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V.

.- Deseo Enloquecido -.

Aioria x Shaka

Drabble — 500 palabras

Advertencias: Lime

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En medio del lugar, se observan. Respiran en silencio el uno el aroma del otro, se buscan salvajemente con miradas inquisidoras, mutismo entre ambos mientras las manos del rubio se encierran. Firmes. Puños.

Deseando estrellarlos contra el rostro del otro.

— Shaka… yo… —

— Ella te espera, ¿no es cierto? —

Ella, el nombre está vedado dentro de las paredes que en ese momento les encierran. ¿Cómo negarlo?, ella espera pacientemente su regreso, sobre la cama. Y el momento fugaz se irá en unos instantes, fueron felices por un momento, cuando el beso fue precipitándose hasta acabar sobre la cama.

Los labios de Shaka alrededor de uno de sus pezones, haciéndole jadear sin control, desbaratando sus defensas con el efecto del alcohol como aliciente. Por vez primera su realidad le parece pesada… quisiera simplemente dejarse derretir por el placer y la posibilidad del mismo que le ofrecen.

Cerrar los ojos. Amar intenso. Deshacerse de las ropas y pensarlo luego.

— Fue un error… nunca debí hacerlo —

— Shaka… —

Pero es demasiado frustrante, para el rubio, sintió los labios cosquillear y responderle cuando atacó furioso su borde, deseaba deshacerlos con lascivia, beberse cada centímetro de aquella boca y enredar sus lenguas. Fue correspondido, hubo fuego.

— Solo vete… —

— Yo… —

No hay intercambio de miradas, el silencio les responde. Tampoco hay movimiento para alejarse de aquél cuerpo, aún lo siente vibrando contra su pecho, derritiéndole en gritos placenteros mientras acaricia y tortura húmedamente.

Irse, ella espera la mujer con la sortija aguarda envuelta en una sonrisa ingenua.

Ladea la cabeza.

— Ya me voy. —

— Estás tardando. —

Cierra los ojos, pensando en el aliento cálido que le empapó el rostro, cómo el beso fue deformándose en lascivia para ambos. Las manos se entrometieron entre las ropas que ahora decora las losas. Y se encontraron amantes sobre la cama, cubiertos de sudor,caricias, un fragmento salvaje de infidelidad al lamerle la carne.

Deseó aprenderse los sabores, memorizar cada gemido. Ya no sabe en donde se separa la realidad de la fantasía, hasta que punto llegó, en sí, el hecho. Solo puede sentir deseo, enloqueciéndolo, queriendo arrebatarle la ropa de nuevo y tumbarlo sobre el suelo.

Hacerlo, una vez más perderse en el frenesí desbocado de mordidas contra su pecho, sentir gotas de sangre, producto de los besos, invadirle la garganta, convirtiéndose en su más ansiado deseo. Fue el placer más completo cuando lamió su intimidad, al sentir como el salado amargo y dulce se mezclaban dentro de su boca, regalando un minuto de intimidad a ambos. Explotó, quemando su garganta y terminando de perderlo. Y el néctar hizo efecto afrodisiaco sobre su ánimo.

El problema fue cuando quiso consumarlo. Se partió el encanto.

Le toma entre sus brazos pegando su frente húmeda a la nuca rubia, moviéndola de lado a lado con un nudo agobiado en su garganta, angustia, por que los abe, lo siente, lo intuye.

—Te deseo demasiado… me condeno, terminaré enloqueciendo por ello… me partes… quemas… —

Y soltarle. Al instante.

Corriendo en un escape desesperado a la salida.


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FIN

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