Hola a todos de vuelta, aquí empezamos con los saltos en el tiempo, espero que les esté gustando la historia, este capítulo es largo y tal vez con exceso de lemmon, pero sirve para ver algo de Harry y Draco.


Resumen: Harry Potter es auror, y una tarde, en medio de una intervención, se encuentra nada más y nada menos con Draco Malfoy. Este encuentro desencadena una investigación mucho más personal de la que sus amigos (y ustedes) creen.

Advertencias: Lemmon (en exceso, sobre todo al inicio, pido disculpas por ello, pero Harry y Draco lo hacen felices de la vida); algo empalagoso en algunas partes, enredos y saltos en el tiempo al momento de narrar (ellos no harán saltos en el tiempo, yo, con mi "maravillosa" forma de narrar los haré saltar a ustedes)

Dedicado para Nai, con todo mi cariño y mi corazón, por tu cumpleaños (que fue en octubre). Espero que la historia te guste.


ACERCA DE JUEGOS Y VERDADES

CAPÍTULO 1: SÓLO JUEGOS:

Muchos meses antes…

Londres, agosto de 2007:

El sonido de la música era ensordecedor, las luces parpadeaban constantemente, agitándose al mismo ritmo que esa gran cantidad de cuerpos en la pista de baile, casi todos vestidos de blanco o colores muy claros, como si fueran ángeles bajados del cielo, dispuestos a disfrutar de todos los placeres carnales que la tierra ofrecía.

—Nada mejor que una buena salida con los amigos después de casi un mes, ¿eh? —le dijo su amigo Daniel a un lado, mientras Harry apuraba el whisky que le habían servido. Estaban en "Tellus", la discoteca más fina del mundo mágico y gay de ese entonces, una gran discoteca de tres pisos que se vanagloriaba de ofrecer lo mejor de cada país cada fin de semana, presentando música, bebidas y bailarines; es decir un lugar que te cobraba una gran cantidad de oro por la entrada y te obligaba a beber sólo determinados tipos de tragos y presionaba para vestir de colores determinados, esa semana habían tomado como tema: "El cielo en Inglaterra"; pero después de haber estado más de un mes alejado de la civilización debido a su trabajo como auror, aquello le daba igual, tenía ganas de emborracharse un poco, bailar y tal vez ligar con alguien.

—En realidad fueron cinco semanas —masculló Harry, dejando el vaso vacío sobre la barra, una nueva copa de whisky apareció y no dudó en tomarla —, y mis amigos ya se perdieron por allí —señaló con la cabeza hacia la pista de baile, donde Sean y William, dos amigos que había conocido saliendo de fiestas cuando estaba fuera de servicio, ya se habían conseguido con quien bailar.

—Cierto… eso me recuerda —murmuró Daniel, mirando hacia un chico de cabellos rojos y camiseta celeste ajustada, que lo miraba desde buen rato antes.

—Ve, yo estoy bien —asintió Harry, observando al chico y sonriendo un poco.

—¿Seguro?

—¡Claro! —aseguró con más entusiasmo, mientras empujaba un poco a Daniel, que terminó su copa y la dejó sobre la barra, antes de meterse en medio de la pista de baile y tomar al chico de las caderas.

Harry suspiró y miró el contenido de su copa, sabía que era algo demasiado fuerte como para tomar de manera desmedida, pero el tiempo que le había tomado la misión anterior lo había alejado de toda la diversión y quería recuperar el tiempo perdido. Tomó solo un sorbo de la bebida y se dedicó a estudiar el lugar, tal vez en el segundo nivel habría más chicos lindos con los cuales bailar…

Su mirada se detuvo de pronto en una esquina, donde vio a un chico: apoyado contra una columna y de manera desenfadada, con una camisa blanca media abierta que revelaba una camiseta debajo y con las mangas dobladas hasta los antebrazos, dejando ver unos brazos fuertes; los pantalones blancos se pegaban a las musculosas y torneadas piernas y el cabello rubio le caía sobre la frente y los hombros de una manera tan descuidada como sexy…

Terminó el contenido de su copa y decidió que había encontrado con quien bailar.

Caminó lentamente hasta el chico, esquivando a algunos otros, y no fue hasta que estuvo a un par de pasos de él que se dio cuenta de quién se trataba: Draco Malfoy, luciendo endemoniadamente sexy y atractivo, mucho más atractivo de lo que había imaginado alguna vez que Draco Malfoy pudiera lucir, su cabello rubio brillaba por el efecto de las luces, y se lo apartó con una mano, entonces fue que esos ojos grises y fríos se clavaron en él con un deje de burla.

Decidido a no hacer el papel de tonto, y seguramente influenciado por los cuatro whiskys que se había tomado antes, terminó de avanzar la distancia hasta él, mientras la mirada de burla cambiaba a una de curiosidad.

—¿Malfoy? —preguntó en voz alta, para hacerse oír sobre el sonido ensordecedor de la música.

—Potter —replicó el chico sin mucho interés.

—Vaya… no te había visto por aquí antes.

—Es un lugar enorme, las posibilidades de que nos encontráramos eran mínimas, sin embargo yo sí que te he visto por aquí antes, es imposible no hacerlo con todos los que te andan adorando y persiguiendo —comentó Draco, inclinando un poco el rostro hacia él para que lo escuchara, señaló con la cabeza hacia atrás y Harry, curioso, giró también, dos chicos de cabellos castaños y cortos lo miraban con aquella adoración que tanto detestaba.

—Oh…

—¿Por qué no vas a atender a tu club de fans y te pierdes? —preguntó entonces Draco, usando el mismo tono despectivo de siempre —, estás arruinando mi vista.

Harry abrió la boca y luego la cerró, no estaba acostumbrado a ser rechazado en medio de las discotecas, no que tuviera un ego muy alto, sin embargo aquella reacción lo tomó por sorpresa, aunque luego se tuvo que recordar que se trataba de Malfoy, obviamente él siempre lo trataría así.

Draco puso los ojos en blanco, como si creyera imposible hacerlo entender algo tan simple, y antes de que Harry encontrara algo ingenioso que decir, lo vio alejándose hacia el otro lado del lugar, caminando de una manera demasiado sexy.

Esa noche bailó con aquellos dos chicos, y con muchos más, y estuvo coqueteando descaradamente con otro chico de cabellos rubios vestido de blanco, pero por más que lo intentó, no logró sacarse la cabeza la idea de Draco, vestido de blanco, caminando coquetamente y alejándose de él.

°.°

El tema del siguiente fin de semana fue "Desde Rusia con amor", y podía ver en lo alto, en las pantallas en movimiento, imágenes de chicos altos y fornidos, pálidos, algunos rubios y otros morenos, agitándose de manera descarada y sólo en ropa interior, mientras la pista de baile se llenaba de chicos que danzaban al ritmo de música electrónica en un idioma extranjero.

El vodka no era algo que supiera tomar, cuando había estado en la escuela había probado muchas bebidas y algo que lo tumbaba casi inmediatamente era el vodka, sin embargo pensó que, a sus veintiséis años y con su cultura alcohólica, aquello estaría superado, pero se había equivocado.

—Tal vez no debiste haber bebido ese quinto vaso —le dijo Blaise Zabini, que esa noche había accedido a ir con él, pese a que a él lo que más le iban eran las mujeres, lo cual, Draco siempre pensó, era una pena. Pese al mareo que tenía, podía distinguir una burla en sus labios y le disgustó que lo viera en ese estado.

—Vete a la mierda —jadeo sin demasiado veneno en la voz, mientras se alejaba hacia uno de los baños, seguro de que un poco de agua haría que el piso volviera a estar estable.

—Te acompaño —dijo Blaise, notando sus intenciones.

—No, ya te dije que te fueras a la mierda, ¡Déjame solo! —gritó un poco más alto, si había algo que detestaba era que lo quisieran atender como si fuera un enfermo.

—Vaya carácter, no cuestionaremos las razones por las que andas solo —replicó Blaise, parecía algo herido, aunque Draco sabía que pronto se le pasaría.

Esquivó los cuerpos calientes y en movimiento de la pista de baile y llegó hasta la puerta oscura, empujó con fuerza y trastabilló hasta el primer lavabo, haciendo caso omiso a los gemidos que se escuchaban al fondo, sacó la varita y pensó en practicarse un hechizo de sobriedad, aquello no funcionaba si estabas muy ebrio, lo cual siempre le pareció una estupidez, pero ya antes lo había hecho y al menos se le quitaría en algo la borrachera. Agitó la varita en torno a él y suspiró, mientras sentía como la habitación dejaba de dar vueltas, se inclinó hacia el grifo y se echó un poco de agua en el rostro, en cuanto levantó la vista lo vio, detrás de él, mirándolo a través del espejo; se giró con lentitud, midiendo sus pasos para no demostrar su debilidad.

—Potter —dijo, y esperó no estar arrastrando mucho las palabras.

—Malfoy —Harry lo observó con lentitud, la camiseta y los pantalones ahora eran de color negros y bastante apretados, dejando ver un cuerpo mucho más caliente que la vestimenta blanca.

Draco hizo una mueca de descontento y trató de avanzar un par de pasos, no se le hacía nada gracioso encontrarse con Potter en medio de un baño, en una discoteca gay, rodeado de gemidos y medio borracho.

Harry tomó la muñeca de Draco y lo detuvo, observándolo con atención.

—¿Necesitas ayuda? —preguntó, notando su inestabilidad.

—Vamos, Potter, ¿ni en una discoteca puedes dejar de hacerte el héroe?

Harry le dio una mirada dura y dolida, antes de soltarlo.

—Idiota.

—Ya, ya —se mofó Draco —, me sé todos los insultos de tu escaso repertorio —trató de avanzar nuevamente, pero el hechizo practicado al parecer no había surgido todo el efecto deseado, pues sintió la habitación girar violentamente y no tuvo más remedio que sujetarse de Potter para evitar caer.

—Entonces, ¿si necesitas ayuda? —se burló Harry, mientras lo tomaba de la cintura para estabilizarlo.

—Mas quisieras —dijo Draco, tratando de apartarse de él, pero Harry no lo soltó, sólo lo miró con detenimiento; aún bajo las gafas y en medio de aquella borrachera, Draco pudo ver lo brillantes que eran sus ojos.

—Te haré un hechizo de desintoxicación —informó Harry, sin dejar de mirarlo y soltándolo de un lado para sacar la varita.

—Ya hice uno y… —Draco inclinó el rostro hacia un lado, molesto por haber dicho aquello —, no que necesitara uno, pero…

—Como sea —interrumpió Harry, antes de agitar la varita y susurrar un par de palabras.

Draco se quedó quieto, sintiendo como su cuerpo se iba limpiando un poco, sabía que ese hechizo no conseguiría dejarlo completamente sobrio aunque lo practicara sobre él otro mago con menos alcohol en el organismo, pero el dejar de ver la habitación dando vueltas era un gran alivio.

Molesto consigo mismo, se apartó un par de pasos de Potter, que permanecía con la varita en alto y mirándolo con atención.

—Un "gracias" estaría bien —le dijo Harry, arqueando las cejas.

Draco entrecerró los ojos y negó con la cabeza.

—Yo no he pedido que lo hagas, has sido tú solito quien lo quiso hacer, una buena acción que nadie te pidió.

Y dicho eso caminó hacia la salida y sin voltear ni una sola vez a mirarlo.

Harry permaneció en el baño un momento más, algo molesto por la reacción de Draco y recordándose una vez más que se trataba justamente de él, de Draco Malfoy y que haber esperado una reacción diferente había sido una estupidez.

°.°

El trabajo lo había mantenido esta vez solo un par de semanas fuera, y no que estuviera ansioso por ver a Malfoy nuevamente, pero sin pensarlo mucho, y sin su grupo habitual de fiesta, se encaminó hasta Tellus.

Esta vez la música era brasilera, el lugar estaba lleno de banderas de Brasil y toda la decoración iba acorde con el verde de la bandera. Se acercó a la barra y pidió un trago, le sirvieron un vaso pequeño con un líquido transparente, dos rodajas de limón y hielo.

—¿Y esto qué es? —preguntó mientras dejaba un par de monedas en la barra.

—Cachaza —respondió el barman, sonriéndole ampliamente —, típico de Brasil, ya sabes…

—Oh… Gracias —Harry levantó el vaso y le dio un sorbo, el sabor era fuerte y le hizo arder la garganta.

—Tranquilo, es fuerte —le dijo la voz de un chico a sus espaldas, lentamente Harry volteó para ver a Malfoy, con una copa similar a la suya en una mano, está vez vestía de verde y negro y le hizo recordar a la escuela.

—Ya… mira quién lo dice —respondió rápidamente, antes de darle otro trago a su copa.

—Bueno, sólo quería advertirte —asintió Draco, antes de alejarse hacia las escaleras que llevaban hacia el segundo nivel.

Harry, mientras lo observaba marcharse tuvo en claro dos cosas, primero: Draco Malfoy era un descarado caminando de esa manera tan coqueta y sexy, demostrando sus atributos, hasta hace poco desconocidos para Harry; y segundo: esa bebida estaba realmente fuerte.

Miró hacia las escaleras del segundo piso, iluminadas de verde y amarillo, y no se resistió, bebió lo que le quedaba en su vaso de un solo trago y se enrumbó hasta el segundo piso.

°.°

Draco caminó con lentitud, aún sosteniendo su copa con una mano, metiéndose en medio de la pista de baile, agitándose al ritmo acelerado de aquella música, tratando de no pensar en lo que había hecho poco antes, después de todo se había extrañado de no ver a Potter los últimos dos fines de semana, sobre todo porque antes, dos veces, se le había acercado y sabía que lo había estado observando.

Giró un poco y sonrió con autosuficiencia, pues ubicó a Potter, moviéndose lentamente junto a un chico de cabellos castaños. No era un tonto como para no darse cuenta que lo estaba siguiendo y eso, de alguna manera extraña y retorcida, lo hizo sentir mejor.

°.°

Pronto Malfoy se le perdió de vista, el chico de cabello castaño, que había bebido un par de Cachazas de más, estaba cada vez más insinuante y él debía reconocer que no le vendría nada mal una noche más entretenida que la que había tenido en las últimas semanas, así que decidió relegar el tema de Malfoy a un lado y jalar a su acompañante hasta uno de los baños.

No fue sino hasta casi al entrar al baño, que ubicó a Malfoy, pegando a una pared a un chico de cabello oscuro y besándolo con descaro, y algo se agitó en su interior, sabía muy bien de lo que se trataba: deseo no consumado, desde aquella noche, varias semanas atrás, cuando había visto a Malfoy vestido de blanco, había sentido deseo, deseo que parecía imposible de realizar.

—Hey... —jadeó el chico sobre su oreja, y Harry retomó la atención hacia su acompañante, que lo jalaba hacia la puerta del baño. Harry solo sonrió y siguió caminando con él.

Draco frunció el ceño y, pese a que había deseado, hasta solo unos segundos antes, seguir el mismo camino que Potter, se le hacía imposible entrar a ese baño, donde Potter seguramente estaría retozando con su acompañante de turno. No quiso cuestionarse las razones de aquel sentimiento y pasó a resolver el problema de la manera que le pareció más lógica:

—Tengo un depa… —murmuró sobre la oreja de su compañero —¿Te apetece?

—¿Tu departamento? —jadeó el chico, frotando su mejilla contra él.

—Sí, pero solo un rato, ¿de acuerdo?

El chico se apartó un poco y lo miró con sus ojos oscuros, antes de asentir y tomar su mano, para ser guiado.

°.°

Lo mismo sucedió durante las tres semanas siguientes, Harry agradecía no tener tanto trabajo ni misiones como para apartarse de Londres, y poder ir sábado tras sábado a la misma discoteca, pese a que sus amigos le proponían ir a otros lados, él no podía dejar de ir, miraba a Malfoy, vestido de diferentes colores, de acuerdo a la decoración de la semana, y sabía que Malfoy también lo observaba, pero parecía que ninguno estaba dispuesto a claudicar.

—No te entiendo —masculló Blaise, de pie junto a Draco, ambos estaban cerca de la barra del tercer nivel, la música resonaba con fuerza y Draco se alegraba de que esa semana hubieran decidido por Alemania, la cerveza era algo que le iba bastante bien.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Draco, poco interesado realmente, mientras observaba el lugar, sabía que Potter llegaría alrededor de las once, siempre lo hacía.

—Ya me aburrí de que cada vez que te quiera seguir, tenemos que ir siempre al mismo sitio, hay otros lugares que se están poniendo de moda, ¿sabes?

—Imagino que sí, además yo no te obligo a venir aquí, eres tú el que insistió en seguirme hoy, y no han sido tantas veces.

—Qué raro que estás —farfulló Blaise, dándole un trago más a su vaso de cerveza rubia, hechizado para mantenerse helado hasta que el contenido se acabara.

—Ya… como sea, me iré por allá a bailar —dijo Draco, terminando el contenido de su copa y observando por fin a Potter, al otro lado de la pista de baile, vestía una camisa verde botella y unos pantalones oscuros y ajustados, definitivamente nada que ver con la decoración, pero se le veía genial.

—Yo me iré a casa —le atajó Blaise, Draco sonrió con suficiencia.

—Bien que sé que te vas a otro lado…

—Tal vez, es lo que hay, qué te puedo decir, aquí no hay ni una sola mujer —suspiró Blaise dramáticamente.

Draco soltó una carcajada y asintió.

—Nos vemos entonces.

—Sí —asintió Blaise, antes de darse la vuelta para salir. Draco sonrió y volvió a mirar a Potter, antes de acercarse hacia el centro de la pista.

°.°

Harry daba pequeños sorbos a su cerveza, mirando disimuladamente alrededor, tratando de encontrar a Malfoy entre toda esa multitud, había llegado un poco antes y ya iba por su tercera cerveza, había bebido la primera en el primer piso, sin suerte, y lo mismo se había repetido en el segundo piso, cuando llegó al tercero empezó a creer que tal vez Malfoy no aparecería ya, después de todo no había razón aparente para hacerlo, y su estómago dio una vuelta completa cuando lo vio por fin, al centro de la pista, vestido enteramente de negro, con la ropa apretada y dejando ver un culo que le parecía apetitoso, unas espaldas fuertes y unas piernas torneadas.

Apuró su cerveza y levantó el vaso vacío, que inmediatamente desapareció, debido a los hechizos del lugar. Librado de eso, comenzó a moverse lentamente, agitándose al ritmo de la música electrónica y contoneándose, rodeando poco a poco a Malfoy, su intención no era simplemente plantarse delante de él, no quería parecer así de desesperado, aunque ciertamente lo estaba.

Draco no perdía ni un solo movimiento de Potter, había varios chicos que se le habían acercado, mientras continuaba en medio de la pista, pero los había apartado, esperando por el acercamiento de Potter. No podía decir a ciencia cierta qué era lo que estaba haciendo o buscando, hace varias semanas, cuando Potter se le había acercado por primera vez, ni siquiera había imaginado algo como eso, pero ahora, después de tantas miradas, de tantos seguimientos, no podía seguir obviando su deseo, y sabía que esa sería la noche en que por fin viera cumplida aquella absurda fantasía. Tenía la teoría de que si es que sucedía, pronto podría pasar a otra cosa y dejar de pensar cada sábado en volver al mismo sitio para verlo y dejarse ver.

Harry llegó hasta Draco y se puso detrás de él, sus manos luchando por ir hacia las caderas del chico y atraerlo hacia él, pero se contuvo, intentando no hacer más que moverse hasta que fuera el mismo Malfoy el que se girara y diera el primer paso.

Y Draco no soportó más la tensión de tenerlo y sentirlo cerca, y finalmente se giró con lentitud, encarnando una ceja y queriendo parecer sorprendido por su presencia.

Harry arqueó las cejas un poco y se acercó más a él, no se tocaban, pero sus cuerpos estaban tan juntos que ambos podían sentir el calor del otro.

Sin palabras, sin argumentos y sin burlas, fue así como inició, con sus cuerpos moviéndose al compás de la música, dejándose llevar, amoldándose el uno al otro, sin dejar de mirarse a los ojos, tal vez de manera algo retadora.

Harry dio el primer paso, luego de un largo momento, luego de comprender que no podía dejar ir la idea de tocarlo, de sentirlo. Puso una mano lentamente en la cadera de Draco, jalándolo un poco hacia él, y no recibió ningún rechazo, como había esperado, sino todo lo contrario, la mano de Draco fue a parar a su hombro, terminando de acercarlos completamente, sintiéndose el uno al otro.

Draco cerró los ojos un instante, mientras inclinaba un poco el rostro y sentía la respiración agitada de Potter en su cuello, y un estremecimiento le recorrió el cuerpo. Se llamaba deseo, puro y ansioso deseo esperando ser satisfecho, esperando por ser realizado al fin, luego de tantas semanas de mirarse y rondarse el uno al otro.

Harry aspiró profundamente, sintiendo el aroma que emanaba Draco y suspiró satisfecho antes de inclinarse un poco más y dejar un par de besos en el cuello, sintió más que escuchó el pequeño gemido que surgió por ello y continuó, repartiendo pequeños besos, mientras sus cuerpos se dejaban de mover al ritmo de la música y se frotaban, sin poder esconder más tiempo su ansiedad.

Draco recorrió con ambas manos la espalda de Potter, apretándolo y sintiendo los músculos de su espalda marcándose, continuó con los brazos, fuertes y duros, y se detuvo allí, sujetándose de sus brazos y arqueándose un poco más contra él, gimiendo mucho más alto aún.

Entonces Harry se apartó un poco, lo suficiente para ver su rostro, y se inclinó a besarlo, tratando de demostrarle de esa manera cuánto lo ansiaba y deseaba, y el deseo era recíproco, por la forma en que Draco estaba mordiendo sus labios y empujando su lengua dentro de él.

Ni siquiera preguntó, no estaba dispuesto a recibir una negativa, así que tomó su mano y lo jaló por entre los demás danzantes, empujando a uno que otro en su prisa por llegar a un lugar más privado. Draco se dejó jalar, caminando a la misma velocidad que él, sintiendo su miembro apretado en la ropa ajustada.

Harry empujó la puerta del baño y lanzó a Draco dentro, luego lo pegó a la primera pared disponible que encontró, y sin intercambiar ninguna mirada o palabra, comenzó nuevamente a besar y morderle el cuello, mientras sus manos subían un poco la camiseta ajustada, lo suficiente para poder sentir esa caliente piel.

—Potter… —jadeó Draco, bajando con sus manos hasta las nalgas de Harry y apretándolas un poco, tratando de pegarlo más aún a su cuerpo, para que sus erecciones se frotaran más fuerte.

—Merlín, Malfoy, eres tan sexy —murmuró Harry antes de dejarse caer de rodillas sobre el piso del baño y abrir a prisa los pantalones y dejar ver primero los bóxers de color oscuro. No demoró demasiado en apreciarlos, los bajó a prisa, lo suficiente para liberar el miembro erecto y rosado de Malfoy. Jadeó de ansiedad y lo acarició un par de veces, antes de levantar los ojos hacia Draco, que lo miraba fijamente, con los ojos oscurecidos por el deseo; y sin dejar de mirarlo, lentamente pasó la lengua por toda la longitud, saboreando su sabor.

—Oh… Morgana, sí, sigue —pidió Draco con voz ahogada, mientras se sentía hipnotizado por esa mirada verde y brillosa. Y cuando Harry abrió finalmente la boca y se tragó toda su extensión, no pudo evitar cerrar los ojos y tirar la cabeza hacia atrás, dándose con la dura pared y soltando un gemido de satisfacción.

Harry apretó los labios en torno al glande, lamiendo, subiendo y bajando con lentitud al inicio, metiendo de manera desesperada la mano dentro de los bóxers apretados y acunando los testículos, los sentía endurecerse y tensarse conforme Draco empujaba con más fuerza las caderas contra su boca. Usó su otra mano para acariciar la parte que su boca no podía tomar, tratando de relajar su garganta para darle más y más espacio, sintiendo el sabor del líquido preseminal. Levantó la vista nuevamente, y vio el perfil de Draco, con el rostro inclinado hacia un lado, respirando agitadamente, su cabello estaba siendo tironeado y aquello solo lo hacía sentir mucho más placer.

—Potter… Merlín, Potter… no, no te detengas —jadeó Draco, jalando con más fuerza los cabellos de Harry, con su otra mano bajó hasta la mejilla y la acunó, apretándola un poco, sintiendo como Harry hundía sus mejillas para darle más estrechez y placer.

Entonces Harry decidió que no bastaría con eso, que quería más, y en el momento en que Draco gemía más fuerte aún, apretó la base del miembro, apartando su boca con rapidez.

—Potter… —lloriqueó Draco, empujando sus caderas nuevamente hacia la boca de Potter, pero este lo ignoró, levantando su camiseta un poco y dejando un par de rudos besos en su abdomen, antes de ponerse en pie.

—Harry —corrigió —. No me gusta que me digan Potter —masculló, pegándose a él, Draco frotó su miembro, aún sujeto por la mano de Potter, contra la áspera tela de su pantalón, y jadeó.

—Harry… —murmuró al fin, hundiendo su cabeza en el cuello de Potter.

—Quiero follarte —dijo entonces Harry, apretando un poco más el miembro de Draco, y lo sintió jadear nuevamente.

—Oh… De acuerdo —asintió Draco, intentando girarse, no le importaba que Potter lo follara, es más, lo haría con gusto, se sentía demasiado ansioso como para ponerse remilgado, más aún rodeado de los gemidos de otros en ese lugar.

—No, aquí no —detuvo Harry el movimiento de Draco.

—¿Qué? —preguntó Draco, mirándolo con disgusto.

—No creo que... que un baño sea el lugar para… —Harry se inclinó y comenzó a besarle el cuello, intentando no mover la mano que sujetaba el miembro de Draco o frotar su necesitada erección contra él —he deseado ese culito tuyo por semanas, no quiero hacerlo aquí —confesó, y no lo encaró hasta que lo sintió asentir lentamente.

—Vamos —dijo Draco, apartando a Potter un poco, este sonrió en respuesta.

—Genial —masculló Harry, soltando lentamente a Draco y tratando de acomodarle la ropa, pero las manos de Draco lo apartaron bruscamente.

—Yo puedo solo —negó Draco, tomando bocanadas de aire, para calmarse y poder subirse la ropa.

—¿Podemos ir a tu casa? —preguntó Harry, mirando hacia la cara de Draco, y tratando de apartar la mirada de esa erección o la forma como Draco se subía los pantalones.

—Pero sólo un rato —advirtió Draco, tal como tenía costumbre con los pocos tipos que había llevado allí, por lo general evitaba llevarlos a ese lugar, pero la mansión estaba fuera de discusión, y no pensaba empezar a buscar un hotel a esas horas de la noche.

—Tengo que irme rápido de todas formas —contestó Harry, tomándolo de la muñeca —, tengo que trabajar.

—Ah… —Draco intentó no mostrarse descorazonado por ello, por lo general los chicos pedían quedarse más tiempo, ninguno estaba con prisas de marcharse.

—Entonces… Vamos —apuró Harry, apretando un poco más su muñeca.

Draco asintió y se soltó de la mano de Harry, para luego tomarlo de la muñeca y jalarlo, salieron del baño, ambos sonrojados y más que ansiosos.

Por ley del Ministerio, nadie podía aparecerse o desaparecerse desde el interior de las discotecas por seguridad, así que esos establecimientos generalmente tenían un lugar apartado cerca de la salida para que los clientes lo pudieran hacer, así como una red de chimeneas que también servían, sobre todo para los que habían bebido de más.

—¿Chimenea? —preguntó Harry, apretando un poco más su mano con la de Draco.

—No, aparición —respondió Draco, jalando a Harry para pegarlo a su cuerpo y abrazarlo, mientras se concentraba en el apartamento al cual quería llegar.

°.°

Harry no se fijó en dónde estaban, ni siquiera se cuestionó si es que Draco los había llevado hacia la Mansión, o a la China, no le interesaba en absoluto, en cuanto sus pies tocaron el piso y se sintió completamente estable, se pegó nuevamente a él, empujándolo con prisas mientras comenzaba a besarlo con desesperación.

—Pott… Harry —jadeó Draco, dando contra el respaldo del viejo sofá, fueron los brazos de Harry los que le evitaron la caída y antes de mediar palabra alguna, lo volteó con fuerza, su abdomen golpeó contra el respaldo y usó las manos para estabilizarse, alzando un poco más las caderas y sintiendo las manos de Potter peleando por deshacerse de los botones y el cierre de su pantalón.

—No tienes idea de lo que he deseado… —Harry jadeó en cuanto pudo meter la mano dentro de los pantalones de Draco nuevamente, sintiendo su dura y húmeda erección, se regocijó con la forma en que Draco se arqueó y gimió y se inclinó hacia delante, peleando con el cabello de Draco y empezando a mordisquearle el cuello con algo de fuerza.

—Mierda… Harry, eso es… ¡Oh, diablos! —se retorció Draco, luchando entre las sensación de dolor y de placer.

—Lo siento —gimió Harry, acariciando con la lengua la parte que anteriormente había mordido, recriminándose el ser tan brusco. Sintió a Draco estremecerse mientras apretaba con más fuerza su miembro.

—No… no dejes de hacer eso —pidió Draco, pegando mucho más su cuello a la boca de Harry, deseoso de sentir nuevamente esos dientes clavándose en su piel.

—Draco —gruñó Harry, empezando a mover su mano con lentitud, mientras volvía a morder en el cuello a Draco, que lo recompensó con una serie de gemidos y gruñidos que le parecieron deliciosos.

Draco levantaba las caderas y se frotaba furiosamente contra la erección, aún cubierta por los pantalones de Harry, mientras se mordía los labios para evitar gritar más fuerte, tratando de controlar su propio deseo de agitarse más rápido contra la mano de Harry, que masajeaba lentamente su erección.

—Necesito follarte —gimió Harry, pegándose más a su cuerpo y frotando su erección contra el culo de Draco antes de apartarse un poco, lo suficiente para abrirse sus pantalones y dejar a Draco hacer lo mismo.

—Sí… ahora mismo —respondió Draco, girando un poco y dejando caer sus pantalones con un meneo de caderas, observó a Harry entrecerrar los ojos, antes de quitarse la camiseta, que se llevó los lentes con ella. Pudo ver sus ojos verdes, pese a la oscuridad del lugar, brillosos y eso sólo lo atrajo más.

Harry se quitó los pantalones y los zapatos lo más rápido que pudo, antes de quitarle la camiseta y la ropa interior a Draco, observando su cuerpo pálido y perfecto, algo en él gruñó de satisfacción, antes de pegarlo contra él y besarlo nuevamente. Sus erecciones encontrándose y frotándose los hizo gemir entre sus labios, y las manos de ambos aprovecharon para recorrer toda la piel a su disposición.

Draco sintió cómo era empujado por el cuerpo de Potter y cómo este caminaba a ciegas tratando de guiarlo, y no fue hasta que dio de culo en el piso que se dio cuenta que le habían dado la vuelta a todo el enorme y viejo sofá.

—Harry… —gimoteó cuando Potter se arrodilló entre sus piernas y sopló sobre su erección, antes de engullirla por completo. Sin contemplación sujetó los cabellos de Harry y lo jaloneó, mientras sus caderas se elevaban para darle el encuentro a esa caliente boca.

Harry continuó chupando e incluso mordisqueando la erección, disfrutando del placer que podía provocar en Draco, mientras sentía sus cabellos ser tironeados con fuerza, y no se detuvo ni siquiera cuando Draco le advirtió que lo hiciera, y cuando Draco se vino, se quedó allí, tragando todo lo que pudo, saboreando y lamiendo, hasta que sintió a Draco completamente relajado bajo su cuerpo.

—Mierda, Potter —medio rió Draco, soltando el cabello de Harry y dejándose caer de espaldas sobre la alfombra.

—Pensé que habíamos quedado en que me llamarías Harry —resondró Harry, dándole una no muy fuerte palmada en la pierna, sintió la piel de Draco estremecerse por ello.

—Hey —protestó Draco sin mucha fuerza —¿acaso te va el sado?

—No, no tanto como eso —negó Harry, riendo un poco y subiendo lentamente, encargándose de que su erección se frotara contra la pierna y la cadera de Draco, hasta llegar a sus labios y darle un beso largo y profundo, acariciando con sus manos los costados de su cuerpo.

—Mmm… sí, Harry —dijo entonces Draco, en cuanto los labios de Harry se desviaron a su mandíbula, y comenzaron a bajar a su cuello, y se arqueó cuando Harry descubrió otro punto más de placer en él, mordisqueándolo y marcándolo.

—Voltea —ordenó Harry con voz ronca, apartándose un poco de él, y Draco no necesitó que se lo repitiera, pese a lo relajado que se había sentido un poco antes, ahora su cuerpo reaccionaba nuevamente a las atenciones de Harry. Se apoyó en sus rodillas y sus manos las puso sobre el sofá, dejando caer la cabeza entre ellas.

Harry observó la pálida espalda y la curva de la cadera y no pudo evitar pasar su lengua por toda la columna, terminando en la elevación de las nalgas, donde comenzó a dar pequeños besos, que luego se convirtieron en mordidas, tratando de medirse un poco.

—Sí, eso… puedes… —Draco descubrió que se había convertido una gelatina jadeante incapaz de hilvanar alguna frase coherente.

—¿Te gusta así? —preguntó, luego de morder un poco más fuerte, la respuesta de Draco fue elevar un poco más las caderas, acompañando el gesto con un sonoro gemido.

—Sí… sigue —respondió finalmente Draco, su voz sonaba agitada y se removió un poco más, sintiendo esos dientes clavándose en una de sus nalgas, seguramente que dejándole marcas.

Harry entonces invocó a su varita, que voló luego de librarse del bolsillo de los pantalones, tirados al otro lado del sofá, y susurró un hechizo lubricante, sus dedos acariciaron la fruncida y pequeña entrada y su erección dio otro tirón más, anticipando el placer que pronto llegaría.

—Sólo hazlo —ordenó Draco, abriendo un poco más las piernas y quebrando más la espalda, consciente del espectáculo que estaría siendo para Potter, gimoteó más fuerte cuando sintió el ardor de esos dos dedos metiéndose en su interior, entrando y saliendo con rapidez.

—Voy —avisó Harry, apartando sus dedos y lubricando su miembro también, antes de dejar la varita a un lado y tomar las caderas de Draco con firmeza.

Entró en él de un solo empujón, estaba demasiado ansioso para resistirse, y lo abrazó por los hombros, pegando su pecho a la espalda caliente y sudorosa de Draco, mientras respiraba agitadamente, tratando de consolarlo y de controlarse, pues el interior de Draco se sentía tan caliente y estrecho que casi estaba seguro que terminaría con moverse un poco.

—¿Todo bien? —preguntó pese a todo, susurrando sobre la oreja de Draco, que giró un poco el rostro, lo suficiente para alcanzar sus labios y darle un beso descuidado.

—Hazlo rápido y duro —mandó Draco en cuanto se apartó de sus labios.

—Oh, sí —rugió Harry con satisfacción por aquella orden, apartándose un poco y saliendo casi por completo de él para luego volver a empujar, con tanta fuerza como la primera vez, la espalda de Draco se arqueó y éste gimió nuevamente, dejando caer sus brazos un poco y acomodando su cabeza sobre ellos.

Draco se agitaba sin control, tratando de que Harry llegara más profundo cada vez, aprobando las mordidas en sus hombros y su espalda, controlándose por no llevar una mano a su erección, porque sabía que estaba al límite y que cualquier estimulo adicional lo haría correrse nuevamente y Potter se sentía tan endemoniadamente bien como para querer terminar tan pronto.

Harry se apartó un poco más de Draco, sujetándolo con más fuerza de las caderas y empujándolo una y otra vez, viendo el cuerpo de Draco agitarse y moverse de atrás para adelante y cuando estaba cerca del final, se detuvo, apretando la piel bajo sus dedos y cerrando los ojos un instante, antes de salir completamente de él.

—¡Potter! —reclamó Draco, pero no tuvo tiempo de hacer más protestas, pues esas manos lo voltearon sin contemplación y lo dejaron caer sobre la alfombra, su piel en la espalda ardía, y antes de objetar que hacerlo sobre una alfombra áspera era mala idea, Harry ya le había separado las piernas y se volvía a introducir en él.

—Tócate —resopló Harry con voz grave, mirando la polla roja e hinchada de Malfoy, y éste lo obedeció inmediatamente, sin dejar de mirarlo a los ojos mientras Potter se clavaba con más fuerza cada vez, empujándolo sobre la alfombra y sujetándole las piernas en alto, su mano se movía con fuerza y rapidez, y no tardó casi nada en sentir una corriente de placer desde su abdomen y sus huevos recorrerle el cuerpo entero, mientras gritaba con más fuerza y se corría, sentía los chorros de esperma caliente sobre su pecho cuando Potter finalmente se detuvo, con un gemido ahogado, apretándole las piernas, antes de desplomarse sobre él.

Harry cerró los ojos un instante, saboreando el placer del orgasmo y cómo éste relajaba su cuerpo, hasta que por fin se sintió con fuerzas de levantarse, dejó un par de besos en el cuello de Draco y se apartó un poco de ese cuerpo jadeante, arrodillándose lentamente.

—Debo… debo irme —dijo, al fin encontrando su voz y apartando la mirada del cuerpo sudado y manchado de Draco.

—Ajá…

—¿Estás…? Es decir, tú…

—Genial —afirmó Draco, aunque empezaba a sentir los estragos de aquel encuentro: su espalda le ardía un poco y estaba seguro que tendría más marcas de las que podría explicar, pero no podía negar que le ponía que alguien se pusiera salvaje con él.

—Debo irme —repitió entonces Harry, poniéndose de pie al fin.

Aún con la escasa luz que daban los autos al pasar por la estrecha calle, Draco pudo admirar el cuerpo desnudo de Potter, aquel que no había podido apreciar o siquiera tocar tanto como hubiera querido. Con lentitud se movió un poco y sintió el dolor en su culo también, otra de las consecuencias por ponerse en plan salvaje, intentó no hacer ninguna mueca mientras se apoyaba sobre el sofá y se sentaba, recogiendo sus piernas un poco y quiso convencerse de que no se trataba de decepción lo que sintió cuando vio a Harry lanzarse un hechizo de limpieza y vestirse con tanta prisa.

—Bueno… supongo que nos vemos por allí —dijo entonces Harry, ya completamente vestido y sentándose a su lado para ponerse los zapatos.

—Supongo —respondió Draco, lo más neutral que pudo y sintiéndose incómodo al estar completamente desnudo aún, pero por lo pronto no tenía fuerzas para siquiera invocar su varita.

Harry dudó un instante en cómo despedirse de él, y finalmente decidió por lo que le pareció lo más adecuado, le dio un ligero apretón en el brazo antes de ponerse en pie.

—Yo espero… ¿Fui demasiado rudo? —preguntó, balanceándose sobre sus pies y mirando nuevamente con atención el cuerpo de Draco, disfrutando de aquella visión y pensando en si es que sería capaz de salir de allí sin decir alguna cosa tonta o comprometedora.

—Me gusta lo rudo —respondió Draco, arqueando un poco las cejas, se mordió los labios para no decirle a Potter que se quedara un poco más, que aún se podían poner más rudos.

—A mí también —asintió Harry, antes de mirar alrededor por primera vez: era un departamento pequeño, pero que pese a estar prácticamente a oscuras, parecía ordenado, sólo estaba ese sofá grande y viejo y un sillón más al lado opuesto de la puerta, la cocina se dejaba ver, separada por una pequeña barra y al otro lado había un pasillo, supuso que el que llevaba a la habitación. Se preguntó si es que Draco lo había llevado a su picadero particular, pero se abstuvo también de preguntar.

—Me voy entonces —dijo finalmente Harry, sorprendiendo a Draco observándolo, que apartó la mirada un instante.

—Puedes desaparecerte desde aquí, no hay barreras de protección.

—Bien —Harry asintió y sacó su varita, y sin dejar de observar el cuerpo desnudo de Draco, se desapareció.

Draco permaneció mucho rato más allí, en la misma posición, observando el lugar donde Harry había desaparecido, incapaz de moverse y comenzando a sentirse un poco mal, preguntándose si es que así era como se sentían sus amantes luego de una follada con él, cuando les pedía que se marcharan. Sintiéndose un poco usado y abandonado.

—Maldito Potter —negó con la cabeza, decidiendo que más le valía moverse hacia la ducha y luego hacia la cama, al día siguiente tenía algunas cosas que hacer y no podía darse el lujo de quedarse dormido.

°.°

Dos días después Draco aún continuaba en un estado de shock, shock post magnifica follada al estilo Potter, que era como él lo había denominado, aunque no lo admitiría en voz alta a nadie, ni siquiera a Blaise, que era con quien estaba desayunando esa mañana.

—Estás muy raro, ¿seguro que no ocurre nada más? —preguntó Blaise, dejando a un lado la taza de humeante café y observándolo con sus grandes ojos castaños.

Draco se tensó un poco, tenía esa mirada de obstinación, esa mirada que delataba que estaba dispuesto a averiguar lo que fuera que estuviera pasando. Y él ya sabía que no había forma de escaparse de ella, así que optó por hacer lo mismo que había hecho algunos meses atrás, la última vez que había visto sobre sí esa terquedad, decir la verdad, a medias, por supuesto.

—He tenido una noche agitada el otro día… ya sabes, de esas que te dan ganas de repetir…

Blaise se dejó caer hacia atrás y, pese a estar en una cafetería elegante, soltó un silbido.

—Vaya, vaya.

—¿Quieres comportarte? —le reprendió Draco. Blaise negó con la cabeza y luego miró a Draco detenidamente.

—Eso no te pasaba desde… ¿cuándo?, ¿cuándo tenías dieciséis?

—¿Dieciséis? —preguntó Draco, algo extrañado, él ni siquiera recordaba haber tenido ese tipo de deseo obstinado a los dieciséis.

—Claro que sí, fue antes de la guerra, cuando conociste a ese encantador primo lejano italiano tuyo…

—Leone —murmuró Draco, recordando al hermoso chico italiano. No, definitivamente eso era mucho más grande que aquella chiquillada.

—Pobre, pensar que ya hasta te olvidaste de su nombre…

—No fastidies —negó Draco, tomando del plato una tostada más, masticándola con lentitud y perdiéndose un instante en los recuerdos de Leone, realmente había sido una tontería, pero qué se podía esperar a los dieciséis años.

—Y entonces este otro…

—No te diré nada más, ni siquiera sé si lo volveré a ver —negó Draco rápidamente —. No —interrumpió cuando Blaise parecía dispuesto a hablar nuevamente —¡No volveré a verlo, fin de la historia!

—No te sulfures —se rió Blaise, mientras tomaba nuevamente la taza de café.

—No me… ¿sulfures has dicho?

—Ya, ya…

Draco se quedó quieto y cayado por un largo rato, mientras Blaise daba cuenta del desayuno con bastante entusiasmo, tratando de no pensar en Potter y lo mucho que le gustaría haberlo tenido a sus pies, en lo más tonto que se sentía a cada momento por haber sido utilizado de esa manera. Y no que se quejara de cómo había sido utilizado, es solo que… Esperaba un poco más, esperaba poder haber utilizado a Potter de esa manera también.

—Ahora que al fin vuelves a ser tú, más o menos… —sonrió Blaise, apartando el plato de omelette y tocino.

—Oh, no, algo me dice que debo temer —interrumpió Draco, en cuanto vio la sonrisa de Blaise.

—Vamos, te encanta hacer estas cosas y la última vez no salió tan mal…

Si tú supieras —suspiró mentalmente Draco.

—Además no estás haciendo nada estos días y a ti te aburre eso mucho.

—Estoy estudiando algunas posibilidades, Blaise, no creo tener tiempo ni mente para hacer nada ahora, tal vez en unos meses, más adelante —se justificó Draco. Blaise no estaba al tanto de nada de lo que pasaba en la mayor parte de su vida, y no porque no fueran amigos, es más, de la escuela, pese a que aún se mantenía en contacto con varios compañeros, el único amigo real que le quedaba a Draco era Blaise, y lo apreciaba mucho, y justamente por ese aprecio no concebía la idea de ponerlo en peligro.

—Draco… —canturreó Blaise con voz extremadamente alta y fingida.

—Ni aunque hagas eso, créeme cuando te digo que no puedo, ahora no, en serio.

Blaise le dio una mirada de fastidio, pero ambos se conocían lo suficiente para reconocer sus límites y cuando no podían empujar más.

—De acuerdo, estaremos perdiendo una gran cantidad de oro.

—Tú tienes oro. Eres ambicioso —negó Draco, levantando la mano para pedir la cuenta.

—Tú lo dices porque tienes demasiado oro. Además solo quiero un poco más… cuando tenga hijos quiero que tengan una gran fortuna —se burló Blaise, pero su sonrisa se borró cuando Draco giró a verlo, con los ojos fríos.

—De nada servirá que les dejes una gran fortuna si es que los dejas solos por andar haciendo estupideces.

Blaise abrió la boca, pero la cerró inmediatamente, mirando hacia Draco de manera culpable.

Draco negó con la cabeza y se puso en pie, dejó unas cuantas monedas en la mesa y se encaminó hacia la salida. Sabía que Blaise no lo había hecho apropósito, por supuesto que no, nunca lo hacía, pero había momentos, momentos en que se sentía demasiado cansado y débil, en que recordaba que tenía una gran fortuna, una gran cantidad de negocios que se administraban prácticamente solos, y eran todos para él, la herencia de sus padres, padres que ya no tenía. Él hubiera dado toda su fortuna porque ellos volvieran a su lado, porque no lo hubieran abandonado, sobre todo defendiendo un ideal que, ahora más que nunca, Draco pensaba, era estúpido.

Se apareció en la Mansión, en el estudio de su padre, el escritorio y todo lo demás seguía tal como su padre lo había dejado diez años atrás, incluso las copas de brandy habían sido congeladas por un hechizo que había encontrado Draco, todo estaba como debía haber estado aquella noche. Siempre imaginó que sus padres habían cenado y se habían sentado allí a conversar, como cada noche, antes de ser atacados y asesinados.

Draco, que por ese entonces estaba en Austria, encerrado contra su voluntad por sus propios padres, no pudo volver a la Mansión hasta tres meses después, cuando la guerra por fin había terminado, para encontrarse con ese lugar que, pese a ser gigante y enorme, nunca le había parecido tan vacío hasta que sus padres no estuvieron en el.

Draco sabía que sus padres se habían jugado mucho por sacarlo del país, por alejarlo de la horrible guerra que se aproximaba, y protegerlo de los mortífagos y de la justicia, y también sabía que su vida era un regalo de ellos, que debía aprovecharla y no desperdiciarla haciendo estupideces. Aunque ciertamente ya había hecho un par de ellas y ahora estaba pagando las consecuencias.

Suspiró profundamente y se puso en pie, no sabía por qué exactamente esa mañana Blaise había conseguido hacerlo rememorar todas esas cosas, pero no quería seguir triste ni recordando, así que decidió buscar algo en qué más ocupar la mente, y ese "algo" tenía el cabello negro alborotado, unas gafas tontas y redondas y un cuerpo bastante apetecible.

°.°

Harry estaba esa tarde libre, habían pasado ya tres días de su encuentro con Malfoy y lo que ocupaba su mente ahora era si volver o no a esa discoteca, pues sabía que probablemente se encontraría con él y no estaba seguro de cuáles serían sus reacciones luego de aquella madrugada.

—A veces creo que te explotan en ese lugar —dijo Remus, antes de darle un sorbo a su vaso de cerveza.

—No, claro que no —respondió automáticamente Harry.

—Claro que sí, la última vez no pudiste ir a la celebración del cumpleaños de los gemelos por andar de misión —acusó Ron rápidamente.

—Es cierto, Harry —convino Remus con aquella mirada calmada que tanta confianza le inspiraba a Harry.

Harry suspiró lentamente, odiaba cuando ellos hacían eso, cuando sacaban ese tema en medio de una tranquila tarde.

—Me gusta lo que hago —se defendió Harry, esa era la excusa que había dado desde el inicio, cuando Remus le había cuestionado que, tras una guerra sangrienta, decidiera unirse al cuerpo de aurores, en lugar de buscar algo más tranquilo a qué dedicarse.

Remus dejó su vaso de cerveza y se inclinó un poco hacia delante.

—Está bien, no te estamos juzgando ni nada, pero hay veces en que no te vemos por semanas enteras, y en que nos preocupamos porque nada te haya pasado cuando estás de misión.

—Mi madre siempre está pendiente de ti, teme que te pase algo malo —argumentó Ron, y Harry vio en sus ojos preocupación, como siempre. Ron siempre se escudaba en que era la señora Weasley la que estaba preocupada, pero Harry sabía que era él quien lo hacía también.

—Vamos, chicos —se rió Harry de manera falsa, levantando la mano para que Madame Rosmerta les traiga una ronda más de cervezas —, si siguen así ya no aceptaré sus invitaciones.

Remus y Ron intercambiaron una mirada y luego se encogieron de hombros.

—Esta vez es por otra razón en realidad —dijo Ron, Harry arqueó una ceja al ver lo colorado que se estaba poniendo, Remus se dejó caer un poco en la silla, mirando la escena con atención.

—¿Qué otra cosa? —preguntó Harry lentamente.

Ron pareció tomar una profunda bocanada de aire antes de levantar la mirada.

—Hermione y yo… hemos decidido casarnos —soltó, Remus sonrió un poco más y Harry se quedó con la boca abierta por un instante, antes de murmurar:

—¿Casarse? ¿Cómo en una boda de verdad?

—¡Claro que en una boda de verdad! —protestó Ron —¿Qué clase de pregunta es esa?

—Yo… lo siento, es solo que me ha tomado por sorpresa —Harry sonrió un poco y le dio un golpe en el brazo a Ron —Pues, ¡Te felicito!

—Ya, vaya al fin una reacción normal —masculló Remus.

—¿Tú lo sabías? —preguntó Harry hacia Remus, que asintió rápidamente.

—Es que tú estabas de misión y… —Ron se movió algo incómodo —, bueno, no sé, estaba algo nervioso, Remus me ayudó.

—Ah…

—Pero queremos que seas el padrino —dijo rápidamente Ron, como queriendo borrar el no haberle confiado a Harry el gran paso que pensaba dar —, Hermione y yo lo hemos decidido, nos gustaría mucho que lo fueras.

—¿Yo? Guau, no sé qué decir —negó Harry.

—Pues que sí, y que verás de encontrar la forma de que nada interfiera con ese día, sé que aún falta mucho, pero necesitamos que lo tengas presente para que no se te ocurra irte de misión a un lugar perdido del mundo o algo así.

—Claro que no, tonto, como crees… ¿Cuándo es?

—Aún en diez meses —respondió Ron.

—Hecho, ya veré qué hago, pero allí estaré —se comprometió Harry, elevando su copa para brindar con Ron.

De haber sabido que en diez meses tantas cosas cambiarían…

°.°

A Draco se le daba bien investigar, era una de sus habilidades descubiertas luego de la guerra, cuando volvió a casa y no tenía nada más que hacer, así que no se abstuvo de utilizarlas para averiguar un poco más acerca de Potter. Se repetía una y otra vez que no se estaba volviendo un acosador, que estaba simplemente yendo por lo que quería, una pequeña revancha que lo dejara completamente satisfecho con ese asunto. Eso era todo.

Por supuesto que había sido algo iluso.

Sabía que Potter, al igual que todos los aurores jóvenes, no hacían casi nunca trabajo de escritorio, que estaban constantemente en misiones y cosas por el estilo, pero que cuando estaban entre misiones siempre estaba a determinadas horas en la oficina de aurores, para presentar informes y marcar tarjeta.

Draco había averiguado que Potter esa semana tenía el turno de la mañana y que se desocupaba cerca de las cinco de la tarde. También lo había visto un par de veces, saliendo con sus compañeros, riendo y conversando, sabía que le gustaba tomar la vía muggle, caminando por el callejón desierto y entrando al mundo muggle por la ancha avenida.

Draco no había podido averiguar la dirección de Potter, lo cual no le había parecido raro, después de todo había cosas que no se podían averiguar con tan pocos días de antelación. Sin embargo sí sabía que Potter se alejaría por la avenida solo antes de desaparecerse a quién sabe dónde, y luego de pensarlo mucho, de tratar de justificarse nuevamente con que definitivamente no estaba actuando de manera obsesa, decidió que había llegado su momento de actuar.

Caminó a varios metros de distancia de Potter, siguiéndolo por la atestada avenida, hasta cerca del callejón que sabía que utilizaría para desaparecerse, cuando estuvieron a poca distancia de ese callejón, Draco se apresuró un poco, de tal forma que, en cuanto Potter dobló para entrar, él lo empujó con fuerza, tratando de sorprenderlo.

Pero claro, había olvidado que Potter era auror, que siempre andaba prevenido y que él, en ese aspecto solo era un aficionado. Antes de poder pegar el cuerpo de Potter a la pared, él ya estaba con una varita bajo el cuello y presionado contra la otra pared del callejón, la mirada de Potter le pareció curiosa, primero unos ojos amenazantes, y un instante después, abiertos de par en par y asombrados.

—¿Malfoy? —preguntó Harry en un susurro, no creyendo que el chico hubiera sido quien lo venía siguiendo desde que tomara la avenida muggle.

—Potter —asintió Draco, soltando un poco el aire cuando Harry dejó de presionarlo contra la pared y de apuntarlo con la varita.

—¿Qué es lo que…? —pero Harry no pudo terminar su pregunta, pues había bajado la guardia, y solo ese momento de debilidad bastó para que Draco lo tomara de los brazos y los desapareciera.

Aparecieron en medio del mismo departamento de la última vez, Harry miró alrededor un instante, antes de ser jaloneado por Draco hacia el pasillo.

—Hey, hey —protestó sin demasiado entusiasmo, dejándose llevar.

—Nada de quejas, Potter —gruñó Draco, agradeciendo que el lugar fuera pequeño y que llegar a la habitación le tomara sólo diez pasos.

—¿Acaso estás buscando una repetición? —se burló un poco Harry en cuanto la puerta de la habitación se abrió, no tuvo problemas en seguir a Draco, y soltó un pequeño jadeo cuando fue lanzado hacia la cama.

—Algo así —gruñó Draco, lanzándose sobre el cuerpo de Harry y comenzando a besar su cuello, recordó entonces que Harry, la primera noche en que habían estado juntos, no le había dado tiempo ni espacio para eso siquiera.

—Oh… Draco —se retorció Harry, dejando caer la varita, que aún tenía en una de las manos, a un lado de la cama y apretando la espalda de Draco contra él.

—Sí, eso suena bien —replicó Draco, sentándose sobre él y dándole una mirada evaluadora.

Harry arqueó las cejas y apreció la figura de Draco a la luz de la tarde, las cortinas estaban abiertas así que tenía la oportunidad de verlo con más claridad y sí, definitivamente era demasiado sexy y atractivo para su propio bien.

—Ahora —Draco levantó la varita y con un par de movimientos la ropa de Harry desapareció, dejándolo completamente desnudo, Draco gruñó de satisfacción al ver que Potter estaba ya excitado.

—Odio ese hechizo —se quejó Harry, elevándose lo suficiente para levantar la sudadera que Draco utilizaba.

—Es que no tengo mucho tiempo —se defendió Draco, y esperó que Potter no notara que mentía.

—Entonces deberías quitarte esto —apuró Harry, tratando de levantarle la sudadera y quitársela.

Draco sonrió ampliamente y en solo un movimiento más de varita, ya estaba completamente desnudo también, cerró los ojos un instante, cuando sintió las manos de Harry acariciarlo con lentitud, pero al siguiente momento recordó la real razón por la cual había lo había secuestrado, así que apartó esas manos de su cuerpo y se dejó caer hacia delante, besando y mordisqueando los labios y la mandíbula de Potter, mientras sus manos acariciaban los costados, sus erecciones frotándose con algo de ansiedad y desesperación.

—Merlín, eres tan caliente —gimió Harry, levantando las caderas un poco.

Draco solo respondió con una mordida en el hombro de Harry.

—Sí, así… eso se siente bien —continuó Harry, cerrando los ojos y dejándose atrapar por el placer que Draco estaba dándole.

Draco continuó mordiendo y besando el cuello y los hombros, para luego, lentamente, levantar las manos de Harry hasta el cabecero de la cama, se adelantó un poco y entonces sacó de debajo de la almohada lo que tenía preparado.

—¡Malfoy! —protestó Harry, abriendo los ojos y tirando sus manos hacia arriba, aunque sabía que no las podría librar.

Draco retrocedió un poco, apreciando a Harry, con los brazos hacia arriba y esposado al cabecero de su cama, completamente desnudo, excitado y jadeante.

—¿No te gusta no ser el que lleve el control? —preguntó en voz baja, recorriendo con sus manos las piernas de Harry, disfrutando de su piel caliente.

—Sólo si es que sabes cómo hacerme perder el control —replicó Harry, mirándolo a los ojos y sintiéndose más caliente aún. No era un santo, por supuesto que no, pero normalmente sus amantes no osaban atarlo a la cama, Harry siempre pensaba que le tenían demasiado miedo para eso, o para hacerle algunas otras cosas.

—Bien, eso es algo que planeo demostrarte —susurró Draco, abandonando su posición y arrodillándose entre las piernas de Harry, sonrió un poco más cuando lo sintió estremecerse y se inclinó un poco más, para tener a mano la erección de Harry, apreció el miembro con detenimiento, acariciándolo con una mano con lentitud.

—Draco… sólo, por favor… —jadeó Harry, levantando un poco la cabeza —¡Hazlo, maldita sea!

Draco soltó una carcajada.

—Bien, creo que tomará un poco más de tiempo que aprendas a dejarme tener el control.

Media hora después Harry se sujetaba con fuerza del cabecero de la cama, mientras movía la cabeza de un lado al otro, soltando gemidos sonoros y nada recatados, su cuerpo estaba doblado casi por la mitad, sus piernas completamente abiertas y Malfoy entre ellas, sosteniéndolo de la cadera para que se mantuviera levantada, mientras esa lengua –Merlín, que Harry ya planeaba crearle un monumento a esa lengua –se presionaba contra su entrada, empujando cada vez más, dejándolo húmedo y abierto. Esos labios se presionaban también allí ocasionalmente, y luego subían hasta su erección, chupando con rudeza, antes de volver a su entrada nuevamente.

—Draco… Ah… —Harry quería pedir, no, pedir no, implorar, que Draco lo tomara de una vez por todas, que terminara con aquel dulce tormento, y es que en su vida se había sentido así de excitado y caliente.

Pero Draco lo torturó por un buen rato más, presionando ya no sólo su lengua, sino también sus dedos en su interior, llegando profundo y rozando en aquel lugar que lo hacía gritar y retorcerse, y estaba a punto de llorar de frustración y ansiedad, cuando Draco se apartó de él.

Draco observó el cuerpo de Harry, bañado por la luz de la habitación, esa que se había encendido sola luego de que el sol terminara de ocultarse, y no pudo más que relamerse los labios, su propia erección, a la que había relegado por demasiado tiempo, dolía y sabía que no podría aguantar mucho más tiempo sin clavarse en su interior.

—Draco… hazlo ahora o… —pidió Harry, observándolo también.

Draco sonrió con petulancia.

—¿O? —preguntó, sus manos seguían sosteniendo las caderas de Harry en alto y apretaron un poco más.

—No puedo aguantar más —confesó finalmente Harry, mirándolo con deseo. Demonios que no sabía qué hacer ya con tanto deseo.

Draco lo soltó por un momento y se acercó a él, besándolo en los labios, antes de apartarse con una pequeña mordida en el labio inferior, bajó hasta el cuello, luego por la clavícula y el pecho; atrapó con sus dientes uno de sus pezones y lo apretó hasta que sintió a Harry retorcerse.

—Oh, Potter, Potter —canturreó, mientras le separaba las piernas nuevamente y jalaba un frasquito de lubricante de la mesa de noche.

Harry lo observó en silencio, mordiéndose los labios mientras apreciaba la roja erección de Draco empezar a brillar por el lubricante, sus manos se apretaron más fuerte, tratando de aguantar las ganas de poder tocarlo y cuando Draco le levantó nuevamente las caderas, pasando una almohada bajo ellas, colaboró todo lo posible, con tal que pronto Draco le diera la satisfacción que tanto buscaba.

—¿Y cómo lo quieres? —preguntó Draco, tratando de lucir calmado, mientras frotaba su lubricada erección contra la entrada de Harry.

—Cómo sea, como quieras, sólo… lo quiero, lo quiero ahora —respondió Harry entre gemidos, sintiéndose raro al casi no poder moverse por aquella posición.

—Rudo entonces —afirmó Draco, antes de empujarse en su interior con fuerza, escuchó el rugido de Harry y levantó la vista de su polla internándose en el culo de Potter, para mirarlo.

—Mierda —gimoteó Harry, mientras trataba de recuperar el aire.

—¿Muy rudo para ti? —preguntó, intentando sonar burlón, aunque algo preocupado en realidad.

—Sigue… —pidió Harry, mirándolo a los ojos un instante, antes de dejar caer la cabeza hacia atrás, cuando Draco salió y se empujó nuevamente contra él, frotando en los lugares apropiados.

Draco no se hizo de rogar más y pronto comenzó a moverse con rapidez y fuerza, la cama chirriaba con cada empujón que daba, y el cuerpo de Harry se agitaba y retorcía, mientras sus oídos se llenaban de los gritos y gemidos de Harry, acompañados de los suyos propios. Se las ingenió para tomar la erección de Harry con una de sus manos y masajearlo con la misma velocidad con que estaba empujando, y cuando sintió que el interior de Harry se contraía mucho más, se quedó quieto un instante, presionando con fuerza la base del pene de Harry, antes de empujarse un par de veces y dejarse ir, mientras Harry gritaba su propio orgasmo.

Harry sintió sus piernas entumecidas caer a los lados de la cama, y trató de calmar el ritmo de sus respiraciones, mientras Draco salía de su interior, dejándolo húmedo, y se apartaba de su cuerpo.

—Potter… ¿no perdiste el conocimiento o sí? —preguntó Draco con burla un instante después, había estado un par de segundos observando su rostro, sonrojado y sudado, sus labios exhalando el aire rápidamente y decidió hablar antes de seguir perdiéndose en esa imagen.

—En serio, decirme Harry luego de todo lo que me has hecho, no es incorrecto —reclamó Harry, abriendo los ojos y volteando el rostro para observarlo.

—De acuerdo, tienes un buen punto —asintió Draco, soltando una carcajada. —Te desataré ahora, ¿te parece bien?

—Sería buena idea, creo que mis brazos estarán resentidos por días —se quejó Harry, soltó un gemido de alivio al recuperar la movilidad de sus brazos y lo primero que hizo fue ver sus muñecas, cada una de ellas tenía una marca roja que mostraba el lugar donde las esposas habían presionado cuando había tirado de sus manos tratando de tocar a Draco, o a sí mismo.

—Hay un hechizo para eso… —comentó Draco, tomando una de las muñecas de Harry y observando su piel, no había sido su intención lastimarlo así. —Lamento que haya dejado marcas… ¿Te duele mucho?

Harry soltó una pequeña carcajada y negó con la cabeza, apartándose de Draco y sentándose lentamente.

—Me gusta así —le dijo, antes de invocar su varita y hacerse un hechizo de limpieza.

—Cierto, ya lo habías dicho —aceptó Draco, dejándose caer nuevamente en la cama y pasando los brazos tras su cabeza.

—Sí… —Harry miró alrededor, tratando de ubicar algún reloj, pero no había nada cerca. —¿Me devuelves mi ropa? —preguntó un instante después.

Draco soltó una risita y arqueó una ceja.

—Sería muy divertido quedarme con ella.

—Mmm, ¿tienes ese tipo de fetiches? —preguntó Harry con voz sensual, mientras se acercaba a la cama y se subía en ella, quedando sobre Draco.

Draco pensó que no, que no tenía ese tipo de fetiches, pero que sí Potter continuaba comportándose de esa manera, pronto empezaría a tener más de una fijación sexual.

Harry se inclinó y besó rudamente a Draco, sus manos recorrieron el cabello y el cuello, acunaron sus mejillas y no se apartó hasta que lo sintió gemir un poco.

Draco abrió los ojos con lentitud, y su mente tardó un instante en hacer conexión, pero finalmente pudo ubicarse en la realidad, en aquella en la que no quería quedar a merced de Potter nuevamente.

—Tengo algunas cosas que hacer, así que sí, te la devolveré —dijo finalmente, apartando un poco el cuerpo de Potter para invocar su varita, un instante después la ropa volaba a los brazos de Potter, que lo miraba de manera rara.

—Cierto, ya lo habías dicho —asintió Harry, sintiendo cierta desazón en ser prácticamente echado de allí.

—Ajá —dijo Draco, sólo por llenar el vacío, mientras se ponía en pie y caminaba lentamente hacia el baño, tratando de ofrecer el mejor espectáculo posible, se regocijó al girar de pronto y ver los ojos de Potter clavados en él, con anhelo.

—Como siempre, ha sido un gusto verte, Harry —dijo, antes de meterse en el baño.

Contó silenciosamente y llegó hasta veinticinco, fue en aquel momento cuando sintió la vibración de magia, sólo entonces se animó a abrir la puerta, para ver la habitación ya vacía. Potter había entendido bien el mensaje y se había marchado.

Trató de sonreír complacido, pero había algo que lo molestaba en todo eso, aunque no estaba seguro del qué.

°.°

Para Harry las misiones se dividían en: las interesantes; y las tontas y aburridas, y precisamente esa tarde estaba en una de las que consideraba extremadamente aburrida. El área de aurores no sólo se encargaba de arrestar criminales, tenían también entre otras cosas, estar al tanto de los movimientos de muchos magos y brujas considerados sospechosos. Tenían además una gran red de informantes –no todos muy confiables- por lo que antes de tomar alguna acción mayor, se encargaban de seguir e investigar aquellas pistas.

Por regla general el Jefe de Aurores: Henricus Cicell, no dejaba que los aurores pasaran de misión interesante en misión interesante, según decía, para no estresarlos, así que luego de la última misión que había alejado a Harry de Londres, ahora le tocaba la parte aburrida del trabajo.

Y por esa razón estaba sentado, con algunas transformaciones en su rostro, en un fino restaurante del Londres Muggle, muy cerca al centro financiero de la ciudad, acompañado de otra auror más: Edith Fortie, también transformada, espiando a Willielmi Arawn, un mago que había levantado sus finanzas en el último año de una manera algo dudosa.

Un informante les había dado el dato: al parecer Willielmi Arawn se estaba relacionando con personas poco respetables del mundo muggle, para ser más específicos: maleantes que tenían por costumbre secuestrar personas importantes para luego cobrar astronómicos rescates. Por lo general los secuestros muggles los manejaba la policía y ellos estaban extrañados de no poder descubrir la forma en que los secuestradores se llevaban a sus víctimas, de lugares completamente seguros o de cómo luego tomaban el dinero sin poder ser vistos. Pero los aurores se hacían una idea, con un mago eso era mucho más sencillo.

—Allí viene nuestro hombre —dijo Edith Fortie, levantando su copa de vino y sonriendo un poco, Harry retribuyó el gesto y levantó su copa de vino, asintiendo lentamente mientras observaba al hombre cruzar el salón.

Iba vestido impecablemente, con un traje muy fino, Harry se sorprendió de que, pese a casi ser sangre pura, se supiera mover tan bien en el mundo muggle. Durante esos años habían descubierto a varios magos de ese tipo, que tras la guerra no habían quedado tan bien económicamente y que buscaban desesperadamente recuperar en algo la fortuna perdida, incluso metiéndose en cosas ilegales, y las más fáciles eran de esa forma, engañando y/o asociándose con muggles.

Harry lamentó que el hombre se sentara a sus espaldas, porque sería su compañera, gracias a algunos hechizos, la que podría estar al tanto de toda la conversación.

Unos minutos después apareció Lennin LeFay, un conocido delincuente muggle, que incluso había pasado una temporada en la cárcel.

—Y aquí viene nuestro siguiente hombre —murmuró Harry, sabiendo que Lenin LeFay no entraría por la puerta del restaurante, sino por la parte trasera, por una entrada privada destinada a la gente de mayor estatus.

—Y comienza el show —asintió Edith Fortie, mientras se inclinaba un poco hacia el frente, Harry movió su silla lentamente hacia un lado, dejándole espacio para que tuviera una visión perimétrica de toda la reunión.

Durante los siguientes veinte minutos Harry se la pasó jugando con su comida y mirando alrededor, observando a los guardaespaldas de ambos sujetos, repartidos por el resto del salón y bastante atentos a todo lo que ocurría.

—Lo tenemos —sonrió Edith Fortie, mientras se dejaba caer un poco hacia atrás, un instante antes de que Lenin LeFay se pusiera en pie y abandonara el lugar.

—¿Qué tenemos? —preguntó Harry, jugando con su servilleta.

—El contacto tenía razón, Willielmi Arawn está negociando con Lenin LeFay, aunque Lenin no sabe la manera en que lo hace, solo le paga una gran tajada por ese trabajo, ya sabes, Arawn se encarga de tomar "el paquete" y LeFay de negociar el secuestro, es él quien consigue los datos y tiene todo un grupo de gente dándole información sobre quién secuestrar.

—Genial —sonrió Harry, no siempre esos trabajos aburridos terminaban de esa manera, este caso, por ejemplo, se había convertido ya en uno de los interesantes, pues pronto tendrían un poco de acción. Levantó la mano con rapidez, para obtener la cuenta, y esperó durante un largo momento, hasta que finalmente el mesero les trajo el voucher. Pagó y sonrió hacia la chica, como si se trataran de una pareja en sus primeros meses de enamoramiento, pues sabían que era probable que algunos guardaespaldas más se hubieran quedado para revisar que no hubiera nada raro en el lugar.

Y no fue hasta que se puso en pie para salir, que lo vio entrar, vestido de manera elegante y sobria, venía junto con Blaise Zabini, Harry lo recordaba de la escuela, aunque ahora parecía haber crecido unos cuantos centímetros, y por la forma como conversaba con Draco, parecían ser bastante íntimos.

—¿Nos vamos? —preguntó Edith Fortie, algo extrañada de que Harry se quedara quieto.

Harry observó a Draco sentarse delante de Blaise y sonreír, y trató de convencerse de que no eran celos lo que sentía en ese momento. Se había resistido a investigar a Draco, no había querido indagar en su vida, pero no había esperado que estuviera saliendo con alguien, aunque no estaba del todo seguro de que Blaise fuera gay, la forma tan amena en que conversaban y reían le daba algo de desconfianza.

—Vamos —dijo hacia la chica, y la ayudó a ponerse el abrigo ligero que tenía, antes de ofrecerle el brazo y guiarla hacia la salida, no fue hasta que doblaron la calle y se detuvieron en el callejón que podrían usar para aparecerse, que decidió qué hacer.

—Tú ve a la estación, yo llegaré en media hora.

—¿Qué? ¿Por qué? ¿Has visto algo raro?

—No —negó Harry rápidamente —he recordado que tengo algo que hacer, no tardaré nada, además eres tú la que tiene toda la información, avanza con eso a lo que llego y luego podremos presentar el informe.

Edith Fortie le dio una mirada desconfiada, pero finalmente asintió y se desapareció.

Harry sabía que se vería muy extraño si volvía a aparecer allí, así que se quitó los hechizos de transformación, después de todo quería que Draco lo viera.

°.°

Draco soltó una carcajada y negó con la cabeza, mientras Blaise le contaba con entusiasmo acerca del último partido de quidditch al que había asistido, donde las Arpías de Holyhead habían logrado derrotar a los Murciélagos de Ballycastle por 750 a 150, luego de un corto partido que más había sonado a masacre que a deporte, en el nuevo estadio de Rhidorroch Forest, donde Draco había adquirido un palco que aún no había utilizado, cuando se quedó congelado un instante, observando a Potter mirándolo desde el otro lado del salón.

Sus ojos se detuvieron en él un instante, perfectamente vestido y luciendo, no podía negarlo, muy atractivo, estaba mirándolo fijamente, sus verdes ojos brillaban un poco y un instante después, cuando supo que tenía su total atención, Potter le hizo un suave gesto, inclinando la cabeza en dirección a los servicios, antes de alejarse caminando con lentitud.

La boca de Draco se secó y por un largo instante hasta olvidó que Blaise estaba con él, deseando más que nada seguir a Potter.

Le tomó medio minuto más decidirse, y dejando la servilleta de tela sobre el plato aún vacío, se puso en pie con rapidez.

—Debo ir… ya sabes, ya vuelvo —habló apresuradamente.

—¿Estás bien?

—Sí, bastante bien —respondió en voz alta, mientras se encaminaba ya a los baños.

En cuanto entró sintió las manos de Potter sobre sus hombros, tirando de él hacia uno de los cubículos privados.

—¡Harry! —recriminó, mientras éste cerraba la puerta del cubículo con un hechizo.

—Draco —respondió Harry a modo de saludo, antes de lanzarse sobre él, besándolo y tratando de abrirle un poco más la camisa.

Draco gruñó satisfecho y dejó que Potter le desarreglara la ropa, mientras él hacía lo mismo con la ropa de su compañero. No intercambiaron palabras mientras Harry lo volteaba contra la pared y le bajaba los pantalones a prisa.

—Tengo que volver al trabajo —le dijo en un susurro, mientras refregaba su ya lubricada erección entre sus nalgas.

—Y yo donde Blaise —respondió Draco, arqueando un poco más las caderas. —Date prisa.

Harry le dio una mordida en la nuca y rápidamente se introdujo en él.

A diferencia de las ocasiones anteriores, fue mucho más rápido, y sin tantos juegos, sin embargo no había ni una pisca menos del deseo y ansiedad que los había llenado las veces anteriores, y no se detuvieron hasta que ambos culminaron a la vez, Draco acariciándose a sí mismo, mientras Potter lo hacía en su interior.

—¿Me has seguido? —preguntó Draco, algo nervioso, mientras, luego de un hechizo de limpieza, se subía los pantalones a prisa. Lo que menos le convenía era tener a un auror persiguiéndolo.

—No, estoy aquí por trabajo, y debo irme —contestó Harry, acomodándose la ropa también —, sólo ha sido una casualidad entrar al mismo lugar que tú y tu… ¿novio? —tentó, mirándolo de reojo.

Draco soltó una carcajada, divertido porqué Harry considerara que Blaise fuera su novio.

—Amigo —corrigió.

—Ah… bueno, debo irme —comentó Harry, acomodándose el cabello y mirando por fin de frente a Draco.

—Ajá, también yo —asintió Draco, observando la puerta y esperando que Potter quitara el hechizo de bloqueo.

—Nos vemos —murmuró Harry, algo incómodo, quitando el hechizo de seguridad y saliendo a prisa.

—Sí, ya lo creo —suspiró Draco, cruzado de brazos y observando a Potter desaparecerse en medio del baño.

°.°


Gracias a todos por leer, hasta aquí llegamos esta semana, espero que la historia les esté agradando, en unos días más subimos un capítulo más. Como siempre les recuerdo que esta historia ya está completa en mi pc, así que no se preoucupen que no los dejaré en "ascuas"

Ya el viernes es navidad, para todos los que la festejan, espero que la pasen muy bien, que disfruten, bailen, coman y beban y que sobre todo recuerden cuál es el espiritu genuino de la navidad; no es ver quièn te da mas regalos, cuánto puedes gastar o presumir, sino pasarla en familia, con la gente que uno ama.

Feliz navidad a todos ustedes.

Un beso y un abrazo

Zafy