The call of Angels
Capítulo XXX: Feliz Cumpleaños
Un brillo estaba molestando sus ojos. No… no quería levantarse todavía. Se acurrucó aún más a aquello cálido que estaba a su lado. Era muy extraño, nadie solía dormir con él; maldito brillo. Abrió los ojos tratando de localizar el resplandor que no lo dejaba descansar en paz.
— «Que extraño…» —Pensó mirando hacía arriba y descubrió dos focos de luz flotando sin ningún punto de origen, volvió la vista a la derecha y encontró a Celebriän durmiendo a su lado… volvió a los faros que no sabía que… ¿Qué Celebriän estaba durmiendo a su lado! Reparó de nuevo en aquel pequeñísimo detalle—. «¿Quién se estará muriendo…?» —Cayó en cuenta de la hora y la fecha, 25 de diciembre y eran las cinco de la tarde. Así que todo había salido bien. ¿Cómo iría eso de la resurrección? —Otra vez su vista fue a parar a donde su guardián. No veía nada extraño. Su lado oscuro lo llamaba a hacer una travesura, pero, luego su conciencia le recordó que aún estaba de cumpleaños. Se puso una mano en la frente cerrando los ojos con derrota ¿Por qué tenía que ser tan jodidamente bueno?— Celebriän… —Llamó suavemente. El otro no escuchaba nada—. Celebriän —Volvió a repetir estaba vez moviéndole un poco el brazo. Las luces de ningún lugar quedaron relegadas.
— ¿Qué sucede? —Preguntó abriendo los ojos, algo perdido. El híbrido se asustó por un momento, los ojos del ángel estaban totalmente blanco—. ¿Harry? —Repitió mientras se sentaba en la cama con una mano en la cabeza, tenía ligeras molestias en ella.
— No su… sucede nada —Dijo rehuyéndole la mirada.
— ¿Seguro? —Insistió y luego miró a su izquierda, y todo se esclareció—. Ahora entiendo.
— Lo lamento, me tomó por sorpresa.
— Tranquilo, a todo el mundo le pasa…
— ¡Estás bien! —Exclamó con preocupación, levantándose bruscamente en la misma cama. Cuando removió sin querer las sábanas que los arropaban había sangre… era roja, se palpó su cuerpo, pero, reparó en el rubio, en la espalda donde deberían estar sus alas… en el momento que iba a tocarlo el ángel le agarró las dos manos.
— No lo hagas, estaré bien —Prohibió, acomodándole tras la oreja unos cabellos. Harry se convirtió en ángel y se le acercó más a la cara—. Te sentirás mal si haces eso. Vuelve a tu forma original.
— ¿Qué te sucede? —Preguntó con tristeza.
— ¿No te dije ya? Hoy muero para volver a renacer.
— Pero.
— No duele aunque así lo parezca. Ya cálmate —Lo alzó y lo colocó en el piso—. No toques mi sangre Harry.
— ¿Alguna vez te han celebrado tu cumpleaños?
— No… ¿Me puedes prestar tu baño?
— Seguro, es la puerta esa que está allí —Le dijo señalando una puerta al lado del closet.
— Gracias.
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— ¡Buenos tardes Harry! —Le dijo Lórien colgándosele en el cuello.
— Hola Lórien —Respondió con un deje de tristeza en la voz.
— ¿Y ahora que te sucede? —Preguntó bajándose.
— Lórien ¿No te parece algo injusto que no te hayan celebrado nunca un cumpleaños?
— Bueno, me daría un poco de pena… ¿Qué sucede?
— Ayúdame.
— ¿A qué?
— A preparar una fiesta de cumpleaños.
— ¿Qué!
— La necesito tener lista dentro de dos horas.
— Eres un híbrido Harry, no Dios.
— Para eso necesito ayuda.
— Vale… te ayudaré ¿Qué quieres que hagas?
— Te voy a dar un mapa y una lista, sin que te vean tienes que ir a comprar unas cosas ¿Puedes?
— ¿Por qué me mandas a infringir las leyes?
— Por fis —Le pidió con cara de cachorrito.
— Oh Dios, Por los Vahalar… Harry…
— «No puedo creer que me haya dejado convencer…» —Dijo ya abriendo con cuidado la trampilla que daba a Hogsmeade.
— Necesito un favor Herm —Preguntó sonriente.
— ¿Y ahora que sucede?
— Necesito que me ayudes a decorar una sala para celebrar un cumpleaños.
— ¿Y quien cumpleaños?
— Tiene que ser rápido, tenemos 1 hora 45 minutos, con 13 segundo y contando—. ¿Harías eso por mí¡Dile a Ron y a todos los demás que te ayuden!
— ¿Y tú que vas a hacer?
— Créeme MUCHO¿Por favor?
— Está bien¿Dónde vas a estar?
— En las cocinas.
— Vale, no sé porque pero parece importante.
— Lo es.
— Ok.
— Ven te diré que es lo que tienes que hacer. Y muchas gracias te debo una.
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— Malfoy…
— ¿Potter? —Preguntó incrédulo.
— Necesito un favor tuyo.
— ¿Qué!
— Por favor…
— Pe… pero.
— ¿Crees que me estuviera rebajando a pedirte un favor si no fuera importante?
— Grrr… ¿Qué quieres Potter? —Preguntó molesto. Harry sonrió y empezó a caminar diciéndole unas cuantas cosas a Draco en voz baja.
3
— ¡Azarel¡Sirius¡Esperen! —Dijo el ojiverde deteniéndoles.
— ¿Qué sucede Harry? —Preguntó el merodeador alegremente.
— ¿Les puedo pedir un favor?
— ¿Tu pidiendo un favor? —Le molestó el celador del purgatorio recostándose en el hombro de Padfoot—. ¿Qué¿Se está cayendo el mundo? —Tenía que aspirar, contar hasta infinito calmarse y volver a hablar.
— ¡Es algo importante!
— Bueno Harry, di que es.
— Vengan, vamos a buscar a Remus y a Dhampir —Sin agregar más agarró por el brazo a Azarel y lo empezó a arrastrar con Sirius cubriendo la retaguardia.
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— Gabriel.
— Me niego…
— ¿Por qué!
— Porque sí.
— ¿Qué clase de respuesta es esa? —Preguntó mirándole malamente.
— Una respuesta.
— Por el amor de Dios…
— Por ese amor te digo yo. No, ya dije que no.
— ¿Qué sucede¿Por qué pelean ahora? —Preguntó el arcángel Miguel entrando en la habitación.
— ¡Por favor Gabriel! Te lo pido como el único favor de mi vida… —Le dijo juntando las palmas.
— Valla¿Qué quieres hacer? —Siguió el comandante de las cortes celestiales.
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— «¡Injusticia! Eso se llama extorsión… bueno, cuando menos conseguí que me hicieran el favor» —Dijo Harry mirando el reloj. Le quedaba una mísera media hora, le hizo cosquillas a la pera del cuadro del frutero y entró a las cocinas, todos los elfos especialmente Dobby lo empezaron a atosigar.
— ¿En que le podemos ayudar señor Harry Potter?
— Verás Dobby, necesito que me presten la cocina. ¿Pueden? No haré ningún desastre.
— No, señor, Harry Potter, no puede hacer ese trabajo. Nosotros lo haremos solamente diga que necesita —Comenzaron testarudamente.
Luego de cinco minutos perdidos de negociación, el híbrido puso a todos los elfos que allí estaban a dormir plácidamente, y él se fue a hacer lo que tenía que hacer.
Terminó poniendo Feliz Cumpleaños con la manga de cocina, en merengue azul celeste, sonrió y se llevó un poco a la boca, estaba delicioso, miró el ponche y ya estaba listo, había que dejarlo reposar un poco. La gelatina solamente faltaba lanzarle el hechizo de coagulación, miró el horno los pasa palos estaban hecho, y todo listo.
— ¡Harry! —Llamó Ron entrando a las cocinas, viendo a todos los elfos durmiendo, en ese momento sonó la alarma… quedaban diez minutos, se quitó la pañoleta y el delantal y con un movimiento de la mano todo desapareció. Cerró los ojos, y brilló cuando este desapareció estaba como nuevo—. ¿Estás listo?
— Ahora sí ¿Nos vamos?
— ¿Qué pasó con todo lo que habías hecho?
— Lo mandé a donde están los preparativos.
— Valla, jamás pensé que fueras a hacer algo así…
— Yo tampoco así que mejor dejémosle como impulso de minuto.
6
— No puedo creer que me haya dejado convencer —Dijo con molestia reprimida Gabriel.
— Si lo logra, le daré un regalo especial.
— Lo dudo.
— Ten algo de fe.
— Cállate Miguel.
— Vamos Gaby… ten algo de corazón —Le dijo colgándose.
— ¡No me digas Gaby y bájate! —Se desembarazó del ojiazul y llamó a la puerta—. Celebriän.
— ¿Qué sucede? —Preguntó abriendo, tenía un aspecto deplorable.
— No puedo creer que de verdad aceptara…
— Cierra la boca Gabriel —Le calló Miguel dándole un golpe en la cabeza—. Ven.
— ¿Sucedió algo?
— No, para nada. Simplemente acompáñanos…
— ¿A dónde?
— ¿Desde cuando eres tan desconfiado? —Le abordó el peliblanco sabiendo donde darle.
— Vale.
— Eh —Le detuvo.
— ¿Ahora que sucede?
— Toma esto.
— ¿Qué es eso? —Cuestionó al ver una píldora del tamaño de un chicle.
— Sólo tómatelo… —Dijeron los dos al unísono.
— Vale ¿A dónde vamos? —Intentó de nuevo.
— Vamos allá.
— No entiendo nada —Dijo Celebriän con confusión, odiaba estar confundido. Especialmente porque casi nunca sucedía.
— No hace falta entender… vamos abre la puerta —Le animó Miguel, ya que el arcángel híbrido aún estaba furibundo.
— ¿Por qué?
— Abre la maldita puerta de una vez… —Rugió el de ojos blancos. El hijo de Dios, siguió la orden que le daba y lentamente giró el pomo de la puerta, todo estaba oscuro, ni siquiera con sus ojos podía ver algo. Entró y entonces, casi no sufre un ataque al corazón cuando escuchó tres explosiones acompañados de un grito unánime.
— ¡FELIZ CUMPLEAÑOS! —Gritaron todos lanzando serpentinas y papelillos hacía donde estaba el ángel, las luces se encendieron y éste admiró todo lo que allí había. Era un cuarto rectangular, dos mesas estaban apiladas en la pared que tenía en frente en donde había una torta y comida varia, todo estaba lleno de globos blancos y azules junto con guirnaldas igual de tonos pasteles, en la decoración abundaba el azul y el blanco.
— ¿Qué es todo esto? —Preguntó anonadado.
— Tú fiesta de cumpleaños —Le dijo Harry con una sonrisa de oreja a oreja, y sacó los brazos de atrás, en sus manos había un paquete con un rizo azul—. Se que a veces y normalmente suelo ser un pedante que no da más que dolores de cabeza, pero… ¿Qué se le va a hacer? Es tuyo ábrelo.
— ¿Harry?
— ¿Sorprendido? —Preguntó Miguel apoyándose de su ahijado—. Él planeó todo esto, y lo montó en dos horas, es impresionante ¿no?
— Pero…
— ¿No sientes nada raro en ti? —Siguió el ojiverde sin perder la sonrisa—. No estamos aquí para tributar que hoy resucita su Excelencia Celebriän como todos los infinitos años del universo, estamos aquí porque un día como hoy naciste. Así que… —El ángel se llevó una mano a la boca y bajó la mirada haciendo que su cabello la cubriera—. ¿Estás bien? —Dijo dejando el regalo de lado, y acercándose aún más—. Perdón, no pensé que te molestaría.
— No me molesta —Dijo levantando la mirada y dirigiéndola hacía su hijo. Esta estaba acuosa, una lágrima rodó por su mejilla, y miró hacía arriba para evitar derramar más—. Es sólo que…
— ¿No te lo esperabas? —Dijo agarrándose las manos en su espalda y bajando la mirada—. Esa era la idea, es una fiesta sorpresa… —Celebriän agarró el regalo, y se acercó a Harry. Como última sorpresa el joven lo abrazó de forma efusiva—. Eres un ser vivo que sufre y disfruta… Dios y Satanás pueden esperar una noche más… —Le dijo en voz baja directamente en su oído. Se separó y aplaudió, todo se encendió de forma más alegre la música empezó a sonar. Le dio el regalo de nuevo—. Te enseñaría a bailar pero, no es mi fuerte. ¿Entonces?
— Gracias Harry…
— De nada —Expresó sacándole la lengua y yéndose con sus amigos.
Celebriän cuando estuvo relativamente sólo abrió el regalo, y dentro había un alajero y una carta.
Celebriän.
Cada vez que veas el regalo recuerda que aunque tengas el peso de todo el universo en tus hombros, eres un ser que vive, no importa de que categoría, todo sufrimos, reímos, lloramos, en resumen, sentimos; vivimos.
Sé que no soy un ejemplo para nada, puesto que siempre ando rechazando todo, pero, de vez en cuando es bueno detenerse. Cinco minutos no son nada para todos los años que tiene la vida dando vida. Si Dios existe entonces nos tendrá que disculpar por dejarlo de lado, pero, por ahora sonríe y disfruta. Como el cuento de la cenicienta el hechizo de la pastilla dura hasta las doce, fue lo máximo que pude lograr con mis poderes, por estas cinco horas siéntete humano y libre de ataduras, porque siendo así sabes que puedes morir. Y eso te hará aferrarte encontrando un motivo para seguir existiendo.
Feliz cumpleaños.
Harry.
Vio el alajero… y lo abrió. Una bailarina salió de él y empezó a dar vueltas por el hechizo que contenía, una suave melodía sonaba aunque no la podía distinguir muy bien entre tanta bulla alrededor.
— Valla…
— Lo sé —Dijo Azarel tras suyo—. A todos nos tomó por sorpresa. Pero, me pareció algo 'lindo' de su parte —El moreno estaba como nunca había estado. Sonriendo y tratando de estar con todo el mundo a la vez. Parecía que estaba tratando de redimirse hoy, porque mañana nada de esto podría ser.
— ¿Y que se supone que debo hacer?
— Es tu fiesta de cumpleaños —Dijo quitándole el paquete y la carta de las manos, y empujándole—. Anda y ve con Harry mientras que eres humano —Cuando estuvo fuera de su alcance—. Feliz cumpleaños, Celebriän… —Susurró de forma triste mirando como el Hijo predilecto de Dios trataba de bailar torpemente al lado de Harry riendo como un niño pequeño. Jamás pensó verlo de aquella manera. Era su hermano pequeño después de todo no lo quería ver sufrir, aunque normalmente lo hiciera rabiar como nunca. Al final, él aún seguía siendo un ángel, uno de alas negras, pero uno igual. Miró a las estrellas que se apuntaban llenado el vacío firmamento, la luna estaba llena, lástima que Remus no podía estar allí, pero, él también había puesto su granito de arena. Ya había mucho sufrimiento de por medio, lo peor de todo era que se lo llevaban los más inocentes: Celebriän, Harry, Lórien, hasta Malfoy… que asco de mundo, pensó con desesperanza ¿De que serviría todo aquello? Sus visiones lo atormentaban sin cesar y no veía nada bueno, apretó un poco más el paquete, y miró hacía donde estaban todos de nuevo sintiendo y terrible desazón y un horrible vacío en el estómago, tragó de forma audible. Duró perdido en sus suicidas pensamientos por un minuto, antes que Sirius lo sacara del vacío en el que estaba cayendo, dejó el regalo en un lugar seguro y se incorporó a la fiesta.
— Hay que noche tan preciosa —Empezaron a cantar todos acompañado con las palmas—. Es la noche de tu día, todos llenos de alegría, en esta fecha natal… ¡natal, natal, natal! (…)
— Jajaja —Rió todo el mundo.
— Cumpleaños feliz, te deseamos a ti, cumpleaños Celebriän¡Cumpleaños Feliz¡¡¡¡¡BIEEEEENNNNN! —Gritaron todos alegremente.
Harry le dio el cuchillo a su guardián para que hiciera un corte. Este sin entender mucho hizo lo que se le pedía mientras que el moreno le empezó a explicar porque se hacía todo aquello con tono resignado, pero, al final tuvo que hacerlo él, le dio el primer pedazo antes que a todos. Al probarla, felicitó a Harry por tener tan buena mano para la concina y este solamente atinó a sonrojarse, era la primera vez que alguien le alababa sus conocimientos gastronómicos, en ese momento le dio gracias a tía petunia por hacerle hacer todo aquello. Sería que ¿De verdad todo tenía un sentido en aquel absurdo mundo?
Al terminar de comer, siguieron con la fiesta, jugaron varios juegos muggles y mágicos, bailaron hasta que no pudieron más, explotaron al máximo aquel día… con esta guerra no sabían cuando algo así se podría repetir, así que querían tenerlo muy presente en sus cabezas regalando su felicidad ante tanto desamparo.
Terminó muy ameno y divertido, estuvieron hasta el amanecer sin darse cuenta, el ojiplateado, ni siquiera sintió cuando murió, ni cuando volvió a nacer, estaba demasiado entretenido. Hasta había empezado a sentir algo de envidia benigna hacía los humanos, hasta por Harry, aún de hacer todo lo que hace es capaz de no perderse así mismo, sin importarle quien o que.
Cargó al ojiverde el cual se había quedado dormido en una silla apoyando la cabeza en la mesa, este empezó a murmurar cosas raras y se acomodó en los brazos que lo sostenían sin siquiera molestarse por estar conciente. El reloj dio las seis de la mañana. Salió de aquel salón que permanecería en su mente para toda la eternidad para dejarlo descansar, mucho había hecho por el mundo ya, ahora todo quedaba dividido entre ellos y el destino.
Llegó al cuarto de Harry y lo acostó, suspiró yendo a buscar en uno de los gabinetes ropa para cambiarlo. Lo desvistió y le colocó su pijama, así estaría de cansado que ni siquiera se inmutó.
Se arrodilló para quedarse con él un poco más, quería aprovechar al máximo todo aquello, y verlo dormir era algo que no pasaría con frecuencia… cuando menos no, hasta que todo esto pasara. Le acarició los cabellos, escuchando sus silenciosas y acompasadas respiraciones. Pasaron varios minutos antes que decidiera que era tiempo de volver a lo de siempre. Lo arropó debidamente, y se dirigió a la puerta abriéndola, sonrió y se volteó con la mano derecha hizo una mímica de llamado, dos luces lo siguieron. Se fue de allí dejando todo en tranquila paz…
TBC…
