Disclaimer: Ni Card Captor Sakura ni sus personajes me pertenecen, son propiedad de sus autoras (CLAMP), sólo me reservo el derecho de la historia.

Lamento muchísimo la demora, hay muchas razones detrás de ello, pero no aburriré con eso. Aquí el final.


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Forever

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Hong Kong 1 año atrás

El viento se coló por las ventanas moviendo las cortinas de la elegante y tradicional habitación decorada al más puro estilo oriental; una figura yacía en medio de la cama de dos plazas, un brazo cubría sus ojos, no así la ligera sonrisa que adornaba el rostro masculino, acomodando sus facciones en un gesto relajado.

Suspiró dejándose llevar por la imagen que sus recuerdos le mostraban, una niña de cabello castaño y bellos ojos esmeralda; palpó el dije en su cuello, acariciando suavemente las formas que dibujaban un cerezo.

"Pronto estaré contigo, Sakura"

Dirigió la vista a la ventana, era hora de levantarse, el movimiento comenzaba a hacerse presente en la mansión Li. Se duchó rápidamente, un escueto café fue lo único que Wein le obligó a tomar antes de que saliera a conducir por las calles de Hong Kong para llegar a la empresa de su familia, misma de la cual desde hace un año era presidente.

Saludó con un gesto a su secretaria para después centrarse en la pila de papeles que se amontonaban en su escritorio, esperando por ser revisados y firmados, al mismo tiempo trataba de prestar atención a la voz de su asistente que le recitaba una lista interminable de citas, reuniones y comidas; si quería irse el próximo mes y dejarle temporalmente a su hermana mayor la presidencia tendría que esforzarse al doble.

Para cuando tuvo un respiro pasaban de las 9 de la noche, siempre era lo mismo desde que le entregaron una empresa tambaleante, era increíble que su madre lo hubiera pasado por alto, aún peor que nadie más en su familia notara la terrible administración de su antecesor. Entregó cada minuto del su vida desde que pisó China para volverse el mejor en todo, el mejor estudiante, el mejor empresario, todo para que le permitieran volver con Sakura; sin embargo no contó con el estado de su compañía, toda su familia dependía de sus decisiones, entre ellas no hubo cabida para que se marchara, no tan pronto al menos. Estaba plenamente consciente de que en un futuro no tan lejano debería tomar el puesto de jefe de la familia, sólo que esperaba tomarlo con cierta chica adorable a su lado.

Sacó un par de hojas y un sobre de su escritorio, olvidándose por un momento de sus responsabilidades se entregó a lo que esperó ansiosamente durante el día, escribir a Sakura. Cada semana le enviaba una carta, en ella le contaba los miles de planes que tenía, las decepciones, los miedos, todo cuanto sentía; se sintió culpable, él había dejado de llamarla cuando la respuesta a sus preguntas ya no lo convencían ni a él mismo. ¿Cuándo volverás? Y él siempre respondía "pronto", decidió que no podía seguir lastimándola, así que optó por las cartas para comunicarse con ella.

Un velo de preocupación cubrió su rostro, había pasado bastante tiempo desde que ella le había contestado, su hermana insistía que estaba herida y enfadada, qué chica no lo estaría después de escuchar "pronto" como única respuesta. No estaba muy seguro de ello, pero su hermana insistía que si no devolvía las cartas era porque aún las leía y lo esperaba.

Una figura recargada en el umbral de la puerta le indicó que era hora de irse.

"Mei Ling, en un momento salgo" su prima, una adorable chica con un carácter un tanto difícil, había estudiado la misma carrera y una vez graduados se dedicaron enteramente a la empresa.

"¿De nuevo pensando en ella? Inquirió seria.

"Sabes que sí, la extraño demasiado"

"Shaoran, Shaoran ¿Por qué no intentas ser feliz?" Preguntó tomando su rostro entre sus manos obligándolo a mirarla.

"Seré feliz cuando este con Sakura" le dijo baja y profundamente. Las manos de Mei Ling cayeron a los costados. "pero cambiando de tema, quiero saber si…"

"Sí, lo sé, mañana estará en las manos de tu amada" le quitó gentilmente la carta de las manos "descansa, me quedaré guardando algunas cosas. No, no me esperes estaré bien" anticipó al joven que la miraba reprobatoriamente.

Le dirigió una mirada y una sonrisa de agradecimiento, confiaba en ella tanto como en sus hermanas, sólo a ella le confiaría algo tan personal.

Arrugó el sobre entre sus manos, furiosa se dirigió a su oficina, arrojó el sobre en una gaveta junto a otros dirigidos a la misma persona, había aceptado la tarea gustosa pero hace aproximadamente cuatro meses que dejó de hacerlo, no era justo que el hombre que amaba estuviera aferrado al recuerdo de una chica que probablemente ya tendría a alguien más.

"Si tan solo me amaras como la amas a ellas" una enferma decisión brilló en los ojos rubí que minutos antes desprendían dulzura.

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Pasaba del medio día cuando se percató que el sobre en el que se supone debía estar su carta estaba en su escritorio, se golpeó mentalmente al notar que se había equivocado poniendo la carta en un sobre con destino a Rusia; llamó a su secretaria pidiéndole que contactará con la oficina de correos, seguramente su prima tampoco lo noto o de lo contrario le habría avisado.

La secretaria entró tímidamente, rogando que su jefe estuviera en una llamada telefónica para así dejar el mensaje y escabullirse, sabía que si algo era sagrado para el presidente de la empresa era precisamente lo que tuviera que ver con el correo, Tomoeda y una chica, aún más cuando todo eso estaba en la misma oración y esta vez con una connotación para nada agradable, habría problemas; para su mala suerte el hombre esperaba con los brazos cruzados observando desde el ventanal la ciudad debajo de él.

No era su día de suerte. Carraspeó para llamar su atención.

"Llamé a la oficina de correos" la mirada seria de Li apremió a la indecisa chica "dijeron que no se ha enviado ninguna carta desde hace más de tres meses a Tomoeda, ninguna que lo tenga como remitente"

La cara de Shaoran se contrajo en un gesto extraño.

"Comuníqueme con el señor Chang"

El dueño del correo se había encariñado de cierta forma con Shaoran, no todos los días ves al que se convertiría en uno de los hombres más poderosos del mundo, esperar ansiosamente por una carta, el viejo dueño parecía disfrutar hacerle bromas a un joven Li que salía con las mejillas de un insano color rojo cada vez que se pasaba por el correo. Cuando le llamó para saber el paradero de las cartas de los últimos cuatro meses, el hombre le contestó que ese era el tiempo exacto en que no se había enviado ninguna carta a Tomoeda, por la simple razón de que no le habían llevado ninguna.

El desconcierto creció en él, dando paso a un desagradable sentimiento de traición, ¿Mei Ling? No esperó que ella llegara a confesar, se dirigió a su oficina a grandes zancadas, con la cabeza fría para no enredar conclusiones de las que podría arrepentirse.

Esperó que terminara de hablar por teléfono, no por darle privacidad, esperaba que un poco más de tiempo le ayudara a calmarse.

"¿Dónde están?" no funcionó, su voz escondía una peligrosa advertencia.

"¿De qué hablas?" el tono desconcertado de su prima no estaba ayudando.

"¡Las cartas!, ¿Dónde están?" su paciencia se había agotado.

Podía haber mentido, dicho cualquier cosa y Shaoran se hubiera planteado creerle, en cambio se levantó de su silla, abrió la gaveta a un lado de ella y arrojó los objetos de discordia sobre su escritorio.

Los ojos de Shaoran se movían de los sobres a los ojos rubí de Mei Ling, esto no podía estar pasando.

"¿Qué significa esto?"

"Sólo quería mostrarte lo egoísta que has sido" escupió sin hesitar.

"¿De qué hablas?" ¡Qué demonios! ¿Cómo se había convertido en el culpable? "no juegues conmigo, quiero que me expliques por qué saboteaste mi correspondencia"

"Creí haber respondido hace un momento" comenzó con voz tranquila "me compadezco de esa pobre chica"

Mei Ling cerró la puerta, no deseaba que ningún empleado se enterara de lo que pasaba en su vida personal, la expresión desconcertada del presidente la alentó en su plan.

"Obligarla a esperar, a detener su vida hasta que puedas arreglar tus asuntos aquí en China" los ojos de la chica no perdían detalle de la reacción que sus palabras tenían en el hombre frente a ella.

"Te equivocas, ella me ama tanto como yo, hicimos una promesa" su voz sonó tan poco convincente que tuvo que aclararse la garganta incómodo.

"Sabes acaso qué deseaba ella, qué quería de su vida" atacó sin piedad "no creo que su ideal de vida fuera esperar a un hombre tantos años, dejando sus sueños aparte"

La mirada del heredero del clan Li estaba perdida en el piso de la oficina, nunca se había a detenido a ver las cosas desde esa perspectiva. Mei Ling se dio cuenta que era el momento jugar su carta fuerte.

"Nunca has pensado en la posibilidad de que se volviera a enamorar"

Shaoran se tensó antes de darse vuelta con los ojos muy abiertos para mirar a su prima

"¡Eso n-no es posible!" su voz casi fue un grito.

"¿Por qué no? Ella tiene todo el derecho de amar a alguien más, ha sido demasiado tiempo sin que fueras a verla" continuó sin dejar entrever la satisfacción que sentía "merece alguien que la haga feliz"

Li se puso al borde de la histeria caminado por toda la oficina. No, no era posible que su Sakura lo olvidara tan fácil.

"Sólo intentas confundirme"

Ella tomo su brazo para que la mirara a los ojos.

"No. Quiero que entiendas que seguir con esto es una locura, estas lastimándote y la lastimas a ella también" apretó ligeramente su agarre "crees que puedes irte el siguiente mes y de pronto sale algo inesperado, ¿Cuánto más Shaoran?"

No lo sé, se contestó el mismo, nunca quizás. Sakura no se merecía eso.

"Ya es tiempo de que la dejes ir, si la amas entonces la dejaras libre" murmuró con una voz suave como la seda al tiempo que le extendía una mano.

No dijo una sola palabra, sólo arranco la cadena que colgaba de su cuello y la depositó en la mano que la ejecutiva le ofrecía.

La de ojos rubí fue hasta su escritorio para sacar una pluma y un sobre azul, Shaoran sintió nauseas al darse cuenta de lo que estaba a punto de hacer, sin embargo eso no lo detuvo al firmar una nota autentificando que era él quien enviaba el sobre.

"Esta vez puedo confiar en que llegará ¿No Mei Ling?" mentiría si negaba que no había ironía en su voz.

La pelinegra se dio la vuelta ignorando el mordaz comentario, si lo hubiera mirado Shaoran podría haber visto la sonrisa en los labios rojos. Había ganado.

Una vez solo, se llevó una mano al lugar en el que estuvo su cadena por años, arrugó su camisa cuando su mano se cerró formando un puño; una tibia sensación bajó por sus mejillas hasta llegar a su boca dándole a probar el sabor más amargo de su vida. Bajó la cabeza derrotado, había perdido lo más importante de su vida y ni siquiera había luchado.

Furioso tomó las cartas regadas en el escritorio y las arrojó al basurero. Ahí iba su corazón.

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Habían pasado algunos meses desde el envío, meses en los que trabajaba jornadas de 20 horas diarias para no pensar, para no sentir. Estaba saliendo ahora mismo de una conferencia sobre mercadotecnia, su prima venía unos pasos atrás, últimamente parecía que era la única capaz de sonreír.

Exasperado se mezo los cabellos y restregó los ojos, no había dormido bien; el sol lo cegó momentáneamente ¿Estaba soñando? Era la única posibilidad. Una niña de cabellos castaños cortos le daba la espalda, sus manos estaban entrelazadas sobre su falda escolar, apenas volteó el torso para mostrarle una sonrisa y unos alegres ojos verdes. No podía estarle pasando esto.

Todo estalló. Pasos rápidos, trote y una carrera desenfrenada hasta su auto; el girar de una llave y el lejano grito de Mei Ling.

"¡Shaoran espera!"

La razón se esfumó. Aceleró, recorriendo un camino que de a poco se le hacía más familiar; los mechones chocolate le golpeaban las mejillas, el latido de su corazón retumbó en sus oídos gritando un ahogado "¡reacciona!", que su atormentado ser se negó a escuchar.

Podía ver el aeropuerto a pocos kilómetros, era hora, el momento que decidía su futuro ¿Estaba dispuesto a verla, a soportar que no lo amara? ¿Había alguien más? Esas malditas palabras se repetían como maldición en su cabeza. Pisó el freno, el auto dio un giro brusco, era un milagro que no estuviera muerto. Grandes bocanadas de aire hicieron su respiración irregular, apretó el volante con tanta fuerza que sus nudillos se tornaron blancos, apoyó la frente en la superficie rugosa, las ganas de llorar se quedaron en su garganta formando un nudo asfixiante. ¿Así terminaba todo?

¡Que se fuera al infierno todo el mundo, se merecía el peor de los avernos, era un maldito cobarde!

*6 meses después*

Se sentía vacío. El mundo continuaba afuera pero su alma estaba atrapada en una tormenta espesa y sofocante. La melancolía y soledad habían echado fieras raíces en su corazón, no había más esperanzas a las que aferrarse, no había más Sakura, no había más vida

Rogaba que el tiempo le ayudara a olvidar a la mujer que amaba, que lo esperó por tantos años, a la que tenía arraigada en la piel como una esencia propia. Su amor de niñez se convirtió en el amor de su vida y a la vez en lo único que jamás tendría. Si alguna vez dudó del destino, ahora lo podía ver riendo en su cara.

Por eso cuando la silueta de Mei Ling se dibujó en el umbral de su oficina, una sonrisa irónica intentó escapar de sus labios ¿Aún no era suficiente? La mirada rubí de la chica se paseó en todas direcciones antes de posarse en la suya; con pasos inseguros se acercó hasta quedar frente a él.

"¿Pasa algo?" murmuró amargamente.

"Sí. Pasa todo" levantó una ceja entre exasperado y confundido. "Te amo…"

"Mei Ling ya sé de qué va esto, por favor…" No pudo continuar porque ella golpeó su escritorio con las palmas.

"Demonios Shaoran ¡Cállate y escúchame!" alzó la voz "Te amo y por eso quiero que dejes de encerrarte en ese estado de autodestrucción"

El mutismo de su parte la animó a seguir.

"Sé que no tengo derecho a reclamarte cuando yo fui la que causó todo esto, pero…" dudó, retrocediendo un par de pasos "Este no eres tú"

Le tembló el labio inferior pero antes de que pudiera continuar, Shaoran la enfrentó completamente furioso.

"¿Qué es lo que pretendes? No era yo una mala opción para ella, merecía ser feliz con alguien más, ¡No te entiendo!" reclamó fuera de sí.

"¡Lo sé, sé lo que dije! No entiendes que hice muchas estupideces porque te amo"

"Basta de juegos" suspiró "no quiero hablar de esto" hizo un ademán señalando la puerta, sabía que eso era muy grosero pero si no se alejaba de ella, diría cosas de las que no estaba muy seguro se fuera a arrepentir.

"No, hasta que te haga entrar en razón" inhaló profundamente intentando calmarse "No hice nada bien, me arrepiento de todo, lo único que puedo hacer es hacer que vuelvas por ella" bajó la mirada.

"Si esto es una broma, mejor detente, no me parece divertida" advirtió.

"Claro que no. ¿No lo ves? Ella es lo único que te hará feliz" dijo acercándose y tomándolo de las mejillas - "Sé que lo sabes, desde un principio esto era lo correcto, solo hay una Sakura para ti Shaoran y siempre será así" Sus ojos rojos se clavaron con fiera convicción en los anonados ámbar del presidente Li.

"Ve por ella" Le regaló una sonrisa que fue capaz de sostener hasta que él se acercó y le besó la frente en un gesto de indulgente agradecimiento.

Lo último que vio antes de que su vista se nublara bajo el peso de las lágrimas fue su espalda dejándola atrás.

"Seré feliz mientras la persona que amo lo sea, aún si no es conmigo". ¿Dónde había escuchado eso? era la mentira más cruel que alguien le hubiera contado. Nunca le enseñaron que las lágrimas de felicidad dolieran tanto; tuvo que llevarse una mano a los labios deteniendo los sollozos. Ella era fuerte, más fuerte y más valiente que cualquiera, esa era la verdad que cargaría hasta que alguien pudiera curar su corazón roto.

Un empujón de Mei Ling fue lo único que le basto, muy dentro de él sabía que era lo correcto. Ahora, en este momento y desde que se conocieron Sakura siempre fue lo correcto. El camino fue corto, no se permitió pensar, no se iba permitir dudar, la amaba y cumpliría la promesa que hizo un niño enamorado "Volveré". Apenas bajó del automóvil en la entrada de Tomoeda corrió como nunca, el corazón latía tan ansioso en su interior que ya no podía decir si estaba en su tórax o en sus oídos; la sensación de la brisa en su piel le erizaba hasta el último cabello de la nuca, como anticipación a lo que pasaría.

Una sutil incomodidad se instaló en su pecho, suficientemente pequeña para ser ignorada pero en su frenético estado todo se desproporcionaba hasta convertirse en un vacío sofocante, se detuvo abruptamente sintiendo el viento en sus oídos susurrar embriagadores conjuros, más que seducirlo lo arrastraron a otra dirección, no a la casa de su amada si no a ese lugar que guardaba los mejores recuerdos de su vida. Anonado por los sentimientos y suficientemente confundido emprendió una marcha tambaleante a la playa que se extendía paralelamente.

Respiró tan hondamente el aire, tan desesperadamente que pudo recordar lo que era sentirse vivo una vez más, extendió los brazos tratando de robar la eternidad al mundo y el viento agradado lo abrazó revolviendo su ropa y cabellos.

El atardecer era hermoso, el cielo amando al mar. El amanecer está lleno de colores vibrantes pero esos atardeceres en la playa tenían un toque pasional de colores borgoñas, naranjas y cobrizos; el sol tomaba un color incandescente tan intenso como la sangre. Era un escenario bello para el último día de tu vida. No le gustó el rumbo de sus pensamientos.

Paseó un poco más fijándose en cada rincón de aquel lugar, no sabía qué era lo que le había impulsado a ir tan desesperadamente; sin darse cuenta llegó al pie del viejo faro. Un vestido moviéndose al compás del viento atrajo su atención, enfocó sus ojos en la dueña de la figura, una chica; qué estaría haciendo en un lugar tan peligroso, la vio llevarse las manos al pecho y sus ojos se abrieron, era ella. ¡Era tan hermosa! Alarmas sonaron en su cabeza cuando la vio voltearse y acercarse a la orilla ¡No!

El aire se hizo tan espeso que respirar dolía tanto como sus piernas entumecidas y su cuerpo terrenal le pareció estorboso, ¡No lo hagas! Quiso gritar pero su lengua se pegó al paladar y su voz no era más que un gemido de dolor, sin pensarlo escaló el risco, evadiendo como pudo las irregularidades de la empinada subida.

La tuvo tan cerca de él, a un paso de tomarla en un abrazo, pero sus horrorizados ojos la vieron escurrirse hacia abajo, sin dudarlo fue hacia ella alcanzando a tomarla apenas de la mano, sintió la figura sacudirse violentamente y los músculos de su propio brazo desgarrarse por el movimiento brusco, qué importa, la había salvado.

¿¡QUIÉN! - resonó por la playa y sus furiosos ojos verdes se centraron en él. En los ojos chocolate había emociones indescifrables, mudas suplicas; estaba dispuesto a suplicar y tragarse un orgullo que nunca tuvo con ella, irse, si le prometía seguir viviendo.

Jaló a Sakura aún con la adrenalina corriendo por su cuerpo, la abrazó, apretándola contra su cuerpo para saber que estaba viva, no importa si lo odiaba, la iba mantener viva, sería egoísta por una vez.

"Sakura te amo" susurró contra su cabello, con la voz más rota que él mismo se hubiera conocido; las pequeñas manos se deslizaron en su espalda correspondiendo el abrazo y su corazón lo supo. Todo estaba bien.

FIN


¡Lo he conseguido!, terminé mi adorado fic. Dos años después de lo previsto, pero quedó casi como el original que escribí antes de que se perdiera. Gracias a los que leyeron la primera parte, aquí está la respuesta a varias interrogantes.

No quería inventar personajes nuevos por eso puse a Mei Ling como la mala, ella no me cae mal ni nada, de hecho admiró su fortaleza para dejar a la persona que amaba para que pudiera ser feliz con su persona especial, y quise poner un poco de eso en el fic, porque siempre tuvo cierta rivalidad con Sakura pero al final terminaron siendo muy buenas amigas, un día haré uno en el que Mei Ling sea muy feliz, que se lo merece deberás.

Gracias por leer~

Aquarius