Capítulo 3

Capítulo 3

Beep… Beep… Beep…

… … …

Beep… Beep… Beep…

- …todo arreglado?

… … …

- …entiendo qué pasó.

- ….esperar… momento…

Beep… Beep… Beep…

- …Mira…

- ¿Qué?

- ¡Está despertando!

- ¡Enfermera!

- ¡Rápido, busquen a un doctor!

- ¡Y al Alcalde!

Despertar no fue lo difícil. Tratar de abrir los ojos fue el problema. A pesar de no poder levantar sus pesados párpados, pudo moverse un poco, pero se arrepintió al instante. Su cuerpo le dolía demasiado, tal como si hubiese hecho trabajo forzoso por más de tres días, sin parar. Su cabeza le daba vueltas, y una luz brillante traspasaba la delgada capa de sus párpados, aumentando el dolor en su cabeza. Oía voces, pero no las entendía muy bien. Tenía frío, pero sudaba al mismo tiempo, y un constante pitido le llegaba a sus pobres oídos, lastimando el interior de su cabeza, aumentando el dolor a un nivel incomparable. Se quejó nuevamente, cuando sintió manos sobre ella.

- ¿Cómo está su pulso cardíaco?

- Bastante normal.

- Su respiración se dificulta un poco.

- Por lo menos está despertando, eso ya es una buena señal. ¿Y el Alcalde?

- Ya lo fueron a buscar, doctor.

- Bien. Llamen también a la doctora Larou. Creo que necesitaremos algo de ayuda con esto.

Samantha Griffith abrió lentamente sus ojos, viendo todo borroso. Lo único visible eran dos sombras sobre ella, pero no podía identificar quiénes eran.

- ¿Dónde… estoy? – tratando de levantarse, pero una mano la empujó nuevamente a una pose acostada.

- Estás en el hospital central. No te preocupes, estarás bien.

Sam se dejó recostar, cerrando nuevamente los ojos. Fue cuando sintió que alguien entraba aporreando la puerta de golpe.

- ¿¡Qué sucede!?

- ¡Ah, señor Alcalde! Que bueno que llega. Vera…

- ¡Ni una palabra, señor!

- ¿¡Doctora Larou!? ¿¡Qué está ocurriendo, por todos los cielos!?

- Doctora Larou…

- ¡He dicho ni una palabra! ¡Salgan, todos, rápido! ¡Vamos salgan!

Sam abrió los ojos para ver lo que ocurría, para tan solo ver como la puerta de la habitación en la que se encontraba se cerraba de un portazo. No entendía lo que ocurría. No sabía en dónde estaba. Tampoco recordaba lo último que había vivido.

Beep… Beep…

Sam se volteó a ver la máquina escandalosa de pitidos, mirando con tranquilidad las ondas de sus latidos, esperando con paciencia lo que fuera.

- ¿Dónde la encontraron?

- La trajeron unos ingenieros cerca del parque central. Dicen que cayó del cielo.

- ¿Del cielo? ¿Y cómo es que está viva?

- Al parecer, cayó sobre unas cometas de construcción. Destruyó un poco de las edificaciones, pero esas cometas ralentizaron su caída, evitando que se diera un fuerte golpe contra el suelo. Al llegar aquí, estaba inconsciente. Tenía muchas heridas y arañazos, y una pequeña contusión en la cabeza.

- ¿Y cómo está ahora?

- Mucho mejor. Como verá, logró despertar luego de 20 horas de inconsciencia. Ya me estaba preocupando de que cayera en coma, o algo así. Es por eso que lo llamamos, señor Alcalde. Es bien sabido que no es una de nosotros.

- ¿Qué quiere decir con eso, doctor?

- Mandé a llamar también a la doctora Larou, para que nos ayudase en el caso.

- Al entrar a la habitación, pude notar que, efectivamente, ese ser no es un Quien. Y tengo el presentimiento de que, como nosotros no sabemos lo que es, esa criatura no sabe lo que somos. Es por eso, señores, que preferí hacer esta especie de reunión fuera de su habitación hasta que podamos tener esta situación bajo control.

- Bueno… En eso estoy de acuerdo – afirmó el Alcalde.

- Pues, tenemos que hacer algo. ¡Esta cosa salió de la nada! No sabemos lo que es, de dónde vino, ¡nada!

- No se preocupe, doctor – le habló la doctora Larou -. Dígame todo lo que notó en ella, y averiguaremos lo que es, y por qué está aquí.

Samantha ya se estaba hartando. A pesar de que se sentía un poco mejor luego de la inyección que le había dado la enfermera, se sentía cansada de estar acostada. Su espalda le dolía, y era por aquella eterna posición.

- Ya no me importa – se dijo a sí misma, mientras se paraba de la cama, pero al momento de moverse, la puerta volvió a abrirse, dando paso a tres personas.

Eso fue la gota que colmó el vaso. ¿Gente peluda? Sam estaba paralizada y con los ojos abiertos de la sorpresa, cosa que notó la doctora Larou, quien fue la primera en acercársele, tratando de que no escapara.

- Cálmate, no está pasando nada. – Sam no dijo nada, y dejó que Larou la recostara nuevamente en la camilla – Listo, mejor. – ahí si pudo hablar.

- ¿Mejor? ¿¡Mejor dice usted!? ¡Ha! – todos la miraron extrañados – ¡Resulta que ahora recuerdo todo! Que mi padre se ha vuelto loco, y me ha dado un somnífero, o algo por el estilo. ¡Esto es un sueño, sólo eso! Si no, la cabeza no me estaría dando vueltas, y no despertaría en una especie de hospital, ¡en una habitación llena de gente peluda, con colores cómicos, con ropa extraña y con ojos saltones!

- ¡De acuerdo, es suficiente!

- ¿Y usted quién es?

El Alcalde acercó una silla a Sam, sentándose frente a ella.

- Me presento. Mi nombre es Ned McDodd, y soy el Alcalde.

- ¿El Alcalde? ¿Alcalde de dónde?

- ¡De Villa Quién, por supuesto!

- ¿Villa… qué?

- Villa Quién. Somos los Quiénes.

- ¿¡Qué demonios es un Quién!? – Samantha ya se estaba desesperando, y fue cuando la doctora Larou intervino.

- Por alguna razón, has caído a nuestro pequeño mundo. ¿Has estado cerca de algún girasol con una especie de partícula? – ahora Sam si que estaba confundida.

- ¡Genial! ¡Este sueño se pone cada vez más extraño!

- Eh… Me temo que esto no es un sueño… - dijo la doctora Larou, pero por su puesto, Sam no la estaba escuchando.

- Mi padre decide drogarme, cuando alguien trataba de entrar a la casa para quién sabe qué, ¡y yo, preocupada, tratando de hacer algo, y teniendo que rescatar de quienes sean a mi querido Horton!

- Espera un momento… ¿Conoces a Horton?

Pero el Alcalde no pudo obtener respuesta, ya que la puerta de la habitación se abrió de golpe, revelando a una Quién gris y beige, jadeando en el marco de la puerta.

- ¡Señor Alcalde! – Ned la miró sorprendido.

- ¿Annika? ¿Qué estás haciendo aquí? – los ojos azules de la Quién se fijaron en el Alcalde.

- ¡Ay, papá! ¡Te he buscado por todas partes!

- ¿Qué sucede?

- ¡El Presidente te está esperando en el Centro de la Ciudad junto con todo el Consejo de la Ciudad! – el Alcalde se alteró.

- ¿Qué? ¿Para qué?

- Quieren discutir contigo el caso de esa nueva criatura que cayó del cielo, y detuvo una parte de la construcción con los cometas. ¿Es esa? – mirando a Sam.

- Eh… - el Alcalde estaba perdido en sus pensamientos, cuando se percató de lo que su hija le había preguntado - ¿Ah? Si, es ella.

- Tienes que llevarla a ella también.

- ¡Pero si acaba de despertar! – reclamó el doctor, obteniendo una mirada fuerte de Annika.

- Pero su vida está en peligro.

- Bien, bien, de acuerdo – el Alcalde pasó una mano por su cabello, mientras que con la otra, se agarraba de la corbata, acariciando inconscientemente el medallón dorado - ¿Dónde esta JoJo? Él debería estar aquí.

- JoJo ya está en el Centro de la Ciudad, papá. Debemos apresurarnos, si no quieres que el Presidente tenga una excusa más para burlarse de ti, y decirte tonto.

Ante aquello, el Alcalde tomó de la mano a Sam, y la sacó corriendo de la habitación. A Sam le costó correr un poco, su cuerpo aún le dolía, pero si era para salvar su vida, no quedaba otra. Annika y Larou los siguieron por detrás, ignorando los gritos del doctor en cuanto al reposo del paciente.

Al salir del hospital, Sam tuvo oportunidad de ver sus alrededores por muy corto tiempo. Había un montón de edificios, todos con formas ovaladas y colores chillones, algo extraño para ella. En algunos techos, había césped y jardines, e incluso canchas de tenis y basket. Cometas sobrevolaban los techos por todos lados, y quiénes iban y venían en extraños carros con manos y pies por los caminos, monociclos por las cuerdas tensas sobre ellos, y con cestas, siendo elevados por más cometas, guiados por secadores o ventiladores. Ruidos extraños llenaban el lugar, desde flautas y trombones, hasta burbujas y ollas chocándose entre sí. Todo parecía crear una música hipnotizante, pero no podía disfrutar de aquel extraño mundo que su cabeza creaba, ya que el Alcalde la llevaba de la mano, corriendo desesperado.

Pasaron un arco blanco, y llegaron a lo que parecía ser el centro de la ciudad. En la mitad de todo, había una fuente grande, lanzando chorros en todas direcciones, dejando ver pequeños arco iris por aquí y por allá. El alboroto era notable, y más cuando veían al famoso Ned McDodd correr al Centro de la Ciudad, con una extraña criatura por detrás. El Alcalde subió las escaleras de un gran edificio, en donde al final de ellas, una Quién fucsia oscuro le miraba con extrema seriedad, con los brazos cruzados.

- ¡Llega tarde!

- ¡Gracias, señorita Yelp!

- ¡Gracias doy yo, que esta es la última vez que trabajo con usted!

El Alcalde no le paró, y siguió corriendo hasta llegar a una habitación amplia, en donde finalmente pararon, teniendo oportunidad de respirar. Sam notó que la habitación estaba llena de lo que parecían ser Quiénes, o como se llamasen esas criaturas. La doctora Larou y Annika llegaron momentos después. Annika se colocó al lado de un Quién de pelaje oscuro, y otro de pelaje azul y marrón, mirando preocupadamente al estrado. Al alzar la mirada, Sam vio sobre el estrado unos cinco Quiénes de piel oscura, imponiéndose sobre todos, mirando con desprecio al Alcalde, sobre todo el Quién del extremo izquierdo.

Fue cuando dos Quiénes tomaron a Sam de los brazos, y la condujeron cerca del estrado, donde el Presidente presionó un botón con rayas negras, dejando caer una pequeña cúpula de vidrio sobre Sam. Claro estaba, que ella no tuvo tiempo de reclamar. El Alcalde se la quedó mirando con sorpresa, mientras terminaba de recuperar su respiración normal.

- Veo que ha podido llegar, Alcalde… Tarde, otra vez. No es un muy buen ejemplo para su aprendiz, diría yo.

Ned McDodd quitó la mirada de Sam, y se volteó hacia el Presidente y los miembros del Consejo de la Ciudad. Lentamente, se acercó al estrado, mirando hacia arriba a los Quiénes, con algo de temor. El Presidente sonrió con malicia.

- Espero que tenga buenas noticias. – el Alcalde miró a su hija, quien le hizo señales con la mano de que prosiguiese.

- Bueno… Tengo noticias, pero no sé si calificarlas como buenas o malas…

- Esa criatura que trajo – señalando a Sam – es la que cayó del cielo, ¿no es así? – el Alcalde asintió nerviosamente - ¿Y bien?

- Bueno… Traje a la doctora Mary Lou Larou para que nos explique lo que ocurre…

La doctora nombrada se acercó al estrado, mirando a todos los Quiénes del lugar.

- Esta criatura que vemos aquí… - comenzó la doctora.

- ¿Criatura? Bien, me siento ratón de laboratorio – murmuró Sam.

- … es la que "cayó del cielo" y paralizó la construcción del lado este de la ciudad. No sabemos quién es, ni de dónde vino. Lo que si sabemos es que, definitivamente, no es una Quién.

- Entonces, ¿qué es? – preguntó un miembro del Consejo.

- No tenemos ni la menor idea.

- Entonces esto es una pérdida de tiempo – declaró el Presidente – Deséchenla, y problema resuelto. – esto alarmó al Alcalde.

- ¡No podemos hacer eso! ¿Acaso no han aprendido nada de lo que pasó la última vez? – el Consejo se lo quedó mirando – Una persona es una persona, sin importar su tamaño… Aunque, en este caso, yo diría sin importar la especie.

- ¿Cómo sabe que no es una amenaza para nosotros?

- ¡No creo que lo sea! – el doctor que había atendido a Sam, había llegado al lugar para dar su declaración – Los ingenieros de la construcción la trajeron, y tuvimos que hacerle exámenes para saber lo que tenía y poder curarla. Sabemos que es una mujer, por sus rasgos finos y características similares a los de nuestra especie. Su cuerpo es muy parecido al nuestro. Quizás diferencien en pequeñas cosas, como que no tenga pelaje, el color de sus ojos… ¡Su sangre es del mismo color que la nuestra! – en eso, la doctora Larou intervino.

- Mismo color de la sangre. Especies similares. Quizás no sea una Quién, pero es algo que se le acerca. Habla nuestro idioma, es parecida a nosotros. No creo que sea amenaza alguna.

- ¡¡Oigan!!

Samantha había dado un grito tan fuerte, que había callado a todos en la habitación, obteniendo la atención de cada uno de los Quiénes del lugar.

- Todo está muy bien, si, si. Pero están hablando de mí como si yo no estuviese aquí. Si quieren saber quién soy y lo que soy, pueden preguntármelo directamente, no voy a ofenderme.

El Alcalde la miró sorprendido, pero sonrió. Se acercó a la cúpula, y apoyó una mano peluda sobre el vidrio, mirando a Sam con entendimiento, asintiendo con la cabeza.

- Tienes razón…

- ¡Ah, de acuerdo! ¡Pregúntele usted, Alcalde! Tiene sólo tres preguntas. Y no lo eche a perder esta vez – declaró el Presidente, a lo cual Ned sonrió aún más. ¡Podían salvar a aquella criatura!

- Muy bien. ¿Có… - pero no pudo terminar de formular la pregunta, ya que alguien le estaba jalando hacia atrás.

- Sólo un segundo, señores – declaró Annika, llevando a su padre a la parte lateral de la habitación, junto con el otro Quién de pelaje oscuro.

- Annika, ¿qué…?

- Papá, presta atención. Sólo puedes hacerle tres preguntas, no puedes arruinar esto. – su padre la miró extrañado ante aquel comentario, pero ella lo ignoró. – Tenemos que averiguar la forma de hacer esas tres preguntas, de modo que la pongan a salvo de la condena del Consejo. – Larou se había unido al grupo.

- Para ello, necesitan algo clave, un tema, una cosa, un nombre…

- JoJo, ¿se te ocurre algo? – preguntó Annika a su hermano, que como siempre, la miró inexpresivamente, sin responder una sola palabra – Gracias, siempre eres de gran ayuda.

- Ya, déjalo, Annika – dijo el Quién de piel azul y marrón – Él aún es un aprendiz, no lo metas en esto.

- Aprendiz a Alcalde, Willow. Precisamente, debería participar en esta clase de situaciones.

- No comiences con tus ridiculeces.

- ¿Nombre dices? – balbuceó el Alcalde - ¡Lo tengo! – y volvió al lado de la cúpula. Annika trató de detenerlo, pero no pudo, y suspiró resignada.

- Sólo espero que papá no meta la pata.

- ¿Listo, señor Alcalde? – Ned asintió, y se volvió hacia Sam, mirándola serio. Sam comprendió esa mirada, de que tenía que responder sinceramente, y con certeza. Era su vida la que estaba en peligro, después de todo.

- Dinos tu nombre completo. – Annika se golpeó la cara con la mano.

- Demonios, papá… - Sam respiró profundamente.

- Mi nombre es Samantha Griffith. Aunque algunos me dicen Sam. – el Alcalde sonrió ante aquello.

- Un segundo… - la doctora Larou se dijo a sí misma, volteando hacia JoJo, mirándose ambos con una mirada conspiradora, y una sonrisa pícara.

- ¿Qué es lo que eres, Samantha Griffith?

- Soy una humana.

- Lo está echando a perder…

- No lo creo, Annika – dijo Larou, apoyando una mano sobre el hombro de la joven Quién.

- Y dinos, Samantha, la humana… ¿Conoces a Horton, el elefante?

Todos los Quiénes del lugar ahogaron un grito de sorpresa ante aquella pregunta, y los miembros del Consejo se inclinaron sobre sus sillas para tener mejor visión. Los ojos del Alcalde refulgían de emoción.

- Si, si lo conozco. Horton era el elefante que yo cuidaba en el zoológico luego de rescatarlo de la jungla de Nool.