(Fin edición 07/08/2011)

¡Gracias a todos los que leen y comentan!


3―

―Mamá me ha dicho que mañana vendrán los encargados del Lacicure―le comentó Ginny mientras ambas se encontraban disfrutando de la cálida brisa del atardecer.

―¡Eso es fantástico!― exclamó Hermione, realmente le venía muy bien que vinieran magos expertos en aquel arte.

―Pero ¿no es peligroso?,con todo lo que está pasando… ¿no creen que sería demasiado arriesgado traer a gente ajena a la orden?― le preguntó a la pelirroja tras meditar la noticia nuevamente.

―Claro que lo es, pero estas personas son― dudó― digamos que colaboradores muy allegados, además mi madre los conoce hace bastante.

―¿Y entonces porque no se han unido a la orden?― preguntó Hermione con suspicacia.

―¡Ay!, no sé Hermione, pero supongo que por algo se les permite venir…

―Lo siento.

―Bueno, mi mamá ha demostrado tener muy buenos contactos, eso de que vengan aquí es muy exclusivo en verdad y por lo que he escuchado, le van a dar un toque muy lindo a la boda.

―¿Qué es eso de Lacicure?― preguntó una voz demasiado conocida a sus espaldas. Ginny rodó los ojos y se desapareció inmediatamente.

―Son grupos de magos expertos en el arte de pociones― explicó Hermione, aliviada al darse cuenta de que Ron le volvía a hablar con tono de son de paz.

Pero no caería tan fácil esta vez. No.

―¿Arte?― volvió a preguntar él, desconcertado. ―¿cómo va a ver alguien capaz de considerar eso un arte?― murmuró y Hermione tuvo que poner todo su empeño en no reírse.

―Bueno, para que sepas― dijo con tono altanero. –hay muchos magos que se dedican a profundizar sus conocimientos en esa área. ―Y… es realmente un arte, hay tantas cosas detrás e incluso se considera algo muy bello si se sabe apreciar…

―¿A ti te gusta?― le preguntó Ron de improvisto y Hermione no entendió porque sintió que su cara aumentaba de temperatura.

―¿Gustarme?― farfulló. –Bueno… sí, sobre todo ahora que he estado trabajando bastante en ello, me he dado cuenta que es algo muy interesante…

―Entonces será algo interesante lo de mañana― concluyó Ron con un gesto pensativo.

―Eh, sí, supongo― No entendía mucho el sentido de esa conversación. Se dispuso a volver a entrar a la casa, pero Ron la retuvo por la espalda. Se estremeció cuando sintió su aliento acariciar su oído.

―Hermione― murmuró con voz grave. ―¿De verdad crees que no me conoces?

―¿Ron…?

―¡Yo sé que te conozco!― exclamó Ron alejándose un poco para no tentar a su suerte, pero sin soltarla.

Pero fue ella, sin quererlo (pero no podía tentar a su suerte tampoco) la que se soltó del agarre y se volvió a él. No pudo evitar devolverle la sonrisa.

―¡Eres un tonto!― le dijo y le dio un cariñoso golpe en uno de sus brazos –Y se supone que no tienes que andar escuchando conversaciones ajenas― lo reprendió.

―Lo siento, es que no puedo evitarlo cuando se trata de ti― murmuró Ron mientras se adelantaba a ella y entraba a la casa.

Hermione, boquiabierta lo siguió . —¿Qué es lo que significa exactamente eso Ronald?

―¡Era una broma! ¡era una broma!

―¡No!― chilló Hermione ―¡Claro que no!, ¡¿Has estado espiando acaso?

Le aterraba un poco la idea de que Ron se haya detenido en más de una ocasión a escuchar las conversaciones que ella había sostenido con Ginny, porque estas eran un tanto reveladoras en cierto sentido.

―¡No! ¡¿Cómo se te ocurre?

―No se me ocurre, es algo que se puede extraer de tu comentario― aseveró echando chispas. ―¿y qué?, ¿te importa al final acaso lo que yo…?

―¿Por qué eres tan…?

―¡¿Tan qué?

Ron se encogió de hombros, levemente ruborizado.

―Estoy harta de esto, Ron.

―¡Tan maravillosa!― se acercó a ella de improviso, inclinó su rostro y la besó fugazmente en la mejilla. Entró a la casa satisfecho dejando a Hermione con la boca abierta totalmente desconcertada y ruborizada. Porque eso él jamás lo había hecho, y mil mariposas volaron a su alrededor.

Ron la observó por el rabillo de la ventana. Ella todavía seguía de pie en el mismo lugar. Se le coloraron las orejas al reparar en que se había saltado todas las reglas que habían entre ellos, esas que nunca se habían encargado de formular, pero que ambos tenían plena consciencia de su existencia. Era algo casi innato, habían estado presentes desde que se habían conocido prácticamente, y además estas invisibles reglas eran las que dictaban silenciosamente sobre como lidiaban, se peleaban, se soportaban y se enamorabanRonald Weasley y Hermione Granger en tiempo record y todo al mismo tiempo.

Y Ron había quebrado una de las más importantes, saltándose los pasos que se debía seguir cuando ambos discutían. Pero es que tenía que decírselo, que ella era maravillosay tenía que darle a entender que el no quería quedarse atráscon el gesto.

Bueno, el famoso libro que le habían regalado sus hermanos de alguna forma también le estaba aportando valiosa información. –sorprende a tu bruja―recordó.

Sonrió para sí con tanto optimismo que pensó incluso en ponerse manos a la obra y leerse un par de capítulos más. Sería algo muy interesante, pero claro, una vez que llegó a su habitación se tiró a la cama y no supo más del mundo hasta el día siguiente.

―Mira, mira ese que está allá Ron, ¡al otro lado!, ¿no te llama la atención la manera en como burbujea?

Ron asintió en silencio mientras observaba el pequeño caldero que Hermione señalaba tan entusiasmada. El líquido que contenía tenía un extraño color plateado y emanaba vapor verde del cual salían remolinos y algo parecido a bolas que ascendían y destellaban en forma de estrella.

―Es levitaserum― dijo Hermione mientras pasaba su mano por sobre el caldero con un aire de escepticismo.

–Puede presentar diferentes tonos de verde dependiendo de la calidad del extracto de hojas del que se obtenga― disertó una anciana bruja que supervisaba la poción y los miraba sonriente, pero con un poco desconcierto a Hermione. De seguro que no era una poción muy fácil de reconocer.

―Pero el tono también depende del grado de magia que le quiera dar el que la prepara― comentó Hermione continuando con el movimiento de su mano por sobre el objeto. La bruja alzó un poco las cejas.

―Pero, ¿qué significa eso del grado?― preguntó Ron, medio aburrido y medio interesado.

―Verás― comenzó a explicar Hermione. –varias pociones tienen diferentes grados con el cual actúan, esta por ejemplo, levitaserum,provoca que, como ya has podido dilucidar del nombre, que los objetos leviten…― Ron se sonrojó: ni se le había pasado por la cabeza aquella relación. ―…y los diferentes grados provocan que puedan mantenerse en aquel estado por mucho tiempo o por muy poco, o también la distancia del suelo a la que lo hagan.

La bruja ahora no podía ocultar su desconcierto.

―Lo que pasa es que ella es la mejor estudiante de Hogwarts― explicó Ron intuyendo que era un poco extraño para la mujer que una chica de su edad hablara tan explayadamente sobre el tema.

La bruja le sonrió admirada.

―Ron, no te molestes…― murmuró Hermione un poco avergonzada, pero complacida.

―¿Qué tiene?, es la pura verdad no más― dijo Ron cuando ya se alejaban del lugar y se acercaban a otro –Además, apuesto a que sabías más que ella.

―¿Y ese tono de sorpresa?― inquirió Hermione, sonriente.

―Poción multijugos, veritaserum,felix felicis, solución chispeante, agudiza dora del ingenio…― recitaba Hermione mientras desfilaban por un montón de calderos. –Creo que esto es muy básico― murmuró perdiendo el interés.

―No entiendo que tiene que ver esto con la boda― comentó Ron deseando largarse de ahí.

Hermione entornó los ojos. –Bueno, esas pociones no tienen mucho que ver, pero sí otras que debe de estar incursionando tu madre. –la señaló con la mirada: Molly llenaba entusiasmadamente varios frasquitos con diferentes pociones. –Sirven para ambientar el lugar, para enriquecer las comidas, para dar aromas agradables, para modificar el ambiente, para un sinfín de cosas que ni te imaginas, cada detalle, Ron.

―No me imagino una poción mejorando el sabor de las comidas de mamá, ¡eso es prácticamente imposible!

Hermione soltó una risita.

Después del almuerzo, la inusual exposición de pociones continuó. Varios miembros de la orden habían llegado para celebrar una reunión aquella misma noche, pero se habían encantado con la sorpresa y se paseaban despreocupados por los improvisados puestos que exhibían una gran variedad de líquidos y fórmulas.

A Ron en realidad no le interesaba nada de eso, así que después de debatirse en si continuaba paseándose de aquí para allá con Hermione (que apenas le prestaba atención porque al fin había encontrado algo más avanzado) decidió mirar desde lejos mientras refregaba despreocupadamente la bandeja del horno en el jardín.

Así también podía observar a Hermione tranquilamente. Ella estaba bastante entusiasmada y había analizado cada poción y entablado conversación con esos magos expertos en el área y claramente los había dejado impresionados. –Pero es que es Hermione―Sonrió.

Volvió a fijar su vista en ella y frunció profundamente el entrecejo.

―¡Sí que eres buena!― se le acercó un joven mago. Era delgado y alto y una pequeña melena rubia se agitaba al compas de sus movimientos. Era bastante atractivo en realidad.

―Gracias― sonrió Hermione, que estaba observando la misma poción de agua turbia que ella tenía oculta en el ático de los Weasley.

―Mi abuela me ha comentado que estás bastante instruida en el tema― volvió a decir el mago.

Hermione se mordió el labio.

―Eh, bueno, es solo que me gusta… y si tu abuela dice eso es bastante halagador, dale las gracias de mi parte.

―¡Qué modesta!― sonrió el chico, y a Hermione le desconcertó la blancura de sus dientes.

Ron, que hace solo unos segundos estaba de lo más tranquilo fregando la lata del horno, ahora estaba totalmente irritado –Y Merlín sabe porque―y se acercaba disimuladamente a los jóvenes haciendo como si examinaba los calderos a su alrededor.

―¿Y te interesa el área?― insistió el joven

―Uuumm.

―Si notan que eres buena, te pueden aceptar inmediatamente para que inicies los estudios, yo tengo casi veinte y llevo ya dos años― sonrió orgulloso. ―¿tú que edad tienes?―

―Uuumm…― dudó Hermione. Entornó los ojos. —¿Dijo "casi" veinte?, ¡siguiente!

Diez y siete― respondió.

El mago volvió a sonreír ―Por cierto, soy Vin Tessel

La chica dudó de nuevo. Bueno, si se les había permitido traspasar el límite de los sortilegios protectores querría decir que eran un poco dignos de confianza.

―Hermione Granger―

―¿Granger? ¿Hermione Granger?― repitió sorprendido el mago, y Hermione se sintió incómoda. ―¿Estudiante de Hogwarts? ¿de la casa Gryffindor?― preguntó sin salir de su extraño asombro.

Hermione le lazó una mirada de desconfianza. ―¿Algún problema con eso?― preguntó secamente.

―Oh, lo siento― se sonrojó Vin. ―Lo que pasa es que me habían comentado mucho sobre ti.

Hermione abrió sus ojos al máximo. ―¿Y quien fue ése si se puede saber?

―El profesor Wilkie Twycross― informó el mago, un poco nervioso. –Lo que pasa es que es amigo de mi padre, y la última vez que nos visitó no paraba de hablar de ti, de que estaba impresionado por lo rápido que lograste aparecerte…

―Oh― soltó Hermione, recordando todos los halagos que había recibido por parte de ese profesor en particular.

―Eres una chica realmente…

―Ejem, ejem― se aclaró la garganta Ron (que no iba a permitir que el mago dijera lo último que iba a decir), y Hermione se sobresaltó –Disculpa, ¿cómo funciona esto de aquí?— preguntó señalando una poción que parecía agua.

Vin hiso una mueca y se arremangó la túnica.

―Eh, permiso― dijo Hermione y salió disparada hacia otra dirección. Ron gruño al ver como el mago rubio se quedó mirándola medio embobado antes de volver a prestarle atención a él.

―Es veritaserum― le comenzó a explicar a Ron, pero él no era tan mal estudiante como para no haber reconocido la poción, una de las más reconocibles que podía existir.

―Eso ya lo sé― le respondió cortantemente.

Vin frunció el entrecejo y entendió. —Bonita chica ¿No?― dijo después de un tenso y fugaz silencio. ―¿Es tu novia?

Ron se mordió el labio. Era realmente tentador responder afirmativamente a la pregunta, pero ¿y si llegaba a oídos de Hermione?. Oh, y se dio cuenta que al final era lo que más ansiaba... escucharlo así Ella y yo sí somos novios...Se le revolvió el estómago y se limitó a fulminar al mago con la mirada. –¿Bonita dices? ―Es mucho más que eso, imbécil― le espetó y sin volver a mirarlo se dirigió también a La Madriguera.

―¡Es perfecta!― exclamaba Ginny una y otra vez mientras deslizaba sus dedos sobre una sedosa tela. –Hermione, ¿tú crees que con esto será suficiente para que Harry…?, ¡Ah! hola Ron, creí que estabas entretenido allá afuera…

Ron hiso una mueca y se sentó en el otro sofá, frente a Hermione y Ginny. Cruzó sus brazos. Parecía un niño encaprichado.

―¿Pasó algo?― le susurró Ginny a Hermione, y ella vaciló. Acarició un par de risos que colgaban sobre su hombro y sonrió tímidamente. —Celoso.

―No ¿por qué?

Ginny soltó una risita y se escabulló a su habitación.

Hermione se mordió el labio. Se puso de pie y se dispuso a salir nuevamente al jardín.

―¿A dónde vas?― le preguntó Ron bruscamente, interponiéndose entre la puerta y ella.

―¿A dónde crees?― hiso una mueca para disimular una sonrisa. ―¿Me permites?

―Claro, como ahora hay algo mucho más interesante que esas asquerosas pociones… ¿y ya quedaron en ser amigospor correo?

Hermione suspiró, y aquella llama que latía en su interior pareció querer salirse por su boca. Tranquilidad ante todo.

Frunció el ceño y logró apartar a Ron del camino y comenzar a aproximarse a la improvisada exposición.

―¿Y no me vas a decir nada?, entonces tengo razón, ¿o te acabo de dar la idea y vas a proponérselo?― volvió a atacar el pelirrojo con voz socarrona.

Hermione continuó caminando lentamente. Sentía como si adentro de ella hubiera un incendio que amenazaba con explotar. Estaba enfadada ¿quien se creía que era Ron? Ahora se añadía aquel mago rubio a la corta lista de personajes con los que Ron la celaba torpemente, ¡y eso que ni siquiera lo conocía!, al menos a los otros dos los había besado…. a Krum y McLaggen –¡Ouch!

Se sonrojó ante la fugaz, descabellada y maliciosa idea de que sí, podría hacer algo al respecto para que Ron se enfadara con razón…

¿Por qué demonios Ron era tan lento? ¿cómo no se había dado cuenta que ella solo lo quería a él?

―Míralo, es alto y bastante apuesto ¿no?... ¡y cómo te miraba! – continuó Ron cegado por los –celos, ¡maldición! ¡estoy celoso! ¿lo... lo he estado siempre?Se le pusieron los pelos de punta. Eran celos. Aquel tardío descubrimiento lo estremeció... él no podía estarlo, él no tenía derecho... pero no podía evitarlo. Estaba desesperado.

Hermione entornó los ojos. Ron en algunas ocasiones era realmente imbécil. Y aún así, aunque se sintiera tan enfadada, no podía evitar sentir una especie de júbilo y dicha. Porque Ron estaba celoso, siempre lo había estado. Era demasiado evidente. ¿Cuándo lo reconocería? —¡Arg!

―¡Y es un experto en lacicure! ¡qué emocionante!, ¿cómo piensas coquetearle…?, ya puedes tener a alguien que esté a tu mismo nivel…

Hermione se detuvo en seco. Ya era demasiado.

―¡Ron!― estalló la chica. ―¡¿Puedes decirme de una vez que mierdaes lo que pretendes? ¡¿qué demonios te pasa?― rugió, desesperada.

Ron palideció. ―¿Qué?, pues… ¿de qué hablas?

―¡Dímelo, dímelo!― chilló –Dime que estas celoso, maldito idiota, ¡y juro por Merlín que te beso aquí mismo!

Ron, nervioso y desconcertado –Hermione ha maldecido no una, si no dos veces―se refregó las manos y sonrió tímidamente. –Eh ¿qué me va a pasar Hermione?, no seas… no seas paranoica― farfulló.

―¡¿Paranoica? ¡Tú eres el idiota y paranoico aquí! ¿Cuándo te vas a dar cuenta...?

―Baja la voz― dijo Ron impaciente, al ver como los miembros de la orden y los otros magos miraban furtivamente la escenita.

―¡No!

―Hermione…

―Vete a la…― le tembló la voz. —Vete al carajo― bramó. No iba a expandir más su vocabulario de lo que ya lo había hecho. Que vergüenza.

Antes de que Ron pudiera articular otra palabra, la chica se esfumó totalmente irritada.

―¡Ronald!― lo llamó la señora Weasley. ―¿por qué tanto escándalo?― dijo acercándose a él. Sostenía un caldero, pero Ron no pudo distinguir la sustancia que había en su interior porque estaba tapado, y además que se había quedado pensando en todo lo que había dicho Hermione al respecto...

―¿Qué tienes ahí?― le preguntó inquieto por cambiar de tema.

―¡Oh!, ya lo sabrás, pienso preparar una pequeña sorpresa para la boda con esto― sonrió con un poco de travesura –si que nadie puede descubrirlo, así que lo ocultaré en el ático mientras tanto...

Ron volvió en sí mismo y palideció. ―¡Yo lo llevo!― exclamó y le arrebató el caldero a su mamá, pensando en que si ella iba al ático se encontraría con todas las pociones y cosas que Hermione había estado ocultando en el lugar.

Ron subió con parsimonia las escaleras con el caldero entre sus manos. Sabía que se encontraría con Hermione y que todavía estaría furiosa.

Y tal como esperaba, ahí estaba Hermione revolviendo hábilmente una de las tantas pociones. Se le apretó el estómago al notar su expresión tan concentrada, como tantas veces la había apreciado.

―Eh, permiso― musitó y avanzó hecho una flecha hacia algún rincón para esconder el misterioso caldero que sostenía.

―¿Qué quieres?― refunfuño Hermione sin dignarse a mirarlo.

―Nada, me enviaron a dejar esto― dijo Ron tratando de captar la atención de su amiga, pero ella no le respondió y continuó dándole la espalda.

―¡Qué bien!

Suspiró.

Iba a dejar el caldero ahí, pero algo llamó su atención: por los bordes del objeto se comenzaba a colar un vapor que rápidamente se elevó formando unos extraños espirales. Ron impresionado, quitó la tapa y contempló una sustancia de brillo nacarado que apenas burbujeaba.

Contempló boquiabierto la poción. Estaba seguro de que la había visto en algún lugar, pero bueno, en todo caso ¿de qué importaba?. Pero entonces, al aspirar profundamente, un suave y exquisito aroma lo envolvió, embobándolo.

Le pareció distinguir el olor que despedía el campo de Quidditch cuando solía entrenar por las tardes y a chocolate, pero esas fragancias quedaban indudablemente en segundo lugar frente a otra, que resultaba tan malditamente conocida...

―¿Hermione?― susurró, volviendo a aspirar profundamente, embriagándose de ella.

―¿Qué?

―¿Le has echado tu perfume a esta poción?― preguntó con un hilo de voz.

La chica, de espaldas a él, soltó un resoplido. —No seas ridículo, no se puede verter perfume en una poción― le respondió enfadada.

Ron entornó los ojos y salió precipitadamente del lugar sin antes ocultar la extraña sustancia en algún lugar fuera de la vista o del alcance de Hermione.

―Están realmente deliciosas, señora Weasley― comentó Hermione mientras cogía de una bandeja unas cuantas galletas para saborearlas.

Ron la miraba angustiado, confundido, ansioso y supuso que de sus ojos prácticamente salían chispas.

―¿Qué?― le preguntó ella fríamente, cuando lo sorprendió mirándola con descaro (aunque por eso último sintió una bofetada en el estómago). Él desvió la mirada rápidamente, ruborizado. Todavía sentía ese aroma en sus narices y le hacía desear lanzarse a por ella.

―No sé, tú no sueles comer tanto― comentó para dejar de pensar lo que estaba pensando.

Hermione lo miró con enfado. Claramente aún estaba molesta por el suceso del día anterior.

―¿Y te molesta también eso?― le devolvió tratando de olvidar la expresión con que lo había sorprendido observándola.

A Ron se le pusieron las orejas coloradas. —No, claro que no.

―Perfecto.

La señora Weasley regresó con otra bandeja llena de galletas y la dispuso en la mesa. Hermione, encantada, dirigió su mano para coger una, pero justo la que pretendía tomar también había sido blanco de la mano de Ron.

Nuevamente sus manos se encontraban deliberadamente, y ninguno de los dos la quitó.

Molly, atenta a la situación se fue a la cocina.

―De todas las galletas que hay en la bandeja― dijo Hermione de la mala gana. –¿tienes que escoger la misma que yo?― y quitó su mano, aunque no quería, pero tenía que defender su orgullo y salvar su dignidad.

―No es mi culpa― respondió Ron, tragándose las ganas de decirle lo mismo, pero al revés.

―Por supuesto, nunca lo es― repuso la chica, con más frialdad que antes.

Ron gruñó.― ¿Dónde está Ginny?― preguntó después de un silencio en el que devoraron las galletas y caprichosamente, mantenían sus manos lo más alejadas posible para que no se encontraran de nuevo.

―En su habitación― dijo Hermione con un tono de voz que resaltaba lo evidente que era la respuesta.

―¿En su habitación? ¡increíble! ¡y a mí que me hacen levantarme tan temprano― se quejó, pero solo logró que la ya fría mirada de Hermione se congelara más.

―Claro que te parece increíble, ¡tú no serías capaz de entender de esascosas!

Ron puso los ojos en blanco. ―¿De esas cosas?― repitió.

―Uummm.

―¿Y tú que sabes Hermione? ¿qué sabes de cómo sé yo sobre esas cosas?― dijo con tono amenazador y le clavó sus ojos en los de ella. —No tienes ni idea.

Hermione no respondió. ¿A que cosasse refería Ron? ―Bueno ¿qué importa?

Ron, sin proponérselo del todo se puso de pie.

―¿Por qué sigues enojada Hermione? ―¡No lo soporto!

Una mirada fulminante chocó contra él. La chica pareció tener la intención de decir algo, pero al parecer se arrepintió.

―¿Es que no es evidente?― volvió a decir el pelirrojo. Hermione alzó las cejas, con mirada inquisidora.

―Que soy un celoso― murmuró Ron y salió rápidamente de ahí con el corazón a mil por hora dejando a Hermione totalmente desconcertada y… súbitamente emocionada.

―Lo dijo.

¡Por Merlín! ¿En que se estaba metiendo? ¿Cómo era posible estar metida en dónde estaba? ¡Oh! Y que juraba que podía controlarlo… ¡por todos los magos!, era Ronald Weasley, su más gran amigo ¿Cómo iba a soportar lo que se les venía encima así?

Vació las hojitas que había estado cortando en la poción que estaba casi terminada y se dispuso a moler otras, cuando una conocida fragancia atacó su olfato. Suspiró. ¿Ahora comenzaba a alucinar?, pero una vez más eseolor la hizo estremecer.

Era césped recién cortado, pergamino nuevo y… el cabello de Ron. Ron, Ron, Ron,era como si el mismísimo Ron estuviera ahí, a su lado, en ese maldito ático. ―Que extraño―pensó e inspeccionó el lugar con la mirada pero no divisó ningún rastro de vaho o fragancia saliendo de algún rincón.

Definitivamente se estaba volviendo loca.

―¡Por los calzones de Merlín!― se escuchó la familiar voz gritar en la planta de abajo, seguramente desde el salón

―¡Mamá! ¡¿cómo no me dijiste que eso es lo que era?― chilló de nuevo Ron y se sintieron unos desarmados pasos subir apresuradamente por la escalera.

Hermione se volteó y al instante apareció Ron, jadeando por la carrera.

Ron ágilmente sacó el caldero que había llevado hasta allí, que contenía nada más ni nada menos que Amortentiay se escabulló, desesperado porque Hermione no se haya dado cuenta de todo lo que la situación significaba.

Ella lo observó desconcertada, pero obstinadamente no le preguntó que fue todo ese escándalo.

Ron ahora lo entendía. Una vez más se maldecía por no haber prestado atención en las clases de pociones. Tampoco, en ninguna ocasión había acercado su nariz al famoso brebaje por... ¿miedo? ¿por pensar tontamente que eran solo asuntos de chicas?. Si lo hubiera hecho, hubiera reconocido de inmediato la poción el día anterior y no se hubiera delatado tan estúpidamente frente a Hermione. ―¡su perfume!―Pero para su alivio, ella parecía no haberle prestado mucha atención por lo enfadada que estaba y lo ridículo que debió de haber sonado.

Sintió un nudo en su estómago.

Realmente… él estaba… enamorado de Hermione ¡hasta las pociones se lo refregaban y se lo recordaban!. Esa era la prueba irrefutable, la magia bien hecha... ―Hermione, Hermione, Hermione―sintió un escalofrío al observar de reojo a la chica, que ahora leía uno de sus tantos libros de lectura livianacómodamente en el sofá, al otro extremo de donde él se encontraba.

¿Y si… le daba de beber amortentiadisimuladamente? ¿podría descubrir Ron qué es lo que Hermione distinguía cuando aquella poción yacía cerca de sus narices?. La idea le pareció tentadora, pero sabía que en el momento preciso, no sería capaz de llevarla a cabo.

Y se supone que era un Gryffindor.

―¿Hermione?

―Estoy leyendo, Ron.

Sintió un alivio al notar que Hermione ya no le hablaba con frialdad como hace un par de días.

―No me importa― musitó Ron y se dejó caer plácidamente a su lado, y ella, ofendida, se volteó para (sí, comenzar una nueva discusión), pero Ron la miraba tan seriamente que se le puso la piel de gallina.

Se limitó a fijar su vista de nuevo en el libro, consciente de que Ron todavía seguía mirándola. —¿qué clase de amistad se supone que esta?―chilló en su fuero interno.

Ron en un rápido movimiento le quitó el libro.

―¡P…pero que diablos!― bramó Hermione y se dispuso a lanzarse al ataque.

―¡No!― le cortó Ron, y descaradamente le poso su mano en la boca, para asegurarse de que la chica no siguiera protestando. Se ruborizó ante su propio atrevimiento.

―No puedo creerlo― murmuró Ron.

―¿Qué no puedes creer?― preguntó ella con un hilo de voz, quitando lentamente la mano del chico de su boca y dejándola contra la de ella sutilmente. Su corazón latía tan fuerte y rápido que temió que el pelirrojo se percatara de ello.

―Has maldecido de nuevo, ya van tres veces, Hermione.

―Oh― se sonrojó más de lo que estaba.

―Creo que… soy una pésima influencia para ti― musitó Ron, y su embriagador aliento mandó definitivamente Hermione directo a las nubes.

―¿Y… y qué vas a hacer al respecto?― pudo por fin hablar ella, y notó el inminente tono de coqueteo en su voz. ―¡Merlín!Era su amigo

Un fuerte estallido resonó en el exterior del lugar y sobresaltados se pusieron de pie bruscamente y empuñaron sus varitas.

¡Crac!

La puerta del vestíbulo se abrió de golpe y Alastor Moody irrumpió en el salón. Lo siguieron Kingley, Tonks y Lupin.

―¡Pero cómo!― protestó Ron. ―¡casi nos matan del susto!

―¡¿Qué pasa? ¿qué pasa?― llegó jadeando la señora Weasley y su expresión se alivió al ver a los miembros de la orden revolviéndose un poco incómodos en el salón.

―Molly…― dijo Lupin, con voz marcada de preocupación.

―Ron, Hermione, vayan a sus habitaciones― ordenó la mujer, pero antes de que su hijo se pusiera a protestar, Ojoloco intervino.

―No, que se queden― la contradijo el hombre ganándose una mirada rencorosa que ignoró completamente.

―Ha habido cambio de planes― anunció seriamente.

―¿Cambio… de planes?, ¿y cual es el plan?― preguntó Ron, ansioso.

Hermione le dio un codazo. Era bastante extraño que se les dejara participar de una aparente reunión de la orden y no podían darse el lujo de arruinarlo con preguntas inoportunas.

Moody fijó por un instante su ojo mágico sobre la pareja y pareció que una leve sonrisa se quiso dibujar en su rostro. –Y necesitamos la cooperación de todos― dijo, todavía con la mirada fija en ellos.

―No― terció la señora Weasley. –son muy jóvenes aún.

―¡Somos mayores de edad!― protestó Ron y Hermione asintió culpablemente.

―Mayores de edad y con más agallas que muchos otros, ahora, escúchenme con mucha atención.

Había llegado el día. Se había acabado la diversión. Ayer por la noche Ron y Hermione asumían de sopetón todo lo que estaba supuesto que ocurriría. Escobas voladoras, thestrals,siete Harry Potter… y probablemente muchos mortífagos intentando capturarlos.

A Hermione le temblaba todo el cuerpo. No esperaba que el panorama cambiara tan repentinamente. El plan que habían trazado anteriormente (del que no conocía ningún detalle) no pareció que funcionaría y habían decidido cambiarlo e incluirlos a ellos. Tragó saliva.

―¿Tan mal estaban marchando las cosas?

Y llegarían con Harry o… no llegarían.Sintió escalofríos. Con Harry en La Madriguera todo cambiaba. La realidad se abalanzaba contra ellos despertándolos del extraño cuento de hadas en el que habían estado viviendo durante estas dos semanas. ¿O tal ves habían sido solo un sueño?

―Todo saldrá bien.

No, no lo era. Ron a su lado, le sonreía, pero Hermione supo distinguir el nerviosismo que acosaba al chico. Estaba un poco pálido y movía las manos más de la cuenta.

―Todo saldrá bien― repitió con voz más decidida.

―Ron…

―Va a estar bien― parecía que quería convencerse a si mismo.

―Si te llegara a pasar algo… yo…― volvió a decir, pero no pudo terminar la frase. –cuídate, Hermione, por favor― su voz sonaba casi desesperada.

―Tú… tú también.

―¡Eh!, ¡Ron, Hermione!, ¿están listos? ¡tenemos el tiempo justo!

―H…hemos salido de situaciones mucho peores― dijo Ron, tratando de romper con lo tenso de la situación. Su corazón le latía ferozmente. Tenía miedo. Estaban a punto de partir en busca de Harry y… aunque no quisiera admitirlo, no sabía si volverían sanos y salvos. Y Hermione… ¿Y si le ocurría algo?. Sintió la potente mirada de la chica sobre él y decidió enfrentarla. Un poderoso dolor le presionó el pecho al chocar con esos ojos… y una extraña certeza le revolvió el estómago.

Y de un momento a otro se estaban abrazando. Y ese sí que era un abrazo.

―¡Oh, Ron!― sollozó Hermione, envuelta entre sus brazos.

―Volverás sana y salva― dijo Ron, y le acarició el pelo. —Tienes que hacerlo ¿de acuerdo?

―¿Y qué hay de ti?― murmuró ella aferrándose más a su pecho.

―¡Hey!― sonrió Ron. —Dalo por hecho, ¡soy yo!

Hermione levantó su rostro y le devolvió la sonrisa tímidamente.

―D…disculpen― masculló una voz a sus espaldas. —Pero tenemos que irnos ya― informó Tonks, apesadumbrada por haberlos interrumpido.

Se dedicaron una última mirada antes de partir, ambos muy decididos. De alguna manera, aquel día marcaba un comienzo de algo que sería realmente difícil, tanto, que ni siquiera imaginaban todo lo que tendrían que pasar para que al final reconocieran todo lo que sin dudas, ya había ¡por fin!, durante esos días, comenzado a tomar forma entre ellos dos.


Muchas gracias a todos los que siguieron este mini-fic.

:)