VIII.

.- Deseo Violento -.

Aioria x Shaka

Drabble — 800 palabras

Advertencias: Lemon

Lengua felina recorre el largo de un cuello marmóreo. Sonrisa que se extiende al saber que la exquisitez salada le acompañará en las papilas gustativas por mucho más tiempo. Aspira suave aroma, bebe figura y presencia. Todos los sentidos se concentran en devorar cada centímetro de carne, llenar la dimensión completa de su gula con aquél sabor perfecto.

Hay palabras interminables entre ambos, frases agresivas y violentas, intercambios fuertes y sarcásticos, suavidad tierna en las miradas. Golpes, pérdidas sin remedio. Con todo, el encanto permanece intacto, incluso aquella necesidad malsana por gritarse odio.

El uno contra el otro. Eternos contrincantes, enemigos incluso en la necesidad salvaje que ha precipitado desde siempre hasta convertirse en una adicción bestial. Se han hecho tanto daño que no podría describirse con palabras. El amor no es pasión sino acaso lo contrario. La ternura no es deseo sino acaso el reverso. Nunca paz.

Fragmento de instante que entre ellos es una explosión de fuerzas, el ataque se convierte en la bestial intención de dos amantes que desgañitan sus gargantas con jadeos y gritos apasionados e interminables… luego se observan, casi no se reconocen.

Ruedan sobre el suelo, tan revueltos en sus caricias salvajes que no se distingue la separación de pieles. Las delgadas falanges de mármol se pierden en los risos castaños y no pueden menos que detenerse un minuto para mirar terneza en los trazos de sus caricias.

Luego se evapora, se nulifica, la simulada ingenuidad se transforma en un jalón inclemente a aquél cabello para acercar su rostro, y atacar la boca con violencia en un beso desenfrenado que les deje a ambos sangrando.

Toma su nuca con fuerza hasta casi arrancar trozos enteros de piel, por el simple y básico deseo de sentir sus carnes juntas. Susurran. Húmedo canturrea virgo contra su oreja las mil razones por que ordena le arrebaten la ropa y le arrojen sobre el suelo. Que le asalte las negaciones regándolas a trozos desvirgados sobre el suelo.

Como respuesta : una carcajada

Ácida y punzante se extiende en el aire atacando sus oídos, le jalan con fuerza azotándole de frente contra el suelo, con el peso de músculos morenos apretándole sobre la losa… todo tiembla por el golpe, ambos ríen dantescamente, y las hebras oro se afianzan entre dedos canela que jalan con fuerza cual si fueran riendas, la nuca duele, la mejilla sangra, una mordida se acomoda en la faz blanca mientras la túnica es arrancada. Trozos de hilo se desperdigan sobre el suelo…

— nghhh Aioria… —

— Shhhh, virgo… jeje —

— Hazlo… maldita sea… ¡¡hazlo ya o voy a castrarte!! —

Las garras de Leo rodean su cuello blanco, la cintura también es apresada mientras irrumpe el templo, enterrándose de lleno entre las carnes que se alzan… un grito demencial se extiende por las paredes Virginianas, que como su amo, sudan exhaustas. El largo cabello se humedece por el esfuerzo ante las embestidas, una a una, comienzan.

Se altera la paz del Loto

Las paredes se quejan por la irrupción en la cavidad de su dueño, pero el sudor que se va creando en la fricción de las pieles salpica los muros enmudeciendo con éxtasis cualquier reparo que ose alzarse… hay pasión acumulada en los músculos y tendones, el lienzo entero de la sexta casa busca abrirse en dos y partir toda duda sobre su lascivia…

Su cuello recibe otro desgarre…

Y se arquea moviendo también las caderas, el peso es demasiado, apenas puede respirar entre asfixia, presión, y pasión del momento… finalmente se empuja con todas su fuerzas.

Alza la cadera quedando sobre las extremidades… Aioria se extasía al sentirle de tal forma, toma su cintura, ayudándole en el soporte… en cuatro, increíble observar al honroso caballero, reencarnación de buda, ofreciéndose de aquél modo. Pero lo aprovecha, ágil le sostiene mientras aumenta la velocidad de sus embates, y el otro también se derrite ayudándole en sentido contrario, arqueándose más de lo que pueden la mayoría de los humanos al sentir la punta caliente tocarle el fondo de los nervios…

Y se excita con la idea. Busca consolarse con las manos, pero en el camino se ve intercedido por los dedos morenos, entonces se cierra una palma alrededor de su éxtasis… y comienza la danza frenética así como las caricias sabias, buscan los dos volverse un orgasmo caótico que explote en conjunto con gritos dementes y salvajes.

Aprieta los dientes con tanta fuerza que siente reventarse las encías, y el otro cierra los puños con tanta fuerza, que casi se destroza las palmas… para finalmente.

— Aio… Aio… AIORIAAAAAAAAAAAAAA —

— Sha… kaaaaaa Nghhhhh —

Jadear en un disfrute que les deje secos, sentir como se extienden húmedos y pegajosos el uno sobre el cuerpo o manos del otro. Derretirse. De nuevo, en una guerra sobre catres destartalados por la fuerza de sus pasiones.


FIN