Disclaimer: Si esto fuera mío, Draco no sería calvo, Harry hubiera muerto y Gellert no. Como ven, al parecer no lo es.

IV. TIERRA

―¡Mira! ―señaló Albus, parando de repente su paseo por el bosque que quedaba cerca del cementerio. Gellert paró de golpe y miró rápidamente a su alrededor. No veía que mierdas le señalaba Albus. Sólo había césped y robles. Igual que hace una hora. Albus lanzó un gruñido exasperado y le volvió a señalar con mayor insistencia la base de un roble. Entrecerró los ojos para enfocar mejor y lo que vio fue... raíces, tierra y hojas. Como en todos los árboles. Al final, se rindió. La paciencia no era su mayor virtud.

―¿Exactamente qué tengo que ver? ¿Las raíces? ―preguntó con una sonrisa ácida, apoyándose en el tronco.

Albus chasqueó la lengua ligeramente molesto y se agachó frente al árbol.

―No. Eso ―acercó su mano a unas hojas quitándolas un poco, mostrando un hongo con forma de champignon pero más grande, más verde, más brillante y con pecas negras―, eso, mi querido Grindelwald, es un hongo fungiricere. Es muy usado para filtros de amor, y es muy extraño encontrarlo en estado natural. Mucho más cuando hay posibilidad de que un muggle pase, ya que se alimentan de magia, y cuando pasa un ser tan no-mágico, entonces mueren. Son muy interesantes y...

―Me interesan lo mismo que los forúnculos en el culo de mi tío Yosif ― le cortó de golpe Gellert, que había fruncido el ceño notoriamente. Albus frunció también ceño, haciéndole competencia, taladrándose ambos con la mirada. Ninguno iba a bajar la mirada. Albus era un Gryffindor, y no retrocedía ante nada. Gellert se había criado en un ambiente de guerreros donde uno no retrocede, si no que aprende a que sean los otros los que lo hagan.

―Y además, son excelentes... afrodisiacos ―sonrió Albus, dándole el último estacazo mortal, aunque tenía las mejillas ligeramente ruborizadas.

Vale, eso ya era plazas mayores. Gellert se agachó, sentándose de rodillas frente a él, manchándose las mismas con la tierra húmeda. Tenía una sonrisa algo perversa en el rostro. Y eso en Gellert era algo muy preocupante.

―¿Ah, sí? ¿Se puede saber por qué me lo dices? ―preguntó con una voz que escurría gotas de miel, se lamió los labios con la punta de la lengua y su voz bajo a un tono más ronco―. ¿Acaso crees que lo necesite? ―susurró acercándosele a gatas.

Albus se sentó de culos y empezó a alejarse un poco, con una risa nerviosa. Sí. Definitivamente ese Gellert, era el peligroso.

―No, por supuesto, que no. Sólo quería mostrarte un poco de la flora mágica de la...

Sus palabras fueron disminuyendo de volumen, hasta apenas ser un leve tono algo agudo, que se perdía en la inmensidad del bosque. Tener a Gellert prácticamente encima de él, con el mentón apoyado en los codos y mirándolo como un gato mira a su presa era suficiente para quitarle la voz a cualquiera.

―Gellert... por favor. Quítate de encima. Estamos en un sitio abierto. Y además no quería decir eso. Tú lo malinterpretaste...

―Tsk, tsk. No lo sé, no lo sé. Me sembraste la duda. Quizás... ―sus labios fueron bajando, recorriendo la mejilla― debería ―lamió detrás del lóbulo de la oreja― comprobarlo por mí... ―la lengua bajó por la yugular hasta la clavícula. Lanzó un gemido ronco, y trata de abrirle las piernas con las rodillas― mismo.

Y mordió. Le clavó los dientes, con toda la fuerza que tiene. Y Albus elevó las caderas, apretándose contra él, quitando de dolor y con la espantosa sensación de que toda la sangre se esta empezando a acumular entre los muslos.

Lo siguiente sucedió a ritmo vertiginoso. Gellert le abrió la camisa (en realidad le rompió los botones) y le lleno de marcas de mordiscos el pecho. Besó con desesperación su ombligo y la línea de vellos rojizos que iban desde esta, hasta su sexo. Albus sabía a sal y a (extrañamente) a avena. Le aruñó entre los muslos, con los largos dedos de Albus metidos entre el cabello, empujándolo. Ya no hablaba (lo cual es bueno) pero si seguía gimiendo así despertaría a medio Godric's Hallow.

Las manos de Gellert se movían desesperadas, besándole cada resquicio del cuerpo. Se siguió la línea de los músculos con la lengua y dedicó más tiempo donde sintió que Albus se estremecía. Las tetillas, el cuello, las ingles. Le acarició el cabello, halándoselo en la base de la nuca. Haciendo que gimiera de dolor mientras su boca le hacia gemir de placer.

Reptó sobre su cuerpo, sintiendo a través de la tela el cuerpo cálido y húmedo de Albus (él aún no se había desnudado). Le buscó los labios, mordiéndoselo desesperado. Su amante también le mordió, aunque no estaba tan desesperado como él.

A él no le quema tanto como a mí.

―Albus... ―la voz ronca y algo rasposa por la excitación. Los ojos verdes nublados y ennegrecidos―. Bájate los pantalones ―Albus se miró.

―Los tengo abajo... ―gimió desesperado―. Por todo lo profano, Gellert, si vas a hacer algo hazlo ahora pero no me dejes así.

―No. Están desabrochados. ¡Bájatelos ahora, maldita sea! ―fue un ruego vulgar y grosero, tintado de desesperación y calentura juvenil.

Albus se deslizó el pantalón por los muslos, con manos temblorosas y gestos lánguidos.

Hazlo más rápido. ¿No vez que me voy a explotar?

Gellert se colocó entre sus muslos y empujó. Un dolor le recorrió toda la columna hasta el cerebro, inundándole el cuerpo de una sensación atenazante de dolor. Gritó y Gellert le tapó la boca con la mano.

―Shh, shh ―le calló lamiéndole la oreja.

La cadencia suave de las caderas, los ojos de Gellert entrecerrados y mordiéndose los labios. Tenía la nariz ligeramente fruncida. Albus le vio un poco borroso, por que entre laloslo revuelca amorosa sus lentes habían ido a parar al lado del hongo. Estaba caliente y le quemaba. Pero estaba seguro que prefería quemarse en el infierno si era ese calor.

Cada golpe de cadera lo alejaba más de la tierra y lo dejaba a la deriva. Ya no sabía si era norte, sur o este. Sus dedos se anclaban a la nuca de Gellert y este se volvía el único puerto de todo el mundo.

Solo era Gellert.

Gellert, Gellert, Gellert, Gellert, Gellert, Gellert, Gellert, Gellert, Gellert, Gellert, Gellert.

Cada poro de su cuerpo era Gellert. Eran uno solo con el universo. Un espasmo le paralizó durante unos segundos los músculos. Era como si todos hubieran decidido tensarse al mismo tiempo. Luego, se relajaron, y era como si su alma se despegara del cuerpo y flotara libre y sin peso. Luego volvió, un escalofrío le recorrió y alcanzó a sentir las últimas embestidas de Gellert.

―¿Qué os ha pasado? ― preguntó Aberfoth, saliendo del establo de las cabras.

Albus paró de golpe, empezando a enrojecer.

―¿A-a que te refieres? ― le respondió dándose la vuelta.

―Estáis todos llenos de tierra.

―Eso... pues... yo... veras ―titubeó.

Gellert lanzó un gruñido y se giró, poniendo su mejor cara de matón. El hermano de Albus nunca le había caído bien y el sentimiento era mutuo.

―Albus se resbaló por una pendiente y yo le ayude a levantarse ―ladró.

―Ah...

Era obvio que no se la creyó.

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N/a: ¿Y? Es la primera vez que escribo un lemon, y tambien la primera vez que escribo un slash. Así que...¿Consejos? ¿Sugerencias? ¿Críticas? Todo es bien recibido. Si te gusto, tambien puedes decirlo en un review rápido que diga "me gusto por tu nick" o algo así que me de una señal acerca de cuales son mis puntos fuertes y cuales son los debiles.

Entonces, ¿Review? -