"Mamá me despertó. No se como estará el clima, en mi habitación no hay ventana. Espero que no haga frío.
Mmm... Me dirá que lleve un saco por las dudas."
El pequeño niño de siete años decidió que hoy bajaría de su litera dando un salto seco en el piso. Finalmente pensó que había sido una mala decisión, porque sus pequeñós tobillos no estaban tan acostumbrados, y tuvo que poner las rodillas en el suelo para suavizar el impacto.
Fue directo hacia la cómoda, y sacó una pequeña camisa blanca, y un par de calcetines del mismo color. En una silla cercana lo esperaban unos shorts azul marino con una chaqueta a juego, y en el suelo del armario, unos relucientes mocasines negros.

Diez minutos mas tarde ya estaba saliendo de su habitación, luchando con el nudo de su corbata, quien parecía ir ganando.
-A ver, amor. Déja que te ayude con eso.
Una mujer vestida con un elegante traje se puso de rodillas para ayudar al niño.
-Querida, déjalo -otra voz provino desde el piso superior. Un hombre estaba apoyado en el barandal de una especie de entrepiso que había en el living-. Nunca aprenderá por su cuenta si tú siempre terminas haciéndolo por él.
La mujer terminó con la corbata del niño, y se levantó delicadamente mirando a su esposo. El pequeño era la viva imagen de su padre- Lo se, lo se. Siempre se lo digo a mis pacientes. Pero, se ve tan tierno cuando está arreglado...

Luego de esto la pequeña familia bajó a desayunar. Momentos mas tarde sonó el timbre, y madre e hijo bajaron los tres escalones al recibidor.
-No olvidas nada?
-No, mamá
-Hiciste toda tu tarea?
-Si mamá
-Leiste el libro que te pidieron?
-Si, querida, lo leyó -agregó el padre-. Lo vi con mis propios ojos.
La madre regresó la vista hacia el niño-. Bien, recuerda, si ves que hay nubes un tanto sospechosas...
-...Vuelvo por mi paraguas, mamá.
-...Si abajo esta cerrado...
-...abro la ventana de la puerta y toco el timbre, mama.
-...Si...
-Si no lo dejas irse, perderá el autobus, cariño...

Louie rió, besó a su mamá, saludó a su padre con un ademán, salió al pasillo y bajó dos pisos muy altos por escalera.
Finalmente llegó a la entrada del edificio, con suelo de mármol, y paredes con un hermoso revestimiento, que Louie consideraba un tanto barroco para su gusto. El guardia lo saludó inclinando la visera de su gorra, y le dijo que la puerta estaba abierta.

El pequeño salió corriendo y trepó al autobús. Era uno de los primeros niños en haber sido recogido así que se sentó sólo.

--
"Sonidos incomprensibles. Todo está oscuro. Hace un frío de mierda."
-Despierta!!
"Conozco esa voz..."
-Despierta!!
-Arianna... Suéltame!... Ya!! Ya estoy despierto!!
La pequeña niña retrocedió un poco, su hermano era bastante malhumorado e intimidante al despertarse.
-Cierra la ventana!! Hace mucho frio...
-Si duermes desnudo, claro que tendrás frio... Sólo hay veinte grados.
-No duermo desnudo ¬¬ -Se levantó, mostrando claramente unos pantalones de tela similar al jean, color musgo, un poco mas largos de la rodilla.
-Mamá dice que comas rápido o llegarás tarde! -Dijo la niña con tono urgente. "Ella ya esta lista. Mamá le hizo dos colas laterales muy prolijas. Es lo único que hace bien. Se ve muy tierna con su delantal rosa del jardin de infancia. Lástima esa mochila rosa de plástico, es gigante y asquerosa. Ella cabría perfectamente ahi dentro. Sus ojos son azules como los mios, pero los de ella vibran hermosamente con el sol, y su cabello tambien es castaño, pero de sus colas laterales caen rizos ensortijados. Mi cabello jamas ha tenido ni un solo rizo. Mi hermana es la chica mas linda del mundo, debe haberlo heredado del lado de papá."

Él se levantó, se puso una camisa arrugada, que evidentemente había usado el día anterior, y se fué al living-cocina, trastabillando un poco por el cansancio, y por los juguetes desparramados, consecuencia de compartir cuarto con su pequeña hermanita.
-...Y que te bañes –Escuchó habiendo apenas pasado el umbral de su habitación.
De inmediato se encontraba en un living muy pequeño, donde una mesa para cuatro personas hacía de "pared" entre dicho living y la cocina.
Sólo tuvo que dar un par de pasos para ver dentro de la habitación de sus padres. Su padre ya no estaba y su madre hablaba por teléfono. Élla le hizo un tonto además de saludo, mientras él le dedicó una mirada de puro odio, que de seguro su madre no notó por poner su atención en otros asuntos. Imbécil.

Abrió la heladera: Sal fina, sal gruesa, sal sa, sal ame, pimienta... Tomó dos fetas de queso, y un sobre de mayonesa de esos que dan en los Mc Dollars. Tomó pan de la alacena, hizo un deprimente sandwich, lo echó sobre una sarten un poco engrasada, y mientras esa excusa de desayuno se calentaba, el chico tomó una botella vacía de agua y la llenó con jugo en polvo, y luego agregó agua de la canilla. Cerró y agitó la botella y luego la sirvió en un vaso.

Una vez terminado su nutritivo desayuno, se encerró en el baño. Se dió una ducha apurada y desganada, pero estuvo "horas" peinándose. Se quitó los pocos pelos que tenía en la barbilla. Pensó que era un niño de cási 11 años un poco precoz. Además era bastante alto para su edad, le llevaba cási diez centimetros a la mayoría de su curso.

Cuando salió del baño, vió a su madre terminando de revisar si todo en la mochila de su hija estaba en orden.
-Hijo, podrías traer el cuaderno de tu hermana? Dice que lo dejó en la mesa del patio.
Éste se fué murmurando entre dientes muy apretados mientras iba al patio. A diferencia de la casa, que era minúscula, su patio era compensatoriamente grande. había una mesa de plástico blanca, con seis sillas apilables alrededor, una bastante rota. Dicha mesa estaba cubierta por un gazebo blanco, sumamente mugriento por la lluvia. Tambien había varias macetas en la pared opuesta. Al fondo había una "casa de árbol" pero sin árbol. Estaba suspendida mediante varios soportes, y bajo esta había una red de voleibol, varias pelotas en distintas condiciones, y un par de bicicletas. Una era para adultos, sumamente vieja, y la otra era pequeña, y de un amarillo brillante pero asqueroso.
El patio tenía suelo de baldosa, y estaba delimitado por una alta y envejecida pared blanca hacia la izquierda, y una valla de madera hacia la derecha, por donde la vecina aparecía a veces para charlar con su madre de cosas que a él no le interesaban.
El cuaderno no estaba en la mesa. La pequeña había dejado el cuaderno dentro de la casita. "Despues dice que llego tarde a la escuela ¬¬"
En la casita había un par de silloncitos, un juego de té para niños, y varios peluches que él le había prohibido terminantemente a ella poner en su cama, porque la de ella ya estaba saturada de esas ridiculas cosas, y ella insistía en poner sus amados peluches también en la de su hermano, alegando que podrían fingir que le pertenecían.
""-Estas loca si voy a poner esas estupideces en mi cama. Ponlas en tu casita si no entran mas en tu lado de la habitación!""

-Aquí esta el cuaderno -se lo dió a su madre sin siquiera mirarla - y SI hace frio ¬¬- agregó para la pequeña.
-Entonces lleva una chaqueta- dijo su madre automáticamente.
Él volvió a rezongar entre dientes, tomó una chaqueta cualquiera del perchero -de hecho, era una camisa que su padre usaba entrecasa cuando hacía frio- y se fué sin saludar.

Bajó los escalones del pórtico y de inmediato sintió el fresco viento en su cara, obligándolo a despertarse aunque él no quisiera.
De repente comenzó a escuchar los ya acostumbrados sonidos: La gente hablando, los vendedores ofreciendo a los gritos sus mercancías, los perros ladrando sin necesidad, los bebés llorando ¬¬.
Lo único que le alegraba era que no hubiera autos. No, en el corazon del barrio italiano prácticamente no había autos, aunque sí demasiados turistas para su gusto.
Caminó algunas cuadras hasta llegar a una calle donde había escaleras, las subió y accedió a una calle peatonal muy elegante, con mansiones a ambos lados.
Avanzó varias decenas de metros hasta llegar a una residencia en particular. El nombre D´Amico que estaba grabado con letras doradas en el buzón refulgía con la luz del sol.
Hizo sonar el timbre de la reja, y unos momentos despues un chico corpulento atravesó la misma.
-Cómo estas, Tony?
-Como siempre, vamos?
Ambos subieron a una camioneta elegante y el chofer emprendió camino para llevarlos a la escuela.