Capítulo I: La iniciación
— Señor…
— ¿Qué sucede? —Preguntó una persona de cabello amarillo muy claro, sus orejas terminaban puntiagudas y sus ojos eran de color gris claro.
— Ha llegado el último de los elegidos, señor, pero… —Respondió el otro. Se le acercó a la oreja y le dijo algo en un susurro inaudible.
— ¿Cómo dices? Eso es imposible… ¿Estás seguro? —Este asintió—. Vamos…
Llegaron al Bánáti. Confirmando las palabras dichas anteriormente. Allí, aún desmayado, estaba un joven…, humano.
— ¡Por los Valars!
— Señor, es mi deber recordarle que es uno de ellos, posee las marcas.
— ¿Qué posee las marcas? ¿Y eso que importa? ¡Es un humano!
— Un Elegido. Independientemente de lo que todo el mundo vaya a pensar. El chico ya tiene un designio divino.
— ¡Lo sé! ¡Lo sé! ¡Esto es inaudito! —Masculló acercándosele. Le agarró por los brazos con cara de asco y comenzó a revisar las marcas que aún estaban plateadas… ¡Aún estaban plateadas, eso era más inaudito aún!— Esto es imposible, no son falsas… tiene que haber un error en esto ¡Despiértalo! ¡Es una orden!
— No puedo, tiene que despertar cuando sea estrictamente necesario, del resto no podríamos; son las reglas y no se pueden desobedecer.
— ¡Al diablo con las reglas!
— ¡Señor! ¡Ese vocabulario! —Él ojos grises lo jaló fuera de la incubadora. Haciéndole perder al chico la enervación. Cayó el piso, y con gesto de dolor, miró a todos lados, se sentía completamente desubicado. Pocos segundos después, se topó con los ojos acusadores del hombre.
— ¿Cómo llegaste aquí? ¡Habla! —Harry no podía coordinar nada bien. Cerró los ojos negando con la cabeza y se llevó una mano a ésta sintiendo una molesta presión que no era nada parecida al condenado dolor de la cicatriz.
— Señor, deje que se estabilice —Le regañó, poniéndole un parado.
— ¡No me importa! ¡Y tú! ¡Responde! ¡No te quedes callado!
— Pues… yo… es-esto…, Perdón ¿Do-dónde, donde estoy? —Pudo medio articular. El pánico estaba comenzando a tomar presa de él.
— ¡Mira niño! —Dijo alzándolo por el cuello de la camisa— O me respondes o…
— ¡Señor! Le está haciendo daño, pare… yo me encargaré de la situación.
— ¡Está bien, pero que sea rápido!
— Hola pequeño… ¿Cómo te llamas? —Dijo una vez que hubo salido.
— Ha… Ha… Harry… —Dijo dudando… ¿Había dudado en su nombre? ¿Qué le estaba sucediendo? Miró a la extraña criatura y se alejó huyendo de ella.
— Bueno Harry. ¿Cómo llegaste aquí? —Dijo tratando de remediar todo desgraciadamente ya Aegnor había dañado. El cuestionado simplemente miraba con la vista perdida en algún punto, lo único que pudo responder y que el otro supo que no mentía fue "No lo sé"— Espera aquí chico, dame un momento —Dijo saliendo de la habitación—. Señor…
— ¿Qué averiguaste?
— No mucho, realmente no tiene ni la menor idea de que hace aquí, y que se llama Harry.
— Los dioses están perdiendo la cordura —Dijo luego de haber enfriado un poco la cabeza—. Llévalo a su habitación, y explícale los protocolos, mañana será la iniciación. Mejor dicho encárgate de él
— Está bien… con su permiso —Volvió a adentrarse en la blanca habitación. El chico estaba en perfecto estado de shock. Esto le hizo preocuparse. Pero al no poder hacer nada, sólo agregó lo más calmado y dulce posible—. Ven, sígueme… te mostraré donde está tu habitación.
Pasaron por muchos pasillos, corredores, puertas, también un jardín. Llegaron al extremo opuesto del recinto. En frente tenían una puerta de roble macizo. Tras ella, había una 'sala común'. Muchos voltearon con curiosidad. Había llegado el último de los elegidos. Al no encontrar nada potencialmente extraño en su fugaz avisto. Todos reanudaron sus quehaceres.
En otra puerta, no tan regia como la anterior, estaba la recamara… todo era de plata y blanco. En dicho lugar no había nadie, pero se notaba que las mayorías de las camas ya estaban ocupadas.
— Como sé que no dirás nada. Este es tu cuarto… aquella cama —Dijo señalando con el dedo, al lado del balcón—. Es la tuya… a las seis, si tienes hambre, puedes bajar a cenar… sólo; sigue a tus compañeros, aunque por instinto también podrás llegar al sitio indicado. Bueno, adiós Aon —Fue lo último que dijo antes de retirarse con una pequeña reverencia. Harry pareció despertar totalmente al verse sin ninguna otra presencia viva.
—"¿Qué? ¿Qué demonios? ¿En donde vine a parar ahora? ¡Por Merlín! Estoy seguro que esto no es Inglaterra. No parezco ser bienvenido, no es que realidad lo haya sido alguna vez, pero…" —En eso entraron tres personas, las cuales ignoraron olímpicamente a Harry y uno de ellos habló en un idioma que no comprendió. Vio que su reloj, marcaba las seis, posiblemente iban cenar, cuando salieron, los siguió cauteloso… no sabía que se podía encontrar, pero el miedo no se iba y siempre había sido un libro abierto con respecto a esos sentimientos. Acompañado con esos pensamientos llegó sin darse cuenta a otra gran puerta —parecía que todo allí fuera extremadamente grande—. Cuando entró se sorprendió, era el gran comedor de Hogwarts a diferencia que las mesas eran de vidrio y plata o una aleación de algo parecido.
Se sentó lo más alejado posible para no in concordar a nadie, no le apetecía comenzar una pelea. Recorrió con la vista el lugar, había veinte jóvenes; con él incluido como pudo contar. También había una mesa central, en donde estaban doce personas más, todas ellas adultas, en su gran mayoría personas que, sino hubiesen estado exentas, podía jurar que eran Elfos…
El que estaba en medio de la mesa. Se levantó. Era el hombre que le había despertado, poco a poco las voces fueron aplacándose.
— ¡Buenas tardes! —Dijo con vos suave, pero imperativa— Yo soy Aegnor, para aquellos que no me conocen, están aquí por que han sido llamados para servir fielmente, al Bene ha Elohim. En este recinto, serán entrenados y resguardados. Explicaré un poco para lo que se sientan un poco perdidos y aturdidos. Primero y principal, deberán saber que por un año, no tendrán contacto con ninguno de sus conocidos. El estamento se dividirá en tres estaciones, y una prueba final que se irá explicando en su debido tiempo… si logran sortear con bien todos los obstáculos. Se unirán con un ángel, quién se convertirá en su protector. Él les brindará poder, fuerza y compañía por el resto de su eterna vida, más eso lo verán con más detalle en sus clases. Mañana será su juramento de iniciación. Sin quererme alargar más, les deseo buena suerte a todos. Podemos comenzar a comer.
Los alimentos fueron servidos por personas, no precisamente humanas. El moreno no probó bocado. Simplemente, luego de un rato se retiró…
1
Harry no llegaba y todos estaban preocupados en la residencia Weasley…
— Dónde se habrá metido ese niño? —Se preguntó el señor Weasley, mortificado.
— Estoy preocupada por Harry, Ron… y si ¿El señor tenebroso lo tiene? ¡Oh Dios! ¿Lo habrá matado?
— No niña… ¡No digas eso! —Le retó George.
— Harry sólo se perdió. Ya verán como mañana llegará, pidiendo la gran disculpa por su total despiste —Siguió Fred.
— Si y todos le vamos a matar ¿Verdad hermanito? —Los ánimos se vieron aplacado por los acertados comentarios de los gemelos. Todos se fueron a dormir, si mañana al mediodía no aparecía. Dumbledore sería informado del percance.
2
El ojiverde estaba recostado en su cama al no tener de otra, sus 'compañeros de cuarto' empezaban a mirarlo raro… pero, ¿Qué más podía hacer? No quería cerrar los ojos, eso significaría, soñar con el asesino de sus padres. Voldemort, estaba más activo que nunca y todas las noches, sin excepción solía soñar con él. Había logrado descubrir a la mitad de la Elite Oscura, la cual era encabezada por Lucius Malfoy, Severus Snape, Bellatrix Lestrange y Peter Pettigrew entre tanto sueño, pero la otra mitad eran magos los cuales no conocía en lo absoluto. Con estos pensamientos, Morfeo fue ganando la batalla, hasta que se durmió.
Los primeros rayos del sol dieron de lleno en la cara de moreno, perturbando su sueño. Abrió los ojos y consultó su reloj. Al verlo notó que eran las seis de la mañana… ¿Sería el mismo tiempo en este lugar que en su mundo? Omitiendo eso trató de volver a dormir infructuosamente. Optó por levantarse, trató con todo el sigilo del mundo no levantar a los demás. Vio una puerta anexa al cuarto, que oportunamente dio hacia al baño. Sin impórtale nada más se metió y se aseó.
Cuando salió del baño, varias personas ya habían despertado también. Estaban desperdigadas por todo el lugar, hablando o haciendo nada en general. Salió, a la sala común si se recostó de las barandas del balcón. Por suerte, ese lugar estaba vacío.
Algunas horas después, de pasarla en aburrimiento total, entró una persona, la cual estaba allí para buscarlos. Era un humano de cabellos naranjas… Harry dudaba fuertemente que lo fuera, habló.
— Buenos Días Médiums. Desde hoy esa será su categoría Soy Alem. Imparto clases de lucha cuerpo a cuerpo como profesor regular de esta institución y en su caso también me tocó la misma asignatura, así también como tutor de muchos ustedes. Hoy serán iniciados para poder comenzar su entrenamiento. Sólo cinco, de los veinte que hoy comienzan aquí, servirán al concilio y tendrán el deber y el derecho de poseer un guardián. Ahora, por favor, me van a seguir. Para que todo de comienzo.
Harry se dio cuenta en ese preciso momento que las marcas de sus brazos habían desaparecido completamente y sin dejar rastros. En el baño no se había dado cuenta de ese particular detalle. Sin tener más opción comenzó a caminar dentro de fila que se había sido ordenada. Miró hacia atrás sintiendo un escalofrío en sus espalda.
— "¿Por qué me da la impresión que voy a tener muchos problemas aquí?"
Luego de salir y llegar a una especie de coliseo. Se pudo observar mejor la disposición que tenían las instalaciones. Todo era muy extraño. El lugar estaba dividido por cuatro obeliscos blanco titanio, que servían como edificación.
El estadio, estaba limitado por columnas de orden compuesto y en su cúspide estaban colocadas estatuas de mármol tallado, de ángeles… sus alas se desplegaban de forma majestuosas. Unas gradas vacías les rodeaban. Los veinte elegidos hicieron una fila en frente de la grada principal. Aegnor se levantó de su asiento.
— Espero que hayan pasado una buena noche Médiums. Estamos todos aquí reunidos para hace su juramentación. Están en presencia de todos los ángeles… cada uno irá dando un paso adelante, y conjurará las siguientes palabras: "Yo, su nombre, me ofrendo a los ángeles y a los dioses, a los cuales serviré con fidelidad y devoción, con mi alma, corazón y sangre".
Las estatuas de los ángeles se movieron sobresaltando a todos los Elegidos. Sus miradas estaban clavadas de forma casi cruel sobre sus nucas. La primera persona que salió fue un joven de ojos grises muy claros… sus cabellos eran, aún más platinado y brillante que los cabellos de Malfoy. Harry agudizó su vista, sus orejas eran… puntiagudas. Estaba comenzando a plantearse que realmente los elfos no estaban tan extintos como todo el mundo creía, cada uno fue diciéndolo en diferentes idiomas, el ojiverde fue el último, quién entonó con voz clara.
— Yo, Harry, me ofrendo a los ángeles y a los dioses, a los cuales serviré con fidelidad y devoción, con mi alma, corazón y sangre —No quería que el juramento fuera aceptado, ya tenía suficiente para también tener que entregar su fidelidad de tal manera. Suspiró al sentir como sus marcas aparecieron de nuevo bajándole a la cruda realidad, diciéndole que ya no tendría escapatoria alguna. Al escuchar el idioma, todo el mundo se le quedó viendo… era humano, los murmullos disimulados comenzaron. Una de las estatuas aleteó y alzó el vuelo desapareciendo en un instante.
3
— Cada adulto del sistema educativo. Tendrá un protegido…éste será como su padre mientras estén aquí. Podrán contarle sus penas y confidencias… al igual que podrán clamar por consejos o ayuda.
El primer acogido, y fue por el hombre llamado Aegnor. Era Lórien, un elfo, el cual también había sido el primero en juramentar ante los ángeles. Harry frunció el ceño. Un recuerdo del libro que había estado leyendo decía que, mientras más claro fuese el cabello de los elfos, de más prestigios y poder, eran. Puso la cabeza en su mano. Considerando que tenía el cabello casi blanco. Dejaba pocas preguntas al respecto. Como era de suponerse. Harry careció de tutor. Eso para él fue la mejor noticia que le habían dado en toda su vida, no quería tener a un hipócrita a su lado.
Luego de la escogencia se llevó a cabo el almuerzo. Harry comió poco, por el, habría dejar de comer, pero, su estomago había podido más que su fuerza.
4
— Vamos a presentarnos, yo soy, Amago. Seré su profesor de magia elemental y mental —El profesor, era una persona relativamente normal. Tenía el cabello castaño oscuro y los ojos negro logrando así que su iris se fundiera perfectamente con sus pupilas, estos daban sensación de vacíos, era bastante delgado y blanco, en realidad sólo había un profesor de color, la que le seguía era una mujer.
—Yo soy, Orpehria y seré su profesora de arquería y esgrima. Espero sólo lo mejor, es mi único requisito para que puedan pasar la prueba final —También era una elfa de cabellos amarillos pero muchísimo más oscuros que los de Lórien, de ojos grises, estaba vestida de blanco inmaculado.
—Mi nombre es Melina —Esta vez era una persona de ojos totalmente blancos e ilegibles—. En mis hombros recae la Adivinación e interpretación de sueños. Sólo los mejores llegaran a socavar realmente los intrincados hilos del destino y entrar a los complicados planos astrales —Harry pensó que eso si era una profesora de adivinación, su pelo era cano y estaba sujeto en una trenza.
—Soy Merrik, su profesora de cuidado de criaturas mágicas y mitológicas, y también su profesora de equitación —Se presentó secamente. Era una persona de cabellos naranjas y ojos rojos fuego, nada parecidos a los ojos tintos de Voldemort.
—Buenas noches, me llamo Ocairo y seré su profesor de historia mágica, mi materia abarca desde las leyes y todo lo contenido en escritos y lecturas —Era un hombre moreno de ojos miel, cabellos marrones oscuros. Parecía gentil y amable.
— Soy Alem, y soy gemelo de Merrik. Como ya saben seré su profesor de lucha cuerpo a cuerpo…
Después de eso, todos se retiraron evadiendo al pobre de Harry que ni culpa tenía. Éste se acostó a dormir un poco harto. Oh sí… veía su futuro… su ojo interior auguraba que se iba a terminar convirtiendo en Hermione. Veía su supervivencia afectada en ese nuevo mundo, donde seguramente lo querrían aplastar y tratarle como alguien de menos. Suspiró, tratando de conciliar en sueño preguntándose el por qué siempre le sucedían esas cosas a él.
5
Eran las diez de la noche. En el despacho de Dumbledore se estaba llevando a cabo una reunión muda, nadie se atrevía a decir nada. El niño de oro ¿Desaparecido? El viejo de cabello blanco, estaba furioso y confundido ¿Se lo habían llevado? ¿Quiénes? ¿Cómo? ¿Cuándo? Maldijo para sus adentros, y rompió el silencio.
—Bueno, lo único que queda es empezarlo a buscar; si Voldemort lo encuentra primero estaremos en problemas. Tonks, te encargaras de que en el ministerio no se sepa nada. Los demás, Sirius, Remus y su brigada busquen a Harry. Severus asegúrate que el chico realmente no haya caído en manos enemigas. Molly, cuida bien a tu familia como sólo tú sabes hacerlo —En ese momento en el que Dumbledore iba a proseguir. Hermione lo interrumpió— ¿Señorita Granger?
—Profesor, déjeme formar parte de la orden del fénix… Aunque sea como recopiladora de información…
—Hablaremos de eso en otro momento.
— ¡Por dios! ¡Mi amigo, no se donde está, necesito tener un permiso para buscarlo, no me meteré en líos, podría ser útil!
— Es cierto Albus —Apuntó Mcgonagall, Dumbledore suspiró mientras sacaba una hoja que por detrás tenía un fénix grabado.
— Firma aquí y serás de la orden. No necesitas jurar, confidencia y fidelidad, eso viene firmando —Hermione asintió y firmó. El contrato se selló. En la mano apareció un fénix grabado, que desapareció al instante—. Ahora que todos sabemos nuestros papeles ¿Qué esperamos? Empecemos ahora —Sirius y Remus, fueron a reunir su brigada para encontrar a Harry. Hermione se fue directo a la biblioteca con Ron a buscar información.
Molly fue a su casa acompañada por Dumbledore, su casa sería colocada bajo un Fidelio a su casa, el guardián secreto. Obvio, el director de Hogwarts. Los padres de Hermione, fueron obligados a ir a la casa de los Weasley. Con Harry desaparecido, significaba que la guerra se encarnizaría apenas Voldemort fuera conciente de ello.
6
En la mansión Riddle. Alguien informaba lo que había oído. Tom arqueó una ceja, mientras que el informante desaparecía como si de una sombra a la luz se tratase.
— "Así que Potter desapareció… creo que es hora de terminar lo que empecé hace dieciséis años y no he podido terminar".
TBC
