho.
- Desaparece…
- ¡Espera!
- ¡Honou no Ryu ken!
El dragón de fuego se llevó por delante a Kongol cuyo cuerpo sin vida cayó al suelo pocos segundos después. Shiro se giró y comenzó a caminar hacía el grupo.
- Bueno, ya podemos ir…
Shiro no pudo terminar de hablar, algo le atravesó de pronto para su sorpresa y la sorpresa del grupo. Parecía una cadena que atravesó a Shiro por el estómago. Cuando la cadena salió de su cuerpo, Shiro cayó al suelo.
El grupo del clan Hyuga siguió con la vista el trayecto que seguía la cadena. Shiro se incorporó como pudo y también siguió el trayecto. Le dolía mucho la herida y no dejaba de sangras. Por suerte no le había llegado a tocar seriamente ningún punto vital pero la herida era realmente sería.
El trayecto de la cadena de metal acabó en el brazo de un hombre que estaba cubierto por una gabardina blanca. El nuevo individuo echó un vistazo al grupo que se encontraba ante él y caminó unos pasos hacía delante. Al poco se detuvo.
- Eres demasiado despistado Shiro. Me has decepcionado – dijo el encapuchado con una voz algo seria.
- ¿Qu… quién te crees… que eres para echarme… un sermón? – Preguntó Shiro con dificultad mientras lograba ponerse en pie aunque se tambaleaba mucho y apenas ponía sostenerse firme.
- ¿Ya me has olvidado? Qué cruel por tu parte… está bien… te mostraré mi rostro…
El encapuchado tiró de la gabardina y se la arrancó. Rikimaru y Shiro se quedaron como la piedra al ver el individuo que iba vestido con el uniforme de los ANBU de Konoha pero que no llevaba la máscara.
- ¿¡Akira!? – Preguntó Shiro sorprendido.
- Bien… ya me has reconocido.
- Pero… no puede ser…dejaste la aldea hace ya mucho tiempo…
- Es cierto. Pero ya ves. Al final he terminado volviendo. ¿Qué te ha parecido mi saludo?
- ¿Atacarme por la espalda… te parece un saludo?
- Ya sabes que nunca he tenido muy buenos modales Shiro.
Rikimaru estaba totalmente paralizado. No se imaginaba que Akira estaría junto con el grupo de ninjas que atacarían Konoha. Finalmente Rikimaru salió de su parálisis cuando Aoshi lo llamó.
- Ey Rikimaru… ¿estás bien?
- ¿Eh? Si... si estoy bien…
- ¿Quién es ese tipo? ¿Lo conoces? – Preguntó Aoshi.
- Si… le conozco.
Akira miró al grupo de los Hyuga y sonrió al ver a Rikimaru, pero parecía más una sonrisa de malicia que de alegría.
- Caramba Rikimaru, hacía mucho que no te veía.
- Creo que no el suficiente…
- Vamos no seas tan duro conmigo.
- ¿Se puede saber quién eres? – Preguntó Aoshi poniéndose en pie.
- Ya veo que aquí no todo el mundo me conoce. Bueno no creo que vosotros dos si me conocéis porque Hiashi-sama sabe de sobra quién soy, ¿verdad?
Hiashi no respondió.
- Me llamo Akira Auki y fui durante muchos años el profesor de la academia.
- ¿Qué has dicho? – Preguntó Aoshi sorprendido.
- Lo que has oído. Solo que fui desterrado por el tercero y el cuarto. Así que no podía volver a mi querida aldea.
- ¿Querida aldea dices? Estuviste a punto de hacerla arder en llamas… y solo porque no te eligieron como sucesor del cuarto…
- Vamos diciéndolo así parece muy cruel Shiro-kun.
- ¡A mi no me llames así!
Shiro se lanzó contra Akira y le pegó un fuerte puñetazo que lo tiró contra el suelo.
- No tienes derecho a llamarme así. Dime, ¿por qué has venido?
Shiro pudo oír la risa de Akira entre la nube de polvo que se levantó cuando Akira cayó al suelo. Cuando la nube de polvo desapareció, Akira estaba de pie y mirando a Shiro con una sonrisa.
- Para destruir Konoha por supuesto.
- ¿Por qué?
- La verdad… los ninjas cada vez somos menos útiles para el mundo y ya no somos lo que éramos antes. Cuando el cuarto tomo el poder… nuestras reglas cambiaron y ya no era lo mismo. El hombre al que sigo destruirá todas las aldeas y creará un país solamente de ninjas, donde nos moveremos por las antiguas leyes de nuestro código.
- ¿Creas un país de ninjas? ¿Cómo puedes pensar que esa tontería puede lograrse?
- Yo también pensé que era una locura Shiro-kun, pero… después de ver el poder de ese hombre deje de pensarlo.
- ¿El poder de ese hombre?
- Es alguien mucho más poderoso que yo incluso más que todos nuestros Hokages.
- ¿Qué tonterías estás diciendo?
- Cuando el consiga destruir todas las aldeas, creará un país donde solo existamos ninjas. ¿No te parece un buen lugar para vivir Shiro?
- Me parece una idea de locos.
- Je… tan sarcástico como siempre.
- La verdad no sé quién será el tipo al que sigues… pero mi debes como ninja de Konoha es proteger mi aldea y si para ello debo acabar contigo Akira lo haré.
- ¿Piensas matar al que fue tu maestro? ¿De verdad piensas que has podido alcanzarme Shiro-kun?
- Ahora mismo lo comprobaremos – Shiro se desató las vendas de sus brazos y las uso para tapar la herida. Gracias a esas vendas ahora le dolía menos y la hemorragia parecía haberse detenido - . ¡Voy a acabar contigo!
Shiro se lanzó a toda velocidad contra Akira y con una fuerte patada desde el suelo lo lanzó por los aires. Shiro dio un gran saltó golpeó un talonazo a Akira que lo estrelló contra el suelo, el cual se desquebrajó con el choque. Shiro comenzó a formar sellos y a apuntar con su brazo derecho al lugar donde estaba Akira.
- ¡Voy a acabar con esto ya! ¡Honou no ya!
La flecha de fuego se estrelló contra el suelo y hubo una pequeña explosión que lo envolvió todo en las llamas. Shiro aterrizó en el suelo no muy lejos del lugar del impacto.
- Se acabó…
Shiro cerró los ojos un momento pero para su sorpresa oyó pasos que provenían de la gran nube de polvo que había ante él.
- No ha estado nada mal Shiro, pero no creas que caeré tan fácilmente.
Shiro quedó paralizado cuando vio aparecer a Akira. No tenía ni una sola herida en su cuerpo, ni siquiera un rasguño.
En la lejanía, el grupo del clan Hyuga estaban tan sorprendidos como Shiro.
- ¿Cómo es posible que no tenga ni una sola herida? – Preguntó Aoshi casi temblando de la impresión.
- Nadie puede salir de ese ataque intacto – comentó Rikimaru.
Hiashi tan solo observaba. Realmente estaba sorprendido como los demás, pero su Byakugan no podía detectar nada raro.
- Shiro… - pensó Hiashi.
Shiro apenas podía moverse de la impresión.
- ¿¡Como es qué no tienes ningún rasguño!? ¡Es imposible que hayas esquivado el ataque te he dado de pleno!
- Sigues siendo tan imprudente como cuando eras mi alumno Shiro-kun.
- ¿Cómo?
- Una de las leyes de los ninjas es que examines a tu enemigo antes de enfrentarte a él directamente y atacarlo. Si no conoces a tu enemigo no sabrás como enfrentarlo.
- ¡No me vengas con rollos de un ninja que acaba de entrar en la academia Akira!
Shiro comenzó a formar sellos rápidamente y en seguida su brazo derecho se cargó de chackra.
- ¡A ver si de esto te libras tan fácilmente!
Shiro corrió a toda velocidad contra Akira y en ese mismo instante Hiashi notó algo raro en el gracias a su Byakugan.
- ¡Shiro espera! – Gritó Hiashi pero Shiro no se detuvo.
- ¡Toma esto! ¡Honou no Ryu ken!
El puño de Shiro golpeó la cara de Akira y hubo un fuerte estruendo seguido de una gran llamarada provocada por el dragón de fuego. Shiro se alejó un poco y, para su sorpresa, cuando se disipó la nube de polvo Akira estaba en el mismo lugar como si nunca hubiera pasado nada.
- No… no puede ser…
- Como te he dicho antes Shiro, eres demasiado imprudente.
- ¿Pero que es lo que pasa? ¿Cómo es que mis golpes no te afectan?
- ¡Shiro!
Shiro se giró cuando oyó la voz de Hiashi.
- ¡Su cuerpo! ¡Su cuerpo está protegido por una barrera!
.- ¿¡Cómo!? – Gritó Shiro sorprendido y luego miro a Akira fijamente.
- Vaya… así que el Byakugan de Hiashi-sama me descubrió…
- ¿Cómo… que… una barrera…?
- Así es Shiro – afirmó Akira - . Mi cuerpo está protegido por acero.
- ¿Por acero?
- Así es. Mi clan siempre ha tenido la habilidad de manipular las cosas metálicas a nuestra voluntad, es decir, una técnica hereditaria. Gracias a ella, puedo manipular cualquier cosa metálica con un poco de mi chackra y usarla como arma o como escudo. En mi caso, cree una protección de acero impenetrable para cualquiera.
- No puede ser… algo así es imposible.
- Acabas de comprobar que no Shiro-kun. Hagas lo que hagas jamás podrás dañarme, ya que para poder golpearme, deberás romper mi barrera de acero y eso es imposible.
- ¡Ya lo veremos!
Shiro corrió contra Akira y le golpeó un puñetazo con todas sus fuerzas en la cara. Akira apenas se inmutó.
- Ya te lo he dicho Shiro. No puedes hacerme nada.
Akira cogió a Shiro por el cuello y aunque este hacía todos los intentos que podía por liberarse, Akira lo sujetó bien fuerte y lo alzó en el aire.
- No quiero matarte Shiro, te tengo un cariño muy especial porque fuiste uno de mis mejores alumnos. Pero si no hago algo contigo estarías todo el rato atacándome sin cesar y no es algo que me pueda permitir.
Akira apretó el puño y golpeó a Shiro en el lugar donde unos minutos antes le había herido con la cadena de su brazo derecho. Shiro escupió sangre por la boca y notó un gran dolor en su cuerpo. La herida comenzó a sangrar de nuevo. Akira golpeó a Shiro un par de veces más y luego lo dejo caer al suelo.
- Se acabó Shiro-kun.
Shiro cayó al suelo. Akira comenzó a caminar hacía donde estaba el grupo del clan Hyuga. Mostraba una sonrisa en su rostro y de pronto miro a la muchacha que estaba apoyada en el árbol.
- Vaya… pero si se parece a… - pensó Akira y de pronto algo explotó a su espalda aunque no le hizo ningún daño.
Cuando Akira se giró, Shiro estaba de pie para su sorpresa.
- Nuestro combate… aún no ha terminado…
- Eres persistente Shiro…
- ¡No lo sabes bien!
Shiro corrió hacía Akira mientras realizaba con sus manos los sellos que necesitaba. Saltó por encima de Akira y se situó a su espalda y apuntó a Akira con su brazo derecho.
- ¡Honou no ya!
La flecha de fuego impactó de lleno contra la espalda de Akira y se produjo una gran llamarada. Shiro respiró como pudo pero de pronto apareció de la nada Akira y cogió la cabeza de Shiro con una mano para después estrellarla contra el suelo.
- ¡Shiro! – Gritó Rikimaru.
Akira apartó su mano de la cara de Shiro que lo miró fijamente.
- No quería hacerte esto de verdad pero es que no me dejas otra opción Shiro.
- No me subestimes… que aún no he acabado…
De debajo de la tierra salieron unas manos que sujetaron a Akira. Shiro se puso de pie de un salto y golpeó con una fuerte patada a Akira en el pecho. Luego le lanzó unos kunais con sellos explosivos que explotaron al contacto contra Akira.
- Realmente veo porque eras de mis mejores alumnos, peor ya te he dicho que nada puedes hacer conmigo Shiro
Akira de nuevo estaba en pie, sin ningún solo rasguño.
- N… no puede ser…
- Ahora ríndete de una vez y te perdonaré la vida.
- Eso nunca
- Muy bien tu lo has querido entonces… tendré que hacerlo por las malas.
Akira se movió muy rápido ante los ojos de Shiro que no pudo hacer nada, pues Akira apareció en menos de un segundo delante suya. Akira golpeó sujetó la cara de Shiro con su mano y lo volvió a estrellar contra el suelo, luego la retiró y comenzó a pisotearle la zona donde le había hecho la herida.
- ¡Argh! – Gritaba Shiro mientras por su boca escupía sangre.
- Vamos, ríndete de una vez Shiro.
- Jamás….
- Entonces tendré que matarte.
Akira pisoteó a Shiro más rápido y más fuerte pero para su sorpresa de pronto Shiro sujeto su pierna con ambas manos y cuando lo miro a los ojos, vio que sus ojos eran tan rojos como la sangre. Akira se apartó y Shiro se puso en pie como pudo.
- El onigan.
- No pienso… caer tan fácilmente.
- Bien, veamos si ahora puedes lograr algo.
Akira corrió contra Shiro y este, gracias al onigan, pudo prever sus movimientos y esquivarlos. Shiro se colocó detrás de Akira y, tras dar un pequeño saltó, golpeó a Akira con una patada giratoria que creó un pequeño remolino de hojas que elevó a Akira por los aires.
- ¡Konoha senpû!
Shiro saltó y se colocó a espaldas de Akira, lo agarró fuertemente y ambos comenzaron a caer en picado contra el suelo girando a toda velocidad.
- ¡Omote Renge!
El choque hizo que temblará un poco la zona y levantó una gran cortina de humo. Shiro no tardó en aparecer. Al igual que Akira que se levantó sin problemas y como siempre, estaba sin ningún rasguño.
- Eso ha estado muy bien Shiro. Pero ya te he dicho que jamás podrás hacerme nada.
- ¡Cállate! ¡Aún queda mucho combate por delante!
- Lo siento pero no puedo atrasarme más
Akira se coloco delante de Shiro sin que este pudiera verlo con su onigan. Akira golpeo a Shiro en el estómago y luego con un puñetazo en la cabeza lo estrelló contra el suelo. Luego puso su pie sobre la herida de Shiro apretando con fuerza.
- Reconócelo Shiro, has perdido.
