Era increíble lo bien que se le daban los niños a Brennan.

Para Booth, la mujer de la que se enamoraba cada día más, poseía un instinto maternal súper desarrollado gracias al cual lograba que cualquier niño se sintiera cómodo y seguro en su presencia, la prueba más contundente era lo felices que estaban sus hijos cuando ella se hacía cargo de ellos y la manera en que reclamaban la presencia de mamá cada vez que dejaban de verla por algún tiempo, ni que decir el esfuerzo que había costado hacerlos entender que mamá tenía que trabajar y por eso a veces tardaba más de la cuenta en llegar a casa… pobre Huesos, no podía ni darse un baño tranquilla, pues lo más probable era que alguno de los críos le tocara la puerta apurándola.

Cualquiera podría suponer que se trataba de una relación normal entre madre e hijos, pero el asunto era que no solo era fantástica con sus propios hijos… Booth recordaba al pequeño Andy, aquel bebe que tanto se encariñó con Brennan; además estaban las niñas de Russ y Amy, cada vez que venían de visita no se querían separar de su tía Temperance; y claro el propio Parker que ya estaba totalmente encandilado y encaprichado con Huesos desde mucho antes de que se convirtieran en una verdadera familia.

Según Angela, la explicación era muy sencilla, a los niños les agradan las personas con intenciones claras, que no les oculten las cosas, que les respondan todas las preguntas y siempre les hablen con la verdad, sobre todo si eso implicaba que los tratasen como adultos… y si bien su mejor amiga podía parecer una persona de trato cortante y autosuficiente a los ojos de los adultos, para los niños se trataba de una señora que no se andaba con rodeos.

La artista tenía claro que la primera opción para dejar a sus hijos cuando ella y Jack tenían que viajar, siempre sería en casa de Booth y Brennan, los chicos disfrutaban mucho de las visitas a los primos Booth y les encantaba quedarse a dormir con ellos porque todas las veces, antes de dormir, el tío Seeley les contaba historias muy divertidas en las que casi siempre Booth era un valiente guerrero, Bren era lady Huesos, Jack era un hechicero y ella era un hada.

Ese sábado en particular, Angela había amanecido con una terrible migraña, quizás ocasionada por el viaje que Jack había aceptado hacer a Texas después de recibir una muy sospechosa petición de su suegro. Gracias a Dios, Bren la llamó temprano para confirmarle los planes tenían con los chicos para ese día y al saber de su estado se ofreció a pasar por los chicos para llevarlos al zoológico de todas maneras, solamente debía tenerlos desayunados y listos antes de las 10 de la mañana.

Tenían planeada esa visita al zoológico desde hacía un par de semanas… ella y Booth siempre procuraban sacar a los pequeños de casa cuando Parker tenía que prepararse para exámenes. Sin embargo, ese paseo se presentaba un poco más complicado de lo usual… Angela estaba enferma, Jack había viajado intempestivamente y Booth tuvo que ir a renovar su certificación de francotirador, por lo que recién podría darles el alcance en el zoológico probablemente al mediodía.

A Brennan no le gustaba dejar de cumplir con lo ofrecido a sus hijos, además esa mañana los niños habían amanecido muy ruidosos y probablemente no dejarían que Parker pudiera estudiar tranquilo, por lo demás a ella hacía tiempo que le provocaba llevar a los chicos al zoológico y lo mejor era hacerlo antes de que su tercer embarazo fuera más notorio, con sus casi 5 meses de gestación todavía podía valerse por si misma sin mayores complicaciones.

Era una lástima que Angela no pudiera acompañarla pero tenía confianza en que los niños se comportarían dentro de lo aceptable y no le darían demasiados problemas, además a más tardar una hora después de su ingreso al parque Booth llegaría a acompañarlos.

Todavía faltaba casi una hora para que fuera momento de pasar a recoger a los hijos de Angela. Como todos los sábados Parker se estaba haciendo cargo de servir el desayuno a los pequeños, le encantaba mirarlo mientras interactuaba con sus hermanos menores; el niño pequeño al que conoció hace muchos años en la primera Navidad que compartió con Booth, se había transformado en un muchachito encantador, sumamente interesado en las ciencias y con capacidades interpersonales muy desarrolladas tal como las tenía su padre.

"Mamá, ¿estás segura que no quieres que te acompañe al zoo para ayudarte con mis hermanos?" Le preguntó el adolescente con voz preocupada, sacándola de sus pensamientos. "No es necesario Parker, es mejor que aproveches estas horas de tranquilidad y silencio para estudiar" le respondió la mujer a la que llamaba mamá desde antes que naciera la mayor de sus hermanos. "Solo ayúdame a colocar a los gemelos en sus asientos especiales en la camioneta antes de partir", añadió la mujer mientras colocaba una de sus manos afectuosamente sobre una de las mejillas del mayor de sus hijos y lo miraba directamente a los ojos, esos ojos marrones iguales a los de Booth y que los gemelos también habían heredado.

Minutos más tarde y después de recibir la mirada más agradecida del mundo, seguida por un entrañable abrazo, la mejor antropóloga del mundo partió de la casa de la mujer a la que quería como a una hermana con su camioneta llena de niños. A lo lejos le pareció escuchar la voz de Angela, "no hay forma en que algún día pueda pagarte este favor"… sonrió al pensar que no entendía a qué pago se refería, sería algo que le preguntaría a Booth más tarde.

Los mayores del grupo eran su hija Christie y Michael, el mayor de los hijos de Angela que ya tenía siete años, ese par eran una maravilla de niños, a pesar de ser muy independientes, obedecían sin problemas todas las indicaciones y se mantenían a una distancia prudencial de ella. Los trillizos de Angela, ya tenían cinco años e imitaban todo lo que los mayores hacían, así que siempre estaban detrás de ellos siguiendo sus pasos… en realidad los terribles del grupo eran sus gemelos de tres años, sin embargo, bastaba con prestarle un poco de atención extra a cualquiera de los hijos varones de Angela para que los más pequeños del grupo reaccionaran y al instante se encontrarán luchando por apropiarse de la atención de mamá.

El mejor agente del FBI acababa de llegar al zoológico y si bien, lo más sencillo era llamar a Huesos para preguntarle donde se encontraban ella y los chicos, había preferido buscarlos por él mismo para darles una sorpresa… estaba convencido de que Huesos había decidido hacer el mismo recorrido que solían repetir desde que Parker era un crío, primero la zona de los monos, luego los felinos…

"Eso" exclamó en voz alta pues acababa de ver a Michael y a Christie corriendo hacia la jaula de las panteras, como siempre bien sujetos por las manos, detrás de ellos corrían los trillizos y unos pasos más lejos estaban los gemelos uno a cada lado de su madre. Se puso serio al pensar que llegaría el día en que debería tener una conversación muy seria sobre el respeto que su hija se merecía con el, por ahora, pequeño e inofensivo Michael Hodgings.

A los que no lograba ver por ningún lado eran Angela y Jack, quizás habían ido a comprar refrescos para los peques… sigilosamente se aproximó al grupo que se encontraba distraído mirando entusiasmado como jugaban las panteras adultas con un par de cachorros.

La imagen que tenía ante sus ojos quedaría grabada en sus recuerdos para siempre… Michael y Christie sujetándose de la reja mirando fijamente a los felinos; Kathy y Sarah, las niñas de Angela, un poco asustadas por los rugidos de los felinos se protegían acurrucándose las dos en uno de los costados de su tía Huesos que trataba de explicarles que las panteras rugían como parte del juego y no porque estuvieran molestas; Joseph, el menor de los trillizos Hodgings, recogía hojas caídas y las guardaba en los bolsillos de su pantalón… ese crío era igualito a Jack… y sus gemelos, Henry y Matthew, empujándose el uno al otro, imitando el juego de los cachorros.

Fue entonces que su Huesos, la mujer a la que amaba más que a su vida, volteó a mirar por sobre su hombro y lo vio llegar, en un instante el rostro se le iluminó con la sonrisa más hermosa del mundo, e instintivamente puso una mano sobre su vientre como avisándole al bebé que crecía en su interior que papá acababa de llegar.

Henry y Mathew no perdían el menor detalle de lo que hacía su madre, así que fue inevitable que al percatarse de que ella miraba hacia otro lado, ellos también lo hicieran y descubrieran que papá estaba a unos pocos metros de ellos.

Booth intentó hacer una señal de silencio a los pequeños colocando una mano sobre los labios, pero fue inútil, en un pestañeo ya todos los chicos habían notado su presencia y corrían hacia él alborotados.

Huesos fue la última en lograr acercársele, tuvo que esperar a que el padre de sus hijos respondiera a las muestras de cariño de todos los niños con besos, abrazos, apretones de mano y caricias en el cabello… y recién entonces fue su momento… Booth se aproximó a ella y la tomó suavemente por la cintura, la besó en los labios dulcemente, sin apuro, al separar sus labios permanecieron unos segundos con las frentes unidas, apoyados uno en el otro mirándose a los ojos tiernamente, mientras se murmuraban un "te amo".

"Tío Seeley, mamá no pudo venir porque está con dolor de cabeza", era la voz ronquita de Michael obligándolos a dejar el universo paralelo al que se transportaban cada vez que se besaban, "sí papá, y el tío Jack se fue a Texas", agregó Christie… "o sea que has venido sola con toda esta tribu?" interrogó Booth a la mujer que para él tenía los ojos más hermosos del mundo.

"Soy perfectamente capaz de pasar un par de horas con un grupo de niños" reclamó la mujer, "no entiendo porqué te sorprende" agregó. Booth levantó las manos, indicando que se rendía ante las pruebas evidentes de que Huesos era capaz de eso y mucho más, y no pudo más que agregar "¿qué les parece si vamos a almorzar pizza?"…

Toda la gente alrededor de ellos, no pudo evitar voltear a mirarlos cuándo se escuchó a todos los niños gritar en coro "¡Siiiii!"

Un hombre mayor, muy parecido a Pops, pasó junto a ellos y al observar el abultado vientre de Brennan, le guiñó un ojo a Booth y sonriendo le dijo en voz alta "vaya muchachote, siete pequeños y uno en camino… ya solo te falta uno para el equipo de baseball". Booth no pudo evitar soltar una carcajada, y tanto él como el anciano se quedaron de una pieza cuando escucharon decir a Huesos con absoluta frescura… "en casa nos espera el noveno".