Capítulo 8

La lluvia comenzó justo al sur de Périgueux y Sakura pensó que la escena combinaba con su estado de ánimo.

Miró por el rabillo del ojo a su acompañante. Sai estaba nervioso también, pues usaba el espejo retrovisor casi con intensidad paranoica. Tal vez él comenzaba a pensar que fugarse con la esposa de Sasuke Uchiha no era lo más sensato que había hecho en su vida. De ser así, quizás a Sai no le importara demasiado cuando le notificara que no había lugar para él en su vida.

Durante todo el camino desde París, Sakura se esforzó por justificarse por haber utilizado a Sai, diciéndose que podría, en un futuro distante, enamorarse de él. Pero sabía que eso nunca sucedería. Ella pertenecía a Sasuke y siempre sería así, aunque él no la quisiera.

¡Qué desastre!, pensó, mirando la lluvia con cansado disgusto.

Tenía que admitir que su fuga había transcurrido sin contratiempos. Sai había sido una torre de fuerza. Mientras ella se apresuraba a comprar el equipo que necesitaba para pintar, él había llamado a madame Béthune en Montascaux para asegurarse de que podrían alquilar la casa. Madame Béthune recordaba a mademoiselle Haruno con cariño y la aseguró que podría ocupar la casa por dos meses.

Con su equipo de pintar almacenado en el coche de Sai, de lo único que Sakura tenía que preocuparse era de un pequeño maletín. Había hecho su equipaje con unos vaqueros, dos blusas, unas zapatillas deportivas y sus cosas de tocador. No llevaba nada de su ajuar de novia. Había dejado sus perlas nupciales, su anillo de compromiso y alguna que otra pieza de joyería que Sasuke le había regalado, junto con una breve nota que declaraba audazmente que se iba con otro hombre… bien, era casi la verdad, pensó a la defensiva… y le pedía que no la buscara.

Había sin embargo, retenido su anillo de casada, deslizándolo en su cartera. Era tonto, lo sabía, pero necesitaba guardar algo… para recordar siempre.

También había sacado dinero suficiente de su cuenta para mantenerse con cierta austeridad durante los siguientes dos meses.

Después de eso, tendría que convertirse en autosuficiente. Siempre había un mercado entre los turistas que iban en tropel al suroeste de Francia buscando pinturas originales de paisajes, se dijo con optimismo.

Su huida del apartamento, poco después del amanecer, había sido mágicamente sencilla, ayudada por el hecho de que Sasuke, una vez más, no había pasado la noche en casa.

Tratando de minimizar su dolor por eso, decidió que debía alegrarse. Sakura salió presurosa de la casa, hacia donde Sai esperaba con el coche. Se preguntó lo que haría si él comenzaba a ponerse amoroso en el viaje, pero no necesitó preocuparse, pues él más bien parecía distraído. Obviamente, Sai estaba más preocupado de que lo siguiera que de jugar al amante y ella tenía que estar contenta por eso.

—Cálmate —murmuró, entre divertida e irritada, mientras él lanzaba otra mirada hacia atrás—. Nadie nos sigue. Supongo que si Sasuke va a molestarse en buscarnos, pensará que voy de regreso a Inglaterra.

—¿Cómo podemos saber lo que pensará? —murmuró Sai, malhumorado y un poco asustado.

Ella quiso detenerse a comer, pero él insistió en comprar un poco de pan, paté y queso y comerlo en el coche.

Sakura no podía quejarse de la forma de conducir de Sai. Tal vez fuera el miedo lo que mantenía su pie sobre el acelerador, pero había hecho muy buen tiempo y llegarían a Montascaux antes de que oscureciera.

Ella estaba acostumbrada al Montascaux bañado por el sol que plasmó su padre en la pintura. Era extraño encontrar las familiares calles casi desiertas bajo el cielo gris y la lluvia cayendo cada vez con más fuerza.

Cruzaron el puente y giraron por la estrecha calle que subía por el inclinado y serpenteante sendero que conducía a la casa.

Sakura contuvo el aliento, esperando ver la familiar silueta de la construcción. Era como llegar a su hogar, pensó.

Era una casa sencilla, con techo de tejas y con un palomar. En el piso que había sobre el palomar era donde Jiraiya había instalado su estudio y donde ella trabajaría.

—Quédate aquí —ordenó Sai al detener el coche—. Meteré el equipaje. Tuvo que hacer dos viajes y Sakura lo observó con remordimiento caminar bajo la lluvia. Cuando regresó, llevaba un paraguas.

—Usa esto —se lo entregó—. Pondré el coche detrás del granero.

Mientras corría plácidamente hacia la casa, Sakura escuchó el ruido del motor. La luz en el interior estaba encendida, proporcionando un alegre resplandor y había un apetitoso aroma proveniente de la cocina, donde uno de los guisos de madame Béthune debía estar cocinándose lentamente.

Sakura suspiró de alivio, mirando alrededor y cerró el chorreante paraguas. Nada había cambiado.

Con placer, reconoció el antiguo armario con su porcelana azul y blanca, la enorme mesa central cubierta con un mantel de hule.

Sakura puso el paraguas en el fregadero, dejó su bolso sobre la mesa y se dirigió hacia la escalera de madera con su maletín de viaje. Dos dormitorios y un baño habían sido construidos en el espacio del techo alto. Abrió la puerta del dormitorio más grande y entró. La gran cama estaba tendida y lista, cubierta por una colcha blanca. La examinó con ironía. En realidad era enorme… demasiado grande para una sola persona…

Encogiendo los hombros, dejó el maletín en un rincón y se dirigió a examinar la otra habitación. Empujó la puerta y se detuvo, apretando los labios. La cama individual estaba con el colchón desnudo. Sin embargo, ella le había dicho a Sai llanamente que le pidiera a madame que preparara las dos habitaciones. Podía ser, por supuesto, un simple error de comunicación. Aunque también pudiera ser que Sai, a pesar de sus caballerosas propuestas, tuviera otros planes…

La lluvia contra el techo sonaba fuerte y desoladamente.

Se le ocurrió, no por primera vez, que había sido una estupidez ir a un lugar tan aislado con un hombre del que sabía tan poco. Su desesperada necesidad de escapar de París, tomando la iniciativa, abandonando a Sasuke antes que él la abandonara, había nublado su juicio.

Lo último en el mundo que quería, era pasar siquiera una noche bajo el mismo techo que Sai. Estaba agradecida por su ayuda, pero eso era todo.

Tendría que ofrecerle algún alimento, suponía, y luego le pediría abruptamente que se fuera… que se buscara una habitación para pasar la noche en Montascaux.

Esperaba, sin mucha convicción, que él se fuera, sin hacer una escena. Ella no había prometido nada, por supuesto, pero al irse con Sai, se había colocado a sí misma en una situación comprometedora.

Oyó que se cerraba la puerta de abajo e irguió los hombros. Respiró profundamente y descendió por la escalera, pensando lo que tenía que decía. Él estaba de pie, de espaldas a ella, sacudiendo el agua de su impermeable. Ahora que estaba sola con él ahí, parecía más alto, más fuerte…. ¿o sería sencillamente una ilusión producida por el miedo?

—Sai… —su voz sonaba delgada y tensa—. Sai, he estado pensando…

Las palabras se interrumpieron en su garganta, mientras él se volvía sin prisa a mirarla. La mano de Sakura se aferró al pasamanos de la escalera, apretándolo hasta que los nudillos estuvieron blancos y el sonido de la lluvia fue extinguido por los aterrorizados latidos de su corazón. De pie frente a ella, en carne y hueso… ¡Dios santo… estaba Sasuke!

—¿Has estado pensando? —inquirió Sasuke, con suavidad, sin sonreír—. Bien, me imagino que tienes suficiente en qué pensar.

—¡Tú! —la voz de Sakura se quebró—. ¿Qué estás haciendo aquí?

—¿En dónde más debería estar un esposo sino al lado de su esposa? —dejó el impermeable en una silla y dio un paso hacia Sakura.

La chica se estremeció.

—No te acerques a mí —murmuró con voz ronca—. ¿En dónde está Sai?

—En la primera etapa de su viaje de regreso a París, supongo —encogió los hombros—. Quizá te parezca lamentable —sus labios se torcieron burlones—. Lo siento. Tendré que asegurarme de proporcionarte… consuelo adecuado.

—No necesito consuelo —echó la cabeza hacia atrás—. No quiero nada de ti, Sasuke, sino mi libertad. Nuestro divorcio puede ser tan rápido y desprovisto de dolor como desees. Me devolviste a mi padre y no pediré más, lo prometo. Sólo un rompimiento limpio.

—Qué simple lo haces parecer —expresó—. Pero tal vez yo no esté listo para renunciar a ti. Puede que tú no quieres nada de mí, pero yo quiero mucho de ti.

—¡Debes estar loco! —los latidos de su corazón se tomaron irregulares—. ¿Qué puedo decir para convencerte de que esta… farsa ha terminado? Te abandoné, Sasuke. Voy a comenzar una nueva vida. No… sé cómo me encontraste.

—Oh, es muy sencillo —pronunció con frialdad—. Desde aquel curioso intento de robo, hice que os vigilaran a ti y a tu galante salvador.

—¿Hiciste eso? —su tono se elevó—. ¡Oh, no lo creo!

—¿Por qué no? ¿De veras pensaste que no tomaría medidas para proteger mis intereses… que sólo renunciaría a ti? —preguntó con sarcasmo—. Fue de lo más instructivo, créeme, en especial mi entrevista de anoche con tu supuesto amante. Debes aprender a ser menos confiada, chérie. Un joven que puede ser comprado tan fácilmente no es digno de ti.

—¿Comprado? —repitió con incredulidad—. No comprendo.

—Eso es obvio —comentó secamente—. Espero que Sai no te importe mucho, Sakura, porque mi tío le pagó para seducirte.

Sakura gritó y se sentó en la escalera.

—Estás mintiendo —espetó.

—Si es así, ¿entonces por qué no está él aquí, peleando por ti, diciéndome que me vaya de tu vida? —Sasuke de pronto parecía muy cansado—. No, tu relato del robo despertó mis sospechas. Todo fue… demasiado conveniente, demasiado oportuno. Así que mandé a investigar y descubrí que tu Sai fue contratado por mi tío Orochimaru… Lo visitaba diariamente para informarle sobre sus progresos.

—¡No lo creo! —Sakura golpeó un puño contra otro—. ¿Por qué iba a hacer tu tío una cosa así? No tiene sentido.

—Para él tiene mucho sentido —encogió los hombros—. Él desea ver nuestro matrimonio destruido. Parece que ha estado diciéndole a todo el mundo que mis infidelidades te están volviendo desdichada; que estás al límite de tus fuerzas. Habla de ti con compasión… la inocente chica traicionada por su sobrino mujeriego. Dice que estás desolada… que sería totalmente justificado que me abandonaras. Entonces… tú huyes y mi tío tiene el escándalo que está esperando. Una vez más puede atacar, destrozando mi reputación, calificándome de moralmente inadecuado para encargarme de Uchiha International.

—Nadie… —respiró profundo—… nadie puede ser tan tortuoso. No creo ni una palabra.

—Pensé que dirías eso —Sasuke sacó un sobre del bolsillo interior de su chaqueta—. Así que tomé la precaución de que tu amigo hiciera una declaración por escrito acerca de su parte en la aventura. ¿Quieres leerla?

—No —Sakura se estremeció.

—No estés tan desilusionada, cariño. Él parece haber disfrutado genuinamente tu compañía —hizo una pausa—. Espero que no le hayas facilitado la tarea —sonreía, pero sus ojos eran duros e indescifrables.

—Si hiciste que me vigilaran y leíste su declaración, entonces ya sabes la respuesta a eso —respondió con la cabeza inclinada.

—Sin embargo, me gustaría tener tu confirmación personal —su voz era implacable—. Dime, ¿le diste a este… Sai tu cuerpo?

—No —repuso Sakura.

—Ah, entonces esta habría sido vuestra primera vez. ¡Pobrecita!, ¿arruiné tu idilio? —su tono era burlón—. En ese caso, lo menos que puedo hacer, luego de privarte de tu amado, es proporcionarte un reemplazo.

—¿Qué quieres decir? —la boca de Sakura se secó, de pronto.

—Quiero decir que no acepto que nuestro matrimonio esté terminado. Al contrario, está a punto de comenzar —Sasuke dirigió una mirada estimativa a la habitación—. Este no es el lugar que yo hubiera escogido para nuestra luna de miel, pero servirá.

—¿Luna de miel? —exclamó furiosa y se puso de pie de un salto—. ¿Qué juego estás jugando ahora, Sasuke?

—Ninguno. Eres mi esposa y mientras lo seas no pertenecerás a otro hombre.

—Escucha un momento. Yo vine aquí para comenzar una nueva vida para mí… a pintar… a tratar de hacer un hogar para mi padre cuando regrese de Estados Unidos. No hay lugar para ti.

—Sin embargo, había un lugar para Sai Hiragisawa.

—No del modo que piensas —lo miró—. Y, quién eres tú para hacer el papel de perro guardián, después de la forma en que tú… tú… —se detuvo y tomó aire—. Yo necesitaba un coche que me trajera aquí y Sai iba a… cuidar de la casa y a posar para mí. Eso es todo.

—Ah, no, cariño. No eres tan ingenua. Ni yo tampoco.

—Piensa lo que quieras. Pero, por favor, no me juzgues por tus propios bajos principios. No quiero un amante. Vine aquí a trabajar. A rehacer mi vida.

—¿Y nuestra vida juntos? —inquirió con calma.

—No tenemos una vida —Sakura se mordió el labios inferior—. Yo no soy tu esposa, Sasuke. Nunca lo fui. Lo mejor que podemos hacer es permitir que el otro se vaya. Luego, tú puedes ser libre para casarte con tu… tu dama.

—Es bueno saber que cuento con tu permiso —murmuró Sasuke lentamente—. Pero, ¿estás segura de que ella querrá casarse conmigo? Después de todo, ahora es una viuda rica.

Sakura bajó la vista al suelo. Una desagradable imagen de Marie Laure abrazando a Sasuke, en aquella terraza iluminada por la luna, permanecía en su mente.

—Ese es asunto tuyo —expresó en tono bajo.

—Eso es cierto —asintió—. Pero tú y yo también tenemos algunos asuntos… pendientes por discutir.

—No sé cuáles —expresó ella—. Yo pensaba que tú estarías contento… agradecido de que yo hubiera salido de tu vida. Tú puedes ser feliz ahora… No hay nada que te detenga ya. Y tu tío no se atrevería a hacer otro escándalo una vez que tú y la baronesa estuvierais casados.

—Lo tienes todo resuelto, al parecer —levantó las cejas.

—Tuve mucho tiempo para pensarlo… para considerar qué era lo mejor.

—¿,Y es esto? —señaló su entorno.

—Eso creo —levantó la barbilla—. No es tu tipo de ambiente, por supuesto, pero tampoco estabas invitado a venir.

—No necesito que me lo digas —replicó con severidad—. ¿Puedo recordarte los términos de nuestro acuerdo original?

Sakura cruzó los brazos a la defensiva.

—No voy a regresar a París a esperar el divorcio —murmuró—. No hay nada que nos mantenga juntos ya. Jiraiya está mejor ahora y por eso yo… estoy agradecida y siempre lo estaré. Pero ya no puedo soportarlo más.

—Pareces haber olvidado que cuando te propuse matrimonio, te dije que un día te pediría un hijo.

—No, no lo he olvidado —casi perdió el aliento—, pero naturalmente, bajo las actuales circunstancias, eso no se aplica. No puedes esperar que yo…

—¿Por qué no? —su voz era gentil, pero su mirada era fría.

—Pues, porque tú tienes una vida nueva por delante. Cuando te cases otra vez, puedes formar una familia.

—Tal vez la novia en cuestión tenga otras ideas —expresó Sasuke, secamente—. Henri ansiaba un heredero, pero murió sin hijos.

Así que no estaba ciego, después de todo, pensó Sakura con un aguijonazo de desolación. Conocía a Marie Laure por lo que era, sin embargo, la quería.

—Eso es algo que necesitarás discutir con ella —declaró con rigidez—. No me concierne.

—Sí te concierne —Sasuke se apoyó contra la mesa de la cocina con una leve sonrisa en los labios. Tú hablas como si nuestro divorcio y mi nuevo matrimonio fueran un hecho, pero no es así. Tal vez esté contento con lo que tengo y no desee cambiar. ¿Lo habías pensado?

—Pero eso no está bien. Tú no pretenderás que las cosas se queden como están… Tú querrás ser feliz… tener un matrimonio real con la mujer a la que amas.

—Por supuesto —admitió—. Pero si eso es imposible, no sería el primer hombre que se conformara con lo segundo mejor.

—Pero tal vez yo no quiera conformarme con eso —Sakura le dirigió una mirada tormentosa—. Tal vez no quiera ser la esposita sumisa, que haga la vista gorda a las relaciones de su esposo. ¿Has pensado en eso?

—¿Sumisa? —murmuró Sasuke—, no es una palabra que te describa.

—Me alegro de que te hayas dado cuenta —afirmó—. Y ciertamente no voy a permitir ser usada como un… vehículo para tener hijos…

—¡Qué sórdido lo haces parecer!

—¿Cuántas veces debo decirlo? Te abandoné, Sasuke. Nunca debí acceder a este matrimonio. Fue un terrible error.

—Oh, sí —admitió él—. Pero es un error que debemos soportar por un tiempo —hizo una pausa—. Al menos hasta que tenga a mi hijo —su mirada descendió por el cuerpo de Sakura y ella sintió arder cada centímetro de su piel—. ¿Sería tan duro para ti darle vida?

La angustia se apoderó de Sakura mientras consideraba lo que Sasuke le pedía. En diferentes circunstancias sería el paraíso; la suma de sus sueños más locos y secretos. Pero en la realidad, consciente de que él no la amaba… de que sólo la estaba usando… sería un infierno.

—Ya tengo mis planes para el futuro —dijo—, y nada de lo que puedas decir o hacer me hará cambiar de idea, Sasuke. Terminó.

—Hablas con seguridad —expresó él—. Sin embargo, por primera vez en este extraño matrimonio nuestro, estamos juntos y completamente solos. Al paso de los días… y las noches… ¿no crees que es posible que yo pudiera… convencerte?

Sakura contuvo el aliento. En ese momento, todo lo que quería era cruzar el espacio que los separaba y echarse en sus brazos. Sería la acción más sencilla del mundo… pero también la más fatal. Recuperó el control y continuó:

—¿Y madame de Somerville-Resnais? ¿Autorizó esta conmovedora reconciliación?

Sakura se puso de pie. Su momento de debilidad, de anhelo, había terminado y estaba enfadada de nuevo.

—¡Qué estúpida soy! No podéis continuar vuestro idilio mientras ella esté de luto, así que pensaste en entretenerte conmigo. ¡Qué considerado!

—¡Cómo te atreves! —avanzó un paso hacia ella, con expresión sombría—. Escúchame, tontita…

—Ya he escuchado suficiente. Quiero que te vayas, Sasuke. Vete… ahora. ¿Entiendes?

—Eres tú quien no entiende. En el nombre de Dios, Sakura, vine hasta aquí para verte… para hablarte…

—Entonces, tu viaje ha sido en vano —replicó. Sasuke dio otro paso hacia ella y Sakura retrocedió con violencia para subir por la escalera—. ¡No! —gritó histérica—. No me toques… no te acerques…

Las palabras murieron en un profundo silencio. Sasuke se detuvo, mirándolo, con las cejas juntas, en completa incredulidad, con el horror reflejado en su mirada.

—¡Dios mío! —susurró al fin—. Me tienes miedo. ¿De veras me encuentras aterrorizante… repulsivo?

—Vete… por favor —su voz se quebró.

—Muy bien —asintió dócil—. Si eso es lo que deseas —recogió su impermeable húmedo y se lo puso, sin dejar de mirar a Sakura. Luego caminó hacia la puerta.

En el umbral se volvió. Sus labios sonreían, pero su rostro parecía tan desolado como el invierno.

—Es irónico, ¿no? —inquirió—. De todas las mujeres en el mundo, mi esposa es la única a la que no puedo llegar. Adiós. Y buena suerte.

Sakura observó la puerta cerrarse. Cuando estuvo sola, bajó por la escalera, tanteando el camino a lo largo de la habitación como si estuviera ciega.

Sasuke se había ido. Había sido lo suficientemente fuerte… y valiente para abandonarlo. Y ahora, ella tendría que enfrentarse a las solitarias consecuencias de su valentía… cada día que le quedara de vida.