Dos días después, Rodolphus y Bellatrix se encontraban repasando el plan en la cueva que les servía de refugio y ya tenían todo listo para atacar a los Longbottom, solo les faltaba ultimar detalles. Rodolphus había conseguido la ayuda del último mago que fue a buscar y como lo había previsto, éste aceptó de inmediato y resultó ser de gran ayuda, porque gracias a él descubrieron exactamente el lugar en donde se encontraban sus víctimas.
Bellatrix se encontraba mucho mejor y había recobrado sus ánimos y energías, incluso se la veía más contenta y hasta era amable con Rodolphus, cosa que fue una gran mejora y el día que Rodolphus le dio la noticia de que había averiguado donde estaban escondidos los Longbottom, Bellatrix se le había echado encima y lo había abrazado fuertemente. Desde ese momento Rodolphus tuvo la pequeña esperanza de que las cosas entre ellos volvieran a ser como antes de que Voldemort llegara a sus vidas.
Recordó que el día que había visto a Bella por primera vez, él tenía tan solo 10 años. Su padre, Barnabus Lestrange, era miembro de una antigua sociedad secreta, conocida como los Caballeros de Walpurgis. Era un hombre estricto, severo y muy exigente, obsesionado con el poder y quería que su hijo sea igual o mejor que él. Podría decirse que un padre que quiere que su hijo sea mejor, es un buen padre, pero Barnabus tenía una extraña forma de demostrar lo buen padre que era.
Siempre llevaba a Rodolphus a las reuniones de la sociedad que tenían lugar en un antiguo castillo perteneciente a su familia y allí hacía que se bata a duelo con los hijos de los aspirantes a miembros, porque según la tradición, los caballeros de Walpurgis era una sociedad de padres e hijos, y aquel mago que tuviera un hijo que no era capaz de dar una buena pelea, no sería aceptado y como Rodolphus era el hijo del principal de los caballeros, tuvo que aprender desde muy niño a usar la varita para enfrentarse a magos mucho mayores que él y así no defraudar a su progenitor.
Precisamente, el día que conoció a Bella había tenido un duelo bastante violento y terminó con una herida en la mano y la varita rota, su padre se enojó tanto con él por romper la varita que lo había perseguido por todo el lugar lanzándole maleficios, sin embargo Rodolphus hacía mucho tiempo que había aprendido a desaparecerse para evitar sufrir los inusuales castigos de Barnabus, así que en aquella ocasión, no hizo más que pensar en su escondite favorito, donde sabía que nunca lo buscarían y apareció sentado debajo de la mesa de la antigua y oscura biblioteca del castillo, donde parecía que nadie había entrado en siglos.
Allí abajo, tenía una colección de objetos inusuales para un niño de 10 años: Espejos de diferentes formas, grandes y pequeños, que se sostenían en el aire por si solos; broches para el cabello, tocados de encajes, pendientes, libros con coloridas tapas, una colección de caracolas de mar y varias fotografías en blanco y negro de una hermosa mujer pegadas en la parte de abajo de la mesa. Ni bien apareció, agarro uno de los libros y se puso a hojearlo sin darse cuenta que ya había alguien allí.
— ¡Hola!
Al escuchar ese saludo Rodolphus se asustó, soltó su libro e instintivamente trató de ponerse de pie dándose un tremendo porrazo en la cabeza. Con el susto, se había olvidado que estaba debajo de la mesa.
En medio de las estrellas que vio al golpearse, escuchó una risita; trató de calmarse, se dio vuelta hacia la dirección de dónde provino el saludo y vio a una pequeña niña que reía tapándose la boca con las manos.
— ¡¿Quién eres y qué haces aquí! —Pregunto Rodolphus de mal humor al tiempo que se rascaba la cabeza en la parte donde se había golpeado.
—Mi nombre es Bellatrix Black —respondió la niña aguantando las ganas de seguir riendo— y estoy buscando al señor chasquido.
— ¿Eres la hija de Cygnus Black? —Preguntó sorprendido— ¿y quién diablos es el señor chasquido? Te advierto que si trajiste alguien más aquí te voy a…
Pero no pudo terminar de decir lo que haría porque sintió algo frío y húmedo que se movía por su cuello.
— ¡Ahí está! —Dijo la pequeña muy contenta señalando con el dedo índice el cuello de Rodolphus.
Éste sintió como esa cosa fría trataba de deslizarse por el cuello de su túnica y sobresaltado trató de ponerse de pie nuevamente golpeándose otra vez en la cabeza. En medio de estrellas, dolor y luces de colores, escucho nuevamente aquella risita.
—No es muy cómodo aquí abajo —dijo Bellatrix mientras rodeaba el cuello de Rodolphus con sus manos y agarraba a una pequeña serpiente que chasqueó la lengua molesta al ser atrapada— gracias por encontrar al señor chasquido —dijo, y le dio a Rodolphus un beso en la mejilla.
Este no sabía que cosa le ardía más, si la cabeza en donde se había golpeado dos veces o la mejilla donde acababa de recibir un beso.
— ¿Sabes que tienes sangre en la nariz? —Preguntó la niña al tiempo que guardaba a la serpiente en un pequeño bolso de tela atado a su cintura y sacaba del mismo una varita— ¡Oh! y también tienes una herida muy fea en la mano.
Rodolphus vio su reflejo en uno de los tantos espejos y vio como dos pequeñas gotas de sangre salían de sus fosas nasales, también pudo ver que traía el cabello totalmente despeinado. Rápidamente trató de limpiarse la nariz y de alisarse el cabello al mismo tiempo e inmediatamente volvió a escuchar esa risita que se estaba volviendo muy molesta.
—Déjame ayudarte —dijo la pequeña y tomando la mano de Rodolphus le dio un suave toque con la varita. La herida se cerró y la cara de Rodolphus se volvió de un rojo vivo que parecía a punto de incendiarse. La niña trató de poner una mano sobre la mejilla de Rodolphus pero éste se apartó de inmediato.
—Solo quiero detener la hemorragia de tu nariz… no voy a lastimarte —dijo y después de otra pequeña risa agregó— al menos no hasta la próxima semana.
— ¿De qué hablas? —Preguntó Rodolphus cada vez más exasperado por la tonta y molesta risita.
—De nada —respondió la niña tratando de parecer indiferente y desvió la mirada hacia los objetos que había alrededor.
—Pertenecieron a mi madre —Se apresuró a decir Rodolphus al ver la cara medio rara que ponía Bellatrix.
—No me parece que deberías tener tantos espejos flotando por aquí —dijo la pequeña mientras agarraba uno y se miraba en el— es decir, es un poco peligroso ¿no?… que tal si estás practicando un hechizo y terminas convertido en elfo o algo parecido —rió al pensar en la posibilidad de convertir a Rodolphus en un elfo domestico— estoy segura que algunos hechizos rebotan.
—Siéntete libre de comprobar tu teoría en cualquier momento —dijo Rodolphus maliciosamente— Es más, porque no lanzas un hechizo a ese espejo ahora mismo.
—Así que conoces a mi padre —Dijo Bellatrix ignorando el tentador comentario de Rodolphus.
—Sí, tengo que enfrentarme a su tonto hijo dentro de siete días.
—Mi padre no tiene hijos varones —afirmó la pequeña al tiempo que se arrastraba para salir debajo de la mesa— te veré la próxima semana entonces… y gracias por encontrar al señor chasquido.
Rodolphus quedó atónito mirando a la pequeña niña salir de su escondite y no la volvió a ver hasta dentro de siete días después, cuando perdió olímpicamente un duelo contra ella y terminó nuevamente debajo de la mesa con la nariz sangrando. Unos minutos después del duelo, Bellatrix había aparecido a su lado protestando porque no estaba segura de haber ganado el duelo por mérito propio, si no que estaba convencida de que Rodolphus se había dejado ganar, así que éste no tuvo más remedio que permitirle a la niña acariciarle la mejilla mientras arreglaba su nariz.
A partir de ese día los dos niños se volvieron inseparables y vivieron increíbles aventuras recorriendo el castillo en búsqueda del señor chasquido y Rodolphus nunca más pensó que la dulce risita de Bellatrix era tonta.
Varios años después, Lord Voldemort llegó a pertenecer a la orden de los caballeros de Walpurgis y poco a poco se fue haciendo con el poder, hasta llegar a ser el principal entre ellos debido a los increíbles actos de magia que realizaba y a algunas muy convenientes desapariciones de importantes y antiguos miembros. Después de un tiempo, les cambió el nombre de caballeros a mortifagos, y se dedicó a enseñar las artes oscuras a los miembros más jóvenes de la orden entre los que elogiaba principalmente a Bellatrix por ser una de las pocas mujeres excepcionales con la varita. Desde ese entonces, ella empezó a desarrollar su obsesión por Lord Voldemort.
— ¡F...fu…fue tras los Potter! —Dijo Rabastan ingresando en la cueva con una edición antigua del profeta en sus manos— El señor oscuro fue tras los Potter y no contra los Longbottom como pensábamos.
— ¿Que estás diciendo? ¡No puede ser! —Gritó Bellatrix corriendo hacia Rabastan y arrebatándole el arrugado trozo de papel comenzó a leer en voz alta el fragmento de noticia.
El Ministerio de Magia, confirmó ayer que "el que no debe ser nombrado", desapareció la noche de Halloween durante un fatal y traicionero ataque en el valle de Godric, donde acabó con la vida de los aurores del ministerio James y Lily Potter. Intentó asesinar también al pequeño hijo de la pareja, Harry Potter, que ahora es conocido entre la comunidad mágica como el niño que vivió.
«No sabemos exactamente como pasó, pero al parecer, al atacar al pequeño Harry, el que no debe ser nombrado perdió sus poderes y desapareció. Algunos piensan que está muerto. Ahora estamos haciendo todo lo que está en nuestras manos para capturar a sus seguidores, conocidos como mortifagos, rogamos a la comu nidad mágica que mantenga la calma y que si tiene alguna información del paradero o la identidad de algún mortifago, se contacte con el departamento de aurores del ministerio », Estas han sido las declaraciones del ministro de Magia...
Al terminar de leer, todos quedaron petrificados, habían estado incomunicados con el mundo exterior en su precario escondite que no se habían enterado de las noticias. En realidad, Lord Voldemort, no había ido tras los Longbottom, como habían supuesto, y no había sido derrotado por estos, si no que había desaparecido tras un enfrentamiento con el bebé Potter. ¿Qué rayos significaba aquello?
Bellatrix no podía creer que su maestro fuera derrotado por un bebé. Estaba segura de que Voldemort había ido tras los Longbottom, los aurores más temidos por los mortifagos, y tras su pequeño hijo, que si heredaba las habilidades de sus padres se convertiría en una gran amenaza. Pero nunca se esperó que Voldemort fuera detrás del hijo de una sangre sucia y del inútil traidor de la sangre y compañero de su primo Sirius. De pronto recordó que los Potter habían escapado del Señor tenebroso en tres oportunidades, pero lo habían hecho por pura suerte, ya que parecía que cada vez, recibieron la ayuda de alguien que les advirtió del peligro, a tiempo para poder escapar.
— ¿Ahora qué haremos? —Preguntó Rabastan poniéndose muy nervioso— no podemos ir tras los Potter para hacerlos hablar y saber cómo diablos derrotaron al Señor oscuro, porque están muertos y el mocoso Potter, ni siquiera debe saber hablar.
Bellatrix sintió como su felicidad desaparecía, esa noticia echaba por los suelos sus planes y su única oportunidad de encontrar a su querido maestro. Los Potter muertos, los aurores tras ellos y sin nadie que sepa cómo ocurrieron en verdad las cosas, ni cuál era el paradero de Lord Voldemort, sus posibilidades de encontrarlo eran prácticamente nulas.
Con ojos suplicantes miró a Rodolphus, como pidiendo su ayuda y Rodolphus nunca había podido negarse a esos hermosos ojos.
—Los Longbottom trabajan para el ministerio… ellos deben saber algo —dijo Rodolphus, tratando de parecer convincente— …¡Continuaremos con el plan!
