La luz del sol quema sobre tu piel y te das vuelta en la cama tratando de esquivarla, tienes un horrible dolor de cabeza y, cuando abres los ojos, te encuentras momentáneamente desorientada, esa no es tu casa. Miras a tu alrededor y caes la cuenta de que estás en la casa de George, repentinamente los recuerdos de la noche anterior llegan a tu cabeza y te hundes deprimida en la cama. Sobre la mesa de luz te dejó una nota diciendo que se iba a trabajar, te levantas y juntas tus cosas, no quieres estar aquí cuando vuelva.

Ayer a la tarde habían tenido una pelea, una de las muchas tantas que usualmente tenían, sencillamente no combinaban juntos, había demasiadas culpas encontradas. La discusión de ayer había sido sobre un asunto al que le habías dado vuelta demasiadas veces ¿Qué eran? ¿Amigos con derechos? ¿Novios? ¿Amantes? ¿Estaba ella traicionando la memoria de Fred al estar con él? ¿Estaba George traicionando a su hermano? A veces no podías evitar pensar que estaban juntos porque eran dos pedazos de almas rotas que sufrían la misma pérdida. Era una situación asfixiante, no saber quién eres, ni lo qué haces ni por qué estas con alguien, necesitabas escapar, encontrarte a ti misma, tal vez pudieras conseguir un libro sobre cómo sobrevivir a una guerra y no desesperar en el intento. No logras entender cuándo fue que la situación se descontroló tanto, tratas de rememorar en el tiempo pero no consigues ver cuál fue el error.

Al principio todo empezó bien, siempre es así, tú solo querías ayudarlo a salir del pozo pero a cambio te hundiste a ti misma en una fosa sin fondo.

Habían pasado alrededor de cuatro meses desde que la guerra había acabado, como la temporada de Quidditch estaba suspendida te habías recluido en la casa de tus padres, te habías encontrado a ti misma, habías tratado de sanar las heridas. Pero ahora que la temporada se reiniciaba era hora de salir de nuevo al mundo, estabas en el Callejón Diagon porque necesitabas nuevo equipamiento para la escoba cuando pasaste por la puerta de Sortilegios Weasley, de solo ver el lugar se te rompió el corazón. Si bien el local estaba abierto, y sospechabas que la señora Weasley tenía mucho que ver con eso, jamás lo habías visto tan destruido. Las vidrieras estaban sucias y lucían igual que antes de cerrar el local por la guerra, las estanterías estaban desprovistas de productos y la atmosfera del lugar era sombría. Sin pararte siquiera a pensarlo entraste y fuiste al mostrador.

-Disculpe, me gustaría hablar con George Weasley

-El Sr. Weasley no atiende visitas- fue la seca respuesta de la cajera.

-Estoy segura de que a mí me atenderá, podría decirme donde está- la empleada te fulmino con la mirada.

-El Sr. Weasley no atiende visitas y no sé porque usted vendría a ser la excepción, si quiere comprar algo hágalo o si no por favor retírese- eso fue todo lo que Angelina necesitó para que su nula paciencia explotara.

-Mira niña he pasado por demasiadas cosas en mi vida y nunca nada me ha frenado, quiero ver a George y créeme cuando te digo que lo voy a conseguir, así que mejor empieza a decirme en este mismo instante donde está.

-Calma fiera, no hace falta que espantes a mis empleados que aquí estoy, guarda esa ira para el campo- giraste aliviada en cuanto lo oíste, lucía pálido, flaco, ojeroso y sin el asomo de su acostumbrada sonrisa, pero al menos había intentado bromear, y eso para empezar era suficiente.

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-¡Vamos George! ¿Hace cuanto no cambias una vidriera? Él negocio se está estancando y no puedes permitirte eso- le suplicas apoyada en la barra de su departamento.

-En realidad si puedo, hay dinero más que suficiente como para parar una larga temporada, y de todos modos la gente sigue comprando los productos que quedan, así que no le veo sentido a lo que estás diciendo.

Su deprimido tono de voz encendió el enojo de Angelina, este no era el George Weasley que había conocido y querido durante tanto, y costase lo que costase ella sabía que iba a hacerlo regresar, lo necesitaba, todos lo hacían.

-¡El sentido de todo esto es que vos te estás quedando George! La vidriera es la misma desde hace meses, las estanterías están vacías, ni siquiera has repuesto los productos que se agotaron. Justamente ahora es cuando la gente tiene más motivos para festejar y estas dejando pasar esta oportunidad.

-Es que no lo entiendes, nadie lo hace yo ya no tengo ideas, no puedo hacer nada sin él- bajó la mirada derrotado hacia su café, parecía que intentaba ahogarse en él.

-Si Fred pudiera creo que bajaría a patearte el trasero por la estúpida postura que estas tomando- en cuanto las palabras salieron de tu boca la tapaste horrorizada. ¿Cómo se te había ocurrido decir semejante cosa? Era, probablemente, lo que menos necesitaba escuchar en el universo, y justamente vienes y se lo gritas, para tu sorpresa George esbozó una leve sonrisa.

-Si probablemente lo haría, diría que mejor me pongo a trabajar antes de que el poco cerebro que me queda se escape por el hueco de mi oreja – lo dijo de esa forma tan característica suya que Angelina no pudo evitar soltar una carcajada aliviada, que le terminó contagiando, al final los dos terminaron con un ataque de risa, el primero que George tenía desde la muerte de su hermano.

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-Pásame los huevos de Doxy-

-¿Seguro? No me parece que debas mezclarlo con los otros ingredientes- te lanza una ceñuda mirada y suspirando le pasas lo que te está pidiendo. Piensas que seguramente una bludger debe haberte golpeado muy fuerte la cabeza, porque no hay forma de que una persona cuerda este haciendo lo que en este momento vos estás haciendo. Luego de que te gastaste la voz y todo tu poder de persuasión convenciendo a George para que reabasteciera la tienda, te enteras de que ellos jamás anotaron las fórmulas de sus productos, y de que George se las acuerda vagamente. Por lo que ahora estás frente a un caldero, con pergamino y pluma en mano para anotar las formulas, en caso de que lleguen a dar con ella de nuevo y que por milagro no exploten en el intento.

Se oye una explosión y el apartamento se llena de humo, corres a abrir las ventanas mientras murmuras un ahogado "te lo dije".

-De acuerdo, huevos de Doxy no eran, pero estamos cerca- su voz no suena para nada desanimada y quieres golpearte a ti misma por haberte metido en semejante empresa.

-Tienes razón, solo nos falta probar alrededor de cien elementos distintos y rogar al cielo no volar tu casa en el proceso- exclamas frustrada.

-Tendríamos que haber anotado las fórmulas- su auto crítica suena demasiado deprimida y a ti se te parte el corazón, no sabes cómo hacer volver al viejo George.

-La previsión no es algo muy característico suyo- haces una pausa y muy a tu pesar sonríes- prueba con el polvo de hada.

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Suspiras agotada luego de la extenuante sesión de entrenamiento, casi puedes soñar con tu sillón favorito y la tarta de melaza que te está esperando en la mesada, estas a treinta segundos del feliz momento cuando una persona se interpone en tu camino.

-¡Por fin saliste! Ven tengo algo que mostrarte- sin siquiera preguntar George te toma del brazo y desaparece contigo, adiós a tu tarta.

-Mira esto- dice mientras te sienta y toma una pastilla de la mesa, hacía mucho que no lo veías tan emocionado. Se la traga y de inmediato su nariz empieza a sangrarle exageradamente, ingiere otra pastilla y al instante el sangrado para.

-Esto es fantástico George ¡Lo lograste!- exclamas impresionada.

-Sí, pero no es solo este, todos los surtidos ya los recordé, puedo volver a fabricarlos- sonríe muy orgulloso de sí mismo y luego su expresión se torna seria- jamás lo hubiera hecho sin ti, gracias.

Sientes como pequeñas lágrimas se acumulan en tus ojos mientras te abraza, no entiendes porque estas tan emocionada. Lo abrazas muy fuerte y de alguna forma te sorprendes, no recordabas que George fuera tan alto, ni que sus brazos fueran musculosos, tampoco imaginaste que ibas a sentirte tan cómoda entre ellos, y definitivamente nunca pensaste que olería tan bien la pólvora mezclada con su colonia.

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Sales al campo y escuchas la acostumbrada multitud que los ovaciona, y ahí, en primera fila, destacando como si un encantamiento brújula lo hubiera señalado, esta George gritando tú nombre. No puedes evitar sonreír con ternura al mirarlo porque, a pesar de que es fan de los Chudley Cannons, esta de la cabeza a los pies ataviado con el atuendo de la Holyhead Harpies, sus miradas se encuentran y te hace una seña la misma seña que solía hacerte antes de cada partido en Hogwarts, sonríes y te enfocas en el partido, estas decidida a ganarlo.

Noventa y siete minutos después, y doce tantos anotados por tu parte, lo encuentras esperándote a la salida del vestuario, espera pacientemente que la prensa te haga las diez mil preguntas que habitualmente hacen, y luego se te acerca y te da un abrazo tan efusivo que te levanta del piso.

-¡Eso ha estado fantástico Angie!

-Si fue increíble ¡Vamos primeros en el campeonato!

-Esto hay que celebrarlo, te invito una cena- en cuanto escuchas esas palabras el mundo deja de girar y todo el bullicio de alrededor desaparece, solo esta George, su pelo despeinado, su pícara sonrisa y sus ojos centellante, el conocido cosquilleo en el estómago vuelve con más fuerza, no puedes evitar sonreír como una tonta mientras asientes.

Cuatro horas después ya han cenado, han reído y lo han pasado bárbaro, era increíble lo fácil que se te hacía pasar el tiempo con él, era como algo natural, algo que debía ser, los minutos fluían libremente y ni te dabas cuenta de que pasaban debido a lo cómoda que estabas. Estaban caminando hacía tu departamento, no sabías cuándo ni porqué terminaste con un brazo suyo alrededor de tu cintura, con sus cuerpos prácticamente pegados, tu mente lógica decía que era debido al frío pero te negabas a creerle. Ya estaban en la puerta y de alguna manera este era el momento que habías intentado retrasar, no quieres que se vaya pero tampoco te sientes lo suficientemente segura como para invitarlo a pasar. Él se acerca y deposita un suave beso en tu mejilla, en ese lugar tu piel queda ardiendo.

-Buenas noches Angie- murmura antes de darse vuelta, es solo un milisegundo de tiempo el que transcurre entre que él se da vuelta y tú decides mandar al mundo al diablo, decides que vale la pena arriesgarse porque nada en el universo justifica que te quedes con las dudas (o las ganas).

-¡George!- gritas mientras tiras de su brazo, él se da vuelta y lo tienes apenas a un palmo de tus labios, recorre la ínfima distancia que les queda; en cuanto sus bocas se juntan descubres que estas en el cielo. El nudo de tu estómago se agita con más violencia, un cosquilleo te recorre todo el cuerpo y piensas que bien podrías estar en el infierno con el calor que está haciendo. Sus manos sujetan posesivamente tu cintura, sus labios son insistentes contra los tuyos y su lengua, por todos los magos, es maravillosa, es fuerte y determinada, pero también dulce y suave, esa es una combinación que te deja totalmente desarmada. Ni en tus mejores sueños hubieras pensado que George Weasley besaba así de bien, era casi adictivo, no querías que terminara más. Pero, demasiado pronto para tu gusto, se separan, ambos están agitados y no puedes evitar pensar lo sexy que se ve con los labios levemente hinchados y las pupilas dilatadas. Sonríes traviesamente antes de cerrar la distancia que los separa y volver a besarlo, en lo que a ti respecta, el cielo, el infierno y la moral pueden irse al mismísimo fin del mundo esa noche, no va a importarte.


¡Hola! Espero que les haya gustado, les cuento que me voy unos días así que no voy a poder subir ningún capítulo hasta febrero, pero ahí sin faltan nos leemos. Me gustaría saber que piensan….

Saludos

Espero que anden bien