IX.
.- Deseo Eiffel -.
Aioria x Shaka
Drabble — 900 palabras
Advertencias: Lemon
El gemido brilla con la potencia de las luces que iluminan el largo de la torre, se encuentran allí, en la parte más alta, con la ciudad de la luz, a sus pies, degustando uno la piel tersa del otro, el amante desea. Hay verdadero amor y lujuria, así como el absoluto tierno de una caricia compuesta.
Sobre la ciudad de los amantes ha caído la noche, el romance suena en acordeones a cada segundo. Llega invierno. Cae nieve. Se excitan los versos en las gargantas de todos los poetas… Y Aioria contempla a París íntimamente desde la cima…
— Te dije un día que la pondría a tus pies para venerarte… si pides algo imposible, por ti lo haré realidad… pide… Shaka… para complacerte —
— Aioria… —
— Lo eres todo, te he ansiado desde la vez primera, cuando me rechazaste… eres perfecto, absolutamente perfecto… —
— Nhh —
Gemido… Jadeo…
Caricias predadoras que buscan devorarlo en cada intercambio de besos, los labios se juntan con la pasión de dos fieras, se atacan. No es un beso sino la depredación conjunta y mutua… sus lenguas luchan, batallan, se declaran mil guerras futuras, y el rubio jadea soltando al aire de invierno un vaho vaporoso cargado de todo su deseo.
Las manos morenas le recorren por encima de la ropa… el abrigo de piel se arruga bajo el sudor y la presión de sus dedos…
— Shaka… — Jadea ansioso y bestial contra su cuello
— Quítamelo… —
— Shaka… — No comprende, se excita.
— Ámame sobre París… que me escuchen gritar con la fuerza de tu deseo — Sonríe lascivo— Brama que eres mío en lugar de declarar que yo te pertenezco, — Ríe, cínico — Algo imposible, prometiste… ¡¡Eso quiero!!, que me dejes desnudo sobre Eiffel en pleno invierno, y me poseas, gritando que yo soy tu dueño… —
Aioria le mira, con los jades extasiados… cediendo sumisamente a su deseo…
— Te amo… —
— No, aún no… — Le toma con fuerza por los costados de la cara, le acerca rabioso para besarle hasta partirle los labios — Pero lo harás pronto. —
Inicia la guerra.
Se arroja Leo sobre el cuerpo de Shaka, arrancando sin reparo el abrigo.
Ming que vuela por los aires cayendo lentamente desde la cima de la torre… Shaka sonríe… la bestia de Aioria despierta cuando la ropa es desgarrada con verdadero salvajismo dejando el cuerpo desnudo y deleitable en su completa esencia…
Traga pesado…
— Shaka… —
— Hazlo… o piérdeme… quiero gritar, Aioria — Ríe de forma dantesca mientras sus ojos cielo se perfilan — Que me arranques el aliento de tal forma que ya no tenga fuerzas ni para levantarme, destrózame la garganta hasta que ya solo tener gemidos para ofrecerte… se una bestia… así… justo así… es como yo quiero que me poseas. —
Tras una pausa temerosamente ansiosa el castaño se avienta contra el cuello blanco, succionando a besos. Tomando las muñecas con inesperada fuerza. Muerde. Carnívoro. Muerde el cuello marmóreo hasta partir la piel y sentir la sangre inundando su garganta.
Eso lo excita. No puede evitarlo.
Lame en descenso sintiendo como el otro se estremece, muerde su pecho, Virgo se retuerce, incita y ataca los pezones con sus dientes. Jadea. Bestia que posee el manjar perfecto debajo de sus fauces.
Cómo espera.
Cómo incita.
Cómo desea.
Acorralado pese a ser predador por una noche, se repone, sonríe salvajemente antes de atacar la boca delgada, bebiendo con desahuce los suspiros y gemidos de ese amo que ansía ser sometido… pues es su dueño, su todo, su amor bendito.
Le recorre la piel con legua, dedos y dientes, sintiendo como se hunden sus sentidos en los olores y sabores, salado sobre la piel blanca, sándalo en las hebras de oro. Bufa casi como un lobo, uno que teme devorar la liebre que se ofrece.
Arrancar la carne como lo ha hecho con la ropa.
Los Muslos son el siguiente objetivo. Palmas sudorosas se entretienen con la espalda mientras el rubio alza las piernas, rodeando así las caderas desnudas que se juntan con su pelvis… gimen, tan sonoro es el suspiro que se sienten derretir a pesar del viento helado.
La frente canela se halla sudorosa… el cabello agotado y húmedo por la excitación palpable se ha pegado a la piel… junta su cabeza contra el cuello blanco soltando jadeos de bestia hambrienta. Tiemble Eiffel en su gran tamaño, temerosa de la pasión existente amantes desesperados. El amor se huele, y nutre con las manos.
Penetra. El templo se rinde al embate bárbaro de la fiera. Jadea, Aioria, con la potencia de aquella pasión exacerbada escurriéndose por sus fauces, grita, Shaka, con lágrimas victoriosas escurriendo por sus ojos, quiere ocultarlas, beberlas, tragarlas, minimizarlas con la felicidad que le embarga.
Pero escurren. Lentas. Contrarias al golpe potente de las embestidas que comienzan.
— A… Aio… AIORIAAAAAAAAAAAA —
Sus ojos se cierran con fuerza, como los puños. Arquea la espalda al sentir los embates del otro. Entrando, saliendo… con soltura y confianza… Araña su espalda, muerde el cuello, posee a la par que entrega.
Le alza del suelo para depositarle sobre su ansia, aumenta la velocidad de los martilleos contra la cavidad de virgo. Los gritos se potencian, la sinfonía entrecortada, gutural y placentera de suspiros, es ahora un concierto íntimo para dos escuchas hambrientos, que buscan explotar y derretirse a besos en medio del invierno Parisino.
Que un orgasmo conjunto les implore consumar en medio del hambre desahuciada.
Que hierro, Eiffel, escuche amante, haciendo eco a sus pasiones mutuas.
FIN
