VI.

.- Deseo en Lienzo -.

Aioria x Shaka

Drabble — 600 palabras

Advertencias: Lemon

Se escucha el mar, batiendo el viento, la espuma reventar contra las rocas. Suavidad, aire, trazando ráfagas invisibles sobre el etéreo.

Estoy yo, quieto, sonriendo a la hora que va pasando lento, muy, muy lento. Puedo escucharte detrás pintando el cuadro, que todo se haga oleo y él se bata sobre el lienzo, con mezclas de colores perfectas y puntuales que den realidad a una escena pintorescamente fantasiosa.

Sonrío. Te observo.

Océano rompe contra el risco, y el atardecer — paisaje — se convierte en un cuadro precioso y clásico, concebido tan solo para el destino que tiene, registrar este segundo en nuestras mentes, tatuarle por siempre en pared, un cuarto, nuestra casa. Que se caigan los muros a pedazos si quieren, pero que permanezca este instante, inmóvil, perfecto.

Como lo fue descubrirme en tus pupilas, dejando caer uno a uno los hilos de las prendas.

Flotaron sobre el cielo los hilos dorados de mi pelo, suspendiéndose en un perpetuo espasmo mientras caía, yo, sobre el hecho, palpitando mi pecho ansioso por verte libre. La perfección nunca ha estado en mi cuerpo, sino en el reflejo sincero que descubro en tus pupilas. Se acercan, lento, radicalmente contrario el sutil movimiento a la pincelada violenta de oleo intenso, eternizada en cuadro por nuestro aliento.

Despacio.

Que alzases la derecha retirando el fleco, memorizando a tacto perpetuo cada pliegue de mi cuerpo, arte, llamaste, como yo evoco la ensoñación de nuestras pieles tan necesitadas del momento, uno a uno, besos de fuego. Saber: al encontrar las palmas, hincados sobre el lecho, más de una palabra se escapaba por el suelo, reptando extinguida hasta la puerta que ya no abre, somos prisioneros de este instante.

Los rostros muy cercanos, mientras las sonrisas se borraban acortando la distancia de los pulsantes labios. Beso, entrega cuando las lenguas se mezclan y danzan una batalla, enredándose manos con el cabello, cayendo uno sobre el otro sobre algodón suave de un pensamiento en fresco…

Golpe. El pelo de caballo sobre la tela tensa que se sostiene a clavos cortos en la madera, lienzo perfecto, el atardecer perece mientras la luna sale, es este, nuestro cuadro, beso, pasión entre ambos. Todo sacudido en un momento.

Compactamos los jadeos al tocarnos todo, desde la frente hasta las puntas más sensibles de los dedos terrenos, esos que se funden con la arena. Desembocamos en sentimiento puro y descarnado, una suspensión eterna sobre el aire. Puntos. Dejamos huella. Y te amé al lamerte por completo. Eternizando tu sabor en mis papilas. Se desboca ¿sabes? El sentimiento.

Eso, también, lo confieso.

Tus trazos continúan, como lo hizo mi jadeo, sintiéndote danzar en mis adentros, confiado, una pista tan tuya que la posees por entero, y yo, por mi parte, así, completamente, te la entrego. Que se caiga a pedazos por tu aliento la resistencia y muros.

Por eso mis piernas tensas te recibieron, y cada pliegue de mi cuerpo tembló tan solo por tu anhelo, que las pinceladas caigan como mi lengua sobre tu lienzo, que bailemos siempre con el ocaso como terreno, que el mundo se azote terco contra nosotros, como el mar al risco, como el pincel al lienzo. Pero permanecemos, inmóviles, pintando el cuadro perfecto del amor intenso, en la entrega carnal de dos pasiones fragmentadas en momentos.

Se vuelve todo perfecto cuando me posees en lo terreno, penetrando el altar mismo con tus mil y un juramentos. Se termina el cuadro, un orgasmo sobre la esencia, escurriéndose el gemido de mis labios al morderte.

Que te amo ¿y? ES CIERTO.

Que me amas, si, LO CREO.

Cuadro. Lienzo. Entrega. Momento.


FIN