Capítulo 5
Zak Gordano retrocedió, con las manos en las caderas y la cabeza inclinada. Por largo rato no dijo nada y Sakura contuvo el aliento. Luego, asintió.
—No está mal —señaló—. Tampoco está bien, pero es una mejoría sobre todo lo que has producido hasta ahora.
La sonrisa de Sakura iluminó el mundo.
—Eso es lo más bonito que alguien me ha dicho.
—¿Y cuánto hace que te casaste…. un mes?
—Seis semanas —corrigió ella, con expresión pétrea.
—¿Tanto tiempo? —se burló Zak—. ¡Dios mío, con razón han terminado la luna de miel y la palabras bonitas!
Sakura tuvo que sonreír a pesar de sí mima.
—Sí… bien, ¿de verás crees que mi trabajo está mejorando?
—Tal vez. Lo que me sigo preguntando es… ¿por qué quieres hacer esto? Dios sabe que no necesitas pintar. Estás casada con un millonario.
Sakura desvió la vista hacia el lienzo que descansaba en el caballete.
—Estás demasiado encerrada en ti misma… —continuó Zak—. Demasiado inhibida para pintar como deberías hacerlo. Te cuesta mucho esfuerzo y no sé si merecería la pena…
—¿Estoy desperdiciando mi tiempo… y el tuyo también? —parecía consternada—. ¿Es eso lo que estás tratando de decirme?
—Diablos, no. Si pensara eso, lo habría dicho el primer día.
Sakura se quedó en silencio un momento, luego expresó con lentitud:
—Tengo mis razones. Necesito encontrarme a mí misma… probar que existo como persona, no sólo como un aditamento bien vestido de Sasuke. Eso no siempre… es fácil de recordar. Además, papá siempre quiso que yo pintara. Siento que le estoy siendo leal de algún modo, que cuando estoy luchando por plasmar algo en el lienzo, aquí en París, lo estoy ayudando a él a luchar por su salud en Nueva York. ¿Suena eso ridículo?
—No suena ridículo, en absoluto —indicó Zak con gentileza y se interrumpió un momento—. ¿Cuáles son las últimas noticias de Jiraiya?
—Es lento —hizo una mueca—. Llamo a la clínica cada tres días. Me dicen que todavía es pronto, pero que todo va de acuerdo con el plan. Sólo estoy esperando.
—Eso es todo lo que podemos hacer —le dio un golpecito en el hombro—. Dime, madame Uchiha, ¿qué piensa Jiraiya de su yerno?
—Bueno… ellos en realidad no se conocen muy bien todavía.
—Uno de estos días vas a tener que contarme la historia de tu matrimonio. Sylvie dice que no tienes expresión de felicidad en los ojos.
—Creo que la mayoría de los matrimonios tienen que atravesar por un período de ajuste —encogió los hombros.
—¿Y eso es lo que está sucediendo en el tuyo?
—Eso creo. Dile a Sylvie que deje de preocuparse por mí.
—Lo haré. También le diré al sol que no salga mañana —hizo una pausa—. Hablando de mi esposa, me ha dicho que te invite a cenar esta noche.
—Oh, Zak, no puedo. Tengo que ir a otra cena… un asunto de negocios.
—Otro día, entonces —comentó Zak—. Hasta mañana.
Pensativa, Sakura salió a la calle. Incluso ella misma podía ver que su trabajo aún no era bueno. Se preguntaba si sería la actitud de Sasuke, su desaprobación de que ella fuera a clase, aunque no lo expresaba.
Sin embargo, Sasuke no tenía de qué quejarse. Sakura estaba cumpliendo su parte del trato. Cada vez que él requería que estuviera a su lado, ella estaba allí, arreglada y sonriente. Empezaba también a ser menos tímida y podía sostener una conversación. Sasuke también representaba su parte… Era atento y afectuoso; cada palabra, cada gesto expresaba su orgullo y su satisfacción de ella como su esposa. Sakura se estaba acostumbrando a escuchar que la describieran como encantadora y nadie, que ella supiera, había vuelto a compararla desfavorablemente con ninguna otra mujer.
Pero eso, por supuesto no era todo. Si su matrimonio pudiera ser vivido totalmente en público, sería considerado un éxito. Era cuando estaban juntos y a solas, cuando todo iba mal. Oh, no reñían, reconoció malhumorada. Casi hubiera sido preferible que tuvieran unas cuantas peleas. De hecho, había veces en que se descubría provocando deliberadamente a Sasuke… tratando de obtener una reacción. Pero sin resultado.
No, Sasuke era cortés con ella. Y su comportamiento no se alteraba en las raras ocasiones en que iba a su dormitorio.
La chica sintió que su rostro ardía. En realidad, no quería considerar aquellos breves y bochornosos encuentros en la oscuridad, cuando hacían el amor rápidamente, sin palabras. Sakura le agradecía que, al menos, no intentara seducirla; los rápidos, casi clínicos, acoplamientos eran todo lo que ella tenía que soportar.
Pero la gratitud, descubrió, no era siempre la única emoción en su mente, mientras yacía, tensa y temblorosa en brazos de Sasuke. Sakura era consciente de una extraña impaciencia cuando él la dejaba, un anhelante vacío en su interior.
Se decía a sí misma que era resentimiento. Sasuke podía tener derecho legal a usar su cuerpo, pero eso no implicaba que a ella tuviera que gustarle. Por el contrario, se sentía en la obligación de resistir la tentación de su atracción física. Porque ella no podía permitirse el lujo de bajar la guardia ni por un momento. La extraña ansiedad de su cuerpo se lo indicaba.
Y la parte que representaba todavía Marie Laure de Somerville Resnais en su vida, sólo podía adivinarla. Ciertamente había noches en que Sasuke no regresaba al apartamento. No daba ninguna explicación y ella nunca pedía una.
La amenaza de la junta del Consejo, con su voto de censura, había sido retirada, al menos temporalmente. Orochimaru Uchiha fue obligado a reconocer que su campaña para destituir a su sobrino de la Presidencia se había debilitado por su nueva responsabilidad como hombre casado. Pero eso no significaba que Orochimaru no estuviera todavía observando y esperando que Sasuke cometiera algún error, algún ligero desliz. Y una continuación de su idilio, por más discreto que fuera, con la bella baronesa, sería la excusa perfecta que buscaba su tío, pensó Sakura.
Lo más irónico de su situación era la abierta envidia que percibía en la mayoría de las mujeres que conocía. Si ellas supieran… Emitió un pequeño suspiro, mientras emergía al sol de la tarde.
Los hombres llegaron como salidos de la nada. Uno de ellos empujó a Sakura para enviarla volando hasta el pavimento, mientras que el otro intentaba arrebatarle el bolso.
Sakura giró, aferrando la correa del bolso, luego escuchó otra voz masculina:
—¿Está herida, mademoiselle? —unas manos la ayudaron a ponerse de pie, y luego comenzaron a recoger su monedero y otras pertenencias que habían quedado esparcidas a lo largo de la acera.
—No, estoy bien —las rodillas de sus vaqueros estaban desgarradas y su piel raspada. Se apoyó contra la pared, tratando de recuperar el aliento y miró entonces a su salvador.
Era joven, de cabello oscuro e innegablemente atractivo. Sonreía, pero parecía preocupado al entregarle el bolso.
—¡Vaya susto! Hay un pequeño bar en la esquina. Debe beber un poco de café… un coñac. Sí, insisto.
Sakura se alegró de tomar el brazo que el joven le ofrecía. Cuando comenzó a moverse, descubrió que sus piernas se habían convertido en gelatina, mas el bar estaba sólo a unos cincuenta metros de distancia. El hombre la instaló en una mesa en la acera y llamó a un camarero. El café y el coñac llegaron con la velocidad de la luz.
—¿Está mejor? —preguntó él mientras Sakura probaba su bebida.
—Mucho mejor. Estoy muy agradecida, monsieur… —Sakura vaciló.
—Soy Sai Hiragisawa, a sus órdenes, mademoiselle —sus ojos eran cálidos y la miraba con apreciación.
—En realidad, es madame —se ruborizó—. Mi nombre es Sakura Uchiha.
Él pareció sorprendido y su expresión cambió a pesar.
—Eres demasiado joven para ser una mujer casada —su ademán indicó el atuendo casual de Sakura.
—Estudio arte… trabajo en un estudio allí atrás. Esta calle siempre me pareció muy tranquila. Nunca imaginé…
—Por supuesto que no. Lo más seguro es que te hayan seguido.
—No puedo imaginar por qué —repuso con candidez—. No tengo nada de valor real en mi bolso. Sólo llevo unos cuantos francos.
—Cuando uno no tiene nada, unos cuantos francos pueden parecer mucho —le sonrió—. Háblame de tu pintura.
Sakura se ruborizó aun más.
—Oh, sólo es un pasatiempo. ¿Estás interesado en el arte?
—Estoy interesado en la mayoría de las cosas —respondió—. Pero trabajo en contabilidad —se inclinó hacia adelante—. Pareces triste.
—¿O es que aún te duele la caída?
—No… es sólo que… bien, mi esposo en realidad no aprueba que yo pinte y después de esto, él insistirá en que use el coche y el chofer y ese será el fin de mi independencia.
—¿Y eso te importa?
—Mucho —se esforzó por sonreír—. Los ladrones robaron más de lo que creen —dejó su taza, miró su reloj y se le escapó una exclamación—. ¡Oh, mira la hora que es! Voy a llegar tarde, debo encontrar un taxi.
—Yo tengo coche. ¿Puedo dejarte en alguna parte?
—No me gustaría molestar —vaciló—. Ya has sido muy amable…
—Cualquiera habría hecho lo mismo —declaró, haciendo una seña para pedir la cuenta—. ¿Cuál es tu dirección?
Sakura se lo dijo y las cejas de Sai se alzaron cómicamente.
—Oh, Id, Id. ¿Eres la esposa de ese Uchiha?
—¿Eso significa que no me llevarás en tu coche?
—Por supuesto que sí lo haré. Pero tu esposo tiene razón —frunció el ceño—. No deberías caminar por las calles de París sola.
—Tengo que darte las gracias de nuevo por rescatarme —declaró Sakura cuando el coche se detuvo frente al edificio de apartamentos.
—Fue un placer —Sai estrechó la mano que ella le tendía y le plantó un beso. Sus ojos le sonrieron—. Pero todavía pienso que eres demasiado joven para estar casada —murmuró—. Adiós, madame Uchiha.
—Adiós, monsieur Hiragisawa —al bajar del coche, Sakura se dio cuenta de que su corazón galopaba. Qué agradable era ser considerada atractiva y no meramente útil, decidió mientras subía en el ascensor. Cuando llegó a la puerta, se dio cuenta, con angustia, de que sus llaves no estaban en el bolso.
«Debieron caerse y no las vi cuando recogí todo», pensó, mientras llamaba a la puerta.
Madame Giscard abrió la puerta, con su acostumbrada expresión severa.
—El señor ha estado preguntando por usted —comenzó, luego sus ojos se agrandaron—. Pero, ¿qué ha pasado? ¡Su ropa está desgarrada y tiene sangre!
—Intentaron robarme el bolso —Sakura encogió los hombros—. No quiero hacer esperar a monsieur Sasuke. Me arreglaré en seguida.
Corrió a su habitación, cogió la falda de color crema de brocado, la chaqueta con el profundo escote cuadrado, su ropa interior y voló al baño para darse una rápida ducha.
Estaba de regreso en su dormitorio, sólo con las bragas y el sostén de seda y encaje puestos, aplicándose frenéticamente el maquillaje, cuando la puerta se abrió sin ceremonia y entró Sasuke.
—¿Qué es eso que me ha estado diciendo Henriette? ¿De verdad han intentado robarte?
Sakura suspiró. Ahora comenzarían las recriminaciones.
—Acababa de salir del estudio de Zak —le contó—. Dos hombres trataron de arrebatarme mi bolso, luego otro hombre apareció y los otros huyeron. En realidad no pudieron llevarse nada —añadió apaciguadora.
—No debieron ser unos ladrones muy decididos si la presencia de otro hombre los hizo volar —comentó, después de una pausa—. Qué suerte que él estuviera ahí.
—Sí —asintió Sakura con vehemencia—. Él fue maravilloso… me invitó a una copa y luego me trajo a casa.
—Ah —Sasuke caminó hacia la ventana y miró a la calle—. ¿Y sabes el nombre de tu galante salvador?
—Por supuesto. Se llama Sai Hiragisawa.
—Debo tratar de encontrarlo… ofrecerle alguna recompensa.
—Si quieres… pero no creo que espere nada. Fue sólo… muy amable.
Sakura se encogió un poco al volverse para recoger el traje de brocado; se había lavado los raspones en la ducha, pero aún le ardían.
—¿Estás lastimada? —Sasuke se acercó a ella, con el ceño fruncido.
—Me caí —alzó los hombros—. No es nada.
—Cómo que nada —la sentó en la cama y se arrodilló frente a ella para examinar las marcas en su pierna.
—Estoy bien —Sakura se sentía vulnerable… avergonzada, mientras la mano de Sasuke recorría su rodilla.
—¿Te pusiste algún antiséptico? Deberías ponerte una venda.
—Sólo son unos cuantos arañazos. Ni siquiera sangra ya —se movió con inquietud—. Sasuke… por favor. Debo terminar de arreglarme. Vamos a llegar tarde.
—No hay prisa —su voz era ronca. Inclinó la cabeza y tocó con sus labios la marca en su rodilla.
Un anhelo, agudo, amargo y totalmente involuntario, invadió a Sakura. Un sorprendido jadeo se elevó hasta sus labios. Se movió inquieta, pero Sasuke la detuvo.
—No te apenes —hubo repentina cólera en su voz—. Es sólo mi contacto el que te parece tan repugnante, ¿o te apartaste también de ese desconocido?
—No… es lo mismo. Él sólo estaba siendo… amable.
—¿Y es eso lo que quieres de un hombre… sólo… amabilidad? —los dedos de él se movieron con gentileza sobre su piel, haciéndola estremecerse.
—No sé —sentenció ella crudamente y ahogó un sollozó—. ¡Sasuke, déjame ir… por favor!
—Pero es que no quiero hacerlo —la miró con severidad. Sus labios acariciaron de nuevo su rodilla, antes de ascender hacia el delgado muslo. Su boca era tibia y se movía despacio como si saboreara la fragancia de su piel. La mano de Sasuke comenzó a acariciarla buscando a lo largo del borde del encaje de sus bragas, casi tocándola con más intimidad…
Sakura echó la cabeza hacia atrás. De repente, se le dificultaba respirar… pensar. Le era imposible hablar, emitir la protesta que debería.
Sasuke se levantó y se sentó al lado de Sakura en la cama. La chica pudo sentir su aliento cálido sobre la mejilla.
—¿Hay más raspaduras? —preguntó con suavidad. Tomó las manos de Sakura y la hizo extender los brazos para poder estudiarlos. Luego apretó los labios contra la delicada piel interior de cada codo antes de permitir que la caricia viajara sin prisa hacia las muñecas.
—No hay… más —apenas reconoció su propia voz. Las palpitaciones de su pulso parecían vibrar a través de su cuerpo. Él debía notar su ansiedad, su excitación…
—Eso, amor mío, intento descubrirlo por sí mismo —suspiró. Acarició sus hombros con la punta de los dedos, suavemente, alterando cada una de sus terminaciones nerviosas. Deslizó los tirantes del sostén y sus manos comenzaron a descender para buscar y liberar el broche y permitir que la pequeña prenda cayera lejos del cuerpo de Sakura.
Después tomó los senos, frotando con ternura los pezones.
Sin esfuerzo, Sasuke atrajo a Sakura a sus brazos, sosteniéndola contra su cuerpo y mirando su rostro. Los ojos de él no sonreían… eran inquisitivos. Luego, se inclinó hacia ella para besarla.
La joven sintió que su cuerpo se derretía, se rendía. Sasuke la acercó aún más para que los excitados picos rosados rozaran los almidonados volantes de su camisa. Él profundizó el beso, haciendo que ella lo probara, lo bebiera… Por voluntad propia, las pequeñas manos de Sakura subieron y tomaron por el cuello a Sasuke, acercándolo.
Parecían estar rodeados por un silencio dorado, roto sólo por la fiebre de su propia respiración.
El golpe en la puerta del dormitorio, rápido y respetuoso como era, pareció un martillazo que destrozó la fragilidad de su extasiado mundo en un segundo.
—¡Monsieur Sasuke… madame! —era la voz de madame Giscard—. Marcel quiere que le informe que el coche está en la puerta.
—¡Oh, Dios mío! —de regreso a la realidad, Sakura luchó por liberarse de los brazos de Sasuke. A unos cuantos metros de distancia, el espejo de su tocador le proporcionaba un reflejo despiadado de sí misma, casi desnuda y ruborizada por el deseo—. Déjame ir… debes…
—¿Debo? —sus ojos brillaron al mirarla—. ¿Por qué no le digo a Marcel que él y el coche se vayan al diablo y paso la noche aquí contigo?
—Porque nos esperan en la cena —su voz tembló de modo incontrolable y cada centímetro de su cuerpo parecía arder cuando se inclinó para recoger su sostén—. No puedes permitirte el lujo de ofender a la gente, Sasuke —murmuró, cubriéndose—. No estás fuera del bosque, todavía. Tú tío Orochimaru sólo está buscando una excusa…
—Creo —pronunció Sasuke con sarcasmo—. Creo que mi tío Orochimaru no está solo en esto —se levantó, caminó hacia el tocador y se detuvo un momento. Se alisó el desordenado cabello y ajustó su corbata—. Te esperaré en el salón.
A solas, Sakura luchó por ponerse la ropa, con dedos torpes.
De prisa, renovó su lápiz de labios y se pasó un peine por el cabello, dejándolo caer sencillamente alrededor de su ruborizado y agitado rostro. Se quedó un momento mirándose al espejo, casi incapaz de creer lo que había sucedido.
De no ser porque habían llamado a la puerta, habría cometido un error terrible… irreparable. Se estremeció al pensar en la facilidad con que Sasuke se las había arreglado para hacerla rendirse… lo cerca que estuvo de subyugarla.
Necesitaría estar más en guardia en lo sucesivo.
La fiesta se celebraba en una enorme casa fuera de París. Era una noche tibia y las puertas que daban a la terraza permanecían abiertas.
Sakura se alegró de poder escapar al aire fresco. Había notado la enigmática mirada de Sasuke fija en ella durante el trayecto en coche y aunque hablaron poco, ella sabía, con una especie de desesperación, que el interrumpido encuentro entre ambos no había terminado por completo. Ahora que de modo involuntario había traicionado sus propias necesidades, su propia capacidad de respuesta, Sakura sabía que Sasuke no estaría ya contento con la avergonzada pasividad que ella había mostrado en sus brazos hasta ese momento.
Sakura era incapaz de explicarse cómo pudo ser tan débil… tan tonta… El susto después del intento de robo debió disminuir temporalmente su resistencia, pensó con desdicha, mientras se inclinaba sobre la balaustrada de piedra.
Y ahora Sasuke la acechaba… El cazador que sabe que su víctima está indefensa, y se prepara para su victoria final. Matar.
Hizo una mueca ligera, consciente de que estaba siendo demasiado dramática. No obstante, sí sería una especie de muerte ceder ante Sasuke; convertirse en su juguete por unas cuantas horas para luego verlo alejarse en busca de otra diversión cuando se cansara de ella.
Su cuerpo se contrajo dolorosamente. Eso era algo que no podía permitir. Una vez que perteneciera a Sasuke, él tendría su corazón y su alma en sus despreocupadas y depredadoras manos. Y eso sería un desastre total.
Levantó la barbilla. Bien, ella no sería su víctima, ni su juguete…
—Ah, madame Uchiha, la he estado buscando por todas partes —el sonriente tono en la voz de su anfitriona, llegó a los oídos de Sakura. Sofocando un suspiro, la chica se preparó para otra presentación.
—¿Puedo presentarle a uno de nuestros amigos más antiguos?
Monsieur Gérard de Crecy. Desafortunadamente, madame su esposa está con gripe, así que ha venido acompañado de su hija, quien dice que ya la conoce.
Había un rastro de aroma de almizcle en el aire. Al volverse obedientemente, con la cortés sonrisa en su lugar, Sakura la reconoció. Apenas vio al corpulento hombre de cabello blanco que se inclinaba ante ella murmurando un gentil saludo. Los ojos de Sakura estaban fijos en la mujer a su lado, envuelta en un vestido azul marino.
—Madame Uchiha —los labios llenos sonreían, pero los ojos de color violeta brillaban con malicia—. Espero que me recuerde —declaró Marie Laure de Somerville-Resnais.
Hola como están muchas gracias por sus amables comentarios y les mando un gran saludo en especial a los que han leído alguna de mis otras adaptaciones, y respondiendo a algunos comentarios:1) a los que les gusta estas historias yo las leo en "que de libros . com" (sin espacios) o en ""(pero ahí se tendrían que registrar), 2) si el lemmon era poco descriptivo, yo también quería mas detalles (que pervertida soy). 3) mmm… pondré mas cuidado en el color que describe el cabello de Sakura … saludos, 4) ¡que ya +o- saben cuando subo las actualizaciones!, muchas gracias por tomarse las molestias de esperar a que suba los capítulos, aunque a veces sea un poco tarde.
Muchas gracias a todos, hasta mañana.
