Capítulo 9
Estaba todavía sentada, mirando al espacio, cuando la puerta se abrió de nuevo unos cuantos minutos más tarde y Sasuke entró, con gesto colérico.
Asombrada, Sakura se puso de pie de un salto, dejando caer la silla.
Él la miró con severidad y levantó una mano para silenciarla cuando los labios de Sakura apenas se abrían para protestar.
—Sí, he vuelto, pero no por mi voluntad, te lo aseguro, así que por favor evítame las recriminaciones.
—No…. es eso —su voz temblaba—. Pero no me puedes culparme por sorprenderme. Pensé que ibas a regresar a París.
—Yo también. Sin embargo, tu amado tenía otras ideas —hizo una pausa—. Ha pinchado las ruedas del coche.
—¿Sai hizo eso? —Sakura se mordió el labio inferior—. Pero ¿por qué?
—Rencor, me imagino —encogió los hombros—. Un acto inútil de venganza porque lo descubrí… y arruiné su jueguecito contigo —le dedicó una sonrisa helada—. Tal vez lo juzgué mal. Quizá no era simplemente el dinero que mi tío le pagaba y de veras te quería para él.
—Supongo que no esperarás que me sienta halagada —contestó Sakura—. Siento lo de tu coche, pero no es el fin del mundo.
Hay un taller en Montascaux. Ellos te proporcionarán neumáticos.
—Seguro que sí —asintió—. Mañana. No pienso caminar bajo esta lluvia hasta el pueblo, buscando un taller que sin duda estará cerrado ahora.
—Puede que no… —comenzó ella.
—Pero no estoy preparado para comprobarlo —respondió—. Aunque lo lamentemos, estoy a punto de convertirme en tu invitado por esta noche.
—¡Oh, pero no puedes! —sus manos se torcieron con desesperación—. Sin duda, podrías pasar la noche en tu coche o… hay un albergue más arriba, en el valle.
—Espero que el negocio prospere —comentó Sasuke, con demasiada cortesía—. Sin embargo, no seré su cliente y tampoco dormiré en el coche. No temas, no pienso dedicar mis atenciones a una muchacha que huye de mí. Ya tuve suficiente de eso en nuestra noche de bodas, si recuerdas, y en las noches que siguieron… —hizo una pausa deliberada—. Así que por favor deja de mirarme como si fueras un ratón y yo un gato hambriento y comportémonos como seres humanos civilizados.
—Pudiste pinchar las ruedas tú mismo —lo acusó.
—Sí —suspiró—, y también pude haber arreglado la lluvia y la hora, todo por el placer de pasar unas cuantas horas más contigo, mi pequeña arpía. Sin embargo, no hice ninguna de esas cosas —rodeó la mesa y levantó la silla—. Así que por favor no estés tan nerviosa —asintió mirando hacia la cocina—. ¿Vamos a comer eso o dejarás que se queme?
—Supongo que vamos a cenar —se encogió de hombros, derrotada.
—Bien, hemos comido juntos muchas veces. No será una prueba tan difícil —murmuró secamente—. La diferencia es que no estará Hennette para servirnos.
—No —expresó ella. Pensó en lo que él había dicho, en que por primera vez en su matrimonio, estaban juntos y completamente solos y el pensamiento la aterrorizó.
«Él cree que le tengo miedo, pero está equivocado. Estoy asustada de mí misma… de traicionarme. Porque si él supiera lo que siento por él estaría en su poder para siempre y no podría soportarlo».
Sakura encontró mantelitos individuales y cubiertos y puso la mesa. Sasuke cortó el pan y abrió una botella de vino tinto.
El ambiente doméstico la conmovió. «Si sólo…», mas desechó el pensamiento antes de que pudiera concretarse en su mente. Eso era lo que temía… la intimidad de comer juntos; así eran los matrimonios reales y era peligroso.
El guiso estaba muy bueno y, a pesar de su torbellino interior, Sakura comió bien. Aparte de los comentarios de apreciación acerca de la comida, Sasuke no intentó entablar una charla con ella y Sakura se lo agradeció. Terminaron la cena con queso, fruta y el resto del pan.
—¿Café? —Sasuke empujó su silla y alcanzó una cacerola.
—¿Sabes cómo prepararlo? —no pudo evitar el asombro en su voz.
—Por supuesto —respondió él con aspereza—. Puede que te sorprenda saber que sé cocinar. Cuando era niño solía ir de cacería con mi padre.
—Dios —exclamó ella—. ¿Tu madre iba también?
—Oh, no —rió—. Ella era como tú. Estaba interesada en la pintura… en las acuarelas. Era sólo un pasatiempo para ella y sospecho que su trabajo tenía más encanto que talento, pero mi padre lo consideraba maravilloso. Tenía una colección completa de las pinturas de mi madre, enmarcada y colgada en nuestra casa de Fontainebleau.
Casi exclamó: «Desearía poder verlas», pero se contuvo justo a tiempo.
—¿Tus padres vivían en Fontainebleau? —preguntó con tono neutral.
—Toda su vida —asintió—. Fue siempre como nuestro hogar familiar —había una nota nostálgica, casi tierna en su voz, como si evocara cosas agradables.
—Parece que fueron muy felices juntos —comentó Sakura.
—Sí, creo que lo fueron, a pesar de todo —al percibir su mirada inquisitiva, encogió los hombros—. El de ellos fue también un matrimonio arreglado. Al principio tuvieron problemas, pero ¿quién no? —añadió con ironía.
—Sí —empujó su silla hacia atrás—. Creo que no beberé café. Me puede quitar el sueño y debo comenzar a trabajar mañana.
—Qué trabajadora —pronunció Sasuke con suavidad—. Pero olvidas una cosa. Todavía tienes que mostrarme en dónde voy a dormir.
—Oh… sí —se mordió el labio—. Hay dos habitaciones, pero temo que sólo una de ellas está preparada. Madame Béthune trae las sábanas y todo de la granja y…
—Sólo una habitación —los labios de Sasuke se torcieron—. ¡Pobre Sai! Puedo comprender su desilusión y su deseo de vengarse de mí.
—Bien, pues estaba equivocado, lo mismo que tú —señaló Sakura—. Yo nunca tuve ni la más mínima intención de dormir con él.
—Creo que en este lugar aislado, habría sido más sensato examinar las intenciones de Sai —la voz de Sasuke era mordaz—. ¿No se te ocurrió que podrías estar metiéndote en una situación que no podrías manejar?
—Pero yo le aclaré su posición —se ruborizó a la defensiva—. Y él siempre pareció… decente —añadió.
—Un seductor a sueldo —la sonrisa de Sasuke era severa—. No habrías tenido oportunidad, tontita.
—Estaba desesperada —repuso Sakura, alzando la barbilla—. Y cuando me desespero, tiendo a cometer tonterías… como sabrás.
—Nuestro matrimonio fue un ejemplo de idiotez por parte de ambos —la repentina amargura en su voz sorprendió a Sakura—. Bien, muéstrame la habitación. Hay una manta en el coche; puedo arreglármelas por una noche.
Sakura asintió y lo guió arriba. La puerta de su habitación estaba abierta y Sasuke observó la cama, pero no hizo comentario alguno.
Se descubrió a sí misma preguntándose de pronto, cómo actuaría, qué haría si Sasuke la tomara en sus brazos, la llevara a esa habitación, la acostara sobre la suavidad de la cama…
—Bien, aquí es donde tú dormirás —habló con un pequeño jadeo, mientras abría otra puerta—. Y el baño está al extremo del pasillo. Espero que estés cómodo.
—Eso —replicó Sasuke cortante—, no es probable. Buenas noches Sakura.
Sakura murmuró «buenas noches» con rapidez y huyó al interior de su habitación.
Oyó a Sasuke bajar y regresar un momento más tarde, al parecer con sus cosas para pasar la noche. Sakura se desvistió de prisa, usó el baño y se metió bajo las mantas.
No iba a ser fácil, decidió mirando la oscuridad, seguir fingiendo que no le importaba… que su matrimonio era un error y que ella estaba deseosa de dejarlo atrás. Sin embargo, tenía que hacerlo, pues lo último que quería era delatarse y permitir que Sasuke descubriera que ella lo amaba.
Un rompimiento limpio; eso era lo que ella necesitaba. Algo que sanara… pronto. Sólo unas cuantas horas más, pensó. Sólo unas cuantas más. Siguió repitiéndose esas palabras en su cabeza una y otra vez como una dolorosa letanía, hasta que al fin se durmió.
El sol se filtraba a través de las cortinas cuando Sakura abrió los ojos, la mañana siguiente. Miró su reloj y se incorporó con un sobresalto. Eran casi la diez.
Se vistió y se dirigió a la escalera. Se detuvo a mirar la habitación de Sasuke, mas no había señales de él. Tal vez ya se había ido, pensó.
Abajo, percibió un aroma de café en el aire y encontró una taza y un plato limpios al lado del fregadero, así que supuso que Sasuke había desayunado.
Estaba preparándose un café cuando oyó el rugido de un motor. Se asomó por la ventana y vio una enorme grúa que arrastraba el coche de Sasuke.
Y un momento después, Sasuke mismo apareció a la vista.
—¿Qué ha pasado? ¿Por qué se han llevado tu coche? ¿No tienen neumáticos para ese modelo?
—Sí —repuso él—. Pero ese no es el problema. Tu amigo Sai también le echó mano al motor. Tardarán uno o dos días en arreglarlo.
—¡Oh, no! ¡Esto no puede estar sucediendo!
—Te aseguro que sí —respondió Sasuke con acidez—. Tú no eres la única incómoda, créeme.
—Pero no tienes que esperar a que lo reparen. Podrías alquilar un coche…
—Le tengo cariño a mi automóvil —respondió cortante—. Prefiero quedarme, donde pueda vigilar lo que le están haciendo.
—Pero tú dijiste que te irías. ¡No puedes quedarte aquí! —exclamó con pánico y trató de reír—. Quiero decir… yo necesito estar sola para trabajar.
—Sin embargo, la soledad total no era tu plan original —declaró con frialdad—. ¿Crees que habrías despedido a Sai Hiragisawa con tanta facilidad?
—Tal vez no —admitió ella esbozando una mueca—. Pero él iba a serme útil —notó la mirada burlona que le dirigió y se ruborizó indignada—. No, no de ese modo… ¡él iba a posar para mí…!
—¿Posar? —su tono era acerado—. Cuando dices eso, ¿te refieres a vestido o desvestido?
—Bien, en realidad a las dos situaciones, pero…
—Formidable —expresó Sasuke—. Esta historia va cada vez mejor.
—No es una historia. Necesito trabajar en mis dibujos vivos… Ordenes de Zak… y para eso necesito un modelo. No hay nada lascivo en posar. Para un pintor el cuerpo humano es una composición de luz y sombra… planos y ángulos.
—Me pregunto si es así como Hiragisawa lo hubiera considerado —observó Sasuke fríamente—. Tal vez él hubiera estado de acuerdo conmigo con que una muchacha desnuda, ciertamente, debería ser disfrutada con todos los sentidos, no sólo con el de la vista.
—Estoy segura de que eso es justo lo que tú pensarías —se defendió—. Pero tú no eres un artista.
—Pienso lo mismo que mi padre; con un artista en la familia es suficiente. Ahora, iré a la granja a buscar ropa de cama apropiada.
Sakura lo observó cruzar el patio y suspiró.
Oh, ¿por qué no pudo aceptar su partida y quedarse en París? ¿Por qué la siguió hasta allá, atormentándola, distrayéndola… insultándola con su oferta de continuar su arreglo sin corazón?, se preguntó.
Cuando terminó de desayunar, Sakura subió al palomar. La casa era alquilada regularmente por artistas, así que el enorme estudio estaba bien barrido.
Buscó alrededor hasta que encontró una mesita que cubrió con un mantel de color crema, antes de comenzar a reunir los elementos de un bodegón: un cacharro de barro, varios vasos, una botella de vino y una pequeña cesta de paja llena de fruta y verduras. Le llevó algún tiempo arreglarlos a su entera satisfacción y miraba la composición con ojo crítico, cuando Sasuke subió por la escalera.
—Madame Béthune estaba renuente a proporcionar más ropa de cama —informó, divertido—. Le asombró escuchar que más de una cama iba a ser usada. Ella es claramente un alma romántica, aun cuando insistía en llamarme monsieur Hiragisawa.
Sakura se ruborizó.
—Sí… bien. Supongo que piensa…
—Es obvio lo que ella piensa —la interrumpió Sasuke—. Después de todo, recibió instrucciones de preparar sólo una habitación.
—No por mí, fue Sai quien la llamó —replicó Sakura—. Pero afortunadamente, eso no importa ya —volvió su atención a la mesa, consideró el arreglo por un momento y luego sacudió la cabeza—. Algo no está bien —comentó y Sasuke llegó a su lado.
—Le falta altura —opinó él, después de un momento—. ¿Por qué no usar la botella como un candelabro?
—Pues sí —admitió de mal humor, molesta de que Sasuke hubiera notado algo tan obvio, cuando ella lo había pasado por alto. Su concentración estaba hecha pedazos, pensó—. Debe haber algunas velas en la cocina.
Sakura descendió por la escalera, consciente de que él la seguía. Sobre la mesa de la cocina, encontró un paquete y Sasuke dijo:
—Es un conejo para nuestra cena.
—¡Cielos! —Sakura trató de hablar con ligereza mientras sacaba las velas de un cajón—. No tengo idea de qué hacer con un conejo.
—Ah, pero yo sí —expresó Sasuke—. ¿Lo preferirías salteado con ajo y hierbas o a la cacerola con salsa de mostaza?
—Eh… salteado, creo —musitó.
—Bien —repuso él con energía—. Te llamaré cuando esté listo.
—En realidad no tienes que molestarte… —comenzó Sakura, pero Sasuke la interrumpió:
—Es un placer, chérie —su sonrisa estaba teñida de ironía—. Una pequeña compensación, tal vez, por hacerte sufrir la inconveniencia de mi compañía.
Oh, Dios, pensó Sakura, si sólo supiera… En voz alta murmuró:
—Bien, gracias —y huyó de regreso al palomar.
Estuvo pintando toda la tarde. Al final, encontró que no estaba contenta con nada de lo que había hecho. Su trabajo le pareció vago… Pero al menos había empezado.
Percibió el delicioso olor del guiso de Sasuke, desde la cocina. Al entrar en la habitación, arrugó la nariz con aprecio.
Sasuke estaba sentado a la mesa cortando verduras, y la miró.
—¿Has terminado por hoy? —preguntó.
—Eso creo —se dejó caer con cansancio en la silla frente a él y lo observó—. ¿Has estado cocinando toda la tarde?
—Claro que no. He estado en el pueblo, jugando a los bolos.
—¿No te has aburrido? —lo vio levantar las cejas y continuó de prisa—: Quiero decir, es tan diferente de la vida a la que estás acostumbrado… Debes sentirte… apartado de tu trabajo… de todo.
—¿No crees que sea capaz de relajarme?
—No exactamente —murmuró—. Siempre pareces… cargado de energía. Pensé que encontrarías la vida aquí… frustrante.
La boca de Sasuke se torció divertida.
—Mi frustración no tiene nada que ver con la vida aquí, créeme. Sakura, ruborizada, no supo qué contestar.
El conejo estaba delicioso, jugoso y sazonado.
—¿Quieres un poco de queso? —Sasuke la miró con aprobación cuando ella mojaba la salsa de su plato con un trozo de pan.
—No podría comer nada más —sacudió la cabeza—. Tú… eres muy buen cocinero —vaciló—. A veces eres una persona sorprendente, Sasuke.
—¿Eso crees? —su tono era seco—. Tengo la impresión de que me encuentras demasiado predecible.
—Oh, no. Jamás me imaginé que me seguirías hasta aquí.
—¿Pensaste que me sentiría contento de abandonarte a las dudosas atenciones de monsieur Hiragisawa? —preguntó—. No Sakura. Si recuerdas, te dije que tendríamos una charla seria tú y yo.
—Sí, pero yo prefiero que sean nuestros abogados quienes discutan las condiciones.
—Por supuesto… —asintió él, luego de un breve silencio—. Si eso es lo que prefieres.
—E… eso creo. Tenemos que ser realistas.
—Sí —se levantó y comenzó a recoger la mesa.
—Permíteme hacer eso —Sakura se puso de pie—. Es justo, después de todo.
—Y tú tienes un fuerte sentido de la justicia, ¿verdad?
—No comprendo lo que quieres decir —tartamudeó.
—No importa —encogió los hombros—. Si no necesitas mi ayuda, creo que regresaré al pueblo; eso te aliviará de mi compañía por una o dos horas.
Sakura murmuró con impaciencia:
—Gracias. Yo… supongo que no tienes idea de cuándo estará tu coche.
—Todavía no —el rostro de Sasuke se endureció.
—Oh, Dios —se quejó—. Desearía que se apresuraran… que lo terminaran…
Sasuke echó la cabeza hacia atrás y la miró, con expresión desolada.
—Lo mismo que yo.
La crudeza de su voz cortó a Sakura como una navaja. El nombre de Sasuke se formó dolorosamente en sus labios, pero antes de que pudiera pronunciarlo, él salió y cerró la puerta de golpe.
