Capítulo 4

Sakura apenas podía controlar los nervios cuando se sentó al lado de Sasuke aquella noche en la limusina que los condujo a través de las calles de París, al barrio donde vivía Orochimaru Uchiha con su familia.

La casa se encontraba rodeada por un muro de piedra.

—Mi tío tiene fobia a los ladrones —le murmuró Sasuke al oído mientras se abrían las rejas eléctricas—. Siente que si relaja su vigilancia pueden entrar y robar su colección de porcelana de mal gusto o violar a mi prima Karin. Creo que sobrestima la desesperación de esos hombres.

Sakura se negó a reír. Con una mano alisó un pliegue de su falda larga verde jade. La blusa de seda era de amplio cuello redondo y mangas largas y la chica esperaba que fuera lo suficientemente formal para la ocasión.

La ropa estaba bien, decidió. Ella no.

Había varios coches aparcados a la entrada y Sasuke maldijo en voz baja.

—¡Bien por la tranquila cena familiar! —pronunció con enfado. Se volvió a Sakura encogiéndose de hombros—. Siento que tengas que enfrentarte a esto tan pronto.

—Trataré de no hablar de más o usar el cubierto equivocado —aseguró con brevedad y Sasuke apretó la boca.

—No he querido decir eso y lo sabes.

La puerta fue abierta por un sirviente con chaqueta blanca, que los saludó y les informó que Monsieur y Madame aguardaban en el salón con los demás invitados.

—¿Somos los últimos en llegar, Gaston? —Sasuke se ajustó la corbata.

—En absoluto, monsieur —aseguró Gaston.

Sasuke tomó los fríos dedos de Sakura entre los suyos.

—Valor —susurró. Gastón abrió las puertas del salón y los anunció.

La charla en la habitación cesó abruptamente. De pronto, Sakura fue el blanco de veinte pares de ojos. Enderezó los hombros y un leve rubor invadió su rostro.

Orochimaru Uchiha avanzó hacia ellos. Era alto y delgado. Sonrió en señal de bienvenida, pero su gesto no alcanzó sus ojos verdes.

Tomó la mano de Sakura entre las suyas.

—Mi nueva sobrina —comentó—. Pero, ¡qué delicia! Y qué cruel ha sido Sasuke con nosotros. Como sus únicos parientes, esperábamos asistir a su boda —extendió dramáticamente sus manos.

Sakura estaba avergonzada, pero había sido instruida por Sasuke.

—La mala salud de mi padre obligó a que la ceremonia se realizara en la intimidad más estricta.

—Tan estricta que ninguno de mis amigos en Londres tenía idea de que se había llevado a cabo o de que estaba planeada siquiera —expresó Orochimaru Uchiha, aún sonriendo. Se volvió e hizo una seña—. Josephine, permíteme presentarte a la esposa de Sasuke. Karin, ven a saludar a tu prima.

Madame Uchiha tampoco mostró gran entusiasmo por el encuentro. Sus dedos rollizos apenas tocaron los de Sakura y luego cedió el lugar a su hija.

El primer pensamiento de Sakura fue que Karin Uchiha era casi exactamente como la había descrito Sasuke. Era de tez pálida, poco saludable, y su vestido color crema demasiado ajustado sobre los senos y las caderas. Su sonrisa se dirigió a Sakura apenas curvó las comisuras de sus labios, pero cuando se volvió a Sasuke, hubo una transformación.

—Te veo bien, mon cousin —el rubor le favorecía—. El matrimonio te sienta de maravilla.

Oh, Dios, pensó Sakura. «Está enamorada de él y sufre».

—Debes permitirme, Sasuke —intervino Orochimaru Uchiha—, presentar a tu esposa a estos pocos amigos que se han reunido para conocerla. Este es, después de todo, un gran día para nuestra familia.

«Y una pesadilla para mí», decidió Sakura, mientras era conducida alrededor del círculo. Todo era muy formal y correcto y ella sonrió con cortesía hasta que las comisuras de sus labios comenzaron a dolerle. Orochimaru Uchiha hizo las presentaciones en inglés, cosa que no hubiera sido necesaria, pues su francés era bueno, lo cual le daba la oportunidad de traducir para sí misma las murmuraciones a su alrededor. Entendió que ella era «muy joven, muy inglesa». Aunque el comentario más informativo, con una nota real de malicia, fue: «No será competencia para Marie Laure».

El corazón le dio un vuelco, pero su sonrisa no se alteró. Marie Laure, pensó. Bien, al menos ahora tenía un nombre para aquella cálida voz del teléfono.

Acababa de terminar la ronda de presentaciones cuando la puerta del salón se abrió de nuevo y Gaston introdujo a los recién llegados: un hombre alto y distinguido de cabello gris y bigote y una mujer mucho más joven, rubia, y muy bella, cuya magnífica figura era puesta en relieve por la desafiante elegancia de su vestido negro.

—El barón de Somerville-Resnais —anunció Gaston en medio de un repentino y profundo silencio—. La baronesa de Somerville-Resnais.

No sólo reinó el silencio, se dio cuenta Sakura. El ambiente estaba lleno de tensión y una especie de expectación casi tangible. Todos los presentes parecían estar conteniendo el aliento. Sakura miró con incertidumbre a Sasuke, quien se hallaba a corta distancia de ella y por un momento pensó que se había convertido en piedra.

Estaba muy pálido, excepto por un indignado rubor a lo largo de sus pómulos.

Orochimaru Uchiha se adelantó presuroso, sonriendo ampliamente y con las manos extendidas.

—Ah, amigo mío… ¡que alegría que tu encantadora esposa y tú hayáis podido acompañarnos! Esta es una ocasión gozosa, comprendes. Estamos celebrando el matrimonio de mi sobrino Sasuke con una encantadora joven de Inglaterra. Permíteme presentártela.

Sasuke se acercó a Sakura. Su rostro era impasible ahora, pero cuando la tomó de la mano para hacerla avanzar la chica pudo percibir su cólera.

Esa mujer… era la amante de Sasuke. Ella era Marie Laure.

Y el tío de Sasuke había invitado a la baronesa y a su esposo para forzar una confrontación y reactivar todos los chismes y rumores que su matrimonio se suponía iba a atenuar. Para dañar a Sasuke otra vez.

El barón estaba furioso, con el rostro glacial.

—Mi querido Uchiha, esta es una ocasión familiar en la cual Marie Laure y yo no deberíamos intervenir. Será mejor que nos retiremos.

Aquello era justo lo que Orochimaru Uchiha quería, se dio cuenta Sakura.

Él había planeado que el barón se fuera en un arranque de celos, causando un nuevo escándalo.

Sakura avanzó sonriendo y extendió una mano, luego dijo en francés perfecto:

—Oh, por favor, no se vaya, monsieur. Me estoy divirtiendo mucho y se echaría a perder si usted… si cualquiera se fuera. Sentiría que es por mi culpa —dejó que su voz sonara infantil—. Además, ¡habrá champán! Sin duda usted se quedará a brindar por mi felicidad.

El barón se detuvo con recelo, miró a Sakura y luego a Sasuke. Al fin dijo:

—¿Quién podría resistir tan encantadora invitación? Nos quedaremos naturalmente y brindaremos por su… salud. Ven Marie Laure —tomó del brazo a su esposa, de modo posesivo y se alejó.

Al pasar la baronesa junto a Sakura, ésta percibió un exótico aroma almizclado. Sus ojos de color violeta, de pestañas espesas la barrieron, evaluándola y desechándola con una mirada. Al parecer, Marie Laure de Somerville-Resnais compartía con los presentes la opinión de que entre Sakura y ella no habría competencia.

Una flecha de cólera atravesó a Sakura, mezclada con otra emoción menos fácil de definir. Probablemente, Sasuke había discutido su matrimonio con su amante, incluyendo los términos en que estaba basado, pero eso no significaba que Sakura mereciera el desprecio de la otra mujer. ¿Quién era Marie Laure para juzgar o criticar? ¿En qué términos estaba casada ella misma con el barón, quien parecía lo suficientemente viejo para ser su padre?

Fue un alivio cuando Gaston anunció la cena, que resultó larga y aburrida. Sakura, nerviosa, supuso que la comida estaba buena, pero probó poco de ella. Quería hablar con Sasuke… advertirle que su matrimonio simulado a nadie había engañado… pero él estaba al otro extremo de la mesa.

—Cuéntanos, querida —Josephine Uchiha se inclinó hacia adelante, sin parpadear—. Tú y el querido Sasuke… qué romántico. Es fascinante. Y la pregunta que todos deseamos hacer es… ¿cómo os conocisteis?

Sakura esbozó una leve sonrisa.

—Nos conocimos a través de mi padre, en realidad. Él es Jiraiya Haruno, el pintor de paisajes, y Sasuke compró uno de sus cuadros… El Puente de Montascaux.

Hubo un sorprendido silencio.

—Entonces eres hija de un artista —comentó de modo jovial Orochimaru Uchiha—. Tal vez introduzcas una nota de muy necesaria cultura en nuestro crudo mundo comercial —rió con ganas y fue imitado por una irregular oleada de diversión alrededor de la mesa—. ¿Compartes el interés de tu padre en la pintura?

—Su interés, tal vez, pero muy poco de su talento. Yo asistía a la escuela de arte cuando decidimos casarnos —contestó Sakura—. De hecho —añadió con súbita inspiración—. Pienso continuar mis estudios aquí en París con… Zak Gordano.

—Estoy impresionado —afirmó con lentitud Orochimaru Uchiha.

Sakura se encogió de hombros.

—Entonces, espero poder persuadirlo de que me acepte como alumna.

—No creo que necesites preocuparte por eso —expresó Karin con rudeza—. Como madame Uchiha, encontrarás todas las puertas abiertas para ti.

—No las de Zak —expresó Sakura con frialdad—. La pintura es lo que le interesa a él, no el nivel social.

—Tú esposa, sobrino, es claramente una mujer de talento —comentó Orochimaru.

—Cada día que paso con ella me proporciona alguna nueva y deliciosa sorpresa —declaró Sasuke con suavidad.

Al concluir la cena, los invitados se reunieron en el salón. La charla era incoherente y aburrida. El barón y su esposa fueron los primeros en irse y no mucho después, Sasuke anunció que Sakura y él también partían.

—¿Tan pronto? —inquirió su tío—. Estamos desolados.

—Mi esposa y yo estamos de luna de miel —repuso Sasuke—. Estoy seguro de que todos comprenderán y nos perdonarán.

Estuvieron en la limusina viajando de regreso al apartamento, antes de que Sakura comenzara a relajarse.

—Ha sido una noche espantosa.

—Y tú te has comportado con gran aplomo. Por favor acepta mi agradecimiento —Sasuke hizo una pausa—. Enseguida comprendiste por qué nos había invitado mi tío.

—Era obvio —Sakura inhaló y le dolió el pecho—. Es muy bella… Madame de Somerville-Resnais.

—Sí —el llano monosílabo no le dijo nada a Sakura.

Cuando llegaron al apartamento, Sasuke se disculpó y fue a hablar con los Giscard. Sakura se dirigió a su habitación. Las tensiones de la noche le habían producido un leve dolor de cabeza.

Sasuke obviamente tenía muchas preocupaciones, reconoció mientras se desvestía y se quitaba el maquillaje. Debió ser horrible para él ver juntas en la misma habitación a su amante y a su esposa.

Monsieur Gordano posee una formidable reputación como maestro.

Sasuke y la encantadora baronesa no habían intercambiado más que una mirada, pero Sakura suponía que ambos pretendían que la relación continuara en el futuro.

Sin embargo, Sasuke tendría que ser cuidadoso. El barón era claramente un hombre celoso y suspicaz, que de ser provocado no vacilaría en vengarse públicamente. Y la próxima vez, ella podría no estar presente para salvar la situación. Sakura encogió los hombros. De ahora en adelante, ese era problema de Sasuke y él tendría que solucionarlo. Todo lo que ella quería era acostarse y dormir una eternidad. Estaba demasiado cansada para pensar racionalmente.

Se hallaba de pie, vestida sólo con su ropa interior de seda, cuando oyó un breve toque en su puerta.

Sasuke entró y se detuvo de inmediato, con las cejas levantadas con sorpresa y cierta diversión.

—Mil perdones —murmuró; su boca se curvó con sensualidad al mirar la involuntaria provocación de Sakura.

Ruborizada hasta la raíz del cabello, Sakura cogió su bata de algodón color limón y se la puso.

—¿Tienes que irrumpir de ese modo? —preguntó con resentimiento.

—No pensé que comenzaras a desvestirte tan pronto —encogió los hombros—. Y quiero hablar contigo. ¿Cuestionas mi derecho a hacerlo?

—No —declaró en voz baja—. Pero, ¿no puedes esperar hasta mañana? Estoy muy cansada. Ha sido una noche horrible…

—Sólo puedo pedir una disculpa por mi tío —su voz era severa—. Hará lo que sea, al parecer, para avergonzarme y desacreditarme. Esta vez, gracias a ti, su plan no funcionó.

—Pero puede funcionar la próxima ocasión —Sakura levantó un cepillo y comenzó a cepillarse el pelo—. Nosotros… no hemos engañado a nadie, ¿sabes? Ellos no creen en nuestro matrimonio. Todos saben que tu aventura con la baronesa continúa.

—¡Qué astutos son! —repuso Sasuke mordazmente—. Entonces tú y yo, tendremos que convencerlos de que están en un error —luego inquirió—: ¿Qué quisiste decir con eso de que vas a continuar tus estudios de arte?

—Exactamente lo que dije —decidió no confesar que lo había pensado al calor del momento—. Mi padre siempre quiso que yo estudiara con Zak Gordano.

—Y mis deseos en todo esto, ¿los has considerado?

—¿Por qué habría de molestarte que yo comenzara a pintar de nuevo? —lo miró.

—Sería mejor… posponer tus planes por un tiempo. Para concentrar tus energías en aprender a ser mí esposa.

Un repentino color brilló en el rostro de Sakura.

—Eso no llenará mis días. Tu apartamento está manejado como un reloj, lo mismo que tus otras casas, supongo. Y los Giscard no querrán más interferencia.

—No es eso lo que quiero decir. Hay otros elementos en nuestra relación, después de todo, además de llevar una casa.

Sakura se quedó en silencio por un momento, luego, expresó con tranquilidad:

—Pensé que ya me habías enseñado todo lo que necesitaba saber acerca de… eso.

—Oh, no —la voz de Sasuke era sedosa. Se acercó a ella para arrebatarle el cepillo y arrojarlo sobre el tocador. Tomó la mano de Sakura y ligeramente le frotó la parte interior de la muñeca—. Hacer el amor también es un arte, esposa mía y tus lecciones de amor apenas han comenzado.

El pulso de Sakura enloqueció repentinamente, palpitando con irregularidad. Consciente de cada palpitación, la chica rescató su mano.

—Creo que estás confundiendo amor con sexo. ¿Y puedo también recordarte que prometiste dejarme en paz esta noche?

—Me hiciste un gran favor, Sakura, cuando persuadiste a Henri de quedarse en la fiesta —había risa en su voz—. ¿Ni siquiera se me permite agradecértelo con un beso?

Ella agitó la cabeza.

—Hicimos un trato. Yo sólo estaba… cumpliendo con mi parte, eso es todo.

—Como quieras. Espero, sin embargo, que reconsideres seriamente tus planes de empezar a pintar de nuevo.

—No —levantó la barbilla—. Ya he tomado una decisión. Necesito algo… una especie de vida para mí misma. Después de todo, no soy tu prisionera.

—No puedo imaginar una jaula que pudiera contenerte —pronunció él con acidez—. ¿Quieres decir, entonces, que desafías mis deseos?

—Cuando son tan irracionales como ese… sí —hizo una pausa—. Yo no interfiero con tus… pasatiempos. Creo que me debes la misma cortesía.

—Creo —murmuró Sasuke—, que debí incluir un voto de obediencia en nuestra ceremonia de matrimonio.

—El cual me habría negado a aceptar —respondió Sakura con rigidez.

—Muy bien. Únete a tus clases de arte, si eso es lo que quieres, pero no permitas que tu pintura interfiera con tus deberes sociales. Recibiré a varios integrantes del Consejo de Uchiha International dentro de una o dos semanas y espero que estés a mi lado, mi devota y débil esposa —añadió con ironía—. ¿Está claro?

—Como el cristal —asintió ella—. No te decepcionaré.

—No —dijo él—. No lo harás. Nuestro matrimonio debe convencer a todos —señaló pensativo y sus ojos la recorrieron de pies a cabeza en una inspección devastadoramente sensual. Levantó una mano y con mucha suavidad, trazó la línea de su mejilla y retiró los mechones de cabello. Luego murmuró con calma—: ¿Estás segura… de que quieres pasar la noche sola, después de todo?

Sakura trató de hablar, pero su mente de repente parecía haber dejado de funcionar. Sasuke estaba demasiado cerca de ella.

La chica era consciente de una ardiente y desacostumbrada excitación que le secó la boca y le envió un loco temblor a través del cuerpo. Se descubrió a sí misma preguntándose cómo sería ir a sus brazos por voluntad propia… entregarle sin restricciones todo lo que pudiera pedir. Y a cambio saber todo… Como Marie Laure sabía ya…

El pensamiento invadió su conciencia como un diluvio helado para destrozar el hechizo que la mantenía atrapada y enviarla de regreso a una especie de cordura.

Era Marie Laure a quien él deseaba, por supuesto. Esa noche tuvo el tormento de ver a su amante, pero sabiendo que le era negada, por lo que ahora se volvía a la muchacha a quien había convertido en su socia en el trato matrimonial más cínico de todos los tiempos. Como después de todo ella era mujer y estaba disponible, él podía usarla una o dos horas para encontrar un alivio sexual. Porque eso era lo máximo que podía ser y debía recordarlo.

«Y yo», pensó temblando, «habría permitido eso. Habría permitido que mi curiosidad me condujera a una traición completa de mí misma y de mis principios. Porque para mí, no hubiera terminado ahí; habría sido un comienzo…» Su mente se bloqueó con rechazo y temor.

—Déjame en paz, como prometiste. No soy una sustituta de tu amante, Sasuke —declaró suave, pero con firmeza.

Él se quedó de repente muy quieto, mirándola. La sonrisa y la engañosa ternura, murieron en su rostro.

—No necesito tal recordatorio —murmuró desolado—. Apenas te pareces a ella, después de todo.

Supuso que merecía el escarnio, pero el dolor la atravesó, de cualquier modo. La noche anterior, él pareció encontrarla deseable, pero comparada con la belleza sensual y voluptuosa de Marie Laure, Sakura tenía muy poco que ofrecer, excepto quizá cierta novedad.

—Antes de dejarte en paz, mi querida esposa, debo decirte que la razón principal por la que he venido aquí esta noche, es para informarte de que el estado de tu padre permanece estable. Es demasiado pronto para saber si el tratamiento está teniendo algún efecto, pero sus médicos desean que sepas que están optimistas.

Sakura miró la alfombra, sus ojos se nublaron y sintió un gran alivio.

—Gracias —declaró sumisa.

—No hay de qué —repuso Sasuke con demasiada cortesía—. Es útil, tal vez, recordar precisamente por qué estamos juntos en este momento. Y también por qué sería tonto que esperáramos más el uno del otro.

—Muy tonto —se esforzó por mantener la voz firme.

—Así que ahora ambos sabemos qué terreno pisamos —la voz de Sasuke la hizo estremecerse—. Pero entiende esto: nuestro trato será cumplido y debes cuidarte de desafiarme en el futuro. Yo no necesito ningún voto para hacer que me obedezcas y no vacilaré en obligarte, en la intimidad de esta habitación o en público, silo creo necesario. Hay demasiado en juego.

Sakura se apoyó contra el tocador, con el corazón golpeando sus costillas.

—No lo olvidaré —murmuró.

Sasuke le dedicó una sonrisa dura.

—Bien. Entonces te deseo una noche agradable.

Sakura lo observó alejarse de ella a través de la habitación y escuchó la puerta cerrarse.

No, pensó. No lo olvidaría. Nunca lo olvidaría. Le había sido concedido un indulto temporal, eso era todo. Porque no había ninguna cláusula de escape en el contrato que hizo con Sasuke Uchiha. Y tendría que vivir con las consecuencias.

Sakura miró la cama y comenzó a temblar.

Hola, gracias por sus comentarios, mmm… me temo que no podre actualizar hasta el lunes, se cuidan. bye