El comienzo de un nuevo camino

Al principio del viaje, Link se había quedado dormido sin haber manejado su navío hasta el siguiente día. Afortunadamente, no había nadie pasando por esas aguas mientras él lo hacía. Despertó cuando el primer rayo del Sol salió, recordando que estaba en las aguas, vio una isla a lo lejos. Trató de dirigirse hacia allá, pero el viento se lo impedía. Si quería ir, necesitaría remar por su cuenta sin ayuda, algo bastante complicado para un navío más pesado que su propia mercancía unida a su cuerpo. El pobre suspiró melancólicamente, pensando en su amiga Zelda, tratando de recordar por qué no se había quedado con ella. Se dio un golpe en la cabeza al pensar en la princesa, pues tal vez sólo estando a su lado, podría recordar o saber por qué tenía esa clase de "visiones". Se sentó tristemente en el suelo de su barco, suspirando profundamente, dejando que navegara por sí solo. "Está bien a donde me lleve", se dijo a sí mismo, "Tal vez las Diosas me puedan guiar", miró hacia el cielo como si fuera a verlas. "Pero qué pienso, lo que yo necesito es relajarme, empiezo a ponerme nervioso pensando en lo que podría sucederme", se recostó y miró el cielo, cerró los ojos por un momento y el barco frenó de repente. Link se levantó asustado y vio a su alrededor, ya había llegado a una isla. Salió y saltó de la emoción, todos los que se encontraban en la costa, le vieron sorprendidos. Link se tiró a la arena y agradeció a las Diosas, "¡Gracias por darme suelo! ¡Las amo, las amo!", gritó con gran estruendo levantándose, llorando de la felicidad y dirigiéndose más adentro, pues su hambre llamaba. Corrió en lo más profundo, había empezado a hacerse un bosque y más adentro, había casas y gente vendiendo comida. Cuando todos vieron a Link, lo hicieron como si fuera una amenaza. Aquél muchachito se había acercado a un puesto que estaba lleno de frutas, cuando estaba a punto de preguntar, la mujer que atendía gritó. La seguridad de aquella isla fue por él y se lo llevaron con un hombre, que ya lucía muy grande. Vestía una ropa muy diferente a los del pueblo, era más oscura y ni siquiera llevaba calzado. Al ver a Link, se levantó de su asiento y se dirigió hacia él, sin decirle nada, sólo le vio de pies a cabeza. Un guardia se dirigió a él y le habló al oído, aquél hombre le respondió, sin que Link escuchara una sola palabra. "¿Qué pasa?", había preguntado Link; "Muchacho, ¿eres un pirata?", dijo, por fin, el hombre viejo; "No, señor", respondió asustado; "No le creo", dijo enojado, "Vayan por su navío y revisen". Los guardias salieron corriendo hacia la costa. Al pasar varios minutos, los guardias regresaron con el hombre viejo, diciéndole que no habían encontrado nada adentro, ¡ni siquiera espada traía! El hombre miró al pequeño con un gesto extrañado, preguntándole quién era y qué hacía ahí, en su isla.

—Me llamo Link, señor—dijo tímidamente, todos a su alrededor se sorprendieron de su nombre, no era tan común

— ¿De dónde vienes, Link?—siguió preguntando el hombre viejo

—Vengo de Hyrule, señor—añadió nervioso, el hombre se acercó a él y descubrió sus orejas, mirando que era, exactamente, un Hylian

— ¿Qué te trae por aquí?—preguntó nuevamente

—No sé, señor—dijo nervioso—. Quiero saber

— ¿Saber qué?—preguntó el hombre

—Quién soy—al haber dicho eso, el hombre viejo le miró de otra forma

— ¿Cómo piensas saber si ni siquiera traes un arma contigo? Muchacho, el mar está lleno de gente maliciosa, viendo a un niño como tú, se aprovecharían

—Pero, ¿cómo podría conseguirla? ¡No sé nada!

—Por favor, suelten al muchacho—dio una orden—. Acérquese a mí. Y todos ustedes, pueden seguir con sus vidas—le dijo a su pueblo, quien se dedicó a moverse como si nada hubiera pasado

— ¿Qué sucede, señor?—Link se había acercado, el hombre sostuvo su mano izquierda y la miró profundamente— ¿Qué hace?—dijo nervioso

—Su mano, muchacho, no tiene nada fuera de lo normal—dijo mirando y tocando su mano, enseguida le miró a su rostro—. Si quiere saber quién es, todavía no es hora

— ¡No salí para esperar, señor!—dijo desesperado— Me retiro, con permiso—dio media vuelta, dirigiéndose a la costa, aquél hombre viejo sostuvo su hombro, deteniéndolo

—Ven conmigo—había caminado, entrando a una casa que estaba detrás de él, Link le siguió y entró con él. Ahí adentro era como una casa normal, sólo que humilde, como la de sus tíos—. Uno de mis ancestros tuvo contacto con un muchacho, le enseñó a usar la espada en sólo una ocasión y aprendió sin problema alguno—se acercó a una pared llena de espadas, había sostenido una, sacándola de su estuche—. En unos meses, se enteró que era el Héroe de los Vientos. Salvó al mundo del Rey del Mal—le dio la espada, Link la sostuvo pero se notaba que le pesaba demasiado—. Según decía su diario, le dio una espada parecida a la que ahora traes en manos, el Héroe tenía exactamente diez años cuando la sostuvo y aprendió. ¿Qué edad tiene, muchacho?

—Tengo doce años—dijo intentando sujetar la espada con la mano derecha, el hombre viejo le miró fijamente. Por no acomodarse, intentó sujetarla con la izquierda, haciendo pequeñas maniobras con él, notó enseguida que era más cómodo

— ¿Eres zurdo?—preguntó el hombre

—No lo sé, normalmente escribo con la derecha, pero ahora me siento más cómodo sosteniendo la espada con la izquierda—seguía haciendo maniobras con ella, hasta tal punto que aquellas se veían naturales, como si ya supiera manejarla

— ¿Habías sostenido una espada antes?—preguntó

—Nunca en mi vida—dijo continuando, ahora giraba la espada

—Practiquemos, joven Link—sostuvo una lanza y se acercó a él tratando de atacarle

Link saltaba de un lado a otro sin dar la espalda, se encontraba nervioso. Sostuvo la espada con toda su fuerza y empezó a tratar de atacar sin lastimar al hombre. Los giros que daba y la forma en la que lo sostenía, no podría decirse que era común, era simplemente perfecto, seguía un ritmo suave y a la vez duro con los golpes, la inocente mirada de Link se había vuelto una bastante seria para su edad. El hombre le miró feliz, sabía que él era el Elegido, pero que lo único que necesitaba ahora el pequeño era reconocerse a sí mismo como un héroe. Detuvo la pelea en unos minutos, Link había sudado demasiado y también había gastado sus fuerzas, se tiró al suelo respirando fuertemente, trató de levantarse de nuevo usando sus brazos, pero un dolor le vino de repente, se había lastimado un músculo. El hombre viejo se acercó a él de una manera fría, quitándole la espada y diciendo "Tu cuerpo no está listo" seriamente y sin ayudarle, "Hay una doctora aquí, levántate y te llevaré con ella", se había dirigido hacia la entrada de su casa, girando la perilla y saliendo, Link no se podía levantar fácilmente, tuvo que hacer fuerzas para poder hacerlo y salir con el anciano insensible. Después de varios intentos, logró levantarse y salir, el hombre ya no estaba, así que tuvo que preguntar de un lado a otro a dónde se había ido, hasta dar con él. La doctora le estaba esperando, pero el anciano ya no estaba. Le invitó a pasar y a sentarse, Link aceptó y así lo hizo, la doctora vio cómo estaban sus brazos, que no parecían tan lesionados, sólo vendó el izquierdo y dijo que no hiciera demasiado esfuerzo, diciendo que el hombre con quien estaba, había salido por la puerta trasera, agregando que le estaba esperando allá. Link miró furioso la puerta y salió casi azotando la misma. Ahí estaba aquél anciano que se adelantó sin esperarle, sostenía la espada que Link había tenido hace unos momentos, volteó a verle y le dijo "Te tardaste"; "¿Cómo no iba a tardarme si estoy lesionado?", dijo furioso, "Sin usar la fuerza, niño insolente", se acercó a él sólo para darle un golpe en la cabeza con el mango de la espada, entregándosela, "¿Qué hace?", dijo Link todavía molesto, "Tu nuevo camino empezará, para ello la necesitarás", dijo sonriente el anciano, Link le miró y después a la espada, sosteniéndola sin dolor y colgándola en su espalda. El hombre caminó dando a entender que Link debía seguirle, así fue, caminó detrás de él hasta que llegaron a un lugar donde había sólo un gran agujero. "¿Sabes por qué está el agujero?", le dijo a Link con una voz seria. Sólo se preguntó a sí mismo, tratando de hallar la respuesta. El hombre viejo siguió caminando rodeando el agujero, Link no paraba de pensar qué era su pregunta, si era una forma de ver las cosas o algo para penetrar su mente y saber el significado de su propia vida. "¿Y entonces?", preguntó el hombre que ya había caminado al otro lado del agujero; "Tal vez sea yo mismo", respondió Link; "¿Tal vez?", recalcó avanzando más. "¡No, el 'tal vez' no queda aquí!", dijo tristemente, "Siento que soy yo aquél agujero, ¡soy alguien vacío que necesita saber quién es!", el hombre viejo se detuvo y le miró. "Con lo que me has dicho, eres alguien demasiado vacío, deja que te ayude llenar tu propio agujero", avanzó. Link rodeó el hoyo, mirándolo seriamente y siguiendo al hombre. Llegaron a una clase de casa en unos minutos después de haber pasado por un pequeño bosque, entraron los dos cautelosamente, Link notó que no era una casa, sino una biblioteca, poniéndose nervioso de repente porque sólo así tenía extrañas visiones. No había alguien adentro así que aquél se movió y se sentó recargando sus codos en la mesa, "Trae un libro", le ordenó. Link miró hacia los estantes y empezó a mover los libros, ni uno le parecía interesante, hasta que se encontró de nuevo con el libro titulado "El Rey del Mal", lo sostuvo tratando de no pensar en nada y se lo llevó enseguida al anciano dejándolo en la mesa, aquél leyó el título y le preguntó por qué ese libro, Link contestó nervioso, diciendo que estaba leyéndolo, pero lo había dejado porque empezaba a darle fiebre y veía cosas. El anciano rió un poco, devolviéndole el libro, pidiéndole que lo leyera en voz alta. Link lo sostuvo y cumplió su petición, empezó leyendo el prólogo, donde hablaba de la creación del supuesto "Rey del Mal", Link empezaba a sudar incontrolablemente, siguió leyendo hasta llegar en la parte donde hablaba de aquél malicioso cuando sostenía la trifuerza de Din y se había convertido en un ente inmortal, Link cerró los ojos fuertemente y empezó a ver cosas, una guerra sangrienta donde no había reglas y ni siquiera leyes naturales entre ellos, abrió los ojos repentinamente y calló de un mareo, vomitando en el suelo sólo jugos gástricos. El hombre viejo se levantó de su asiento y fue a verle preocupado, le ayudó a pararse y le preguntó si estaba bien. Acarició su frente quitando su sudor, sintiendo la fiebre del muchacho. "Te llevaré con la doctora, no te preocupes", agarró su mano y rodeó su brazo en su cuello, levantándolo del torso. La doctora no estaba muy lejos, sólo había que cruzar el pequeño bosque. Salió casi corriendo, Link seguía con los ojos cerrados, presionándolos. Cuando el anciano, a mitad del camino, volvió a tocar su frente, Link estaba aún más caliente, a tal punto que empezaba a alucinar. "¡Abre tus ojos!", gritó el anciano sosteniendo el rostro del pequeño, tratando de abrirlos a la fuerza, "¡Abre tus ojos, niño!", de nuevo le había gritado, Link los había abierto por completo, pero su respiración había acelerado, su fiebre ya estaba bajando poco a poco. De nuevo el hombre sostuvo su torso y lo levantó, continuando con el camino, "Por lo que más quieras, sólo no cierres los ojos", dijo dándose cuenta de qué era lo que sucedía. "No lo haré, señor", dijo doliente. Abrió la puerta de la doctora frenéticamente, aquella volteó a verles sorprendida, percatándose del niño que tenía en brazos, corrió hacia ellos tocando a Link por todos lados.

—Llévelo a la camilla, por favor—dijo apurada, el hombre lo hizo

—No me lo creerá, doctora—dijo el anciano sorprendido, aquella se dedicaba a revisar de pies a cabeza a Link, casi no le prestaba atención—: empezó a darle fiebre después de saber la creación del "Rey del Mal"

—No diga cosas extrañas—dijo mientras le veía sus pupilas, algo raro notaba en el pequeño, su fiebre iba bajando poco a poco—. Su fiebre va agotándose—dijo sorprendida

— ¡Le digo! ¡Le digo!—gritó felizmente sorprendido

— ¿Por qué está feliz?—le preguntó

—Creo, doctora, que tiene usted enfrente, ahora mismo, al Héroe del Tiempo—dijo emocionado

—Si se llama Link, como me había comentado, ha de tener sus razones—dijo tratando de verle lógica—. Aparte, ¿qué tal si la marea le afectó? No lleva mucho tiempo desde que pisó tierra firme, aparte usted lo pone a hacer labores difíciles—Link se había levantado, estaba a punto de bajar un pie de la camilla—. No, pequeño, todavía no te he revisado bien—dijo deteniéndolo

—Me pasó allá en Hyrule y aquí no será la excepción—se levantó después de todo—, siempre me pasa cuando analizo cosas del pasado de esta tierra—miró tristemente a la doctora

—Entonces ya es normal—dijo el anciano—. ¿Ve, doctora? ¡Es posible!

—Es imposible, eso que le sucede tiene respuesta lógica o científica—dijo riéndose un poco—. Si es así, entonces…—se había dirigido a un pequeño estante, tomando un libro acerca de todas las leyendas que se llegaron a contar sobre el Héroe del Tiempo y la Princesa de Hyrule—. Lee en voz alta, pequeño—le había entregado el libro en sus manos, Link miró nervioso el mismo

— ¿Todo?—dijo nervioso, la doctora le miró acertando con la cabeza. Abrió el libro y miró su interior, tenía pocas imágenes— Empezaré—dijo Link nervioso, tragando saliva y regresando a la página principal—: "En la más profunda historia de Hyrule, se ha comentado que existe una serie de sucesos que no se han podido analizar con gran profundidad, 'La Leyenda de Zelda', todos le han llamado desde que surgió 'La Batalla por el Poder', que, por supuesto, saben de qué ha tratado: hubo una gran masacre por los grandes Triángulos Sagrados.

Muy poco se contaba en aquél entonces, pero ahora, por varias pruebas que se han presentado en los siglos, podemos saber que el… 'Héroe del Tiempo' una vez llegó como un niño común y corriente… al Reino de Hyrule, según contaron muchos,… como un 'Kokiri', una antigua civilización… Aquél… Niño vestía una… Túnica verde, común en los habitantes… De aquella región olvidada… Se dice que su madre… Fue a…"—Link hacía muchas pautas en su redacción, de nuevo había cerrado los ojos fuertemente y nuevas imágenes se proyectaban en su mente, la doctora le miró y se levantó para observarlo, tocando su frente

—Este niño se está calentando—dijo corriendo por agua

— ¡Ja! ¡Te lo dije!—dijo feliz el anciano, que no hacía nada mientras observaba cómo la doctora le ponía cosas a Link— Pero, ¿qué haces, niña? ¡Sólo debes abrirle los ojos! Él no requiere de medicamentos o hielo, con sólo regresarlo a la realidad tiene

— ¡Esas son patrañas!—dijo recostando a Link, poniendo trapos mojados en su frente y brazos— ¡Su temperatura sube considerablemente! ¿Pero cómo?—dijo mientras lo tocaba

—Eres necia—se acercó a él, tomándole el rostro y abriendo sus ojos toscamente, Link se movía y respiraba con fuerza—. ¡Abre los ojos, niño!—Link los había abierto completamente, respirando rápidamente

— ¡Está loco!—le gritó en la cara, regresando su cuerpo hacia el muchacho, aquél ya había parado de respirar tan rápido, se veía normal. Tocó su frente para cerciorarse— ¡Pero qué…!—estaba de nuevo tibio— Es que… ¡No! ¿Cómo?—gritó asustada

— ¡Te lo dije!—sacudió su brazo feliz— Te aseguro que él es el Héroe del Tiempo

—No lo creo—dijo aún sorprendida

— ¡Dame otra explicación!—dijo furioso—. Tienes un milagro enfrente de ti, ¡un regalo de las Diosas! ¿Y dudas de él?

—Link, ¿puedes hablar?—le dijo la doctora ignorando al anciano

—Claramente—dijo respirando tranquilo

— ¿Qué te pasó? ¿Viste algo o qué?—dijo confundida— ¿Qué fue eso?

—Me vi a mí mismo enfrente del Reino—suspiró—, un caballo salía corriendo a gran velocidad y, en él, una mujer con una niña—el anciano había sostenido el libro y empezó a leer un poco, dando a leer a la doctora una línea, donde decía exactamente parecido a: "El Héroe se dirigía hacia el castillo, con la princesa Zelda, después de recolectar las piedras cuando de repente, en la entrada del Reino salió un caballo con la niñera de la princesa con ella, quien la protegía"

—Diosas—dijo cubriéndose la boca del asombro—. No puede ser posible—el anciano se había desesperado—. Pero, en la Leyenda se cuenta que el Héroe del Tiempo siempre tuvo marcada la trifuerza en su mano izquierda, yo no le veo ni una marca—dijo volteando a ver al anciano

—He aquí lo interesante—se había acercado a Link—: al parecer Link necesita un guía para conocer su pasado

—Pero, ¿por qué le dará fiebre cada vez que lee algo relacionado a Hyrule?

— ¡Recuerda que El Héroe del Tiempo ha vivido durante siglos! Su memoria se está sobresaturando, por decirlo de alguna forma, por eso es que empieza a darle fiebre cuando lee algo acerca de su pasado, es demasiada información para su cerebro

— ¿Eso explicaría el dolor de cabeza?—agregó Link

—Es probable, muchacho

— ¿Podemos ir a comer?—dijo Link acariciando su vientre

—En un momento—dijo ignorándolo—. Algo tramó el Héroe del Tiempo para que le sucediera esto ahora, es como si quisiera derrotar en definitiva al Rey del Mal—Link empezaba a tambalearse, sólo la doctora le hacía caso—, no cree usted, ¿doctora? Puede que haya examinado al Rey del Mal con profundidad para que él notara su "punto débil", ¿o habrá sido obra de…?—se había tirado Link

— ¡Link!—la doctora fue hacia él

—Algo de comida—dijo mareado—, ¡tengo, en verdad, mucha hambre!—gritó a punto de llorar

—Oh, niño—había corrido hacia un pequeño estante de su oficina, sacando de ella una manzana roja, regresando con Link deprisa—. Vamos, Link, come

— ¡Gracias!—se había sentado dándole mordiscos a la manzana, mirando al anciano y la doctora con una ternura extrema

—No pongas esa cara, muchacho, te quita personalidad—dijo molesto

— ¡Pero qué dice! Es sólo un niño, esos tipos de gestos van con él—dijo mirándolo tiernamente

—Gracias, doctora—dijo Link dulcemente

—No me digas doctora, pequeño, llámame Namie

—Namie, gracias también por la deliciosa manzana—sonrió

—Fue un placer—había despeinado su cabellera—, por cierto—había volteado a ver al hombre viejo—, él se llama Zernaa, es el jefe de la isla

—Tal vez el muchacho ya sabía—dijo Zernaa

—No, señor—se había levantado del suelo—. Creo que ya es hora de irme—dijo dándole un mordisco enorme a la manzana

— ¿Por qué tan rápido?—había preguntado Namie

—Tengo que encontrar a mi ser—estaba a punto de cruzar la puerta

— ¡Muchacho! ¿No te ayudaré?—dijo el hombre

—Sólo estoy perdiendo el tiempo, no me sirve de nada tener fiebre cada segundo—dijo molesto—. Ya notaron que me hace daño estar viendo o leyendo cosas acerca del pasado de Hyrule e insisten en que deben cerciorarse, ¡eso es cruel!... Adiós—había salido de la casa triste

— ¿No hará nada?—dijo la doctora mirándolo

—No—dijo seriamente—, él sabe qué hacer, nosotros sólo estamos quitándole su tiempo—la doctora miró de nuevo la puerta, con esperanza de que el pequeño Link volviera

Afuera Link caminó y caminó perdido, pues no se ubicaba bien entre tanto árbol y casas, tuvo que hablar con la gente de la isla para pedir ayuda. "¿Dónde está la costa?", preguntaba tranquilamente, aquellas personas le daban indicaciones, otras querían llevarlo hasta allá, pero él se negaba, prefería caminar solitario. En un momento de su caminata, el pequeño muchacho se había puesto a reflexionar acerca de qué era lo que en realidad quería en su vida, siempre pensaba en ser un aventurero, pero esta clase de pensamientos acerca de Hyrule hacían que quisiera saber quién era o para qué estaba en este mundo. Miró la espada que Zernaa le había regalado, sentándose en el fresco pasto, la había sacado de su estuche, no era cualquier espada, era una especial; según el anciano le había dicho, hace siglos El Héroe del Tiempo había tenido una similar a la que sostenía. Se levantó sujetándola firmemente empezando a dar golpes de "aquí para allá", unos adolescentes le habían visto desde lejos, acercándose a él viéndolo malévolamente.

—Oye, chiquillo—dijo uno de los tres que estaban ahí—, tienes una linda espada, ¿no eres muy pequeño para portarla?—dijo acercándose a él más y más, incomodando a Link

—Tengo 12 años, no soy ningún chiquillo—dijo mirándolos seriamente, los tres muchachos se habían burlado

—Eres un mocoso—dijo otro sosteniendo su cabellera—, nosotros tenemos entre 14 y 16 años, no te creas el niño grande

— ¡Oye, oye!—dijo otro con tono de burla— ¿Qué quieres ser de grande niñito? ¿Pirata o algo así?—entre los tres se habían reído

—No quiero problemas—estaba a punto de guardar su espada

—Sí, ve con tu mami—los tres se habían burlado, uno de ellos había tirado a Link con una patada por la espalda ya que aparte de mayores, eran altos

— ¡Cállate!—gritó sosteniendo su espada fuertemente, levantándose y dando un golpe sin querer herirlo gravemente, sólo provocándole una pequeña herida en su torso

— ¡Ah!—gritó el herido— ¡Maldito niño! ¡Vas a pagar!—se había acercado a él todavía con fuerzas, Link se había puesto nervioso, una voz a lo lejos había llamado

— ¡¿Qué está pasando?—Gritaron a lo lejos, un guardia se había acercado viendo que Link tenía un arma— Baja esa espada, pequeño—Link había hecho caso, la había bajado cuidadosamente poniéndola en su estuche— ¿Qué ha sucedido?

—El niño de repente nos atacó—dijo uno que no estaba herido, todos habían exclamado asertivamente

— ¡N-NO!—gritó nervioso Link

—Ven muchacho—dijo enfurecido acercándose a él—, ya verás cómo te irá—le había jalado de la ropa

De nuevo habían caminado unos cuantos metros hasta llegar a una clase de oficina, al entrar, sólo había guardias y también secretarias. Habían dejado a los cuatro ahí, confiscándole su espada. Link estaba en problemas y lo sabía muy bien, de repente la imagen de su familia le pasaba por la cabeza a tal punto de llorar. Todos ahí decían que se callara, que debió haberlo "pensado antes de hacerlo", Link no decía nada, pues sabía que no le creerían. Al muchacho herido se lo habían llevado con la única doctora más cercana de la isla, mientras que los demás daban su versión de los hechos. Cuando la secretaria y un guardia ahí a lado escucharon ambas versiones, enseguida creyeron que Link era culpable, pidiendo a uno de los dos muchachos fueran por el jefe para dar un veredicto. Link empezó a contar cómo había sucedido, pero el guardia y la secretaria le miraban como si mintiera, pidiéndole al pequeño que mejor callara ya que "no tenía la razón", empezó a llorar repentinamente, hasta que el jefe Zernaa entró.

— ¿Qué pasó aquí?—preguntó molesto, mirando a Link sorprendido— Muchacho, ¿qué haces…?

—El niño que está aquí lastimó a un amigo de ellos—dijo la secretaria señalando a los dos mentirosos—. Según ellos nos cuentan, el niño estaba golpeando todo objeto con su espada, hasta que se topó con ellos, quienes lo detuvieron, pero por coraje a uno le lastimó

—Bueno, ¿y cuál la versión de él?—preguntó Zernaa

—No le presté atención—dijo la secretaria indiferente—, es obvio que es culpable, jefe

—Muchacho, cuéntala

—Estaba sentado en el pasto mirando la espada que me obsequió, me levanté y empecé a practicar, cuando de repente ellos llegaron y me dijeron montones de cosas, uno de ellos, cuando estaba a punto de retirarme, me empujó... Por coraje, a uno le ataqué sin querer lastimarlo

—Suena más real lo que él dice—dijo Zernaa—. Usted, secretaria, ha discriminado por no escucharlo

—No, jefe—dijo nerviosa—, ¿es que no se da cuenta que el niño miente?

—Acabo de conocerle—dijo serio— y se ha comportado de buena manera aún siendo nuevo en nuestra isla, en cuanto a estos niños de aquí, siempre hemos recibido quejas por vandalismo

— ¡No, señor!—dijo uno de ellos— ¡Nos está confundiendo con otros!

— ¿Osas decir que me equivoco, muchacho?—Link le había mirado con gran emoción, le admiraba y provocaba inspiración— Dejen a este muchacho en paz, y devuélvanle su espada, a estos dos y al otro que está con la doctora Namie déjenlos en la cárcel por 5 horas y avísenle a sus padres—estaba a punto de retirarse con Link—. Ah, y usted, secretaria deficiente, está despedida—el anciano y Link habían salido por completo

—Señor, ¿por qué lo ha hecho? No me conoce mucho—preguntó Link confuso

—Uno aprende muchas cosas, muchacho—dijo despeinando su cabellera—, sabes leer los rostros de la gente en este tipo de trabajo con el tiempo

— ¿Usted es el jefe de los guardias?—preguntó Link

—Así es, pequeño—le sonrió—, he estado en este trabajo más de 20 años y así será hasta que muera—cambió de tema drásticamente—. Dime, ¿a dónde planeas ir ahora?

—No tengo idea—dijo Link triste—. Iba a ir donde el viento me dijera, pero tengo la extraña sensación de que debo quedarme—dijo sonriéndole al anciano— ¿Podría usted enseñarme cosas, señor?

—Claro, pequeño Link, deja que sea tu guía—sostuvo su hombro feliz—, siempre tuve una extraña sensación de pequeño, pensé en que debía hacer algo importante en mi vida, y creo que eso importante está justo a mi lado—volteó a verle—. Me mantuve de pie esperándolo, Link

—Gracias, señor—dijo Link sonriente

—Vamos a empezar, muchacho—su mirada era una inspiradora, única para ese momento

Los siguientes meses Link se había dedicado únicamente al arte de la espada, según aquél anciano insensible, saber de la espada era necesario si quería aprender acerca de su propio ser. Logró sostenerla sin tambalearse y sin cometer simples errores de desequilibrio. Llegó a manejar el peso en sus brazos, cargando más de 10 kilogramos con una mano, a pesar de que Zernaa fuera cruel, era un excelente maestro de la espada. Link tenía, aparte de ese entrenamiento, una dieta balanceada para su energía ya que su horario de sueño era exacto, dormía diariamente ocho horas, de la mañana hasta la noche se la pasaba entrenando con Zernaa, tanto con la espada y con la mente, estudiaba la filosofía de Hyrule y se ponían a hacer ejercicios mentales de estrategia y matemáticos. Si el pequeño llegaba a tener alguna lesión, ahí se encontraba Namie para ayudarles. Un año entero se la había pasado entrenando con la espada, Link ahora tenía trece años y se encargaba de cuidar la isla con los demás guardias, era un excelente ejemplo a seguir, ya que no faltaban los maliciosos que hacían sus tonteras, Link los detenía a todos por completo en un solo tiro y sin que alguno se escapara. Se había alejado completamente de los libros de La Historia de Hyrule, por un año completo no tuvo fiebre o algún extraño sueño. Zernaa hablaba mucho del tema con Namie, le decía que el muchacho estaría listo cuando su cuerpo, mente y alma aceptara el hecho que es un nuevo Héroe que estaba listo para salvar Hyrule, las Diosas supieran de qué o quién.

El año había sido tranquilo y emocionante para el saber del pequeño. Su mente se había llenado de sabiduría y poder, ya que el coraje lo tenía completamente. Tuvo unos grandes lazos amistosos con Zernaa y Namie, con quienes convivía la mayor parte del tiempo, aunque muy en el fondo de su ser, sabía exactamente que no duraría para siempre, algún día debería partir a aventurarse al conocimiento de su existencia, o al menos eso creía Link cada vez que iba a dormirse profundamente.

Pasaron diez meses. Una mañana cualquiera, Link se levantó animado. Se había preparado para ir a hacer guardia, como todas las mañanas, al parque de la isla, pero un gesto extraño de Zernaa había provocado que su sonrisa emocionada se fuera repentinamente. Aquél anciano traía en sus manos un extraño papel, parecía muy viejo. Se acercó a Link cautelosamente, aquél retrocedía nervioso.

—Link—dijo el anciano—, tengo que decirte algo—dijo seriamente

—No me dé malas noticias, señor—seguía retrocediendo, el anciano se había detenido

—No, muchacho, mi gesto es de tristeza, pero el tuyo deberá ser de alegría—sonrió tímidamente, por fin había tenido el acercamiento suficiente—. Muchacho—sostuvo sus manos, entregándole el papel viejo—, ahora estás listo para zarpar cuando quieras, todo lo que debía hacer, está hecho—Link miró emocionado el papel, desdoblándolo tembloroso, leyendo cuidadosamente el contenido, eran las escrituras demostrando que era el nuevo dueño de un barco llamado "Rolh Calatia".

—Señor—dijo emotivo, sus lágrimas se asomaban—, ¿acaso ese era su…?

—Así es, Link—sonrió—, ese es mi barco, uno que me dio mi padre, el cual mi abuelo construyó

—No sabría si aceptarlo, señor—dijo tímidamente, dándole de vuelta el papel

—Mi abuelo hubiera hecho lo mismo—le devolvió el papel, sosteniendo sus manos—. Es necesario que te lo lleves, muchacho, hay algo que debes saber de tu propio ser, ve a buscar ello, sé que todavía tienes la duda

—Señor, en serio cómo se lo agradezco—sonrió a punto de llorar

— ¡No, Link!—miró a otro lado— Me pondrás emotivo con ese gesto—Link le había abrazado de repente— ¡Oh, muchacho!—había entrado de repente Namie, quien traía cosas de la despensa

— ¡Buenos días!—dijo sonriente— ¿Ya te dieron las buenas noticias, Link?

— ¡Oh, Namie!—teniendo todavía lágrimas en los ojos, fue a abrazarle

— ¡Ja, ja!—sonrió— Espero que te vaya bien en tu viaje, pequeño—había mirado su ropa—. ¡Pero Link! ¡Mira qué ropa traes!—dijo sosteniendo sus hombros— Has crecido demasiado, esta ropa ya no es propia para ti, aparte, ¿cómo vas a querer navegar con eso? Vayamos a que te confeccionen ropa nueva—había jalado a Link del brazo sin decir más

Habían caminado ambos deprisa, Namie quería que tuviera su ropa lista para que zarpara lo más pronto posible. Fueron con una mujer costurera, quien les atendió amablemente. Link decía cómo era la ropa nueva que quería, la costurera hacía un diseño el cual se lo enseñó a Link después de haberlo plasmado en papel, al chico le había gustado. Tomó las medidas de Link con cuidado y así mismo les dijo que debían volver en cinco días para recoger el pedido, a lo que el muchacho aceptó, ya que él no tenía ninguna prisa, quería disfrutar bien sus últimos momentos en la isla. Al salir Namie ahora se había llevado a Link corriendo hacia el mercado, preguntándole qué era lo que deseaba llevarse para su viaje, aquél muchacho sólo supo decir que no había demasiada prisa, no tenía marcada una fecha. Namie sólo se había soltado a llorar des controlablemente, decía que estaba nerviosa porque sabía que pronto se iría, que se había encariñado con él. Link sólo le había dado un abrazo amistoso, diciéndole que él tenía pensado zarpar el día de su cumpleaños número 14, o sea que en menos de dos meses. Namie se había secado las lágrimas contenta, preguntándole al joven Link si quería ir a ver su navío. El rostro de él se mostró emocionado, aceptó. Así, caminaron tranquilamente pasando por un pequeño bosque, llegando a la playa, muy a lo lejos se encontraba un barco cubierto con una gran manta blanca, Link se soltó de Namie, preguntando si era ese el navío. Namie, acertando con la cabeza, observó cómo el joven Link se iba corriendo mirando la gran manta. "¿Pero qué haces?", había preguntado Namie riéndose, "Quita esas mantas, Link, así no lo admirarás", sonrió. El acto seguido de él, fue agarrar su espada y empezar a cortar las cuerdas que sujetaban la enorme manta. Debajo de ella, yacía un bello navío color vino. "Ese barco es el más hermoso de ésta isla", comentó Namie, "Si quieres subir, es al otro lado, muchacho". Link escuchó atentamente y le dio la vuelta, mirando una cuerda atada en el barandal del barco. El muchacho subió con cuidado y ayudó a que Namie también subiera, había pocas cosas con polvo y la manta seguía encima del navío, con la ayuda de la doctora, quitó con cuidado la manta dejándola caer a la arena. La emoción de Link se notaba, tocaba todo con delicadeza y miraba cada detalle del navío; entraba, salía, subía y bajaba, era un sueño hecho realidad. "Está un poco dañado", dijo Link, "Se nota que Zernaa lo ha cuidado mucho, ¿no es así?", preguntó, "Así es, Link. Como esto es obsequio de su padre, lo ha mantenido lo mejor posible, antes diario lo limpiaba, pero conforme fue envejeciendo, ya no ha tenido las mismas fuerzas", dijo Namie. "¿Él navegaba?", preguntó de nuevo el joven. "Sí, lo hacía muy seguido antes de que fuera jefe de los guardias, de hecho me llevó muchas veces a Hyrule sólo por diversión", dijo contenta, "¿Cómo lo conoció?", preguntó de nuevo, "Mi padre había muerto en la catástrofe que ocurrió en Hyrule y mi madre murió de la tristeza, tuve que ir por mi cuenta a un orfanato, donde de vez en cuando era visitado por Zernaa sólo para hacerle compañía a los huérfanos. Una vez que lo conocí, nos hicimos muy buenos amigos hasta tal punto que llegó a adoptarme. Me llevó a muchos lugares, pues compartíamos el sueño de aventurar", suspiró recargándose en el mástil, "Él ha sido un gran amigo y padre, pagó todos mis libros de medicina, le debo mucho a ése hombre", dijo contenta, "Bueno, Link, ya hay que dejar de hablar porque hay que limpiar este desastre; hay que quitarle todas las telarañas y el polvo", había entrado a la bodega de carga, después de un rato salió sacando cosas para la limpieza del navío. Ambos se pusieron a limpiarlo por completo, era un barco muy grande, así que acabaron en alrededor de dos horas. Descansaron en la bodega, tirándose al suelo y platicando acerca de las aventuras que haría Link cuando cumpliera 14 años.

—Estoy, en verdad, bastante nervioso—dijo Link

—Pero, ¿por qué?—preguntó Namie sorprendida, Link hace unos momentos se veía seguro

—Por todo lo que hemos limpiado, es un barco enorme, tengo miedo, ¿qué tal si no puedo controlarlo todo?

—Ay, Link—suspiró—Este barco es de un tamaño considerable, no es pequeño ni enorme, es "de tu tamaño"—sostuvo su hombro—. Yo sé que podrás controlarlo por tu cuenta, aparte puede que te encuentres con camaradas en tu jornada

—Sí, es probable—observaba a su alrededor—. Namie, ¿me extrañarás?

—Claro que sí, Link—dijo dándole un abrazo—, pero recuerda que yo y Zernaa estaremos en tu mente y alma, no estás solo—sonrió amigable, de repente se había escuchado su estómago, dándole la señal de que tenía hambre—. Perdona, Link—se había sonrojado

—No hemos comido nada en todo el día—se había levantado, dándole la mano a Namie para que se levantara—. Vamos a comer, ¿no quieres?

—Ya nos hace falta—rió

Link y Namie bajaron del navío con cuidado, caminando felices hacia la casa de Zernaa. En el camino sólo se encontraban con gente haciendo lo acostumbrado. Cuando llegaron y entraron, notaron un olor sabroso, era Zernaa quien cocinaba, al parecer, pescado. Namie se acercó a él para ayudarle mientras Link ponía trastos limpios sobre la mesa. La doctora había salido con el guisado, poniéndolo sobre la mesa, Zernaa había salido con dos platos, uno de sopa y otro de ensalada. Se sentaron todos y empezaron a comer como si nunca lo hubieran hecho en su vida. "La comida siempre es más deliciosa con alguien a lado", había dicho Namie.

La tarde se había ido deprisa, el joven salió junto a Zernaa para cuidar la isla, mientras Namie se iba a su trabajo porque tenía unas cuantas citas pendientes. La noche cayó y era hora de regresar a casa. Namie regresaría hasta más tarde y Zernaa le acompañaría. Eso significaba que Link estaría solo toda la noche. Cuando entró a la casa, tomó el frasco de leche y la sirvió en un vaso, fue a su habitación, se sentó en su cama y bebió. Por costumbre, se había recostado muy nostálgico, pensando en su familia, en sus vagos recuerdos acerca de algo desconocido y por supuesto, en Zelda también pensaba. Hace tiempo que no analizaba ello, cerró los ojos y miró a Zelda quien observaba unas cosas, al parecer estaba en un mercado. Abrió los ojos de nuevo, estaba sudando un poco, pero no se sentía mal. Volvió a cerrar los ojos y ahora vio que la princesa Zelda echa una piedra. Había sostenido sus manos, entrelazándolas, diciendo que "iba a eliminarlo". De repente habían salido gran variedad de imágenes en su mente, despertó unos segundos después, había visto a Namie y a Zernaa, le estaban agitando para que despertara, ambos se veían preocupados.

—Link—dijo Namie abrazándolo

—Cómo… ¿Qué ha pasado?—preguntó confundido

—Llegamos desde hace dos horas—dijo Zernaa, quien estaba sentado en una silla de la misma habitación de Link, se levantó con cuidado— y desde hace media hora que intentamos despertarte

—No noté el tiempo—dijo Link

— ¿En qué pensabas, leíste algo?

—No he leído nada—dijo tratando de recordar—. Sólo me recosté, cerré los ojos y salieron esas imágenes extrañas, de repente ustedes me despertaron

—Entonces, ¿no te sentiste mal?—preguntó Namie

—No—dijo sorprendido, Namie y Zernaa también lo estaban

—Tal vez de cierta forma estás madurando, podría ser que ya estés listo—dijo contento Zernaa

—No—dijo Namie—. Todavía es muy joven para esto, Zernaa; no estabas dormido, Link, parecías desmayado

—Siempre hay que ponernos en riesgo—dijo Zernaa

— ¡No! ¡Está loco! Él no está listo para estas cosas

—Claro que sí, sólo hay que practicar

—Se puede practicar el alma, pero el físico todavía no—había salido molesta de la habitación—. Ve a dormir, Link, reposa—se había asomado

— ¡Vaya niña!—dijo Zernaa, siguiéndola—. Que duermas bien, Link, ya es muy tarde así que no te quedes despierto

—No lo haré—Zernaa había salido y Link se había recostado de nuevo

El joven se recostó sin cambiarse y durmió profundamente sin hacer algún esfuerzo, en sus sueños navegaba por varios mundos, según él. Veía siempre a la princesa Zelda, quien no se separaba de él en ningún instante, curiosamente, en todos los momentos de su sueño la rescataba de alguien muy malo. Despertó animado, sonriendo, mirando la luz que atravesaba la ventana. Salió de su habitación al poco rato, Namie estaba preparando el desayuno, se veía más animada que la noche anterior. Sirvió el alimento y le deseó a Link un buen día. Aquél muchacho salió casi corriendo, ya se le había hecho tarde, miró a todos y los saludó, allá afuera estaba tranquilo, no pareciera que fuera un mal día. Hizo su guardia como acostumbraba y nada más sucedió, regresó a la casa de Zernaa, comió y volvió a hacer guardia. Regresó en la noche, de nuevo cenó solo y se fue a su habitación a reposar. La rutina había sido normal en los próximos días. Había ido a recoger la ropa que le había encargado a la costurera. Otros días en su tiempo libre, Link iba de vez en cuando a mirar el navío que le había obsequiado Zernaa, subía y tocaba todo lo que pudiera, pensando en el día que zarparía. Se llenaba de nostalgia y alegría, no sabía cómo sentirse con su ida. Un mes y medio ya había pasado.

Estaban a pocos días de que Link cumpliera sus 14 años, Namie estaba nerviosa pero Zernaa bastante orgulloso. Pensaban qué irían a hacerle para su cumpleaños, ¿qué haría exactamente? ¿Zarparía el mismo día al amanecer o al siguiente día después de su cumpleaños? Link quería zarpar el mismo día de su cumpleaños, pero Namie no lo deseaba. Lamentablemente ella no podía interrumpir con sus planes, pues Zernaa siempre le dijo que dejara lo que quisiera hacer, si él es el Héroe, sabrá lo que hace. Aquél sólo se dedicaba a preparar su barco, llenaba barriles de agua, cajones de frutas y verduras, etcétera. Zernaa le ayudaba con ello. Se quedaban a dormir en el mismo barco para "acostumbrarse", a veces ni siquiera dormía para "hacer guardia", se desvelaba. Mientras hacía eso, imaginaba que era un gran aventurero, el más famoso de todos y que en donde sea que paraba su barco, era bienvenido.

Ahora faltaba sólo un día para el cumpleaños del muchacho, ya portaba su ropa nueva la cual era digna para un aventurero: sus mangas no estaban ajustadas a su cuerpo, estaban "flojas"; su pantalón era uno café y sus botas eran negras. Tenía un cinturón marrón donde de él colgaba su espada. Pasó la noche y el muchacho se levantó justo a las cinco de la madrugada, preparó su ropa nueva y se la puso delicadamente, se acercó a un espejo y miró su reflejo en su habitación de la casa de Zernaa, se veía a sí mismo como alguien diferente, no como aquél pequeño Link de hace algunos años. Había avanzado el reloj, ahora eran las seis de la mañana, salió de repente con una última bolsa pequeña el cual contenía el libro de "El Rey del Mal", Namie y Zernaa le esperaban ansiosos desde el comedor. La doctora le había ofrecido a Link comida, pero él se negó, decía que no tenía hambre. Decidieron acompañarlo a la costa. Salieron de la casa y caminaron sin prisas hacia él, donde de nuevo estaba cubierto por una manta, pero ahora sin cuerdas. Link jaló una esquina, descubriendo por completo a Rolh Calatia. Besó la mejilla de Namie y abrazó a Zernaa. "Es hora de que me vaya", había susurrado. Dio media vuelta y subió, lo único que necesitaba era que Zernaa rompiera la cuerda donde era sujetado el barco. "Por favor, Zernaa", Link sostenía la rueda de timón nervioso. "Te deseo lo mejor, muchacho, sé que encontrarás a tu ser", había sacado su cuchillo, "Adiós, Link", había roto la cuerda, el barco había empezado a andar. Namie se encontraba llorando, sosteniendo su boca y secándose las lágrimas, agitó la mano despidiéndose de Link.

Aquél muchacho estaba listo para su nuevo encuentro. No sabía a dónde ir, sólo seguía su instinto aventurero.