Capítulo 7
—No puedo —declaró Sakura—. Es imposible y tú lo sabes. Sai le tomó una mano y la sostuvo con firmeza.
—Pero, ¿por qué no? Es un concierto, nada más. La música de Ravel y Debussy, que tú dices disfrutar. ¿Por qué no me permites invitarte?
—Sai —pronunció con gentileza—. Te lo he dicho una docena de veces… soy una mujer casada.
—¿Y asistir a un concierto romperá tus votos matrimoniales? —preguntó él ávidamente—. Tu esposo no posee tales escrúpulos, te lo aseguro.
—No sé lo que quieres decir —se puso rígida, a la defensiva.
—Esta loca lealtad tuya… Él no la merece, Sakura. Debes saberlo. Sus aventuras son famosas…
—No debes hablar así de Sasuke —expresó Sakura. El dolor la atravesaba—. Si persistes… no te veré de nuevo.
—No digas eso —Sai le apretó la mano con más fuerza—. Estos breves momentos juntos se han convertido en mi vida. No puedes privarme de ellos.
—Y tú tampoco debes decir cosas como esa —Sakura, con el rostro ardiente, liberó su mano—. Quiero que seamos amigos, Sai.
—Entonces, ven conmigo a ese concierto —repuso con rapidez, obligándola a reír.
—¡Oh, eres incorregible!
Sakura comenzaba a considerar un fastidio su creciente posesividad; sin embargo, tenía que admitir que su compañía había sido una cuerda de salvamento para ella durante las últimas semanas.
Se mordió el labio inferior. La cerradura, cuya instalación exigió en la puerta de su dormitorio, había sido colocada, pero resultó totalmente innecesaria. Desde su pelea, Sasuke no se había acercado a su habitación bajo ningún pretexto.
De hecho, Sasuke estuvo fuera de París mucho tiempo, ostensiblemente de negocios, aunque en muchas ocasiones se había preguntado…
Cuando Sasuke estaba en casa, sus únicos encuentros parecían ser en la mesa y en las reuniones sociales a las que él aún insistía en que lo acompañara y donde él representaba el papel de esposo atento y devoto.
Sakura se sentía cada vez más tensa. El comportamiento de Sasuke hacia ella era siempre cortés, pero distante. En las raras ocasiones en que la tocaba, Sakura percibía su apatía y eso le daba escalofríos. Por muy cerca que parecieran estar ante los observadores, ella sabía que en realidad estaban a años luz de distancia.
Por eso, Sakura se había vuelto, con una especie de alivio, hacia Sai, agradecida por la poco exigente compañía que al principio, él aparentó ofrecer.
Pero por supuesto, fue ingenuo pensar que esa situación podría continuar de manera indefinida. Sai era un hombre joven y atractivo. Y ahora, su relación parecía aproximarse con rapidez a un punto sin retorno.
La pregunta que tenía que hacerse sin importar cuál podría ser la reacción de Sasuke, era: ¿deseaba sostener una aventura con Sai?
Y la instintiva respuesta que invariablemente obtenía de sí misma era un rotundo «no».
Así que no era justo para Sai mantenerlo esperando, cuando ella sabía bien que no había esperanza para él. Su relación no tenía futuro y ella debía decírselo.
Pero, aunque era consciente de su egoísmo, Sakura se negaba a despedir a Sai. El hecho era que él al menos representaba un poco de calor humano y contacto en el desolado desierto de su vida. Zak y Sylvie eran maravillosos, por supuesto, pero verlos juntos, observar de cerca su matrimonio y compararlo con la concha vacía que ella habitaba, se estaba volviendo insoportable.
Su trabajo se estaba convirtiendo en algo cada vez más superficial y trivial. Zak tenía que corregirla continuamente y la chica se daba cuenta de que estaba preocupado por ella.
—Tienes que poner más de ti, cariño —le decía una y otra vez—. Tendrás que irte sola a alguna parte por unas cuantas semanas… incluso unos meses… y pintar hasta quedar exhausta. Echar fuera todo lo que tienes dentro. Averiguar qué te sucede.
Ella sonrió y dijo que le parecía una idea maravillosa, pero que era imposible por el momento. Quizá en el futuro…
Su deber, después de todo, era ser madame Uchiha y no ir a algún viaje para descubrirse a sí misma.
Algo que sabía acerca de ella misma era que si pudiera retroceder en el tiempo y se encontrara de nuevo en la biblioteca, en Lowden Square, huiría a un millón de kilómetros de distancia de Sasuke en lugar de someterse al dolor de ese matrimonio fingido.
El hecho de que él no la hubiera engañado acerca de su estilo de vida, no hacía ninguna diferencia en absoluto… no le proporcionaba ningún consuelo.
Su única preocupación real, en ese momento, fue Jiraiya. Pensó poco en sus propias necesidades y emociones. Debió pensar en las consecuencias antes de aceptar los términos de Sasuke.
Pero ahora era demasiado tarde. Al menos, tenía el consuelo de saber que Jiraiya estaba mejorando. De hecho, su padre había recuperado ya cierta capacidad de movimiento en la mano derecha y el costado, y ella estaba profundamente agradecida.
Aquello no convertía su matrimonio con Sasuke en algo correcto, pero la ayudaba a justificar las medidas desesperadas que había tomado, y se decía a sí misma que si Jiraiya iba a recuperar el vigor y la salud, entonces merecía la pena sufrir su dolor actual.
—¿Sakura? —la voz de Sai la hizo volver de su ensueño—. ¿En dónde estabas? ¡No has oído ni una palabra de lo que he dicho!
—Lo siento —se disculpó—. Estaba pensando en mi padre.
—¿Tu padre? —Sai parecía abatido.
—Consideraré ir al concierto, Sai, te lo prometo.
—¡Eso es maravilloso! —le sonrió—. ¿Y me harás saber tu decisión mañana?
—No me atosigues —se esforzó por devolverle la sonrisa.
—Nunca haré eso —sacudió la cabeza—. Es sólo que no puedo soportar verte tan desgraciada. ¿No mereces un poco de felicidad… ser el centro de la vida de un hombre… ser amada?
La emoción en su voz sorprendió a Sakura. Él nunca había hablado con esa franqueza. Se estaban metiendo en aguas muy profundas.
—Tengo que irme. Marcel estará esperándome.
—¿Y tienes miedo de que él le cuente a tu esposo lo que haces? —cuando ella empujó su silla, Sai se levantó también, con expresión retadora—. ¿Por qué habría de importarle? Durante sus encuentros con su bella baronesa, no sólo beben café, te lo aseguro.
—Yo… supongo que no —admitió con solemnidad—. Pero es igual, tengo que irme. Adiós. Sai. Hasta mañana.
Se colgó el bolso al hombro y caminó por la calle con rapidez hacia el estudio. Estaba desolada por descubrir que la identidad de la amante de Sasuke al parecer era del dominio público. Y eso era justamente lo que estaban tratando de evitar. ¿En qué diablos estaría pensando Sasuke? Pues le había proporcionado a su tío el arma perfecta para usarla contra él.
Miró de nuevo su reloj y caminó despacio. Por una vez llegaba mucho más temprano que Marcel. No lejos de allí había una plaza con muchas tiendas que siempre había querido visitar. Se daría un paseo por allí mientras esperaba.
Estaba mirando críticamente un lienzo abstracto que ocupaba el escaparate de una galería, cuando una voz sus espaldas, pronunció.
—Así que eres tú. Eso pensé.
Sakura se sobresaltó un poco y se volvió para encontrar la poco amistosa mirada de Karin Uchiha.
—Hola —repuso con cortesía—. No sabía que te interesara la pintura abstracta.
—No —Karin encogió los hombros—. Pero hay una tienda cerca de aquí donde compro parte de mi ropa. ¿Es eso lo que estás haciendo… comprando?
La pregunta parecía tan directa que Sakura se preguntó si la Karin la habría visto con Sai.
—Pues no —respondió con frialdad—. Estuve en el estudio, pintando. La clase ha terminado muy pronto hoy.
—Ah, sí —murmuró Karin con leve burla—, tus clases de arte. Bien, si te divierten, ¿qué hay de malo en ello? Y necesitarás algo que hacer, después de todo, cuando Sasuke se divorcie de ti.
Los dedos de Sakura se apretaron dolorosamente sobre la correa de su bolso, pero mantuvo su expresión impasible.
—¿Sasuke está planeando divorciarse de mí? —preguntó con ligereza—. A mí no me lo ha dicho.
—¿Quieres decir que no sabías que el barón de Somerville-Resnais sufrió un ataque al corazón y está al borde de la muerte? —los ojos de Karin se abrieron con bien simulada sorpresa—. Pero quizás Sasuke se guardó la noticia… por compasión. No puede ser muy agradable para ti tener que vivir con el conocimiento de que fuiste usada como un recurso momentáneo. Por supuesto, cuando el pobre barón muera, será diferente. Todo el mundo se pregunta ahora cuánto tiempo fingirá Marie Laure ser la viuda doliente.
Emitió una risita.
—¡Pobre Sasuke, qué furioso debe estar! Después de haberse tomado la molestia de casarse contigo, ahora deberá afrontar la inconveniencia de un divorcio, cuando, si hubiera esperado unas cuantas semanas, Marie Laure habría estado libre de todos modos. Todos encuentran la situación muy divertida, ¿comprendes?
—Puedo creerlo —con un esfuerzo sobrehumano, Sakura sofocó la náusea que amenazaba avasallarla—. Solucionaría obviamente muchos problemas si yo también sufriera un ataque cardíaco… y desapareciera de la escena.
—Oh, no creo que Sasuke espere que llegues a esos extremos —rió de nuevo—, y estoy segura de que si accedes al divorcio y no le causas problemas, él será más que generoso.
El corazón de Sakura latía lenta y dolorosamente.
—En ese caso, no tengo de qué preocuparme —se obligó a sonreír—. Espero que tus compras tengan éxito —permitió que sus ojos viajaran sobre el poco favorecedor atuendo de Karin—. Pero si quieres mi consejo, cómprate la ropa en otro sitio —añadió, y se alejó, dejando a Karin mirándola con expresión de furia sorprendida.
Cuando dobló la esquina, Sakura se detuvo y se apoyó un momento contra la pared. Estaba temblando y sentía las piernas como gelatina. Oleadas de cólera, mezcladas con desolación, la recorrían.
¿Era eso lo que pretendía Sasuke en realidad? ¿Despedirla con una generosa liquidación para poder casarse con Marie Laure después del intervalo de rigor…? Sus uñas se clavaron en sus palmas.
Era cierto que él parecía más preocupado que de costumbre, pero Sakura no se atrevía a preguntarle qué le sucedía.
Cerró los ojos. De acuerdo con Karin, todos parecían tener la certeza de que el barón no sobreviviría a su ataque al corazón. Él era mucho mayor que su esposa, pero eso no significaba que lo peor debiera ocurrir.
Qué horrible ser sencillamente dado de baja de ese modo, pensó temblando. Pero al menos el barón no lo sabía. Nadie lo había detenido en la calle para decirle que ya no lo querían y que todo París estaba eligiendo a su sucesor.
—¿Madame? —Marcel caminaba hacia ella, con su gorra en la mano y la preocupación retratada en el rostro—. ¿Está enferma?
Era inútil fingir que todo estaba bien, cuando se encontraba apoyada contra la pared, temblando.
—Un poco mareada, eso es todo —murmuró.
Marcel era toda amabilidad. La ayudó a subir al coche y mantuvo un ojo cauteloso sobre ella desde el espejo retrovisor, mientras conducía a casa con mucho cuidado.
El hombre debió usar el teléfono del coche, pues cuando llegó al apartamento, madame Giscard la esperaba con evidente agitación.
Antes de que supiera lo que estaba sucediendo, Sakura se encontró acostada en su cama, sin zapatos, con las cortinas de la habitación corridas y con un trapo impregnado de colonia sobre la frente, además de una tisana humeando, sobre la mesita de noche. La infusión resultó relajante y a pasar del torbellino en su interior, la chica se dejó llevar hacia un ligero sueño, plagado de pesadillas. Sakura corría sin fin por la nave llena de sombras de una enorme catedral, tratando de alcanzar el altar donde Sasuke estaba esperando. Él miraba más allá con una mano extendida, pero no hacia ella.
Sakura gritó su nombre angustiada y lo oyó responder. Adormilada, abrió los ojos y lo encontró inclinado sobre ella.
—¿Qué sucede? Madame Giscard dice que Marcel te encontró enferma en la calle.
—En realidad no —con rapidez, Sakura luchó por sentarse—. Sólo me sentí… extraña por un momento. No es nada.
—¿No? —él se sentó en el borde de la cama, con el ceño fruncido—. Sakura, dime… ¿es posible que pudieras estar… embarazada?
El color subió al rostro de Sakura.
—No… no, por supuesto que no —por un momento, pensó que la preocupación en el rostro de Sasuke era por ella, luego vio el abierto alivio que la reemplazó y la esperanza se marchitó.
Por supuesto, pensó Sakura con la cólera acumulándose de nuevo en su interior, una esposa embarazada sería mucho más difícil de descartar.
—Afortunadamente, no es muy probable —expresó cortante.
—¿No? Bien, tú sabes más de eso —Sasuke miró el suelo un momento, luego expresó con lentitud—: Te dejaré para que descanses, pero pronto… muy pronto, debemos hablar seriamente tú y yo.
—En realidad no es necesario…
—Ah, pero estás equivocada —interrumpió Sasuke—. Te aseguro, que sí hay necesidad —le tomó una mano, la besó ligeramente y salió de la habitación.
Sola de nuevo, Sakura puso la mano contra su mejilla, luchando por contener las lágrimas. Sabía lo que él deseaba discutir y quería decirle que no habría problema. Él podría tener su divorcio y, excepto por los gastos del tratamiento de Jiraiya, ella nada pediría.
Sólo la libertad, pensó, aunque sabía que eso no era posible, reconoció. Porque dejar a Sasuke sería como partirse en dos y ella sabía, en su corazón, que nunca sería libre de nuevo.
A la mañana siguiente, la despertó madame Giscard, que llevaba una bandeja con el desayuno.
—Qué amable —declaró Sakura con torpeza, al incorporarse.
—No es nada, madame —recibió una mirada escrutadora—. ¿Cómo se encuentra?
—Oh, bien.
El rostro usualmente avinagrado de madame registraba una expresión de desilusión, fugaz, pero inequívoca, al salir de la habitación. Dios míos, pensó Sakura. ¡Todos creen que estoy embarazada!
Pero al contrario de Sasuke, pensó con tristeza, madame Giscard esperaba que fuera cierto.
Al tomar un panecillo, Sakura vio que había un sobre en la bandeja y una nota adherida, con la escritura de Sasuke.
Esto llegó esta mañana. Creo que estaréis de acuerdo con que cambia muchas cosas. Regresaré a casa muy tarde, así que lo discutiremos mañana.
El mensaje estaba firmado simplemente con su inicial. Como un memorándum de oficina, pensó Sakura con ironía, pero el hecho era que se trataba de una de las pocas comunicaciones escritas que había recibido de él y eso la hacía preciosa.
Mientras extraía las páginas mecanografiadas del sobre, vio que era un informe detallado de la clínica de Jiraiya.
El resultado del tratamiento había sido excelente, sin efectos secundarios. La cantidades de drogas estaban siendo paulatinamente reducidas y reemplazadas por un tratamiento inofensivo de fisioterapia, al cual el paciente estaba respondiendo extremadamente bien. El doctor señalaba que sólo permanecería en la clínica unas cuantas semanas más. Sin embargo, Jiraiya continuaría requiriendo medicamentos, probablemente por el resto de su vida y era también deseable que el régimen de fisioterapia continuara después de su regreso a casa.
Sakura vio las palabras a través de una nube de lágrimas repentinas. Jiraiya está bien, pensó con incredulidad. Lo iban a mandar a casa. Podría continuar su vida… pintar de nuevo.
Olvidando el desayuno, apartó la ropa de cama y puso los pies sobre el suelo. Zak, pensó. Le llamaría de inmediato. Estaría muy emocionado. Cogió su bata y corrió hacia el vestíbulo. El periódico matutino estaba al lado del teléfono y al apoderarse del auricular, cayó al suelo. Con impaciencia, se inclinó a recogerlo. Estaba doblado en una de las páginas interiores y la cara de Henri de Somerville-Resnais miraba desde una de las columnas de noticias.
Sakura supo de inmediato lo que significaba. Se arrodilló en el suelo y leyó la breve nota necrológica. Mencionaba a su viuda y el hecho de que había muerto sin tener hijos, por lo que sus propiedades y su fortuna personal pasarían ahora a un primo.
Sakura colocó el diario en la mesa y miró sin ver la pared blanca. Había tantas cosas que la nota no mencionaba… Como los planes de la viuda de volver a casarse. ¿Estaba Sasuke con Marie Laure?
«Marie Laure es libre y Jiraiya está curado», pensó. «Eso cancela todas las obligaciones para las dos partes. «Eso es lo que él va a decirme mañana».
Se puso de pie con lentitud. De repente, sintió frío y apretó el cinturón de su bata con un estremecimiento.
Bien, tal vez no estuviera dispuesta a esperar sumisamente a que le dieran la orden de irse. A soportar que todos hablaran de ella, compadeciéndola. «Tengo que irme. No puedo soportarlo».
Vagó por el salón. Luego fue a contemplar la pintura de su padre sonriendo por los recuerdos que evocaba.
Pensó que la extrañaría cuando se fuera… Hizo una pausa con un pequeño jadeo, mientras una repentina excitación reemplazó el frío en su interior.
Necesitaba un lugar a donde ir. Y Zak le había dicho que necesitaba estar a solas para pintar. Bien, eso era lo que haría. Tomaría lo necesario de su guardarropa y dinero suficiente y regresaría a Montascaux. Alquilaría alguna casa en la localidad, y se dedicaría a pintar. Y, quizá, cuando Jiraiya estuviera lo suficientemente bien para dejar la clínica y regresar a casa, ella tuviera un techo que ofrecerle, un lugar donde ambos pudieran trabajar…
Tal vez Jiraiya no necesitara saber nunca acerca de Sasuke, pensó esperanzada.
No por primera vez, deseó saber conducir. Sería mucho más fácil poner una bolsa de viaje en un coche, que tener que preocuparse de los horarios de los trenes.
Tendría la dolorosa satisfacción de saber que fue ella quien abandonó ese matrimonio. Sasuke no la arrojaría de su vida, porque ella se iría primero. Y aunque él sin duda sentiría alivio, también se sentiría ofendido.
«Me alegro», pensó locamente. «Espero que todos se rían de él». Dio una última mirada al cuadro, luego se volvió. Tenía que vestirse y hacer planes.
Zak levantó las cejas cuando ella le contó su decisión.
—Es una buena idea, cariño, pero no estoy seguro de tus motivos —comentó—. Irte lejos es una cosa, huir es otra.
—Las situaciones desesperadas necesitan medidas desesperadas —repuso Sakura—. Eso se está volviendo la filosofía de mi vida.
Sai estaba esperándola en el café. Al verla aproximarse a la mesa, se levantó con el rostro serio.
—Sakura, ¿viste el periódico de la mañana?
—Sí, lo vi —se sentó y Sai llamó al camarero para que les llevara café—. Sai, tengo algo que decirte. Me voy fuera, muy pronto, al suroeste. Estoy planeando alquilar una casa y pintar.
—¿Quieres decir… que vas a abandonar a tu esposo?
—Me voy fuera a trabajar. Necesito estar sola.
—No —Sai se inclinó hacia ella—. No deberías estar sola. Eres demasiado joven, demasiado encantadora para eso. Sakura…. no todos los hombre son tan indiferentes como Sasuke Uchiha. Déjame probártelo. Quiero estar contigo… amarte.
Sakura es mordió el labio inferior ocultando su aflicción.
—No, Sai —pronunció con gentileza—. Es imposible. No necesito… una relación.
—Todavía no, tal vez; pero yo puedo ser paciente —la tomó de la mano, acariciando suavemente la palma con el pulgar—. Déjame ir contigo, Sakura. Permíteme cuidar de ti y protegerte. No te exigiré nada, lo prometo. Será justo como tú quieras. Puedo tomar vacaciones cuando yo quiera. Puedo llevarte a donde quieras, tan pronto como lo desees. Mañana, si es preciso.
Sakura lo miró. La oferta era tentadora, aunque plagada de dificultades. Sai sin duda pensaba que no tendría que ser paciente demasiado tiempo y que sólo sería cuestión de tiempo el que ella cediera a sus deseos. Bien, pronto descubriría su error.
Y si ella quería seriamente devolverle el golpe a Sasuke… lastimar su orgullo… ¿qué mejor modo que ese? Había una especie de justicia poética en dejarle saber lo que lo abandonaba por otro.
—Te aburrirías —declaró Sakura con lentitud—. Pienso pasarme el día trabajando. Voy a contratar un modelo y…
—Pero yo podría ayudar —murmuró con ansiedad—. Puedo cocinar para ambos. Hasta podría ser tu modelo. ¿Por qué no?
Sakura podía pensar en un buen número de razones, pero se las guardó.
Habría también varias ventajas en dejar París con Sai. Si ella tomaba el tren, Sasuke podría seguirla y ella no quería que la encontrara. Quería desaparecer de su vida, al menos temporalmente, dejando sólo una nota para decir que sus abogados se pondrían en contacto con él. No quería que la obligara a quedarse hasta que Marie Laure concluyera el luto. No era que él pudiera presionarla todavía… no ahora que Jiraiya estaba casi curado. Pero podría tratar de persuadirla…
Un pequeño escalofrío recorrió su espalda. No podía soportar eso. Necesitaba alejarse y pronto. Y ella podía manejar a Sai…
—Mañana —señaló al fin—, estaría muy bien. Tan pronto como puedas.
La suerte estaba echada.
