Título: Acerca de juegos y verdades.
Pareja: Harry/Draco.
Resumen: Harry Potter es auror, y una tarde, en medio de una intervención, se encuentra nada más y nada menos con Draco Malfoy. Este encuentro desencadena una investigación mucho más personal de la que sus amigos (y ustedes) creen.
Advertencias: Lemmon (en exceso, sobre todo al inicio, pido disculpas por ello, pero Harry y Draco lo hacen felices de la vida); algo empalagoso en algunas partes, enredos y saltos en el tiempo al momento de narrar (ellos no harán saltos en el tiempo, yo, con mi "maravillosa" forma de narrar los haré saltar a ustedes)
Notas propias: Este fic está dedicado para Nai, con todo mi cariño y mi corazón, por tu cumpleaños preciosa (que fue en octubre y como ya dije, es el regalo más tardío que he entregado jeje). Espero que la historia te guste.
Más notas Hola a todos, esto es solo es para pedir disculpas a todos los que esperaban un capítulo ayer en la madrugada (lunes oficialmente en Perú).
Ayer tuve un montón de cosas que hacer, le había prometido a mi hermanita pequeña llevarla a comprar ropa, y eso me demoró toda la mañana, y luego en la tarde le había prometido a una amiga reinstalarle la computadora, y eso me tomó más tiempo del que pensé, luego cuando ya eran las nueve y pico de la noche, el dolor de cabeza que arrastraba todo el fin de semana (no quiero pensar porqué me tiene que estar doliendo la cabeza a cada rato) me estaba molestando mucho, aún así pensé entrar a la portátil y dejar un mensaje explicando porqué no había podido actualizar, ¿y qué creen? la portátil estaba sin batería, (solo le quedaban 15 minutos, máximo) y el cargador no lo encontraba, tenía la idea que lo había dejado en casa de mamá ese día, y me aferré a esa idea... luego dije, bueno, definitivamente no hay forma, así que copié la historia y unas cuantas cosas más en la memoria antes que la batería se muriera completamente, me tomé media pastilla para dormir (cuando me duele la cabeza eso me deja dormir y me levanto mejor, aunque claro, no es una cura ni nada que haga todos los días) y luego me dormí.
Hoy pensé que en la mañana llegando a la oficina podría poner el capítulo de una vez, pero... es lunes, mi jefe me ha hecho una lista de pendientes y tengo gente hablando por los dos msn (trabajo haciendo ventas... es largo de explicar, pero una de las cosas que hacemos es atender por msn, yo tengo a cargo dos msn y esa es la razón por la cual no me gusta normalmente conectarme en mis horas libres... ) Y los teléfonos suenan y... º.º *Zafy está estresada y no son más que las 10 de la mañana*
Y bueno, sé que les debo las respuestas a los comentarios, gracias a todos por sus palabras y estaré poniéndome a ello mañana y pasado, poco a poco… Por lo pronto espero que disfruten el capítulo, para los que deseaban saber, son diez capítulos y bueno, la relación de Harry y Draco avanzó rápido porque la idea era volver al almacén donde ambos se encuentran en el prologo…
ACERCA DE JUEGOS Y VERDADES
CAPÍTULO 4: CUANDO LA ILUSIÓN SE TERMINA… ¿LLEGAMOS A UN ALMACÉN CLANDESTINO?
Faltando menos de un mes para la boda de Ron y de Hermione, Harry estaba decidido a pasar unos días fuera de la ciudad con Draco, que al principio no se notaba muy entusiasmado con la idea, argumentando que tenía mucho trabajo y cosas que hacer. Harry tuvo que hacer uso de todas sus tácticas para convencerlo y así, cuando el verano estaba casi terminando, ambos alquilaron una pequeña cabaña a orillas de una playa, alejada de toda la civilización, era muggle, por supuesto, pues el tema de dejarse ver en público en el mundo mágico seguía siendo un tema prohibido entre ellos, algo que Harry no quería insinuar por miedo a la respuesta y algo de lo que Draco no quería oír hablar.
Al tercer día, antes de regresar a la ciudad, ambos hicieron una pequeña fogata cerca de la orilla, y jalaron unas cuantas mantas y una botella de firewhisky, el cielo estaba despejado y se podía ver una gran cantidad de estrellas, el sonido del mar era como una melodía que los hacía sentir relajados y tranquilos.
Ambos estaban metidos entre las mantas, prácticamente desnudos, luego de haber hecho el amor, sus cuerpos pegados el uno al otro y mirando al cielo.
—En tres semanas será el matrimonio de Hermione y Ron —comenzó Harry, había ya pensado en eso antes, en que, pese a no andar con Draco por en medio de todo el callejón Diagon, por lo menos en decirle a sus amigos y a los Weasley que estaba saliendo con él, e imaginó incluso llevarlo a la boda, aunque claro, no pensaba caer allí con él por sorpresa, debía ponerlos al tanto antes, pero necesitaba saber qué era lo que Draco pensaba al respecto.
—Lo sé, estoy seguro que la pasarás muy bien —asintió Draco, dándole un trago a botella de firewhisky, pensando en otras cosas, como en los problemas que tenía con los del GDIS.
—Seguramente… —Harry giró a mirarlo un momento, antes de volver a mirar al cielo —, pero la pasaría mejor si tuviera una pareja con la cual ir.
—¿Estás diciéndome que buscarás una pareja para ir al matrimonio de la comadreja y la sabelotodo? —preguntó Draco, prestándole ya completa atención a Harry y algo asombrado por aquella declaración.
—¿Qué? No, claro que no, tonto —refutó rápidamente Harry, pasando por alto por esta vez el insulto a sus amigos.
Harry sintió como el cuerpo de Draco se tensaba ligeramente cuando por fin entendió la insinuación, y suspiró, sabiendo ya de antemano cuál sería su respuesta.
—Tal vez no sea buena idea pedirlo —dijo al fin, sin mucho ánimo.
—Tal vez no lo sea —apoyó Draco —, además no me imagino en la boda de ellos, y sobre todo, no creo que sea correcto ir y quitarle la atención a la pareja protagonista —continuó Draco, tratando de convencer a Harry.
—No creo que podamos quitarles el protagonismo, además no pensaba aparecer contigo así no más.
—Entonces si pensabas realmente aparecer conmigo —negó Draco, casi viendo venir una pelea como las que no tenían hacía mucho tiempo.
—Pensaba que ya va siendo tiempo de hablar con ellos, no digo de poner la noticia en El Profeta o algo así… solo de contarles a mis amigos que estoy saliendo contigo —explicó Harry —, y claro que una vez que ellos lo sepan, el ir contigo no debe representar ninguna sorpresa.
Draco se apartó de Harry y se sentó, buscando sobre la arena su camiseta y sus pantalones, sin el abrigo del cuerpo de Harry y de la manta empezaba a sentir el frío de la madrugada.
—No estoy seguro de que sea buena idea —refutó, comenzando a vestirse.
Harry se recostó de lado y apoyó el codo sobre la arena y la cabeza sobre una mano, observando cómo Draco se vestía apresuradamente, un sentimiento de desencanto instalándose en su pecho, por un instante pensó que había sido tonto de su parte el arruinar de esa manera los fantásticos días que habían tenido, aunque sabía que, tomando en cuenta toda la situación, si Draco le iba a romper el corazón, cuanto antes mejor.
—Está haciendo frío, mejor será volver dentro, no queremos pescar un resfriado —comentó Draco, tras el largo silencio, se sentía sumamente incómodo con Harry mirándolo de esa manera.
—Yo creo que prefiero quedarme aquí esta noche —negó Harry, dejándose caer nuevamente sobre las mantas y arropándose un poco más, tenía frío, pero no quería entrar con Draco a la cabaña.
Draco dudó un instante, antes de asentir y, luego de avivar un poco la fogata, caminó hasta el interior de la cabaña, mirando de cuando en cuando a Harry, que permanecía completamente quieto.
La cabaña que habían alquilado era pequeña, apenas una habitación, una sala de estar y una cocina en la parte de adelante, donde había un gran ventanal desde el que se podía ver la playa. Draco se instaló en el lugar en el que habían desayunado durante todos esos días, con una copa de whisky, y observó a Harry por mucho rato más, mientras cavilaba entre sus propios problemas.
Ya había pensado antes en eso, en que debía hablar con Blaise, y seguramente con algunos otros, comentarles que estaba saliendo con Harry, dejar de esconderse al menos de sus amigos, y sabía que Harry se estaba impacientando por su negativa a hablar con los demás, pero no podía explicarle…
Vio a Harry ponerse en pie y vestirse rápidamente, luego ponerse una manta sobre los hombros y caminar hacia la orilla con lentitud, por un loco instante tuvo temor y salió a prisas de la cabaña para alcanzarlo.
Harry se acercó lo suficiente a la orilla como para que la marea le mojara un poco los pies, mientras observaba el infinito y oscuro océano, pensando en que si es que esa se convertiría en su primera pelea, una de muchas más grandes proporciones que la que habían tenido cuando había dicho que Draco no tenía padres, esa apenas había durado un par de días, y las otras que habían tenido hasta ese momento solo habían sido pequeñas rencillas que acababan en un par de horas y con una gran reconciliación en el apartamento de uno de ellos. Draco era ahora parte importante de su vida, no estaba seguro de cómo, pero de desearse en medio de esa discoteca a este punto, habían cambiado muchas cosas. Sus sentimientos habían cambiado, pero… ¿Draco sentía lo mismo que él, o se estaba engañando?
—¿Qué estás haciendo? —reprochó Draco en voz alta, mientras lo alcanzaba. Harry dio un respingo, no había sentido a Draco acercarse a él.
—Sólo miro el mar —respondió, encogiéndose de hombros, antes de mirar nuevamente hacia el horizonte.
—Ah…
—¿Acaso creías que iba a meterme al mar o algo así? —preguntó, aprovechando que Draco seguía a su lado.
—No lo sé, a veces haces cosas raras —respondió rápidamente Draco, sintiéndose estúpido por haber salido corriendo de la cabaña en cuanto Harry se había acercado a la orilla.
—¿Cosas raras? —preguntó Harry, soltando un bufido.
—Bueno… caminar por la orilla en medio de la madrugada no es algo muy normal que digamos.
—Yo no creo eso, me hace sentir tranquilo y relajado, me ayuda a pensar.
—¿Pensar?
Harry se encogió de hombros y dio un par de pasos más hacia el frente, el agua helada le mojó los talones y las pantorrillas, y un escalofrío le recorrió la espalda.
Draco se quedó allí de pie, mirando hacia el mar y hacia Harry, sintiendo el agua mojándole los pies, sin comprender nada de lo que pasaba, hasta que se cansó del silencio:
—Yo simplemente creo que aún no es momento de decirles nada a nuestros amigos —soltó.
—¿Aún no es momento? —farfulló Harry, antes de darse la vuelta y encararlo —¿Y cuándo, según tú, será el momento?
—No lo sé, pero no se me antoja que me exhibas es una boda, con mucha gente a la que seguramente no le simpatizo —se defendió Draco rápidamente.
—Yo no te quiero exhibir —negó rápidamente Harry.
—Entonces no veo cuál es tu apuro.
—Ni yo cuál es tu temor —refutó Harry.
—Yo no tengo temor —replicó Draco, queriendo sonar indignado.
—Dime una cosa, Draco —dijo entonces Harry, con voz más herida —¿qué es lo que pretendes con esto?
—¿Con qué exactamente?
—Con esto, contigo y conmigo —aclaró Harry, haciendo un gesto con la mano que los abarcaba a ambos —, llevamos muchos meses juntos, casi un año, y que yo sepa, a menos que haya entendido mal, esto no es simplemente quedar para follar como si fuéramos amigos con derecho, pensé que esto era algo más serio.
—¡Y lo es!—replicó Draco inmediatamente.
—Pues no lo parece —respondió Harry —, estamos bien mientras sea a escondidas de todos, pero en cuanto siquiera insinúo el hacer esto algo más público, te alejas como si la sola idea te espantara, y eso que estoy hablando solo de mis amigos.
—Pues comprenderás que no me llevo del todo bien con tus amigos, y que… y que me gusta estar contigo, pero…
—Pero no es algo serio, ¿verdad? —suspiró Harry.
—¡Yo no he dicho eso!
—No, pero es lo que entiendo, tú tratas de mantenerme al margen de todo lo que haces, ni siquiera sé a qué te dedicas realmente, o si tienes más amigos o familia que Blaise, simplemente me excluyes de tu vida. Te sirvo para salir algunas veces y encerrarnos a follar, pero para nada más.
Y dicho eso Harry se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la cabaña, con la intención de juntar sus cosas y aparecerse en su departamento, se sentía dolido y herido. Había sido un tonto al enamorarse tanto de él y no fijarse en que sus sentimientos no estaban siendo del todo correspondidos.
—Harry, no… —Draco vio a Harry caminar hacia la cabaña y corrió para alcanzarlo.
—No digas nada más, en serio, Draco.
—No, no te vayas, no puedes irte así como si nada, ¡te estoy hablando! —continuó protestando Draco, tratando de alcanzar a Harry.
—Está bien, creo que estaba equivocado, eso es todo, pensé que esto era algo diferente, pero ya veo que no, lo mejor es que…
—Harry, espera, por favor —insistió Draco, tomándolo de un brazo y haciéndolo girar con fuerza.
—Vamos, Draco, ya está bien, nos divertimos y todo eso, pero lo más sano es dejar las cosas por la paz.
—Yo no quiero dejar las cosas aquí —negó Draco rápidamente, sintiendo una ola de pánico ante la perspectiva de que Harry se apartara de él definitivamente.
—Pero yo no quiero seguir en esa situación —Harry se soltó de él y pensó que realmente no tenía nada irremplazable en la cabaña, como para tener que volver a ella.
—Harry…
―¿Aceptarías que le diga a mis amigos de lo nuestro? , ¿se lo dirías a Zabini? ―preguntó Harry con voz firme.
Draco se quedó cayado, incapaz de aceptar algo así. Entonces Harry negó con la cabeza, vencido.
—Adiós, Draco —dijo, dando un paso hacia atrás y sacando la varita, lo último que vio fue a Draco, con una expresión sorprendida, al fondo el mar se mecía lentamente y el sonido de las olas era hipnotizante.
Un instante después estaba ya en su departamento, levantó las barreras de protección y caminó, casi sin darse cuenta, hasta su cama. Se dejó caer en ella y entonces notó que aún tenía la manta que había usado en la playa para abrigarse sobre los hombros, y sus pies y piernas estaban mojadas y con arena, pero no le interesó el asearse. Se acurrucó un poco más y cerró los ojos, deseando que el sueño llegara pronto; entonces se dio cuenta de que estaba temblando, y que había terminado con Draco, que lo había dejado solo en la playa. Por un instante pensó en levantarse y regresar, pero luego cambió de idea, mejor era cortar con eso de una vez, tras tanto tiempo Draco aún tenía muchas reservas en cuanto a ellos, era obvio que no era algo sano continuar. Tomó un par de bocanadas de aire, tratando de relajarse para dormir, pero por supuesto que no lo consiguió.
º.º
Draco se quedó en pie, delante del espacio donde Harry había estado un poco antes, durante un largo rato, sin creer que realmente Harry se había ido, que lo había dejado. Luego de entender que así había sido, intentó aparecerse en el departamento del chico, pero las barreras estaban activadas y lo enviaron de vuelta a la playa. Vencido y cansado, apagó la fogata y en la oscuridad caminó hacia la cabaña. Esa madrugada no durmió, se dedicó a empacar sus cosas y las de Harry y esperar despierto hasta el amanecer, por si él volvía, pero eso no ocurrió.
No fue sino hasta el atardecer que se dio por vencido y se apareció en su departamento. Dejó la maleta de Harry, junto con la suya a un lado, y se metió en la tina, un dolor que nunca antes había sentido se instaló en su pecho.
Esa misma tarde intentó aparecerse en el apartamento de Harry una vez más, pero las protecciones seguían puestas. En la noche le mandó una lechuza, pero el sobre regresó sin ser abierto. Intentó con las lechuzas durante un par de días más, hasta que comprendió que Harry no le respondería. No estaba preparado para aparecerse delante de él y decirle que estaba dispuesto a tener una relación de cara a sus amigos, y sabía que Harry no lo recibiría de otra forma.
Y trató de repetirse una y otra vez que tal vez aquello era lo mejor, su vida era muy complicada como para tener una relación seria con Harry. Tal vez luego, cuando las cosas se hubieran calmado, podría explicarle, convencerlo. Pero por más que lo intentó, el dolor en su pecho no desapareció ni disminuyó ni un poco.
°.°
Tres semanas después…
Draco apenas había dormido aquella noche, últimamente le pasaba seguido eso, el tener insomnio, incluso ya se estaba acostumbrando a sentirse agotado y algo lento.
Esa mañana tenía una reunión importante, hablaría con el jefe de la organización, o eso al menos había dicho Oscar Trotman, uno de sus contactos en la banda de muggles en la que estaba metido. Tras casi un año de sentir que hacía el tonto por fin hablaría con aquel hombre al que nadie le había visto la cara antes. Sabía que era un hombre muy cuidadoso y que vigilaba constantemente a las personas que se le acercaban, así que había dado un avance dentro de la organización si es que Hathor, que era el nombre con el que se le conocía al jefe, dejaba que se reuniera con él.
Draco quería creer que estaba ya cerca del final, que podría ganar su confianza y en poco tiempo usar unos cuantos hechizos de legerimancia con él, conseguir las pruebas que faltaban y entonces al fin ser libre.
La noche anterior había tenido que trasladarse a Immingham para aquella reunión, y aunque le hubiera sido más simple tomar un traslador, o volar hacia allí, había tenido que guardar las apariencias, incluso instalándose en aquel ridículo y pequeño hotel cercano a Woodfield Rd.
No había dormido nada en absoluto; además había empezado a tener el mal hábito de fumar, lo había rehuido durante bastante tiempo, pero la gente de la banda muggle siempre estaba fumando y él sentía que eso lo hacía integrarse a ellos, como si fuera uno más del grupo, además que algunas noches lo relajaba, o por lo menos le daba esa sensación, así que finalmente había empezado a hacerlo, aunque se había propuesto dejarlo en cuanto todo acabara, estaba seguro que Harry no era de los que le gustaban los fumadores y él no tenía intenciones de convertirse en uno a largo plazo.
Se duchó y aseguró la varita en una de las mangas del pantalón, esperando ser tan de confianza como para que pasaran por alto la revisión a profundidad. Durante los primeros meses había tenido que encontrar miles de formas de ocultar la varita para no sentirse desprotegido en las reuniones.
Se acomodó en una de las mesas del comedor del hotel, la más cercana a la ventana y se pidió una taza de café americano declinando el resto del desayuno, se sentía ansioso y nervioso, el no dormir no ayudaba a que estuviera calmado y sabía que cualquier error, a estas alturas, sería fatal.
Se acomodó el nudo de la corbata y jugueteó con sus dedos, repitiéndose una y otra vez que un cigarro no sería necesario en ese momento, hasta que vio la caravana de camionetas cuatro por cuatro color negro. Suspiró profundamente y contó hasta diez, antes de levantarse y caminar hacia la salida.
Se abrió la puerta de la primera camioneta y una mano se asomó, haciéndole un gesto para que se acercara. Draco caminó con calma hasta la camioneta y se metió en ella. Dentro estaba Lei, un hombre chino que Draco ya conocía muy bien, se estrecharon las manos a modo de saludo mientras la caravana se ponía en marcha nuevamente.
—¿No te parece demasiado alboroto como para pasar de ser percibido? —preguntó Draco, mirando hacia el frente.
—El jefe acostumbra viajar así, la gente no sabe si se trata de un político o de la familia real, parece mentira, pero es la mejor forma de viajar —comentó Lei, recostándose sobre el asiento de cuero, sacando un cigarro y ofreciéndole otro.
Draco aceptó la invitación y se dedicó a observar el camino, sabía que estaban dando vueltas, y no le pareció raro, primero tenían que asegurarse de que nadie los siguiera.
°.°
Tres semanas después de la pelea, Harry había cambiado completamente su rutina.
Al día siguiente de la discusión con Draco, había ido a la oficina de su jefe y había aceptado un trabajo de espía en Irlanda, en teoría debería durar quince días, el tiempo justo para volver y meterse de lleno en el papel de padrino de la boda de sus amigos. Pero el trabajo tomó dieciocho días, y cuando regresó Hermione estaba frenética porque pensaba que se habían quedado sin el padrino para la ceremonia.
Intentó durante todo ese tiempo apartar a Draco de su mente, pero solo lo conseguía cuando estaba en medio del peligro, o enfrascado en algún seguimiento o investigación, así que, faltando tres días para la boda, cuando Alyce Snetterton le comentó el dato que un informante había soltado respecto a una banda que ya habían estado siguiendo antes y cuyas investigaciones no dieron más frutos porque su jefe les ordenó que dejaran de lado el caso, no pudo más que sentirse contento por la idea de meterse de lleno en algo que llamara su atención.
Aquella tarde, cuando por fin habían podido acorralar a la banda en aquel almacén, su mente no se entretuvo mucho en Draco, ni siquiera en que estaba a tres días de la boda y que lo más recomendable era mantenerse alejado de los problemas.
Harry observaba el cielo cada vez más nublado y oscuro, mientras Morrice lanzaba un homelus revelus dedicado, la diferencia con el homelus revelus convencional era que el dedicado les daba no sólo la cantidad de personas que había en el interior, sino también cuáles de ellas contaban con magia.
—Dentro hay ocho personas, y un mago —susurró Roger Morrice, inclinándose un poco hacia delante para que Harry lo escuchara…
°.°
Cerca del medio día se encontraban ya por la carretera A1173, podía ver el mar a lo lejos, y el recuerdo de la discusión con Harry lo entretuvo un buen trecho, hasta que se detuvieron delante de un gran almacén.
En la primera puerta no había vigilancia, cosa que le llamó la atención y le preguntó a Lei la razón.
—Es porque viene el jefe, mandamos a casa a los vigilantes, volverán cuando el jefe se marche.
Draco se abstuvo de decir que aquello era una tremenda estupidez y se dedicó a observar alrededor, era un campo abierto, solo arena y al fondo había un gran almacén, con puertas metálicas cerradas.
—Nosotros vamos primero —le dijo Lei, mientras abría la puerta para bajar, Draco saltó de la camioneta y disfrutó de poder estirarse luego del largo viaje. El chofer que los había traído se encargó de abrir la puerta del enorme almacén y los hizo entrar. Draco dio una mirada alrededor antes de entrar, dentro estaba lleno de cajas y anaqueles, Draco reconoció el último cargamento de productos electrónicos con marcas falsas que había ayudado a colar solo unos cuantos días antes.
Draco trató de no mostrarse impaciente, mirando como si fuera algo interesante, la gran cantidad de cajas con reproductores de música y video, hasta que finalmente la puerta del almacén se cerró. Se giró con lentitud y delante de él, a unos cuantos metros había un hombre alto y de cabello oscuro, pese a que estaba con los demás guardaespaldas, supo que se trataba de él, del jefe. Y estaba realmente sorprendido.
—Señor Dean Baker —saludó el hombre, haciendo una inclinación de cabeza. Dean Baker era el nombre que Draco usaba en el mundo muggle y ya estaba habituado a que lo llamaran de esa manera.
—¿Usted? —preguntó Draco asombrado.
—Sí, lo sé, toda una sorpresa —asintió el hombre, haciéndole un gesto a sus guardaespaldas para que se apartaran.
Draco se acercó rápidamente y le dio un apretón de manos.
—Como comprenderá, prefiero que me llame Hathor —le indicó el hombre —, no me llame de otra manera.
—Claro, no hay problema —asintió rápidamente Draco, no creyendo aún que tuviera delante a nada más y nada menos que a John Litefoote, Draco no había estado muy enterado del mundo muggle hasta que iniciara ese trabajo, pero ya había aprendido lo suficiente como para reconocer a Litefoote: Primer juez de la corte británica, un hombre que salía en las noticias constantemente, criticando los crímenes y diciendo que era deber del gobierno buscar la mejor forma de combatir el contrabando. Toda una ironía, debía reconocerlo.
—Vamos por acá —indicó el hombre, señalando hacia el fondo del almacén, donde había una vieja mesa de madera y unas cuantas sillas.
Se sentó en el lugar que le indicó el hombre y esperó pacientemente mientras éste encendía un cigarro. Aceptó la invitación de un cigarro y luego dio una profunda calada, mirándolo directamente al rostro y queriendo parecer tranquilo, aunque no lo estaba, definitivamente el caso era mucho más grande de lo que había esperado.
—Debo decir que estoy gratamente sorprendido de su trabajo —empezó el hombre, a lo que Draco correspondió con un asentimiento de cabeza —, ya me han dicho que no se me pueden revelar las formas en que se realiza, y no que me queje, aunque la curiosidad me mata.
Draco soltó una pequeña carcajada y negó con la cabeza.
—Lo siento, pero ya sabe cuál es el trato, sin preguntas.
—Y tan digno de confianza —suspiró el hombre, dando una mirada hacia sus hombres, Draco siguió su mirada y vio que todos estaban lo suficientemente apartados como para escucharlos.
—Por supuesto.
—Bien, supongo que el tiempo que tiene con nosotros demuestra que sí es alguien de fiar… —por un momento pareció que Litefoote dudaba, pero continuó —. Como comprenderá, no solo tengo un negocio, soy un hombre multifacético y esto de la importación de equipos electrónicos no es lo suficientemente rentable para mi gusto.
—Entiendo —asintió Draco, aunque pensó que el hombre era demasiado ambicioso, pues sabía ya cuánto le rendían en dividendos aquel negocio, y la suma no era nada despreciable.
—Hoy le voy a confiar algo más, un negocio que no le hemos comentado antes, completamente diferente, pero que da muy buenos dividendos, y que daría aún más si es que recibiera un poco de su ayuda.
—Soy todo oídos —Draco se inclinó hacia el frente y trató de no mostrarse tan ansioso.
—¿Conoce usted la ley sobre el comercio sexual en el Reino Unido?
—¿Comercio sexual? —preguntó Draco, francamente confundido.
—El comercio sexual es el negocio más antiguo del mundo —sonrió el hombre —, estoy seguro que usted también debe haber incursionado en el, al menos como un cliente.
—Yo… no estoy seguro de haberlo hecho.
—Vamos, no se haga el recatado conmigo —sonrió más ampliamente el hombre, como si estuviera hablando con su hijo pequeño. Draco sintió que enrojecía un poco al comprender de qué estaba hablando el hombre.
—Tengo algunos contactos en Brasil, en Rusia y en algunos países más, incluso en China, y ellos pueden enviarme… mercancía, vamos a llamarlo así, para que podamos comercializarla aquí.
—¡Se refiere a mujeres! —exclamó indignado, no pudiendo creer que eso era de lo que el hombre hablaba y que las mencionara como simple mercancía.
—¡Exacto! —replicó el hombre, que no había tomado la indignación de Draco en cuenta. —Mujeres, jóvenes con papeles falsos y listas para ganar dinero. Y cada vez es más difícil el traerlas, hay más complicaciones y más seguridad en las embajadas y en las fronteras. Se pueden traer de dos maneras, con contratos de trabajo, lo cual es muy engorroso, o intentar la forma ilegal, lo cual es lo más riesgoso, pues no siempre podemos hacer entrar a todas, y las que quedan fuera significan una inversión perdida.
—Ya veo… y lo que necesita de mí es…
—Necesito que tomen a cargo ese negocio también, que encuentren la forma, así como han hecho con los equipos electrónicos, de colarlas sin que nos signifique tanto gasto o papeleo. Reducir costos y riesgos.
Draco se quedó en silencio por un largo momento, analizando rápidamente sobre qué respuesta podía dar al respecto. Cuando había sido llamado a esa reunión no se habló de una propuesta para un negocio nuevo, mucho menos ese tipo de negocio. Además se sentía preocupado, por ningún motivo lo obligarían a negociar con vidas inocentes, menos con mujeres que seguramente serían maltratadas. Tendría un enorme problema con los del GDSI si es que ellos pensaban que continuara con aquella farsa. Sin embargo estaba en un almacén, en medio de la nada, rodeado de matones que de un balazo podrían acabar con su vida. Debía optar por la salida más segura.
—Explíqueme cuál es la forma de trabajo —dijo al fin, encendiendo otro cigarro.
La sonrisa de Litefoote se amplió de manera retorcida y se inclinó hacia delante, comenzando a explicarle, ayudado incluso por una libreta pequeña que tenía el bolsillo, sobre la forma en qué conseguían a las chicas y la forma en que las hacían entrar al país para luego ponerlas a trabajar en casas de citas bastante ostentosas y caras.
Draco escuchó atentamente por más de dos horas, interrumpiendo con preguntas que daban a entender que estaba realmente interesado, hasta que tuvo toda la información que necesitaba.
Y además estaba seguro que ese era su boleto de salida, con todos esos datos los del GDSI tendrían más que suficiente y no pensaba admitir que siguieran controlando su vida de esa manera.
—Necesito tiempo para estudiar la forma en qué se haría —suspiró al fin Draco, dejándose caer hacia atrás en su silla y queriendo parecer relajado —, comprenderá que no le puedo dar todas las respuestas ahora mismo.
—Por supuesto, por supuesto, es lógico, y no esperaba menos, tomar a la ligera un negocio de estas dimensiones solamente indicaría su falta de profesionalismo.
—Entonces, ¿cómo me comunico con usted?
—Yo me comunicaré con usted, ¿le parece bien en cinco días?, ¿tendrá toda la información en ese tiempo?
—Preferiría siete.
El hombre lo observó un largo momento, y luego asintió.
—Siete días entonces. Supongo que es lo necesario.
—Así es.
—Bien, bien, entonces no debemos prolongar esta reunión mucho más, es tiempo que atienda otros asuntos y estoy seguro que usted también tiene cosas que hacer.
Sí, ir a los del GDSI, darles toda la información y exigir que me dejen libre de una buena vez, pensó Draco, pero no lo expresó en voz alta, simplemente asintió y se puso en pie, imitando a Litefoote.
—Eso es todo, nos vamos —dijo el hombre hacia sus guardaespaldas, que estaban al otro lado del almacén, cerca a la puerta. —Iré yo primero, los demás pueden salir después.
—Nos vemos entonces —dijo Draco, tendiéndole la mano al hombre, que rápidamente retribuyó su gesto.
—Eso espero.
Estaban ya todos organizándose para salir cuando el sonido de unas explosiones, provenientes del techo, los alertaron. Inmediatamente los guardaespaldas sacaron fusiles automáticos y apuntaron al techo, pero fue tarde, otra nueva ola de explosiones llegó, dejando caer una gran cantidad de polvo y piedras. Draco sintió que era jalado hacia el centro, donde todos estaban reunidos y cuando levantó la vista se dio cuenta que se trataba de Lie, que le tendía una pequeña pistola.
Draco no hizo ningún gesto, elevó la mirada y sus ojos se abrieron como platos, tres personas estaban volando hacia el interior, y aquello era imposible, eran magos, y ningún mago debía descubrirse para que él pudiera hacer correctamente su trabajo, o eso al menos dijeron los del GDSI. En cuanto los disparos comenzaron a sonar, se cubrió los oídos con las manos, empezando a entrar en pánico, vio a Litefoote tomando también uno de los fusiles y disparando hacia el techo, donde los hombres sobrevolaban tratando de darles con hechizos.
—Mierda, mierda —jadeó, cuando la primera persona cayó, estuvo seguro que se trataba de una chica, sobre la bulla de las balas y los gritos de los hombres no escuchó a los que volaban y la forma en que gritaban y se trató de escabullir hacia un lado, buscando el mejor sitio para protegerse. Estaba seguro que los que habían llegado eran aurores, porque había un campo de protección creado alrededor, pues había intentado desaparecer y no había podido siquiera despegarse del piso.
Y entonces el segundo hombre, que había ido a ver a la chica herida, cayó, y el tercero perdió el control de su escoba y cayó en espiral hacia el piso, Draco vio la larga cabellera oscura y Harry acudió a su mente.
Hubo un instante de silencio en cuanto el tercer hombre cayó, el que esperaba con todo el corazón que no fuera Harry, todos estaban asombrados por lo ocurrido.
—¿Qué son estas cosas? —preguntó Litefoote, frunciendo el ceño y pateando un poco una de las escobas rotas.
—Creo que... ¿escobas? —contestó Draco, caminando con lentitud hacia el hombre de cabello oscuro, no quería simplemente correr hacia él de tal manera que llamara la atención, pero tenía que estar seguro.
—Ya no disparen —ordenó Litefoote, entonces Draco vio que uno de los guardaespaldas estaba a punto de soltar todas sus municione hacia los dos aurores al otro lado del almacén.
—¿Qué tipo de tecnología es esta? —preguntó Litefoote, inclinándose un poco hacia la escoba.
—No lo sé, jefe —dijo Lie —, pero aquí dice Ministerio de Magia Ingles.
—No, debes estar equivocado —replicó Draco, queriendo ganar tiempo.
—Mátenlos —ordenó rápidamente Litefoote, y Draco se sorprendió de lo diferente que sonaba la voz del hombre dando ese tipo de órdenes.
—Esperen —pidió por impulso, en el momento en que el hombre de cabello oscuro finalmente se sentaba.
Litefoote le dio una mirada de incomprensión, pero Draco lo ignoró, descubriendo al fin que su temor era cierto.
—¡Harry! —exclamó sin poderlo evitar, y dio una mirada alrededor. Estaban perdidos, lo sabía, porque no dejaría que mataran a Harry sin presentar pelea y obviamente estaba en desventaja. Litefoote abrió los ojos asombrado y Draco vio que en sus labios se formaba el inicio de una nueva orden, seguramente la que indicaría que no solo mataran a los aurores, sino también a él.
Necesitaba tomar una decisión.
Situaciones extremas requerían que tomara decisiones apresuradas.
Sin pensarlo mucho, extrajo la varita de su escondite y la levantó, lo primero que hizo fue lanzar un hechizo depulso, logrando lanzar a los dos aurores caídos lejos de los guardaespaldas, pero con tan mala suerte que unas cajas les cayeron encima, aunque al menos los quitaron de la vista. No se detuvo a ver la expresión de asombro de los miembros de la banda, y lanzó un nuevo hechizo bombarda, que hizo volar los anaqueles y otra parte del techo, mientras se lanzaba sobre Harry y lo sujetaba de lo primero que tuviera a mano, en este caso su brazo. Lo jaló sin nada de cuidado a través del piso lleno de tierra y escuchó el sonido de las balas, agachó un poco más la cabeza y finalmente pudo llegar a un grupo de anaqueles y cajas destrozadas, donde tomó una gran bocanada de aire.
Todo se había ido a la basura. Su caso, su trabajo encubierto. Su relación con Harry.
Se concentró en el momento y levantó un campo de protección, arrodillándose sobre el áspero piso y sin querer mirar a Harry a la cara. Tontamente se preguntó si es que Harry querría mirarlo a él después de todo lo pasado.
—Tenemos que ir por mis compañeros —escuchó decirle a Harry, y Draco no pudo evitar girar a mirarlo por un momento, estaba lleno de polvo y seguramente adolorido, pero no parecía tener ninguna herida profunda. Se concentró en el campo de protección nuevamente, no queriendo pensar en la ironía de que ese fuera el momento en que se lo encontrara, después de haber pensado tanto en él.
Lo sintió ponerse a su lado y no giró a verlo nuevamente, ya casi podía imaginar lo decepcionado que Harry se sentía en ese momento.
—¿Dónde quedaron mis compañeros?
—Tras las cajas, aturdí a un par que los apuntaban y los lancé hacia el fondo, espero no haberlos golpeado mucho, por ahora están rodeados de cosas caídas también, supongo que a salvo por el momento, su prioridad es agarrarnos a nosotros —contestó Draco, queriendo parecer calmado y agradeciendo que Harry no le reprochara nada en ese momento.
Sintió la mirada de Harry sobre él, pero ni aún así se animó a mirarlo nuevamente.
—Debemos salir, si tú… —Harry dudó un instante, y Draco pensó en lo fácil que sería salir de allí si es que no tuvieran que rescatar a los otros aurores, pero ya sabía que Harry no los dejaría allí, así que no le quedó más que asentir, no lo podía dejar solo ahora —, si tú mantienes el hechizo de protección puedo cruzar hacia esa esquina y desde allí atacarlos.
—Tiene que ser rápido —respondió Draco, calculando las posibilidades de que una bala le diera.
—Soy rápido —replicó Harry, con voz más segura.
Draco volteó a mirarlo y trató de sonreír, aunque no pudo lograrlo. Tuvo ganas de decirle muchas cosas, de jurarle que tenía una explicación para todo ello. Que lo había extrañado demasiado esas semanas, que…
—A la de tres entonces —anunció Harry, interrumpiendo sus pensamientos.
—Con cuidado —recomendó Draco.
Lo observó moverse hacia el otro lado y se centró en proteger a Harry únicamente, sabía que en cuanto el chico asomara la cabeza los disparos estarían sobre él.
Con el corazón en un puño lo vio caer y arrastrarse hasta otro grupo de muebles y cajas caídas, y sólo entonces se sintió un poco más aliviado. Aunque no sabía en realidad cuál era el plan, si debía ir tras él o quedarse allí.
Pero en ese momento un estruendo llegó desde la puerta, junto con el anuncio de que los aurores habían llegado ya.
—Mierda —farfulló, ahora sí no había forma de salir de esa. Tendría que resignarse.
Escuchó los disparos nuevamente y los hechizos lanzados por todos lados, junto con los ruidos de más cajas y anaqueles cayendo, se acurrucó lo mejor posible contra los muebles y lamentó no haber seguido un curso avanzado de transformaciones, seguramente que así hubiera podido convertirse en otro pedazo de mueble y pasar de ser percibido.
Un hechizo le dio a una de las cajas que lo protegían y lo impulsó hacia delante, haciéndolo golpearse contra el suelo, trató de levantarse pero ya tenía una varita sobre la nuca, presionado de manera bastante agresiva.
—Quieto allí —le dijo la voz de un hombre. Draco suspiró y se relajó, recordándose que pasar por la prisión sería solo algo momentáneo, hasta que los del GDSI aclararan todo.
—Suelta la varita —ordenó el hombre que lo había capturado, con pesar, Draco dejó caer la varita sobre el piso y luego se sentó lentamente. Miró hacia el auror con un poco de autosuficiencia y éste le hizo un gesto con la cabeza para que se pusiera en pie.
—Alto —dijo entonces la voz de un hombre que Draco ya conocía bastante bien, sonrió un poco más, tal vez no tendría que pasar la noche en prisión después de todo.
—¿Quién es usted? —preguntó el auror, con el ceño fruncido.
—Skatha, Edgar Skatha, GDSI, división de tráfico, nosotros nos encargaremos de Malfoy —respondió el hombre. Draco trató de conectar su mirada con él, pero fue ignorado.
—¿Tienen una orden acaso? Esta es una intervención de los aurores, no del GDSI.
—Ahora es del GDSI —intervino en ese momento Henricus Cicell, jefe de los aurores y quien raramente participaba en alguna detención, su mirada demostraba que no estaba nada contento por ello.
—Pero, jefe…
—Suéltalo, Chambers —interrumpió el jefe de los aurores y Chambers refunfuñó, mientras se apartaba un par de pasos.
—Yo me llevo a este —dijo entonces Edgar Skatha, tomando a Draco de un brazo y de manera tosca.
—Hey, no hay que ser así de rudo —protestó Draco, pensando que la actuación se estaba pasando de la mano.
—Silencio —ordenó Edgar Skatha, apretando un poco más el brazo de Draco —, su declaración será tomada en el cuartel, mientras tanto no debe hablar.
Draco observó un instante a Edgar Skatha, era un mago alto y moreno, de cabello corto casi a rapé, musculoso y fuerte, pese a estar en los cincuenta años, lograba intimidar con sólo su presencia.
—Pero…
—¡Silencio he dicho! —increpó el hombre, zarandeándolo un poco. Draco cerró la boca de golpe, algo en su pecho le alertó que quizá las cosas no saldrían como había esperado.
—En cuanto a usted, jefe Cicell —dijo con claro desprecio en la voz —, le sugiero que aleccione mejor a sus aurores, ya han provocado suficientes desastres por el día de hoy.
—Estoy seguro que el proceder de mis aurores es correcto —replicó el hombre rápidamente, Draco notó que enrojecía un poco.
Skatha torció la boca un poco y miró alrededor.
—Ya veo de qué manera proceden —negó con la cabeza —. Lo veremos en la junta disciplinaria.
—Sí, nos veremos —farfulló el hombre, hablando entre dientes.
Draco empezó a sentir cierto pánico, algo allí no estaba bien, fue tironeado hacia un lado, para que Skatha pudiera recoger su varita, que había quedado en el suelo, y luego tuvo la inconfundible sensación de desaparecerse. Ni siquiera pudo preguntar si Harry estaba bien, antes de aparecer en una oscura y pequeña celda.
—Pensé que me llevarías a tu oficina —protestó, soltándose de su agarre y sintiéndose enojado.
—¿Por qué habría de llevarle a mi oficina? —preguntó el hombre, haciendo un giro con su varita, la de Draco desapareció.
—Hey, ¿qué estás haciendo?
—Procedimiento regular para una detención, señor Malfoy —contestó el hombre, con voz mucho más fría y estricta, apartándose de él unos pasos, y haciendo un gesto hacia el fondo, tras las rejas, donde Draco pudo ver a dos hombres con túnicas oscuras y las varitas en la mano acercándose rápidamente.
—¡Y una mierda! —gritó Draco —¡Devuélveme mi varita!
Draco chilló de indignación al sentirse sujetado de los brazos por esos dos hombres, que lo presionaban con fuerza.
—¡Oigan! —protestó nuevamente —¡Suéltenme y devuélvanme mi varita, maldita sea!
—Me temo que no es posible, así como tampoco es correcto que me tutee, señor Malfoy. Queda usted detenido por trabajar en una organización ilegal muggle y proveerlos de su magia para actos ilícitos. Permanecerá en esta celda hasta el momento de su juicio.
—¿Qué? —exclamó Draco, no entendiendo nada —, ¡yo no participé en nada, fueron ustedes quienes…!
Un golpe en el estómago le quitó el aire y lo hizo doblarse hacia delante, sintió las manos del tipo que lo había golpeado revisar sus bolsillos y luego fue girado contra una de las paredes, apenas pudo poner las manos para no darse en el rostro.
—Separe las piernas —ordenó uno de los hombres, pateándolo en el talón para que abriera más las piernas.
—Idiotas, no saben el lío en el que se están metiendo, no tienen derecho…
—Silencio —le interrumpió el auror que ahora bajaba sus manos sobre sus piernas, seguramente buscando algún arma u objeto peligroso.
Durante unos minutos, los cuales le parecieron una eternidad, fue revisado con meticulosidad por ambos hombres, ante la mirada impasible de Skatha, se sintió abusado e incluso violado, y cuando al fin lo soltaron, suspiró de alivio, mientras se acomodaba la ropa.
—Te estás pasando de la raya —dijo entonces Draco, metiendo la camisa dentro de su pantalón —, no tienes ningún derecho a tratarme así.
—Procedimientos regulares para criminales —se encogió de hombros Skatha, haciéndoles un gesto a los otros dos hombres para que se retiraran.
—Yo no soy un criminal ni he cometido ningún delito —reclamó Draco, su corazón latía a mil por hora y sentía el deseo de gritar y destruir todo alrededor. Eso no le podía estar pasando a él, por supuesto que no.
—Eso es algo que su abogado deberá probar —se encogió de hombros Skatha, dando unos pasos hacia atrás, y entonces unas rejas aparecieron de la nada, haciendo la celda más pequeña aún.
—¡Maldito traidor! —gritó Draco, queriendo acercarse a las rejas, pero cuando estuvo a un paso de ellas, un hechizo lo repelió, lanzándolo contra la pared del fondo. —¡Ustedes me engañaron! —siguió gritando desde el piso, pese al dolor de la espalda producido por el golpe. —¡Ustedes me dijeron que lo hiciera!
Skatha no le hizo caso, intercambió un par de palabras con los otros dos magos y luego se perdieron por uno de los pasillos, dejándolo solo y encerrado en esa pequeña y claustrofóbica celda.
Draco no entendía, su mente era un torbellino de ideas y preguntas, ¿qué era lo que había pasado?, ¿por qué Skatha actuaba como si nunca hubiera trabajado con él?
Trató de convencerse de que todo se trataba de un mal entendido, pese a lo improbable que parecía, y se dejó caer en la pequeña y mugrienta cama. Cerró los ojos simplemente para no ver más el lugar en que se encontraba y permaneció así por mucho tiempo más, tratando de analizar su situación. Si Skatha se hacía el desentendido con él, probablemente estaría acabado.
°.°
Notas del autor: Gracias a todos por leer, finalmente estamos como al comienzo, en aquel almacén y ya sabemos qué fue lo que pasó antes de que ellos se encontraran allí. Espero que la historia les siga gustando y que se animen a dejar un pequeño comentario, que eso me hace feliz, ya saben, más comentarios, Zafy sonríe más.
Por otro lado les cuento que estoy estrenando h t t p : / / z a f y - d r a c . l i v e j o u r n a l . c o m a las que me siguen por allí, espero que me agreguen, y a las que no, espero que se animen a darse una vuelta, no hay mucho aún, pero tiene un diseño muy lindo que Cyda me ayudó a poner, (ella lo hizo todo y yo solo aplaudí, jejej), por cierto que hoy anda de cumpleaños, espero que estés tirando la casa por la ventana, Cyda…
Y sin más, me despido, esperando que el inicio de semana haya sido bueno, que los que están de vacaciones lo estén disfrutando y que todos la pasen bien.
Zafy
