The call of Angels

Capítulo XXXII: Pandemonium

— No te levantes… —Le advirtió alguien, colocando el brazo suavemente sobre su pecho para evitar que hiciera algún tipo de movimiento.

Parpadeó varías veces ¿Dónde se encontraba? Lo único que podía recordar claramente era la risa de una niña del resto, todo lo demás era desvanecimiento. Hizo un segundo intento por levantarse pero un peso ajeno a su cuerpo no se lo permitía.

— No te muevas —Volvieron a repetir.

Se le hacía vagamente conocida esa voz… ¿Por qué no lo dejaba moverse? Volvió a intentar sin resultado alguno.

— Que no te muevas ¿Qué no me oyes?

— ¿Rafael? —Preguntó Harry quitándole el brazo e incorporándose en la cama sintiéndose un poco desubicado.

— Sí, soy yo… ¿Por qué nunca me haces caso?

— Perdón, no me regañes. ¿Qué sucedió?

— Que no sucedió. Pregunta mejor eso.

— ¿Me podrías contar?

— En algún momento te desvaneciste por completo. Pero…

— ¿En resumen? —Dijo pensándoselo mejor—. ¿Qué sucedió con la coronación?

— Por poco y las coronas se auto destruyen, sin embargo, tienes buena estrella y al final todo salió bien.

— ¿Sabes?

— ¿Qué?

— Es que… escuchaba a una niña riéndose.

— ¿Una niña riéndose?

— Sí, era una risilla infantil… pero, no sé… ¿Cuánto llevo inconsciente?

— Algunas horas, no mucho. Por suerte no fue tan grave la herida que tenías en tu hombro, aunque debiste tener más cuidado, romperte esas costillas no fue nada responsable.

— Perdí el balance… no podía hacer nada más.

— ¿Por qué siempre tienes que terminar en la enfermería? No me parece justo.

— Eso no es lo importante, me recupero rápido. Ahora podremos descansar un poco.

— ¿Quieres hablar con alguien?

— No…

— ¿Quieres salir de aquí?

— ¡Claro!

— Bueno, entonces duérmete y recupera tus fuerzas totalmente.

— Eso fue cruel…

— No soy cruel, no dije que te iba a sacar de aquí —Harry alzó una ceja incrédulo—. Bueno, vuélvete a echar.

— No me echo, no soy un perro.

— Hay… deja de remilgar y vuelve a dormir.

— Ya he dormido lo suficiente. Quiero salir de aquí, ya estoy bien.

— No me vas a hacer cambiar de opinión. Quedé intrigado con eso de la risa de una niña.

— Créeme más intrigado estoy yo. ¿Estás seguro que no había una niña?

— Harry, soy un ángel, no puedo sufrir de un síndrome que los humanos denominaron "Locura".

— ¿Estás tratando de decir que estoy loco?

— No. Estoy tratando de decir que estabas en un estado prácticamente de coma y tu inconsciente pudo haberte jugado una mala pasada.

— Es lo mismo.

— ¿Cómo haces para despertarte tan rápido?

— Secreto de profesión.

— Jaja. Muy gracioso. Ahora, duérmete —Le obligó acostándolo y arropándolo—. No me obligues a hechizarte.

— Pero, ya no tengo sueño —La mano de Rafael iba a parar a la frente del ojiverde pero este se la detuvo—. ¿Tenías pensado dejarme inconsciente?

— Es más fácil así la recuperación.

— Yo me duermo, está bien, tu ganas —Se resignó acomodándose. Cerró los ojos, en cierta forma tenía miedo de dormir.

— Descansa ya —Finiquitó el médico de las cortes celestiales cerrando los doseles que rodeaban la cara.

1

— ¡Harry! —Saludó Hermione abrazándolo con fuerza comenzando a llorar—. ¿Por qué siempre haces lo mismo? Eres un idiota.

— ¿Siempre tiene que haber un idiota, no? —Le dijo separándola de su abrazo.

— ¡No digas eso! —Le reprendió Lórien. Harry simplemente respondió con un gesto de desdén y empezó a alejarse de allí—. ¿Oye a donde vas?

— A la biblioteca.

¡Acabas de salir de la enfermería! —Le habló en Quenya como siempre que lo regañaba. –Hermione la vio extrañada.

— ¿Y?

— Grrr… ¡Harry!

— Lórien no me voy a morir, ¿Te lo tengo que recordar constantemente? —Dijo reanudando el paso. El rey de los elfos se echó furibundo a caminar tras el moreno.

Por los Valars, Harry, crece de una vez y trata de ubicarte en tu puesto —El ojiverde se volteó con una mírada gélida.

¿Cuál puesto Lórien? ¿Él Hermano de un Rey? ¿El general de brigada del Bene ha Elohim? No me hagas reír… Soy simplemente Harry, nadie entiende eso, yo no me rijo por ese tipo de cosas, soy YO, espero que te quede claro… por lo tanto, no me importa mi puesto —Y desapareció de allí a pesar que Gabriel le había prohibido terminantemente hacerlo, ya que podría crear un des balance en las barreras que allí existían.

— ¿Estás bien? —Le preguntó la prefecta mirando la mirada de incredulidad del elfo.

— No lo puedo creer.

— Se te nota en la cara. Lamento no seguir la línea, pero, no entendí que dijeron.

— ¿Harry siempre ha sido así?

— No… para nada, ese no es Harry Potter, sino algo que se le parece mucho —Suspiró—. El Harry que yo conocí hace siete años fue alguien que se preocupaba por los demás y más importante aún era que siempre tenía una sonrisa que regalarte, o algún comentario para levantarte el ánimo. Pero, supongo que el cobro por su cerebro fue su ingenuidad.

— Cuando te digo que no ha perdido ni un ápice de su ingenuidad, es que se convirtió en un frívolo que cree que puede cambiar el mundo por su propia mano.

2

Pasaban las hojas pero no encontraba respuestas. Sabía que era una pérdida de tiempo pero no lo podía evitar seguir buscando… ¿Tendría que irse directamente a los archivos que solamente conocían… tres personas cuando mucho? Era algo peligroso… cerró el libro y salió de allí, lo que no había encontrado en cinco horas no lo iba a encontrar en el resto del período que tenía pensado pasar; ya buscaría otra cosa menos productiva en que perder el tiempo.

A las afueras del castillo todo estaba cubierto por nieve. El moreno miró con hastío la nieve, no era que tuviese nada contra ella pero, ¿Cuántos inviernos iba a tener antes de poder pasar a…? ¿A dónde? Odiaba caer en esos parlamentos sin solución. Se llevó las manos a la cabeza y con los ojos cerrados empezó a caminar. Ya Lórien y Draco fueron coronados, al igual que en todos los mundos en donde los reyes cayeron y por suerte sus herederos vivieron, ya portaban su corona. Suspiró. Ahora cargaban con una responsabilidad que probablemente no les hubiera tocado nunca.

Llegó a los límites del bosque y se detuvo, introdujo las manos en los bolsillos, sonrió, la vida en cierta forma era irónica, ahora que era estadísticamente imposible que algo le pasara, no tenía ganas de entrar allí. Comenzó a sentir una ligera molesta en el cuello, era como si alguien lo estuviera observando, sin embargo el no podía distinguir de donde provenía la mirada.

Volteó por aquello de la inercia pero, como supuso nada estaba allí, así que sin pensárselo mucho más se echó a correr todo lo que sus pies le dieran; él ya se había sentido así… ahora recordaba aquella vez que Lucifer lo atrapó, cuando menos no era su cumpleaños. No llegó muy lejos cuando la oscuridad lo abrazó vedando todas las posibles salidas. Con la respiración alterada se puso en posición defensiva y comenzó a mirar a todos lados. A penas advirtió que una presencia ajena a las normales vibraciones a las que se sometía diariamente, apareció sus alas salieron protegiéndole.

— Tenía entendido que solos los dioses eran protegidos por un ángel —Dijo una voz salida de la nada, era una voz grave, y una horrible resonancia hería sus oídos.

— ¡¿Quién eres? ¿Qué quieres? ¡Muéstrate!

— No creo que puedas soportar mi presencia… —Siguió apacible la voz. Las plumas de Harry se agitaron alzándolo por unos cuantos momentos en señal de alerta.

— ¡Yo juzgaré!

— ¿Juzgará alguien que cayó en tan estúpida trampa? —Preguntó de manera cruel.

— Puedo deducir que eres un demonio —Fue lo único que agregó tanteando en la oscuridad, caminó un poco más y sintió una sustancia viscosa y muchos zumbidos aleatorios alrededor. De repente, un olor a cañería insoportable fue lo único que captaban sus orificios nasales. Cerró la mano y en ella estaba un líquido pegajoso, que hizo que le subiera un escalofrío por toda la columna, se estremeció. Se llevó la mano a la nariz y prefirió no haberlo hecho, comenzó a toser, teniendo arcadas sin poder vomitar. Cayó sentado en el piso jadeando. Justo en ese momento sus ojos se adaptaron completamente a la oscuridad y lo que vio lo hizo caer totalmente al piso, era como una cara de mosca con un cuerpo de larva gomoso negro y con muchas moscas alrededor, necesitaba o salir de allí o comenzaría a vomitar para simplificar las cosas.

Sintió que el aire se purificaba y se atrevió a medio abrir los ojos, vio que estaba otra vez en la realidad en la que él vivía, volteó la cara y a no más de diez metro estaba un hombre de cabellos negros largos, muy pálido, de ojos negros y bastante alto y delgado. Odiaba estar en desventaja.

— Escucha niño, no vengo aquí a pelear, ni mucho menos, solamente te quitaré cinco minutos de tu preciado tiempo.

— ¿Quién demonios eres? —Dijo sentándose sobre sus rodillas y alzando todas sus barreras. Sus alas volvieron a aparecer amenazantes.

— Pues, tu mismo lo dijiste soy un demonio. Mi nombre es Belcebú. He tenido aproximadamente dos minutos para matarte y no lo he hecho ¿No te parece un poco exagerado?

— No, no me parece, y no te acerques.

— ¿Has oído hablar de mí, no? Ahórrame algo de trabajo.

— Sí, por supuesto que he oído. ¿Qué quieres? —Preguntó de manera hosca, estaba empezando a perder la paciencia.

— Ya te lo dije cinco minutos de tu tiempo, te tengo una propuesta muy interesante.

— ¿Por qué me tienes que hacer una propuesta? Habla con Celebriän si tienes algo que decir a tu favor.

— ¿Crees que iría a hablar con Celebriän? No me dejaría ni decir una palabra antes que intentara eliminarme.

— ¿Y estás contando con que yo lo haga? ¿Estás loco?

— No estoy loco. Celebriän podría matarme sin esfuerzo, tú también, pero, te costaría un poco más. Aparte que eres algo estúpido.

— ¡Hey!

— Esa fue la impresión que me diste, aunque debo decir que eres bueno sintiendo los llamados.

— Eso ya me lo dijeron —Masculló de forma amarga.

— Sí, supongo. Bueno, como no tenemos nuestro tiempo iré al grano.

— Largo de aquí, no tengo pensado oírte…

— Eres tan infantil.

— ¡No soy infantil! —Le gritó alzándose y quedando suspendido en el aire, en su cara se podía ver un gesto de enfado parecido al de un niño.

— Vez, si lo eres, suficiente. No me voy a poner a discutir eso contigo, así que. He venido, porque algunos demonios y yo queremos hacer una Alianza.

— ¿Una alianza? ¿Me dejas reírme? Tal vez tenga cara de estúpido, pero, enserio, no lo soy.

— Como sea. Te sorprendería saber la cantidad de demonios que están en contra de abrir las puertas del Pandemonium. Pero, nosotros solos lo único que haríamos sería el ridículo. Son órdenes superiores, de las más altas que se nos puedan dar pero, seamos claros, es una locura, el cielo es cielo y el infierno es el infierno, no tenemos porque mezclarlos. Aún para los demonios nos rige una Ethannia, y romperla, sea Dios, sea Satanás será el caos. Como todos los seres vivos nosotros sólo queremos sobrevivir.

— ¿Pretendes que me crea todo eso?

— Deberías, sin nosotros están perdidos. Es decir, el único que no tiene un moral demasiado buena es Gabriel, y tú… ¿Crees que con eso podrán ganar? Satanás, al contrario de Dios puede meter la mano en el desenvolvimiento de las cosas.

— ¿Qué me estás tratando de decir?

— Que Dios, existe, y aún vive, pero, no esperes mucho de él…

— ¿Qué clase de estupidez es ésta?

— No es ninguna estupidez, híbrido, entiéndelo, se está jugando el todo, si algo sucede se volvería a la nada, y no hablo de que este planeta no existiría ¡Nada lo haría! ¿Entiendes cuando se dice que quieren unir el infierno y el cielo? ¡Sería desastroso!

— ¿Y que quieres que haga? Estoy hasta el cuello… ¡Solamente tengo 17 años! Ustedes tienen todos los milenios que se puedan imaginar.

— ¿Y te escudas en tus diecisietes? La edad no es más que vueltas… ¿Qué importa?

— ¿Qué me vas a decir ahora? ¿Qué los niños en áfrica están pasando hambre y que no me debería quejar tanto?

— Ok. Haré como si no escuché eso. No confundas, soy un demonio, para, mí mejor que millones de niños se estén muriendo en África.

— No esperes que te diga que eso fue cruel.

— Genial. Bien, supongo que hemos tardado bastante no valla a ser que tengas problemas —Traspasó todas las barreras sin siquiera pestañear—. Seguiremos esta conversación más tarde, procura estar con vida hasta entonces —Lo besó cerca de los labios pasmándolo más de lo que ya estaba—. Ahora entiendo la mayoría de las cosas —Sin dar más explicaciones desapareció.

Cuando el moreno logró salir del shock en el que había entrado se echó hacia atrás, y se comenzó a jalar los cabellos ¿¡Qué era esa obsesión rara que todo el mundo tenía con su persona? Se sentó en forma india y apoyó su mejilla en la palma, cerró los ojos y empezó a contar.

3

Ya iba por los 20.000.000, la noche había caído y todo se veía solitario. Estaba en el techo de la torre de astronomía. Eso era lo que siempre hacía cuando no quería que nadie se le atravesara por el medio.

— ¿Harry? —Escuchó que alguien lo llamaba e interrumpiendo su cuenta que iba por el 20.012.999, volteó. Se sorprendió al ver a Gabriel allí con un vestido, porque eso era lo que tenía puesto un vestido.

— ¿Gabriel?

— ¿Qué sucedió? Este es el último lugar donde esperaba encontrarte.

— Lo mismo, digo. Este era el último lugar en el que pensaba encontrarme con alguien.

— ¿Qué sucedió? ¿Por qué estás aquí?

— ¡Nada! —Dijo levantándose sintiéndose muy mal por dentro, ni siquiera sabía porque se sentía tan denso.

— Harry —El peliblanco lo sostuvo por los hombros antes que pudiera escapar y lo hizo mirarle a los ojos.

— Hay varios demonios que quieren hacer una alianza con nosotros —Dijo escondiendo su cara en el pecho de su mentor—. Dime Gabriel ¿Qué tengo yo que atraigo a la gente? Es algo obsceno, todo el mundo parece desearme, o dejarme sin energía; cualquiera de las dos opciones son perfectamente aplicables —Susurró con voz quebrada. El mayor sintió una opresión muy fuerte en el pecho al sentir algo cálido mojando su ropa y restando en su piel… eran las lágrimas de Harry. En todo el tiempo que lo llevaba conociendo jamás lo había visto llorar, ni porque doliera, ni siquiera porque se estuviera muriendo. Pero, allí estaba gimiendo en silencio—. ¿Qué es lo que tiene todo el mundo conmigo? Yo ni siquiera pedí vivir —Gimoteó, aferrándose a las ropas sin despegar la cara del pecho. Sentía vergüenza de estar llorando frente a él. Ya no podía contenerse. Sintió que unos brazos lo rodeaban.

— No debes avergonzarte por mostrar tus sentimientos —El ojiverde se medio separó con los ojos al máximo abierto, aún las lágrimas bajando sin cesar—. Lloraran no es una vergüenza, tal vez por eso siempre te sientes tan mal… Sonreír o llorar no es signo de debilidad. Solamente que hay que saber el lugar y el momento adecuado para hacerlo —Harry cayó de rodillas en el techo con la mirada perdida disparada hacia el cielo, sus alas salieron de forma traslucida; dos lágrimas solitarias recorrieron sus mejillas. Sus ojos estaban hinchados. Gabriel iba a hacer un movimiento cuando algo lo detuvo.

Sin desearlo totalmente Harry se levantó, sus ropajes normales cambiaron, fueron cambiados por sus ropajes angelicales, pese a todo seguía estando igual por dentro. Un rayo de energía fue a dar justo donde estaban los dos, una barrera no creada por el moreno lo rodeó era un material transparente que tenía muchos escritos verdes rodeándolo, otro rayo destruyó lo que atentaba contra la vida del híbrido. El escudo se disolvió y Gabriel agarró al joven. El conocía esa energía…

— Misery —Expresó para él.

— Gabriel, tanto tiempo sin verte ¿Cuánto? ¿Quince siglos? —Preguntó un hombre deteniéndose cuatro metros lejos de ellos dos. El arcángel levantó a Harry en brazos.

— ¿Qué demonios haces aquí? —Demandó molesto. El ojiverde hizo un gesto de dolor y apretó los dedos.

— Ara… ¿Qué no es obvio? Ya que todos fallaron. Y teniendo yo altas probabilidades de también fallar, vengo a llevarme la cosa que tienes en tus brazos.

— Primero no es una cosa, y segundo ¿Qué te hace pensar que te dejaré que te la lleves?

— Pasemos esta parte de negociaciones inservibles —Dijo mientras abría los brazos, siete bolitas de luz roja lo rodearon, volvió a juntar sus manos hasta crear una pequeña cavidad—. Pride —Convocó y un rayo salió disparado hacia ellos. El peliblanco lo esquivó alzando el vuelo.

— Tsk, tsk… nunca he tenido nada contra ti ¿sabes? Es más, eres el único arcángel que tolero, todos los demás me caen como una patada en el estómago… bueno, en dado caso que tuviera uno por supuesto —El pelinegro se incorporó en los brazos de su protector y miró a su atacante, tenía el cabello azul disparado hacía todos los lugares, sus ojos eran totalmente blanco carente de iris o pupila—. ¿Cómo pueden ir tras de ti si ni siquiera sabes respirar?

— Harry no lo oigas. No oigas nada de lo que te diga. Aún eres muy voluble a ellos.

— Por tu condición humana —Terminó la frase—. ¿Nadie te lo ha dicho? Aún eres demasiado… humano. Por ellos, sigues sujeto a sus leyes, hasta que te desprendas completamente de tu antiguo yo —El híbrido miró a Gabriel.

— No lo oigas, nada de lo que digas es verdad. Se llama Misery, esa es su especialidad, humillar a la gente.

— Hay, pobre niño ingenuo… ¿Qué no vas a defenderte?

— ¿Defenderme de que? Siempre he estado consciente de mi condición… yo no he querido dejar de ser un humano.

— Ummm, no eres tan idiota como pensaba —Dijo acercándose más ellos—. ¿Entonces? ¿Seguimos luchando? Sabes, no te lo tomes como nada personal, pero, es hora de hacer un cambio.

— Un cambio que nos llevará a la destrucción —Susurró el moreno sin ganas de nada. Gabriel no pudo prever a tiempo el movimiento de Misery, y Harry salió disparado se sus brazos, estaba demasiado débil. No sólo de energía, sino de mente y espíritu, un rayo azul se dirigía hacía él, con rapidez. Una sonrisa triunfante antes de tiempo. Las alas del ojiverde reaccionaron y se desprendieron totalmente del cuerpo.

Un hombre muy parecido a Harry lo cargaba, tendría como diez años más, estaba vestido totalmente de negro, y poseía dos pulseras plateadas en la mano, sus ojos eran igual a los de Misery.

— Tsk… pensé que solamente los Dioses eran custodiados de esa manera.

— ¿Qué demonios es esto? —Dijo Gabriel aproximándose. La mirada de aquel ser aunque vacía hacía transmitir muy bien lo que sentía, acércate y posiblemente no lo cuentas. El moreno suspiró cansado, una y otra vez… siempre iba en un ciclo terminando en el mismo lugar.

— Ummm, aquí está lo que pasa cuando Dios y el Demonio se empeñan demasiado en una sola cosa… por lo que veo se enamoraron… ¿Hace cuanto que no pasaba eso? ¿Desde Jeanne d'Arc? —Expuso con cizaña el peliazul—. Sabes niño, hasta puedo decir que te compadezco. Lo único que puedes hacer es sufrir y sufrir hasta cuando ¿el final de los tiempos?

— Suéltame por favor —Le rogó al extraño que lo cargaba. Éste lo miró y obedeció luego de pensárselo un momento. Se volvió a unir con él, Harry cerró los ojos un momento, aspiró y luego exhaló volviendo a la normalidad—. ¿Qué quieres decir?

— ¡Harry no te acerques! —Le advirtió el ojiblanco.

— ¿Qué no lo sabes? Valla, Dios parece que encontró a su igual… Él tiene a doce esencias que lo protegen ¿de qué? Ni me preguntes. Como ya tu inteligente mente habrá deducido, sí, los siete arcángeles, sus tres hijos y dos personas más que se desintegraron.

— ¡Cállate! —Le gritó el arcángel amenazante, no esperó mucho más y lo atacó.

— Te prohíben saber la verdad. Son revelaciones veladas —Se burló mientras que esquivaba los ataques y a la misma vez respondida- Se paró de una mano en la nada, y con gesto de burla, prosiguió—. De vez en cuando, nacen errores, como tú o como Gabriel.

— ¡Harry! ¡No lo escuches! ¡Sal de aquí!

— Gaby, Gaby… ¿Por qué no lo dejas que escuche?

— ¡Eso no tiene importancia! —Aplaudió una vez y muchos rayos blancos lo rodearon. Su pupila apareció soltando rayas negras a sus blancas obres.

— Pero yo creo que Harry quiere saber ¿o no? —Preguntó volviendo la mirada hacía donde estaba el aludido el cual se abrazaba a si mismo—. Dios y Satanás, son lo mismo, a lo mejor no lo hayas visto, pero, en tiempos inmemoriales, dos potencias intolerantes tuvieron que separarse pese a ser lo mismo…

— Misery o te callas o te juro que esta no la cuentas…

— Hay que miedo tus amenazas —Dijo omitiéndolo y acercándose más a Harry, más no lo llegó a tocar—. Al no poderse sostener el balance —Prosiguió.

— La risa de una niña —Murmuró con una mano cubriendo los labios.

— Pandemonium… —Le respondió luego de escuchar lo que dijo. Gabriel terminó el conjuró y lo lanzó contra ellos—. Leniency… Au Revôir, mon cher.

— ¿Pandemonium? —Preguntó—. ¿Qué demonios? ¡No entiendo nada!

— Harry —Dijo agarrándolo como anteriormente había hecho—. ¡No creas nada! ¿Me entiendes? El lo único que hace es confundir a la gente.

— ¡No me toques! —Dijo lanzándolo lejos con una onda de energía, empezó a llorar como un niño pequeño. Otra vez la misma persona surgió de su espalda, y se sentó al frente sobre sus propias piernas, una posición muy usada por los japoneses.

Harry, óyeme… —Escuchó que alguien lo llamaba dentro de su mente. Alzó su cabeza rápidamente preparado para atacar al primero que se le acercara, pero, simplemente se vio a si mismo con diez años más.

— ¿Quién demonios eres? ¡Te lo advierto! ¡No te acerques más! —Le gritó fuera de si. Gabriel estaba recostado en una pared.

Yo soy tú, figuradamente. Mi nombre es Leniency.

— ¿Compasión? —Preguntó sin entender.

Cada Dios, tiene un protector, un doble suyo que prevee todo sus movimientos. Soy tus alas.

— ¿Por qué esperaste hasta ahora para aparecer?

No he esperado hasta ahora para aparecer, cada vez que alguien te hace daño estoy contigo. Sin embargo estoy limitado, y ya no me podrás escuchar más. No podemos establecer una relación. Yo me limito a ser un distintivo, que nada te pase y ya. Pero, se hizo una excepción porque vas a llegar al colapso.

— Solamente quiero estar solo.

¿Para pensar? No le des vueltas a lo que dijo ese ser, todas las respuestas llegan con su tiempo.

— ¿Es verdad que todos los Dioses…?

Eso no te lo puedo responder yo —Dijo desapareciendo.

— "Nunca nadie ha sido capaz de responderme nada" —Dijo descendiendo. Era capaz de desmayarse adrede para no tener que seguir andando. Sacó fuerzas de donde no las tenía y se tele transportó a su cuarto.

4

— ¡Gabriel! ¿Qué demonios sucedió? ¿Por qué tienes una herida en el brazo? —Preguntó Miguel sentándolo en la cama y mirando que no fuera nada grave.

— Apareció Misery. Quería llevar a Harry. No sé que es lo que le habrían dicho, pero, sus barreras mentales apenas si existen, y él vino a empeorar las cosas, por un instante más y no sé que hubiera pasado… ¿Por qué se tiene que repetir la historia?

— ¿Qué? —Preguntó sin entender mucho.

— ¿Aún están los archivos de Jeanne d'Arc?

— Si, todavía existen. ¿Por qué?

— Pensé que había sido el único al que se le había pasado aquello por la mente —Murmuró lanzándose hacia atrás cubriéndose los ojos con el brazo.

— ¿Gabriel? ¿Te estás volviendo loco?

— No me estoy volviendo loco Miguel, no me preguntes nada… no quiero que esta pesadilla pase a un plano real.

— Entonces, es algo tarde… durmamos de una vez —Dijo con comprensión apagando la luz y volviendo a la cama.

5

Esa noche los sueños de Harry estuvieron plagados de las más horribles pesadillas, acerca de una pequeña niña rubia, que era asesinada hasta que lo único que quedó tangible fue su cara. A las tres de la mañana no soportó más y se levantó saliendo del agobiante cuarto. Salió a la pequeña sala, y se sentó en la mesa juntando las manos en forma de plegaria y llevando su frente a descansar allí. Su mente era un caos tratando de acomodar tanta información. Lo único que pedía era un descanso. O que, cuando menos, respondieran algunas de sus dudas.

La mañana lo sorprendió con los ojos aún abiertos, era como el cuarto día que no dormía, todo había estado en total paz calma, parecía que lo hicieran apropósito, ellos habían dimitido, pero, sus pesadillas no. El cansancio se denotaba en todo su cuerpo. Miró el reloj y decía siete y media, si no se daba prisa, no llegaría a clases, no quería recibir ningún regaño de Snape hoy. Tenía que ser pociones a la primera hora. Se arregló todo lo rápido que le dieron sus brazos y salió sin siquiera desayunar.

Llegó con el tiempo justo, trató de pasar por desapercibido y se sentó en el tercer puesto de la fila que estaba pegada a al ventana. Esas noches no solamente no había dormido, sino que se había puesto a adelantar una montaña de informes que tenía pendiente en las filas como Brigadier General.

— Hoy, vamos a ver una poción regenerativa de energía muy peligrosa, si se administra una sola gota de más, el que la ingiera sufrirá un éxtasis mientras se ahoga para luego morir. ¿Alguien sabe como se llama esta poción? —Preguntó Severus, Hermione levantó la mano, pero, fue como siempre ignorada, Draco no había ido hoy a clases debido a un fuerte catarro y estaba ahora en la enfermería, y Harry, bueno, el estaba más pendiente en no quedarse dormido que prestarle atención a la clase y Lórien se había negado a seguir viendo pociones con el ogro que tenían por profesor—. ¿Nadie? Bueno, no esperaba que nadie me respondiera —Dio un golpe con la varita en el pizarrón y se empezó a escribir sólo—. Tienen que hacer la poción en esta clase, tienen hasta que suene el timbre…

Otra vez, aquella niñita que reía en un columpio y luego saltaba hacía el vacío, escuchaba en la negra nada, la carne siendo traspasada por metal, todo se iluminaba, y la niña era despellejada… Sintió un libro que caía pesadamente a su lado. Lo que hizo sobresaltarle e inmediatamente se incorporó sintiéndose desubicado.

— ¿Dónde estoy? —Se preguntó tratando de ubicarse.

— Potter… —Siseó con furia el pocionista—. Puedo saber ¿Cómo es que tiene la audacia de dormirse en mi clase? ¡Cien puntos menos para Gryffindor! Y queda castigado por toda la semana ¿Me oyó?

— ¿Qué? —Preguntó con una mano en la cabeza y volteando a mirarlo—. ¿Profesor Snape?

— No Potter, el hada de los dientes.

— Hay no… no me diga que me quedé dormido…

— Ahhh, que bueno que ahora se da cuenta

— Yo… lo siento… es que —Suspiró—. "Eso me pasa…"

— ¿Qué excusa me trae ahora? Y espero que sea buena.

— Ninguna —Dijo con la mirada baja.

— Grrr. Potter, lárguese de mi clase antes que tengamos más problemas ¿Quiere?

— No sé que más problemas puedo tener —Expresó con molestia mientras salía de allí.

Tiró el bulto en el piso y se dejó caer en un banco, suspiró y cerró los ojos, no importa a que hora o en que lugar durmiera siempre tenía la misma pesadilla.

6

Marzo estaba arribando llevándose toda la nieve que había en el castillo, las flores comenzaban a crecer, para darle paso a la primavera. Harry estaba sentado en las afueras del castillo mirando el lago yéndose con su imaginación en donde la lógica no podía llegar, se mordía el dedo meñique ausente. Había logrado 'superar' de momentos su problema de insomnio con la poción, Mortis Vitae. No era recomendable usarla del modo que él lo hacía, pero, ¿Era las mismas indicaciones para los humanos que para él? Misery había dicho que él aún era humano.

Detuvo la boca por un momento y cambió de posición ¿Por qué no había terminado de hablar si tuvo tiempo? Ya había buscado en todos los libros muggles la historia de Jeanne d'Arc, pero, no era que tuviera mucha relación. Aunque era capaz que el también terminara como ella, solo, con una única esperanza recayendo sobre Dios, y tachado de traidor y hereje.

Suspiró. ¿Cuántos besos había dejado de dar? Eso era algo extraño, se la pasaba suspirando cada dos por tres, al igual que su concentración se había ido al caño. Cerró los ojos. Alguien se le sentó al lado, pero, ni siquiera se molestó en voltear o empezar a armar escándalo porque alguien estaba a menos de dos metro de su persona. Se estaba cansando de la misma estupidez todo los sacrosantos días de su vida. Empezó a golpear los dedos contra su piel, rítmicamente. Su actitud dejaba mucho que desear, hasta a él mismo le empezaba a chocar, pero, no podía hacer nada más, sus poderes se descontrolaban con mucha más facilidad, ya que por su sangre corría, un catalizador muy poderoso que era utilizado en la poción que tomaba para poder dormir.

— ¿Cuánto tiempo piensas sobrevivir así? —Preguntó Celebriän, el moreno sin esperárselo abrió los ojos y lo miró con sorpresa—. Tú debilidad me está afectando a mí ¿Lo sabías?

— Ah… pensé que Gabriel te había ido con el chisme.

— Harry, es Misery… ¿sabes a cuantos ángeles de bajo rango, humanos, elfos y criaturas varias ha arrastrado al infierno?

— Estaba hablando de algo importante —Cortó sin darle tiempo a explicaciones.

— ¿Cómo sabes que era algo importante? —El silencio de Harry hizo que Celebriän se levantara—. ¿Has estado teniendo pesadillas?

— ¿Por qué la pregunta?

— De noche tu corazón sufre de taquicardias erráticas y tu magia se descontrola por unos segundos, entre otras cosas. Y luego de algunos días, parece que estuvieras muerto por algunas horas…

— ¿Y que importa?

— ¿Cómo que, que importa? Realmente no has dormido nada, y supongo que tampoco has comido como se debe… se trata de tu salud Harry, eres inmortal, no indestructible. Ten un poco de amor y respeto hacia ti mismo…

— Si no lo hago es porque no puedo, no soy masoquista ¿Sabes?

— ¿No habíamos quedado en que existía la palabra 'ayuda'?

— Yo solamente quiero morir, si es que eso se me tiene permitido.

— Cada día que pasa me sorprendes más.

— No deberías… puedes preguntarle a Nightmare. Él dice que es mi castigo… yo digo, que es mi Karma, podemos decir que es lo mismo. Ya que por primera vez como en un periodo de quince días tengo tu atención te tengo que decir algo.

— ¿Adivino? ¿Encontraste la forma de suicidarte?

— No. Belcebú y otros demonios no están de acuerdo con el desmadre que tiene pensado hacer Satanás, y están proponiendo una alianza, tengo pensado hacer solamente de mediador, no me metan más de allí.

— ¿Hablaste con él?

— El habló conmigo, no sé si se entienda la diferencia pero, eso también carece de importancia. Omite todos los regaños, ya se te adelantaron.

— No quiero sonar como algo parecido a un papá. Pero, con esa actitud no llegarás a ningún lado.

— ¿Y que quieres que haga? —Le preguntó volteándose verle, otra vez estaba llorando, maldita fuera su debilidad en esos momentos que había aumentado, con la incertidumbre. Salió corriendo, tenía que huir de allí ¿Pero a donde iría? Si no terminaba con Celebriän terminaría con Satanás, ninguna de las ideas le parecía atractiva. Se detuvo a regular su respiración.

Oh nuit, oh laisses encore à la terre

Escuchó una voz que cantaba, no estaba tan lejos, o eso creía él…, sonaba como las voces del coro del Bene ha Elohim. Pero, eso era netamente imposible, cuando menos aquí. Empezó a caminar siguiendo la voz.


Le calme enchantement de ton mystère
L'ombre qui t'escorte est si douce

Era Uriel la que estaba cantando… jamás se imaginó que sería ella… las hadas la rodeaban bailando, no entendía mucho de lo que decía, sin embargo, tenía un tono bastante melancólico, demasiado para su estado de ánimo.


Est-il une beauté aussi belle que le rêve
Est-il de vérité plus douce que l'espérance

Cuando terminó, se volteó y le sonrió cálidamente al moreno.

— Hola Harry.

— Hola Uriel…

— ¿Huyendo?

— ¿Leyendo mi mente?

— Es la única forma de no hacer un monólogo contigo… sabes que él no quiere un mal.

— No empieces. ¿Por qué cantabas?

— ¿Se necesita algún motivo para cantar?

— Supongo que no.

— Sabes… el último verso de la canción dice: Es una belleza tan hermosa, como soñar; ésta es la verdad, nada es más dulce que la esperanza.

— Hay un filósofo que decía que "La esperaza es el peor de todos los males ya que prolonga el sufrimiento hasta su límite".

— ¿Y que dice Harry Potter acerca de eso?

— ¿Eh?

— ¿Tú piensas que tiene razón o que no la tiene?

— ¿Puedo preguntarte algo?

— Claro.

— ¿Qué sabes de Pandemonium?

— Lo que dicen los libros… no soy tan antigua. Pero, se dice que fue la balanza entre Dios y Satán… las divinas escrituras las describes como…

— Una niña rubia que ríe en la oscuridad —Dijo suavemente.

— Exacto. Un día inexplicablemente, solamente quedó su cabeza dividiendo el cielo del infierno. El libro de la vida dice que es su hija, de ella comenzó la línea la vida. Ella era la única cosa corpórea que estaba en la nada. A pesar de sus grandes diferencias, Dios y Satanás, la amaron con todo lo que tenían… fue su síntesis. Eso es trinidad. El misterio de las tres fuerzas. Y luego las páginas desaparecen. ¿Sabes?

— ¿Qué?

— Hay una leyenda muy antigua que creo que yo solamente conozco que dice que, Pandemonium, ella no se llamaba así, creo que la traducción era algo así como Freya… no sé puedo estar equivocada, odio traducir ese idioma. Bueno, Ella ha ido reencarnando sin que los mismísimos primigenios lo supieran, y siempre sucede lo mismo…

— ¿Qué lo mismo?

— Ellos que son perfectos, empiezan a sentir una peregrina e inherente debilidad por su reencarnación, tanto que terminan deseando su muerte. Por supuesto que es una leyenda… es imposible que Pandemonium reencarne porque ella aún está viva —Se llevó un dedo al mentón y con gesto pensativo dijo—. Bueno, cuando menos su cabeza aún lo está —El ojiverde la miró pensativo, como si aún le quedaran algunas dudas por resolver—. Supongo que por eso dicen que quien tenga Pandemonium ganará el Todo.

— ¿Entonces porque se necesitan cuatro personas para abrir las puertas del Pandemonium?

— No lo sé, pero, 'las puertas' no puede ser lo mismo que estar dentro de Pandemonium mismo…. Soy una sabelotodo de libros Harry, no en la práctica.

— Dudo que alguien me valla a contestar esto… eso si estoy seguro.

— Escucha… hay un libro que le llaman Divino Pastor, no le digas a Jofiel que yo he leído eso… se supone que toda esta información esta prohibida en cualquiera de sus versiones, no contesta el génesis, pero, a ellos no le gusta indagar.

— Tranquila, los dos nos estamos ganando un buen regaño por estar hablando de eso…

— En fin. Dice textualmente: Llegados a la absoluta oscuridad, donde puebla la calma y se controla el caos, tres líneas se tejen infinitamente sin llegar a cerrarse de forma total, una voz que aturde y vela, saldrá entre la luz del origen de la vida preguntando y matando.

— Ah que bello párrafo —Anunció con ironía.

— Pero no tiene sentido. ¿Puedes escuchar mis teorías? —Preguntó con ruego. Harry señaló un puesto a su lado. Uriel se sentó, el ojiverde se volteó y cruzó las piernas en forma india. La arcángel retomó el habla tratando de ordenar sus pensamientos, por fin alguien la iba a escuchar, no es que fuera la mejor opción alguien que estaba más confundido que tu persona, pero, de todas maneras tal vez entre ellos dos podrían llegar a algo—. No es posible que te diga que primero haya una absoluta oscuridad y que luego hayas líneas de luz.

— Puede ser que mientras camines veas las líneas de luz. O la luz se empiece a formar cuando alguien irrumpe al lugar. Sabes como si tuviera sensores.

— ¿Sensores Muggles, no?

— Mal ejemplo…

— Había pensado en eso que cuando se irrumpe el lugar empieza a aparecer o a crearse, de manera figurativa claro, pero, en el libro es como si faltaran páginas… si lo pudieras leer tal vez me entenderías un poco mejor.

— Vamos Uriel, tú y yo no podemos organizar una revolución… ¿No habla de cómo es la voz? Es decir ¿aparte de aturdidora?

— Pues, no. Cuando llega a preguntando y matando, pasa a otra página, que te dice una teoría para cerrar las puertas sin matar a los elegidos. Sin embargo, yo recomiendo, no abrirla… —El moreno, por unos milisegundos; hizo un estibo de sonrisa. El arcángel de ojos dorados miró al cielo, cerró los ojos y dejó que los rayos de sol, bañaran su cuerpo—. Aquí todo parece diferente.

— ¿Qué?

— Más libre —Siguió bajando la mirada hacía su acompañante—. Supongo que tú también eras más libre antes.

— Créeme que yo lo menos que he hecho es ser artífice de mi destino.

— De mí salió esa enfermedad que todo el mundo denomina empatía.

— Ahh, tú también crees que es una enfermedad. Todo el mundo dice que es una bendición —Explicó en tono neutro aunque lo que quería era burlarse, decidió no hacerlo, sacó un papel de su túnica y empezó a doblarlo.

— ¿Bendición? ¿Que bendición ni que nada? Es una maldita desidia, en los demonios puedo sentir el más primitivo dolor y rechazo, me enferma… —Lo miró de forma triste, el joven detuvo las manos—. A pesar de las fuertes diferenciaciones y rechazos raciales, todos terminamos respirando el mismo aire.

— No entiendo lo que es ser bendecido por Dios.

— Nosotros no entendemos quien es Dios, no tiene sentido ponerse a pensar en eso Harry, Él está donde está, hace lo que tiene que hacer y hasta allí. Preocúpate más por los vivos y por tu vida, que por el génesis y toda esa estupidez… —Dijo con una voz que éste jamás había escuchado.

— He estado teniendo unas pesadillas.

— Son pesadillas Harry, Todos tenemos pesadillas… hasta los pensadores humanos han descubierto su origen. No son más que miedos de nuestro subconsciente.

— ¿Quieres dejarme terminar?

— ¿Por eso tomas esto? —Preguntó sacándole un frasquito del bolsillo.

— Tengo ya demasiado tiempo sin dormir, tenía que encontrar una manera de hacerlo. Hoy Snape de sacó de su clase por quedarme dormido en ella, no importa en que lugar u hora del día lo haga… siempre me plaga lo mismo. Y el sueño coincide con lo que dices del Pandemonium. Una total oscuridad, y una niña que ríe y canta en un columpio en medio de tres líneas de luz tejidas como el ADN, salta; y todo oscurece de nuevo… en seguida, se escucha la carne siendo desgarrada y por mi salud mental. Me despierto como si me hubieran matado a mí, es horrible… es lo mismo que se siente como cuando Diamanlatle, está muy cerca de ti…Me estaba volviendo loco ¿Sabes?

— Jamás he sentido esa horrible cosa cerca, gracias a Dios.

— Bueno, ábrele un hueco en medio de estómago a un demonio, sácale todo lo de adentro, y Violà, Diamanlatle para llevar.

— Odio ese sentido del humor negro tuyo.

— Lo siento —Dijo hoscamente mientras cerraba los ojos y apoyaba su mejilla en la palma de la mano.

— ¿Alguna vez has intentado sonreír? —Preguntó Uriel jalándole los cachetes.

— ¿Por qué la pregunta?

— Porque te vez feo con esa cara enfurruñada, yo hice algo por ti, ahora haz algo por mí, sonríe.

— Uriel… pide otra cosa a cambio que esa tontería.

— Me lastimas, yo puedo hacer sonreír y hacer sentir bien a todo el mundo, menos a ti… sabes, es frustrante.

— Aunque sonría, no lo estaría haciendo de verdad.

— Entonces, por mí, se un hipócrita —El ojiverde la miró sorprendido.

— Creo que ya olvidé como sonreír.

— Si no has olvidado como llorar…

— No tengo motivos para sonreír.

— Bueno voy a contarte un chiste —Dijo señalándole y si pudiera ser una comiquita de los ojos saldrían llamitas—. Así tendrás motivo para reírte, prepárate Potter porque no podrás parar de reír en todo el día: un día, un pollito alzó una pata alzó, la otra y se cayó —Dijo señalándole. Harry se cubrió la boca con la muñeca y un sonido de una risita ahogada se escuchó. Uriel le bajó la mano.

— Idiota —Dijo suavemente aún con la sonrisa en los labios.

— Vez, no has olvidado sonreír, una sonrisa hace que la fealdad desaparezca.

— ¿Feliz?

— ¿Tú lo estás?

— Gracias… —Le dijo levantándose y empezando a caminar lejos de allí.

— ¿A dónde vas? —Preguntó alzándose un poco en vuelo. El ojiverde se volteó con las manos en la espalda y sonrió ampliamente.

— No tengo ni la menor idea, por allí…

Comenzó a alejarse de allí poco a poco, comenzando a caer otra vez en los pensamientos deprimente en los que había pasado todo un mes, de verdad que estaba muy agradecido con Uriel. Esos momentos, era los que acaparaba; y no vendía ni por todas las riquezas del mundo. Volvió a escuchar la voz del arcángel cantándole a la naturaleza en cualquier idioma que pudiera venirse a la mente. Suspiró. Otra vez suspirando. Sólo esperaba que cuando todo aquello terminara pudiera decir que tenía una familia. Que pertenecía a algún lugar.

Entró en el gran comedor, ya era la hora del almuerzo, y hoy se había propuesto comer fuese lo que fuese… cuando entró estaba Lórien hablando animadamente con Draco y Hermione. Éste último había cambiado mucho desde que había sido coronado, era más maduro si se quiere.

El rey elfo al sentir la presencia de su hermano volteó y le sonrió cálidamente, éste no tuvo de otra que devolverle el gesto aunque normalmente no lo hacía, Uriel tenía razón, él antes era más libre, antes que se enterada de toda la mentira en la que había estado viviendo, antes de la muerte de Cederic, de la verdad acerca de Voldemort… movió la cabeza de forma negativa, vale, era hora de dejar de pensar en eso.

TBC…