Hola, antes que nada decirles que muchas gracias por leer! Este fic es un remake(si es que se puede llamar así) de un fic que escribí hace muchísimo tiempo llamado Conociendo el amor. En ese tiempo era muy chiquita y casi ni sabía escribir (ahora tampoco) . Era un fic corto, sin emociones casi, pero aquí esta mejorado!¡Espero que lo disfruten! Espero sus RR.

Título: Persiguiendo un sueño.
Capítulo 1: Vida nueva.
Autora: Dayan.

23/08/09

Querido diario:

¡Cuánto tiempo! ¿Verdad? Hacía tanto que no te escribía…¡Lo siento!
Pero he andado muy ocupada, como te conté en otra ocasión encontré un trabajo de camarera a tiempo parcial, después de clases iba al bar de la señora Akko.
Por fin, después de tanto tiempo , ya tengo mis ansiados dieciocho, esto quiere decir que podré cumplir mi sueño, irme de aquí y ser actriz…
¡No sabes cuantas ganas tengo !Tengo unas ganas enormes por meterme en la piel de un personaje, ¡llorar y sonreír con él!.
Ya me he despedido de todos…
¡Parece mentira que mañana empiece mi nueva vida!
Espero que me acompañes en mis victorias y fracasos.

Sora Takenouchi.

Esas palabras de tinta se quedaron plasmadas en el diario de una muchacha ansiosa por cumplir su sueño, su tan anhelado sueño. Todos sabemos que con soñar no basta para conseguir un sueño, ella estaba dispuesta a dejar todo atrás, queriendo abrir por si misma las puertas que marcarían su camino.

Lentamente sus pequeñas manos blancas dejaron el diario sobre un montón de cajas , cajas rotuladas con grandes letras que decían ''Frágil''. Al lado de estas cajas había objetos que aún no habían sido metidos en ellas. Paseó sus piernas por el largo pasillo del departamento, entró a su habitación, allí no quedaba nada salvo las marcas de lo que alguna vez fueron pósters o fotografías, y en la esquina un espejo de pared completa. Se acercó, se contempló así misma reflejada en él.

Era una joven hermosa, de eso no había duda. Su cara era ovalada, de color níveo, su cabello el cuál llegaba por debajo de sus hombros, era de un color extraño, las personas debatían mucho acerca de si era pelirrojo o castaño, ella también solía hacerlo. Sus labios eran finos, de un color cereza desteñido. El toque misterioso lo daban sus ojos rojizos como el sol del atardecer, ojos enmarcados en espesas y largas pestañas. Su figura era esbelta, de cintura estrecha y algo de caderas, unas piernas interminables que acababan en dos pequeños pies. Sin duda su figura parecía haber sido esculpida por un maestro escultor.

-Todavía faltan algunas cosas por empacar- Pensó mientras giraba sobre sí misma para volver hacía el salón, donde estaba todo aquel caos de cajas y de objetos – El camión vendrá temprano por la mañana, debo estar lista-Murmuró con su melodiosa voz mientras se sentaba en el suelo del gran salón- Son muchas cosas a pesar de que ya he enviado la mitad a mi nuevo departamento…-Concluyó para empezar a recoger, si es que se le podía llamar a aquello recoger.

Mientras tomaba sus objetos personales para meterlos en cajas, sentía como si estuviese metiendo pedacitos de su vida en cajas, cajas que luego abriría, objetos que adornarían otro departamento, objetos que adornarían otra vida, sin duda, aquello no había hecho más que comenzar.

Cuando terminó observó todo el salón, ya no había rastro de ningún objeto, sólo el amontonamiento de cajas sobre cajas, su diario, un conjunto de ropa azul, y un pequeño bolso de mano que llevaría al día siguiente. Se dio media vuelta y se encaró a los dos sillones que había en el salón, no se los iba a llevar, por suerte el departamento al que se mudaba, ya se encontraba decorado. Deslizó sus pies hasta estos, estiró su mano para tocar su aterciopelada textura. Cuánto los iba a echar de menos, cuántas siestas no podría echarse sobre ellos, cuantas noches calurosas sobre ellos se iba a perder…Todo eso y más. Dejó caer su cuerpo sobre el sillón, quedó desparramada, las piernas colgando y uno de sus brazos también. Lentamente sus párpados se cerraron, sus espesas pestañas formaron una media luna sobre su pálida piel. Su boca entreabierta dejaba ver su respiración regular. Finalmente se había rendido a los brazos de Morfeo.

No se habían infiltrado los pequeños rayos de sol por las viejas cortinas cuando se despertó, miró por la ventana, era normal que los rayos de sol no hubiesen incidido en su rostro, pues no había amanecido. Suspiró pensó dormir algo más, pero no quería gastar su tiempo soñando, ya lo había hecho demasiado. Resignada finalmente se levantó del sillón dejando caer sus piernas como pesos muertos en el suelo, para luego incorporarse.

Miró su teléfono móvil, eran las 5.00 a.m. Pronto vendría el amanecer, y con el amanecer el primer paso a su nueva vida. Decidió hacer algo que tanto le gustaba, se dirigió hacia el pequeño baño del departamento, allí se detuvo frente a la bañera de color blanco, pasó sus manos a la prenda superior del pijama y empezó a retirarla, descubriendo así sus hombros y luego su torso. Se inclinó para empezar a llenar la bañera mientras se terminaba de desnudar. Estiró la mano hasta encontrar las sales de baño de olor a naranja que tanto le gustaba. Las piedritas cayeron hacia el fondo de la bañera haciendo un sonido similar al de la lluvia sobre el mar.

Cerró los ojos y se metió despacio en la bañera, suspiró, era un sensación agradable, podía sentir el agua acariciando cada parte de su cuerpo desde su cabello hasta la punta de sus pies, era una sensación indescriptible, sus manos acariciaban su cuerpo lentamente, masajeándolo, mientras hacía esto pensaba en si su nuevo departamento habría una bañera con la que darse esos caprichos.

Una vez terminó, salió de la bañera y se colocó una toalla alrededor del cuerpo y otra en torno a su cabeza, para secar mejor el cabello. Se dirigió hasta el salón y allí tomó el pequeño conjunto que se pondría ese día. Un vestido azul cielo que se ceñía fielmente a su cuerpo, cuya tela caía sobre las rodillas de la muchacha, revelando sus largas piernas níveas. El vestido hacía un auténtico contraste con su piel blanca y cabellos rojizos. Se calzó unos zapatos de tacón de color negro y suspiró , ya sólo faltaba poco más de una hora.

Abrió las ventanas del salón y colocó su cabeza en la ventana, esperando que su cabello fuese secado por el viento. Tiempo atrás había comprobado que así el olor a frutas de su champú duraba aún más. Y eso le agradaba, le agradaba acostarse sobre la almohada y sentir la esencia del pomelo, de la fruta estrella, del melón…Era una combinación extraña pero armoniosa a su vez.

Una vez su cabello seco, procedió a peinarlo con delicadeza. Aquel cabello que tanta polémica levantaba entre las vecinas cotillas del barrio era de tacto suave, era como cuando coges seda y se desliza suave y lentamente por entre tus dedos.

Ya faltaba poco, comprobó que todo estaba en orden y así era, cajas apiladas sobre cajas, no había más en aquel salón a excepción de los dos sillones de tela. Metió la mano dentro de su bolso negro de mano cerciorándose de que allí estaba todo-Teléfono móvil, las llaves de su departamento, que hacía tres días que se las habían enviado, y un pequeño papel rectangular de tacto algo acartonado- Su mano se deslizó hasta coger ese papel acartonado, a simple vista parecía una pequeña carpeta de diminutas dimensiones, sonrió para sí misma mientras lo abría. En letras grandes y negras se podía leer perfectamente Destino: -Nueva York con la fecha y hora del vuelo. Era el pasaje a su nueva vida.

Pasó la media hora que faltaba para las 7.00, hacía escasos 20 minutos que había amanecido, miró por la ventana aún abierta del salón y pudo comprobar como el camión de la mudanza aparcaba frente a su departamento. Una sonrisa de alegría surcó su rostro, pronto sus pertenencias serían llevadas al aeropuerto junto con ella, en diferentes aviones, pero las dos iban al mismo lugar. Nueva York, la ciudad que nunca duerme.

Un agudo sonido la distrajo de sus pensamientos, era el timbre. Se dirigió hacia allí y abriendo la puerta se encontró a un muchacho de complexión delgada- A Sora le pareció esquelética- de tez tan blanca como la de ella, de cabellos azulados algo revueltos, una sonrisa noble y amable, y su rostro adornado por unas gafas de vista que le daban un toque infantil y asustadizo.

-Buenos días señorita Takenouchi ¿verdad?-Una voz algo temblorosa salía de los labios del muchacho mientras jugaba nervioso con sus dedos, sin duda, era su primer trabajo-Soy Joe kido, el chico de las mudanzas-Una risa nerviosa salió de sus labios y con disimulo se limpió el sudor de su frente con un pañuelo.

Sora simplemente miraba la escena con una sonrisa en su rostro, aquel joven muchacho era muy extraño, y eso le agradaba. Los chicos de las mudanzas casi siempre- por no decir siempre- se limitaban a hacer su trabajo, metían las cajas a empujones en sus camiones y luego te despedían con un seco ''Buenos días''. Pero este chico era diferente, se había parado con nerviosismo frente a la puerta y se había presentado del modo más cortés posible.

-Buenos días Kido-Le apeló por su apellido con una voz amable-Puede pasar a la derecha, allí donde hay tantas cajas. Son muchas, pero no se preocupe le ayudaré- Terminó de decir con una sonrisa pegada a los labios

El joven muchacho no sabía que decir, era extraño, pocas personas se ofrecerían voluntarias a llevar cargas tan pesadas subiendo y bajando escaleras. Media hora después las cajas ya estaban apiladas en la parte trasera del camión. Sora firmó unos papeles donde se hacía responsable de cualquier pérdida en caso de accidente. Joe se acomodó las gafas sobre su nariz y sonrió.

-Como me has ayudado, lo menos que puedo hacer es llevarte al aeropuerto, de todas formas me queda de camino y no gastas dinero de camino, así que sube y no acepto un no por respuesta- Le dijo a trompicones muy nervioso mientras la miraba por encima de sus gafas.

Sora asintió y se subió por la parte derecha del camión, en el asiento del copiloto. Le sonrió al muchacho mientras le entregaba una tarjeta con la dirección del cual sería su nuevo departamento y su teléfono fijo.

-Está bien, entonces mi compañía te llevará las cosas a tu casa el segundo día por la mañana. Sobre las 10:00 a.m¿Te parece?-Le preguntó acomodándose nuevamente las gafas sobre el puente de la nariz con una sonrisa amable.

-Sí, me parece bien-Murmuró dando por finalizada la conversación de la mudanza, bajó la ventanilla de su asiento y empezó a mirar la carretera, observando como dejaba atrás las rayas blancas. Rayas que al igual que su vida, dejaba atrás.

Hasta el aeropuerto mantenían diferentes conversaciones tribales, sobre el tiempo que haría allí, el tráfico, la comida, las personas, el día a día. Cosas en las que ella nunca se había parado a pensar ¿Y si ahora llovía en Manhattan? ¿Y si necesitaba un vehículo para desplazarse? ¿Y si no se encontraba bien en ese lugar? Nunca había pensado en eso, pero ahora ya los dados estaban tirados, no había marcha atrás.

-Alea iacta est * - Pensó para sus adentros con una pequeña sonrisa imaginando lo que se avecinaba, no se había percatado de que estaban a cinco minutos del aeropuerto, cuando observó a lo lejos los carteles luminosos, sólo se limitaba a asentir antela conversación de Joe. Aparcó en el parking de los camiones de carga y envío, rodeó el camión hasta la puerta del copiloto y le abrió la puerta ayudándola a bajar.

-Muchas gracias Joe, no sé como agradecértelo, espero volvernos a ver pronto, tienes mi teléfono así que llama por si quieres charlar algún día ¿vale?-Sonrió mientras el muchacho asentía con la cabeza y empezaba a conducir el camión hacia una rampa donde se colocaban los camiones de envío.

Entró por la puerta principal del aeropuerto. Para ser las nueve de la mañana había bastante claridad, eso se debía a las luces de focos blancos y a la gran bóveda del techo. Estaba nerviosa, quizás demasiado por lo que se sentó en uno de los sillones amarillos con su bolso de mano en su regazo y una maleta de viaje en sus piernas.

-Los pasajeros con el vuelo 320 destino Nueva York, diríjanse a la puerta 8 para embarcar. Puerta 8-La voz de una mujer de veinte y tantos sonó por los altavoces de aquel lugar, retumbando en los oídos de todos. La misma voz repetía de forma sistemática el mismo mensaje pero en diferentes idiomas.

Se apresuró cogiendo sus cosas entre sus manos y se puso torpemente en pie y en una rápida zancada avanzó medio metro, luego dio otra de medio metro así hasta casi completar el camino hacia la cinta de embarque. Fue a dar una zancada más pero sus piernas se unieron y el peso de su cuerpo cayó hacia delante. Fue un golpe duro que había logrado amortiguar con sus manos. Levantó un poco la vista encontrándose con una maleta de viaje de cuero negro y en sus esquinas adornada con triángulos de metal.

-Perdona, pero debería tener más cuidado al caminar, si va dando esas zancadas seguramente se llevará todo por delante- Dijo una voz masculina, fuerte grave y llena de frialdad y orgullo.

Intentó imaginarse como sería el dueño de aquella voz tan escasa de sentimientos. Seguramente un japonés alto, de piel pálida, ojos marrones o negros, de pelo corto castaño y de complexión normal. Dejó de pensar en cosas como esas cuando alguien la ayudó a levantarse. Una empleada, que había visto la caída, le había tendido una mano, mano que Sora aceptó gustosa.

Giró sobre sus puntillas para encarar al sujeto que le había hablado con tan poco sentimiento. Su sorpresa no fue otra que haberse equivocado de pies a cabeza, bueno, no tanto. Alto era, pero no tenía ojos negros, ni cabello corto castaño. La realidad era otra, aquella voz pertenecía a un muchacho que fácilmente medía tres cabezas por encima de ella. Su cabello era de un extraño rubio natural que caía hasta detrás de sus orejas totalmente liso. Finalmente, encontró en aquel rostro el rasgo más hermoso y excepcional. Azul, sus ojos eran de color azul, el mar parecía reflejarse en sus ojos.

Hipnotizada se acomodó su vestido mientras lo miraba y cogía su maleta –Lo siento-Masculló mientras se daba la vuelta dándole la espalda dirigiéndose al escáner.

Pasó la maleta por el escáner, mientras que un hombre se encargaba de registrarla de arriba abajo y una mujer le pasaba por su cuerpo un detector de metales. Al ver que la muchacha estaba ''limpia'' –como se suele decir- La dejaron pasar. Se acercó al mostrador donde una mujer introdujo el pasaje de Sora en una extraña máquina de la cual salió de nuevo el pasaje pero esta vez con el asiento que le tocaba B-14. Suspiró observando como su maleta de viaje caminaba en la cinta transportadora hasta desaparecer por el otro lado.

Una vez en el avión colocó su bolso de mano a un lado suyo, no quería ponerlo en el receptáculo que se encontraba encima de su cabeza. Suspiró y abrió la ventanilla, no había nada que ver salvo la pista de despegue, así que optó por volver a cerrarla, ya la levantaría en pleno vuelo. Cerró los ojos llevando su cabeza hacia atrás y esperó a que despegase.

-Señores pasajeros , Les habla el comandante Nakamura, . Procederemos a despegar en cinco minutos con destino a Estados Unidos, sin escalas. Volaremos a 10.000 pies de altura con una velocidad punta de 790 kilómetros por hora. Le deseamos un feliz vuelo-El mensaje del comandante se oía en todo el avión y luego empezó a repetirse en diferentes idiomas.

Sintió que alguien se acomodaba a su lado, no prestó atención, ni siquiera abrió los ojos, estaba sumida en su mundo. Sólo quería despegar y llegar. Siguió oyendo aquel mensaje en varios idiomas. Reconoció el inglés rápidamente, sabía hablarlo perfectamente desde muy pequeña debido a la procedencia anglosajona de su padre. También reconoció algo de español, idioma que estaba aprendiendo.

-Nos volvemos a encontrar- Una voz fría e inexpresiva sonó a su lado, se volteó lentamente para buscar esa voz, su sorpresa fue que el dueño de esa voz estaba a su lado, sentado en el B-15, su compañero de vuelo durante las 16 horas que le esperaba.- Me gustaba más el lado de la ventanilla…-Murmuró mientras cogía una revista de la parte trasera del asiento que tenía delante.

La muchacha iba a hablar, primero había sido un mal educado y ahora intentaba quitarle su asiento. Sus labios se entreabrieron para hablar. Entonces el muchacho se giró con la revista en mano mirándola con sus grandes ojos fijos. No pudo hablar, aquellos ojos eléctricos la habían atrapado , la habían atrapado y ahora la estaban hundiendo lentamente en un mar. El muchacho al no oír respuesta de Sora se encogió de hombros y la miró con resignación de abajo a arriba. El avión empezó a caminar por la pista de despegue hasta finalmente alzarse en vuelo.

A simple vista, parecía un vuelo simple entre nubes esponjosas y cielos clareados. Pero el escenario iba más allá. Para dos personas aquel vuelo les iba a cambiar la vida de forma radical.


Muchas gracias a los que han leído hasta el final!!! Como se habrán dado cuenta este capítulo se centró principalmente en Sora, pero en los siguientes capítulos cambiará! ya verán, habrán más parejas y nuevas sorpresas.

* Alea iacta est : Frase latina cuyo significado es La suerte está hechada.

Algunas aclaraciones.

Letra en Negrita: Diario.

Letra en cursiva: Pensamientos

Letra en cursiva y negritas: Megafonías

N/A: Notas de la autora.