RATED: T (no sé porqué, pero quizás algún elemento sobrenatural y un poquito de sangre, pero muy muy muy poca)

RATED: T (no sé porqué, pero quizás algún elemento sobrenatural y un poquito de sangre, pero muy muy muy poca)

DISCLAIMER: Ni Lost, ni los personajes ni nada que tenga que ver con la serie me pertenece, así como tampoco la leyenda, la similitud con cualquier otra historia o las referencias históricas. Escribo sólo para divertir y divertirme. Y porqué leer mucho y escribir desarrollan positivamente la mente y el alma.

NOTA AUTORA: Este relato está inspirado en una leyenda popular de San Jorge y el dragón. He hecho una adaptación muy pero que muy particular a los personajes de Lost que creo que se adaptan más a los protagonistas de la leyenda. Por cierto, escribo Rey con mayúsculas muchas veces porque creo que el personaje de Mr. Eko en la serie debería haber sido desarrollado por los guionistas y también debería haber sido uno de los principales protagonistas de la serie en lugar de otros pelmazos.

Este es un relato SAWYER-ANA-LUCIA-MR.EKO.

Espero que lo disfrutéis.

PARTE III

Ana-Lucía se pasaba horas mirando por las ventanas, por más que quisiera entretenerse leyendo, cosiendo o charlando con sus damas no conseguía sacar de su cabeza al joven James, esperando quizás que viniera al rescate de todos. Algo le decía que sólo él podía ayudarles. Pero el caballero no apareció aún durante un tiempo.

El sitio de la ciudad ya era insoportable. Algunos habitantes y súbditos habían fallecido a causa del hambre y las enfermedades provocadas por la falta de higiene.

Por suerte los bárbaros no lograron entrar y optaron por retirarse, pues Silca no era una ciudad especialmente rica. Los invasores se dieron cuenta de que la comida escaseaba y los cadáveres empezaban a abundar, así que antes de contaminarse con alguna epidemia decidieron partir, dejando tras de sí una ciudad rota y desgastada.

A pesar de todo, los que quedaban se esforzaron en reparar los daños y salir adelante. Pero el monstruo no se había ido, y un día, mientras los campesinos y pastores se encontraban en la orilla recogiendo agua, emergió de las aguas, arrastrando a su interior a un pobre desgraciado que no tuvo tiempo de salir.

El Rey Eko volvió al lago, casi había olvidado las exigencias de la bestia. Rogó que les diera tiempo pero aquel monstruo se negó y exigió su alimento de inmediato.

Pronto se reunieron varios nobles en el salón real. Tras varias horas de deliberación dieron con una solución cuando menos eficaz pero terrible. Harían un sorteo, y nadie seria excusado de participar excepto los niños, aunque no por la edad sino por su tamaño.

Varios campesinos y habitantes de la villa, al conocer el edicto real, gritaron horrorizados por la crueldad que suponía dejarse matar por una bestia. Pero la decisión estaba tomada, y el sorteo se realizó en la plaza pública, donde en otros tiempos hubo un próspero mercado.

El primer nombre dejó a todos los que se concentraron ahí con la sangre helada en las venas.

- Ana-Lucía, princesa de Silca. Gritó el encargado de extraer los nombres escritos en hojas con la tinta china que Paik les había regalado.

Todos callaron por unos momentos, pero luego el murmullo fue en aumento, hasta que el rey pidió silencio.

- Mi hija es la primera sacrificada, pero yo tomo su lugar.

Ana-Lucía oyó a su padre que con gran dolor estaba dispuesto a tomar el lugar de su hija.

- Mi señor - dijo Ana-Lucía, mientras se arrodillaba a los pies de su padre - os imploro que no hagáis tal cosa, soy yo quién debe ir al encuentro con la bestia, y así será. No deseo que os pongáis en mi lugar.

- Pero Ana-Lucía, eso sería un acto de amor y la bestia se destruiría.

- Yo no quiero ser salvada, es mi decisión y es mi destino padre. Sois un buen rey y la única persona que debe guiar a toda la ciudad. Yo no podría hacerlo. Te ruego padre que me dejes ir.

Padre e hija hablaron durante horas, pero el convencimiento de la princesa era tal que el Rey Eko, con gran pesar y una punzada en el corazón tuvo que permitir que la princesa fuera al encuentro de la bestia.

Aquella tarde, la princesa se vistió con un hermoso vestido que había pertenecido a su madre, era blanco y llevaba remates bordados con hilos de diferentes colores en tonos morados. Con el paso del tiempo había perdido parte de la pureza del color blanco, pero aún así lucía maravilloso sobre la joven.

Soltó su cabello negro y dejó que cayera sobre sus hombros, luego tomó unas flores frescas, que habían recogido sus damas, y las colocó sobre su pelo como si llevara una corona. Estaba tan bella como una novia el día de su boda.

Salió del castillo acompañada por dos soldados, caminando con paso seguro pero corto.

Estaban a medio camino del lago cuando vieron un hombre montado a caballo que se acercaba. Era un caballo blanco, y la brillante armadura no dejaba lugar a dudas, se trataba del caballero James Ford.

- Princesa Ana-Lucía, es extraño veros tan bien ataviada y sin embargo ir andando sólo con dos soldados. ¿Es qué ha sucedido algo en el castillo?

- Nada ha sucedido caballero James.

- Recordáis mi nombre. - Respondió James con la expresión iluminada con una amplia sonrisa.

- Lo recuerdo. Ahora debo continuar mi camino.

- Decidme a dónde os dirigís princesa para que pueda unirme a los soldados que os protegen.

- No van a protegerme durante mucho tiempo. Voy al lago, donde debo entregarme al monstruo oscuro.

James no podía creer aquello, tenía que impedir que algo le sucediera a la princesa.

- !Eso no puede ser! No voy a permitir que sufráis ni un solo rasguño.

Al decir esto, los soldados inclinaron sus lanzas hacia él, pues tenían ordenes estrictas de no alterar el destino de la princesa bajo pena de muerte.

- Pues entonces os seguiré desde lejos.

Y continuaron el recorrido, mientras el caballero James les seguía a una distancia prudencial.

Llegaron al lago y la princesa se acercó a la orilla. Los soldados se alejaron levemente y James desmontó su caballo, caminando hacia la joven. Esta vez no los soldados no le interrumpieron, aunque estaban pendientes de sus movimientos.

- Escuchadme, os lo suplico. ¿Por qué motivo estáis aquí?.

- Es una larga historia.

- Pues estoy dispuesto a oírla. Adelante por favor princesa.

Ana-Lucia le contó todo lo que su padre le había contado, le explicó acerca de la guerra contra los bárbaros y también sobre el resultado del sorteo. James la escuchaba atentamente, sentados ambos en la orilla, arropados por el calor de un pequeño fuego que habían hecho los soldados.

Hacia rato que esperaban la salida del monstruo, y entonces apareció. Primero el agua saltando como un surtidor, después el humo y el fuerte hedor, y por fin el monstruo oscuro de ojos rojos. El cuello de la bestia se alargó hasta el grupo que estaba en pie.

- ¿Quién de vosotros me acompañará hasta mis habitaciones? - Preguntó con voz ronca e irónica.

Ana-Lucía dio un paso adelante y habló con todo el orgullo de princesa que poseía y que había heredado de sus padres.

- Yo seré quien os acompañe.

- Bien…bien… entonces por que no entras voluntariamente. A una dama hay que invitarle con corrección y educación. Entrad bella princesa.

- !Alto!. - gritó James blandiendo su espada - No os vais a llevar a esta dama. Yo ocuparé su lugar.

El monstruo miró al caballero sorprendido por su valentía.

- Sinceramente, me da igual quién de vosotros sea mi cena. Sólo quiero un acompañante. O sino, mañana, nadie ni nada podrá estar en el lago pues me llevaré a cualquier ser vivo conmigo, y no me importará el tamaño.

Los soldados estaban aterrados ante el monstruo y eran incapaces de reaccionar, sólo miraban con la boca abierta mientras se apoyaban en sus lanzas para no caer al suelo por la impresión que les causo la bestia.

Ana-Lucía se adelantó de nuevo y con determinación le dijo a la bestia que era ella quien debía sacrificarse. El monstruo inclinó su cabeza hasta rozar la punta de la nariz de la joven y empezó a envolverla con un vaporoso manto oscuro, pero James no iba a quedarse impasible y de un brinco arrancó a la princesa del siniestro abrazo.

El monstruo se había enojado y su ira era casi palpable, lanzó un grito desgarrador y se arrojó contra el caballero.

Mientras tanto, los soldados observaban la escena boquiabiertos, incapaces de moverse.

Ana-Lucía se vio en el suelo, estaba aturdida por el empujón recibido pero en sentía alivio al ver que el caballero había lanzado su espada contra el corazón de aquel monstruo.

El acero se clavó como un cuchillo corta la mantequilla, fácil y rápido, hundiéndose en el interior del ser maligno, cuando de pronto surgió una luz blanca que inundó buena parte de la escena, obligando a girar la cabeza a la joven princesa y a los soldados.

Y luego vino el silencio, la luz desapareció y la cabeza del monstruo descendió contra el suelo, seguida por el resto de su cuerpo, el humo y los vapores que le rodeaban habitualmente desaparecieron y sólo quedó una masa negra tumbada en la orilla del lago, el caballero estaba en pie a su lado, mirando la agitada respiración de la bestia.

Entonces empezó a brotar sangre de su interior, y un reguero del líquido rojo resbaló por la tierra hasta llegar a unas rocas. Como por arte de magia floreció un tímido tallo verde, pero poco a poco y de forma continua iban naciendo más tallos de los tallos, hasta que en las puntas empezaron a abrirse unos capullos, y de los capullos florecieron rosas de color rojo intenso.

James se acercó a las rosas y con sumo cuidado arrancó una; con una mirada dulce se la entregó a Ana-Lucía.

- ¿Cómo es posible?. Al dragón no se le puede vencer si no hay amor. - Preguntó la dama.

- ¿Y quién os dicho qué no hay amor mi princesa? - Respondió James con voz suave.

Ana-Lucía le miró a los ojos, tan azules y brillantes. James miró a Ana-Lucía, y aquel momento se hizo eterno para ambos.

Sin más palabras, el caballero alargó su mano para levantar a la princesa del suelo, la guió hasta la bestia que yacía rota en el suelo y tomando su capa, que enrolló en forma de cuerda, la ató al cuello del animal, entregando el otro extremo a la princesa.

En un principio ella reacciono asustándose, pero viendo que la bestia se había convertido en un animal más manso que un cordero no dudó en tomar la rienda y tirar de ella.

James ayudó a Ana-Lucía a montar en su caballo y junto a los soldados regresaron al castillo, con la bestia atada a la capa que sujetaba la princesa.

Una vez llegaron a las murallas, los gritos de alarma advirtieron a sus ocupantes de que algo sucedía. El Rey Eko, que había estado sumido en un gran disgusto se acercó a las puertas del castillo, esperando las noticias del exterior, quizás albergando la pobre esperanza de que su amada hija siguiera con vida.

Y era verdad. Los centinelas de las murallas gritaban las noticias a los guardias para que estos las llevaran al interior del castillo. Cuando el monarca las escucho no dudo en salir corriendo hasta las puertas de las murallas, cruzando la ciudad a pie y lo más rápido que podía.

Al ver como aquellas enormes puertas de madera se abrían escandalosamente el corazón del rey se aceleró.

La imagen que tenía ante sus cansados ojos era la más esperada para él y para muchos de los habitantes de Silca.

La princesa arrastraba la bestia y entraba sonriendo con la mirada directa a los ojos de su padre. Ambos se abrazaron emocionados.

- !Padre!

- Ana-Lucía, creía que ya no volvería a verte jamás hija mía. No sabes la alegría tan grande que tengo por verte sana y salva. Cuéntame que ha sucedido.

- Ha sido el caballero James, él ha acabado con el monstruo.

- Pero él sigue vivo. Cómo es posible que no se haya cumplido el sacrificio.

James se acercó al rey y a la princesa, con paso firme y amable sonrisa.

- El sacrificio de morir por quién amas no ha sido necesario. La espada que llevo tiene el poder suficiente como para destruir la maldad que aquel monstruo llevaba en su interior. Por eso todavía no está muerto, sólo he sacado el mal que tenía dentro. Ahora vos mismo podéis acabar con la bestia, vuestro pueblo os estará eternamente agradecido.

El Rey Eko miró el cuerpo moribundo del animal, ordenó a uno de sus guardias que fuera a recoger su espada y una vez la tuvo, la clavó en el cuello del monstruo poniendo fin a su larga agonía.

Luego, se dirigió a su pueblo:

- Hoy ha sido un día grande, recordaremos cada veintitrés de abril como el día en que el mal fue destruido. Mi hija porta una hermosa rosa roja entre sus manos, cada año, en esta fecha, todas las damas y mujeres de Silca, no importa su condición social, recibirán una rosa, y cada año también se contará la historia del caballero que venció al dragón con la fuerza del amor. !El bien ha regresado a Silca!.

En la plaza de la ciudad todos aplaudían y la princesa miraba embelesada al caballero James.

Invitaron al castillo al joven para descansar, y se organizó un gran banquete con el alimento que tenían. La cocinera del castillo, Rose, se esmeró en combinar las pocas verduras de las que disponían con unos cuantos pollos. El resultado fue delicioso.

Al finalizar el festín, la princesa y el caballero se enfrentaron cara a cara. James la miraba con un brillo diferente en los ojos y Ana-Lucía respondía de igual manera.

- Caballero James, ¿partiréis pronto?

- Debo continuar con mi misión, para que hasta en el último confín del mundo conocido todos puedan saber quién es Jacob y su doctrina.

- Pues yo me quedaré en el castillo con una gran pena.

- No estéis triste mi bella dama. - Dijo James acariciando la mejilla de la princesa.

- Pero yo….deseo que….os quedéis con nosotros.

- Eso no puede ser. Debo cumplir mi cometido.

Sin vacilar, James acercó el rostro a la cara de Ana-Lucía, y antes de que ella pudiera reaccionar, los labios del caballero se habían posado en los suyos, envolviéndolos con un agradable y suave calor, en un beso largo y tierno.

El Rey Eko que había visto toda la escena, decidió que era el momento de intervenir.

- Caballero James Ford, veo que vos y mi hija habéis empezado una hermosa amistad. – el monarca tomó aire y luego lo soltó, sonriendo – Nos gustaría que os quedarais entre nosotros, y si es vuestro deseo podéis desposaros con Ana-Lucía.

James inclinó la cabeza y respondió al rey.

- Señor, os agradezco vuestra hospitalidad, pero debo continuar mi camino de predicación. La doctrina de Jacob ha de ser escuchada aún en el rincón más remoto de la tierra….Pero en lo que respecta a vuestra hija…ella es la criatura más hermosa y valiente que jamás he visto, y siempre la llevaré en mi corazón, aunque no puedo tomarla como esposa, ya que es demasiado joven. Muy a mi pesar debo declinar la proposición que sin lugar a dudas, de aquí un tiempo yo mismo os recordaré, cuando ella tenga la edad suficiente para ser mi esposa, si es que aún lo desea.

Ana-Lucía sintió como una daga se le clavaba en el corazón, amaba al caballero y creyó que él la rechazaba, pero nada más lejos de la mente de James, puesto que él también se había enamorado, aunque sabía que su misión era muy importante y no podía dejarse vencer por una oferta tan tentadora.

El Rey Eko entendió al joven caballero, y pensó que quizás podría recompensarle de alguna otra manera.

- Caballero, entonces aceptad una parte de mis riquezas como compensación por la ayuda que nos habéis prestado.

- Mi buen Rey Eko, os ruego encarecidamente que tales riquezas sean entregadas a los menos favorecidos, puesto que algunos han perdido parte de los animales de sus granjas.

El monarca sonrió, orgulloso de la honradez y buen corazón del caballero, y asintió con la cabeza.

- Ahora podéis iros si así lo deseáis, pero recordad siempre que aquí, en Silca, siempre tendréis vuestra casa.

Ana-Lucía comprendió que la virtud del caballero lo hacía más noble aún, y a pesar del dolor que sentía, la felicidad por amar a un hombre bueno superaba con creces cualquier sentimiento negativo que pudiera tener.

- Estimado caballero, recordad también que os estaré esperando…no me importa si tardáis cien años en volver, yo estaré aquí, y cada veintitrés de abril llevaré conmigo una rosa roja prendida en mi vestido.

- Mi hermosa Ana-Lucía, os llevo desde hace tiempo en mi corazón, y os aseguro que volveré, y cuando lo haga será para quedarme, para siempre.

FIN