VII.
.- Deseo de Regadera -.
Aioria x Shaka
Drabble — 700 palabras
Advertencias: Lemon
Las gotas caen firmemente sobre su espalda… y lo siente, mientras sofoca el aliento intentando contenerlo, no cede, se va precipitando todo a velocidad incontrolable, abre la boca, el aire se escapa, busca caminos acelerados por los cuales escurrirse mientras el agua amortigua y silencia con su caer a gotas agresivas los jadeos y gemidos de ambas bocas… no entiende ni comprende como terminó sobre el suelo húmedo de la ducha. Atacado placenteramente.
Dientes clavándose posesivos sobre su cuello, manos trazando, ansiosas, los caminos más lascivos por su pecho. Y busca contener los gritos para mantener el anonimato… pero le es ya imposible cuando siente las uñas clavándose en su piel. Gime. Jadea. Suspira.
Intenta contener el nudo nervioso de su garganta que ha ido bajando lentamente por su interior hasta hacerle un hueco muy amplio en el estómago… tiembla… mientras resbalan las gotas de la regadera mezclándose con el sudor de su piel que, pese a la humedad, ya refresca, el ardor se extiende, calcina, palpitan los sexos y también las ansias.
Escapar… y hacerlo resbalando cual gota entre las baldosas… huir de esa exaltación imperiosa que se excita cada que el aliento grueso e incinerante del otro arremete contra su nuca, suda, gotas gordas, que se confunden con el agua dulce haciendo un camino de sal y azúcar sobre las pieles, muerde sus propios labios, los parte, y sangran pintando carmín por la comisura de su boca hasta la barbilla.
Pero le apresan, los brazos como tenazas de tierra griega vitan que se aleje un ápice del cuerpo de Leo, atrayéndole cual imán sin consideración y reparo alguno, mientras lame detrás de la oreja, regodeándose en el estremecimiento y los suspiros entrecortados de virgo entre sus manos… se crispan los dedos de Virgo, y se abren las piernas temblorosas que ya casi no aguantan… suspira, suplica, anhela, busca, mientras los dedos gruesos del otro vagan de nuevo por la extensión entera de su cuerpo.
Palpa los muslos, teniéndoles con fuerza, mientras el otro gime por lo bajo, por toda respuesta.
Penetra.
Lento.
Parte las paredes de resistencia, gritando y jadeando glorioso al aire, que ha encontrado el templo perfecto en aquellas piernas, hundiéndose lentamente en los montículos de carne, le toma por el cuello, y aprieta los botones que se descubren en el pecho, sintiéndoles ceder bajo la tortura de sus dedos, se ponen tiesos, como la intimidad de Shaka… lentamente, alzándose en el aire con el aumento, equivalente, de su deseo… y le muerde, le lame, le besa, le embiste, queriendo despedazar toda defensa o rehuida… que sea lo que debe ser debajo del agua que cae y les moja, fundiendo su deseo. Ardiéndoles por dentro.
Pues embiste una y otra vez, entrando, saliendo queriendo tatuarse por fuera y por dentro, le toma muy fuerte del cuello, y hace girar el rostro hasta que sea posible el beso, atacan ambos labios y bocas en un combate de silencio, la historia se desborda, se hace pesada, como si sexo. De pie sobre el chorro, mientras las lágrimas de euforia se vuelven torrentes repletos de orgasmos silenciosos…
Muerde con fuerza los dedos del otro, buscando partirlos con sus dientes blancos, que la bestia vea que la virgen tiene fauces, desgarra su carne con auténtica gula deseando beberse toda la escarlata que resbala… la orgía se potencia, orgía de dos, orgía placentera.
Sale, entra, busca quedarse allí dentro por siempre, se inflama, despierta. La mano que torturaba el frente baja lentamente hasta la intimidad de virgo seduciendo con lascivia mientras palabras posesivas hacen auténticas y sensibles caricias contra su oreja, le muerde el pabellón, quiere devorarle, y las manos blancas se aferran con fuerza a los brazos que le rodean…
Mientras explota.
Mientras se llena.
Alcanzan la gloria en medio de la locura. Con un orgasmo intenso que les lleva a Elíseos, bajándoles de regreso cuando se acompañan en un grito, gemido, jadeo. El sexo se vuelve sexo cuando se firma entre dos por medio del deseo… ellos lo saben, lo sienten entumeciéndoles cada centímetro de la piel. Mientras respiran. Lento. Deseando.
Y húmedas viajan las lenguas hasta encontrarse en el final de un beso
El baño ha sido perfecto.
FIN
