Amante Despierto

Disclaimer: Los personajes y la historia no son míos, son de S. Meyer y L.R. Ward…respectivamente, es una adaptación de la saga: La hermandad de la Daga Negra

Summary: Adaptación: En las sombras de la noche en, Forks, se libra una guerra letal entre los vampiros y sus asesinos. Pero también existe una Hermandad secreta que no se puede comparar a ninguna otra que haya existido —seis guerreros vampiros, protegiendo a su raza. De todos ellos, Jasper es el miembro más atemorizante de la Hermandad de la Daga Negra.

CAPITULO 7

Alice tenía la vaga idea de encontrarse en un auto. Sin embargo ¿Cómo era eso posible? Debía estar alucinando.

No..., realmente sonaba como un auto, con el regular ronroneo del motor. Y se sentía como un auto, una sutil vibración que se veía interrumpida por una sacudida como si algo en el camino se hubiera metido debajo de las llantas.

Trato de abrir los ojos, se dio cuenta de que no podía, y lo intentó nuevamente. Como el esfuerzo la agotaba, se dio por vencida. Dios, estaba cansada... como si tuviera gripe. También le dolía todo, especialmente la cabeza y el estómago. Y tenía náuseas. Trató de recordar lo que había pasado, como se había liberado, si se había liberado. Pero todo lo que consiguió fue una imagen del Lesser que la amaba entrando por la puerta, cubierto de sangre negra. El resto era niebla.

Tanteando con la mano a su alrededor, encontró algo cubriendo sus hombros y tiró para acercarlo más. Cuero. Y olía a... para nada como la empalagosa dulzura de un Lesser. Era la esencia de un macho de su raza. Inspiró varias veces más por la nariz. Cuando captó el aroma del talco de bebé de los asesinos, se sintió confundida hasta que presionó la nariz contra el asiento. Si, en la tapicería. Este era el auto de un Lesser. Pero entonces ¿por qué había olor a macho vampiro en la prenda que traía puesta? Y había otra cosa, otro olor... un oscuro almizcle con un toque imperecedero.

Alice comenzó a temblar. Recordaba muy bien ese aroma, lo recordaba de la primera vez que había ido al complejo de entrenamiento de la Hermandad, lo recordaba de un tiempo después de eso, cuando había ido a su mansión.

Jasper. Jasper estaba en ese auto con ella.

El corazón le latió con fuerza. Luchó para abrir los ojos, pero ambos parpados se negaron a obedecerla o tal vez ya estuvieran abiertos y era sólo que estaba muy oscuro para que pudiera ver algo.

¿Fui rescatada? —preguntó—. ¿Viniste por mi, Jasper?

Pero ningún sonido salió de su boca, aunque movió los labios. Formó las palabras otra vez, forzando aire a través de su caja de resonancia. Emitió un áspero gemido, nada más.

¿Por que no funcionaban sus ojos?

Empezó a revolcarse hacia uno y otro lado y luego oyó el sonido más dulce que alguna vez hubiera llegado a sus oídos.

—Te tengo, Alice —la voz de Jasper. Baja. Llena de fuerza—. Estás a salvo. Fuera de allí. Y nunca volverás.

Había venido a buscarla. Había venido a buscarla...

Empezó a sollozar. Pareció que el auto disminuía la velocidad, pero entonces la dobló acelerando.

Su alivio fue tan grande, que se deslizó hacia la oscuridad.

Jasper abrió de una patada la puerta de su habitación, haciendo saltar el mecanismo de la cerradura limpiamente. El sonido fue fuerte, y Alice se removió en sus brazos, gimiendo. Se congeló cuando empezó a girar la cabeza de un lado a otro en la curvatura de su brazo.

Eso era bueno, pensó. Eso era muy bueno.

—Vamos, Alice , vuelve a mí. Despiértate —pero ella no recobró la conciencia.

Fue hacia el jergón y la acostó donde él dormía. Cuando miró hacia arriba, Edward y James estaban en la entrada, los dos enormes machos bloqueando la mayor parte de la luz que provenía del corredor.

—Necesita ir a donde Seth —dijo Edward—. Necesita tratamiento.

Seth puede hacer lo que tenga que hacer aquí. No saldrá de esta habitación.

J ignoró el largo silencio que siguió, totalmente hipnotizado observando como respiraba Alice. El pecho subía y bajaba a un ritmo regular, pero parecía demasiado superficial.

La mirada de James era una que el conocía bien.

—Jasper ...

—Olvídalo. La verá aquí. Y nadie va a tocarla sin mi permiso o sin que yo esté presente. —Cuando miró hacia arriba a sus hermanos, Edward y James parecían totalmente confundidos— Por el amor de Cristo, ¿quieren que lo diga en el Idioma Antiguo por si acaso ambos olvidaron como hablar español? No va a ninguna parte.

Con una maldición, Edward abrió su móvil y habló rápida y firmemente.

Cuando lo cerró, dijo:

—Fritz ya está en la ciudad, y va a recoger al doctor. Llegarán aquí en veinte minutos.

J asintió y miró los párpados de Alice. Deseó poder ser el que se hiciera cargo de lo que le hubieran hecho ellos. Deseaba que ella se sintiera aliviada ahora. Oh, Dios... como debió haber sufrido.

Se dio cuenta de que James se había acercado, y no le gustó que su hermano se arrodillara.

Los instintos de J eran hacer una barricada delante del cuerpo de Alice con el suyo propio, evitando que su mellizo, Edward, el doctor, o cualquier macho pudiera verla. No entendía ese impulso, no sabía el origen, pero era tan fuerte que casi se lanza al cuello de James.

Y entonces su mellizo estiró la mano como para tocarle el tobillo. Los labios de J se retiraron para desnudar los colmillos, saliéndole un gruñido de la garganta.

La cabeza de James se alzó rápidamente.

—¿Por qué estás actuando así?

Ella es mía, pensó J.

Pero en el instante que le llegó esa convicción, se apartó. ¿Que demonios estaba haciendo?

—Está herida —murmuró—. Sólo no te metas con ella, ¿okay?

Seth llegó quince minutos después. El alto y delgado médico llevaba un maletín de cuero en la mano y se veía preparado para realizar su trabajo. Pero cuando se adelantó, J se abalanzó hacia él, interceptando al macho y poniéndolo contra la pared. Los pálidos ojos de Seth se le salieron de las órbitas detrás de sus lentes de carey, y dejó caer su maletín al piso.

Edward maldijo.

—Jesús...

J ignoró las manos que trataban de apartarlo y clavó la mirada en el médico.

—La tratarás mejor de lo que harías con alguien de tu propia sangre. Si ella sufre una sola sacudida innecesaria, me cobraré en tu pellejo multiplicado por cien veces lo que haya sufrido.

El delgado cuerpo de Seth temblaba, la boca se movía sin emitir sonido.

James le dio un fuerte tirón sin lograr apartarlo.

—J, tómatelo con calma...

—Quédate fuera de esto —dijo bruscamente—. ¿Estamos de acuerdo doctor?

—Si... si, señor —cuando J lo soltó, Seth tosió y se arregló la corbata. Luego frunció el ceño—. ¿Señor...? Está sangrando. Su pierna...

—No te preocupes por mí. Preocúpate por ella. Ahora.

El macho asintió, manoseando el maletín, se acercó al jergón. Cuando se agachó sobre las rodillas al lado de Alice, J deseo que las luces se encendieran en la habitación.

La áspera inhalación de Seth fue lo más próximo a una maldición que un macho educado como él pudiera proferir. Murmuró en voz baja en el Idioma Antiguo:

—Hacerle esto a una hembra... Por la misericordia de Fade.

—Sácale los puntos —demandó J, asomándose por sobre el médico.

—Primero tengo que examinarla. Debo comprobar si tiene heridas más graves.

Seth abrió el maletín y saco un estetoscopio, un aparato para medir la presión y un lápiz linterna. Le controló el pulso y la respiración, miró dentro de los oídos y la nariz y le tomó la presión. Cuando le abrió la boca ella se encogió un poco, pero luego cuando le levantó la cabeza empezó a luchar en serio.

Justo cuando Jasper se abalanzaba hacia el médico, el pesado brazo de James se cerró sobre el pecho de J y lo tiró hacia atrás.

—No la está lastimando y lo sabes.

J luchó contra el agarre, odiando la sensación del cuerpo de James contra el suyo. Pero su mellizo no aflojó, sabía que era lo mejor. Estaba actuando impulsivamente, y derribar al doctor hubiera sido una jugada estúpida. Demonios, probablemente no debería estar armado en ese momento.

Obviamente James había seguido una línea de pensamiento similar en ese instante. Le sacó las dagas que J llevaba en el pecho y se las entregó a Edward. También le quitó las pistolas.

Seth miró hacia arriba y pareció aliviado de que las armas se hubieran ido.

—Yo... Ah, voy a darle una medicación suave para el dolor. La respiración y el pulso son lo suficientemente fuertes así que podrá soportarlo bien, y hará que el resto del examen y lo que sigue sea más fácil de tolerar para ella. ¿Okay?

No fue hasta que J asintió que el médico le administró un inyectable. Cuando la tensión en el cuerpo de Alice disminuyó, el doctor sacó un par de tijeras y se dirigió hacia la parte de abajo del ensangrentado camisón que la cubría.

Mientras levantaba el dobladillo, J sintió una rabia roja.

—¡Detente!

El Doctor se protegió la cabeza con los brazos esperando que lo golpeara, pero todo lo que J hizo fue enfrentar la mirada de James y luego la de Edward.

—Ninguno de ustedes dos va a verla desnuda. Cierren los ojos o dense la vuelta.

Ambos lo miraron por un momento. Luego Edward le dio la espada y James bajó los párpados, aunque mantuvo su agarre firme sobre el pecho de J.

Jasper miró duramente al Doctor.

—Si vas a quitarle la ropa, cúbrela con algo.

—¿Que debería usar?

—Una toalla del baño.

—Yo la traeré —dijo Edward. Después de entregársela, volvió a su lugar mirando hacia la puerta.

Seth extendió la toalla sobre el cuerpo de Alice y luego cortó el camisón por un lado. Miró hacia arriba antes de levantar nada.

—Necesito ver todo su cuerpo. Y voy a tener que tocarle el estómago.

—¿Para qué?

—Tengo que palpar los órganos internos para determinar si alguno está hinchado por haber recibido un traumatismo o a causa de una infección.

—Que sea rápido.

Seth apartó la toalla hacia un lado...

J flaqueó contra el fuerte cuerpo de su mellizo.

–Oh... nalla. –su voz se enronqueció—. Oh, dulce Jesús... nalla.

Llevaba algo tallado en la piel del estómago en lo que parecían ser como letras mayúsculas de tres pulgadas en español. Como era analfabeto, no podía saber lo que decía, pero tenía un horrible presentimiento...

—¿Que dice? —siseó.

Seth se aclaró la garganta.

—Es un nombre. Marco. Dice Marco.

Edward gruñó.

—¿Sobre su piel? Ese animal...

J interrumpió a su Rey.

—Voy a matar a ese Lesser. Lo juro por Dios, voy a masticar sus huesos.

Seth inspeccionó los cortes, suavemente, con mucho cuidado.

—Debes asegurarte que no la toque la sal cerca de los cortes. Sino las cicatrices quedarán con esta forma.

—No me digas. —Como si no tuviera experiencia en como las cicatrices se convertían en permanentes.

Seth la cubrió y fue hacia los pies, inspeccionándolos y luego volviéndose hacia las pantorrillas. Apartó el camisón mientras se dirigía hacia las rodillas. Luego movió una de las piernas hacia un lado, separando los muslos.

J se impulsó hacia adelante, arrastrando a James con él.

—¡¿Que mierda estás haciendo?

Seth retiró las manos rápidamente, sosteniéndolas sobre la cabeza.

—Necesito hacerle un examen interno. Ante la posibilidad de que hubiera sido... violada.

Con un rápido movimiento, Edward se paró enfrente de J y rodeó la cintura de J con los brazos. A través de los lentes de sol, la mirada del rey quemaba.

—Deja que lo haga, J. Es mejor para ella si lo hace.

Jasper no podía mirar. Dejó caer la cabeza contra el cuello de Ed, perdiéndose en el largo cabello negro del macho. Los firmes cuerpos de sus hermanos lo rodeaban, pero estaba demasiado horrorizado para sentir pánico ante el contacto. Cerró los ojos fuertemente y respiró profundamente, las esencias de James y Ed invadiendo su nariz.

Sintió un ruido como un susurro, como si el médico estuviera rebuscando en el maletín. Luego hubo dos chasquidos, como si el macho estuviera poniéndose guantes. Un rozar de metal contra metal. Unos siseos. Luego… silencio. No, no realmente. Pequeños sonidos. Luego un par de clicks.

J se recordó a si mismo que todos los Lessers eran impotentes. Pero sólo podía imaginarse como compensaban esa deficiencia.

Tembló por ella hasta de los dientes le castañearon.