Capítulo XL: El ocaso de la luz de la inmensidad.
Los demonios lograron traspasar todas las barreras que separaban la realidad de la fantasía para los seres humanos. Harry aterrizó con firmeza en el suelo y Gabriel, un poco más atrás, igual. Algo en la nebulosa que se presentaba en su cabeza, le decía que iba por mal camino, sin embargo, no era algo lo suficientemente fuerte como para prestarle demasiada atención.
Pasó sus ojos hacía el joven ojiverde que miraba perdido en los recuerdos primigenios y prohibidos, que conseguía absorto en su propia perdición. Estaba seguro que los mortales más perceptivos, a estas alturas escucharían los tambores infernales, destrozándoles los oídos, clamando perdón; por una afrenta que no habían cometido. Pero ¿Qué eran esas pobres almas en comparación a los coros celestiales? Nada; más sin embargo, ninguno era escuchado... chasqueó la lengua en desaprobación. No importaba cuando infinitivo perenne u omnipotente fuera Dios, si a fin de cuenta era un Dios desvanecido en el tiempo, un guía perdido en sus anales, eso no era nada en comparación a un grupo organizado, con una mente denodada y procaz al mando de todo.
Harry introdujo su dedo índice a través de su garganta y cuando parecía ya invadir su traquea, comenzó a retirarlos de la húmeda cavidad, con éstos; también llegó una delgada vara de un material iridiscente, que contaba con un aro por el cual, el moreno jalaba para retirarlo de su interior, y al final (o al principio), poseía una serie de divergencias del tipo que se utilizaban para abrir cerraduras. A simple vista, parecían bastante filosas, comprobándose por la sangre que comenzaba a manar hilvanándose, mientras se escurrían por la comisura de sus labios, perdiéndose en su cuello cubierto.
Fue descubriendo su pecho despacio y sin prisas. Talvez muchos pensaran que, el acto era llevado de tal manera, para alargar el tiempo, más; aquel ser que alguna vez todos habían conocido y apreciado, en esos momentos sólo quedaba el cuerpo vacío, carente de la chispa divina que se nos ha sido concedidos a todos desde que nacimos, y que; aún después de expirar, sobrevive.
Las marcas fallaban a favor de nadie. Los demonios y los ángeles se disputaban sin ventajas por aquel réferi, en primer plano; imparcial e indiferente. Se podía observar el flujo de energía recorrer aquellas herencias, para muchos cruces malditas sembradas el día mismo del nacimiento. Un alma nueva. Diecisiete años sin atrás, y sin adelante, posible.
Colocó sin fijación aquella especial llave, en el medio del pecho, para comenzar a introducirla. En ese mismo momento, llegaron los demás arcángeles, junto con Sirius y Azrael, el cual cargaba a Longinius en estado de hibernación, para liberarla en cualquier momento. Miguel era sostenido fuertemente por Zadquiel, para evitar que se lanzara a cometer una estupidez (como tratar de salvar a Harry o a Gabriel, que en esos momentos era una real tontería, a su parecer). Todos los demás seguían demasiado consternados como para decir o hacer algo, que ayudara a la situación. "Demasiado humanos" como declaraba Suriel, en burla constante a los arcángeles, los "Hijos de Dios". Su corte suprema, rebajada a tal encomienda.
Un ángel apareció en frente de Harry, sosteniéndole fuertemente la mano.
— Ya has hecho suficiente —Declaró tirando la llave de su mano. Dos seres más habían aparecido sequitándole a su lado. Metatron, que era el nombre de aquel poderoso líder, lanzó la llave a uno de sus dos acompañantes. El ángel llamado Anafiel, la atajó de aire e inmediatamente la destruyó de una sola palmada haciéndola añicos.
Al destruir la llave, Harry se tambaleó peligrosamente. No cayó al arenoso suelo, por el agarre casi doloroso que le propinaba el ministro de los cielos. El báculo que antes tenía, cercándole; se convirtió en su halo, y se adhirió al cuello, volviendo a la relativa normalidad. Sentía que comenzaba a perder el conocimiento, su mente adormecida dejaba de hacer funcionar sus funciones básicas. Gabriel sintió esto, e hizo aparecer un arma parecida a la lanza de Longinius de Azrael. Sólo que era plateado y negro, terminando en algo parecido a una media luna, y comenzando en una especie bastante etérea de Athame.
— No he venido aquí a pelear contigo o hacerle daño al chico. Así que retrocede Gabriel —Le advirtió con voz suave, al mejor de sus estudiantes. Metatron alzó a Harry en sus brazos; y el niño inmediatamente comenzó a perderse en los terrenos paganos de Morfeo. Entregó a Sopheriel el niño, pidiéndole encarecidamente que lo tratara con cuidado. Éste hizo una corta reverencia y lo tomó como si de un bebé se tratara. La cabeza del ojiverde cayó sin fuerzas en el hombro de aquel elegante rubio.
— Devuelve el niño —Expresó distorsionado el arcángel del conocimiento y la iluminación, siendo vocero de otras bocas.
— No —Negó preparándose para desarmar al peliblanco sin causarle daño, en la medida de lo posible. Gabriel era su discípulo favorito, el único ángel que tenía una personalidad carente de docilidad que hacia sus días divertidos. Miró con disimulo a Miguel. El hijo primigenio de Dios: La Quintaesencia Divina. ¿Por qué tuvieron que complicarse tanto las cosas? Zadquiel era el compañero por excelencia, para el general. Pero, aún para los ángeles, Dios o Satanás, era difícil canalizar de manera correcta, las emociones y sentimientos... especialmente el amor. Ese amor enfermo y desmedido que les carcomía las entrañas y les devanaba los sesos, entre celos y miradas fugitivas; que no traían nada bueno a sus vidas.
Se retractó, enderezándose. Gabriel, no importaba cuan dominado por otras fuerzas estuviese; no le atacaría. Él, lo había tenido en sus brazos, cuando no era más que un recién nacido, con unas graciosas y pequeñas alas que se movían haciendo intentos vanos de levantar a su amo. Se negaba a lastimarle. El peliblanco alzó vuelo, alejándose. Sabría Destiny que rayos iba a suceder ahora.
— No tiene conciencia Milord. Estos dos híbridos están siendo voceros de algo desconocido hasta ahora —Le advirtió Sopheriel aún con Harry en brazos. Metatron lo miró penetrante. El Jefe del Merkabah, retrocedió un paso.
— "Esos híbridos", como tú, tan despectivamente les llamas. Son tan ángeles e Hijos de Dios, como tú o como yo. Segundo, estoy conciente que una fuerza desconocida para nosotros los manipula. Así que, por favor, te pido que dejes tu ira infundamente hacia el chico, el que menos tiene la culpa es él.
1
Lord Voldemort observaba preocupado la escena que se presentaba allá abajo. Lucius Malfoy y Bellatrix Lestrange, se encontraban un poco más atrás, sin entender absolutamente nada... sólo había un grupo de gente desconocida que aumentaba paulatinamente. El rubio creía reconocer al chico Potter, entre ellos. Pero, eso era imposible ¿verdad?
Bella miraba a su señor, por primera vez en su vida podía deleitarse del ser humano que era. Lo único que le carcomía, era su aparente eterna juventud, ella a su lado parecía más vieja. Y esos ojos..., ese azul vacuo, sólo demostraba preocupación. Pero ¿Qué podría preocupar al mago oscuro más poderoso de todos los tiempos?
Una mujer. O fuere lo que fuese, apareció ante ellos, de repente:
— Pequeño Tommy ¿Vienes a unirte a nosotros?
— Vengo a decir que: si es necesario pelear al lado de los Guardianes Blancos, lo haré. Todavía quiero conquistar este mundo —Expresó con sátira—. Así que esto es un percance en mis planes —Le comentó sin miedo y desafiante. Sólo Dios y el Demonio sabían lo que le había costado ir a declararle abiertamente la guerra a Lucifer.
— ¿Demonios contra magos? Que tontería...
— Peleen en otra dimensión. Ésta no les pertenece.
— Esto es una guerra universal e interdimencional. Todos mis yo están abriendo las puertas en este momento. Y así: Los ángeles y Dios caerá y el mundo renacerá por la mano de los caídos —Recitó Lucifer el antiguo precepto. Como si de una invocación se tratara, la tierra comenzó a temblar por millones de pasos conduciéndose unísonos—. Te advierto algo Tom Riddle: Los seres de luz y el universo en general, no tienen más que príncipes ardidos en ira por hacia propio Rey. Pero, ya has decidido, entonces ¡Que así sea! —Dictaminó desapareciendo en un batir de sus alas destrozadas y ennegrecidas por el fuego que le hizo descender a las oscuras y desoladas profundidades del infierno. El Lord volteó con mirada recia, sin embargo; sus malos augurios seguían allí.
— Prepárense para ver más de lo que sus ojos alguna vez desearon ver. La Tercera Guerra Fría está por comenzar. Y, esta vez; no es buenos contra malos, es...
— Supervivencia contra destrucción —Finalizó el Ministro de los Cielos. Los otros dos humanos dejaron que la fuerte impresión les desfigurara el rostro. Tom se volteó con lentitud. El había oído una vez esa voz... y casualmente, le susurraba al oído que iba por mal camino—. Soy Metatron —Se presentó—. Muchos señores de los demonios se han unido en mudo silencio a nuestro desliderado grupo. Por lo que veo, otro de ellos ha decidido que regresar a la energía no es lo mejor que puede suceder. Tienes que decir ahora, las treguas normalmente, tienden a ser temporales.
— Me imagino. ¿Las decisiones ya están tomadas sólo hay que aceptarlas?
— Eso es un viejo precepto... tienes buena memoria Thethar.
— Regresar a Hogwarts —Bufó con diversión disimulada—. Destiny, Siempre ha trabajado de manera extraña —Expresó mientras se volteaba—. Bellatrix y Lucius se circunflexionaron porque, algo les decía que era lo más correcto. Metatron sonrió pícaro. Luego, algo sofocados por la muestra de debilidad; corrieron a esconderse como siempre bajo las faldas de su señor.
— Sabes Anafiel... talvez esta guerra no termine siendo tan mala después de todo —Le comentó colocándose en la punta del risco donde antes había estado Voldemort.
— ¿Señor?
— Es imposible saber el valor de algo, sin haberlo no tenido antes. Y como bien, evocó aquel despiadado hombre: Nadie está capacitado para entender el Modus Operandum de Destiny.
— Tenía entendido que hacíamos nuestro propio destino, y que Destiny tenía delegada otras funciones... —Las treinta y seis alas de Príncipe Angelical aparecieron, cuando la cruz roja que rompía el Cielo el Purgatorio y el Infierno los cegó momentáneamente, anunciando el comiendo de la guerra.
— Esa, mi querido hijo —Explicó circunstancial—: Es la contradicción más desesperante de toda existencia, después de todo ¿Qué es el destino? —Inquirió alzando el vuelo dejando en controversia a Anafiel.
2
Ahora era Celebriän quien tenía a Harry en brazos de forma algo protectora y desconfiada. Tenían que lograr que reaccionara; ahora que los demonios habían logrado cruzar, aún sin ayuda del ojiverde. Lo único que les quedaba era luchar.
Vieron la horda de demonios deformes y cuasi humanos apareciendo en frente de ellos. El tercer hijo de Dios se abrazó a Harry, hundiendo su cara en el cuello; sintiendo que algo malo iba a ocurrirle al chico... y lo peor de todo es que, sin razón aparente; él no iba a estar allí para ayudarle o servirle como apoyo moral.
— ¿Señor? —Preguntó Sirius a Azarel, esperando órdenes.
— ¿En que habíamos quedado con lo de Señor?
— Tengo un horrible presentimiento acerca de todo esto.
— La muerte está viniendo —Le dijo agarrándole la mano con rictus dolido. Le besó y el pelinegro apretó el agarre para infundirle valor.
— ¿Qué hacemos?
— Esperar... no podemos hacer nada más.
— ¿Y Harry?
— Harry tendrá que despertar. Considerando todo lo que ha pasado. Sólo un milagro logrará tal cosa... espero que padre se apiade por primera vez de nosotros.
— Jamás he tenido un Dios que seguir y no me ha ido tan mal.
— Esta vez, es más una cuestión de honor.
— Hay millones de ellos. No puedo ni contabilizarlos —Desvió Sirius dando dos pasos., pero Azarel no soltaba su mano.
— La última vez fue lo mismo. Millones de cuerpos, todos fundiéndose entre sí, sin ninguna distinción, no eran demonios, o elfos o ángeles. Era un conglomerado de algo desfigurado.
Sirius suspiró preparándose. Sentía el miedo del Ángel de la muerte recorrerle las venas, mientras la adrenalina le aceleraba el corazón. Miró hacia donde Celebriän se aferraba a Harry. También identificó la fobia a lo desconocido. Azarel pareció escuchar sus pensamientos, o algo parecido por lo que dijo a continuación:
— De los tres —Dijo acercándose a él, colocando su cabeza en el hombro del ojigris—. Es el único que no ha vivido nada parecido. Celebriän es demasiado joven, demasiado bueno… Dios, demasiado ingenuo. Más de aquí no lo puedo proteger, Sirius —Dijo con voz martirizada—. Y eso me carcome cada día, después de todo: soy un ángel —Miró perdido al horizonte—. Uno que no ha podido superar el abandono de su padre y creador.
— ¿Por qué no tratas de olvidar? Tienes los años del mundo y todo cambia. También tienes ese derecho ¿Sabes?
— ¿Cómo dejas atrás a Dios? —Inquirió y Sirius tuvo que guardar silencio un momento.
1/2
— ¿Estás bien? —Preguntó el ángel de ojos mercurios. Leniency se acercó al ver que Harry comenzaba a reaccionar.
— ¿Qué sucede¿Qué pasó?
— Ya no importa. Pero, la batalla está a punto de estallar —Señaló la virtud hacia el horizonte, donde una línea negra que profetizaba el infierno literal, crecía a cada segundo.
— ¿Cómo llegué a tus brazos? —Preguntó preocupado. Su mente era una nebulosa incapaz de recordar las horas pasadas.
— Tú… los liberaste —Le respondió su géminis.
«Es hora de luchar por tú destino y libertad»
— Pandemonium —Murmuró entendiendo por primera vez todo lo que había visto en aquel lugar. Él era de los tres quién había fallado, como en otros tiempos, aún sin querer, lo había sido Caín. Entendió lo que significaba llevar el peso neutro de todo aquello. Se aferró más a su guardián. El primero y último que tendría hasta el final de los tiempos—. Perdón —Pidió comenzando a sollozar de forma estrangulada.
— No hay nada que perdonar. Total… todos hemos cometido errores terriblemente destructivos para el mundo que conocemos.
— Los ángeles son todos unos llorones —Dijo Belcebú apareciendo, de repente.
— ¿Y ahora te das cuenta de ello? —Le comentó Dantalian, mientras su lengua jugueteaba con sus labios, de manera algo sádica.
— Oh. Su alteza dejó su trono para mezclarse con el populacho —Se burló el príncipe de los infiernos, hacia Celebriän
— Por el amor de Dios. Demonio¿Hablas solamente para decir ignominias?
— Metatron —Saludó Belcebú con alegre sorna.
— Y los ángeles nos caen del cielo. Literalmente —Pronunció Alastor, con su rostro envejecido, y sus poderosos músculos moviéndose al ritmo de su caminar. Mientras arrastraba su pesada hacha la cual araba el piso.
— Déjalos en paz, Alastor —Le retó una mujer de una belleza tan sublime que era capaz de robarle el aliento al mismo viento, y dejarlo desprovisto de cualquier reticencia.
— Lilith, mujer de Dios, te esperábamos.
— Ja, ja. Muy gracioso. ¿Ese es el chico? —Preguntó soltándose el largo vestido, muy al estilo Rococó, blanco. Y señalando sensualmente con el dedo índice.
— Sí. Y señalar es de muy mala educación —Puntualizó Asmodeus, bajándole la mano, sin lastimarla.
— Oh… —Se llevó la mano al corazón dramáticamente—. ¿Hasta nuestro querido General se une a la guerra contra su Rey?
— Silencio Lilith, y Satanás no puede hacer lo que le venga en gana, sin que el Astral Line le haga pagar.
— Siento como si me hubiesen apaleado la cabeza —Dijo Harry ya en el piso aún apoyándose en el hombro de Celebriän.
— No lo dudo. Luego del control mental, al que tuviste sometido.
— ¿Dónde está Gabriel?
— Esa es una muy buena pregunta… no lo sabemos.
— Son demasiados demonios. Mi cabeza me duele —Dijo Uriel siendo consolada por Rafael. Éste miró a Miguel con preocupación.
— Llamen a los ejércitos —Dijo Jophiel a una paloma blanca—. Luego pediremos perdón a los serafines. No estoy dispuesto a permitir una masacre… los demonios llegaran en una hora a más tardar.
— Si es que no se estabilizan antes —Comentó como quién no quiere la cosa Dantalian.
— Nadie está hablando contigo.
— Oh, vamos angelito ¿Por qué tan a la defensiva?
— Basta —Le detuvo Asmodeus. La personalidad de Dantalian, era algo amedrentante y Jophiel no era el más indicado para que comenzaran una inútil discusión.
— ¿Y cómo se supone que pelearemos? —Preguntó Azarel a Asmodeus.
— ¿Qué te ha enseñado la vida Azrael?
— Ah… —Le respondió moviendo la cabeza circunstancial—. Claro… maldita improvisación.
— ¿Improvisaremos? —Soltó Sirius conmocionado.
— Ese es el plan principal.
— No. Improvisar no es lo mejor que podemos hacer. La última vez que se improvisó un plan en mi vida. Casi termino muerto y Harry semanas en la enfermería.
— No hay tiempo para hacer algo mejor. Se llamaran a las tropas del segundo cielo y las del tercer círculo del infierno, para resistir el primer impacto. Luego nos relegaremos, y allí les enseñaremos un poco de tácticas de Guerra —Les escupió Alastor, con voz infame.
— Esto no funcionará —Dijo Harry consternado—. ¿No podrían hacer una verdadera tregua temporal? A este paso todos seremos luz…
— Me jode darle la razón. Pero el chico la tiene. ¿Para que estamos aquí entonces, si igual seguimos peleando entre nosotros?
— ¿Cuántas tropas infernales disponemos? —Preguntó Miguel llegando al lado del Belcebú.
— Tres círculos y cuatro pecados, en teoría. Misery no está muy feliz… entre nosotros estamos tres señores demonios de los cuales, aquí sólo están dos. Dantalian y yo, cada uno maneja un círculo diferente. Lilith, a nuestro favor ya es mucho decir, también está Caín y todos los suyos. Y como un plus agregado de última hora, El Comandante de los Infiernos, Asmodeus. Con todo los respetos que se merece. So. ¿Ya tienes algo en mente con las legiones disponibles?
— El plan de Alastor cae buenísimo en esta situación. Especialmente, porque Rafael no pone tanta pega al abrir la puerta.
— Esta vez no será diferente —Dijo el ángel de ojos verdes entregándole algo en su mano—. Sólo larguémonos lo más rápido posible de aquí.
— ¿Cómo harán dos legiones contra los millones de ellos? —Preguntó el joven Brigadier curioso. Se notaba algo imposible la victoria que veían tan segura.
— No has visto a los ángeles del Segundo Cielo, Harry —Le dijo cómplice Lilith—. ¿De donde crees que salió el dicho: "si las miradas mataran"?
— Buena pregunta.
— Sale de allí. A los ángeles de ese cielo se les reconoce por tener los ojos verdes. Así como tú. Los Healers —Soltó irónicamente.
3
Oh bendita guerra que sus ojos bendecía, con muertes y lisiados. Era difícil saber un bando en aquella crueldad. La sangre de tus enemigos te bañaba protegiéndote.
Harry tenía una lanza de oro, con la cual se defendía y atacaba como buenamente podía. A decir verdad, él todavía no había estado en una guerra como tal, y enfrentarse centenares de veces, a un Voldemort moribundo no lo había preparado ni remotamente para todo aquello. No le era demasiado agradable desgarrar, por segundos creía sentir el dolor de aquellos vivos, que a los dos segundos siguientes habían perdido ese derecho. Todos los demás no distaban de la situación de Harry. Ni la experiencia te preparaba nunca para un enfrentamiento. Sin embargo, los demonios disfrutaban aquella situación, en sus ojos se reflejaba el deleite de tal atrocidad.
— ¡Alastor!
— ¡Que demonios quieres Belcebú¿Qué no te has dado cuenta que estoy ocupado?
— Pero, no te molestes, carajo —Expresó pateando a un demonio de clase baja que se atrevía a atacarlo. Por el amor de Dios, como enunciarían los ángeles. (Risas mentales), esa frase siempre le daría risa. Era ridícula per se—. ¿Cuánto le das antes de que suceda una tragedia?
— Ya llevamos tres horas en esto —Gritó descabezando a un sujeto anodino—. Si mis cálculos no me fallan…
— ¡Yo le doy dos horas más! —Interrumpió Dantalian muy divertido, mientras era correteado por un demonio, que jamás le alcanzaba. La visión era muy bizarra, la piel pálida se mezclaba con la sangre de los caídos, y la carrera la hacía con una chupeta en la mano.
— ¡Siempre tan optimista chico! —Le gritó Alastor. El Duque de los infiernos. Le sonrió infantilmente, despidiéndose con la mano, mientras seguía siendo correteado por el infeliz que pronto moriría a manos de su aplastante energía.
— Hablo en serio —Soltó agarrando a Alastor por el brazo, mientras que sin ver le pegaba con la mano libre un golpe noqueador, a quién fuera aquel idiota que le quería atacar por la espalda. No por nada tenía millones de ojos…—. ¿No lo sientes?
— Aye… —Afirmó de forma macabra mostrando sus amenazadores dientes, los cuales estaban deformes y algunos corroídos—. En los círculos se estará bailando de alegría y felicidad con el Pecado que se cometerá dentro de poco. Lucifer se juega la cabeza…, yo quiero vivir, para ver la furia de Azrael.
— ¿Debimos haber hablado?
— ¿Y distraerles de la batalla¿Para qué? Ya ese destino había sido más que anunciado.
— Otra vez la dichosa Santísima Trinidad quedará mutilada.
— ¿Y que más da? Lleva así milenios —Se expresó con sorna. Clavándole en el pecho su arma, a algo que ¿parecía un ángel? Ah… a la mierda, con todo eso.
— Jamás me ha gustado esa hacha tuya —Comentó Belcebú con fingida angustia, acuclillándose y viendo el hueco que se había formado.
— Oh. Cállate imbécil —Le increpó.
— ¿Y todavía preguntan por qué estamos en el infierno?
4
— Ellos parecen disfrutar esto —Le comentó en la pura consternación Sirius a Azarel sin dejar de combatir.
— ¡Hum¿Aún lo dudas? Están en el maldito éxtasis. Matar a diestra y siniestra es casi una sensación orgásmica para ellos. Malditos Demonios —Con la elegancia que ni en batalla. Pegó una fuerte patada a un demonio humanoide, mándale muy lejos de allí.
— Poniéndolo así… creo que puedo entender porque estamos de este lado del bote…
— ¿Qué estás insinuando?
— ¿Yo? Nada —Y con esto. Le sonrió galante, pegándole con su arma a quién fuera que los atacaba.
5
— Voy a matar a Gabriel. Lo juro —Mascullaba el general de los ángeles, descargando toda su ira contra cuanto ser (del otro bando) se le atravesara—. Cómo se le ocurre dejarme solo en esta situación. Maldito híbrido… ¡aghr! —Puso su mano en forma de puño y con el lateral derecho casi le arrancó la cabeza del golpe en la mejilla propinado.
Justos donde estaba la resistencia del Segundo Cielo, eran pocos los que lograban atravesarla para llegar a combatir en serio. Todos caían separados de su alma por la línea matadora que se había formado, hombro a hombro junto al tercer círculo del infernó. El cual, con sus flechas organizadas en forma de franco tiradores acababa con la mayoría de los osados demonios.
6
Harry peleaba hombro a hombro con Abel, quién había aparecido cuando sintió que su custodiado estaba por caer en extremo peligro. Le había dolido en la merma ver de nuevo todo aquello. No sólo Belcebú y Alastor parecían presentir la desgracia que se acercaba. El ojiverde se encontraba envuelto en la histeria en la que había caído la población en general de aquellas tierras baldías.
— ¡Que no se acaban nunca! —Gritó a sus mentores con frustración.
— Bienvenido a la guerra —Le dijo con obstinación Abel.
— ¡Ja! —Le quitó la especie de lanza que tenía uno de los atacantes, rompiéndole el brazo en el proceso, y sin esperar mucho más por la ley del "matar antes de ser asesinado". Atestó en su estómago devanando en literal sus sesos. Odiaba la sangre¡Ya tenía suficiente de ella! A cada esbirro que mataba sentía el fluir de los estigmas debilitándole—. ¿Cuándo es la parte de la relegación?
— Cuando ellos decidan hacerlo primero —Le gritó Abel—. Si nosotros tratamos algún movimiento evasivo. Ellos nos machacarán. Un sólo movimiento en falso de la barrera del Segundo Cielo, y puedes creer que de aquí no nos saca nadie si no se reúnen los siete cielos.
— Que prospecto. Y yo que pensaba tener un fin de semana tranquilo… —Uno de los gemelos de Lilith tuvo que reír a fuerza mayor. Ya comenzaba a sentir pena, era cierto. Siempre que el moreno anunciaba un fin de semana de sueño y tranquilidad, se le avenía sin tregua una guerra literal o figurada encima.
Celebriän se encontraba simplemente mirando todo aquello. Nadie le había atacado directamente…, era conciente de ello, todos parecían evadirle de forma consciente. Entrecerró los ojos, eso era la parte que más odiaba en su vida. Sólo Harry y Gabriel, que parecían en cierta forma entenderle; lo trababan como a uno más. Se quitó del medio cuando un anodino pasó volando por su lado, en consecuencia gravitacional, a un golpe. Se sostuvo los cabellos.
Se mojó el dedo del medio con saliva y lo colocó en la frente de aquel hombre, asesinándole al instante. Sonrió con diversión irónica, las ventajas de ser el hijo directo de Dios. ¿Eso le aseguraba directamente la vida? Algo en su cabeza le decía que: no. Y lo peor de todo es que él estaba en total accordé con esta parte de su cabeza.
Esa batalla podía durar días, y quienes fueran los ganadores de ella, no definirían nada. En ese pequeño espacio no se encontraba ni la décima parte de las legiones que manejaba Satanás a su favor. Y eso era algo que tenía a más de uno preocupado. ¿Qué planes podrían innovar? Los ángeles siempre parecían atacar del mismo modo, y los demonios parecían estar consciente de ellos. Ya que Alastor había dado en el clavo con la táctica de sacar en primer lugar al segundo cielo. Luego se trataría de convencer a Shamiel, de liberar los cataclismos del quinto cielo. Cosa que no era nada fácil, sólo una ordenanza de Metatron haría que el tozudo arcángel hiciera lo requerido, sin rechistar. Por suerte Metatron peleaba con diez de sus comandados, incluyendo a Sopheriel y a Anafiel. Eso era de mucha ayuda. Nadie podía tocar a Sopheriel sin terminar de nuevo en el infierno deportado.
— Esto es una locura —Prorrumpió uno de los subordinados del Príncipe de los Cielos.
— No dices nada nuevo —Le comentó con ironía Anafiel.
— Preocúpense cuando Lucifer decida aparecer con sabrá Dios que atería.
— Si mis cálculos no me fallan —Habló Metatron. Y todos parecieron prestarle más atención que a la propia guerra—. Lucifer aparecerá lo más seguro, solamente para tratar de matar al chico. Pero, ni piensen mucho en esto que acabo de decirle. Si el pensamiento llega a mentes incorrectas, más de uno caerá en la histeria activa, y destructora que no nos sirve de nada en estos momentos.
7
— ¿Soy yo, o ellos están esperando algo?
— Están esperando algo —Dijo Azarel quitándose la sangre de la cara—. No importa cuanto intente. No puedo saber que demonios es. Y eso, me tiene frustrado.
— Creo que Satanás es uno de los mejores que conoce el valor de no decir nada a nadie.
— ¿Para que quiere hablar él? Te lo pongo en palabra simples. No sé porque tanta parafernalia. Pero, si a él le da la regaladísima gana, se aparece aquí, y te puedo jurar que ni la arena quedará.
— No me empieces a asustar con leyendas urbanas, con proporciones desmesuradas.
— ¿Desmesuradas dice? Tardé año y medio en recuperar mi brazo. Estoy vivo por obra y gracia del Espíritu Santo, como dirían los humanos.
— No me caes bien.
— Te preparo para todo lo que pueda pasar.
— Oh. Tan amable de tu parte —Le agradeció Sirius con una ironía—. ¿Alguna teoría?
— Por lo que veo. Están tratando de matar a alguien en especial. El problema es que hay demasiados personajes importantes en el tablero inmediato de juego, no puedo ni siquiera jugar a adivinar. Lucifer podría querer acabar por igual a Belcebú o a Metatron sin miramientos.
— Posee coherencia —Le comentó casual, bajándole con la mano la cabeza para evitar que les hirieran.
— Gracias.
— De nada.
8
— ¡Miguel!
— No puedo hacer nada más de lo que hago ¿ok?
— A mí no me vengas con eso.
— Chévere. A joder a otro Michael.
— Si te oyeran. En fin, para lo que me importa. Cassandra manda a decir que: al menos que quieras perder la luz de las inmensidades, debes buscar una forma de retirarte…
— ¿Y mandan acertijos? —El Arcángel Michael se sacó el zarcillo de la oreja bruscamente, sin lastimarse. De éste, apareció una especie de báculo, y con él, mató a quién se avecinaba.
— Eso parece. Bueno, mi querido General —Hizo una reverencia—. Mi trabajo aquí ha terminado.
— ¡Genial¿Cuántas luces de inmensidad no pueden haber aquí, empezando por nosotros mismos? —Gritó con frustración. Ya estaba siendo presa del destres.
9
— Por más que pienso no puedo encontrar una ruta alterna a todo esto.
— Eso es porque no la hay.
— Siempre la hay.
— Puede que sí. Pero, la mejor ruta es la que estamos tomando.
— ¿Qué mueran cientos te parece la mejor ruta?
— Preocúpate por ti, Harry —Le recomendó Abel—. Tu complejo altruista te terminará destruyendo en esta guerra.
— Estás siendo de mucha ayuda.
— En esta batalla, oirás que nadie le sirve de ayuda a nadie. Es lo normal. Todo el mundo maquina cosas diferentes. No hay forma de llegar a un consenso, con tanta gente. Por eso se relegan las órdenes a un superior.
10
Celebriän observó que Lucifer aparecía en el cielo sin que nadie se percatara. Eso le hizo acrecentar su mal presentimientos. Las alas del que alguna vez consideró su hermano, siempre le habían provocado pavor. Torció una mueca. Él jamás sería gran partidario del negro y afines, le parecía altamente repulsivo. Alzó el vuelo tratando de seguirle sin que se percatara.
Harry se sostuvo de un árbol, cerrando los ojos fuertemente. Se apretaba con furia el pecho. Abel y él se habían separado hacía cinco minutos por la horda de fuego repentino que había aparecido. No estaba herido, pero, algo en el torso no le dejaba respirar correctamente. Soltó un quejido estrangulado.
Un demonio se acercó y le propinó un golpe en la cabeza. El ojiverde se volteó mareado, entre todos los dolores, y cayeron en un enfrentamiento cuerpo a cuerpo. A cada minuto que pasaban los demonios parecían crecer en masa y en poder. Y eso no tenía coherencia lógica en su cabeza, aunque, a nadie parecía sorprenderle. Y a él. Bueno, él era a prueba de sorpresas.
Hizo lo que no había querido. Se trató de transformar en demonio, y para su anonadación, había logrado cambiar ¿Entonces que carajos había hecho Celebriän convirtiéndole en arcángel? Ahhh¡Ya lo sabía! De ángel, había sido ascendido a Arcángel. Se rió de su propia estupidez, era eso o llorar… El ojiverde le agarró por el hombro en un descuido, y le atravesó el estómago con la mano, revolvió un poco dentro de los sesos. Lo dejó caer. Miró lo que tenía en la mano. Eso le tenía que servir para algo… Diamanlatle. Sólo tenía que lograr que funcionara con los demonios y no con los ángeles. Corrió alejándose sin rumbo fijo.
Se detuvo en seco cuando Lucifer le cortó el camino. ¡Rayos! Eso era lo último que necesitaba. Su plan estaba en fase inicial…, es más, aún estaba en las preliminares.
— Sabes algo, Harry. A mi persona te le haces altamente despreciable.
— Bueno. Sólo te gana Satanás en ese campo en mi lista —Le respondió con cara de circunstancia.
— Muy gracioso, híbrido.
— ¿Dónde quedó el Harry? —Preguntó aún a sapiencias de estar jugando con fuego. Y sin estar muy cerca quemándose en él—. ¡Wou! —Exclamó al ver que lo apuntaban directamente con una lanza que, no le agradaba, le causaba una especie muy desfigurada de aicmofobia.
— ¿No estarás ni evaluando remotamente que yo, me enfrente a ti, verdad? —Preguntó alejándose un paso.
— No, ni remotamente. Sólo vengo a matarte.
— Oh. Peor aún —Alzó vuelo y, sabía a quién tenía atrás. Si Pandemonium no lo había matado. ¿Podría Lucifer¡Sería mejor no tentar su suerte!
— ¡Igual vas a terminar en las profundidades de infierno tácito, donde tu alma está destinada a sufrir las más terribles vejaciones por la eternidad!
— ¡¿Y así quieres que me detenga!?
11
Como que los ruegos de Celebriän habían sido escuchados. Y cuando atravesado se habían presentados. ¿Por qué tenía que ahora estar enfrentándose constantemente, cuando nadie le había atacado antes¡Ah cierto! Ahora trataba de alcanzar a Lucifer.
12
— ¡Hasta que te encuentro!
— ¿Cómo que hasta que me encuentras? —Gritó Jophiel entre la mansalva.
— ¡Necesito que me ayudes con un acertijo!
— ¿Estás bromeando, verdad?
— ¿Te lo parece?
— Rayos y centellas —Le partió la cabeza a uno de sus contrincantes—. ¡Cuál es!
— ¿Quiénes de todos los que estamos aquí está más cercano a apagar la luz de la inmensidad? —Preguntó ayudándole.
— Eso me suena…
— ¡Justicia¡Ya no sabía a quién más preguntarle¡Respóndeme rápido!
— ¡Espera que no recuerdo!
— ¡Ahrrg! ¡Jophiel!
— ¡No me presiones!
13
La paliza que le estaba propinando Lucifer a Harry, era épica. Por suerte, aún el moreno podía medio pensar con coherencia. Sus procesos mentales, trabajaban casi al colapso del sistema. Cayó de espaldas al suelo, cuando iba a levantarse, desde ese momento maldeciría su suerte cada vez que tuviera oportunidad.
0
Dos personas se mantenían agarradas de las manos rodeados de un infinito cielo estrellado. El menor de ellos sonreía abiertamente, sus cabellos rojos se movían con formas sueltas y orladas. Miró a su acompañante, el cual, le sonrió con ternura.
Miraba aquellos ojos bondadosos que amaba con fervor. Era lo único que tenía en su existencia. Una existencia vacía y sin coherencia, hasta que había vuelto a encontrarse a si mismo y todo el sentido había regresado. En aquel cielo se creaban ondas, a sus pasos, como si de un océano lleno de millones partículas plateadas se trataran. Se soltó del agarre protector, y corrió un poco.
— ¿Qué sucede?
— ¿Crees que sería bien crear un poco de luz aquí?
— Pero a ti te gusta la noche.
— Podemos turnarnos. ¿Qué te parece? Un poco tú y un poco yo. O que la mitad sea blanca y la otra mitad sea negra…
— ¿Y cómo las unimos?
— Ellas no tienen porque ser inamovibles.
— Por mí está bien —Accedió abriendo los brazos. Se alzó un poco y un cálido resplandor blanco le rodeó de forma circular. Desde ese día, aparentemente la luz y la oscuridad se comparten entre si.
14
— ¡Celebriän!
— ¿Qué?
— ¡Idiota! Lo que me estás preguntando habla de Celebriän. La caída de Celebriän significaría el ocaso de las luces de la inmensidad.
— ¡Que! —Exclamó sobresaltado. Eso no podía ser…
— ¡¡QUÉ NO ME ESTOY EXPRESANDO CON CLARIDAD!! —Gritó histérico.
«Ya no tienes un lugar en donde existir. »
Abrió los ojos con desmesura. Quería gritar, gritar hasta que sus cuerdas vocales se desgarraran en el intento y quedara mudo. Deseaba el dolor como nunca antes lo había hecho. Las imágenes que su cerebro le trasmitían de la realidad, simplemente no podían ser verdad. Iba a convulsionar. Sin embargo, nada que caía en ella…
Cerró los ojos con pesadez.
— Por las luces divinas del cielo —Murmuró por primera vez en eones Lucifer. La lanza con la que iba a matar a Harry desapareció repentinamente, y él dio un paso hacia atrás.
Celebriän se llevó la mano en donde los humanos tendrían el corazón, y luego la miró. Estaba completamente manchada de sangre. No dolía…, no dolía, era en lo único que pensaba.
— ¡Celebriän! —Medio gritó Harry incorporándose rápidamente. Todo se relegó a un sin importancia, hasta su cuerpo; al verlo herido. ¡DE MUERTE¡Maldita sea¿¡Cómo habían logrado eso en un día!?
Una fuerte lluvia de granizado destructor en donde el hielo y el fuego se mezclaban. Trataba de arrasar con todo lo que tocaba. Harry en el total shock llegó a su lado. Cerró los ojos comenzando a llorar con gemidos de dolor desgarrador.
— ¡Idiota¡Idiota¡Idiota¡Como te atreves¡¿Por qué has hecho eso!?
— Creo que… —Escupió un poco de sangre—. Por primera vez… —Toses, que impedían decir al mundo sus palabras.
— ¡Celebriän¡Celebriän¡No te mueras¡Joder!
En ese momento llegaron Jophiel y Miguel. Nadie los podía haber preparado para lo que iban a encontrarse.
Tenía fuertemente su mano agarrada a la de su padre y guardián. Estaba traspasándole toda la energía que podía sin morir Él.
La mirada con efecto ciego, se perdió en las profundidades del turbulento cielo que ahora se presentaba ante ellos, amenazante y destructor. El agarre sólo estaba siendo propinado por una sola parte…, Harry se llevó la mano del fallecido a los labios, y allí comenzó a llorar.
— Esto, simplemente no puede ser verdad —Miguel había entrado en fase de negación.
Azrael y Sirius aparecieron en donde estaba Harry.
— ¡Oh Dios!
— ¡Ya llorarás después! Al menos que quieras que ya no haya mañana, Azarel. ¡El cielo se nos está cayendo encima¡Muy literal!
Se movieron con rapidez, de nada servía que los mataran a ellos también.
15
Hogwarts. 6:00 am.
Conmoción. Tan sencillo como eso. El Hijo nacido de las entrañas de Dios. No podía estar muerto.
TBC
Perdón por el retraso, y gracias por sus reviews.
(No está beteado ni revisado, perdón por las incongruencias y errores varios también)
Atte. Liuny.
