Hola a todos:
Hoy, antes de empezar, quería comentarles varias cosas:
Primero, feliz día de la amistad para todos. Espero que mañana la pasen con quien quieran (novio, novia, amigos) y que disfruten mucho. La amistad es algo muy valioso, y que se debe cuidar mucho, bien dice el muy usado dicho: "Quien encuentra un amigo, encuentra un tesoro", celebremos eso, el tener alguien cerca que nos escuchará y apoyará siempre, y tratemos a nuestros amigos de la misma forma: estar allí para reír, festejar, bailar, o para poner nuestro hombro y consolar y escuchar cuando sea necesario. Así que, nuevamente, pasen feliz día de San Valentín.
Ahora, pasando a algo más, les tengo una sorpresa, hoy tenemos dos capítulos nuevamente.
Pero… existe un pero. Les cuento que este jueves salgo de viaje, me voy con mi hermana pequeña a Cusco, y no estaré el fin de semana en casa, vuelvo el lunes recién, he allí la razón de tener dos capítulos en lugar de uno, pues es un capítulo adelantado, ya que la semana que viene no habrá actualización.
Finalmente les quiero agradecer a todos por sus lindos comentarios, y por sus palabras, siempre me alegra recibirlos aunque no los pueda responder. Les pido disculpas por eso, sinceramente quisiera sacar tiempo de donde no tengo para hacerlo.
Ahora, por allí soltaron algunas teorías sobre qué era lo que iba a pasar y sobre ese muchacho de cabellos oscuros que bailó con Harry en la boda. Hoy resolveremos esas dudas…
Advertencia: Otro saltito más en el tiempo…
A leer:
ACERCA DE JUEGOS Y VERDADES
CAPÍTULO 10: SI ALGUNA VEZ RETROCEDES, QUE SEA PARA TOMAR IMPULSO
Un año, un mes y un poco más después, Lausanne, Suiza.
Draco apretó un poco más el aparto muggle entre los dedos, como si de esa manera pudiera hacer que quien hablaba al otro lado de la línea se apresurara con los informes que tenía que darle.
—Está dispuesto a hablar —dijo la voz del hombre, al otro lado de la línea —, solo necesita que le aseguremos que será protegido.
—¿Qué clase de protección necesita exactamente? —preguntó Draco, mientras tomaba notas en un block, estaba sentado tras un escritorio de madera antigua y oscura, lleno de carpetas haciendo precario equilibrio.
—No lo acusaremos —respondió el hombre.
—Eso no depende de nosotros, hay cosas que caerán por su propio peso —dijo Draco, frunciendo un poco el ceño —, no podemos prometer eso.
—En realidad sí podemos —contradijo el hombre —, simplemente debemos aceptar ante la gente competente, y obligándolos a tomar un juramento, que fue él quien nos ayudó, y que por ello se vea absuelto de los cargos…
—¿Cómo si se hubiera arrepentido? —exclamó Draco.
—Técnicamente se está arrepintiendo, parece que ha tenido unos cuantos problemas y… —el hombre dudó un instante y Draco apretó los dedos en torno al teléfono con más fuerza —… ellos están más agresivos ahora, están matando gente, perdiendo los escrúpulos… es cuestión de tiempo antes que todo se salga de control y…
—Y tiene miedo —completó Draco, suspirando pesadamente.
—Así es.
Draco dudó un instante, golpeteando con el lapicero contra el block de notas, meditando sobre qué decisión tomar.
—¿Sigues allí?
—Ajá.
—Necesitas pensarlo, le dije que no era algo que podamos aceptar a la ligera.
Draco asintió mecánicamente, antes de recordar que su interlocutor no podría verlo.
—Sí, no es una decisión sencilla, es poner nuestras esperanzas en que no se acobardará a último momento o que no es una trampa.
—Lo hemos investigado, los dos aurores nos han ayudado, no hemos encontrado nada que nos dé a entender que es una trampa… en cuanto a lo de arrepentirse, sabe que sí lo hace podemos tomar represalias.
Draco observó el pequeño calendario que tenía a un lado del escritorio, apenas y se podía ver entre tantos papeles y pergaminos, estaban anotados, mágicamente, en un contador, los días que llevaba en ese lugar: un año, un mes, dos semanas, tres días, ocho horas, trece minutos, cuarenta y cinco segundos.
Draco deseaba que el calendario no pasara de diciembre, la navidad anterior, a los pocos meses de huir de Inglaterra, la habían pasado en el departamento, y aunque intentaron poner un ambiente de fiesta, Harry recordaba a los Weasley; y Draco a sus padres y a Blaise, aquella fue la ocasión en que finalmente Draco le contó a Harry todo lo que había pasado con sus padres y la forma en que Blaise trataba de animarlo, sobre todo en esas épocas; y Harry le relató, con añoranza, los almuerzos en la casa de los Weasley, y la forma en que pasaban la tarde. Aquella madrugada, mientras Harry dormía a su lado, Draco se prometió que para el año siguiente ya estarían de vuelta en Inglaterra, disfrutando de sus amigos y su libertad.
—De acuerdo, lo tomamos —respondió, cuando el hombre al otro lado de la línea parecía a punto de preguntar nuevamente si es que seguía allí.
—Bien —respondió, su voz serena y calmada como siempre.
—Has todos los arreglos y nos comunicamos en…
—Doce horas —suspiró el hombre al otro lado de la línea.
—Doce horas —corroboró Draco.
En ese momento se escuchó una puerta abrirse y levantó la mirada para ver a Harry, usando una camiseta de manga corta y unos vaqueros holgados, traía consigo una bolsa de comida y parecía algo acalorado por el paseo. En cuanto sus miradas se encontraron, le sonrió ampliamente.
—Eh… —dudó la voz del hombre al otro lado de la línea —, me preguntan si él está allí.
—Sí —respondió quedamente, mientras Harry le hacía señales para averiguar de quién se trataba.
—Quieren hablar con él —le dijo el hombre al otro lado de la línea.
—Claro, claro… —asintió Draco, mientras Harry se acercaba, sabiendo ya quién estaba al otro lado de la línea.
Draco apartó el auricular cuando Harry le dio un pequeño beso en la comisura de los labios y se apoyó al filo del escritorio, amenazando con derrumbar todo lo que había puesto allí.
—Y recuerda tener… —dijo en último momento Draco, antes de que su amigo le diera el teléfono a Weasley.
—Oh —interrumpió Blaise, sonando algo divertido —, ahora que comprendes como me sentía cada vez que hacías algo estúpido, lo disfrutaré al máximo.
—¡Hey! —advirtió Draco conteniéndose por no gritar su nombre (habían aprendido a no decir sus nombres jamás, por seguridad), mientras observaba a Harry, parecía ansioso por quitarle el teléfono de las manos.
—Ya, ya, tendremos cuidado, ustedes también ténganlo, ¿de acuerdo?
—De acuerdo.
—Y ahora, dale el teléfono a tu compañero, que alguien aquí está a punto de dar saltos de ansiedad y eso llamaría mucho la atención, además que el tiempo ya se acaba.
Draco soltó una risita mientras escuchaba como claramente Weasley le daba un golpe a Blaise.
—Hasta luego.
—Sí, eso espero… —murmuró el chico.
—La comadreja quiere hablar contigo, ya no queda mucho tiempo —le advirtió Draco a Harry, poniéndose en pie y entregándole el teléfono, Harry le dio un golpe en el brazo y soltó un muy quedo !hey¡, mientras pegaba el aparato a su oído.
—Hola compañero, ¿qué hay? —saludó Harry inmediatamente, mientras observaba a Draco moverse hacia la cocina y sacar las cosas que había traído para el almuerzo.
Draco se quedó al lado de la cocina, el lugar no era tan grande como para darle a Harry toda la privacidad que la educación dictaba, a menos que se metiera a la habitación, cosa que no pensaba hacer. Se concentró en sacar de la refrigeradora un par de cervezas heladas y algunos platos de uno de los armarios. Por lo general era a Harry a quién se le daban mejor esas cosas, pero él no se negaba a hacerlo de vez en cuando.
Sirvió los filetes de pollo con papas y legumbres en cada plato y sacó los cubiertos, acomodando todo en la pequeña barra que les servía para comer y como separación de la cocina con el resto del departamento. Se recostó contra la mesa de la estufa y se cruzó de brazos, mientras veía como Harry soltaba algunas carcajadas y negaba con la cabeza. Y Draco no pudo evitar sonreír.
Al inicio pensaba que probablemente se había equivocado, que lo que hacía no era prudente ni noble, que pese a que no sabía actuar de otra manera que no fuera satisfaciendo sus propios deseos, esta vez debía contenerse y apartar a Harry de su lado. Pero no había podido. Y ahora, más de un año después, mientras lo observaba al otro lado de aquel pequeño departamento, sabía que no se arrepentía de haberlo hecho...
Draco bufó ofendido en cuanto Granger y Weasley desaparecieron aquella mañana, luego de que les relatara toda la verdad, y sin mirar a Blaise, encendió un cigarro y se dejó caer sobre el sillón, con la cabeza hacia atrás y los ojos cerrados, aspirando y exhalando el aire lentamente, tratando de calmar los latidos de su corazón, aquellos que eran tan rápidos y también dolorosos. Le había dicho a Harry que no lo quería, que no significaba nada para él y que se largara. Y Harry lo había obedecido.
Abrió los ojos de golpe cuando el cigarro fue arrebatado de sus labios de manera ruda, delante de él, de pie y furioso, estaba Blaise.
—Dame un momento… ahora mismo necesito…
—Lo que necesitas es una buena tunda —interrumpió Blaise, desapareciendo el cigarro y cruzándose de brazos.
—No me darás una tunda —replicó Draco, arqueando una ceja.
Blaise y él solo habían llegado a los golpes una vez, muchos años atrás, cuando Lucius y Narcissa habían muerto y Draco, por seguridad, había permanecido encerrado en Austria. Blaise lo había ido a buscar desde Italia, arriesgándose a ser encontrado, luego de que Draco no contestara ninguna de sus cartas, para encontrarlo en aquel estado de letargo… uno que indicaba que ya no le importaba nada de lo que pasara alrededor. Blaise lo había tratado de consolar, de animar y de apoya, y nada había funcionado hasta que le colmó la paciencia y le dio un buen derechazo que lo hizo ver estrellas.
Entonces, toda la rabia y la furia que sentía por lo ocurrido, por no haber podido estar con sus padres, porque ellos habían sido asesinados, se desataron y encontró como único punto objetivo a su amigo. Blaise se había dejado golpear, Draco lo dedujo después, pues era mucho más fuerte y alto que él, pero dejó que descargara todo su dolor contra él, hasta que no pudo más y se dejó llevar por las lágrimas. Fue una noche bastante larga y dura, pero Draco nunca dejaría de agradecerle eso, haberlo sacado de ese hoyo negro en el que se estaba hundiendo.
Blaise le devolvió una mirada de reto, y Draco apartó los ojos rápidamente.
—¿Qué le has dicho a Potter?
—Nada.
—Draco…
—Nada, no le he dicho nada —repitió Draco, moviéndose incómodo sobre el sofá.
—Pues vas y le desdices lo dicho —ordenó Blaise.
—No, no lo haré.
—Draco… —Blaise negó con la cabeza y pareció perder la paciencia.
—Tengo cosas más importantes en las cuales pensar ahora, como lo que haré, debo salir de Inglaterra antes que los del GDIS descubran la forma de inculparme y me pongan una orden de arresto. Nosotros teníamos un plan, una fuga por si algo salía mal, el plan sigue vigente, deberé ir solo, por supuesto y luego… ya veré, esto no se quedará así por supuesto —informó con voz más calmada Draco, aquello le servía, pensar en algo más que en la forma en que Harry se había apartado de él, en la manera en que él mismo lo había alejado.
—El plan de fuga era para dos personas —le dijo Blaise, sentándose a su lado.
—Sí, pero no te pediré que te vayas aunque… —Draco abrió los ojos como plato y recordó que todos habían entrado a las oficinas del GDIS y se habían puesto en evidencia —¡Mierda!
Blaise arqueó una ceja, Draco no era muy llamado a soltar ese tipo de expresiones.
—De acuerdo, de acuerdo, esto se complica aún más, no creo tener un plan listo para tantas personas en tan poco tiempo… pero debemos darnos prisa. ¡Demonios!—exclamó nuevamente. —Primero tengo que conseguir una varita, no sé dónde quedó la mía, probablemente en las oficinas de esos bastardos… una vez que nos hayamos hecho de una varita para mí, y debe ser hoy mismo, tenemos que movernos y…
—Hey, hey —le interrumpió Blaise, poniendo una mano sobre su hombro —, para el carruaje, estás yendo muy a prisa.
—¿Qué pare qué?
—Cálmate y respira.
—Blaise, creo que no eres consciente de todo lo que puede pasar, creo que andar con Harry un par de días ha hecho que dejes de actuar coherentemente, supongo que sus amigos están acostumbrado a este tipo de acciones…
—Sigues corriendo —le advirtió Blaise con voz cantarina, pero Draco lo obvió y continuó:
—No puedo creer que sea así de tonto… él y sus amigos están en problemas y van muy campantes por allí a casarse como si no estuvieran en un gran lío, no lo entiendo… a veces es tan…
Blaise soltó una pequeña carcajada que consiguió que la expresión de Draco pasara de preocupada a desconcertada.
—Ni Weasley, Granger o yo estamos en evidencia —anunció con calma.
—¿Qué?
—¿Verdaderamente creíste que Potter, o nosotros mismos, seríamos tan estúpidos?
—Eh…
—Bueno, Potter es algo más que estúpido, es cierto, pero no, él se encargó de no dejarnos en evidencia, nos hizo hechizos de transfiguración antes de entrar, Granger los deshizo cuando todos estuvieron inconscientes, en parte para que no te asustaras o impusieras resistencia al momento de sacarte de allí.
—Pero, Harry…
—Ah, no, Potter sí que se dejó ver, no sé si te lo contó, pero el jefe, ese tal Skatha, lo llevó para interrogarlo, fue así que él se coló al lugar, y pudo evitarlo, ¿sabes?, pero no lo hizo porque quería estar seguro de que, si nosotros no lográbamos entrar por alguna razón, él ya estuviera dentro. Planeaba destrozar toda la oficina y pelear contra todos los que estuvieran allí con tal de encontrarte. Era un segundo plan.
—Entonces Harry…
—Sí, es el único que está en problemas, pese a que Granger le dio un largo sermón y Weasley se la pasó tratando de convencerlo hasta casi el final… —Blaise se encogió de hombros.
—Demonios…
—Pues sí, exactamente. Pero ahora, retomando tu plan —le dijo Blaise, cambiando deliberadamente el tema de conversación y el tono de voz —, es buena idea que te vayas lo más pronto posible, yo me quedaré aquí, será sencillo pretender que no sé nada de ti, es más, empezaré a hacer averiguaciones y a preguntar, a hacer pública tu desaparición y lo extraño del asunto, eso hará que los del GDIS no sospechen de mí y que además se anden con más cuidado, si saben que te estoy buscando la gente sospechará de que ellos también lo estén haciendo.
Draco lo miró un instante y asintió quedamente.
—Tengo todo preparado, pero no podrás irte hasta mañana en la tarde, sé que es mucho tiempo, pero es lo más seguro, si nos apresuramos podemos tener problemas.
—Claro… Yo necesito…
—Una varita, tú déjamelo todo a mí, estará todo listo para que te puedas ir en el momento oportuno.
—Bien, entonces…
—Entonces ahora es el momento de que descanses, parece que no hubieras dormido nada en días —le dijo Blaise, poniéndose en pie.
—¿Me quedaré aquí? —preguntó Draco, empezando a sentirse algo desplazado, ya que Blaise parecía tener todo listo.
—Por supuesto, es un lugar seguro, está protegido y lo estará hasta el momento de marchar.
Draco miró alrededor un instante.
—Te traeré algo de comer, ¿tienes hambre?
—No, la verdad que no…
—Bien, mejor así, tardaré un par de horas en volver, y Draco —dijo en último momento —, evita seguir fumando, no lo hacías nunca, eras el que siempre me reprochaba hacerlo, pese a que yo solo lo hago cuando estoy muy tenso, y ya te he visto fumar más que yo en una noche de muchos problemas, a pesar de que aún no es ni medio día.
—Sí… yo, intentaré.
Blaise no dijo nada más y se desapareció.
Un tiempo después Draco descubrió que Blaise efectivamente se había ido a ultimar un plan de escape, pero no como Draco creía.
Había dado vueltas en su habitación por un buen rato, había jugueteado con el control remoto de un gran televisor que estaba al fondo del lugar y había tratado de dormir, pero nada había funcionado, no podía abrir las cortinas ni hacer nada más que mirar esas paredes blancas y pensar… pero no en sus problemas, sino en Harry, en Harry y la noche anterior, en la manera en que se había desaparecido sin oponer mayor resistencia, sin dar la batalla, pese a haberse arriesgado tanto por él y en la gran cantidad de problemas que seguramente tendría ahora encima.
Un par de horas después Blaise había aparecido nuevamente, parecía bastante satisfecho de sí mismo y traía consigo un par de bandejas de comida.
Draco comió con poco ánimo, mientras Blaise le explicaba la forma en que pasaría hasta Irlanda y de allí hasta Europa, en un complicado viaje que duraría varios días, antes de llegar a su lugar seguro en Suiza.
—Según he averiguado, nadie te está buscando, no hay orden de captura y nadie ha notado tu ausencia aún… lo cual es bueno —comentó Blaise, comiendo animadamente.
—Sí, es bueno…
—Y ya tengo también unas cuantas prendas de vestir, pociones y todo lo que pueda ser que necesites durante el viaje.
—Bien…
—¿Sigues pensando en él, cierto? —le preguntó de pronto, haciéndole soltar el tenedor sobre el plato.
—¿Qué?
—Potter, por supuesto.
—No puedo creer que haya sido tan estúpido… ¿qué se supone que hará?
—Honestamente —suspiró Blaise, dejando su plato a un lado —, ese ya no es nuestro problema, nadie le pidió que se pusiera en el papel de salvador y te sacara de allí.
—Sí, lo sé, solo que él a veces tiende a…
—Además —continuó Blaise, elevando un poco más la voz e ignorando a Draco —, él no es un buen partido para ti, Draco —arrugó un poco la nariz —, es un mestizo, alguien sin mucha fortuna, con un trabajo arriesgado, sin mucha clase para vestir y… ¡mira a sus amigos!, sobre él todo el tiempo —negó con la cabeza.
—Blaise —advirtió Draco, en un siseo, una cosa era que él quisiera apartarlo para protegerlo y otra que su amigo hablara así de él.
—Es decir, supongo que debe ser bueno en muchas cosas —prosiguió Blaise, arqueando una ceja de manera insinuante —, pero eso no es todo. Cuando esto termine seguramente que encontrarás alguien más acorde con nuestra clase.
—Yo no quiero encontrar a nadie acorde con nuestra clase. Me importa una mierda nuestra clase —replicó Draco.
—Ya, ya, como sea, lo importante es que al fin te libraste de él, y sin tanto drama, por la forma tan desesperada en que te buscó, pese a estar herido y agotado, y la manera en que se entregó a los del GDIS con tal de que lo llevaran hasta sus oficinas, pensé que haría todo un show cuando lo echaras… estaba seguro que lo harías, porque, como dije, puede estar bueno, si te gusta esa clase de chicos, pero de allí a tomarlo en serio como si te pudieras realmente enamorar de… —Blaise dejó de hablar en el momento en que Draco, tirando la mesa en el proceso, saltó sobre él y le dio un golpe en el labio.
—¡Cállate! —gritó Draco, agitado, había derribado el pequeño sofá y quedado sobre Blaise, sus nudillos le ardían por la manera en que lo había golpeado y temblaba de rabia. —No digas más nada de Harry, él es… es… ¡No te atrevas a insultarlo! ¡Tan siquiera a mencionarlo!
—¿Por qué? —preguntó Blaise con calma, pese a que el labio le dolía y sangraba y Draco lo estaba aplastando —, él ya no es tú asunto.
—Claro que es mi asunto, es a quien yo… —Draco se calló de pronto y se tensó completamente… es a quien yo quiero, eso era lo que estaba a punto de decir.
—¿A quién tú qué?, ¿a quién te follas?, ¿a quién le agradeces haberte sacado de aquel lugar? —Blaise empujó a Draco hacia un lado y soltó un suspiro de alivio, miró hacia Draco, pálido y sudoroso, y temió que algo malo le ocurriera —Es a quién quieres —murmuró, no era una pregunta, por supuesto.
Draco bajó la mirada hacia sus nudillos y los vio rojos y posiblemente pronto se hincharían, no quiso levantar la mirada hacia su amigo, no quería ver cómo le había dejado el labio.
—Lo siento, no debí golpearte —murmuró.
—No, no debiste, ¡caray, qué golpeas más fuerte de lo que recordaba! —río un poco Blaise, mientras se ponía en pie —, pero lo que no debiste hacer tampoco fue echar a Potter de aquí.
Draco se mordió el labio inferior, apartó el dolor de su mano y luego de un instante, asintió.
—No debí haberle dicho nada de… no debí haberle dicho que no sentía lo mismo que él…
—Bueno, me ha tomado menos tiempo del esperado que lo reconozcas —aceptó Blaise luego de un largo momento.
—La he jodido… he arruinado eso también y… —Draco negó con la cabeza —, él es muy terco, sino le hubiera dicho lo que le dije, no me habría dejado ir, habría querido acompañarme y…
—¿Y? —le interrumpió Blaise —¿estaría en peligro? Por favor, es un auror que además mató a ya sabes quién, realmente no creo que fugarse contigo por medio Europa sea algo muy arriesgado, es más, seguramente sería más seguro para ti tener a alguien entrenado al lado.
Draco se encogió de hombros, probablemente su amigo tenía razón.
—Ya es tarde, de todas formas —dijo —no tengo la menor idea de dónde está y salir a buscarlo en un momento como este no es nada seguro…
—Oh… pero ¿entonces lo buscarías? —preguntó Blaise, inclinándose para hacer que Draco se pusiera en pie.
—No tiene mucho sentido hacerlo, la verdad…
—Hombre de poca fe —se burló Blaise.
Draco entrecerró los ojos y negó con la cabeza.
—Después de que me haya ido, búscalo, y si lo encuentras, dile que no era cierto lo que dije esta mañana, que yo… Solo dile eso, que no era cierto.
—Mejor se lo dices tú —negó Blaise.
—¿Sabes dónde está?
—Por supuesto, en el lugar donde la boda se llevará a cabo, está ayudando con los últimos detalles, estos chicos son muy raros, escogieron casarse a media noche, ¿sabes?, y está organizando una serie de hechizos de protección y de iluminación y todo eso….
—¿Sabes donde es la boda? —preguntó Draco incrédulo, ni siquiera él lo sabía.
—Claro, estoy invitado, y sí es que vas a hacer lo que creo que vas a hacer, tú también lo estás.
—No tengo varita, y ni siquiera sé… —Draco se detuvo en el momento en que Blaise sonrió más ampliamente. A veces, con Blaise sobre todo, era demasiado iluso.
—Imagino que ya tienes todo arreglado.
—La duda ofende, amigo —se burló Blaise, y Draco solo entrecerró los ojos con fastidio. —Entonces… —continuó Blaise —¿No preferirías tomar un baño antes de irnos? Es temprano aún, pero si quieres encontrarlo más o menos desocupado, tendrás que apresurarte.
Draco lo miró medio segundo, antes de asentir y caminar hacia el baño.
En un inicio Harry pensó que la solución a los problemas de Draco sería denunciar a todos los del GDIS, delatarlos uno a uno y poner una acusación por lo que habían hecho. Y en cuanto estuvieron instalados en Suiza, unos ocho días después de la boda de Ron y Hermione, se lo dijo a Draco, asegurándole que Hermione seguramente estaría encantada de ayudarlos.
Draco le dio entonces una sonrisa retorcida, Harry debía reconocer que, ni siquiera en la escuela, cuando le había ganado en un partido de quidditch, Draco le había dado tal mirada… era una mirada sedienta de venganza, una mirada que auguraba lo peor. Harry se alegró de no estar en la mira de Draco.
—No quiero solo una denuncia. No quiero solo un pequeño escándalo que consiga llenar algunos titulares, casi lo puedo imaginar: "El GDIS engaña al pobre hijo de unos mortífagos para meterlo preso" —Draco bufó con fastidio mientras abría las cortinas del departamento que se convertiría en su hogar durante los siguientes meses.
—No te sigo… —había murmurado Harry, no entendiendo mucho.
—Ya me has seguido hasta Suiza —se burló Draco, Harry arqueó una ceja y Draco suspiró —, de acuerdo, de acuerdo —Draco lo tomó de la mano y lo jaló hasta un muy cómodo sofá en medio de la sala.
—No planeo solamente hacer que Skatha caiga preso y pague por haber pretendido engañarme y ponerse en complicidad con mi tío Nycholas para meterme a Azkaban y quitarme mi fortuna.
—¿No? —preguntó Harry.
Draco negó lentamente con la cabeza y su mirada se iluminó de manera algo perversa.
—Acabaremos con el GDIS, con la idea de tener una organización secreta capaz de tomar medidas sin consultar al Ministro y sin tener que seguir procedimientos normales, haremos que todos se enteren de todo lo que han estado haciendo. Para cuando terminemos probablemente el Ministro mismo querrá dimitir.
—Pero… Kingsley es parte de la orden y… —Harry dudó un momento, no se trataba de que Kingsley fuera o no bueno, u honesto, se trataba de que había sido tan confiado o ciego para dejar que cosas como esas pasaran delante de sus propias narices, de las narices de todas las autoridades, de los aurores… Harry comprendió que Draco tenía razón, tal vez la organización solo la formaban unas veinte personas, como Caille les había dicho, o tal vez eran muchos más y nadie podía estar seguro, así como tampoco podían estar seguros de las cosas que hacían. Tal vez el inicio fue con la mejor intención del mundo, pero en la actualidad, sus actividades distaban mucho del bien. Y tanto Draco, como sus amigos habían tenido razón, ¿cuánta gente más estaría pagando ese tipo de consecuencias?, ¿cuánta gente más estaría detenida, asustada, amenazada?...
—Te estoy asustando, ¿no es así? —preguntó Draco, presionándolo un poco más fuerte de las manos, parecía incluso temeroso. Harry intuyó que tal vez Draco pensaba que se estaba arrepintiendo de haberlo acompañado.
Harry sonrió de medio lado y negó con la cabeza.
—No lo haces, solo estaba pensando en cuanta razón tenías… ni siquiera sabemos la cantidad de gente afectada por esto.
—Pero lo averiguaremos, poco a poco… después de todo, dicen que la venganza es un plato que se come frío.
Harry se sintió extrañamente atraído por ese Draco, no es que nunca hubiera sabido lo mal perdedor que Draco era, sino que había algo más en su mirada… no podía estar seguro qué, pero le gustaba.
°.°
Harry terminó de escuchar las novedades de Ron, se habían acostumbrado a hablar a una velocidad increíble y a entrecortar palabras, pues era muy escaso el tiempo que les quedaba para ese tipo de conversaciones, que algunas veces Draco había catalogado como innecesarias y tontas, pero en el fondo, Harry sabía, a Draco también le agradaba saber de ellos, saber que todos estaban siguiendo una vida normal, que sus problemas no habían afectado a los demás, no tanto al menos.
Harry le reiteró a Ron que le mandara saludos a todos por allá, incluyendo a Hermione, que no había podido hablar con él ese día porque estaba algo constipada, y luego colgó el teléfono, Draco estaba apoyado sobre el mueble de la estufa, mirándolo de manera divertida.
Harry sonrió en respuesta y se acercó hasta él, para luego darle un beso en los labios y sentarse en uno de los bancos altos alrededor de la barra de la cocina.
—Pero mira qué bien te ha quedado el almuerzo hoy —se burló Harry, mientras cortaba un poco de pollo.
—Te dije que era excelente chef —aseguró Draco, mientras daba un sorbo a su cerveza.
Harry y él habían tenido que pasar una pequeña etapa de adaptación, habían pasado de salir durante mucho meses, a terminar, y luego reencontrarse en medio de una situación difícil y complicada. Cuando Draco le había pedido a Harry que lo acompañara si es que quería hacerlo, había sabido de antemano que no sería una luna de miel ni un viaje romántico, iba mentalmente preparado para ello, y esperaba sinceramente, que Harry también.
Aunque se tenía que reconocer que ambos tenían un carácter muy difícil, no imaginó que algunas veces fuera tan complicado.
Las peleas comenzaron a la segunda semana de instalarse en Suiza, cuando Harry parecía ansioso por comenzar a moverse y Draco recomendaba que lo mejor era guardar el perfil bajo por un poco más de tiempo, al menos dos semanas más para hacerles creer a los del GDIS que simplemente habían huido y que no planeaban volver. Draco sabía que Harry estaba ansioso por saber de sus amigos, por saber que realmente nada malo les había ocurrido, y aunque le había repetido hasta el cansancio que no tener noticias significaba buenas noticias, Harry era demasiado terco como para dar su brazo a torcer.
Pasaron una semana enfuñados el uno con el otro, tal fue así que Harry se fue a dormir al sofá de la sala unas cuantas noches, otras lo hacía Draco, todo dependía de a quién pillaba la discusión antes de meterse en la cama y a quien ya metido en la cama.
Pero las reconciliaciones… bueno, Draco podía catalogar esos momentos como inolvidables y bastante memorables, aunque no solucionaban del todo sus diferencias, ciertamente les ayudaba a pasar aquellos días tan tensos.
Hasta que sucedió aquello.
Había sido un jueves, Draco lo recordaba bien, y habían pasado una mañana y una tarde tranquila, tanto que Draco se había sentido esperanzado en que Harry y él por fin se estuvieran adaptando. Pero no fue así.
Primero Harry discutió con Draco porque él quiso salir a tomar un trago al anochecer a uno de los bares que había cerca. El reproche no dejaba de tener sentido, Draco lo sabía, pero no quería dar su brazo a torcer por simple terquedad. Harry argumentaba que si es que podían ir a tomar un trago durante la noche, también se podían comunicar con Ron y Hermione, e incluso comenzar a trabajar.
En el fondo Draco no era que tuviera locos deseos de ir por un trago, solo quería salir de ese sitio, salir con Harry y fingir que no estaban prácticamente encerrados mientras terminaba de armar su plan.
Draco había perdido la paciencia en el punto en que Harry le había increpado si es que acaso era tan frío y desconsiderado como para no querer saber siquiera de Blaise, de quién decía era como un hermano para él.
¿Qué si no quería saber de Blaise? El hecho de que Harry supiera exteriorizar tan bien sus sentimientos y él no, no implicaba que no las tuviera. Había estado aterrorizado por Blaise, había pensado más de una vez que lo correcto era que los acompañara, pero él se había negado. Blaise había tomado su decisión, y Draco, por ser su amigo, lo aceptaba y solo esperaba que no se hubiera equivocado.
Esa noche salió, por primera vez, solo de aquel departamento que le parecía ya demasiado asfixiante, y se aventuró en la Lausanne nocturna, sin tener ningún conocimiento de la ciudad en sí. Esa era una parte de porqué había escogido ese lugar, si lo quisieran buscar irían a Francia, a Rusia, a Italia, a España o tal vez a Austria, a lugares donde antes habría estado y donde tenía contactos, conocidos, propiedades y algo de ayuda. En Suiza no tenía a nadie, ni nada, solo ese apartamento que había comprado hacía más de tres años, bajo un nombre falso y con oro obtenido de uno de sus trabajos clandestinos, un oro no declarado y al que nadie le podría seguir la pista.
Caminó por la calle de su departamento y llegó hasta una concurrida avenida, leyó en el letrero de la esquina: Rue de Genève, al parecer era una avenida bastante concurrida, habían varios locales abiertos y con luces llamativas, finalmente encontró un bar que le pareció apropiado a unos cuantos metros de allí. Se sentó en la barra y se pidió una cerveza. No pretendía emborracharse, sólo necesitaba pensar un poco, calmarse antes de volver a casa y encarar a Harry.
La primera cerveza fue seguida de una segunda, de una tercera y, para la cuarta, ya se balanceaba lentamente al ritmo de la música de fondo (una balada en inglés que no conocía), y sus problemas con Harry ya no parecían tan grandes, era cuestión de que ambos admitieran que estaban bajo mucha presión y que estaban perdiendo la paciencia. Casi estaba ya listo para volver a casa y mantener una charla con Harry cuando alguien se sentó a su lado, Draco volvió la mirada, algo alertado, para encontrarse finalmente con un chico pálido y de cabello rojizo sujeto en una coleta. Era bastante apuesto, y por supuesto, no bien verlo Draco supo, gay.
—Hey… ¿qué haciendo? —le preguntó el chico en inglés, Draco agradeció que casi todos allí dominaran tan bien el idioma, aunque no tenía deseos de hablar con él, pese a que desde su llegada no había mantenido una conversación de más de cinco palabras con nadie que no fuera Harry.
—Tomando un trago, y no te ofendas, pero necesito estar solo.
—Estar solo… —el chico dio un sorbo a su propia cerveza y sonrió de manera encantadora —, no siempre es bueno estar solo, sobre todo cuando se tienen problemas.
—No tengo problemas —negó rápidamente Draco, dando otro sorbo a su cerveza —, pero simplemente no tengo ganas de hablar con nadie.
—Pero podemos no hablar… —la sonrisa del chico se hizo más amplia e insinuante, y algo en el interior de Draco rugió, reconociendo el deseo en ese gesto —, hay otras cosas que podemos hacer que te pueden animar también.
Draco sonrió a pesar de sí mismo, tenía tiempo sin salir y sin que nadie le lanzara indirectas de ese tipo, no que tuviera una crisis de seguridad o algo así, pero los halagos siempre eran bien recibidos por su ego.
Antes de que pudiera contestar, la mano del chico estaba sobre su espalda, apoyada suavemente, jugueteando con los dedos a la altura de su cintura. Ese gesto lo hizo tensarse, no había esperado mandar las señales equivocadas, pero seguramente la sonrisa había sido mal interpretada.
—Aunque vivo lejos de aquí, hay un hotel pasando la esquina que…
—No, escucha —interrumpió Draco, apartándose suavemente, aunque el chico volvió a poner la mano en su espalda.
—Te divertirás, y si no quieres que hablemos, no lo haremos —continuó el chico.
—En serio, no… —pero la negación de Draco no fue completada, pues sintió como la mano sobre su espalda era apartada con rudeza, a la vez que el chico caía al piso, soltando un chillido bastante afeminado. Delante de él, luciendo furioso, estaba Harry.
—Mejor será que te alejes —le dijo Harry al chico, sin mirar siquiera a Draco, ya tendría tiempo de arreglar cuentas con él.
Había salido a buscarlo mucho rato después de que se marchara, empezando a sentirse culpable por la discusión, había entrado a un par de locales antes y ya estaba empezando a preocuparse, cuando lo vio en la barra, conversando con ese chico y sonriendo, algo en su pecho se agitó, y cuando ese chico le puso la mano en la espalda, tocando a SU Draco, todo se volvió rojo y tuvo deseos de usar la varita para apartarlo de un empujón, y aunque al final lo había hecho, al menos no había usado magia.
—¡Harry! —exclamó Draco, tratando de llamar su atención, mientras lo tomaba de un brazo y lo jalaba, en tanto el otro chico se ponía en pie, estaba muy sonrojado y la sonrisa encantadora había desaparecido.
—¿Tu novio? —le preguntó a Draco, tratando de ignorar la forma en que Harry lo estaba mirando. Draco asintió lentamente.
—Entonces… ya te estabas yendo —le dijo Harry al chico, arqueando una ceja.
En ese momento apareció el barman, con un bate de béisbol en la mano.
—A ver, a ver, peleas no aquí, todos fuera si quieren a golpes liarse.
Tanto Harry y Draco voltearon a verlo, tardando un poco en procesar lo que decía en su precario inglés, mientras el otro chico tomaba el vaso de cerveza y se acomodaba la ropa.
—No hay problema, ahora entiendo porqué andas tan cabizbajo… con ese novio, cualquiera lo estaría —le dijo a Draco, dándole una mirada de pena.
—Mira, tú…
—¡Harry, no! —gritó Draco, deteniéndolo antes de que golpeara al chico o el barman le diera con el bate.
—No peleas, ¡Fuera! —gritó a su vez el barman, blandiendo el bate de un lado al otro.
El chico hizo una reverencia y se fue hasta el otro lado del bar, mientras Draco, aún aferrado al brazo de Harry, miraba al barman.
—Ya nos vamos —dijo un instante después, jalando a Harry con un poco más de brusquedad.
Harry se soltó de su agarre y caminó delante de él hacia la salida, casi todos los que estaban allí los miraban y murmuraban, y Draco se sintió muy avergonzado.
En cuanto salieron, los golpeó el aire frío de la noche, ninguno dijo nada mientras caminaban lentamente hacia el apartamento. Draco quiso tener un cigarrillo a mano, pero había prometido dejar de fumar, y sabía que era lo mejor para su salud, así que para combatir las ganas de golpear a Harry, jugueteó con su varita en el bolsillo de su abrigo, hasta que llegaron al apartamento.
Harry iba furioso, mordiéndose los labios y tratando de controlarse, él por lo general no era tan celoso, Draco nunca le había dado motivos para celarlo tampoco, cierto que sabía que era apuesto y que muchos volteaban a mirarlo a donde fuera, pero eso sólo lo hacía sentir orgulloso, no desconfiado, sin embargo esta vez Draco se había largado en medio de una discusión, y lo había encontrado tan cerca de ese otro tipo…
Draco entró al departamento y se metió al baño, se dio una corta ducha, se puso el pijama y se metió a la cama, no le importó que Harry permaneciera de pie, apoyado en el marco de la puerta, observándolo. En ese momento, más que nunca, estuvo seguro que todo eso era un error, de que Harry y él no estaban listos para algo así. Tal vez nunca lo estarían.
Harry esperó pacientemente hasta que Draco apagó las luces, entonces frunció el ceño y se sintió mucho más furioso, dio tres largos pasos hacia la cama y prendió las luces, para luego jalar las mantas que cubrían a Draco, por supuesto que sabía que no estaba dormido, y en cuanto lo hizo, éste se sentó, con los brazos cruzados y una fría mirada. Tan fría que lo hizo recordar a la noche en que llegaron al apartamento y por primera vez él le contó sus planes de venganza. Solo que esta vez él sí estaba en su mira.
—Estoy esperando que digas algo —le dijo Harry a pesar de todo, recordando un poco su valentía.
—¿Qué yo diga algo? —preguntó Draco, ofendido. —El que tiene que decir algo aquí, eres tú, Potter.
—Yo no soy el que estaba en un bar coqueteando esta noche.
—¿Y yo lo soy acaso? —increpó Draco, poniéndose en pie simplemente para estar a la misma altura de Harry.
—Bueno, tenías un tipo sobre ti, dime qué es eso entonces, porque no lo sé.
—Evidentemente no lo sabes —acusó Draco, apartándose de la cama y comenzando a pasearse de un lado al otro —, y es insultante que pidas una explicación, porque en lugar de pensar que estaba coqueteando, pudiste creer que estaba siendo abordado, y que, por supuesto, estaba rechazándolo.
—El tipo tenía una mano en tu espalda, y sonreía, no te vi rechazando nada.
—El que no tenga que andarme liando a golpes con todos, como tú, no significa que no esté rechazándolo.
—Oh, por favor, si el tipo te estaba abordando, tal como tú dices, entonces tal vez deberías agradecerme, en lugar de estar tan enojado —le acusó Harry, con rabia.
—No te agradeceré que llamaras la atención en un bar y que casi hagas que nos den de golpes por una de tus inseguridades.
—¿De mis inseguridades? —bramó Harry, acercándose a Draco, que permaneció quieto y con una mirada retadora.
—Eso dije.
—¿Y cómo quieres que me sienta si es que te encuentro…? —Harry miraba fijamente a Draco a los ojos y negó con la cabeza, sintiéndose estúpido de pronto.
—Esto es un error —suspiró Draco, agachando un poco la cabeza, era ridículo que ellos estuvieran peleando por un tipo del bar cuando tenían tantos problemas encima.
—Lo es —admitió Harry. Draco levantó rápidamente la mirada hacia él, Harry pudo ver cierto temor en sus ojos.
—Lo siento… quiero que esto funcione —dijo Draco un instante después, no esperaba que Harry admitiera que estaba mal que siguieran juntos allí.
—Yo también —Harry asintió y lo jaló de los brazos, antes de apretarlo contra su cuerpo, suspirando profundamente.
—Esto es tan estúpido…. Deberíamos estar preocupándonos de otras cosas, no de…
—Cierto —corroboró Harry, apartándose un poco para verlo a los ojos, ya no había odio ni rabia en ellos, pero el temor seguía allí, y Harry debía admitir que también tenía miedo.
—¿Qué? —preguntó Draco, algo cortado por el escudriño de Harry.
—Te amo —admitió Harry, era la primera vez que le decía eso, antes le había dicho que lo quería, se lo había dicho muchas veces, pero nunca que lo amaba, aunque sabía que era así.
Draco abrió un poco más los ojos y lo miró durante un largo minuto, antes de inclinarse hacia el frente y darle un beso en los labios.
—Yo también…
—Y por eso debemos tratar de hacer que esto funcione… quiero decir que tal vez me pasé en mis reclamos, apurándote cuando sé que te gusta planear las cosas y…
—Bueno, yo tampoco estoy siendo muy paciente últimamente, y no que no me guste que estés aquí, pero algunas veces me siento prisionero y…
—Y como si te faltara el aire y las paredes te ahogaran —completó Harry, Draco asintió, pensando en que no había considerado que Harry tal vez también se sentía así y que por eso parecía tan ansioso, mientras él se ponía de peor humor a cada instante.
—Exacto.
Harry se inclinó y lo besó nuevamente, antes de empujarlo hacia la cama.
—Lamento lo de esta noche, no debí asumir que… bueno, no debí…
—¿Ponerte celoso? —preguntó Draco, mientras se mentía en la cama y jalaba los cobertores.
—Sí, algo así…
—Está bien… supongo que irme solo a tomar a un bar no fue algo muy inteligente… hace mucho que no hacía eso, la verdad.
Harry soltó una risita.
—Yo tampoco lo he hecho desde hace mucho…
Draco se abrazó a Harry y se quedó en silencio un momento, antes de sonreír ampliamente.
—Hey… ¿qué tal si jugamos a algo?
—¿Jugamos? —murmuró Harry, empezando a acariciar su espalda, insinuando qué tipo de jugueteo quería iniciar.
—En serio… no hoy, ¿qué tal mañana?, jugaremos a los extraños.
—¿A los extraños? —preguntó confuso Harry.
Draco le explicó rápidamente su plan: encontrarse en un bar, como si no se conocieran, y que uno de ellos tratara de seducir al otro. Harry primero estuvo reacio a aceptar, aunque recordó lo mucho que lo había seguido por esa discoteca tantos meses atrás y lo interesante que había sido todo, hasta llegar a la primera noche que estuvieron juntos.
Se lanzó sobre él y le dio un profundo beso, antes de aceptar. De allí en adelante, no que las cosas fueran buenas siempre, pero habían funcionado mejor.
—¿Todo bien con Weasley? —le preguntó Draco luego de que terminaron el almuerzo, mientras Harry se encargaba de lavar los platos de la manera muggle. Evitaban a toda costa hacer magia, ya que no querían llamar la atención, y por supuesto no habían ingresado al país por la vía mágica y por lo tanto no habían sido registrados.
—Podrías llamarlo Ron, incluso Blaise lo hace —le reprochó Harry, mientras terminaba de lavar.
—Hay cosas que no se me quitarán nunca —le contestó Draco, poco interesado en llamar a la comadreja por su nombre.
Harry suspiró profundamente y caminó detrás de Draco hasta la sala, que funcionaba como estudio, tomó una de las últimas carpetas en las que habían estado trabajando y se encogió de hombros.
—Hermione está algo enferma, pero después de eso, todo marcha bien, nadie ya pregunta por mí, o por ti… no sé si eso es bueno o malo —comentó, recordando que en un inicio su jefe había estado buscándolo por todos lados, temiendo que algo malo le hubiera ocurrido, incluso Hermione se había procurado de parecer preocupada y algo distraída en el Ministerio por un tiempo, alegando que estaba preocupada por él.
—Oh… supongo que no debe ser nada grave.
—No, espero que no —asintió Harry.
—Blaise llamará en doce horas, tenemos un contacto —explicó Draco, tomando otra de las carpetas.
—¿Un contacto?
—Sí —asintió Draco, el que se guardara aquella información para después del almuerzo no era raro, pues tenían por regla tácita, no hablar de su investigación durante las comidas —, es un ex miembro del GDIS, tiene miedo porque ha decidido abandonar ya que, al parecer, se están pasando de la raya, tuvo que escaparse y esconderse, porque los del GDIS pueden tomar represalias contra él.
—¿Cómo sabemos que no es una trampa?
—Blaise, con ayuda de Morrice y Snetterton, lo ha investigado —explicó Draco —a aceptado tomar verasitum y ha confesado todo, ha dado nombres que ya hemos investigado y un par más que no conocíamos… cuando llame luego me dará más información.
Harry cerró la carpeta que estaba leyendo: el historial de Gunter, habían incluso podido contactar a uno de los protagonistas de uno de sus casos, un tipo con algo de oro que se había metido en problemas de estafa y que había sido dejado en libertad luego de pagar una gran fortuna.
—Tendremos que cerciorarnos.
—Sí, creo que es hora de hacer un viaje más —aceptó Draco.
Durante ese tiempo no habían visto a sus amigos, pese a que habían ido a Inglaterra varias veces, disfrazados y de manera muggle, siempre separados, la idea era recopilar información, hacer averiguaciones y conseguir testigos y gente dispuesta a acusar a los del GDIS; no les decían nunca a sus amigos cuando ni como llegarían para evitarles problemas. Ellos habían aceptado, no sin muchas protestas, aquel trato y sólo se comunicaban con ellos por medio de teléfonos celulares muggles, que compraban con tarjetas prepago irrastreables, muchas de ellas robadas o del mercado negro. De allí que las conversaciones no duraran mucho tiempo y que ellos no tuvieran un número fijo donde ubicarlos. Y aunque sabían que eventualmente necesitarían contactarlos, el no tener un contacto fijo con ellos los hacía sentir algo de alivio.
—¿Entonces jugaremos a los extraños nuevamente? —preguntó Harry, algo insinuante, mientras se acercaba a Draco, que le sonrió de manera cómplice.
°.°
La ciudad de Madron, en Cornwall, estaba tan fría como imaginaba que estaría en esa época del año, se ajustó el abrigo oscuro un poco más mientras avanzaba por la ancha avenida, hasta un pequeño hotel en la esquina. Era la primera vez que lo visitaba y esperaba que fuera mejor que el anterior.
Pese a que el oro no era uno de sus grandes problemas, ambos habían aprendido a mantener un perfil bajo, hospedándose en lugares baratos y viajando en la clase económica.
La habitación que le dieron era pequeña, sin vista a los exteriores, se registró con un nombre falso y pagó en efectivo, dejó la maleta en la cama y se metió a darse un baño de agua caliente. El frío le había entumecido las manos pese a que traía guantes.
Luego de eso se metió en la cama y apagó las luces, tal como siempre le ocurría, el estar apartado de Draco y sin saber si es que le había ido bien o no, no le permitió dormir hasta muy entrada la noche, cuando despertó ya eran más de las nueve de la mañana y la calefacción se había apagado.
Se levantó tiritando de frío y se dio un baño caliente, antes de tomar todo lo necesario para el trabajo que tenía ese día y ponerse en marcha.
Se detuvo en una pequeña cafetería, y se tomó un desayuno veloz, luego de eso tomó un autobús hasta el otro lado de la ciudad.
En la estación tardó solo dos minutos en ubicar a Draco, que usaba un gorro oscuro y un abrigo azul.
Draco le dio una mirada a Harry y soltó el aire lentamente, había pasado la noche en vela, dando vueltas en la pequeña habitación que había conseguido, preocupado por él, aunque se repetía una y otra vez que de haber problemas ya estaría enterado, no podía dejar de extrañarlo y pensar en él.
Estaba sentado en la pequeña cafetería, con dos cafés latte para llevar, tomó uno y se encaminó hacia la salida, no volteó a mirar, pero sabía que Harry había tomado ya el otro vaso de café y lo seguía.
Harry sonrió un poco cuando notó que escrito en el vaso decía: "qué bueno verte", y le dio un sorbo, en tanto seguía a Draco por la avenida llena de nieve.
No había tanta gente en la calle, se cruzaron con algunas personas que ni los tomaron en cuenta, hasta que se apartaron de la ciudad, metiéndose por un camino lleno de nieve y rodeado de árboles sin hojas. Solo entonces Harry alcanzó a Draco y le tocó el brazo, a modo de saludo, sin que ninguno de los dos se detuviera.
—¿Qué tal tu hotel? —le preguntó Draco, mientras consultaba un mapa.
—Horrible, pequeño y frío.
—Te entiendo, el mío era igual. Cuando esto termine, te lo juro, Harry, te llevaré a ese hotel en Génova del que te hablé hace mucho, y nos daremos unas merecidas vacaciones. Odio quedarme en un sitio como ese y… —Draco dudó un instante, pero antes de continuar, Harry habló:
—Yo también te extrañé.
Draco volteó y le dio una mirada, antes de asentir.
—Sí… y también te extrañé —admitió Draco.
—Entonces…
—Entonces Olive Remington —suspiró Draco —, está a unas horas de camino, no podemos usar magia.
—Ya lo suponía —suspiró Harry, ese viaje lo había organizado Draco, tal como tenían costumbre solo uno de ellos conocía la ubicación exacta del lugar a donde iban, era una medida de seguridad que Draco había impuesto, a Harry le parecía excesiva, pero no se quejaba.
El día estaba helado, las primeras nevadas ya habían caído y la nieve cubría el camino, empapándoles las bastas de los pantalones y las botas; avanzaron en silencio, con las manos en los bolsillos, y sosteniendo sus varitas, siempre alertas a cualquier ataque, en el otro bolsillo tenían un traslador, con una sola palabra podrían desaparecer hacia un lugar seguro en Surrey, donde ya tenían organizado todo para abandonar el país en solo minutos.
No fue hasta efectivamente, un par de horas, que llegaron a un pequeño poblado de unas cincuenta casas pequeñas, todas muy parecidas, rusticas y con jardines en las entradas.
—Es muy tonto, si me preguntas, querer mantenerse en anonimato en un sitio así —comentó Draco, mientras consultaba una vez más el mapa, antes de señalar a una casa de paredes color melón, en el extremo de aquel pequeño poblado.
—Tal vez es temporal, él sabe que vendremos, quizá planeaba esconderse luego en otro sitio más… —Harry se encogió de hombros —aunque Blaise le dijo que lo podíamos esconder, así que tal vez está esperando nuestra ayuda.
—Más le vale tener información relevante, sino le patearé el culo por andar haciéndonos perder el tiempo —criticó Draco.
Harry sonrió un poco y luego le acarició con una mano la espalda, muy lentamente, sintiéndolo relajarse bajo su toque. Tantos meses juntos conviviendo, les había hecho conocerse a la perfección, Draco siempre escondía el sentirse temeroso y preocupado bajo una capa de hostilidad. Hostilidad que, aunque a Harry le había costado trabajo aprender a reconocer y a derribar, ahora manejaba a la perfección. Por un momento se dejó llevar por los recuerdos, tantos meses atrás, cuando pensó que había perdido a Draco definitivamente...
Después de que Draco le dijera que no lo quería realmente, había vuelto a su habitación, por alguna extraña razón, había sentido la necesidad de darse un baño, con agua muy caliente, tan caliente que hasta le hiciera arder la piel. Evitó en todo momento pensar en Draco, la mitad de él decía que debía creerle y simplemente olvidarlo, después de todo tenía otras cosas en las cuales pensar, pero la otra mitad le decía que Draco estaba mintiendo, como al parecer acostumbraba hacer, y que debía ir por él y aclararle las cosas nuevamente.
Y Harry estaba casi seguro que lo último era lo cierto. Que Draco, como tenía por costumbre, solo quería protegerlo alejándolo de él, sin embargo Harry se sentía cansado de correr tras él todo el tiempo. Había sido así desde el inicio, incluso desde que se encontraron en esa discoteca, cuando él dio el primer paso, o cuando lo obligó a salir con él y reconocer que aquello era más que solo follar… Cuando le había dicho que quería algo más serio con él, que quería que todos estuvieran al tanto de su relación. ¡Por Merlín!, si había sido él quien le creyó y lo sacó de ese sitio… quien le dijo que lo quería, y Draco nunca había puesto de su parte. Harry sabía, estaba seguro, que Draco sentía cosas por él, y que si presionaba de la manera adecuada, conseguiría estar a su lado, irse con él, pero esta vez se sentía incapaz de dar ese primer paso también.
Y era tonto e infantil, pero deseaba que fuera Draco quien se diera cuenta, quien admitiera que quería tenerlo a su lado.
Cuando salió del baño, Hermione y Ron ya estaban allí, ambos parecían enojados.
—Supongo que no se pelearon con él, ¿verdad? —preguntó, mientras sacaba la ropa que se pondría, para cambiarse en el baño.
—No vale la pena pelearse con él —negó Hermione.
Ron bufó y Harry arqueó una ceja, a medio camino del baño.
—No nos hemos peleado con él —aclaró Ron.
—Bien.
Cuando Harry salió del baño, ya completamente vestido, sus amigos seguían con caras de enfado, así que dejando de lado sus problemas y recordando qué día era aquel, sonrió y trató de animarlos.
—Es solo que Malfoy es tan egoísta, después de todo lo que has hecho… —protestó Hermione, cuando los intentos de Harry por alegrarlos, fallaron.
—No es egoísta —refutó Harry —, simplemente tiene una manera diferente de pensar… Y bueno, tal vez necesita un tiempo solo para aclarar las cosas y calmarse, no está en una buena situación ahora mismo.
—Ya, ¿y qué hay de ti? —preguntó Ron.
—¿De mí?
—Sabes a lo que se refiere, Harry —aclaró Hermione —, los del GDIS empezarán a buscarte, fuiste participe de una fuga en sus oficinas… no se quedarán tranquilos.
—Yo también me iré por un tiempo, le daré a Draco el tiempo que requiera para hallar la solución y cuando eso pase…
—Si es que pasa —interrumpió Hermione —, bien podría irse y no volver, después de todo no tiene porqué hacerlo.
—No se quedará de brazos cruzados, no dejará que los del GDIS lo inculpen, y menos se esconderá sin poder volver a casa, se toma eso del honor de la familia y el apellido muy en serio.
—Dudo mucho que así sea —negó Ron —, sabe que te metiste en problemas por ayudarlo, y aún así te da una patada en el cu…
—¡Ron! —interrumpió Hermione.
—Ya, bueno, me entiendes, ¿no?
—No quiero hablar de eso —negó Harry —, ya está a salvo, y Zabini está con él, encontrarán la forma de arreglar todo esto, mientras yo puedo irme… España siempre ha sido un lugar al cual quiero ir, así que tal vez pueda ser el momento, por ahora los del GDIS no me pueden detener legalmente, porque tendrían que admitir que tenían a Draco preso, y no les será fácil capturarme y evitar que se sepa…
—Deberías irte ahora mismo —suspiró Hermione.
—No, hoy no, hoy es su boda y prometí estar allí, y lo he de cumplir —Harry se puso en pie y la tomó de la mano, para pedirle que se marcharan —, ahora si me hacen el favor, no mencionen más esto.
Hermione y Ron se dieron una mirada y asintieron, seguramente sabiendo que no conseguirían convencerlo de irse en ese momento.
Se aparecieron a unas cuantas millas de allí, en medio de un bosque, cerca de un claro, rodeado de árboles inmensos, cargados de flores y frutos. Avanzaron unos cuantos metros más hasta que divisaron todo el trabajo que se estaba realizando.
No bien llegaron, la señora Weasley y la señora Granger los regañaron por haber estado tan ausentes y los pusieron a ayudar con los encantamientos y la organización.
Al menos aquello le sirvió a Harry para dejar de pensar en Draco, mientras iba hechizando las sillas de manera distraída para que luego de la ceremonia se movieran y acomodaran en las mesas que aún no había terminado de hechizar, cuando vio a Hermione atravesar todo el lugar corriendo.
—¿Hey, pasó algo? —le preguntó, tratando de alcanzarla.
—Nada, nada, sigue con… con eso que estás haciendo —le contestó ella, casi sin mirarlo y agitando una mano.
—Pero… —pero Hermione ya se había apartado del campo de protección, por un instante pensó en seguirla, aunque luego recapacitó, tal vez se trataba de algún tema femenino o algo por el estilo y sería grosero interrumpir.
Ella volvió al cabo de unos minutos, parecía algo contrariada, pero tampoco le dio ninguna explicación. No fue sino hasta después del copioso almuerzo que la señora Weasley les hizo tomar en medio del claro, que ella se puso en pie para irse, según informó, a prepararse para la boda, antes de marcharse le dio una mirada penetrante y luego lo abrazó con fuerza.
—Hey… ¿Qué pasa? —preguntó Harry, dándole miradas de auxilio a Ron, que rehuyó su mirada.
—Nada… te veré más tarde —dijo, apartándose de él y luego dándole un beso a Ron en la mejilla —A ti también.
—A la media noche en el altar —aseguró Ron, sus mejillas empezaban a estar rojas.
—Exacto —asintió ella, antes de ir en busca de su madre y Ginny y desaparecer.
—¿Y qué haremos ahora? —preguntó Harry, pensando en ir al hotel por unas horas a descansar, ya que todo estaba casi listo y lo que faltaba no lo podían preparar hasta la noche, aún quedaban muchas horas para eso.
—Yo me iré con Fred y George y tú debes volver al hotel, nos veremos a las once aquí.
—Ah… —Harry inclinó un poco el rostro —¿Seguro que no necesitas ayuda?
—No, no te preocupes, debes descansar —le animó Ron.
—¿Seguro que está todo bien? —preguntó, lo cierto era que, pese a saber que debía descansar, no se le apetecía estar solo en su habitación.
—Claro que sí… —Ron sonrió un poco, aunque Harry estaba seguro que no era sincero.
—Anda, Ron…
—En serio, ve a tu hotel y te veo a las once.
Harry dudó un instante más, pero entonces Fred y George se acercaron a ellos, bromeando acerca de cómo harían desaparecer a Ron antes de la ceremonia, para luego llevárselo, con una sonrisa resignada.
Harry, sabiendo que efectivamente, no había nada más que hacer, se encaminó hacia el claro del bosque y luego se apareció en su habitación.
Lo primero que le sorprendió fue ver las cortinas cerradas, creando un ambiente oscuro, lo siguiente fue encontrar a Draco sentado en uno de los sillones, se había cambiado de ropa, ya no usaba el pijama de la mañana y parecía algo ansioso, mientras apagaba un cigarro contra el cenicero.
—¿Draco? —preguntó tontamente.
—Hola…
—No quiero ser quisquilloso, pero realmente debes dejar de fumar… no es agradable —comentó, sólo por decir algo, mientras se sentaba en uno de los sillones delante de Draco.
—Lo siento, yo… —Draco apartó el cenicero y suspiró —lo he dejado, ese fue el último, lo prometo.
—No tienes que prometerme nada —aclaró Harry, negando con la cabeza —, es más, lo siento, no debería decirte qué hacer y qué no hacer.
—Eso es cierto —asintió Draco.
Por un instante ambos se quedaron en silencio, mirando hacia cualquier lado que no sea sus rostros, hasta que Harry se aclaró la garganta, demasiado impaciente ya.
—Entonces…
—Lo lamento —soltó Draco, inclinándose hacia el frente, la mirada de Harry se detuvo en él y Draco sintió que se sentía más nervioso de lo que se había sentido en mucho tiempo —, lo de esta mañana, el haberte dicho que no te quería y también no haber buscado la forma de ser honesto contigo sobre todo esto…
—No importa, era claro que no tenías opción —interrumpió Harry, obviando por ahora lo que Draco le había dicho sobre que no lo quería.
Draco suspiró lentamente y luego asintió.
—Harry, sí te quiero —dijo con calma —, mucho en realidad, tanto que me da miedo el lastimarte de alguna manera, directa o indirectamente. Sé que ya es tarde para evitar el meterte en problemas, que ya estás hasta el cuello con los del GDIS por mi culpa y…
—No importa, si hubiera resultado que eras realmente culpable de todo eso, yo te hubiera entregado a ellos de vuelta —aclaró Harry.
—Seguramente lo hubieras hecho —aceptó Draco, aunque no lo creía realmente, y le daba gusto no tener que averiguarlo —. Escucha, yo no soy alguien muy fácil de sobrellevar, sé que antes ya hemos tenido nuestros problemas y que anoche…
—¿Sí?
—Cuando hace tiempo dijiste que querías que fuera contigo a la boda, que querías que estuviéramos juntos y dejar de escondernos… yo también quería eso, Harry, en serio que sí, siempre me sentí culpable por dejarme llevar y enamorarme de ti pese a tener tantos problemas, porque sabía que era muy probable que al final te metiera en un lío, y mira, ahora estás en problemas por mi culpa y… —Draco levantó una mano y le pidió a Harry que lo dejara continuar —, y sí, dirás que nadie te dijo que lo hicieras y que fue tu decisión, y lo agradezco, realmente lo hago, pero eso no quita que estés en la mira de los del GDIS también. Por cierto, me debes una, no me aclaraste cómo era que te habías colado en las oficinas del GDIS, por un momento pensé que todos habían perdido la cabeza y se habían dejado ver —le reprochó Draco.
Harry enrojeció un poco y apartó la mirada.
—Supuse que era algo que te contaría luego… no esperé que esta mañana… —Harry se encogió de hombros, no quería recordar cuando en la mañana Draco le había dicho que no lo quería —No quise que te preocuparas, no pensé que lo hicieras.
—No soy tan egoísta como para no preocuparme por ellos, pero…
—Pero tienes muchas más cosas en la cabeza que solo preocuparte por todos nosotros…
—No —Draco negó con la cabeza —, solo que tardé en procesar todo aquello, cuando me di cuenta que era probable que todos estuvieran en problemas, estuve espantado por ustedes y sí, estaba pensando seriamente que algo debía hacer para protegerlos.
—Mi idea no era que nos protegieras, solo que no nos dejaras fuera —aclaró Harry.
—Sí, bueno, no soy muy bueno trabajando en grupos.
—Ya lo sé —aceptó Harry.
Luego de un instante más de silencio, Draco suspiró lentamente y se puso en pie, caminando hasta sentarse junto a Harry para tenerlo más cerca, debía decirle lo que había venido a decirle y luego ya descubriría si es que verdaderamente era o no bueno trabajando en grupos, o con alguien más.
—Cuando pensaba en nosotros, siempre quería dejar de vernos a escondidas, dejar de temer que los del GDIS nos vieran, incluso deseaba que todo terminara para podértelo contar, para dejar de ocultarte cosas… Nunca pensé que esto era un juego, por lo menos no cuando empezamos a salir más seriamente y… Y quería que tuvieras eso en claro…
—Lo tengo en claro —respondió rápidamente Harry, con el corazón latiéndole con más fuerza por la cercanía de Draco.
—Qué bueno —Draco sonrió un poco y luego se acercó un poco más a Harry, tomándolo de la mano —. Y ahora henos aquí, tengo que salir del país mañana en la tarde, y sé que tú también deberás hacerlo… no podrás quedarte aquí porque estás en problemas, y bueno… esto no es una declaración muy romántica que digamos, pero… —Draco se mordió el labio y miró a Harry a los ojos, que permanecía quieto, esperando —, seguramente pelearemos, y algunas veces nos arrepentiremos de esto, pero también habrán momentos buenos, seguramente…
—Draco… ¿qué es exactamente lo que estás pidiendo? —preguntó Harry, entrando un poco en pánico.
—Sé lo que es estar alejado de la gente que uno quiere —continuó Draco —, me pasó con mis padres, y siempre lamenté no estar a su lado, pero esa fue la decisión que ellos tomaron, yo no tuve opción; esta vez, en cambio, tengo la oportunidad de elegir, y no quiero alejarme de ti. Tengo un plan de escape, para dos personas, y quiero que vengas conmigo —declaró finalmente Draco.
Harry soltó el aire lentamente, por un momento pensó que Draco hablaba de otra cosa, y se sentía aliviado de haberse equivocado.
—Ah… Bueno, Draco… no sé, no es que quiera ir contigo sólo porque te sientes culpable porque ahora yo también estoy en problemas y eso…
—No, no se trata de eso —negó Draco, exasperándose un poco —, se trata de mantener a las personas que quiero a mi lado cuando puedo hacerlo y tú… —pero fue interrumpido por un beso ansioso y húmedo, tardó un instante en reaccionar, antes de jalar a Harry un poco más y apretarlo contra su cuerpo, mientras continuaban besándose.
—Contigo, Draco, me voy al fin del mundo, no me interesa si estoy o no en peligro, así no tuviera a los del GDIS encima, me iría contigo —afirmó Harry, antes de volver a besarlo.
Cuando se apartaron, Draco sonreía ampliamente.
—No iremos precisamente al fin del mundo, pero gracias.
—¿Y eso? —preguntó Harry, acariciando la cabellera rubia y suave.
—Por confiar en mí… por quererme.
Harry no respondió, le dio otro beso más, empujándolo hacia el sillón, para sentarse a horcajadas sobre él.
—Por cierto… tendrás que ir conmigo a la boda de todas formas, ahora que estás aquí no te apartaré de mi lado ni un momento —le advirtió, entre besos.
—No… no planeo apartarme de ti, incluso ya hasta tengo una túnica de gala —apuntó Draco hacia el otro lado de la habitación, junto a la túnica de gala que Harry usaría esa noche, había otra, de color oscura, colgada.
—Genial… —respondió Harry antes de volver a besarlo.
Harry volvió al claro del bosque pasada las once de la noche, pues pese a tener toda la tarde y parte de la noche, Draco y él se habían entretenido demasiado, iba acompañado de Draco por supuesto, usando unos cuantos hechizos de encubrimiento, con el cabello oscuro y completamente irreconocible.
Todos al parecer ya estaban al tanto de que Harry llevaría una pareja, y habían evitado, por su seguridad mencionar que en realidad aquel chico con el que Harry bailó gran parte de la noche, era Draco Malfoy...
—Vamos —señaló Draco, un poco más calmado por la presencia de Harry.
Ambos avanzaron, sin dejar de mirar alrededor, por la vereda húmeda, hasta la entrada de la casa, no había hechizos de bloqueo ni nada que les impidiera empujar la puerta. Cuando entraron, la casa parecía estar deshabitada, una capa de polvo cubría los muebles y el piso.
—¿Y si ya no está aquí? —preguntó Draco, con la varita en alto, sus ojos ya se habían acostumbrado a la oscuridad y no fue necesario siquiera buscar los interruptores de luz.
—No lo creo… —meditó Harry, pasando un dedo sobre una de las mesas —esta cantidad de polvo no se consigue con sólo una semana de ausencia, menos en invierno… la nieve no permite que haya tanto polvo volando por el ambiente.
—¿Entonces…? —Draco miró hacia las escaleras, que llevaban al segundo piso, la madera parecía podrida y le daba mala espina intentar subirlas.
—Mejor por aquí —propuso Harry, señalando hacia lo que probablemente era la cocina.
Draco lo siguió, sin dejar de mirar alrededor, hasta la pequeña estancia que era la cocina, llena de polvo también, con las cortinas cerradas e incluso un par de platos sucios en el lavadero.
—Estas casas tienen un sótano —comentó Harry, mientras señalaba una puerta pequeña, por la que solo se podía pasar agachados.
—Oh, qué genial, me encantan los sótanos —suspiró Draco, empujando un poco la puerta, esta chirrió un poco cuando la abrió, dejando ver una larga escalera que se perdía en la oscuridad.
—Linternas —sugirió Harry, sacando un par de linternas de su morral, encendiéndolas y pasándole una a Draco, que sonrió en agradecimiento.
Ambos se dieron una mirada de entendimiento y pasaron la puerta, no bien lo hicieron, pudieron percibir algunos hechizos alrededor.
—Así que sí sabe ocultarse —murmuró Draco, bajando lentamente, detrás de él iba Harry, iluminando el camino, y creando con ello sombras a los lados del angosto pasaje.
Al final encontraron una puerta más, está vez de metal y sin rastros de polvo, no parecía tener ninguna manivela ni pomo para abrir.
—Mmm… —Harry le entregó la linterna a Draco y puso ambas manos a la altura de la puerta, percibiendo los hechizos, en eso era mejor que Draco —, hechizo de seguridad, bloqueo para enemigos… —comentó, conforme iba encontrando hechizos.
—¿Y cómo pasaremos? No creo que llamar a la puerta simplemente sea la solución —protestó Draco.
—Aunque no lo creas, tal vez lo sea —corrigió Harry, tocando con los nudillos un par de veces la puerta, esto no provocó siquiera un ruido.
—Tal vez haya un timbre —se burló Draco, pero Harry no contestó, pues en ese instante una nube de color violeta emergió de la puerta y los rodeó.
—Tranquilo, reconoce nuestras magias y nuestras intenciones —le dijo Harry, cerrando los ojos y tratando de parecer calmado.
—¿Estás seguro? —preguntó Draco —, porque precisamente ahora estoy pensando en patearle el trasero por esto.
Harry soltó una risita y se contuvo de tocar a Draco, en tanto la densa nube desaparecía, junto con la gran puerta.
—Vaya… —exclamó Draco, al notar que efectivamente el hechizo había funcionado tal como había dicho Harry.
—¿Quiénes son? —preguntó en ese instante un hombre, tenía la varita en alto y usaba ropa muggle, un largo abrigo verde botella y una gorra con orejeras, tenía una expresión temerosa y por las bolsas bajo sus ojos, se podía adivinar que no había dormido bien en mucho tiempo.
—Potter y Malfoy —respondió Harry, poniendo una mano en el brazo de Draco para evitar que cruzara la entrada, tal como pretendía, pues intuía que primero debían tener la aprobación, de lo contrario serían expulsados, aunque no sabía exactamente a qué parte.
—Oh… ¿los mandó ese chico? —preguntó el hombre con voz ronca.
—Sí… —Draco inclinó un poco el rostro, resignado a obedecer a Harry y no avanzar —Förtroende*.
—Förtroende—respondió el hombre, aquella era la palabra que habían acordado usar para reconocerse y que además iniciaba un juramento de lealtad de ambos lados.
La fuerza de la magia de aquella palabra los rodeó un instante, dejando una estela celeste entre ellos, antes de que desapareciera. Era cierto, tanto él como Harry y Draco habían jurado confiar el uno en el otro. Para Harry y Draco no era la primera vez que hacían dicho hechizos, en cambio Olive pareció algo sorprendido por un instante.
—Bien… —suspiró Harry, un poco más aliviado, al menos estaban en el lugar correcto.
—Pasen —dijo entonces Olive Remington, moviendo un poco su varita, el último hechizo de seguridad cayó y al fin pudieron pasar.
El lugar no era más que una sala circular, en un lado se podía ver una cama, con las mantas revueltas y junto a ella una mesa pequeña con un par de fotografías en movimiento. Al otro lado, junto a una puerta que intuían era el baño, un gran armario y en el centro unas cuatro sillas y un mesa redonda y vieja, con un cenicero, algunos cigarros y una gran cantidad de papeles.
—No puedo creer que seas el que se escapó en las narices de Edgar Skatha —comentó Olive, sentándose en una de las sillas y tomando un cigarro, ofreció el paquete a Draco y Harry, pero ambos negaron, tomando asiento también.
—Bueno, tuve ayuda —aceptó Draco, mientras observaba la puerta de metal aparecer nuevamente, los hechizos habían sido renovados.
—Eso veo… esos días el jefe estaba intratable, tenía demasiados problemas encima y fuiste la cereza en el pastel.
Draco sonrió un poco más ampliamente, durante el tiempo que llevaban escondidos habían escuchado algunas cosas sobre Edgar Skatha y algunos más del GDIS, y se regocijaba cuando las cosas no les iban bien.
—Entonces… —apuró Harry, que planeaba regresar lo más pronto posible con Draco a Suecia, mientras sacaba un block y unas cuantas carpetas del morral.
—Información —suspiró Olive, volviendo a lucir algo pálido.
—Ya sabes, necesitamos información para poder sacarte de aquí.
—Cierto… el chico ese dijo… dijo que… —Olive parecía dudar bastante, y Draco temía que fuera porque estaban en medio de una trampa, lo que lo hizo mirar alrededor con más seriedad aún.
—Hey, tranquilo —dijo entonces Harry, poniendo una mano sobre el brazo de Olive, para calmarlo, obvió el ceño fruncido de Draco —, no pasa nada, tenemos tiempo para que nos digas todo lo que quieras decirnos, no te estamos apurando.
—Lo siento —Olive apretó la mano de Harry un instante, antes de asentir —, tengo esposa, y una hija, ella tiene cinco años… están ahora en América, hace varios meses, presintiendo lo que pasaría, que las envíe, no sé de ellas en semanas y… no quiero arriesgarme a intentar contactarlas por miedo a dejar alguna huella.
—Entendible —asintió Harry —, pero no podemos prometerte que las contactaremos, no inmediatamente al menos, porque sabes que es peligroso, Draco y yo estamos en problemas y hemos tomado muchos riesgos para llegar hasta aquí hoy, sin embargo debes creer que están bien, los del GDIS no les harían nada sin encontrar la forma de hacértelo saber… Ya sabes, si no hay noticias, es porque todo va bien.
Draco entrecerró los ojos, aquella era una de sus frases, una que Harry usaba regularmente cuando hablaban con algunos testigos, victimas, y en este caso, soplones.
—Lo sé —asintió el chico, apagando el cigarro en el cenicero —. De acuerdo —dijo con más firmeza —, información, ustedes quieren información.
—Así es —continuó Draco, tomando la primera carpeta del grupo y poniéndola delante de él —, queremos saber qué es lo que hace cada uno de los integrantes del GDIS…
El interrogatorio duró más de seis horas, efectivamente Olive Remington tenía mucha más información de la que ellos habían esperado, y estaba dispuesto a declarar delante de quien hiciera falta, con tal que con ello asegurara la seguridad de su esposa y su pequeña hija.
Había formado parte del GDIS por cinco años, había sido reclutado del Ministerio, donde trabajaba en la sección de hechizos de memoria para los muggles, donde siempre había sobresalido por sus capacidades. En un inicio le atrajo la idea de una organización secreta capaz de proteger a la comunidad mágica desde las sombras, un buen sueldo y muchas más comodidades, sin embargo, conforme el tiempo fue pasando, se dio cuenta que las cosas no eran tan perfectas como él había esperado.
La primera vez que descubrió algo que no le gustó fue cuando sospechó que Yeray Vernier se había aprovechado de una chica con la promesa de no acusar a su padre por conspirar en contra del Ministerio. Nunca tuvo pruebas sobre ello, salvo lo que entrevió en las entrevistas a la chica y el resultado final, pero desde entonces estuvo más al pendiente.
El detonante había ocurrido cerca de seis meses atrás, cuando todos estaban abocados a buscar a Harry y Draco, a seguir a sus amigos y tratar de dar con su paradero, sabía que había alguien fuera de la organización presionando a Skatha para ello, no le fue difícil deducir que seguramente había una buena cantidad de oro metido en eso. Y el comprobar esa teoría fue lo que lo metió en todo ese lío.
Había ocurrido sin querer, por supuesto, él no debía estar allí, pero tenía planeado pedir unas vacaciones, pues su mujer, americana de nacimiento, quería hacer un viaje para visitar a su familia. Los escuchó en uno de los corredores: a Edgar Skatha discutiendo con un hombre encapuchado y de acento francés. Claramente entendió que él hombre le increpaba al jefe que había puesto demasiado oro y que además había decidido sacrificar gran parte de su organización para que pudieran hundir a Draco en la miseria, para que lo encontraran culpable y lo mandaran a Azkaban de por vida, y que tras tanto tiempo era claro que eran unos inútiles que no podrían conseguirlo.
Intentó salir de allí lo más rápido posible, pero fue Lefort, otro miembro del GDIS, quien lo vio, le dio una sonrisa retorcida y entonces supo que estaba en grandes problemas, pese a que el hombre no le dijo nada de principio. Pero él ya los conocía, ya sabía la clase de gente que era y temía lo peor. No volvió a su casa, consiguió contactar con su mujer y le dijo que se fuera a prisas a América, no donde sus padres, sino a otro sitio, a cualquier otro sitio, y que no volviera a menos que él se lo dijera. Ella estaba al tanto de todo lo que pasaba con su esposo en el trabajo, así que prestamente obedeció. Pasaron un par de días y Olive no sabía qué hacer ni a qué atenerse, hasta que se decidió y fue a hablar con Edgar Skatha y a presentar su renuncia.
—Quien entra en el GDIS nunca sale del GDIS —fue su parca respuesta, un instante después era obligado a salir de la oficina para seguir con la tarea de buscar a Draco y a Harry. Al anochecer, cuando llegó al hotel en el que se estaba quedando por no querer acercarse a su hogar, y desde donde planeaba escapar, Lefort apareció, indicándole que había hablado con Skatha y que obviamente era muy peligroso que anduviera suelto por allí. Venía a detenerlo y Olive luchó con él con todas sus armas, hasta que lo pudo derrotar y escapar.
Relató además la forma en que los del GDIS estaban trabajando, como poco a poco sus procedimientos se estaban volviendo cada vez más agresivos y arbitrarios, y sobre todo como Skatha conseguía convencer a algunos magos influyentes, bajo chantaje, para que les haga determinados favores. El que hubiera aceptado oro de parte de ese francés que no conocía, para hundir a Draco Malfoy no era algo que no estuviera acostumbrado a hacer, pues podía dar un par de ejemplos más.
Harry y Draco sabían que no podían prometerle que la justicia no se ensañara con él al momento de revelar todo, pero era obvio que durante mucho tiempo no tuvo más opción que acatar las órdenes para no verse en problemas y esperaban que eso fuera suficiente para ayudarlo a salir bien librado.
Era ya más de media noche cuando Olive, usando uno de los trasladores que Harry cargaba, se aparecía en medio de un bosque en York, allí mismo podría encontrar otro multitraslador, que lo llevaría por al menos trece lugares más, antes de dejarlo en el baño del aeropuerto de Glasgow Prestwick, en Escocia, donde hallaría un boleto, una maleta y la documentación falsa para tomar un vuelo rumbo a Mmabatho, en Sudáfrica, donde se escondería, (ellos también le habían dejado las indicaciones para eso) hasta que ellos lo contactaran, cuando todo el alboroto empezara.
Dos días después Harry volvía hacia Suecia, Draco había ido por delante y seguramente ya estaba en el apartamento, esperándolo.
Cuando llegó, percibió el aroma de una pizza caliente, en la mesa había además una botella de vino y un par de copas, pero lo que más le gustó fue ver la sonrisa de Draco, acompañada del suspiro temeroso que ambos soltaban cuando por fin se encontraban luego de una de esas investigaciones, cuando se cercioraban de que todo estaba bien, que ellos seguían bien.
Luego de un largo beso, Draco miró a los ojos a Harry, sonriendo ampliamente.
—Está todo, Harry —declaró, tomándolo de la mano —, en dos días más, tú y yo regresaremos a Inglaterra, juntos, y entonces los del GDIS comenzaran a caer.
Harry sonrió ampliamente, no quería pensar en la batalla legal que les esperaba por delante, solo descansar y disfrutar del final de aquella etapa, sentir alivio porque al fin habían conseguido todo lo que requerían y ahora volverían por su venganza. Y no solo la de Draco, sino también la de él, porque Draco era parte de él y cualquier daño que le hubieran hecho, o que le pudieran provocar, era como causárselo a él mismo.
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N/A
*Förtroende: Confianza en sueco.
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