Capítulo 2
Cuando despertó a la mañana siguiente, Sakura pensó que todo había sido un sueño loco, absurdo.
Cosas como esa no sucedían, se dijo a sí misma, acurrucándose bajo las mantas. No en la vida real. Una muchacha como ella no podía recibir una oferta de matrimonio por parte de un millonario francés, sin razón alguna. Trató de recordar con exactitud lo que Sasuke Uchiha le había dicho, pero su cerebro se negó a cooperar, produciendo una mezcla de impresiones.
Debió ser un sueño, se dijo. «Mis preocupaciones y el nombre del invitado de Tayuya se confundieron en mi subconsciente, eso es todo. Hay una explicación lógica para todo».
Estiró los brazos sobre su cabeza, luego los bajó con lentitud frente a ella. Tenía las manos pequeñas, femeninas. Unas manos que Sakura estaba acostumbrada a ver manchadas de pintura. Últimamente, sin embargo, las había estado usando principalmente para ayudar a cuidar de Jiraiya.
De repente, al mirarlas, una de las imágenes de su mente saltó a una realidad que no podía ignorar. Se irguió, ahogando un grito.
¡Él le había besado la mano! La chica se sentó un momento, mirándose los dedos, como si esperara ver en ellos la marca de Caín… y reviviendo con sorpresa el rápido roce de la boca de Sasuke contra su piel.
Sucedió, pensó. No fue un sueño…
El teléfono comenzó a sonar en ese momento.
—¿Bien? —fue la respuesta de Tayuya al reprimido «hola» de Sakura.
—¿Bien qué? —contestó la joven.
—¿Qué has decidido? ¿Vas a aceptar la oferta de Sasuke Uchiha?
Sakura se sentía indefensa, como si estuviera atrapada en algo que no comprendía y que tampoco podía controlar.
Sakura respondió con tranquilidad.
—En realidad creo que no tengo elección. Voy a… a aceptar su dinero.
—No sólo su dinero, querida —emitió una risa corta—. También adquirirás un exquisito apartamento en París, una casa de campo cercana a Fountainebleau y una villa en las colinas de Niza y eso sólo para empezar. Sasuke es uno de los solteros más atractivos y ricos de Francia. ¡Lo estás haciendo muy bien!
—¿Sí? —preguntó Sakura.
—Sería mejor que te casaras en Lowden Square —continuó Tayuya—. ¿Estará Jiraiya lo suficientemente bien para asistir a la ceremonia?
Sakura se sentó como si le hubieran disparado.
—No —dijo—. Temo que no. Espero que cuando eso ocurra, él ya se encuentre en Estados Unidos, recibiendo su tratamiento.
—Bien, como tú quieras, por supuesto. Tendré una habitación preparada para ti, y te espero más tarde. Vamos a tener que hacer compras en serio.
—¿Por qué?
—Querida muchacha —suspiró con irritación—, aunque la ceremonia será sin duda muy tranquila y extremadamente privada, no podrás casarte en vaqueros. Lennox y yo te proporcionaremos tu ajuar como regalo.
—En realidad no es necesario…
—Tonterías —repuso Tayuya con rigidez—. Te veré más tarde —sentenció y colgó.
Una hora más tarde, Sakura era conducida a la suite del hotel de Sasuke Uchiha. Él estaba sentado a una mesa, al lado de la ventana, desayunando y leyendo el periódico cuando la chica entró. Al verla, se puso de pie para saludarla con cortesía.
—Lo siento —se disculpó Sakura cuando estuvieron solos—. Debí llamar primero. Obviamente es demasiado temprano.
—No te preocupes —la hizo sentarse al otro lado de la mesa—. ¿Ya has desayunado?
Abochornada, Sakura se dio cuenta de que la mesa estaba puesta para dos.
—Oh… estás esperando compañía también.
Sasuke estaba vestido de modo informal esa mañana; llevaba unos pantalones azules y una camisa a juego.
—Te esperaba a ti. ¿Quizás un poco de café? —levantó la cafetera y sirvió café en una taza—. ¿Tuviste suficiente tiempo para pensar?
Ella asintió.
—Entonces… ¿cuál es tu respuesta? Sakura comenzó a remover el café con la cucharilla.
—Me… me casaré contigo —hizo una pausa—. Pero hay condiciones.
—Me imaginé que las habría —comentó con cierta ironía—. Dime cuáles son.
—El tratamiento de mi padre debe comenzar lo más pronto posible… y él no debe saber nada de nuestro… arreglo.
—¿Vas a mantener nuestro matrimonio en secreto para él? Pero ¿por qué?
—Porque si él supiera lo que estoy haciendo, se negaría a ir a Estados Unidos. No querría permitir que me sacrificara por su causa. No puedo arriesgarme a que eso suceda.
—Entiendo, pero llegará el momento en que tendrás que decírselo.
Sakura se ruborizó.
—¿Quieres decir cuando… me quede embarazada? Cruzaré ese puente cuando llegue a él.
—No he querido decir eso —expresó Sasuke con lentitud—. Si el tratamiento tiene éxito, él querrá retomar su vida anterior y tú eras parte de ella. Tendrás que decírselo.
—Si el tratamiento funciona… Cuando esté completamente recuperado, le contaré todo. Espero que comprenda mis motivos —se mordió un labio—. Si no funciona, entonces, no importará.
Titubeó de nuevo.
—También, me preguntaba si querrás que me practiquen un examen médico.
—¿Por qué habría de querer tal cosa? ¿No te sientes bien? ¿Crees que la enfermedad de tu padre es hereditaria?
—Oh, no —el rostro de Sakura estaba rojo como la grana—. Pensaba en lo que dijiste acerca de querer un… un hijo… un heredero. Pensé que quizá querrías asegurarte de que soy capaz…
Sasuke levantó una mano para interrumpirla.
—Creo que cuando llegue el momento la naturaleza seguirá su curso, ¿no?
Ella respondió algo en voz muy baja.
—No te he oído —declaró Sasuke con leve impaciencia—. ¿Y por qué no me miras cuando hablas?
Sakura le dirigió una mirada de desesperación.
—He dicho que… esto nunca va a funcionar. Quiero decir, nadie, en su sano juicio… va a creer en este matrimonio.
—¿Por qué no?
—Bien, ¡mírame!
—Te estoy viendo —repuso él—. Estás un poco baja de peso y necesitas un buen corte de pelo. ¿Qué más hay que decir?
Sakura apretó las manos sobre su regazo.
—No me siento como la esposa de nadie… en especial de un millonario que tiene casas esparcidas por toda Francia. No sé qué esperas…
—Créeme, espero muy poco. Al principio, será suficiente con que existas… que aparezcas en público a mi lado —encogió los hombros—. En cuanto a más casas… tengo suficientes empleados —le dedicó una mirada irónica—. No tendrás que mantener limpias las habitaciones o cocinar para mí.
—Pero querrás que actúe como anfitriona cuando recibas… Y yo nunca he hecho nada parecido —su voz se quebró un poco.
—No te preocupes. Yo estaré a tu lado. Te ayudaré.
—Y tendré que usar… ropa diferente.
La boca de Sasuke se torció con leve diversión.
—¿Piensas pasar el resto de tu vida con esos vaqueros?
—Por supuesto que no —Sakura se quedó en silencio por un momento, luego expresó—: No creo que te des cuenta del cambio que sufrirá mi vida.
—La mía también. El matrimonio no tiene más atractivo para mí que para ti.
—Bien, todavía pienso que tendría más sentido que te casaras con tu prima Karin. Ella debe saber que no te interesa, pero si está dispuesta a fingir…
—Pero no lo está —murmuró Sasuke con frialdad—. Ella desearía que yo lo hiciera, sin embargo. Ella esperaría que yo actuara como si estuviera locamente enamorado… que explicara mis idas y venidas, todos los días y todas las noches para representar escenas de lágrimas y celos. Yo eso lo encontraría fatigoso en extremo.
—Puedo imaginarlo —contestó Sakura con sarcasmo—. ¿Se supone que no debo hacer preguntas?
—Pregunta lo que quieras —le dirigió una mirada enigmática—. Pero no me culpes si no te gustan las respuestas —empujó su silla hacia atrás y se levantó—. Y ahora, tenemos un día ocupado frente a nosotros. Me pondré en contacto con mis abogados y la sucursal de Londres de mi banco para ordenar que te hagan un pago preliminar que cubra los gastos de tu padre —rodeó la mesa y se quedó mirando a Sakura con una leve sonrisa—. Espero que no desaparezcas cuando recibas el dinero. Porque eso no me divertirá en absoluto.
—Cumpliré mi palabra —Sakura levantó la barbilla—. Tendremos que… confiar el uno en el otro.
—Eso parece —extendió la mano—. ¿Sellamos el trato de manera usual?
Reacia, Sakura permitió que los dedos de Sasuke rodearon los suyos: luego, con asombro, se sintió atraída hacia adelante. Antes que pudiera resistirse, el brazo de Sasuke la rodeó y sintió la fría y firme presión de su boca.
Trató con desesperación de apartarse, pero él no se lo permitió. Sus músculos parecían de acero.
Sus labios, sin embargo, eran como seda, moviéndose persuasivos y gentiles sobre los suyos, coaccionándola, tentándola…
El beso duró unos cuantos segundos, pero pareció una eternidad antes de que él levantara la cabeza.
—No… debiste hacer eso —señaló Sakura con voz ronca.
—No, no debí —admitió él, tocándose la barbilla—. Aún no me he afeitado y tú tienes una piel delicada. Tendré que recordarlo.
—Todo lo que necesitas recordar —pronunció Sakura, acalorada—, es que prometiste que no… me molestarías. Que me darías tiempo.
—¡Cuánto alboroto por un casto saludo! —las cejas de Sasuke se levantaron—. Ven a hablar conmigo mientras me afeito —la invitó con suavidad.
—No —dio un paso atrás, consciente de que su respiración era agitada y él se daba cuenta—. Yo… tengo que irme. Debo hablar con mi padre… con su especialista… darles las buenas nuevas…
Para su alivio, él no intentó detenerla.
—Entonces, ¿cómo me mantendré en contacto contigo?
—Estaré en Lowden Square, Tayuya me invitó a quedarme con ella… hasta la boda.
—Entonces, te veré allí. Adiós.
«Hasta que nos volvamos a ver», pensó Sakura cuando estuvo fuera, en el pasillo. Se detuvo un momento, permitiendo que los latidos de su corazón se normalizaran. Sakura no estaba segura de querer conocer a un hombre tan perturbador como Sasuke Uchiha.
Una semana más tarde, Sakura vio a su padre partir hacia Estados Unidos en compañía de una enfermera particular. Había inventado la historia de un dinero que tenían que cobrar del plan de pensiones de la empresa. No estaba segura de que su padre le hubiera creído, y de haber estado bien habría hecho algunas preguntas.
Tres días después de la partida de Jiraiya, Sakura se convirtió en la esposa de Sasuke Uchiha.
Los días previos a la ceremonia pasaron en una especie de bruma. Nada de lo que estaba sucediendo parecía ser verdad. Se probó ropa con total desinterés, se sentó ante el peinador mientras su largo cabello era cortado en una melena lisa, y soportó el impaciente acoso de Tayuya sin atender a lo que le decía.
Al fin, Sakura chocó con la realidad cuando se encontró en un jet privado rumbo a París, vestida con el elegante traje de color ámbar que Tayuya había escogido para ella. Fijó la vista en el anillo de oro que llevaba en el dedo anular, y trató de evocar cómo se había sentido cuando Sasuke se lo había puesto unas horas antes.
Atontada, decidió. Y así se sentía aún.
Al menos no habría luna de miel. Tendrían que prescindir de ella por el momento, pues Sasuke ya había permanecido en Londres más tiempo del que podía disponer. Así que irían directamente a su apartamento en París.
—Espero que no sea demasiado aburrido para ti —comentó Sasuke.
—Oh, no —tartamudeó Sakura, quien apenas podía ocultar su alivio por no tener que compartir con él la suite nupcial de algún hotel lujoso con todo lo que eso implicaba. Y a juzgar por la sardónica mueca de Sasuke, él sabía exactamente lo que la chica pensaba.
Sakura se llevó una mano al cuello y tocó el collar de perlas, que había sido el regalo de bodas de Sasuke.
—¡Exquisito! —había exclamado Tayuya mientras ayudaba a Sakura a cambiarse.
—Sí… pero ¿no significan lágrimas? —Sakura se sintió un poco preocupada mientras cerraba el broche.
—No, querida, si eres sensata —la sonrisa de Tayuya poseía cierto toque de envidia, mezclada con malicia—. Ahora, apresúrate. Tu esposo está esperando.
Tu esposo. Sakura miró fugazmente al misterioso hombre que iba sentado junto a ella y que en ese momento estaba enfrascado en la lectura de unos papeles que había sacado de su portafolios.
Durante los últimos diez días, Sakura había visto a Sasuke casi a diario, pero no lo conocía mejor que aquella primera noche en la biblioteca, en Lowden Square.
Para su alivio, él no había intentado besarla de nuevo, o llevar la relación a un nivel más íntimo que la amistad que había prometido.
Él era invariablemente encantador con ella, incluso, se proponía descubrir sus gustos en literatura, música y arte; si prefería el ballet o la ópera, si disfrutaba el tenis o el squash, así como sus preferencias en comida y vino.
Era como si estuviera reuniendo datos sobre ella para guardarlos en la memoria de algún ordenador de Uchiha International para resucitarlos con motivo de aniversarios y cumpleaños.
Sakura, sin embargo, a penas conocía a ese extraño que ahora estaba casado con ella para bien o para mal.
«Para bien o para mal». Sakura repitió las palabras en su mente y se estremeció.
Las formalidades en el aeropuerto fueron misericordiosamente breves; luego, Sakura se encontró siendo conducida en una limusina con chofer. Supuso que ese era el tipo de tratamiento al que tendría que acostumbrarse.
Cuando se apearon del coche, Sasuke la condujo al interior de un imponente edificio en uno de los barrios de moda de la ciudad.
El apartamento no era parte de la herencia de Sasuke, sino que él lo había comprado hacía unos cuantos años. Lo atendía una pareja: madame Hennette Giscard y su marido Albert y ambos estaban esperando para dar la bienvenida a su jefe y su esposa, con gesto inexpresivo.
Al terminar las presentaciones, Sasuke la llevó a un extremo de la habitación.
—¿Estarás bien si te dejo aquí? —preguntó en voz baja—. Necesito ir a la oficina y no sé a qué hora volveré.
—Oh, está bien… está bien —tartamudeó Sakura, sintiendo que se ruborizaba bajo su mirada inquisitiva.
—No lo dudo —torciendo la boca, Sasuke pasó el dedo índice por la curva de su ardiente mejilla, luego se volvió hacia madame Giscard, que aguardaba a prudente distancia—. No vendré a cenar, Henriette. Asegúrese de que madame tenga todo lo que necesite —levantó la mano de Sakura y le dio un beso rápido en la palma—. Au revoir mignonne.
Si los Giscard consideraron su partida como un comportamiento excéntrico en un recién casado, mantuvieron sus opiniones bien ocultas.
Sakura fue conducida por el apartamento con cierta pompa. Era obvio, por las miradas que intercambió la pareja, que no sólo estaban extrañados por el matrimonio de su jefe, sino también por la esposa que había elegido. Su falta de distinción y experiencia debía ser evidente, decidió la chica con amargura. Y si no podía engañar a los sirvientes, ¿cómo iba a engañar a la familia de Sasuke y a sus amigos?
Se las arregló para contener un suspiro de alivio cuando madame Giscard le mostró su dormitorio. Se trataba de una bonita habitación estilo imperio, adyacente a la de Sasuke. A pesar de la actitud neutral que él había adoptado hacia ella, hasta ese momento, Sakura temía que quisiera que ocuparan la misma habitación.
Pidió una cena ligera y después llamó a la clínica de Nueva York, para preguntar por Jiraiya. Recibió la respuesta acostumbrada… que era todavía demasiado pronto…
La chica decidió explorar el apartamento, sin la escalofriante presencia de madame Giscard. Encontró el lugar ligeramente austero y poco acogedor, con sus grandes habitaciones de techos altos. No había nada hogareño en él. El mobiliario y las cortinas parecían advertir: «mira, pero no toques».
Sakura se preguntó cuánto tiempo pasaría Sasuke ahí.
No obstante, había un toque benditamente familiar… la pintura de Jiraiya, del puente de Montascaux, que colgaba sobre la elegante chimenea de mármol en el salón. Se quedó parada, con las manos a la espalda, mirándola. Con un suspiro, evocó el revoltillo de tejados sobre la pendiente de la colina, que descendía hacia el río, con el ruinoso castillo que sobresalía del barranco. Su padre y ella habían alquilado una casa con el bosque atrás. Mientras Jiraiya pintaba, Sakura hacía sus propios bocetos, luego iba al mercado para cocinar lo que ahora reconocía debió ser alguna extraña comida. Pero su padre nunca se quejaba, pensó, con una temblorosa sonrisa en los labios.
Al volverse, murmurando una oración por la seguridad y la mejoría de su padre, Sakura vio el exquisito reloj que ocupaba un orgulloso lugar sobre la chimenea. Ciertamente Sasuke parecía no tener prisa en regresar, pensó Sakura. No era que deseara que lo hiciera, por supuesto, pero al menos él podía haber hecho un ligero esfuerzo para hacerla sentir a gusto en su nuevo ambiente. ¿No se daba cuenta de lo sola que se sentía?, se preguntó con un poco de resentimiento.
Más tarde Sakura trató de ver un poco de televisión, pero descubrió que requería más concentración de la que era capaz. Y un vocabulario más extenso, también. Era probable que tuviera que asistir a clases de francés antes de que ella y Sasuke recibieran a alguien, aunque no podía imaginarse a sí misma actuando como anfitriona en ese formidable ambiente.
A pesar de su nuevo peinado y su vestido, se sentía como un pez fuera del agua. Era una idea extraña y desolada y su garganta se contrajo.
«Oh, no», se dijo con determinación. No vas a llorar. Sólo estás cansada y muy tensa. Te irás a la cama… y, por la mañana, podrás comenzar a cumplir con tu parte del trato, afrontando tu nueva vida».
Iba atravesando el amplio vestíbulo, cuando sonó el teléfono. Por un momento, titubeó, pero al fin se decidió y levantó con cautela el auricular.
—¿Sasuke? —era la voz de una mujer, en tono bajo, cálido y ronco—. ¿C'est toi, mon coeur?
Por un segundo, Sakura sintió como si se hubiera convertido en piedra.
Murmuró cortante en francés:
—Me temo que monsieur Uchiha no está aquí, madame.
—¿Y quién eres tú? —algo de la calidez se había disipado.
—Su esposa —señaló Sakura y colgó.
Hola, gracias por su comentarios, bueno pues les recuerdo que esta historia no es mía sino de Sara Craven el titulo en español es "Solucion Equivocada" y bueno yo creo que uno de los mejores capítulos es el que sigue, nos vemos mañana.
