Título: Acerca de juegos y verdades.
Pareja: Harry/Draco.
Resumen: Harry Potter es auror, y una tarde, en medio de una intervención, se encuentra nada más y nada menos con Draco Malfoy. Este encuentro desencadena una investigación mucho más personal de la que sus amigos (y ustedes) creen.
Advertencias: Lemmon (en exceso, sobre todo al inicio, pido disculpas por ello, pero Harry y Draco lo hacen felices de la vida); algo empalagoso en algunas partes, enredos y saltos en el tiempo al momento de narrar (ellos no harán saltos en el tiempo, yo, con mi "maravillosa" forma de narrar los haré saltar a ustedes)
Notas propias: Este fic está dedicado para Nai, con todo mi cariño y mi corazón, por tu cumpleaños preciosa (que fue en octubre y como ya dije, es el regalo más tardío que he entregado jeje). Espero que la historia te guste.
ACERCA DE JUEGOS Y VERDADES
CAPÍTULO 6: UNA AVENTURA EN MEDIO DE LA NOCHE
Draco escribió en una servilleta con una lapicera: Jack Smythe; la apreció durante unos instantes y luego la arrugó y la dejó a un lado. Golpeteó con los dedos sobre la mesa un instante y finalmente levantó la vista.
Estaba en una cafetería bastante oscura, solo unas cuantas lámparas alumbraban el lugar, a todas luces se veía muggle. No había casi nadie en el interior y por la ventana grande del fondo se podía ver la nieve cayendo.
―Seguramente pronto será navidad ―suspiró Harry, recordando brevemente como habían pasado esas fechas Draco y él.
―Yo estuve en Italia con mi madre, durante las navidades pasadas, invité a Draco, pero dijo que tenía ya algunas cosas que hacer ―comentó Blaise.
―Pues seguramente no hablaba de ir a tomar té en una cafetería muggle ―susurró Ron.
Draco se puso en pie en cuanto la campanilla de la puerta anunció la llegada de una persona. Un hombre mayor y muy delgado, usando un abrigo color violeta y un sombrero tipo hongo se asomó por la puerta, mirando a todos lados algo extrañado, mientras el sonido del viento se dejaba escuchar en el interior.
―Aquí ―llamó Draco, levantando una mano.
El hombre pareció suspirar y cerró la puerta, el sonido del viento dejó de escucharse y los pocos comensales que habían volteado a verlos, dejaron de prestarles atención y continuaron con sus conversaciones.
―Es descortés llegar tarde ―reprendió Draco, sin extender la mano para saludar al recién llegado y sentándose nuevamente.
―Siendo un lugar muggle, me es más difícil llegar ―explicó el hombre, sin poner mucho empeño en parecer avergonzado o arrepentido de su tardanza.
―Como sea, terminemos esto de una buena vez, tengo cosas que hacer.
―Navidad ―asintió el hombre, antes de sonreír un poco ―, te entiendo… yo también tengo familia ―su sonrisa se amplió hasta volverse una mueca maligna.
Draco arqueó una ceja y permaneció impasible durante un instante, antes de sacar de un maletín una carpeta color marrón y ponerla sobre la mesa.
―Hijo de puta ―masculló Blaise, apretando los puños. Harry, Hermione y Ron le dieron miradas interrogantes ―. En navidad fue cuando mataron a los padres de Draco ―explicó.
Hermione pareció ponerse algo triste y mirar a Draco con más atención, mientras Harry se sonrojaba.
―Lo había olvidado.
―A mí nunca se me olvidará ―concluyó Blaise, en el momento que Draco parecía recuperar el movimiento nuevamente.
―El tema es que esto se está saliendo de proporciones, no tengo porqué seguir solventando estos gastos ―Draco apuntó a la carpeta.
―Lamentablemente nosotros no contamos con tantos recursos como tú ―respondió el hombre, encogiéndose de hombros y sin hacer un intento de tomar la carpeta.
―Ya ha pasado más de un año y les he brindado mucha información, creo que es suficiente ―continuó Draco, su expresión era seria.
―Alguien como tú sabe diferenciar el trabajo mediocre de un buen trabajo… Esto solo nos llevará a los peones, no necesitamos a los peones, nosotros podemos conseguir a los peones. En ningún momento dudamos de tu capacidad para llegar hasta el final. Después de todo ya has demostrado lo que puedes llegar a hacer.
―No creo que la idea sea cuestionar mi capacidad… ―negó Draco ―, pero esto se está saliendo de proporciones.
―Y se seguirá saliendo si es que no lo sabes manejar ―acusó el hombre, hablando rudamente por primera vez ―, ya sabes cuáles son las consecuencias. Nosotros agradecemos infinitamente tu colaboración. Nos vemos en el siguiente informe.
Y dicho eso el hombre se puso en pie y tomó la carpeta marrón, se colocó el sombrero y salió por la puerta, sin mirar atrás.
Draco torció el gesto y garabateó en otra servilleta:
24-12-2007 05 de la tarde, 45 minutos.
Borders Café
Luego de contemplarla un momento, la hizo una bolita y la dejó sobre la mesa también, antes de suspirar pesadamente y ponerse en pie.
Harry observó que estaba vestido de muggle, con unos pantalones oscuros y ajustados, con los mismos con los que había llegado a su departamento esa noche. Su expresión era cansada y agotada, y se preguntó si es que acaso Draco había ido esa noche de frente a su casa. Intentó recordar de qué habían hablado esa madrugada, pero no pudo más que recordar los brazos de Draco sujetándolo con fuerza y pegándolo a su cuerpo mientras ambos veían una antigua película de navidad en la televisión.
°.°
Era una habitación de paredes blancas y altas, en los techos los focos fluorescentes hacían que todo resplandeciera más aún, habían algunas mamparas entre las camas, separándolas, aunque por el silencio del lugar, no había nadie en la habitación, o al menos eso les pareció en un inicio, hasta que escucharon el sonido de una silla arrastrándose.
Caminaron muy pegados, los cuatro, hasta el fondo de la habitación y, separada por una mampara también, había una cama, y en ella, medio sentado y con una almohada en la espalda estaba Draco.
Harry abrió la boca para protestar cuando se dio cuenta que una de sus manos estaba esposada a la cama.
A un lado de la cama había un hombre en pie, mirando hacia Draco con atención y al otro, el que había hecho el ruido de la silla seguramente, un policía, estaba con la cabeza ladeada y sentado precariamente sobre la silla. Estaba inconsciente.
―Al menos no nos molestará… Esto de que haya muggles que no aceptan un poco de dinero es desconcertante ―susurró el hombre.
Draco suspiró profundamente, parecía que le costaba hablar.
―Supongo que no todos están en venta.
―Todos están en venta ―rebatió el hombre. Era alto y mayor, con el cuerpo musculoso, parecía estar en sus cincuenta años, y tenía un abrigo de media estación color gris sobre la ropa, Harry casi podía apostar que debajo llevaba una túnica de mago.
―¿Hasta tú? ―preguntó Draco, moviendo un poco más la mano esposada y haciendo que el metal sonara.
―Mejor será que no lo preguntes ―respondió el hombre, mirándolo de manera críptica, antes de de dar una mirada alrededor.
―Pudiste desaparecer ―dijo el hombre, luego de un momento, después de, con un hechizo, soltar las esposas que ataban a Draco a la cama, éste suspiró con alivio y se masajeó la muñeca.
―Imposible. No estaba completamente solo en ese momento, y si hacía magia los del Ministerio no tardarían en aparecer.
El hombre negó con la cabeza y se apartó unos cuantos pasos, hacia un gran ventanal.
―Los del Ministerio son manejables. De cualquier manera hubiera sido más simple lidiar con ellos que estar en esta situación.
―Pues es lo que hay ―replicó Draco de manera fastidiada, dejando de masajearse las muñecas.
―Esto no es Londres ―susurró Hermione, mirando por la ventana.
―Algo me dice que estamos en Escocia ―comentó Harry, mirando también por la ventana.
―¿Qué tan herido estás? ―preguntó el hombre, volteando finalmente hacia Draco y luciendo, por primera vez, sinceramente preocupado.
―Fue la pierna ―respondió Draco con voz cansada ―una bala entró y salió, no tocó hueso ni ninguna arteria importante… o eso dijo la señora que me curó.
―La doctora ―corrigió el hombre.
―Difícil imaginar que esa mujer sea una doctora ―negó Draco, con voz fastidiada, mientras apartaba las sábanas, un vendaje manchado de sangre sobre su pierna izquierda llamó la atención de Harry.
―Tres más del grupo muggles han sido atrapados, los demás lograron escapar ―informó el hombre, arqueando una ceja ante la herida de Draco.
―¿Y? Supongo que tendrán lo que merecen.
―Están custodiados ―el hombre señaló hacia un lado ―justo en la habitación continua.
―La verdad que no me interesa mucho ―respondió Draco, se había puesto en pie y había hecho una mueca por el dolor al apoyar su pierna herida en el piso, se movió con lentitud a través de la habitación, buscando entre las camas, pero al parecer no consiguió lo que buscaba.
―Tu varita está en mi poder, no la tengo aquí exactamente, pero te la daré pronto, tu ropa por supuesto, fue rota para que te curaran y ahora está en la jefatura de policía. Ya revisamos y no hay nada que te delate.
―Ah… Voy a necesitar algo de ropa ahora mismo ―Draco se inclinó hacia el policía herido y sacó del bolsillo de su camisa una lapicera.
―No sabía que te gustaba revisar las pertenencias ajenas ―le comentó el hombre, dándole la espalda nuevamente.
―Solo es curiosidad, por si hay algo que se nos está pasando ―respondió Draco, había encontrado en el piso, junto al policía, una revista muggle que seguramente había estado leyendo antes de caer inconsciente, la tomó y la puso sobre la cama.
―Como sea… ―el hombre suspiró cansado y miró hacia su reloj ―, en unos minutos más se desatará una pequeña misión de rescate.
―¿Rescate? ―Draco dio una mirada al hombre, como asegurándose que no voltearía aún y se apresuró a garabatear en una de las tapas de la revista:
Edgar Skatha
10/2/08
Hospital estatal de Escocia.
Observó un instante lo escrito antes de apartarse de la cama.
Harry, Ron, Hermione y Blaise se inclinaron hacia un lado de la cama y observaron también lo que Draco había escrito.
―He arreglado todo para que ellos crean que ha sido tu gente la que los ha rescatado, a ti te llevaré directamente a una casa de campo en las afueras de la ciudad, ellos irán por medios muggles, por supuesto, eso incrementará su confianza en ti. Aún sospechan que puedes ser un soplón.
―¿Por qué? ―preguntó Draco, sentándose nuevamente al lado opuesto de la cama donde había dejado la revista ―, este es el momento preciso para salirme, ellos creerán que he desaparecido, o que estoy en otra prisión.
―Según recuerdo, quedamos en que llegarías a la cabeza ―recriminó el hombre, girándose hacia él, su mirada se había tornado enojada.
―Tienen más que suficiente, presionando llegarán ustedes solos a ese punto.
―¿Para qué hacerlo, si te tenemos a ti?
―¡He sido herido y detenido! ―bramó Draco, Harry se sorprendió de lo furioso que se veía ―, yo digo que basta.
―Y yo que tenemos un trato, y ya sabes las consecuencias.
Draco pareció enfurecerse más, pero no pronunció ninguna palabra, simplemente apretó las sábanas y cerró los ojos, tratando de calmarse.
―Oh, allí está tu gente, lista para sacar a tus cómplices de aquí ―informó el hombre, cambiando su expresión y acercándose a Draco.
Draco suspiró profundamente y se puso en pie nuevamente, hizo una mueca cuando apoyó su pierna herida y aceptó el brazo que el otro mago le tendía.
―Bien, nos vamos entonces ―dijo el hombre, antes de que los hiciera desaparecer a ambos.
°.°
Era de noche. La habitación estaba a oscuras y Draco estaba luciendo esta vez un gran abrigo oscuro y unos guantes de cuero, estaba sonrojado y algo sudoroso, mientras se movía de un lado al otro de la habitación, tenía un cigarro encendido en una mano y la varita en la otra.
Harry, Ron, Hermione y Blaise miraron hacia todos lados, era claro que estaban en algún tipo de hotel, por lo escrito en la tarjeta de servicio a la habitación, no estaban en Inglaterra.
―Es ruso ―informó Blaise, luego de leer la tarjeta con detenimiento.
―No recuerdo que Draco haya viajado a Rusia ―comentó Harry, asomándose por la ventana, las cortinas apenas dejaban ver un poco el exterior: una calle transitada, muchos autos pasando a gran velocidad y con las luces altas. En frente había un bar con letras que no conseguía entender.
―Puede llegar a Rusia en solo media hora con un traslador ―explicó Hermione ―, pudo haber salido una mañana y volver en la noche… tal vez si no se verían en esos días no resultaba difícil hacerlo.
Harry estaba a punto de responder, pero entonces el sonido de alguien apareciéndose los hizo sobresaltar, al igual que a Draco.
Draco levantó la varita y se puso en posición de ataque. Delante de él apareció un mago de unos treinta años, bastante robusto, luciendo una abrigadora túnica azul. Pareció divertido ante la varita levantada de Draco.
―No me sorprende que casi tiraras todo por la borda si es que eres así de paranoico. ―Dicho eso soltó una carcajada y caminó hasta el otro lado de la habitación, dejándose caer sobre uno de los pequeños sillones.
―Ese tipo sabe mi nombre ―dijo entonces Draco, ignorando por completo aquel comentario ―. ¿Cómo es que sabe mi nombre?
―Es un squib ―relató el hombre, luciendo bastante relajado mientras encendía también un cigarro ―, no lo habíamos previsto, al parecer ha sido una casualidad, pero no te preocupes, está bajo control. No hablará.
―¿Qué le han hecho? ―preguntó Draco rápidamente, llegando hasta estar delante del hombre.
―Era un estorbo para la misión.
―¿Qué le han hecho? ―repitió Draco, con voz fría.
―No está muerto, si es lo que te preocupa ―admitió el hombre ―, aunque sinceramente no debería importarte, no es asunto tuyo.
―Bien.
―Ahora puedes estar tranquilo y continuar como siempre.
―¿Y qué tal si ya no quiero continuar? ―preguntó Draco.
―Creo que entonces el jefe tendrá que venir a recordarte las consecuencias por ello.
Draco entrecerró los ojos y lo miró fijamente, el hombre permaneció quieto, con una mueca torcida en los labios, parecía disfrutar aquello, hasta que finalmente Draco cedió.
―Bien, ahora que estamos más calmados… En una hora habrá una cena, te esperan pese a que dijiste que te sentías indispuesto, así que no faltes.
―Ajá ―asintió Draco.
El hombre hizo una pequeña reverencia y luego desapareció.
Draco torció el gesto y caminó hacia la mesa de noche, sacó una lapicera y en un trozo de papel escribió:
Yeray Vernier
15/03/08
Rusia
Un instante después de que los chicos se inclinaron para ver lo que Draco había escrito allí, este arrugó el papelito y lo dejó sobre la mesa, para luego quemarlo.
°.°
Un bar oscuro, el ambiente estaba cargado y rancio por el humo de los cigarros. Draco estaba al fondo, cerca del final de la barra, tenía delante un vaso lleno de cerveza y vestía de muggle, golpeaba con los dedos al ritmo de la música de fondo, lenta y tortuosa. Durante un instante nada pasó, hasta que un hombre, el mismo que había estado con él en el hospital de Escocia, se acercó a él y se sentó a su lado.
―Cada vez me sorprende más los lugares que escoges para estas reuniones.
―Y a mí que seas tan impuntual ―contestó Draco fríamente, parecía realmente fastidiado de estar allí.
―Qué se hace, no eres el único asunto del que me ocupo.
―Como sea ―se encogió de hombros Draco, de algún lado sacó una pequeña carpeta marrón y se la pasó en silencio.
―Estamos cada vez más cerca ―dijo luego de un instante, cuando el hombre la guardó en un bolsillo interno de su abrigo largo.
―Eso veo… estoy ansioso.
―Y yo ―asintió Draco, poniéndose en pie, ni siquiera le dio una mirada más al hombre, simplemente caminó hacia la entrada, esquivando mesas y grupos de personas que estaban de pie, cerca de la barra bebiendo, abrió la puerta y antes de salir hacia la calle, observó una servilleta que tenía apretada en la mano, en ella se leía:
Edgar Skatha
23/04/08
Dove
Un instante después la apretó de nuevo y salió a la calle.
La oscuridad los envolvió y supieron que ese recuerdo también había terminado.
°.°
Tras el cuarto recuerdo, Harry se sintió mareado, abrumado y algo asqueado. Blaise no parecía mejor que él, y Hermione y Ron simplemente lucían aturdidos.
Los cuatro se sentaron en el pequeño sofá, mirando hacia los libreros, sin cruzar ninguna palabra durante un momento, hasta que Harry se aclaró la garganta.
―No dice nada del tráfico de chicas.
―¿Qué? ―preguntó Blaise, que había encendido un cigarro, mientras se ponía en pie.
―Tráfico de chicas ―repitió Hermione ―, encontramos pruebas que hablan de que Malfoy conseguía traer chicas de otras partes del mundo para el comercio sexual… las metían de manera ilegal, engañando a los muggles, y luego las prostituían.
―A Draco no le gustan las chicas ―negó Blaise, concluyendo con tan absurda afirmación.
―¿Y eso qué? No tiene que gustarles para traerlas ―replicó Ron.
―¿Entonces crees que Draco no hizo nada del tráfico de mercancías, pero que sí traía chicas? ―exclamó Blaise con rabia ―, no te permitiré que insinúes esas cosas de Draco, menos en este lugar.
―Basta ―Harry interrumpió la respuesta de Ron ―, Zabini, Draco ha estado haciendo muchas cosas, muchas más cosas de las que creímos, a escondidas nuestras, por lo que a nosotros respecta, estos recuerdos pueden ser alterados, o pueden ser engañosos, solo lo vemos hablar con algunos tipos y prometer que conseguirá información, nada indica que sean los del GDIS o Aurores.
―Es cierto ―afirmó Hermione.
―Incluso podría ser que Draco sí estuviera en medio de esa banda de traficantes y que los del GDIS le hubieran ofrecido un trato, para que pasara información a cambio de inmunidad.
―De ser así, Draco no estaría desaparecido ahora ―negó Blaise, pensando en que ellos no parecían estar tan dispuestos a ayudar a Draco de todas maneras.
―Pudo haber hecho algo malo… cometido un error. No lo sabemos, estos recuerdos no nos dejan muchas cosas en claro ―argumentó Hermione.
―Sin embargo coincidimos en que todo es muy extraño ―opinó Harry ―, y creo que con esos rostros y esos nombres tenemos información para empezar a buscar.
―¿Qué? ―preguntó Ron, girando bruscamente hacia Harry ―. Harry, pasado mañana en la noche es la boda, no tenemos tiempo para esto.
―¿Se casan? ―preguntó Blaise, algo confundido, si es que era así, no entendía por qué estaban allí, jugando al investigador cuando seguramente tenían cosas más importantes que hacer.
―No deben estar metidos en esto ―suspiró Harry, ignorando a Blaise ―, lo siento, realmente lo siento… yo quiero estar allí el día de su boda, y dije que los ayudaría y todo eso, pero Draco…
―Pero Draco también es importante ―completó Hermione. Harry asintió en silencio.
―Podremos arreglárnosla, después de todo mi madre y tu madre están haciendo todo ―dijo Ron hacia Hermione, luego de un instante.
―Es cierto, ya todo está planeado y…
―Chicos…
―Vamos, hay que pensar qué hacer con estos recuerdos y estos nombres ―interrumpió Hermione, poniendo una mano sobre el brazo de Harry y sonriendo un poco.
Harry sonrió hacia Ron y también hacia ella, antes de ponerse en pie.
―Bien, primero tomar notas de los nombres y los lugares, luego comenzar a preguntar, aunque ya es de noche, no es tan tarde como para no tocar algunas puertas.
Blaise, que por un instante pensó que ellos lo dejarían solo en la búsqueda de Draco, no pudo evitar soltar un suspiro de alivio, antes de unirse a la tarea de tomar notas.
°.°
Blaise y Hermione eran los que tenían contactos en el Ministerio, Ron se mostró inamovible en su decisión de acompañar a su prometida, y Blaise dijo que era imposible andar con Potter sin llamar la atención, así que le tocó a él regresar a Grimmauld Place para esperar por noticias.
Estuvo cerca de quince minutos en la sala, dando vueltas, antes de comprender que no podía quedarse quieto. No se le ocurría a quiénes más acudir, que a sus compañeros del trabajo.
Un instante después tocaba la puerta del apartamento de Morrice, no le sorprendió no encontrarlo en casa, por lo que sabía, tanto él como Alyce habían sido dados de licencia por algunos días más.
Se apareció en la entrada del pasillo del departamento de la chica y no le sorprendió que fuera Morrice el que le abriera la puerta.
―Te hemos estado buscando todo el día ―le dijo el chico a modo de saludo, mientras lo jalaba hacia el interior del lugar.
―¿Sí? No he estado en casa, tenía otras cosas que arreglar ―explicó Harry, había estado antes en el apartamento de Alyce, pero le pareció que había sido hacía mucho tiempo atrás, pues algunos muebles habían sido cambiados de lugar.
―No quisimos mandarte una lechuza por si esta era interceptada o rastreada, te están buscando los del GDIS, para que prestes declaraciones acerca de Malfoy y de lo que hacías con él ―explicó Morrice.
―¿Tan rápido? Pensé que no habían admitido siquiera la detención de Draco.
―Yo también, pero vinieron a buscarnos, a preguntarnos por ti y nos dijeron que parecía que tenías información muy relevante al respecto, por supuesto que aclararon que el asunto era completamente confidencial ―Roger Morrice le dio una mirada que Harry no supo interpretar.
―Ellos dicen que estás enredado con él y que es probable que también estuvieras al tanto de sus negocios ―dijo entonces Alyce, apareciendo por el pasillo, lucía una bata y aún se veía algo pálida.
―¡Alyce! ―exclamó Harry, caminando hacia ella, pero su expresión lo hizo detenerse en seco.
―¿Es cierto, Harry? ―preguntó ella, apretando un poco más la bata por el frente.
―¿Qué? No, por supuesto que no… es decir, no es cierto que estuviera al tanto de sus negocios ―Harry miró hacia Alyce y luego a Morrice, que parecía tan escéptico como ella y suspiró cansadamente.
―Dicen que tienen algunas pruebas, que incluso fuiste a su departamento la noche del arresto, que parecía que querías alterar las evidencias.
―Entonces ya han revisado el apartamento de Draco…
―Y tenían tecnología muggle, cámaras, te vieron entrar y sacar cosas ―complementó Alyce.
―¿Sólo a mí? ―preguntó extrañado Harry.
―Sí, al parecer no bien saliste de San Mungo te apareciste allí y sacaste muchas cosas…
Harry pensó que aquello era mentira, y si es que ellos lo decían, porque los del GDIS lo mantenían, era porque no tenían ninguna prueba, había ido transformado al apartamento de Draco, y no había ido solo.
―Saben que es imposible que estuviera al tanto de los supuestos negocios de Draco y que luego fuera a arrestarlo, no tendría sentido.
―Ninguno de nosotros sabía que se trataba de Draco Malfoy el que estaba en ese almacén ―objetó Morrice.
―Chicos ―dijo Harry, sintiéndose un poco herido ―, lo lamento, no quise meterlos en medio de esto, pero les puedo jurar por mi magia que no estaba al tanto de ningún negocio clandestino.
―¿Pero sí estabas enredado con Malfoy?
―Sí, Alyce, teníamos algo, pero nos peleamos hace tres semanas… La verdad que no sé en qué punto de nuestra relación estamos ahora mismo, pero… Deben creerme, saben que no sería cómplice de algo así.
―Los del GDIS no lo creen, te están buscando, piensan que has huido.
―Sólo necesitaba tiempo para descansar y pensar qué hacer, esta situación es muy rara… Incluso pensé que podrían ayudarme, creo que necesitaré toda la ayuda posible.
―Deberías estar descansando ―dijo de pronto Morrice, caminando hacia Alyce y tomándola de un brazo.
―Al sofá, Harry nos contará todo ahora ―respondió la chica. Harry asintió y los siguió hasta el sofá.
Durante los siguientes minutos se enfrascó en relatarles lo poco que habían podido averiguar hasta ese momento, agradeció que ellos no lo interrumpieran y sintió un gran alivio al contar toda la historia, incluyendo los recuerdos de Draco.
―Probablemente tenía un hechizo de confidencialidad ―meditó Morrice, un instante después.
―¿Confidencialidad? ―preguntó Harry extrañado.
―Lo usan con los infiltrados… Sé que nunca te ha tocado trabajar con un compañero infiltrado, pero cuando lo hacen, ellos hacen este tipo de hechizos, de tal manera que no le pueden contar a nadie nada de lo que están haciendo.
―Pero Draco nos ha dicho varias cosas por esos recuerdos…
―No directamente ―aportó Alyce ―, él no les estaba diciendo nada, él guardó sus recuerdos bajo un hechizo y ustedes lo descubrieron, es como si hubieran irrumpido en su memoria, sin que él realmente estuviera dispuesto a dejarlos…
―Y el tener anotados los nombres y las horas de las reuniones tampoco es una forma de romper el hechizo, al fin y al cabo él solo las escribió y las desechó, nuevamente, no es como si se las hubiera entregado voluntariamente.
―Es una explicación engañosa… Draco pudo poner todo por escrito entonces y nosotros hubiéramos podido leerlo.
―No, eso no funciona así, no puede poner todo por escrito porque eso sí rompe el voto, seguramente tiene un impedimento para hacerlo, pero el escribir nombres y fechas es pasado por alto, porque puede tratarse de simples recordatorios para él mismo, como tomar notas de un caso.
―Ah… entonces esto significa que Draco estaba atado a un hechizo con ellos y que por eso no podía decir nada ―meditó Harry en voz alta.
―O que está tratando de engañarte… no lo sabemos, no sabemos el tipo de juramento que hizo, si es que hizo alguno, o si en verdad esa gente pertenece al GDIS.
Los tres se quedaron callados por un rato, hasta que Harry recordó lo que sus compañeros le habían dicho en un inicio.
―¿Me están buscando, dicen? ¿Qué tipo de búsqueda?
―Por ahora solo quieren tu testimonio, no tienen una orden de arresto ni nada, pero si no apareces pronto ellos tendrán que forzarte a ir… eso es lo que dijeron.
―¿Ir? ―Harry encontró que aquella era una buena posibilidad ―¿Te refieres a sus oficinas?
Morrice y Alyce se encogieron de hombros.
―Supongo que si te apareces por el Ministerio ellos se enterarán e irán por ti para que declares.
Harry sonrió un poco más ampliamente.
―¡Claro! Y no podrán hacer un interrogatorio de este tipo en las salas del Ministerio, van a necesitar más privacidad, tal vez hechizos…
―Harry… nos estás asustando ―murmuró Alyce.
Harry se acercó a ella y le dio un beso en la frente.
―Espero que te mejores, y que Morrice cuide muy bien de ti ―dijo con cariño, antes de ponerse en pie.
―¿Qué haces? ―preguntó Morrice, poniéndose en pie también.
―Entregarme ―respondió, antes de desaparecerse del departamento.
°.°
Harry se sentía asombrado de no haberlo pensado antes, la solución era muy simple en realidad, sencillamente tenía que entregarse y entonces tendrían que llevarlo a las oficinas del GDIS, un interrogatorio de ese tipo, si es que lo querían mantener en secreto, no podrían hacerlo en el Ministerio.
Ahora necesitaba un plan para ello.
Cavilaba al respecto cuando la chimenea, anunciando la llegada de Blaise lo alertó, él no lucía de mejor ánimo que cuando se había ido, y antes de siquiera hablar, sacó un cigarrillo y lo encendió, dio una profunda calada y suspiró. Parecía agotado y descorazonado.
―He encontrado a alguien que nos puede ayudar con las identidades de los que hemos visto en los recuerdos de Draco ―explicó Blaise.
―¿Por qué no te dio los datos a ti mismo? ―preguntó Harry, algo confundido.
―Ni yo mismo lo sé, lo cierto es que me lo recomendó un contacto que tengo en el Ministerio, me dijo que aparentemente este chico estaba trabajando en una sección de baja seguridad de los del GDIS.
―No creo que haya una sección de baja seguridad de los del GDIS.
―Espero que sí, pues este chico parece capaz de darme los datos que requiero, pero quiere verte a ti en persona.
Harry arqueó una ceja, confundido.
―¿Le dijiste que era para mí?
―No fue necesario hacerlo ―Blaise dio otra calada al cigarro y cerró los ojos un instante. Entonces Harry recordó que llevaba sin dormir muchas horas, pero sabía que a menos que tomara una poción para dormir, no podría hacerlo.
―Zabini ―llamó Harry, temiendo que el chico se hubiera quedado dormido.
―No me he dormido…
―Pues parecía que…
Harry se interrumpió con el sonido de la chimenea, esta vez eran Ron y Hermione.
―Harry… por un momento pensé que habrías salido ―dijo Hermione en cuanto entró, mirándolo preocupadamente.
―En el Ministerio nos han contado que los del GDIS te están buscando ―informó Ron.
Blaise asintió.
―Por eso, aparentemente este chico sabe de ti ―intervino Blaise.
―¿Qué chico? ―preguntó inmediatamente Hermione.
―Un chico, tengo un contacto que me dijo cómo encontrarme con este chico, aparentemente trabaja en un área de baja seguridad de la oficina de GDIS…
―El GDIS no tiene área de baja seguridad ―interrumpió Hermione.
―Lo mismo le dije… ―murmuró Harry.
―Como sea ―dijo Blaise, levantando la voz ―, este chico dice que si Potter va, le dará toda la información que pueda.
―Podría ser una trampa ―observó Harry ―, además, si es que sabe de mí y de Draco, no debe ser de baja seguridad.
―Y en el Ministerio nos dijeron que te están buscando, según dice la nota oficial, porque al parecer tienes información relevante para uno de sus casos, no se menciona a Malfoy por ningún lado, ni qué caso es ―explicó Hermione.
―No estoy seguro que sepa de Draco, pero al parecer uno de los que Draco nombró en sus memorias es el que te está buscando, pero no sé cuál de ellos. Le di los tres nombres y él dijo que si acaso el favor era para ti, y que sí así era, entonces fueras tú en persona a pedírselo.
―Está bien ―dijo entonces Harry, logrando que todos lo miraran con los ojos abiertos de par en par.
―No estarás hablando en serio ―exclamó Ron, caminando hasta él.
―Sí, claro que sí, pronto ellos llegarán a Grimmauld Place, ya deben haber ido a mi departamento, han ido a casa de Morrice y de Alyce… no quiero que incordien a más gente, además es la solución más sensata.
―¿Entregarte? ¿Realmente crees que esa es la solución más sensata? ¿De qué manera ayudarás a Draco entregándote? ―cuestionó Zabini con dureza en la voz.
―Dije ir y entregarme, no dije que dejaría que me encerraran ―advirtió Harry con una sonrisa que, tanto Ron como Hermione conocían muy bien, y auguraba problemas.
°.°
Un hombre de cabellos rubios tan claros que casi podían ser blancos y ojos grises muy fríos, caminaba de un lado al otro de la pequeña oficina; delante de él, tras un escritorio, Edgar Skatha fumaba un cigarro y movía los dedos de manera nerviosa.
―Jugar con la memoria de esa manera es perjudicial, podríamos crear un daño permanente y no podría reconocer sus culpas…
―¡Y a mí qué me importa, si queda tarado de por vida, tanto mejor! ―exclamó el hombre, deteniendo su caminata.
―No lo entiende ―continuó Skatha, dando una calada rápida a su cigarro, el otro hombre frunció el ceño por ello ―, si es que no puede admitir sus culpas, entonces será declarado deficiente, la acusación podría ser desestimada y por ende se levantará una investigación para aclarar cómo una persona, aparentemente deficiente, consiguió hacer todos esos tratos, lo más probable es que se descubra que su memoria ha sido alterada y…
El hombre interrumpió dando un golpe en la mesa.
―Me importa un bledo, Skatha, tenemos un acuerdo, y he esperado mucho, siguiendo sus consejos, no quiero siquiera pensar en la posibilidad de que todo se vaya a la mierda porque no logra controlar a sus agentes.
―No se trata de eso ―se apresuró a aclarar el hombre ―, es un pequeño problema, pero nada más, estará pronto solucionado. Debe comprender que esto no estaba en los planes, la intervención de los aurores nos ha quitado tiempo valioso.
―¿Y qué haremos con el otro tipo, con Potter? ―preguntó el hombre, volviendo a caminar por la oficina.
―No creemos que sepa nada realmente, pero por si las dudas vamos a interrogarlo, si hay algo que debamos arreglar, lo haremos en ese momento.
―Bien ―el hombre asintió y tomó la capa que había dejado sobre la silla. ―Estaré aquí aún unos días, si es que no obtengo los resultados esperados, habrán consecuencias.
―No tiene que preocuparse ―se apresuró a decir Skatha, y solo suspiró aliviado cuando el hombre abandonó la habitación.
Lo cierto era que la persona que tenía capacitada para el trabajo no aparecía y el tiempo estaba pasando demasiado a prisa, no faltaba mucho para que alguno de los amigos de Malfoy, incluso el mismo Potter, empezara a armar más escándalo del que ya estaban armando, y eso era un lujo que no podía permitirse.
°.°
De entre todas las personas que trabajaban para el Ministerio y sus entidades anexas, Harry maldijo que fuera precisamente él el contacto de Zabini.
―Pero si es nada más que Harry Potter, el chico capaz de vencer a un Lord tenebroso, pero incapaz de mantener una relación seria ―dijo el chico, con voz extremadamente dulce. Aquel tipo de voz que lograba desesperar a Harry.
Harry frunció el ceño y escuchó a Hermione y Ron soltar una risita y a Blaise un bufido.
―Así que te conoce, por eso quería verte ―dijo Blaise ―, pero mira nada más, ¿rompiendo corazones, Potter?
―Cállate, Zabini ―ordenó enfadado Harry.
―Claro, claro… ―Zabini negó con la cabeza y abrió los ojos sorprendido cuando sintió la mano de Hermione jalándolo un par de pasos hacia atrás.
―Deja que él arregle esto ―le dijo la chica, antes de que él pudiera protestar.
―Hola Caille ―suspiró finalmente Harry, mirando con detenimiento al chico que tenía delante: su cabello castaño claro estaba más largo ahora, y parecía haber ganado un poco de musculatura, al menos en los brazos. Su rostro seguía pareciendo algo infantil y sus ojos almendrados brillaban bajo la luz de las antorchas. Harry reconoció que aún le seguía pareciendo atractivo, después de todo, aunque no tanto como antes.
―Así que estás en problemas.
―No precisamente ―negó Harry, caminando hacia él y apoyándose en el mostrador ―, pensé que habías dejado Londres.
―No precisamente ―se burló Caille, usando el mismo tono de Harry ―, pero cuando entras a trabajar a la GDIS dejas, de alguna manera, la vida que antes conocías, y considerando que la mayoría de mis amigos se pusieron de tu parte… la verdad es que no me costó mucho cambiar de amistades, de departamento y de trabajo.
―Lamento que eso haya ocurrido…
―No parecías muy triste cuando rompiste conmigo ―apuntó Caille.
Harry torció el gesto. Caille había sido el primer chico que le había gustado en el Ministerio. Sabía que no era prudente meterse con la gente con la que se trabajaba, pese a que nada le prohibía salir con él, y por un tiempo hubo muchos coqueteos, hasta que finalmente se animó a invitarlo por un trago.
Caille era guapo, simpático, podía reír con él, pasarla bien y disfrutar mucho. Pese a que Caille era algo más tradicional, en la cama se entendían muy bien también, pero llegó ese punto en que Caille dejó de ser su salida de fin de semana, para prácticamente mudarse a su departamento.
Harry no sabía cómo había pasado, pero una mañana, cuando despertó, notó que la mayoría de cosas de Caille ya estaban en su departamento. Cuando le preguntó al respecto, éste le explicó que era normal que tras casi seis meses saliendo, las cosas se pusieran más serias.
Y eso fue lo que hizo que Harry se espantara.
Caille tenía muchas cualidades, pero también otros tantos defectos, era celoso, dominante, y prácticamente se había apropiado del departamento de Harry y de su vida. Y Harry, por más que la pasara bien con él, no estaba listo para tener nada así. Era raro, tenían muchos amigos en común, incluso Ron y Hermione simpatizaban con él, y aún así no tuvo reparos en romper con él. Y no era un recuerdo muy agradable.
Se preguntó qué era lo que lo había hecho admitir que con Draco sí quería tener algo serio, casi con la misma facilidad con que había roto con Caille.
―Vamos, eso fue hace mucho tiempo, creo que podemos hablar como amigos que una vez se tuvieron cierto cariño ―dijo Harry, tratando de aligerar las cosas.
―No, no lo creo. Pero contrario a lo que crees, no soy tan malo como para hacerte venir sólo para decirte que no. Aunque ganas no me faltan ―Caille sonrió y su mirada se iluminó ―, pero lo cierto es que ese tonto de Edgar Skatha me debe más de una, y si está haciendo cosas que deben ser investigadas por ti, y de manera extra oficial, pues, te ayudaré.
Harry sonrió, aliviado.
―Gracias, no sabes lo importante que es que nos puedas dar toda la información al respecto.
―Como te dije, consigue que Edgar Skatha la pase mal y estaré bastante contento.
―¿Tienes muchos problemas con él? ―preguntó Harry, algo precavido al encontrar un tono tan vengativo en su ex novio.
―Es un jefe gritón y abusivo, cree que porque es jefe del GDIS puede hacer lo que se le venga en gana, incluso con nosotros, sus trabajadores.
―Vaya… no sabía que él era jefe del GDIS ―masculló Harry, recordando las memorias en que lo había visto hablando con Draco.
―No, y nadie lo sabe, es información secreta.
―Pero… ¿esto no te meterá en problemas? ―preguntó Harry, algo preocupado.
―No ―negó Caille, su sonrisa fue diferente esta vez, tanto que su rostro se iluminó un poco ―, me he casado.
―¿Qué?
―Que me he casado, con un mago agregado a la embajada norteamericana aquí en Inglaterra. Hace unas semanas recibió la orden de volver a Washington y por supuesto me voy con él. En realidad esta es mi última semana, pero he decidido que ya no volveré luego de hoy, ya he tenido bastante de ellos por una vida.
―Vaya… pues… ¡Te felicito! ―afirmó Harry sinceramente, alegrándose realmente de que Caille hubiera encontrado alguien apropiado.
―Se agradece ―respondió el chico ―, solo te pido que en la medida de lo posible mantengas mi identidad lejos de esto, no quiero que Patrick tenga problemas en su trabajo si se enteran que su esposo conspiró con un grupo de terroristas que se metió a las instalaciones del GDIS.
―No somos terroristas ―se apresuró a hablar Harry.
―No, pero es así como te harán ver los del GDIS si descubren que entraste a sus oficinas.
Harry se abstuvo de contarle que lo más probable era que los del GDIS se enteraran de su ingreso y que además planeaban una misión de rescate, y asintió.
―No revelaremos tu nombre ni nada de eso, ni aún bajo tortura ―prometió.
―Bien, entonces… ¿qué necesitas saber?
―Muchas cosas ―se apresuró a responder Harry.
Se sintió algo estafado cuando descubrió que en realidad las oficinas del GDIS estaban junto al edificio del Ministerio, aunque por una entrada diferente. Sin embargo algo que sí compartían era el archivo, para evitar problemas de comunicación.
Al tener toda esa información, el plan de Harry empezó a tomar más forma.
°.°
Caille había demostrado cuán enfadado estaba con la gente de GDIS, dándole a Harry no sólo toda la información que quería, sino además, dejándole saber cosas que nadie debería saber.
—Se supone que yo tampoco lo debo saber —le había comentado él —pero estuve saliendo con un tipo de rango medio, uno muy hablador, si me lo preguntas…
—Pues definitivamente lo es si es que te estuvo contando todo esto —aprobó Harry, mirando la distribución del lugar que Caille le había dado, en donde además especificaba los miembros del equipo y sus horarios.
Cerca de las seis de la mañana Harry tomó una siesta, se sentía culpable por hacerlo, porque no sabía en qué condiciones estaría Draco, pero también sabía que si es que lo quería ayudar, debía estar lo mejor preparado posible. Después de cuarenta y ocho horas de haber estado investigando casi sin descansar, no era lo más inteligente simplemente lanzarse a la aventura.
Cuando despertó ya eran más de las nueve de la mañana, se dio una rápida ducha y bajó a desayunar, se encontró a Blaise, con cara de haber dormido poco y con una taza de café delante, un plato de tostadas y huevos al centro de la mesa, y a Hermione manipulando la estufa, mientras Ron, brillaba por su ausencia.
—Ron aún duerme — informó Hermione sin voltear a verlo y antes de que él pudiera formular alguna pregunta —durante la noche George y Fred estuvieron molestándolo para que salieran a tomar un trago… Dijo que no quería ir, pero ya sabes cómo es…
Harry imaginaba a Ron, diciéndole a Hermione que en verdad no quería salir, esperando que ella "lo obligara" a ir y pasar un tiempo con sus hermanos.
―Bien, creo que ya tengo en claro lo que debemos hacer, pero no podemos actuar hasta la noche. Debemos usar el día para preparar todo.
―¿Hasta la noche, Potter? ¿Estás de broma? ―rugió Blaise, no creyendo que Harry realmente quisiera esperar hasta tan tarde para ayudar a Draco, es decir, ya era el tercer día de encierro para Draco, a ese paso resultaría más simple buscar de visitarlo en Azkaban.
―No hay nada que podamos hacer. Debemos planear las cosas, entrar a sus oficinas en la mañana, cuando están todos los trabajadores no es lo más adecuado ―explicó Harry ―, Caille nos dijo que a las cinco salen casi todos y que a las seis ya no hay prácticamente nadie, así que si queremos sacar a Draco de allí por unas horas al menos, tendrá que ser a esa hora.
―¿Por unas horas? ―preguntó Blaise, extrañado, Hermione volteó a verlo también.
Harry frunció los labios y asintió. Eso también lo había decidido. Y había sido muy difícil, incluso no estaba seguro de poder llevarlo a cabo llegado el momento, pero lo cierto era que si Draco estaba metido en alguno de esos negocios ilícitos no podría luchar contra su propia moral y dejarlo escapar.
―Harry, no creo que sea apropiado sacarlo de allí si luego piensas entregarlo ―comentó Hermione, sentándose junto a él con una gran taza de café.
―No puedo preguntárselo allí ―negó Harry.
―¡Serás cabrón! ―gritó Blaise, poniéndose en pie ―, Draco no ha hecho nada malo, y tú solo piensas dejarlo salir para luego lucirte entregándolo.
―No me interesa lo que pienses, Zabini ―reprochó Harry mientras se ponía en pie también ―, si quieres ayudarnos a descubrir lo que Draco ha estado haciendo, lo haremos a mí manera.
―¿Podrían dejar de gritar? Se escucha por todos lados ―protestó Ron, apareciendo en ese momento por la puerta, lucía algo pálido.
Blaise entrecerró los ojos y tomó una bocanada de aire, lo más seguro sería esperar a que Potter sacara a Draco y luego vérselas él mismo para sacarlo del país.
―De acuerdo ―dijo un instante después.
Por un momento todos se quedaron en silencio, mientras Ron arrastraba los pies y se dejaba caer en otra de las sillas, Hermione le sonrió y le puso una taza de café delante.
―Bien, ahora que estamos todos, empezaremos con el plan ―comentó Harry, antes de empezar a explicar qué harían.
°.°
Un gran vaso de agua fue puesto delante de él. Sentía los brazos y las piernas cansadas y le costó algo de esfuerzo inclinarse hacia delante para tomarlo. Llevaba mucho tiempo allí, y lo peor de todo era que no sabía qué esperaban de él. No lo habían interrogado ni le habían dicho nada más desde que lo habían llevado a esa celda.
Bebió el contenido de un solo tirón, hasta que sintió que no podía beber más, luego se dejó caer nuevamente en la silla y cerró los ojos, estaba tan agotado que incluso el miedo que sentía a lo que pudiera pasar luego no fue impedimento para que se quedara dormido.
―Yeray Vernier está de camino, su novia… la de Italia ―aclaró Edgar Skatha ―tuvo un problema… no sé bien qué, pero parece que fue muy complicado, por eso se tuvo que ir así.
―¿Aún en la noche? ―protestó el hombre de cabellos rubios, ambos observaban a Draco desde una de los lados de la celda, hechizado para esos fines.
Edgar Skatha simplemente asintió, resignado.
―Tus métodos son un asco ―bramó el hombre, mirando con rabia a Draco ―, ni siquiera hay tortura, nada de nada, solo lo tienes allí durmiendo.
―Debe estar con la mente relajada para el hechizo de modificación, lo estamos preparando ―explicó Edgar Skatha nuevamente, algo fastidiado con la forma en que el hombre lo trataba, de acuerdo que le había pagado una gran cantidad de oro, pero no estaba acostumbrado a ser regañado como un recién salido de la escuela ―, y no puede presentar muchos daños de tortura delante del juzgado, seríamos observados.
El hombre rubio puso los ojos en blanco y negó con la cabeza, antes de darse la vuelta y caminar hacia la salida.
Edgar Skatha se encogió de hombros, le dio una mirada más a Draco y luego siguió al hombre rubio.
°.°
Eran las cinco y cincuenta minutos de la tarde cuando Harry se apareció por el vestíbulo del Ministerio, no había tomado una chimenea, sino que había entrado por donde entraban los trabajadores, pese a que tenía el privilegio de usar la chimenea, decidió que no era apropiado, no quería que lo rastrearan.
Cuando el elevador apareció, dejó salir a una gran cantidad de magos y brujas, ansiosos por regresar a casa, él fue el único que subió para entrar a las oficinas, y una vez las puertas se cerraron, se movió ansiosamente de un lado al otro, hasta que por fin se detuvo, aunque no en el piso que había solicitado.
No le sorprendió para nada encontrarse con Edgar Skatha en cuanto las puertas se abrieron. Había leído el expediente que Caille le había dado la noche anterior. Edgar Skatha era un experimentado miembro del GDIS, era el jefe de aquella área. Cuando había leído ese expediente se sorprendió de la poca gente que trabajaba allí, no eran más que veinte personas, incluyendo a Caille, y de todos ellos solo Edgar Skatha aparecía de vez en cuando por el Ministerio, era el encargado de dar la cara ante el Ministro.
Edgar Skatha tenía cincuenta y dos años, estaba divorciado y vivía en Londres, no tenía más familia y pasaba más de doce horas diarias en la oficina.
―Señor Potter ―saludó Edgar Skatha con una inclinación de cabeza, mientras detenía las puertas del ascensor con un pie.
―¿Si? ―preguntó Harry, tratando de lucir relajado.
―Hemos estado buscándolo desde que salió de San Mugo ―informó el hombre, entrando al ascensor y dejando que las puertas se cerraran.
―Según tengo entendido, es mi jefe el que ha estado requiriendo mi presencia. ―comentó Harry, mirándolo con curiosidad.
―Claro, claro… ―el hombre sacó una pequeña placa del bolsillo superior de su túnica oscura ―, mi nombre es Edgar Skatha, y pertenezco al GDIS, hemos sido nosotros los que lo buscábamos, le pediré que me acompañe, pues queremos hacerle unas cuantas preguntas.
―¿Qué tipo de preguntas? ¿Mi jefe está al tanto de esto?
―Por supuesto que sí. Tiene dos caminos, podemos ir por las buenas, y tener una charla agradable, o podemos tomar el camino difícil y detenerlo ―explicó Edgar Skatha, arqueando una ceja.
―¿Respecto a qué son las preguntas?
―Estoy seguro que usted sabe respecto a qué son, aunque si quiere jugar a que no sabe nada del asunto, lamentablemente no estoy autorizado a explicárselo aquí.
Harry se quedó en silencio un momento, mientras el elevador seguía bajando hasta la planta número ocho.
―Entonces debo acompañarlo, por las buenas o por las malas, para que me interrogue pese a que no cuenta con una orden.
―Nosotros no usamos órdenes para solicitar información o interrogar a alguien ―respondió el hombre.
―¿A dónde exactamente se supone que me llevará? Creo que puedo llamar a mi amiga Hermione, ella es abogada y…
―No necesita una abogada a menos que haya cometido un delito, ¿ha cometido un delito, señor Potter? ―interrumpió el hombre.
―No que yo recuerde…
―Entonces no tendrá problemas con acompañarme, no creo que tardemos mucho.
―No me ha dicho a dónde quiere que lo acompañe.
―Ni se lo puedo decir. Lamentablemente mantenemos algunos datos en secreto, ya sabe, por el bien de nuestra organización.
Harry lo miró fijamente un instante y finalmente asintió.
Edgar Skatha detuvo entonces el ascensor y lo invitó a salir, avanzaron por unos cuantos pasillos desiertos y por un instante Harry temió que hiciera el interrogatorio justo allí, pero suspiró aliviado cuando se detuvieron frente a una de las salas de apariciones.
―Por cuestiones de protocolo no podrá ver el lugar al que nos transportaremos, le pido que tome mi brazo y se relaje.
―Esto es muy raro ―murmuró Harry lo suficientemente alto como para que el hombre lo escuchara.
―No tardaremos mucho ―le animó el hombre, extendiendo el brazo.
Harry dudó un instante y luego tomó su brazo y cerró los ojos.
Un instante después estaban en una habitación pequeña, donde solo había una mesa blanca y dos sillas, las paredes también eran blancas y sin ningún tipo de adorno.
Harry dio una mirada alrededor, pudo intuir que tendría hechizos para escuchar las conversaciones desde afuera, aunque no estaba seguro de que alguien estuviera escuchando realmente. Consultó su reloj, eran seis y quince, los pocos miembros de la organización debían ya haber salido.
―Tome asiento, por favor ―le dijo el hombre, jalando una silla.
Harry obedeció en silencio y se sentó.
―¿Un cigarro? ―preguntó el hombre, sacando una cajetilla de cigarros, inmediatamente un cenicero apareció delante de él. Harry negó lentamente con la cabeza.
―No fumo, gracias ―dijo, poniendo ambas manos sobre la mesa, se preguntó porqué no le había pedido la varita.
―Bien, bien, es un buen hábito el no fumar ―sonrió el hombre, encendiendo un cigarro.
―Tal vez usted debería adoptarlo…
Edgar Skatha soltó una carcajada y negó con la cabeza.
―Sí, lo he pensado varias veces… En fin, empecemos con esto para que pueda seguir adelante con sus planes, tengo entendido que mañana sus amigos se casarán.
Harry abrió los ojos un poco más, no esperaba que el hombre estuviera tan al tanto del asunto, después de todo la boda no había sido anunciada a los medios y tampoco se había hecho una gran lista de invitados, solo la familia y en absoluta privacidad.
―Este es nuestro trabajo, señor Potter, saber de los demás, investigar que no haya nada ilegal en la vida de los miembros de la comunidad mágica. Estuvimos investigándolo durante estos dos días, incluso pensamos en pedir que el Ministro removiera el hechizo de no ubicación de su casa en Grimmauld Place, por cierto, no entendemos por qué necesita tener un lugar inmarcable ahora que ya no hay ninguna amenaza contra su vida...
―Bueno, lo de mi casa es un tema personal, y si es que ya saben todo eso, no entiendo para qué quiere interrogarme entonces, si puede investigar lo que sea sobre mí.
Edgar Skatha volvió a sonreír.
―Sin embargo hay cosas que aún no nos quedan claras ―explicó el hombre, hizo un movimiento con su varita y una carpeta de color marrón, similar a las que Harry había visto a Draco entregarle en los recuerdos, apareció. En cuanto la abrió, Harry volvió a sentirse asombrado, lo primero que vio fue una fotografía de él y Draco caminando por la avenida de su departamento, llevaban una bolsa de comida y sonreían.
―Oh… es sobre Draco entonces ―dijo Harry, mirando hacia el hombre directo a los ojos.
―Así es, necesitamos saber…
Pero lo que necesitaban saber no lo llegó a escuchar Harry, pues en ese momento el sonido de una explosión hizo que Edgar Skatha se levantara de un salto.
°.°
Caille les sonrió de manera amigable, mientras recogía sus cosas del mostrador, ese era su último día, y se sentía muy contento de poder al fin irse de allí, y más aún de poder haber hecho algo para fastidiarlos, tanto a Edgar Skatha como a los demás, sabía que se lo tenían merecido.
Con un movimiento de muñeca bajó las luces de la habitación y caminó hacia la salida, guiñándole un ojo a Hermione antes de cerrar la puerta.
Ya en el pasillo se despidió del guardia de seguridad y se apareció en su departamento, imaginando qué tan furioso se pondría Edgar Skatha cuando el lugar fuera invadido.
Hermione hizo un gesto hacia Ron y Blaise y ambos salieron de sus escondites, en una de las paredes, y los tres, con las varitas en alto, caminaron hasta pasar el mostrador.
Dentro había una gran hilera de estantes metálicos llenos de pergaminos con nombres y fechas flotando delante de ellos.
―¿Cuántos archivos crees que tienen aquí? ―preguntó Blaise, deteniéndose delante de uno que tenía el nombre de uno de sus competidores en la industria de pociones.
―No lo sé, y no te puedes llevar nada ―le recriminó Hermione, contando los estantes para saber dónde dar la vuelta. Aquello era como un gran laberinto y si no prestaban atención podían perderse.
―No estoy tocando nada ―respondió Blaise, esperó a que Weasley y Granger avanzaran un poco más antes de levantar la mano y tomar el expediente, como no era apropiado hacer magia en el interior de ese sitio, simplemente lo dobló y lo metió dentro de su abrigo.
Se detuvieron delante de uno de los archivadores, este tenía un pequeño letrero que decía:
"1727521"
―Aquí es ―dijo Ron, levantando la varita.
―Sí… ―Blaise miró a ambos lados y tomó una bocanada de aire ―¿ustedes hacen esto todo el tiempo, no?
―No, no desde la guerra realmente… ―suspiró Hermione.
―Es gracioso, supongo que hoy debería ser su despedida de solteros ―comentó Blaise.
―Sí… pero haremos algo luego de todas formas ―explicó Ron.
―Me alegra saber que son tan positivos ―sonrió Blaise.
―Vamos, no tenemos más tiempo ―apuró Hermione, pensando que sí, que las cosas tenían que salir bien, pese a lo arriesgado que era todo y las probabilidades de que fuera un error. Que Malfoy realmente fuera un delincuente y ellos estuvieran ayudándolo a escapar de la justicia.
―Voy ―informó Ron, poniéndose delante de Hermione y apretándole la mano un instante, antes de mirar fijamente el número flotando. ―Revelo fidelius uno siete ocho cuatro ―murmuró moviendo la varita alrededor de los números que flotaban.
Por un instante una luz azul los cegó, habían usado el código que Caille les había dado para ingresar y que pertenecía, según les dijo, a un trabajador que tenía turno esa noche, temieron que, al estar el hombre allí, el código les fallara reconociendo la duplicidad, y contuvieron el aliento, esperando.
Pero no falló, delante de ellos se había materializado una puerta de madera.
Hermione tomó el pomo de la puerta y la abrió.
Los tres soltaron el aire lentamente cuando vieron el pequeño vestíbulo, que recordaba a una oficina de los años cincuenta.
A solo unos metros de ellos había un escritorio de madera clara, con unos cuantos pergaminos desordenados sobre ellos. No había nadie en la entrada, pero pese a eso no bajaron las varitas, pues sabían que un guardia debía estar por allí.
―Ve hacia la izquierda, allí están las salas de interrogatorios ―dijo Blaise hacia Hermione, apegándose al plan ―, Weasley y yo iremos por la derecha.
Antes de que Hermione respondiera, una voz los sobresaltó.
―¿Qué demonios hacen aquí? ―preguntó un hombre alto, bastante robusto, de cabello rubio y ojos azules, levantaba la varita en forma amenazante.
Blaise abrió la boca, incapaz de decir alguna cosa coherente, claro que esperaban que un guardia estuviera allí, se los había dicho Caille, pero antes de pensar en alguna excusa, un rayo azul atravesó el aire, pasándole cerca del hombro, un instante después el hombre rubio se desplomaba contra la pared del fondo.
―Creo que debemos darnos prisa ―dijo Ron, mirando hacia el hombre al que había derribado.
―Solo tenemos unos minutos ―asintió Hermione, corriendo hacia el lado izquierdo.
Blaise se quedó quieto un momento más, antes de darse cuenta que Weasley ya se estaba moviendo hacia el otro lado y que tenía que alcanzarlo, así que se lanzó hacia el pasillo para seguirlo.
°.°
Hermione había memorizado el plano de la pequeña oficina, realmente pensaba que los del GDIS pecaban de confiados al tener un lugar tan desprotegido y pequeño, sin casi ningún tipo de seguridad. Observó la puerta blanca con el letrero de "sala de interrogación #1" y asintió complacida, antes de levantar la varita. Lo importante en su plan eran los tiempos y la coordinación.
Contó hasta cinco y luego lanzó un hechizo bombarda.
La puerta salió volando hacia dentro, arrastrando con ella las bisagras y una parte del marco.
―Había olvidado los fuertes que son tus hechizos ―dijo Harry, poniéndose en pie de un salto y alejándose de la mesa.
Edgar Skatha ni siquiera preguntó qué era lo que pasaba, por instinto invocó un desmaius que no le dio a Hermione por unos cuantos centímetros.
Harry aprovechó para voltear y lanzarle también un hechizo de desarme, haciendo volar al hombre hasta dar contra una de las paredes.
Hermione no perdió el tiempo y lanzó un incarcerus contra Edgar Skatha, pese a que estaba inconsciente.
―Para ser lo más alto de la seguridad nacional, dejan mucho que desear ―comentó Harry, negando con la cabeza.
―Ni que lo digas ―murmuró Hermione, mientras ambos corrían ya por el pasillo para darles el alcance a Ron y Blaise.
―Tenemos a dos más atados aquí, uno de ellos es Yeray Vernier ―informó Ron.
―Tenemos tres puertas, no sabemos en cuál está Draco, pero debemos apurarnos ―comentó Blaise. Harry vio que estaba algo sudado y despeinado.
―¿Les dieron problemas? ―preguntó Hermione, mirando inquisitivamente a la primera puerta, aparentemente no habían hechizos de seguridad.
―Nada que no pudiéramos controlar ―respondió Blaise, quien había salido volando por los aires antes de que se dieran cuenta que habían dos hombres apostados en ese pasillo.
―Yo voy por esta, tú, Zabini por esa ―indicó Harry, sacando de su bolsillo la tapa vieja de una botella de mantequilla. Observó que sus amigos hacían lo mismo también.
Sin perder más tiempo, cada uno de ellos lanzó un hechizo bombarda sobre las puertas que tenían delante, todas, excepto la de Harry salió volando.
―Creo que ya tenemos un resultado aquí ―meditó Harry, acercándose un poco más a la puerta que no se había derribado.
―Ron y yo investigaremos por si hay alguien más aquí ―dijo Hermione, dándole una mirada a la puerta que había derribado ―, recuerda, nos quedan doce minutos.
Blaise se quedó quieto, inseguro de qué hacer a continuación, no se le apetecía dejar a Potter con Draco, pero sabía que era más seguro ver que no saliera nadie de pronto. Finalmente se metió también a la habitación a la que le había volado la puerta. Abrió los ojos con asombro cuando encontró a un hombre tirado a un lado, aparentemente inconsciente, con el cabello extremadamente rubio. Con algo de temor avanzó un poco más y rodeó el cuerpo desmayado, hasta poder ver su rostro, soltó una exclamación de asombro cuando reconoció a Nicolas Malfoy.
Blaise recordó la última vez que lo había visto, unos tres años atrás, y por casualidad, en Italia. Draco y él habían ido a pasar las navidades con la madre de Blaise y se lo encontraron en una de las fiestas de alta sociedad. Draco y Nicolas intercambiaron una mirada de rivalidad antes de apartarse y mantenerse en lugares opuestos del salón durante el resto de la noche. Blaise le había preguntado a Draco al respecto, pero éste no le había contestado nada. Draco era bastante reservado cuando se lo proponía.
Meditó un instante antes de lanzarle un hechizo incarcerus y asegurarse de que no diera problemas por un buen rato. Luego tendría que pensar qué hacía Nicolas Malfoy en el mismo lugar que Draco.
Pese a que le quedaba muy poco tiempo, recorrió con la mirada el lugar, era una oficina bastante pequeña y modesta. Sobre el escritorio viejo de madera oscura, había muchas carpetas y pergaminos, sabiendo que no le quedaba demasiado tiempo, tomó un par de carpetas, pero no encontró nada que pareciera interesante sobre la mesa, continuó con los cajones, encontró uno que tenía un hechizo bastante precario de seguridad y no le tomó casi nada de tiempo derribar el hechizo, había esperado encontrar algún tipo de documento sobre Draco, pero lo que encontró tampoco lo dejó insatisfecho.
°.°
Le tomó dos minutos derribar el primer hechizo de seguridad, entonces se encontró delante de unas rejas oscuras, al fondo se veía una pequeña luz, pero no podía divisar a Draco. Según los planos que Caille les había dado, sólo quedaba esa celda, no creía que tuvieran a Draco en un lugar sin mucha seguridad, así que lo más probable era que Draco estuviera al final del pasillo.
Las rejas le tomaron cerca de cuatro minutos, cuando finalmente desaparecieron, una sensación de alivio lo invadió. Ese era seguramente la parte más difícil de la protección.
Corrió por el pasillo y llegó a la zona iluminada, unas nuevas rejas impedían su paso, pero podía ver, ahora sí, claramente a Draco, sentado en una silla en el centro de la celda, su cabeza estaba inclinada hacia un lado y parecía inconsciente.
Removió con facilidad el hechizo de seguridad de ese último tramo y se lanzó hacia el centro de la habitación. Tomó a Draco de los brazos y lo zarandeó. Draco se movió como un peso muerto entre sus brazos.
―Demonios, Draco ―jadeó, sabía que le quedaban menos de cinco minutos, así que levantó la varita y le lanzó un ennervate, y soltó el aire cuando por fin Draco abrió los ojos.
―¿Qué? ―preguntó Draco, sintiéndose mareado y mirando a Harry a la cara, la habitación estaba muy iluminada y no podía quitarse la sensación de irrealidad.
―Merlín, menos mal que no estás herido ―reconoció Harry, mientras se esmeraba en liberar a Draco de las cuerdas mágicas con que estaba sujeto. Lo más fácil hubiera sido llevárselo de cualquier manera, pero las cuerdas mágicas de los aurores solían tener pequeños hechizos de ubicación, que dejaba un rastro del camino por donde alguien escapaba, no estaba seguro si los del GDIS usaban ese método también, pero no tenía tiempo de averiguarlo.
―¿Harry? ―preguntó Draco, empezando a sentirse menos mareado, aunque no menos confundido.
―¿Te sientes bien? ―preguntó Harry, mientras movía la varita de un lado al otro, desatando cada uno de los nudos.
―Creo que sí, pero… ¿Harry? ―volvió a preguntar Draco.
―Bien, agradezco que recuerdes mi nombre ―murmuró Harry, soltando al fin el último nudo. Tal como supuso, aquella silla estaba ligada a las sogas mágicas y en cuanto la soga tocó el piso, ésta desapareció, haciendo que Draco cayera al piso con un sonido sordo, antes de que pudiera sujetarlo.
―¡Auch! ―exclamó Draco, al tiempo que sentía las manos de Harry jalándolo por los hombros.
―Lo siento… no me di cuenta que…
―¿De verdad eres tú? ―preguntó Draco, poniéndose en pie, las piernas le temblaban, y se sentía bastante débil. Se aferró con más fuerza a los brazos de Harry y suspiró, reconociendo en ese toque a Harry… a su Harry.
―Vamos, no tenemos tiempo para esto, en menos de un minuto… ―empezó a informar Harry, al tiempo que lo arrastraba hacia el pasillo ―desapareceremos y…
―¡Ya es hora! ―gritó en ese momento Blaise, venía corriendo por el pasillo que Harry había desarmado y detrás de él venían Ron y Hermione. Blaise le dio una rápida mirada a su amigo y suspiró, algo aliviado de haberlo encontrado y que no luciera tan herido.
―¿Blaise? ―exclamó Draco, cada vez más sorprendido.
―¡Ahora! ―gritó Ron, levantando una moneda vieja. Hermione se aferró a él y a la moneda mientras Blaise sacaba también un traslador, en el caso de él, una cajetilla vacía de cigarros.
Draco no tuvo tiempo de registrar nada más, Harry puso delante de él una vieja tapa de cerveza de mantequilla y lo pegó más a su cuerpo, la sensación de estar desapareciendo lo atrapó, antes de perder la visibilidad del lugar vio corriendo a dos hombres hacia ellos, un grito suyo se perdió en el aire cuando pensó que los habían alcanzado.
°.°
Draco se sentía mareado y hasta un poco enfermo, pese a no tener nada en el estómago.
Él no estaba muy familiarizado con las formas en que los aurores, o Harry y sus amigos, escapaban de los rescates de entidades del Ministerio, y francamente se sentía sorprendido. Habían estado apareciendo y desapareciendo durante más de media hora, en un inicio había contado los lugares: una habitación oscura, un jardín enorme y húmedo, lo que claramente era el techo de un edificio muy alto, otra habitación oscura y luego simplemente dejó de fijarse, se aferró lo más fuerte a Harry y cerró los ojos, esperando porque todo pasara pronto.
Blaise se tambaleó y casi cae si no fuera por Ron, que lo sostuvo en ese momento.
―Gracias ―susurró Blaise, soltándose de él y mirando alrededor.
Por un largo instante todos se quedaron en silencio, observándose los unos a los otros, Harry aún aferraba a Draco de un brazo y éste parecía demasiado pálido y enfermo.
―¿Te sientes mal? ―preguntó Harry hacia Draco finalmente, mientras lo guiaba hacia uno de los pequeños sillones.
―No… creo que solo necesito sentarme ―aceptó Draco, dejándose caer en el sillón y mirando alrededor. Se trataba de una habitación de un hotel muggle, o al menos eso parecía. Había una cama amplia al fondo y unas cortinas, rojas y pesadas, cerradas. La habitación estaba medianamente iluminada, con un par de lámparas de piso.
―Draco… ―Blaise finalmente se puso en movimiento y caminó hasta el sillón, parándose al lado de Harry y observándolo con detenimiento ―¿ellos te torturaron?
―No… ellos no… ―Draco, aparte de haber sido lanzado al otro lado de la celda la noche en que llegó, no recordaba haber sido maltratado, aunque tampoco recordaba mucho más que eso. Según creía se había pasado todo el tiempo dormido en esa incómoda silla ―, no lo recuerdo.
―Mejor será sentarnos… tenemos un rato antes de que se activen los trasladores de nuevo ―suspiró Hermione, sentándose sobre la cama, a su lado Ron la imitó. Draco los observó por un largo rato, no estaba seguro de qué día era exactamente, pero hasta donde recordaba, ellos debían estar ya en su boda.
―Bebe esto ―le dijo Harry, sacando una botella de agua del pequeño refrigerador que había a un lado y pasándosela a Draco.
―Gracias ―asintió Draco, empezando a beber con rapidez. No fue hasta que dio el cuarto trago que se dio cuenta. Apartó la botella de sus labios con lentitud y levantó la mirada hacia Harry, su expresión le fue suficiente respuesta.
―Lo siento… necesito saber ―masculló Harry.
―¿Qué quieres decir? ―preguntó Blaise, mirando a Harry y Draco alternativamente.
―Pudiste haber preguntado ―recriminó Draco, no creyendo que Harry fuera capaz de darle verasitum de manera engañosa.
―¿Qué le has dado? ―preguntó Blaise, frunciendo el ceño.
―Nos vemos en un rato ―dijo entonces Harry, ignorando a Blaise y tomando a Draco de un brazo, un instante después un brillo azul inundó la habitación.
―¡Potter! ―gritó Blaise, en el momento en que desaparecían Harry y Draco.
―Harry necesita hablar con él a solas ―informó Hermione.
―Ese no era el plan ―gruñó Blaise, aferrándose al segundo traslador, el que se suponía los trasladaría unas cuantas veces más antes de llegar a su real destino, aunque no le habían querido decir cuál.
―Bueno, Harry es así ―suspiró Hermione, poniéndose en pie y arreglándose un poco el cabello.
―Pero tengo que hablar con Draco y contarle algo ―protestó Blaise, no creyendo que Potter lo hubiera engañado con tanta desfachatez.
―Nos reuniremos en unas horas y podrás hablar con Malfoy y decirle todo lo que quieras ―le explicó Ron.
―Así es, además nosotros tampoco sabemos dónde exactamente está ―argumentó Hermione.
Blaise entrecerró los ojos y supo que era inútil protestar, que no había nada que pudiera hacer.
―Bien, supongo que nos veremos en un rato ―dijo Hermione hacia Ron.
―Si… diviértete ―le respondió Ron, acercándose a ella para darle un suave beso en la mejilla.
―Pásala bien en la despedida, tú también, Blaise ―dijo Hermione, un instante después su traslador se iluminó y ella desapareció, dejándolos solos a ellos dos.
―¿Qué quiso decir con eso? ―preguntó Blaise, recordando que estaba muy enfadado con ellos.
―Vamos, la pasarás bien con mis hermanos ―le animó Ron, pasando un brazo sobre sus hombros.
Blaise, horrorizado, retrocedió un par de pasos.
―No hagas eso ―recomendó Ron ―, verás, Harry quiere hablar con Draco primero, y promete no entregarlo ni hacer nada hasta que hable contigo también, es lo justo, pero para evitar que hagas alguna tontería mientras eso ocurre, puedes ir a tomar unos tragos con mis hermanos… Estoy seguro que no te prestaran mucha atención, sin embargo no te podrás ir, ya sabes que Harry es muy paranoico en esto y como imaginas, creó un lazo entre tú y yo, no puedes desaparecer ni irte, y yo lo sabré si lo intentas.
―¿Y cuál es la segunda opción? ―preguntó Blaise. Sabía que Potter no era un ángel, pero no imaginaba que fuera así de tramposo.
―Puedes quedarte encerrado aquí, tampoco podrás salir, pero creo que sería más divertido ir a tomar unos tragos.
Blaise sopesó las cosas por un largo rato, antes de suspirar vencido.
―Son unos tramposos ―masculló.
Ron sonrió burlonamente.
―Somos precavidos, eso es lo que Hermione siempre dice en este tipo de situaciones ―recordó ―, y ahora, vámonos.
Media hora después, Blaise pensó que tendría que hablar seriamente con Draco respecto a Potter y todo lo que implicaba que estuvieran juntos, como tener que tratar con esa pandilla de pelirrojos, que bebían y reían sin parar, acompañados solo de tres Gryffindor más: Dean Thomas, Seamus Finnigan y Neville Longbottom.
Ninguno de ellos había cuestionado su presencia y se habían dedicado a ignorarlo de manera muy educada, lo cual, para Blaise era un alivio, aunque algunas veces se había encontrado sonriendo por las bromas de alguno de ellos, al menos por ratos había dejado de pensar en Draco y en lo que estaría pasando con Potter.
°.°
Draco sintió alivio cuando, quince minutos y una infinidad de lugares después, al fin parecieron llegar a algún lugar. Estaba todo oscuro y se sintió extraño al ya no estar rodeado de los brazos de Harry, pero al menos ya no se sentía tan mareado. Según sus conocimientos de pociones, el verasitum podía durar por días si es que era administrado en grandes cantidades. No estaba seguro de cuánto había tomado, pero sí que aún estaba enfadado con él por eso.
―Aquí nos quedaremos ―comentó Harry, moviéndose hacia el otro lado de la habitación y presionando el interruptor de luz.
―Otro hotel muggle ―respondió Draco, sentándose en uno de los sillones que formaban una pequeña sala, al menos esta habitación era mucho más espaciosa que la anterior. Tenía el techo alto y las paredes blancas, con un par de cuadros como única decoración. Delante del sillón en el que se había sentado había una mesa de centro, y más allá otro par de sillones.
―Sí, parece que los conoces bien ―replicó Harry, caminando hacia Draco.
―Supongo que ahora viene un largo interrogatorio ―suspiró Draco, dándose cuenta de lo sucio que estaba por haber estado encerrado en esa celda quién sabe cuánto tiempo ―¿Cuánto tiempo estuve allí? ―preguntó, levantando un poco su camisa, ya no tan blanca, para olerla.
―Tres días, si es que te llevaron inmediatamente allí ―contestó Harry.
―Necesito un baño.
―Puedo usar un hechizo de limpieza ―negó Harry.
―Seguramente puedes, aparentemente puedes hacer lo que te plazca ―reprochó Draco. Algo le decía que debía comportarse mejor, agradecerle a Harry por haberlo sacado de allí y contarle todo lo que había pasado, sobre todo porque ahora ya no tenía el hechizo de confiabilidad, se lo habían quitado en algún momento, lo sabía, aunque no estaba seguro de porqué.
―¿Estás enfadado por qué me jugué el puesto y el cuello para irte a sacar de ese sitio?
―No ―respondió Draco rápidamente, maldiciendo el verasitum ―, estoy enfadado porque no me diste siquiera la oportunidad de explicarte nada, simplemente me… ¡me drogaste!
―No seas injusto, Draco, fuiste tú el que mantuvo secretos, no yo.
Draco entrecerró los ojos y trató de calmarse, no estaba listo para luchar contra la poción de la verdad, había estado con la guardia baja cuando se la dio y ahora no había nada que pudiera hacer, excepto decir la verdad.
―Necesito un baño ―repitió ―, sabes que no estoy mintiendo ―agregó, con cierto sarcasmo.
Harry lo miró durante un momento, antes de suspirar vencido, Draco lucía como si necesitara un largo baño y una larga siesta, pero no tenían tiempo para todo eso, aunque quizá sí para un baño.
―De acuerdo, vamos ―dijo, mientras se ponía en pie.
―¿Vamos?
―¿Acaso quieres evitar que te vea desnudo? ―preguntó Harry, intentando bromear un poco.
―Al contrario ―respondió rápidamente Draco ―, tengo ganas de meterme a la bañera contigo… ¡mierda! ―exclamó en cuanto se dio cuenta las palabras que estaba pronunciando ―el que te quiera tener desnudo y…
―Eso es algo de lo que no tenemos que hablar ―interrumpió Harry, sin poder evitar que una sonrisa apareciera en su rostro.
―Yo tampoco quiero hablar de eso exactamente ―replicó Draco, aunque luego apretó los labios y le dio una mirada de odio a Harry.
―Quítate la ropa ―lo apuró Harry, ignorando el comentario anterior y caminando hacia él.
―Yo sé quitarme la ropa solo, gracias ―respondió Draco, dando un par de pasos hacia atrás.
―Tienes razón… lo siento ―admitió Harry, alejándose de él ―. Allí está el baño ―señaló hacia una puerta al fondo y Draco asintió y caminó hasta allí.
―Te pediré algo de comer ―informó un instante después de que Draco se metiera en el baño ―¿Tienes mucha hambre?, ¿te dieron de comer allí?
Draco se mordió los labios y se tapó la boca con ambas manos, tratando de no contestar, hasta que finalmente sintió la puerta abriéndose a sus espaldas, el que Harry soltara una pequeña carcajada no fue nada placentero.
―Sí, muero de hambre y no me dieron ningún alimento allí ―dijo finalmente Draco, dejando de apretar sus manos contra su boca y mirándolo enfadado.
―Mira… cuando descubrí que estabas en ese almacén me sentí muy confundido, más aún cuando encontré todas esas pruebas en tu casa y…
―¿Te refieres a la Mansión? ―preguntó Draco, mientras dejaba que Harry le desabotonara la camisa.
―No, me refiero a tu departamento ―aclaró Harry, desabrochándole los pantalones a Draco.
―Dejé pruebas para ti en la Mansión, no en el apartamento ―respondió Draco.
Harry lo miró un instante y se apartó un par de pasos. Esa revelación era un buen inicio, pues probaba que las pruebas dejadas en el departamento de Draco eran sembradas, pero aún así se quiso asegurar.
―¿Tampoco dejaste ninguna prueba, documento que hablara de importaciones, mapas u otras cosas similares allí?
―No, para nada, ese lugar no estaba protegido con magia, no era seguro.
Harry sonrió un poco más y asintió.
―Por lo general soy bueno interrogando a los prisioneros ―comenzó a contarle ―, y sé que no es bueno andarlos desnudando mientras se los interroga… así que sigue mejor y luego hablamos.
Draco le dio una mirada más antes de encogerse de hombros y sacarse la camisa, dejándola caer a un lado, hizo lo mismo con los zapatos y los calcetines y luego, meneando las caderas un poco, dejó caer también los pantalones y la ropa interior, mostrándose desnudo ante Harry, se regocijó al notar que respiraba agitadamente y que parecía contenerse.
Se dio la vuelta con estudiada lentitud y abrió las llaves de agua caliente.
―¿Qué te pasó? Dijiste que no te habían torturado ―exclamó Harry en cuanto notó la espalda de Draco.
―Fui lanzado por un hechizo desde las rejas hasta la pared, cuando protestaba para que me dejaran salir ―respondió rápidamente Draco, puso los ojos en blanco al darse cuenta que nuevamente la verdad se le había escapado, pero contuvo el aliento cuando sintió las manos de Harry sobre su espalda.
―Tienes varios golpes… ―susurró Harry, acariciando con la punta de los dedos la espalda de Draco.
―Harry… ―jadeó Draco, sintiéndose más anhelante que nunca gracias a ese simple toque.
―¿Te duele?
―Sí, pero no tanto… ―Draco se dio la vuelta con lentitud, apartando a Harry un poco. ―No hagas eso, por favor.
―¿Te fastidia? ―le preguntó Harry en voz baja y ronca
―No… yo… ―se puso las manos en los labios nuevamente y luchó contra la verdad, no quería que Harry le preguntara qué sentía porque entonces le diría que comenzaba a excitarse ―Me gusta. Y no es agradable reconocerlo en este momento ―dijo finalmente.
―Lo siento ―se disculpó Harry, apartándose nuevamente unos cuantos pasos, mientras Draco se metía en la ducha. Lo observó bañarse durante unos segundos, antes de darse cuenta de lo tonto que se estaba comportando.
―Pediré comida ―informó, saliendo del baño.
Draco agradeció que no hubiera preguntado de nuevo y se dedicó a disfrutar de su baño, se lavó el cabello con bastante shampoo y se quedó bajo el chorro de agua caliente más tiempo de lo normal, hasta que el agua dejó de salir caliente. Lamentó no tener su varita a mano –ni siquiera sabía si la recuperaría en algún momento- y entendió que el tiempo del baño había terminado. La habitación estaba llena de vapor. Limpió con una mano el espejo y se observó. Aún lucía algo ojeroso y cansado, pero un buen baño siempre le parecía reponedor.
Se envolvió en una toalla y salió a la habitación en el momento en que Harry colgaba el teléfono.
―Demoraran un poco, pero traerán la cena ―dijo Harry, caminando hasta el armario y sacando una bata que parecía bastante suave. ―Ponte esto, no querrás enfermar.
―Porque sería lo último que me faltaría ―contestó con sarcasmo Draco, antes de dejar caer la toalla al piso y ponerse la bata, esta vez disfrutando mucho más el alterar a Harry de esa manera.
―Como sea ―negó con la cabeza Harry un instante después, recordando todo lo que tenía que hablar con él y pensando en si es que realmente podría entregarlo nuevamente a los aurores de vuelta si es que era culpable de todo.
―Entonces… ¿dónde me quieres? ―preguntó Draco.
―Allí ―señaló Harry hacia los sillones. Luego de que Draco se sentara, él también lo hizo, sentándose en frente y apareciendo delante de Draco un paquete de cigarrillos, un cenicero y una gran pila de carpetas.
―¿Quieres uno? ―preguntó Harry, extendiendo el paquete de cigarros hacia Draco.
―Merlín, sí ―admitió Draco, tomando uno con rapidez, esperó pacientemente a que Harry se lo encendiera y suspiró con alivio tras el primer golpe de nicotina.
―No sabía que fumaras… ¿cómo le hacías para contenerse cuando estábamos juntos?
―Estaba demasiado entretenido cuando estábamos juntos ―admitió Draco, dejando de maldecirse por decir la verdad, pues no podía hacer nada al respecto ―, solo fumo cuando estoy tenso, o con la gente de la banda de tráfico… es un mal hábito que quiero dejar; además supuse que a ti no te gustaría.
―Es cierto ―aceptó Harry ―, pero no me molesta que lo hagas ahora… supongo que estás bajo mucha presión.
―Algo así ―aceptó Draco, dando otra calada más al cigarro.
―De acuerdo, Draco ―suspiró Harry, cerrando los ojos un instante ―, empezaré con las preguntas…
―Claro, para eso estamos aquí…
―¿Estás metido en negocios ilícitos?
―Sí ―respondió inmediatamente Draco, notó como la expresión de Harry cambiaba y se volvía sombría.
―Entiendo, ¿entonces los del GDIS tenían razón cuando dijeron que estabas metido en el tráfico de productos muggles, pociones y…y todo eso?
―Sí, ellos tienen razón en eso.
―¿Por qué…? ―Harry se interrumpió y meditó su siguiente pregunta con cuidado ―¿Estabas metido voluntariamente en esos negocios ilícitos?
Draco sonrió al por fin escuchar la pregunta correcta.
―No, no estaba allí voluntariamente.
Harry arqueó una ceja y se mordió el labio inferior un instante.
―¿Trabajabas o trabajas con los del GDIS?
―Trabajaba, creo que he sido despedido ―confesó Draco, dándole otra calada más al cigarro ―, imagino que el que me metan en una celda por tres días y desconozcan nuestro pacto es una forma de hacerme entender que ya no trabajo con ellos.
―Bien ―suspiró Harry, con algo más de tranquilidad. ―No comprendo bien… es decir, no puedo creer que hayas estado engañándome todo este tiempo, incluso a tu amigo Blaise… ¿Cómo has podido hacer tantas cosas y andar como si nada?
―¿Cómo si nada? ―bufó Draco ―, no tienes ni idea de nada de lo que he pasado…
―Es cierto, ninguna, y para hacerme a la idea, necesito que empieces a hablar ―instó Harry.
―Lo que el auror ordene ―asintió Draco, algo enfadado por la forma en que Harry lo estaba tratando. Sí, era cierto que había ocultado algunas cosas, pero debía entender que era por su bien y que no había tenido opción.
―¿Trabajabas para los del GDIS? ―preguntó Harry nuevamente, sabiendo que las preguntas directas eran la mejor forma de trabajar con el verasitum, además ya no le quedaba mucho tiempo de efecto y debía aprovecharlo.
―Sí.
―¿Cuál era tu trabajo?
―Debía de infiltrarme y trabajar en la banda a la que Birk Chaisty pertenecía, él era el contacto muggle de varios magos que estaban trayendo cosas ilegales a Inglaterra.
―Nunca escuché hablar de él ―comentó Harry.
―Ni escucharás. Ya no pertenece a la banda ―afirmó Draco.
―¿Cuál era el objetivo de infiltrarte en esa banda? ―preguntó Harry inmediatamente, algo confundido.
―La banda a la que Birk Chaisty pertenecía estaba comercializando con magos, los magos abaratan costos trayendo mercadería por la vía muggle, y aunque tienen magia, no conocen los procedimientos ni la forma cómo ocultar las cosas de la ADUANA, allí es cuando contactan, o contactaban, mejor dicho, a Birk Chaisty, para que los ayudara con eso a cambio de dinero muggle y de meter unas cuantas cosas propias en la carga.
―¿Y cuál era el objetivo de los del GDIS? Pudieron entregar a Birk Chaisty y todos los de la banda a la policía muggle, al fin es competencia de ellos, y luego atrapar a los magos que estaban contactándolo.
―Es cierto, pero el problema era que sabían que Birk Chaisty no era el jefe de la banda, ni tampoco un mago ―continuó Draco ―y lo que ellos necesitaban era encontrar a la cabeza, al que organizaba y orquestaba todo.
―¿Esa era tu misión?
―Sí, llegar a la cabeza de la organización para así poder detenerla. Ya sabes, cortar el problema de raíz.
―Estoy seguro que los del GDIS tienen personal entrenado para ese tipo de cosas ―meditó Harry.
―También yo, pero unas semanas antes de que empezara a trabajar con ellos, habían infiltrado a alguien y había sido descubierto y asesinado.
―¿Tú estás entrenado por los del GDIS? ―preguntó entonces Harry, no creyendo que Draco perteneciera realmente a esa organización.
―No, solo recibí algunos consejos y unas cuantas clases sobre hechizos de encubrimiento y esas cosas.
―¿Cuánto tiempo llevas con ellos?
―Un año y varios meses ―admitió Draco, fumando lentamente.
―¿Por qué estás trabajando con ellos?
―Porque no tengo opción.
―¿Qué quiere decir que no tienes opción?
―Quiere decir que debo hacerlo, que no me queda alternativa.
―Ya… ―suspiró Harry ― ¿Cuál es la forma en la que ellos te reclutaron?
―Me chantajearon ―Draco se dejó caer hacia atrás, Harry estaba ya muy cerca de las preguntas adecuadas.
―¿Chantaje?
―Sí, ya sabes, o lo haces o…
―¿O? ¿Con qué te chantajearon?
―Ellos provocarían que Blaise estuviera en problemas…
―¿Blaise? ¿Está metido en algo ilegal?
―No. Fui yo solo, pero lo que hice lo arrastraría a él también.
―¿Qué fue lo que hiciste? ―preguntó Harry, inclinándose hacia delante.
Draco movió su cuello de un lado al otro y suspiró
―Es una larga historia, todo empezó hace dos años y medio… ―empezó a narrar Draco.
°.°
COMENTARIOS:
dospiesizquierdos
Hola… Sí, recibí el comentario anterior, y supuestamente lo respondí, pero al parecer en las últimas correcciones del capítulo borré varios comentarios… T.T disculpa por eso…
Qué bien que te gustó Mr. Thomas, nunca había pensado en escribir algo así, pero salió de un solo tirón, y de verdad que le agarré, en tan pocas líneas, cariño a ese personajes desconocido de la saga.
Mira que tienes buena imaginación, ahora que lo dices, le hayo sentido a eso de que Dean parecía enamorado de Luna y que no tuvo el valor de pasearse en público, yo pensé que se quedarían juntos cuando en la batalla final le tendió la mano para ir juntos a pelear, quién sabe, tal vez pasó algo allí… jejej… JK nos ha dejado tantas cosas como esas sueltas, que podemos imaginar y plasmar…
Te deberías animar a escribir lo que tu imaginación produce, en serio XD
Gracias por tu comentario, amiga, me alegra saber que estás bien y nos leemos prontito…
RomuloIngrid
Hola… Muchas gracias por tu comentario… me alegra que te esté gustando la historia, y gracias por todo lo que me dices, me emociona bastante…
El pobre Draco, como ya has leído, al menos ya los del GDIS no lo tienen, ahora hay que aclarar las cosas con Harry y con los demás… llega los momentos de la verdad….
Un beso para ti y que estés muy bien…
Ruka
*Abrazo*
Shadow Lestrange
Hola… Gracias por tu comentario, me alegra que la historia esté gustando XD
Ahora ya viste qué es lo que pasó con Draco, aunque falta que le cuente a Harry apropiadamente la verdad, ahora sabremos qué es lo que pasa con Draco y esta gente…
Blaise, Draco necesita un amigo como él, ya lo verán…
Y sobre Ron y Hermione, ellos han madurado, es lo que espero..jeje, no en serio, han madurado, y son fieles, por supuesto…
Un beso para ti y que estés bien…
joahnpotter ()
Hola…
Gracias por tu comentario, me alegra que te haya alegrado un poco el día XD
Jajaja… eso de que cuando a Draco le pega Harry es hot pero que cuando otros le pegan ya no lo es, me ha dado risa… pues, es cierto, imaginate esta gente poniéndole las manos encima a Draco, eso solo Harry lo puede hacer, jummm
Y bueno, me alegra leerte por aquí… yo por mi lado, trabajando, (creo que cada día tengo más y más trabajo) estoy planeando un viaje para febrero, aún coordinando algunas cosas pero seguro que sale todo bien,… ya te contaré…
¿Y tú qué tal? Espero que bien XD
Un beso, y cuídate mucho…
YUKI ()
Hola… qué bien leerte por aquí, me alegra que al fin tengas internet de nuevo, y que te hayas podido poner al día con la historia…
Ah… ese beso, era lo que necesitaban para darse cuenta de que eso no eran solo juegos, y bien que haya pasado…
¿Quién diría que les va el sado? Jajaja.. me hizo reír eso, pero es cierto, míralos tú, les gusta así… :P
Besos, y que estés muy bien, nos leemos pronto..
Cindy ()
Hola, linda, ¿qué tal estás? Gracias por el comentario..
Bueno, ahora ya has visto los recuerdos de Draco… me ha gustado eso de Seguro mató mi confianza, no conocía ese dicho, pero es bien cierto… Draco perdió sus padres durante la guerra, y por más cosas que se verán más adelante, se sabrá porqué es tan desconfiado este chico…
Harry… pues es cierto, quiere a Draco y eso ha hecho que no se cruce de brazos con solo atraparlo, sino que quiera saber qué pasó exactamente, y qué bueno que lo hizo, porque ya ha avanzado mucho en su rescate… ¡hubo rescate!
Sobre Blaise, pues, es cierto que trata mal a Harry, pero poniéndonos en su lugar, Harry no parecía cien por ciento seguro de Draco, y Blaise lo nota, además que no comprende eso de que ellos hayan estado juntos, Draco es su amigo de toda la vida y que le haya ocultado eso le da desconfianza…. Pero no te preocupes, ya mejorarán las cosas entre ellos…
Un beso para ti y espero que te haya gustado el nuevo capítulo… XD
Gracias a todos por leer…
Y muchas gracias por sus comentarios, me alegra que la historia les esté gustando.
Un beso para todos y que tengan linda semana…
Zafy
