Capítulo 3
Sakura temblaba de cólera, y otra emoción menos definida, cuando cerró la puerta de su dormitorio. Si el teléfono sonaba de nuevo, no contestaría, se prometió. Hacer la vista gorda a los amoríos de Sasuke, como se requería, era una cosa; tomar sus recados era otra.
Se quedó quieta por un momento, respirando profundamente para recuperar el equilibrio. Madame Giscard había deshecho sus maletas y uno de los camisones que Tayuya insistió en que comprara, se hallaba extendido sobre la cama.
Sakura miró la prenda con disgusto. Debió costar más de lo que ella solía pagar por la ropa de todo un año, pensó con irritación. ¡Qué terrible desperdicio de dinero por un camisón que nadie vería, más que ella!
La cama tampoco era de su gusto. Demasiado lujosa para ella, y Sakura se preguntó si alguna vez podría dormir en medio de tal opulencia.
Estaba siendo muy quisquillosa. Tal vez una ducha la relajara un poco.
El cuarto de baño, inútil decirlo, era la última palabra en lujo. Sakura se sintió en el séptimo cielo cuando se sumergió en la bañera con agua perfumada y las tensiones desaparecieron poco a poco.
Luego, la chica se secó con una de las enormes y esponjosas toallas. Después, experimentó con algunas de las lociones y colonias deliciosamente perfumadas antes de ponerse el camisón. Se miró en uno de los espejos e hizo una mueca. El pequeño corpiño de encaje envolvía sus pequeños senos y cada lado de la brillante falda, estaba abierto, casi hasta el muslo. Con el cabello lacio suelto, parecía una niña jugando a ser adulta, pensó con desesperación.
Apartó los mechones de su rostro y regresó al dormitorio para detenerse con un jadeo al encontrarse cara a cara con Sasuke.
Él parecía casi tan sorprendido como ella, se dio cuenta Sakura con el rostro llameante.
Sasuke aún vestía el traje oscuro formal con el que se casó, pero se había quitado la chaqueta y la corbata de seda y se había desabotonado el chaleco.
—¿Qué estás haciendo aquí? —su voz era ronca. Buscó alrededor, en vano, una bata o alguna otra cosa que la protegiera de la expresión arrebatada de los ojos de Sasuke—. ¿Qué quieres? Es tarde.
—He venido a darte las buenas noches.
—Bien, ya lo has hecho; puedes irte —el tono de Sakura era cortante y las cejas oscuras de él se levantaron con sorpresa y desdén.
—También he traído un poco de champán para brindar por nuestro futuro —señaló la hielera y las copas que esperaban sobre una mesa.
—No creo que sea necesario.
—Es tradicional… en una noche de bodas.
—Pero no es… en realidad no… Quiero decir, nosotros no… —Sakura se detuvo, ruborizada—. Oh, ya sabes lo que quiero decir.
—No estoy seguro de ello —sirvió el vino en las copas y le entregó una a ella.
Sakura la tomó, sosteniéndola con torpeza.
—Dijiste que… esperarías —le recordó con voz temblorosa—. Que me darías tiempo para acostumbrarme.
Sasuke bebió un poco de champán, observándola meditabundo.
—Pero, ¿cuánto tiempo? ¿Este año, el próximo, algún día… o nunca, quizá?
Sakura pasó la lengua por sus labios resecos, mas el pequeño movimiento nervioso no pasó desapercibido para Sasuke, notó Sakura con los nervios de punta.
—Cumpliré mi palabra… cuando sea necesario. Pero todavía no.
—¿Y si te dijera que es necesario ahora… esta noche?
—Entonces no te creería —todavía sosteniendo su copa intacta dio un paso atrás—. Por favor, deja de decir esas cosas y déjame en paz, como prometiste —hizo una pausa, reuniendo valor—. Además, es obvio que te esperan en otra parte.
—¿Qué se supone que quiere decir eso?
—Significa que te agradecería que les pidieras a tus amantes que no te llamen aquí —Sakura levantó la barbilla—. Quizá debiste advertirle a la dama en cuestión que ahora eres nominalmente un hombre casado. Haz que te llame a tu oficina, de ahora en adelante. Estoy segura de que tu secretaria está acostumbrada a recibir tales llamadas.
Hubo un largo y ominoso silencio. Cuando Sasuke habló, su voz era como de hielo.
—¿Cómo te atreves a hablarme así?
—¿Y cómo te atreves a esperar que yo actúe de intermediaria con tus mujeres? De todos modos, está esperándote, así que no pierdas más tiempo.
—Cuando necesite tus consejos para conducir mi vida personal, te los pediré —había un pequeño músculo saltando a un lado de su boca severa—. De cualquier modo, no tengo intenciones de pasar la noche en otra parte, excepto aquí.
—Cuando dices «aquí» —Sakura pasó saliva—. Espero que no quieras decir…
Sasuke esbozó una sonrisa dura y breve.
—Quiero decir exactamente lo que piensas.
—¡No… oh, no! —se alejó otro paso de él—. Me prometiste…
—Escúchame —pronunció con aspereza—. Lo primero que hice cuando te dejé hace rato, fue informar a mi tío de nuestro matrimonio. Cuando se recuperó un poco de su decepción, insistió en que cenáramos en su casa mañana por la noche… para que él y su familia puedan conocerte, Sakura —encogió los hombros—. No pude negarme.
—Pero, ¡no podemos hacerlo! —lo miró implorante—. Por favor… tienes que posponerlo. Es demasiado pronto… Aún no estoy preparada…
—Exactamente —pronunció Sasuke—. Mi tío, mi tía y mi prima Karin, esperan conocer a mi amante y amada esposa, no a una virgen asustada. Así que necesitamos presentarles un matrimonio normal. ¿Comienzas ahora a ver la necesidad?
—No —contestó ella—. No la veo. No puedo conocerlos aún. Tendrás que inventar alguna excusa.
—No estoy de acuerdo —señaló Sasuke con gentileza y dejó su copa. Los ojos oscuros la recorrieron, haciéndola sentirse aterrorizada—. Creo que tendré que ver qué puedo hacer para… persuadirte.
—Sal de mi habitación —su voz se quebró—. ¡No te acerques a mí… o gritaré!
—¿De verdad? —sus cejas se levantaron burlonas—. ¿Y quién te imaginas que va a escucharte?
—¡Bastardo!
—Insultarme no cambiará nada. Tenemos un trato, tú y yo. Por mi parte, al menos he cumplido generosamente y continuaré haciéndolo, mientras reciba igual… generosidad de tu parte —hizo un ademán—. Ahora, ven acá.
—¡Te veré en el infierno primero! Diste tu palabra… y me mentiste —el pánico golpeaba en su pecho—. ¡No puedes hacer esto! Ni siquiera me deseas…
—¿Qué sabes tú de deseo? —inquirió Sasuke con suavidad.
—Sé que yo no te deseo.
Sasuke la miró largo rato, considerándola, luego, sin prisa, se quitó el chaleco y lo dejó caer al suelo, antes de comenzar a desabrochar los botones de la camisa.
Su cuerpo flexible, musculoso, estaba profundamente bronceado, su pecho oscurecido por el vello. Sakura lo observaba petrificada; apenas podía respirar cuando él comenzó a desabrocharse el cinturón. Había visto antes hombres desnudos en las clases de la escuela de arte, pero Sasuke… Ese desconocido, con quien acababa de casarse… desnudándose frente a ella de esa forma…
Él vio la confusión en sus ojos color jade.
—¿Quieres que te haga suplicarme que te tome? —preguntó con gentileza.
Sakura dio un grito y le arrojó el vino a la cara.
Él se quedó muy quieto un momento, después recogió su camisa y se limpió la cara y el pecho, sin dejar de mirarla.
—Deberías tener más respeto por el buen vino, ma belle. Y más respeto por mí, también. Veo que tendré que enseñarte.
La copa cayó de la temblorosa Sakura y rodó sobre la gruesa alfombra. Sasuke se acercó a la chica para tomarla por los hombros y acercarla a él, clavando los dedos con fuerza en su carne. Entonces su boca se cerró sin piedad sobre la de ella.
Sakura trató de mover la cabeza, pero él le impidió escapar de la sofocante presión. Sasuke la tomó del cabello y la sostuvo con firmeza mientras profundizaba su beso.
Separó los labios de Sakura con los suyos, permitiendo que su lengua invadiera la boca de la chica con devastadora sensualidad.
No tenía caso luchar contra él… Tenía demasiada experiencia y lo que era más significativo, demasiada determinación. Una vez más, Sakura era consciente de su poder físico, de su musculoso cuerpo.
El calor del duro cuerpo de Sasuke la quemaba a través del delgado camisón y al ponerse rígida, con furia impotente, Sakura sintió la otra mano de Sasuke acariciarla desde un hombro hasta la curva de la cadera, no sin antes detenerse sobre un seno.
Sakura no estaba preparada para eso, ni para la estremecedora reacción de su cuerpo a la primera caricia íntima que recibía. Podría odiarlo por lo que estaba haciéndole, pero no podía impedir que su pezón se endureciera bajo el juego sutil de sus dedos o la oleada de calor húmedo que la invadió.
Luego, con su boca unida a la de ella, Sasuke la levantó y la llevó hasta la cama. La colocó sobre las sábanas frías y se acostó a su lado. Le acarició la mejilla, haciéndola volver la cara para besarla de nuevo, lenta y explícitamente, con una mano viajando, sin prisa, desde sus excitados e hinchados senos hasta la parte expuesta de sus muslos, a través de la abertura lateral del camisón.
Cuando Sasuke se apartó, Sakura pensó por un momento de agonizante esperanza que él había cedido, pero él sencillamente estaba quitándose el resto de la ropa. La chica se volvió con un jadeo, para ocultar su acalorado rostro en la almohada.
Sintió hundirse ligeramente el colchón cuando Sasuke se acostó de nuevo a su lado.
—Relájate —susurró él—. No voy a hacerte daño.
—¿Otra promesa? —demandó Sakura con amargura, con la espalda vuelta hacia él.
—Intento cumplirla —tocó la nuca de Sakura con los labios y sopló suavemente contra su cabello. Un escalofrío la recorrió.
No estaba preparada para eso, pensó con desdicha. Sasuke le había mentido, había roto su promesa y ella no podía perdonarlo. Si la deseaba, tendría que tomarla, se dijo a sí misma con valentía. Porque ella no cedería, no importaba lo que le costara.
Cuando la mano de Sasuke comenzó a retirarle el camisón, ella lo detuvo con un pequeño grito.
—¡No!
—Entonces quítatelo.
—¿Cuál es el problema? —aunque no estaba mirándolo, podía percibir la sonrisa en su voz—. ¿Tienes alguna deformación que has estado ocultándome?
—Sabes muy bien que no —respondió con amargura.
—¿Cómo puedo saberlo? —repuso él—. ¿Cuando sólo he descubierto tu cuerpo en mi imaginación…? Hasta ahora.
Sakura se estremeció de vergüenza al ver que Sasuke le deslizaba el camisón, sobre la cabeza para arrojarlo al suelo a un lado de la cama.
—Oh, Dios —exclamó, sollozando—. Al menos apaga la luz.
—No —con gentileza, pero implacablemente, la hizo volverse hacia él—. Quiero ver lo que compré con mi dinero.
Sakura cerró los ojos, hundiendo los dientes en su labio inferior mientras soportaba el lento escrutinio de Sasuke.
—¿De qué tienes tanto miedo? —preguntó él al fin.
—No tengo miedo… tengo asco. Pensé que podía confiar en ti, pero me mentiste.
—Y ahora me voy a acostar contigo, pequeña —rió con suavidad—. ¿Por qué no dejas de luchar contra mí y aprendes un poco acerca de ti misma? ¿Quién sabe? Podrías llevarte una agradable sorpresa.
—Ser traicionada y degradada no figura en mi lista de experiencias por disfrutar —pronunció entrecortadamente.
—Así que encuentras mi presencia, aquí contigo, degradante —su voz adquirió una repentina frialdad—. Mis profundas condolencias, madame. Pero eso nada cambia. Puedes comportarte de modo infantil si quieres, pero esta noche vas a aprender lo que significa ser una mujer. Podrías encontrarlo más fácil si dejaras de odiarme —añadió con sequedad.
—¡Nunca! —pronunció con fiereza—. ¡No te perdonaré por esto!
Los dientes de Sasuke brillaron en una breve sonrisa sin humor.
Comenzó a besarla otra vez. Sus labios eran tibios, excitantes, al moverse sobre los de ella y descender luego sobre la larga línea del esbelto cuello hasta los senos.
El contacto de su boca, la caricia de su lengua contra su carne, era una revelación… un placer casi doloroso para ella. «No puedo soportar esto», decidió Sakura, mientras los labios de Sasuke cercaban con delicadeza un pezón.
—No —murmuró—. Sólo… haz lo que vayas a hacer y luego déjame en paz.
—A su tiempo, mi amor —los dedos de Sasuke acariciaron sus muslos con lentitud—. Podrías disfrutar, si quisieras…
Había una nueva e ingenua tibieza en su voz. Sakura comenzó a temblar de pronto, tentada a ceder. Lo miró, y entonces registró el destello de divertido triunfo en los ojos de Sasuke.
Era la expresión de un hombre acostumbrado a triunfar con las mujeres.
Sakura levantó la mano y lo abofeteó tan fuerte como pudo.
La cabeza de Sasuke fue lanzada hacia atrás de modo increíble; luego, juró en voz baja y con fuerza tomó de los hombros a Sakura, sosteniéndola contra la cama.
Ella comenzó a luchar con ansiedad por librarse de su peso, sus manos se batían contra él, sus uñas se clavaban en sus hombros.
Entonces Sasuke se apoderó de sus muñecas y se las sostuvo sobre la cabeza.
—Sakura —había cierta angustia en su voz—. ¡En el nombre de Dios, no! ¡Así no!
Sakura gritó cuando Sasuke la tomó, pero más por la sorpresa que por el dolor. De alguna manera disparatada, ella quería que él le hiciera daño… quería que se sintiera culpable… También en eso se equivocaba.
Pero su malestar inicial desapareció enseguida, ante la sorprendente y desacostumbrada sensación de lo que él le hacía…
Mantuvo los ojos cerrados con fuerza. Trató mentalmente de recitar la tabla del nueve, de evocar alguna poesía… cualquier cosa que le impidiera pensar en Sasuke y la fuerza desnuda de su cuerpo dentro de ella.
No pudo permanecer totalmente impávida, sin embargo. Era demasiado consciente del roce del cuerpo de Sasuke, empapado en sudor, sobre el suyo, y de su urgente jadeo. De una manera extraña, esa urgencia parecía estar comunicándose a ella. En lo profundo de su ser, a pesar de sí misma, podía experimentar una espiral de oscura y vergonzosa excitación.
Un sonido escapó de la garganta de Sasuke, áspero, casi agonizante, luego su cuerpo cayó contra el de ella, temblando, espasmo tras espasmo, mientras hundía el rostro entre sus senos.
Por un momento, Sakura sintió un intenso anhelo. Permaneció en completa quietud bajo el peso relajado de Sasuke.
Al fin, convencida de que él se había quedado dormido, Sakura comenzó a apartarse gradualmente. De inmediato, los brazos de Sasuke la ciñeron.
—¿Qué pasa?
—Me gustaría levantarme, quiero ir al baño.
Sasuke se apoyó en un codo y la estudió con expresión fría y burlona.
—¿Por qué? ¿Para borrar todo rastro de mí?
—Algo así —Sakura se mordió el labio inferior.
—Me pregunto si podrás —expresó cínico—. Pero tal vez, mi dulce novia, yo no quiera que me dejes tan pronto. Quizá dentro de poco te desee de nuevo.
Sakura levantó la vista al oscuro rostro sobre el, con los ojos muy abiertos y Sasuke rió con rudeza.
—Pero tal vez no —agregó y se apartó de ella.
Sakura se deslizó fuera de la cama, cogió su camisón y se lo puso. Estaba temblando con violencia y el cuerpo le dolía de un modo extraño. Era consciente de que Sasuke la seguía con la mirada en su camino hacia el baño y la aterrorizaba que él pudiera… insistir en obligarla a más intimidad con él.
La chica aseguró la puerta por dentro, sin importarle si él escuchaba o no.
Se quitó el camisón, lo arrojó al suelo, caminó hacia la ducha y abrió la llave del agua caliente para enjabonarse metódicamente cada centímetro de su cuerpo.
Después se envolvió en una toalla y se sentó, mirándose al espejo. Había escuchado o tal vez leído en alguna parte, que uno podía adivinar el conocimiento sexual de una mujer en sus ojos. Pero ella nada veía reflejado en lo suyos, excepto dolor y confusión.
Tragó saliva, notando que había marcas sobre sus hombros y senos que tal vez se convertirían en magulladuras el día siguiente.
Pero ya no más, pensó levantando la barbilla. De ahora en adelante no tendría más contusiones. Se había convertido, aunque no por elección, en la esposa de Sasuke Uchiha. Ahora sabía lo peor que podía sucederle y, Dios la ayudara, lo que podía esperar de él en el futuro.
Pasó largo tiempo antes de que pudiera obligarse a regresar al dormitorio, pero cuando lo hizo, Sasuke ya se había ido. Por un momento se quedó mirando la cama vacía, con sus mantas desordenadas. Luego se deslizó bajo las sábanas, cubriéndose hasta el cuello.
El dolor en su interior se había intensificado, pero ¿qué más podía esperar? Después de todo, había sido violada.
Hundió los dientes en su labio inferior hasta que probó la sangre. Todo el encanto de Sasuke… toda la consideración que le había mostrado no era más que una fachada. «No soy un salvaje», había dicho él aquella primera noche en Lowden Square, pero había mentido. Era peor que eso. Era un bruto… un animal.
«Y tú», decía una vocecita en su cabeza. «¿Y tú? Le arrojaste el vino, lo golpeaste, trataste de sacarle los ojos. ¿Es de sorprenderse que él reaccionara con enojo? Tú estabas furiosa también, no con él, sino contigo misma, porque empezabas a disfrutar lo que él te hacía… comenzabas a desearlo… y tu orgullo te impedía reconocerlo. Así que luchaste con él y perdiste».
Sakura se movió en la cama con inquietud. La cabeza le daba vueltas, al tiempo que trataba de bloquear los recuerdos indeseados que volvían a atormentarla. La boca de Sasuke contra su cuerpo… sus manos…
Entonces sintió el feroz endurecimiento de sus pezones y la tumultuosa contracción de su cuerpo, con una necesidad que no sabía que existiera.
Con un gruñido hundió el rostro en la almohada.
«Maldito sea», gimió en silencio. «¡Maldito sea!»
Pasaron horas antes de que cayera en un tormentoso sueño. Cuando despertó, el pequeño reloj de su cama le indicó que eran más de las diez.
En ese momento, la puerta de su dormitorio se abrió y, como programada, madame Giscard apareció llevando una bandeja.
—Oh, gracias —Sakura habló con torpeza en francés, usando la sábana para ocultar su desnudez—. Siento haber causado algún inconveniente.
El ama de llaves le dirigió una mirada de cortés sorpresa.
—A sus órdenes, madame.
Caminó hacia el guardarropa, seleccionó una bata y se la llevó a la cama, con el rostro inexpresivo.
—Monsieur Uchiha salió hace algunas horas, madame. Me pidió que le dijera que la acompañará a comer.
Los modales de la mujer indicaban que estaba bastante acostumbrada a llevarles el desayuno a la cama a muchachas desnudas, en la casa de Sasuke Uchiha. Y el hecho de que él estuviera legalmente casado con la ocupante actual no hacía ninguna diferencia en absoluto.
Sakura bebió el zumo, también probó el chocolate caliente y la tostada sin particular apetito.
Durante las horas de vigilia, antes del amanecer, Sakura llegó a aceptar el hecho de que había caído en su propia trampa. Por desastroso que fuera su matrimonio, no podía alejarse de Sasuke, como la impulsaba cada fibra de su ser, pues perdería el dinero para el tratamiento de Jiraiya. Sasuke lo había dejado muy claro la noche anterior. Así que, de algún modo, tendría que pasar los días… y soportar las noches.
Se duchó con rapidez y se vistió con una falda roja y una blusa a juego. Estaba todavía muy pálida y había profundas sombras bajo sus ojos, pero no intentó disimularlas con maquillaje. Se sentía, supuso, como cualquier otra muchacha la mañana después de su noche de bodas… excepto que la mayoría de la novias probablemente estarían radiantes, además de exhaustas.
Fue una mañana muy larga. Sakura pronto descubrió que su nuevo entorno funcionaba como un reloj, sin necesitar interferencia de ella. De hecho, estaba segura de que cualquier intento por mezclarse en el eficiente régimen de madame Giscard, sería muy mal recibido.
Vagó inquieta por el apartamento, incapaz de descansar. A pesar de que la vista de París que se apreciaba desde las ventanas era estupenda, a ella no le llamaba la atención, y se preguntó si alguna vez se sentiría bien ahí.
Pero no podía pasar el resto de la vida mirando por la ventana. Tendría que encontrar alguna ocupación…
Al aproximarse la hora de la comida, la chica se hallaba más y más nerviosa. La voz de Sasuke en el vestíbulo la hizo correr a uno de los sofás del salón. Se sentó, y fingió hojear una revista, esperando parecer compuesta y relajada.
Lo escuchó entrar en la habitación.
—Hola —como Sasuke rompió el silencio, Sakura se vio obligada a levantar la vista. Devolvió el saludo, molesta al escuchar su propia voz tartamudear ligeramente.
—¿Cómo has pasado la mañana? —Sasuke se sentó en el sofá.
—Bien… ¿y tú?
—Muy ocupado —hizo una pausa—. ¿Puedo ofrecerte un aperitivo?
—Sólo un poco de agua de Perrier… si es que hay.
—Puede haber lo que desees —contestó él con cortesía. Se sirvió whisky, antes de sentarse de nuevo a su lado—. Acerca de anoche… —comenzó.
—Preferiría no hablar de ello.
—Creo que debemos —insistió cortés, pero implacable—. Mi comportamiento fue imperdonable, después de todo. Yo sólo puedo ofrecerte mi más profundo pesar.
Su expresión era tan fría como su voz. Mirándolo veladamente, Sakura notó una leve marca sobre su mejilla, donde una de sus uñas debió alcanzarlo.
—En realidad no importa —señaló con dureza—. Me casé contigo, así que supongo que debí esperar… algo así —respiró profundo—. Dijiste que querías un hijo. Bien, tal vez sucedió… y tú podrás… dejarme en paz en el futuro.
—Dudo que el asunto se haya arreglado tan convenientemente —afirmó cortante—. Sin embargo, esperemos que tengas razón —apuró su whisky y por un momento contempló el vaso vacío.
El rostro de Sasuke estaba inexpresivo, pero Sakura era consciente de una cólera en él que trascendía cualquier cosa que ella hubiera experimentado la noche anterior… una violencia casi tangible. Tenía la loca sensación de que en cualquier momento, la delicada pieza de cristal que sostenía en la mano, se haría añicos contra la chimenea.
Sakura emitió un pequeño sonido y levantó la mano involuntariamente para tocar el brazo de Sasuke. Él la miró y de pronto, la tensión entre ellos comenzó a ceder.
Sasuke dejó el vaso en una mesa lateral, se puso de pie y le dirigió a Sakura una sonrisa que alcanzó sus ojos.
—¿Vamos a comer ahora?
Sin decir palabra, ella asintió. Juntos salieron del salón y cruzaron el vestíbulo hasta el imponente comedor, justo cuando madame Giscard servía la sopa.
La comida transcurrió en silencio la mayor parte del tiempo. Sakura le dirigía miradas furtivas a Sasuke a través de las flores reflejadas en la superficie de la pulida mesa. La noche anterior ella había averiguado lo despiadado que Sasuke podía ser. Ahora se enteraba de que tenía temperamento, también. Se preguntaba qué otros descubrimientos traerían la siguientes semanas, meses… quizás años. Y se estremeció.
—No has comido —observó Sasuke con brusquedad, sorprendiéndola—. ¿Hay algo malo en la comida?
—Oh, no —tartamudeó—. Es maravillosa. Creo que todavía estoy bastante cansada… —se detuvo abruptamente, sintiendo que el color subía a su cara y esperando algún comentario irónico.
—Entonces, descansa. Tienes que estar radiante esta noche, recuerda.
—No voy a olvidarlo, dadas las circunstancias.
—Es cierto. Anoche no fue un momento glorioso… para ninguno de nosotros —su sonrisa fue breve—. Trataré de comportarme con más consideración en el futuro. Esta noche, por ejemplo, no tendrás que soportar mi presencia en tu cama. Tienes mi palabra de que te dejaré en paz.
—Gracias —repuso Sakura con incertidumbre.
—Y si ya has terminado de comer, ¿por qué no vas a disfrutar de tu siesta?
Sakura empujó hacia atrás su silla, murmurando algo incoherente en respuesta y casi huyó a su habitación.
Estaba a salvo esa noche, pero esa era la única garantía con la que contaba. Algún día, tarde o temprano, la puerta de la habitación adyacente se abriría y se esperaría que ella se entregara a él… que permitiera ser usada, no por otra razón sino porque había sido comprada.
De pronto sintió el escozor de las lágrimas.
—No podré soportarlo —expresó en voz alta.
Pero supo, aun antes que se apagara el sonido de sus palabras, que no tenía alternativa.
Hola! Muchas gracias por sus comentarios, no creen que Sasuke es un maldito? Yo también lo creo, hasta mañana.
