Capítulo XXXV: Cambios

La insignia aún reposaba sobre la mesa, olvidada. Una arena estaba esparcida bajo ésta sin poder traspasar los límites de la cúpula donde había sido confinada. El proceso se aceleró de manera alarmante, cada vez quedaba menos de aquella unión proferida eternamente. Luego de un minuto, en total silencio y oscuridad, no quedó nada, sólo el polvo que luego se llevaría el viento.

1

Harry estaba sentado a orillas del lago mirando el paisaje. Ya sólo quedaban ligeros vestigios del invierno, para dar paso a la primavera. Las hojas de los árboles comenzaban a salir de nuevo y el sol se mostraba tímidamente entre las nubes dando un calor agradable que se mezclaba con la brisa.

Jugaba distraídamente con el collar que le había regalado Celebriän la primera vez que se habían visto. Se detuvo un momento a mirarlo, la conversación con Azarel había sido peor de lo que había previsto; no sólo habían peleado, sino que tampoco habían llegado a un acuerdo. Todo un total desastre peor de lo que comenzó.

Entrecerró los ojos, luego parpadeó. ¿Era su imaginación o el collar estaba ennegreciendo? Se levantó rápidamente, con un nudo en el pecho que no lo dejaba respirar, y un mal presentimiento que causaba el nudo.

— ¿Sabes Harry? —Le había dicho Azarel en una parte de la conversación—. Si tu vínculo con Celebriän llegara a desaparecer no solamente no lo verías más nunca en tu eterna existencia, sino que te quedarás sin un guardián hasta que puedan conseguirte uno y lo más seguro es que sea un guardián de alto rango, no un ángel. Tal vez para ti no represente ningún problema, ya que tendrías más libre albedrío, pero, rememora todos los problemas que has tenido con Celebriän como guardián.

— ¿Y me hechas la culpa? —Le espectó con incredulidad. Eso si que era el colmo—. La mayoría de la culpa la tiene Él mismo. ¿Quién es el que nunca tiene tiempo? Eriel y Lórien hablan ¿Cuánto? ¿Doce veces al día? Si me explicas como llegaremos a eso pues yo lo hago.

— Caso perdido…

Llegó a la habitación jadeando. Había olvidado completamente que podía teletransportarse o volar. Dijo a Merlín la contraseña y sin esperar nada más corrió a la mesa. Se llevó una mano a la los labios al ver que había desaparecido totalmente lo que alguna vez había sido una insignia, se acercó y miró que lo único que había era arena regada. Miró hacía todo los lados frenéticamente, allí había un cofre bastante pequeño pero lo suficientemente espacioso como para recoger lo último que quedaba de su unión entre Celebriän y Él.

2

— Abel —Dijo lo que parecía la silueta de un hombre encapuchado con una capa en lo más alto de un estrado. A cada lado estaban cinco personas más en las misma circunstancias, pero en vez de tener capa vinotinto como el más alto, tenían capa blanca, todos cargaban un medallón plateado colgando de una cinta negra.

— ¿Surgió algún problema? —Preguntó ansioso luego de cumplir las debidas formalidades de saludos.

— Has sido relevado de tu cargo.

— ¿Perdón?

— Has sido relevado de tu cargo —Dijo la segunda a la izquierda dos estratos más abajo que el de capa vinotinto—. Ahora estarás a cargo de un joven, el cual acaba de perder a su guardián. Celebriän, por razones ajenas a su persona resultó ser ineficiente para proteger a unos de los catalizadores de Pandemonium; así que, es tú trabajo tomar su lugar, y actuar como un real custodio ¿Se entiende? —El ser con voz femenina, alzó un brazo y apareció la figura holográmica de un joven de cabello negro y ojos verdes—. Tú deber es proteger con tu vida si es necesario al híbrido Harry James Potter.

— ¿Qué tengo que protegerlo a él?

— Tenemos problemas para encontrar un congénito que realmente sirva, ya que tú eres tan poderoso como un ángel, la corte ha decido relegarte su custodia —Explicó el segundo a la derecha—. Lo hicimos también porque conoces al chico —Movió el dedo haciendo un semicírculo, y frente a Abel apareció una insignia totalmente blanca con un borde azul y el escudo del Bene ha Elohim.

— P-pero…

— Celebriän ya ha sido informado del cambio. No hay pero que valga Abel, no es una sugerencia es una orden —Imperó el de capa vinotinto—. Serás el encargado de darle la noticia, buena suerte —Fue lo último que dijo antes que todo comenzara a desvanecerse. Miró todo el espacio blanco vacío. Darle esa noticia a Harry iba as ser destrozarlo por completo. Desapareció para buscar un momento propicio para darle la mala noticia.

3

Dejó el cofre en un lugar donde nadie lo pudiese encontrar junto con el collar que como había sospechado, ya no servía. Se tiró con pesadez en su cama y cerró los ojos y se colocó el brazo como tapando una luz inexistente. Lo único que daba vueltas en su cabeza era la dichosa conversación. Tenía que ir a hablar con Sirius, lo sabía, pero ¿Qué le diría?

— Deberías disculparte con Sirius. ¡Ya sabes porque lo hizo! ¿Aún así sigues de cabeza dura?

— ¿Por qué siempre tengo que ser yo el que se tenga que disculpar?

— Porque eres tú el que cometiste el error. Sabes que si tuvieras la razón te la daría, pero, en que idioma te digo que no quiero dañar a Sirius.

— Oye, ¡Lamento querer cuidar la integridad de mi último familiar vivo!

— Pero no le voy a hacer nadad ¿Cuál es la reticencia?

— Que no confío en ti.

— Ah, genial. ¿Es por eso? Puedes decirme ¿Qué he hecho como para que no lo hagas?

— ¡Argh! No puedo contigo. ¿Qué es lo que quieres de Sirius?

— Nada; lo hice porque pensé que te gustaría que jamás muriera. Aparte ¿Preferías que Satanás eligiera mi general? ¡Hubiera sido un espía!

— Ya lo hicieron ¿No solamente podrías cortarle?

— No. Porque a Él le duele la actitud que tienes. Te considera su hijo.

— ¿Y tu crees que yo no lo considero mi padre?

— Pues, que extraña manera tienes de demostrar afecto a los que quieres.

— No es por nada, pero tú eres el menos indicado para decirme eso.

4

Sabría Dios cuantas horas llevaba estático en la misma posición; los ojos le dolían por la presión que hacía su brazo, tampoco había logrado determinar cuando había comenzado a derramar lágrimas que tenían como límite la sábana que recubría el colchón.

Sintió como alguien irrumpía en el cuarto, ni se inmutó, no tenía ganas de dirigirle la palabra a nadie. Bueno, Lórien podía ser una excepción, pero, podía hablarle por telequinesia así que no sería él.

— Harry —Dijo el recién llegado.

— Abel —Respondió cansado el híbrido—. Si vienes a hablar con Caín llegas un poco tarde Dhampir lo encontró y se lo llevó a rastras.

— ¿Dhampir?

— Su hijo —Le dijo moviendo el brazo sobre su cabeza con desidia para restarle importancia.

— En realidad veía a hablar contigo.

— Lamento que no sea el mejor momento —Dijo por fin moviéndose y colocándose en posición fetal dándole a la espalda.

— No puedo esperar —Le dijo poniéndose a gatas en la cama y mirándole directamente a la cara.

— ¿Descubrieron los de los libros?

— No.

— Irrumpieron en aquel lugar…

— No.

— Vale, está bien, me doy.

— Han relevado a Celebriän como tu guardián y me han colocado a mí en su lugar.

— Ah… así que al final si era eso…

— ¿Qué? —Preguntó apartándose un poco al ver que Harry se levantaba para darle la cara. Se restregó los ojos con fuerza sentado sobre sus pantorrillas y miró a su nuevo guardián.

— Supongo que, bienvenido a mi vida… —Le dijo con una sonrisa triste, pero, no pasó mucho hasta que bajara la vista a sus manos y se encogiera un poco, sollozos ahogados salieron de su boca—. Lo siento —Se disculpó con la mano derecha cubriéndose los labios para ahogar el llanto—. Es un idiota, cierto, nunca tenía tiempo para nada y la mayoría de las veces nunca entendía nada de lo que decía, pero, igual… —Pegó el vientre en la cama abriendo un poco las piernas y escondiendo la cara entre sus brazos —Abel suspiró mirando al chico con un poco de pena, se colocó a su lado paralelamente y comenzó a acariciarle el cabello.

— Va ser muy inútil lo que te voy a decir, pero, lo único que te queda es salir adelante. Algunas cosas de nuestro destino no las decidimos nosotros y la mejor manera de superarlas es lograr que los buenos recuerdos opaquen la dolorosa partida.

— ¿Lo dices por experiencia propia? —Lo dijo en pleno apogeo del llanto.

— Sí; lo digo por experiencia propia. Y aunque llorar no sirva de nada. Llora ahora y luego olvida si no quieres seguir sufriendo —Fue lo último que dijo mientras se levantaba

— ¿A dónde vas? —Preguntó levantándose de repente, se quitó furioso las lágrimas.

— ¿Me necesitas para algo?

— No —Dijo volteando de repente la mirada con vergüenza.

— Si quieres hablar sea importante o no, recientemente me doy cuenta que voy a tener mucho tiempo libre; figurativamente, soy todo tuyo.

5

— Ehh… Disculpa —Llamó Lórien a Azarel si saber bien como dirigirse a él. Procuraba en todo lo posible no hablarle.

— ¿Tú? ¿Qué quieres? —Preguntó hoscamente.

— Ummm, ¿Has visto a Harry? —Se esperó gritos, una mirada fría, una explosión de poder innecesaria, pero lo único que hizo el ángel negro fue ponerse a sonar las uñas rítmicamente en la mesa y decirle que no—. Vale, lo siento… —Dijo exasperado y salió de allí, tropezando sin querer a Sirius.

— Bueno, pero ¿Y ahora que hice? —Interrogó al aire aún con las manos alzadas.

— Estaba preguntado por el cabeza hueca de tu ahijado

— Ah… —Dijo alargando la vocal—. ¿Está bien, cierto?

— No lo sé Sirius… tengo desde ayer que no le veo.

— La conversación no salió como esperabas…

— Déjame en paz Sirius —Dijo esparramándose en la silla. El ojigris sonrió cómplice.

— Iré a buscarlo.

— No te lo recomiendo. Si sigue como estaba ayer lo mínimo que puede lanzarte es una Cruciactus sin pensarlo.

— Ya está bien Azarel. Se que de vez en cuando hay que castigar a la gente, pero, Harry no es un persona que deba recibir más castigos de los que tiene encima.

— En ningún momento dije que no fueras, pero allá tú…

6

Un mes, había pasado un eterno y doloroso mes, el cual comenzaba a superar poco a poco…, no había sido fácil, pero, se le habían aligerado las cosas siguiendo, siguiendo o tratando de seguir las correctas directrices. Se encontraba sentado, escuchando a un señor de color azul, orejas grandes, y bastante rechoncho.

— "Buenos días, Harry" —Le llegó a su mente.

— "Hola, Abel ¿Sucede algo?" —Preguntó alertándose por unos momentos.

— "No, no tengo nada que hacer y me preguntaba si tú también, andabas igual…" —Contestó con simplicidad, haciendo sonreír al moreno; aún no se acostumbraba a que podía hablar con su guardián para cualquier estupidez.

— "Llegaste en el momento preciso".

— "¿Que haces?"

— "Escucho a un Leenin hablar…" —Siguió mientras jugaba, sin prestar mucha atención a su verdadero interlocutor.

— ¿Y eso?

— "Cumpliendo un favor…"

— Sí señor Brigadier, y entonces llegaron los trolls sorprendiéndonos a todos…

— "¿Trolls?"

— "No preguntes" —Le advirtió Harry—. Debió ser terrible…. —Expresó con diplomacia el joven posando sus codos sobre el escritorio y cerrando las manos una encima del otro.

— "Hipócrita…" —Le dijo alargando la última sílaba.

— "Es mi trabajo" —Respondió siguiéndole el juego.

— Y al pedir negociaciones, ¡Había una troll que sabía el idioma común! Y pedían igualdad de derechos en nuestras tierras, porque sino destruirían todo.

— "¿Una rebelión de los Trolls? Ajá, y Satanás bajará a cantarte una nana"

— "¡No cállate!" —Le retó con miedo—. "Los demonios tienen una insana obsesión por mí, en especial él…"

— Señor Brigadier ¿Está usted escuchando?

— Sí, por supuesto señor ministro. Pero, dígame ¿Exactamente a donde quiere llegar? Y puede decirme Harry con toda confianza…

— ¡No señor Brigadier ángel!

— "Ni puto caso… llevo intentándolo desde que llegó…"

— "Jajajaja"

— "No te reías, eres un desgraciado, sin consideración"

— ¡Que obliguen a los Trolls a rendirse!

— Pero señor ministro, eso es una jurisdicción interna, nosotros no podemos hacer nada "Maldito Gabriel, me las va a pagar…"

— "Me imaginé que fue él quien te tiró el muerto encima…"

— "Era el día libre de Miguel, y me lo pidió de favor, quería estar junto a él y yo no sé que zalamerías más…" Sí; lo sé señor ministro, pero esta es la tercera vez que pide un meeting para tratar el mismo problema ¿No ha pensado en buscarse un intermediario que sepa Leenin y Troll y llegar a un acuerdo civilizado?

— "¿El día libre de Miguel?"

— ¡Oh! Es usted brillante señor Brigadier. ¡Buena solución! ¿Cómo no se me había ocurrido antes?

— "Estoy a punto de comenzar a darme cabezazos contra el escritorio… y sí, el típico problema y la típica pelea ancestral de Gabriel y Zadquiel por Miguel…"

— ¡Lamento las molestias señor! Pero, ahora iré inmediatamente a buscar el intermediario… ¡Adiós! Y muchísimas gracias.

— No… es que ya cita el dicho. "En mano de los pendejos ni la pólvora arde" —Expresó el ojiverde cabreado—. Relativo de los trolls tenían que ser… —Abel apareció y se recostó con elegancia en el escritorio, su cara era de total diversión.

— Quien lo diría, ¿Tú sabes palabrotas?

— Puedo mostrarte lo florido que puede llegar a ser mi lenguaje si gustas —Le amenazó, volteando la silla y mirándole.

— No gracias —Se enserió—. ¿Cómo llevas lo de Celebriän?

— Tratando de superarlo —Susurró sintiendo un balde de agua fría.

— ¿Y lo de Sirius y Azarel?

— Tratando de superarlo —Gimió con desesperación dejándose caer en la superficie del escritorio—. Ese maldito demonio está quitándome a mi padrino…

— Hay Harry, serás exagerado.

— Yo pensaba que iba a tener una madrina ¡No otro padrino!

— Azarel no tiene sexo, es más si se viste de mujer estaría en las mismas… ¿Te molesta eso?

— No… ¡Claro que no! ¿Cómo crees? Pero…

— Hay Harry, enserio.

— ¡Buuaaa! Y aparte me enteré de cosas que no quería —En ese momento alguien se apareció en el cuarto, pero ninguno de los presentes se percató.

— Seguro que estabas donde no debías…

— ¡Lo juro! No estaba haciendo nada malo, y ¡Puf! —El híbrido estaba que lloraba—. No… eso fue horrible…

— Jajaja, a veces eres tan infantil…

— ¡Joer! —Dijo tratando de agarrarlo para ahorcarlo infructíferamente, ya que el guardián se había vuelto traslucido y le sacaba la lengua—. ¿Quién quiere saber esas cosas de sus padres?

— ¡Ah! Vez que si los consideras tu familia —Pero en vez de seguirlo molestando—. Por cierto Harry ¿Lo has visto? —Preguntó. La persona que había llegado estaba perpleja en el mismo sitio. El ojiverde movió la cabeza.

— Azarel me lo advirtió, si Celebriän dejaba de ser mi guardián, no lo podría ver… sólo los arcángeles pueden, no soy lo suficientemente "puro" para que se me conceda ese "placer" —Escupió lo último, entrecomillando con una mueca de disgusto.

— Pensé que tú eras uno.

— No… aún me faltan dos pares de alas para llegarle casi a Uriel…

— "Así que ya se enteró…"

— ¿Y por qué no las has obtenido?

— Porque… —Dudó recordando las palabras de Misery.

— Sino lo quieres decir, no lo hagas —Dijo curioseando la biblioteca—. Además, ya vuelves a darle vueltas a Misery.

— No puedo, ya que no he querido dejar mi parte humana atrás… —Soltó rápidamente y luego exhalando como si se hubiera sacado mil kilos de encima.

— Ni te preguntaré si lo extrañas, eso es evidente.

— Él tuvo la mayoría de la culpa —Masculló con rencor, bajando la cabeza sumiso. El ojiazul se arrodilló y le alzó con delicadeza el mentón.

— ¿Tú lo buscaste?

— Ya no me hagas otra vez con la culpa… estaba superándolo…

— Escucha Harry. Los dos cometieron errores que ya no se pueden corregir. Hay hasta errores divinos porque existe aún la convivencia. Por más que podamos leer las mentes, saber los sentimiento de los demás y todos los poderes que se nos confieren al ser inmortales bendecidos por el Astral Line, no podemos saber exactamente los sentimientos y pensamientos intrínsecos en el alma del otro. Tenías tus dudas, es normal tenerlas, especialmente si un desconocido te dice que es como tu padre. Más como hablas conmigo mientras haces cualquier cosa Él también mientras atendía sus asuntos podía haberte escuchado y respondido. Pero, para ti es jodidamente difícil mostrar tus verdaderos sentimientos convirtiendo una simple afirmación como lo es: "Quiero saber más de ti"; en todo un conflicto interno por tratar de ser perfecto y no decepcionar a nadie.

— Claro que no —Refutó dolido.

— Puedes 'mentirme' a mí, auto-convencerte a ti mismo, y al resto del mundo —Le señaló el pecho—. Aquí tú sabes que esa es la única verdad.

— No, no —siguió en el mismo plan atormentado. Obvio, en el fondo las palabras de Abel, saltaban todas las leyes de la relatividad Einsteanas.

— Harry… —El aludido volteó hacía la ventana.

— ¿Qué sucede?

— Escuché mi nombre.

— Alucinas —Pero al decir eso tuvo que esquivar un cuchillo de luz que casi le volaba la cabeza, enviado por su custodiado, por suerte; el chico tenía mala puntería.

— ¡Yo no alucino!

— Vale, pero no era para que me intentaras volar la cabeza de un cuchillazo. No hay nadie más aquí… ¿O sí?

— Que te dije que escuché mi nombre, aunque la voz me llegó distorsionada y poco clara, era como si el eco no dejara llegar el mensaje.

— Deberías dormir un poco más —Le recomendó de buenas el rubio, recibiendo por contestación, doce cuchillos cerca de todo su cuerpo, y la desaparición del chico. Se encogió de hombros, estaba comenzando a acostumbrarse a los arranques de locura que le daban y también desapareció para buscarlo. La puerta se abrió y apreció un Gabriel iracundo elevado a la enésima potencia.

— ¿Celebriän?

— Harry no puede verme…

— ¿Se fue?

— Se acaba de ir.

— ¿Qué te sorprende? Tú sabías que si perdías la custodia, eso pasaría. Él era tu conexión con el mundo 'real'. Sea cual sea ese. O se convierte en Arcángel o simplemente seguirá así eternamente —Respondió con la cruda e hiriente realidad, haciendo que la desazón en el hijo de Dios aumentara.

— ¿Qué exactamente le dijo Misery?

— Te conté todo lo que soltó a vox populi. No puedo saber lo que le susurró al oído —Un suspiró de cansancio salió de su boca, y el peliblanco resopló—. ¿Quién no te lo advirtió Celes? Eres demasiado joven para todo lo que se te impuso encima, pero, la existencia es una mierda y así seguirá hasta el fin de los tiempos que ¡tilín! Noticia de última hora, jamás llegará. Así que ve apegándote a tu realidad, la cual viniste venir y te saltaste olímpicamente. Ahora, sufre lo que todo aquello que vive, llama consecuencias. Eso es lo que sucede cuando tienes que decidir. Tomar una decisión es escoger uno de los millones caminos existentes propuestos, y normalmente dejar uno trae sus ventajas y desventajas… sólo hay que aprender a vivir con ellos.

— ¡Gracias! Si andabas molesto me avisabas y yo me iba, a veces eres demasiado cruel para mi gusto —Expresó con dolor, rabia y frustración mal contenida; como si de Harry se hubiese tratado, desapareció dejando una estela de polvo blanco. Respiró profundamente. Por esa sencilla y minúscula razón era que Miguel y él peleaban constantemente. A él no se le daba el tacto, y el primigenio era demasiado susceptible a sus comentarios ¡Jamás se le declararía por esa simple razón! ¡Que se fuera con Zadquiel si le daba la gana!

— Señor…

— ¡Que!

— ¡Hay! —La pobre botó.

— Lo siento… —Bajó la voz un poco avergonzado—. Dime Addiel…

— Puedo irme si gusta…

— No te preocupes, dime.

— Pues, q-que… tiene una reunión, busqué al señor Harry… pero, desapareció, pero —Agregó rápidamente—. Sino lo desea no tiene que ir.

— Ahí voy, ahí voy… lamento haberte gritado.

— No se preocupe Excelencia. Sé perfectamente las penurias por las que pasa.

— Gabriel, me llamo Gabriel —Dijo alzando las manos en señal de frustración mientras iba a comerse a los seres que estuvieran en la dichosa reunión.

TBC